El Blog de Otramotro

Me inspiras a cualquier hora

ME INSPIRAS A CUALQUIER HORA

“No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti todo lo que soy”.

Gregorio Marañón y Posadillo

—Te amo porque me completas.
—Yo, porque a tu lado siento
Que puedo ser uno y ciento.
—De esperanzas y de metas
Tengo mis ansias repletas.
—Tu perfume me fascina,
Tu presencia me ilumina.
Me inspiras a cualquier hora.
—Quien de ti no se enamora
Cuánto vales no imagina.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Qué adagio: "hecha la ley, hecha la trampa"

QUÉ ADAGIO: “HECHA LA LEY, HECHA LA TRAMPA”

Como lo precipuo, primero o principal debe ir delante, en cabeza, ahí va, sin ambages ni demora, mi condena sin paliativos del intento de atentado preparado por el vigilante de seguridad Manuel Murillo, que, en un grupo de whatsapp, amenazó con devenir, disfrazarse o metamorfosearse en el francotirador con ínfulas que iba a abatir de un tiro preciso a Pedro Sánchez; mis sentidas muestras de solidaridad con el presidente; y, asimismo, mi más sincera enhorabuena a los Mossos d´Esquadra por haber abortado o frustrado dicho magnicidio.

Desconozco si Pedro Sánchez (a quien, debido a sus ostensibles bandazos, a su incontrovertible condición de político veleta, la hemeroteca va dejando un día sí y otro también, ora en cueros, ora en feo) ha leído alguna obra de Arthur Schnitzler; ignoro si alguien cercano al presidente del Gobierno de la Nación ha leído algo del dramaturgo y narrador vienés. De lo que no me cabe la menor duda es de que (eso deduje o pensé que había acaecido, al menos), por el medio que fuera, Sánchez había tenido conocimiento de una de las célebres frases proferidas y/o escritas por Schnitzler, cuando, nada más conocerse la sentencia de la trama “Gürtel” (jueves, 24 de mayo de 2018), que condenaba, amén de a los principales gerifaltes de la misma, también, por corrupción, al Partido Popular como partícipe a título lucrativo, porque esa fue la causa, el motivo o la razón que desencadenó que Sánchez presentara, huyendo de la procrastinación, la cabal y oportuna moción de censura contra el Ejecutivo presidido por Mariano Rajoy, que, a la postre, dio el resultado apetecido para el candidato de la misma y con sus huesos en el Palacio de La Moncloa. Y tres cuartos de lo propio ocurrió cuando el pasado miércoles Sánchez pronunció estas desiderativas palabras, “que nunca más los españoles paguen este impuesto (se refería al Impuesto de Actos Jurídicos Documentados, IAJD) y lo pague el sector financiero, la banca”. En ambos casos, el presidente seguía (fuera consciente de ello o no) una recomendación del autor citado arriba, Schnitzler: “Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”.

De lo que sí dudo (mucho, muchísimo) es de que el mencionado IAJD lo pague, a partir de ahora, la banca, según el mero anhelo y la simple propuesta hecha por el presidente del Gobierno, tras decidirlo, ayer, jueves, de común acuerdo con sus ministros, en el último Consejo, mediante el real decreto ley (que deberá ser convalidado por el Congreso de los Diputados), pues tengo para mí por cierto, por certísimo (tampoco aquí hallo rendija por la que puede colarse la mínima hesitación), que los bancos idearán la manera (nuevas comisiones, incremento de las mismas o subida del tipo de interés) de que sean los clientes, quienes acudan a las entidades financieras a solicitar los créditos hipotecarios, quienes corran (de manera encubierta, si se quiere) con dicho gasto.

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Te urdo, alcalde, mi crítica de balde

TE URDO, ALCALDE, MI CRÍTICA DE BALDE

Dilecto Eneko Larrarte, alcalde de nuestra ciudad, Tudela:

Acabo de leer el artículo titulado “¿Tudela necesita un centro de salud… hoy?”, que lleva tu firma (si me permites el tuteo y el comentario, yo hubiera colocado en el rótulo, tras la voz “salud”, o sea, antes de los tres puntos suspensivos, por oportuno, el adverbio más), en la sección de Opinión de Plaza Nueva, donde, de vez en cuando, tienen a bien publicarme mis urdiduras (o “urdiblandas”), y debo reconocer que me ha sorprendido gratamente el hecho, porque el grueso de los políticos profesionales (si es que escriben lo que aparece publicado en los mass media, que, acaso sea un prejuicio que no he logrado cepillarme del todo —me flagelo cinco segundos por ello, solo cinco—, vengo poniendo en tela de juicio desde ni se sabe, hace la tira de años), los que cobran, no suelen ser tan espléndidos como lo has sido tú en este caso, que, supongo, tienes el honor y debes sentirte orgulloso de presidir la Corporación tudelana.

La exposición que haces en dicho artículo es clara y clarificadora; diré más, la reputo exhaustiva; argumentas, dando datos y detalles o pormenores; refutas con razones de peso y concluyes lo obvio. Ergo (algo sorprendente en mí, que reconozco ser, por naturaleza, criticón), ¡chapó! (ahora ya se puede escribir el vocablo francés chapeau así, españolizado).

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Ayer conseguí hacer cumbre

AYER CONSEGUÍ HACER CUMBRE

En virtud de mi costumbre
De mudar la coyuntura
Que encontré en literatura,
Ayer conseguí hacer cumbre,
Mas sentí la incertidumbre
De si lograría el reto
O sería el parapeto
Para este menda insalvable;
Como yo lo vi probable,
No devino el brete veto.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Para quererte fue preciso verte

PARA QUERERTE FUE PRECISO VERTE

Amada Pilar:

Los seres humanos somos un batido, cóctel, combinado o mezcla de nuestra historia personal, singular, privada, con nuestra historia social, grupal, pública.

Aquello que nos ha pasado (o que le ha acaecido a un allegado, amigo o deudo próximo, o a algún otro tal de estos últimos) nos influye; ahora bien, si esa influencia es total, completa, absoluta, puede que nos marque (y hasta que nos deje una señal o muesca en la memoria y aun en el alma). De aquello que presenciamos, o sea, que vimos o vemos y/u oímos cerca o por televisión, podemos aducir tres cuartos de lo propio. Las cosas buenas, regulares y malas que nos ocurrieron o que sucedieron ante nuestros ojos dejaron un poso (mayor o menor) en nosotros. Y, para coronar la idea que tengo entre manos, concluyo que he sacado de la manga o de la chistera de mi cacumen lo que podría haber propalado antaño Perogrullo, que cuanto nos pasó otrora en nuestra vida nos ha convertido en las personas que somos ahora.

Para quererte, Pilar, fue preciso que previamente pudiera verte. Para admirarte necesité antes mirarte. Fue necesario y un verdadero placer, que devino, por arte de magia, divino, conversar contigo para comprobar lo obvio, que te amaba aún más; y, aunque llegué a sentir, en momentos puntuales, miedo (que, mientras duraban esos susodichos instantes, mereció el adjetivo calificativo de cerval, que le puse a la vera), logré esperanzarme y apasionarme por ti, egregia y excelsa fémina, cada vez un poco más; y, al mismo tiempo, conseguí lo que pretendía, venerarte, glorificarte y adorarte.

Quienes estamos desparejadas/os y, aunque seamos seres sociables, somos unas/os solitarias/os empedernidas/os, quienes llevamos casi impresionada sobre nuestra cara una diana pidiendo a voz en cuello flechas certeras, quienes estamos en el punto de mira de Cupido, o sea, cuantas/os deseamos y somos deseadas/os, tenemos la obligación moral de desmontar los embelecos (que cabe hallar en derredor) del amor —de cualquier expresión o forma de amor, comenzando por aquel al que somos más adictas/os o proclives— y de confrontar si los hechos, las obras (que no las sobras, aunque suene igual) corroboran o desmienten las palabras que nos musitó al oído quien intentaba camelarnos, seducirnos. Juzgo que, si damos nuestra aquiescencia a que cuanto rodea al amor se sirva de nosotros para divulgar sus patrañas (trolas, bolas o bulos), haremos dejación de una de nuestras principales funciones, de nuestra labor supervisora, y devendremos en sus más que portavoces, “portacoces”, que acaso sea, dentro del lato ámbito de Eros, lo que más detesto ser.

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Vemos a las personas como somos

VEMOS A LAS PERSONAS COMO SOMOS

Amada Pilar:

Somos legión (o formamos un buen montón, pila o piña) quienes nos sabemos de memoria, al menos, la primera frase del párrafo inicial de varias obras literarias (clásicas o no); verbigracia, cómo arranca el “18 Brumario de Luis Bonaparte”, de Karl Marx (“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa“). Como para mí, tú, Pilar, eres un personaje clave y fundamental, la persona que, andando el tiempo, devendrá en la más importante de mi vida, es mi deseo y mi esperanza que seas una excepción a la susodicha regla marxista, no como, me consta, lo fue Ewelina Hanska para Honoré de Balzac. Así que concédeme la licencia que te solicito con especial encarecimiento de que hoy no vea en ti a la citada Ewelina, la joven condesa polaca de la que se enamoró perdidamente Balzac, al leer este las epístolas que le mandaba “La extranjera” (así firmaba Ewelina sus misivas) desde Rusia. Y es que no vivieron como matrimonio más que cinco o tres meses (del 14 de marzo o mayo —las fuentes que he consultado no se ponen de acuerdo en el mes—, fecha de sus nupcias, al 18 de agosto de 1850, jornada en la que finó sus días Honoré en París).

En “Los Ciclos del Alma”, su autora, la puertorriqueña Sharon M. Koenig, sostiene que los seres humanos somos capaces de idear, en apenas 24 horas, 60.000 pensamientos (¿de media?; juraría ante la Biblia que sé de algún semejante que no los ideará en toda su vida —por muchos que sean los años que viva—, pero acaso servidor funja aquí, amén de malévolo, de zumbón); y que el grueso de los tales son perjudiciales y recurrentes, ya que recuerdan y recrean episodios del pretérito que infunden tristeza u horror. Si de verdad nos comen el coco, daremos de lleno en el blanco o centro de la diana, esto es, haremos lo correcto, al decidir denominarlos de esa guisa, comecocos. Para escaparnos y alejarnos de los barrotes de su cárcel y olvidarnos definitivamente de ellos, acertaremos, quiero decir, actuaremos con tino y de modo conveniente, si nos decantamos por hacerles el vacío, por ningunearlos.

Así pues, tras haber dejado arrumbada a la nada en el sótano o en el desván, reparo en que el lugar que ocupará ahora la susodicha acaso lo ocupaba antes el arpa de la Rima VII de Bécquer (“Del salón en el ángulo oscuro, / de su dueña tal vez olvidada, / silenciosa y cubierta de polvo / veíase el arpa...”) o, en su defecto, la lámpara, maravillosamente empolvada, de Aladino, o quizá el inopinado enamoramiento, que uno advierte que escondían o guardaban en su caja fuerte los versos séptimo y octavo de “El Frasco”, poema de Charles Baudelaire: “A veces encontramos un viejo frasco que se recuerda / Del que surge vivísima un alma que resucita”.

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A la alhaja que contemplo

A LA ALHAJA QUE CONTEMPLO

Quien buena música escucha
Y la Capilla Sixtina
Visita junto al que atina
Del estrés contra el que lucha
Sale indemne y con paz mucha.
La techumbre, por ejemplo,
Que contempla en este templo,
A Pilar tanto relaja
Que estima que es una alhaja;
Y yo que ella, a quien contemplo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quién mitiga mis desgracias?

¿QUIÉN MITIGA MIS DESGRACIAS?

No sé a quién darle las gracias;
Si a Dios, la naturaleza
O el azar, por la belleza
Que a mitigar mis desgracias
Ha venido, a dejar lacias.
Pronto quedarán en nada.
Desde que ingresó mi amada
Pilar en mi tibia vida,
Caliente o fría, aterida,
Ha devenido, monada.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pilar siente escalofrío

PILAR SIENTE ESCALOFRÍO

Pilar tiene una mirada
Penetrante y selectiva,
Digna de su perspectiva,
Siempre opuesta a que tirada
Quede la gente pirada
Y sin techo en plena calle,
Halle cartones o no halle
Para no helarse de frío.
Quien no siente escalofrío
Que ni mu diga, que calle.
¿Porta, cual la parca, dalle?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pilar cura por ensalmo

PILAR CURA POR ENSALMO

He tenido la gran suerte
De a mis cincuenta y seis años
Encontrar a quien mis daños
Mitiga o resta. ¡Qué fuerte!
Retrasa, otrosí, mi muerte.
Basta con mentar su gracia
De pila, Pilar, ¡qué gracia!,
Para advertir por ensalmo
Cómo al instante me calmo,
Tras barrer/borrar mi actual desgracia.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quién otorgó a Pilar su cabal gracia?

¿QUIÉN OTORGÓ A PILAR SU CABAL GRACIA?

El punto más alto de las Islas Canarias es el Teide. Esto lo sabe cada quisque. Ahora bien, lo que ignora todo el mundo, salvo servidor (y, al expresar tal aserto, lo hago sin jactarme, sin sentir en mi amor propio el peso de un gramo de petulancia ni la presión u opresión de un pascal de vanidad), es que un metro y medio por encima de dicha cima cabe guipar e identificar otra cumbre, invisible a los ojos humanos (como he dejado constancia arriba, esta regla también tiene su excepción), que se llama Pilar.

Desde mi último viaje a Tenerife (volví a hospedarme donde me siento como en casa, en una habitación de la quinta planta del hotel Trianflor), donde se yergue menos imponente de lo acostumbrado el Teide, y es que, desde que hice el mentado descubrimiento, que no miento (bueno, sí), el pico ya no suele darle tanto al pico, pues es consciente de su sobrevenida inferioridad, son legión las/os que me han preguntado a propósito de mi musa inagotable, fértil, por mi amada inmarchitable, Pilar, con quien tantos buenos ratos paso sin que sea necesario cumplir a rajatabla (con) esta conditio sine qua non, estar, verbigracia, aquí, en la biblioteca pública de Tudela, y ahora, mediodía, con ella.

Cuando subí al Teide con Pilar (nadie ni nada atestiguará que cuanto cuento en este parágrafo fue cierto, porque es puro cuento, literatura, y, aunque alguien lo oyó, ninguno de los dos su cumbre holló), ambos pudimos contemplar cómo, a la altura de nuestros tobillos, un ignoto e inopinado útero, ayudado por una claque de ángeles parteras/os, no dejaba de alumbrar nubes sin cuento, logrando formar en apenas un cuarto de hora lo que acaso era su propósito, un extenso océano de ellas.

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Me congratula mucho que te peten

ME CONGRATULA MUCHO QUE TE PETEN

Dilecta Pilar:

Acabo de recibir el tuyo. Servidor estaba buscando los textos que te mando abajo.

De nada. Aún se puede abundar o coincidir con la opinión que dieron otras/os, ganaran o no premios y/o prestigio en vida. Si ganaron el Nobel, mejor (en el caso de algunos, no en el de todos). Yo me encuentro en una posición semejante a la tuya; tampoco soy santo (aunque todos debemos santificar nuestra vida, nuestros actos).

Te mando cómo aparecerá mañana en mi bitácora la epístola que di en titular (ignoro si te envié la versión definitiva) “No formulo el reparo que refieres”.

Aprovecho la ocasión para remitirte también la versión final de la que porta el rótulo de “¿Dudabas de que al tal no le encantara?”.

Relecturas han sido, sí. Me congratula mucho que te peten.

Seguro que el resultado de lo que le escribes es algo sincero, sentido, profundo, cabal.

Me alegra que vayas consiguiendo esa liberación, tras llevar a cabo bien tu trabajo. Ya sabes lo que dijo varias veces y dejó escrito en letras de molde Jonas Edward Salk: “La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de seguir haciendo más trabajo bien hecho”.

No tienes que preguntarme. Yo no te pregunto. Me gustaría leerlo antes de que aparezca publicado (si te lo publican entero), pero esa decisión te corresponde tomarla solo a ti.

La semana pasada escribí un artículo de política cada día. Puedes acceder a mi blog y leerlos. El último llevaba este título: “Completa colección de incoherencias”.

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Viernes, 16 de noviembre

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