El Blog de Otramotro

Acatando o atacando la moral

ACATANDO O ATACANDO LA MORAL

Acaso le sorprenda este parecer mío, atento y desocupado lector (sea usted adulto o joven, hembra o varón), pero, aunque no seamos plenamente conscientes de ello, todos los comportamientos, todos, sin excepción, que tenemos las personas adultas y muchas jóvenes que estamos en nuestros cabales, quiero decir, las que sabemos distinguir entre lo que está bien hecho de lo que no lo está, los coronamos o llevamos a cabo acatando o atacando la ética, la moral (conjunto de valores que nos sirven de guías para elegir y hacer o dejar de hacer lo que sea, y que, una vez nos hemos habituado a ellos, darán sentido y regirán el curso normal de nuestras vidas), o sea, respetando la costumbre, la ley, lo reglamentado, o contraviniéndola/o. La virtud y el vicio, si firmaron algún día algún armisticio, cosa que hoy, aquí y ahora, pongo en tela de juicio, desde que vine al mundo (al menos, desde que llegué a la mayoría de edad y vengo haciendo buen uso de mi razón), andan a la greña, están en guerra abierta. Y es que, como dijo y dejó escrito en letras de molde Jacinto Benavente, “el único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor”.

Puede que no rinda dineraria o crematísticamente hablando, pero la bondad es la única inversión que nos deja el corazón henchido, atestado, como la Plaza Nueva, o de los Fueros, de Tudela el día del chupinazo o el Domingo de Resurrección, con ocasión de la Bajada del Ángel, y la sensación de plenitud en nuestro fuero interno. La música que interpreta la caridad, la generosidad, la liberalidad, el altruismo, es la mejor que puede salir de un arpa, aunque esta llevara arrumbada ni se sabe cuánto tiempo, porque tal vez un día fuera olvidada por su dueña/o en el rincón de una habitación lóbrega y oscura (como lo propio u otro tanto le acaeciera antaño a la de la Rima VII de Gustavo Adolfo Bécquer). Una vez desempolvada, reluciente y afinada, vuelve a estremecer los corazones y las razones de todos los ciudadanos que somos en el orbe (y espero y deseo que esto a nadie moleste ni estorbe).

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCXII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCXII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Disculpa mi demora en contestar tu apostilla. El sábado hubo actuación en el cíber-café “Praga” y ayer, en la grata compañía de mi hermano Eusebio, estuve viendo el partido de fútbol (tedioso, soporífero; apenas hubo tres o cuatro ocasiones claras de gol) entre el C. D. Tudelano y el C. D. Boiro en el Estadio Municipal “Ciudad de Tudela”.

Lamento, de veras, que la rodilla de tu doña siga en sus trece, dándole molestias; y celebro que tú estés estupendo, hecho una rara avis.

¡Chapó! Solo por comple(men)tar alguno de tus puntos de vista, añadiré lo que sigue.

Como afirma Karl Raimund Popper, la verdad es provisional. Dura mientras no es refutada por otra, que viene a ocupar tras ese concreto instante de contradicción su interino (en principio, también, sí) lugar.

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¿Nobleza hallo en la pobreza?

¿NOBLEZA HALLO EN LA POBREZA?

—No eches esto en saco roto.
Hazle un hueco en tu memoria.
Entre la depre y la euforia,
Por la segunda opto y noto
Que se suma a mi autofoto.
—Amigo del alma, Ernesto,
Seré, como has sido, honesto.
Siempre he hallado en la pobreza
Más que gotas de nobleza
Un océano funesto.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


La juventud es fuente de progreso

LA JUVENTUD ES FUENTE DE PROGRESO

“Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”.

Párrafo final de “La peste”, de Albert Camus.

Las/os jóvenes son progresistas y rebeldes por naturaleza. Solo en los pueblos donde hay jóvenes (o donde el espíritu colectivo de las personas adultas consigue mantener durante algún tiempo, al menos, el de las/os jóvenes —para atenuar, menguar o mitigar tal vez la ausencia de las/os mencionadas/os—) es posible identificar acciones, actitudes o comportamientos con las/os que las/os susodichas/os o sus supuestas/os sustitutas/os pretenden cambiar el estado de las cosas y de los casos para que estas/os mejoren en calidad y cantidad, y no estén abocadas/os a la asidua derrota o al fracaso habitual, signos inequívocos, cuando no de decadencia manifiesta, notoria, de muerte (aunque no sea todavía física). Solo las/os jóvenes son capaces de transformar el mundo (intentando mudar primero, claro está, su microcosmos más cercano o propio, su patio patrio). Lo contrario u opuesto, que otras/os verán como complementario de lo dicho, cabe aseverar de las personas mayores, de los viejos (ellas y ellos), quienes también por naturaleza, habiendo acaso olvidado que un día fueron jóvenes, son conservadores a ultranza, poco dadas/os o favorables a los cambios. Si las/os jóvenes actuales no hacen cosas de jóvenes, si no se comportan como tales ahora, tal vez no lo hagan nunca, por muchos que sean los años que vivan. Si las/os jóvenes no abaten o acaban con el injusto e inmundo mundo moderno, ¿quiénes lo harán? ¿Las/os viejas/os, a quienes hace la tira de años que se les pasó el arroz? Solo las/os jóvenes tienen los arrestos y las ganas para construir o edificar otro universo inverso, más horizontal y ecuánime. Esta es la razón por la que algunas/os gerifaltes de algunos gobiernos de algunas naciones del viejo continente dicen que no confían ni mucho, ni poco, ni nada (de nada) en las/os jóvenes, porque son (las/os tachan de) unas/os ácratas incontrolables. Quizá han olvidado que algunas/os de esas/os jerarcas fueron otrora jóvenes anarquistas que estaban, asimismo, en contra de toda autoridad, a favor de la libertad sin cortapisas.

No solo las/os jóvenes confían en las/os jóvenes. Quienes conocen (porque tratan) a las/os jóvenes también esperan mucho de ellas/os y del más que loable recorrido que pueden tener muchas de sus ilusiones, intuiciones, premoniciones o sueños. Hay jóvenes que son más responsables que muchas/os irresponsables mandamases adultas/os que no saben qué hacer con tanta responsabilidad como tienen entre las manos, pues comprueban, de manera fehaciente, cómo esta, como si fuera agua, se les escapa entre los dedos.

Las/os jóvenes huyen de la mediocridad, de la tibieza. Buscan ser, ora ardientes, ora fríos. Sueñan, debido a su entusiasmo inmarchitable, inacabable, con una sociedad de verdaderas/os ciudadanas/os cumplidoras/es (disciplinadas/os, pero no dogmáticas/os), empáticas/os, idealistas, radicales (partidarias/os de reformas extremas), solidarias/os.

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Cuando la ley suprema quede en mema

CUANDO LA LEY SUPREMA QUEDE EN MEMA

Mi dilecto amigo y heterónimo Otramotro pensaba que los políticos, si para algo existían y servían en las sociedades actuales, era para resolver los (grandes o pequeños, muchos o escasos) problemas que les fueran surgiendo a los ciudadanos (ellas y ellos) que las conformaban. Pero la realidad, pura y dura, que se impone a cuantas cábalas, conjeturas o especulaciones, plausibles y posibles, podamos hacernos usted, lector (sea hembra o varón), y yo, por nuestra propia cuenta y riesgo, viene a recomendarnos que pongamos los pies sobre la tierra y, asimismo, a cerciorarnos de que dicho axioma, principio o regla no vale para todos los países que en el mundo son. Así, si nos fijamos, verbigracia, única y exclusivamente en el nuestro, España, comprobaremos lo público y notorio, que no le faltaba razón a Julius, “Groucho”, Marx cuando adujo lo que, con el lento paso de los años, ha devenido en una verdad como una catedral de grande, que cuadra, encaja y viene como alianza al anular para explicar el disparate cómico que, desde hace un lustro (sin lustre), sobre todo, está acaeciendo en Cataluña: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar luego los remedios equivocados”.

Uno, servidor, que no es el diablo cojuelo, personaje legendario que aprovechara Luis Vélez de Guevara para escribir en el siglo XVII su novela, ni tan chismoso o refitolero como para desear serlo, desconoce qué ocurre en el día a día de cada uno de los muchos hogares que hay en Cataluña, pero si se basa o fundamenta en los delirios, ora de grandeza, ora paranoides, que trascienden y padecen (no me cabe ninguna duda) algunos (no pocos) miembros de su clase política y luego escucha, lee y ve en los diversos mass media, colige que debe parecerse dicho territorio mucho a un frenopático.

Así, por ejemplo, en el colmo de los colmos, al consejero de Empresa y Conocimiento del Govern, Jordi Baiget, que tuvo (no se sabe si) la osadía (que fue interpretada como una temeridad por las/os independentistas de la CUP) o el desliz de dejar que se le escapara una muestra de cordura al reconocer en público esta verdad, que el referéndum ilegal de independencia del 1-O acaso no podría celebrarse, porque el Estado opondría todos los medios legales a su alcance para desbaratarlo, el mandamás catalán, Carles Puigdemont, se lo cargó (lo cesó) a las pocas horas. Si de esa guisa actúan con la/el discrepante o disidente, amiga/o, qué harán (me temo lo peor) con la/el adversaria/o, oponente o enemiga/o.

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¿Por qué tenemos pánico al divorcio?

¿POR QUÉ TENEMOS PÁNICO AL DIVORCIO?

A veces (cada día resulta más frecuente el hecho; así que acaso —y aun sin acaso— tendría que haber empezado esta urdidura —o “urdiblanda”— de esta otra guisa: en numerosas ocasiones), el amor se acaba (algo tan natural como la vida misma). Y deviene una separación provisional (con meses dichosos y hasta años muy felices de prórroga o reenganche, tal vez) o definitiva. Bueno, pues, cuando esta nave arriba a ese puerto, se le suele llamar a la relación de pareja rota no derrota, no, sino divorcio (si es la vida la que fina, a ese fin de fines, a ese sin acaso ocaso, no se le conoce por fracaso, no, sino por muerte).

Si la vida nos viene demostrando del modo más natural, un día sí y otro también, que el amor apasionado que fluía a diario entre los dos miembros de una pareja no ha sabido evolucionar con el lento o raudo (porque, ciertamente, el perspectivismo puede llegar a hacer en algunos pagos estragos) transcurso del tiempo a otro estado, mera variante del mismo, cariño respetuoso, acaso haya llegado la hora de coger el toro por los cuernos y poner fin a ese infierno incipiente, medio o entero, en el que, en lugar de manar las caricias y los halagos (habituales o esporádicos) de otrora los/as que ahora brotan son reproches y broncas (sin cuento).

Seguramente, todas/os (las/os atentas/os y desocupadas/os lectoras/es de estos renglones torcidos y servidor, quien los ha hilvanado) conocemos a alguien, amiga/o, saludada/o o tratada/o, que se ha divorciado recientemente o va a divorciarse más pronto que tarde. El divorcio, que aún sigue teniendo mala prensa en ciertas capas, estratos o niveles de nuestra sociedad, debería perderla cuanto antes; y tomarse el grueso de las veces que acaece como lo que es, la mejor solución que cabe hallar o hay para resolver un problema morrocotudo de convivencia, donde los gritos, los insultos y los malos modos, si están a la orden del día, pueden dañar tanto, tan seriamente, los pocos lazos existentes que pueden borrar, cargarse y poner en peligro el buen poso e inmarchitable recuerdo que han dejado los momentos de felicidad vividos juntos y perjudicar ostensiblemente a otras/os, las/os hijas/os, u otros deudos si los hay, abuelas/os y nietas/os, probables víctimas de sus efectos colaterales, en el ámbito familiar.

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Lo de Mendoza remoza

LO DE MENDOZA REMOZA

(SU GESTO DEVINO EN GESTA)

(A VER SI CUNDE SU EJEMPLO)

Merece Julen Mendoza,
Alcalde de (Er)Rentería,
Un diez por la puntería
De su impar gesto, que esboza
Que pedir perdón remoza,
Da un aspecto más lozano
A quien guipa a un ser humano
En el otro, a un semejante
De otro talento o talante,
Pero que es también su hermano.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Aunque una impar belleza eres por fuera

AUNQUE UNA IMPAR BELLEZA ERES POR FUERA

Aunque una impar belleza eres por fuera
(Hay hembras que se vuelven cuando pasas,
Que te odian cuando llegan a sus casas
—Del juez del hall escuchan esto: “Huera

Anda la que no pudo la salmuera
Conservar sin arrugas, la de escasas
Asperezas, tu estrella, que ene pasas
Contiene y guiparé hasta que me muera”—),

A mí me enamoró cuanto por dentro
En ti advertí, mi amor, y el fundamento
Es de que siga siendo tu fiel sombra

Y tú de mi existencia el mismo centro,
Que a mí de luz me llena y de contento
Y un día sí y otro también me asombra.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Carta apócrifa entre bachilleres que fueron colegas de "Fígaro"

CARTA APÓCRIFA ENTRE BACHILLERES QUE FUERON COLEGAS DE “FÍGARO”

(DE GUARDIMAR A PANDEMONIO, AL ESTILO DE PÉREZ DE MUNGUÍA)

Dilecto amigo y bachiller, colega Carles Pandemonio:

Como me pide en la suya, a la que me apresto a responder, que le cuente el caso por extenso, empezaré por el principio, por trenzarle (a ver si lo hago con una pizca de arte) que tengo tres hermanos: dos féminas y un varón. Ergo, continuemos, sigamos adelante, que esto tiene poco (apenas nada) de distintivo, pertinente o relevante. Mi hermana mayor, a quien todo el mundo llama Paca (yo acostumbro a decirle mucho: “Paca, ven pa —ra— acá”; y ella, que es tan coñona o zumbona como yo —y hasta más que el que narra, servidor—, me suele contestar indefectiblemente con esta pregunta proverbial “¿Pa —ra— qué?”) es una señora casada, que antaño recibió una educación de las más selectas que en las postrimerías de la centuria pasada y en los inicios del presente siglo XXI se podía dar a las/os hijas/os de bien (ahora me doy cuenta de que hubiera sido mejor usar el plural, de bienes, de muchos bienes, de toda clase); quiero decir esto, que sabe leer, aunque no todos los libros (los escritos en otros idiomas que no sean el catalán, el español, el francés y el inglés, no), y escribir, aunque no urda cosas dignas de ser leídas (ergo, menos aún releídas); contar no es un problema mayor o problemón para ella, porque siempre descuidó tanto el cuento de sus cuentas que, aun después de haberse casado, acostumbra a dejarlas a mi cargo, ya que soy su mayor acreedor, que las llevo, sin ninguna duda, bastante mejor que ella; baila la sardana como una sardina se mueve en el líquido elemento marino; canta cuanto sobra para hacerse notar o de rogar y para dar la vez con viva voz; monta a caballo como una amazona del río de igual nombre en plural, que, según cuenta una leyenda que me acabo de inventar (por fantasear, que no quede en el tintero más que lo que huelgue), amenazaba más con su vista de lince que con el arco tensado, dispuesto a disparar la flecha; y mil placeres reporta ver con qué soltura y desembarazo saluda, mientras anda callejeando o paseando, ahora que el verano se ha adelantado, por las sombras de Barcelona, a sus amigas/os y conocidas/os; de ciencias y artes desconoce lo suficiente como para poder hablar de ambos ámbitos como una ducha, experta o perita en dulce. En materia de bel canto y de teatro nada añadiré a que está abonada al Palau de la Música, y si ignora qué asunto se está cociendo en el drama, se calla o da el pego, que para eso lo paga, y aun lo suele silbar y patear; de este modo da a entender que ha visto obras mejores en los proscenios de varios teatros de otros países, porque ha viajado mucho por el extranjero. Ahora, verbigracia, está destinada en Qatar, donde o catas o te catean por no catar. Habla bien el francés y el inglés cuando debería hablar mejor el español, y el catalán, su lengua materna, no lo habla más que con los suyos y por teléfono. Por supuesto, como yo, cree más en la independencia de Cataluña (república que me pone de los nervios y por eso hago lo que me manda, pruebo y como la primera uña que hallo) que en Dios, y menos si es trino, porque quiere pasar allí donde se encuentre por mujer de luces (como dijo Edith Wharton, “hay dos maneras de difundir la felicidad, ser la luz que brilla o el espejo que la refleja”). Se me olvidaba aducir u olvidábaseme decir, como le gustaba hilvanar de cuando en vez a Cervantes, que no diré nada de los diversos títulos que tiene ni de sus otras muchas virtudes (tantas, que su innúmera cantidad y pormenores incontables no se solidarizarían nunca con su excelsa calidad, por más que me empeñara en ceñirme a enumerar unas y reducir otros a un único adjetivo, y con esta carta (en la que una legión de lectoras/es avispadas/os verán lo que sin hesitación es, un cuento), que tiene vocación de breve.

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¿De Marx ambos se apartaron?

¿DE MARX AMBOS SE APARTARON?

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”.

Karl Marx, “El 18 Brumario de Luis Bonaparte

—Treinta y siete años, amigo,
De la primera moción
De censura, qué emoción,
Han pasado. Eres testigo
De que es verdad cuanto digo.
—Los socialistas sembraron
Y un gran triunfo cosecharon
Dos años después. ¡Qué flipe!
—Pero Pablo no es Felipe.
¿De Marx ambos se apartaron?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Un poco de (c-p)asta basta?

¿UN POCO DE (C-P)ASTA BASTA?

(NO; HASTA QUE ESTEMOS AHÍTOS)

Amorrado está a la teta
Del Estado Pablo Iglesias
(Así lo intuye Tiresias,
Porque no le ve la jeta
—Es ciego— al de la coleta)
Y su partido, Podemos,
Que así razonan: chupemos
Tanto como hacen los otros
Del erario, sí, nosotros;
Hasta hartarnos succionemos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


A la persona decente

A LA PERSONA DECENTE

(¿LA MOTEJAN DE DEMENTE?)

En homenaje y recuerdo de Ignacio Echeverría, el “héroe londinense del monopatín”, que llevó hasta sus últimas consecuencias la frase más famosa acaso del mejor filósofo español del siglo pasado, José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Poco importa que haya cientos de personas tan buenas como usted, atento y desocupado lector (sea hembra o varón). Importa más que exista, al menos, un espejo (modelo donde mirarse y al que merezca la pena emular), un ejemplo (dechado de virtudes que remedar o seguir) de bondad, sin grandes reparos o peros, que fermente a base de comportamientos probos, que son las mejores razones (por eso, precisamente, por eso —aunque parezca un contrasentido, no lo es—, “Obras son amores, y no buenas razones” tituló una de sus comedias Lope Félix de Vega Carpio, el Fénix de los Ingenios o Monstruo de la Naturaleza, según la graciosa ilécebra con la que lo bautizó Cervantes) de peso del mercado, los corazones, ávidos de empatía y solidaridad, de la ciudadanía. Son legión las personas que, desde que lo aseveraron la primera vez, no se cansan de iterar en los mentideros a los que son asiduas que se oponen sin ambages al terrorismo (apellídese este como se apellide), a la violencia (le siga a este sustantivo el adjetivo calificativo que sea), pero nadie blande o tercia el palo, ni da con él al agua (no intervienen o median —no muestran un ápice o pizca de humanidad— en la paliza que le está dando en este concreto momento un varón a una fémina, o unos homúnculos cafres a un gay) para que cese. Se consideran unas/os ciudadanas/os cumplidoras/es, íntegras/os, pero siguen su camino con las manos metidas en los bolsillos de sus americanas o pantalones, autoconvenciéndose de que, si interceden, acaso resulte más malparada/o aún la fémina o el gay y salgan menoscabadas/os ellas/os. ¿Son, ciertamente, hombres decentes y mujeres honestas los/as que ni siquiera dan muestras de duda o vacilación a la hora de poner fin a ese número indeterminado de golpes, los/as que se limitan a lamentarse de que estos hechos continúen acaeciendo en pleno siglo XXI, los/as que no remedian esos erebos terribles a las/os débiles? Confían en que serán otras/os las/os que detengan el arma punzante que empuña la mano que inflige o el brazo o los brazos causantes del daño tamaño y así ellas/os podrán dejar de sentir indignación y pena. Puede que a algunas/os les broten las ganas sinceras de agradecer en silencio al héroe o a la heroína su proceder.

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Viernes, 21 de julio

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