El Blog de Otramotro

Si no es razón de peso suficiente,...

SI NO ES RAZÓN DE PESO SUFICIENTE,…

Durante mi adolescencia en el colegio religioso (hoy, hotel) que los Padres Camilos regentaban en Navarrete (La Rioja), nunca escuché hablar de mi amada actual, Pilar. Como aquellos tres años fueron mi cielo en la Tierra (así los vengo catalogando desde ni se sabe), porque a los tales les siguieron muchos de puro y duro infierno (con algunos puntuales momentos cruciales de dicha plena, que los hace imperecederos, inolvidables), acaso debería haber oído hablar a la sazón de quien me ha retrotraído varias veces a las sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos que tuve o me nacieron entonces, en el susodicho seminario menor, de una felicidad apabullante, omnímoda, por ser los hodiernos, los de ahora, si no idénticos, parecidos o similares a los que me brotaron in illo tempore, otrora.

Ahora bien, tal vez en un haiku que se sacó de la manga en una discusión poética mi colega Emilio González, “Metomentodo”, que no había tenido en cuenta antes servidor o había pasado por alto hasta ahora, esté la clave, o sea, quepa encontrar la mejor refutación a cuanto acabo de verter en el párrafo precedente: “Halla el pilar / donde erigir tu cielo, / quid de tu hilar”. ¿Cabe o no interpretar dicho haiku así: encuentra a Pilar y en ella edificarás tu cielo; no dejarás de rilar (temblar, pues oír su nombre te seguirá produciendo escalofrío y unas ganas irrefrenables de urdir sobre los muchos resplandores que ella, una estrella, arroja, emite o eroga a sus alrededores)?

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Todo autor debe ser hacedor libre

TODO AUTOR DEBE SER HACEDOR LIBRE

Dilecta Pilar:

Para que me entiendas, no soy partidario de las tesis que adujo en cierta ocasión y determinado foro (creo que se trataba de un Congreso sobre Lengua Castellana o Española) el genial “Gabo”, en lo tocante a las reglas de ortografía, verbigracia. Y es que sigue siendo una verdad como un templo algo que recuerdo que dijo y dejó escrito en letras de molde Aristóteles, pero con otras palabras, que en el cerebro del más sabio hay un rincón para la insensatez. Todo autor debe ser hacedor libre, diré más, libérrimo, como lo fue, fungió y fingió de tal, el mentado Premio Nobel, Gabriel García Márquez, por ejemplo, pero no me sonaron mal ni fuera de lugar las objeciones que puso un literato como la copa de un pino, Miguel Delibes, en boca de Nieves, hija de Paco, “el Bajo”, uno de los personajes literarios inolvidables de su novela “Los santos inocentes”, obra que luego inmortalizó, al llevarla a la pantalla grande y pequeña, del cine o de la televisión, otro genio, Mario Camus.

Por si no ha quedado claro lo anterior, te brindaré otro argumento o razón. Me muestro más libre con las reglas de la décima (espinela), puesto que contravengo (soy consciente de ello) muchas veces la norma de que no puede haber punto (salvo el final del poema) tras el verso quinto de la misma, que con las del soneto, que las sigo a rajatabla. Y es que considero que el soneto es la composición poliestrófica por antonomasia o excelencia en nuestro idioma, desde que me aprendí de memoria, en segundo curso del Bachillerato Unificado Polivalente, uno, de temática religiosa, anónimo, “A Cristo crucificado”, que inicia el endecasílabo melódico (si se le pone reparos a que sea, sensu stricto, enfático), “No me mueve, mi Dios, para quererte”.

El próximo jueves comienza la campaña electoral, sí. Pues me temo que debo contestarte con otro adverbio afirmativo a tu pregunta, porque tengo clara y cristalina mi decisión: volveré a votar en blanco. Ya he escrito el artículo de opinión o crónica que publicaré dicho día, el once de los corrientes, y que porta el rótulo diáfano de “Servidor volverá a votar en blanco” y el subtítulo de “Acompaña el dar caña a la campaña” (aunque lo haya escrito en la precampaña). Luego te lo mando, para tu solaz.

Me agrada, peta y/o satisface que el que te he mandado por otro canal te haya parecido así, perfecto.

Celebro que hagas el esfuerzo de comprenderme; y de nada; te itero (e insisto en) la misma tesis de la que he echado mano otras veces: cuanto hago contigo (leerte y escribirte) lo culmino con gusto, sin sentirme obligado nunca a ello.

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Tres cuartos de lo mismo me acaece

TRES CUARTOS DE LO MISMO ME ACAECE

Dilecta Pilar:

Tres cuartos de lo mismo me acaece con mi difunto hermano. Como sabes, hace cuarenta años que murió José Javier; bueno, pues han sido pocos los días que han transcurrido, desde aquel día de Navidad, fecha fatídica, que, por una razón o por otra, no lo he recordado. Cuando me hablaste (en realidad, me escribiste) de los ángeles de la guarda (en cuya existencia creías), yo pensé, pero no dije ni urdí, que acaso Javi (como hipocorísticamente le llamábamos en casa) fuera o pudiera pasar por uno de ellos.

La familia es un bien que hay que promover y proteger a todo trance. La compañía de la familia es crucial cuando la salud falla.

La salud es el ingrediente fundamental para poder seguir peregrinando con ilusiones y pasión por este valle de lágrimas. Quien no haya aprendido aún esta verdad, la vida se encargará de que, velis nolis, más pronto que tarde, la aprenda.

Bienvenida, bien hallada y bienhadada la empatía, tu empatía.

Esa es una de las muchas contradicciones que uno viene identificando y que, por una extraña razón, suele ir erogando por doquier la vida. Solía decir Iluminada, mi progenitora o madre amantísima (hablaba poco, pero qué poco marraba en cuanto profería) que por donde está más oscuro amanece. Y hay una paremia española que sostiene que no hay mal que por bien no venga. Acaso ese sea el caso de la finada madre de Jesús, cuyo óbito, en lugar de ser causa de la desunión, significó lo opuesto, la argamasa o el pegamento que unió aún más a la familia.

Cierto, certísimo. Cada persona somos un abanico. Dependiendo de las circunstancias o de las varillas que juntemos o por las que optemos del susodicho, podemos ser vistos por los demás como un ángel o como un demonio.

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Fue Pilar un pilar edificante

FUE PILAR UN PILAR EDIFICANTE

Cuando yo haya muerto (he pensado tantas veces que en apenas unas horas iba a ocurrirme el fatal desenlace que, cuando de veras acaezca, acaso no me coja de improviso), quizá alguien se interese algún día por saber más sobre mi persona y/o mis textos. Prescindible la primera, pero no así los segundos (aunque estén basados en hechos que me sucedieron, me consta que son varias las acciones que propiciaron sendas urdiduras —o “urdiblandas”— que, a pesar de las relecturas, aún no se han entendido del todo), acudirán, seguramente (por el boca a boca, o sea, la información que se desplaza de boca en boca) a entrevistar a mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, para sonsacarle. Emilio les dirá verdades como puños sin cuento; entre ellas, que, de todas las mujeres que conocí (incluso bíblicamente, sí), Pilar fue la que más amé y me marcó. Por ninguna otra, que no fuera muy allegada, esto es, que no tuviera algún estrecho lazo familiar conmigo, tuve tanta devoción; ni amé de una manera tan apabullante, sin complejos.

Fue Pilar un pilar edificante; el pilar a partir del cual edifiqué buena parte de mi literatura. Desde que, por primera vez, la miré y admiré, no pasó un solo día sin que, a pesar de la distancia (ella en Galicia y yo en la Luna, escribiendo sin parar sobre ella y sus innumerables prendas), dejara de asombrarme (por esto, eso o aquello, sucesos ciertos, reales, protagonizados por ella, de una bondad, integridad y severidad insólitas, o por imaginaciones mías, actos que mi fantasía elaboraba sin cesar en los que ella era la causa o testigo de mil y un prodigios).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Como ya es habitual en mí y te consta

COMO YA ES HABITUAL EN MÍ Y TE CONSTA

Dilecta Pilar:

¡Muchas gracias! Y ¡enhorabuena!, asimismo, por la parte que te toca.

A mí, últimamente, me cuesta aclimatarme a la hora de menos. Y este año no ha sido una excepción.

Luego te enviaré el texto definitivo de la epístola del próximo viernes (la que te remití ayer), porque, en casa, hice algunas enmiendas (como ya es habitual en mí y te consta).

Ignoro si los beneficios económicos (se habla de unos 300 millones de euros) que lleva aparejado el cambio de hora son fetenes, pero a mí y a mis ritmos circadianos nos vienen mal o peor. Aún ando desorientado y sin descansar lo apetecido (acaso todo sea mental, psicológico, pero ahí está el otro robo de Europa, o de la europea hora, fastidiando).

Te comprendo perfectamente. Y entiendo que hayas decidido tomarte unas jornadas de holganza o laxitud en el cumplimiento de tus horarios autoimpuestos. Además del “finde”, un par de días de relajo, de cuando en vez, o de vez en cuando, no le sientan mal al cuerpo (ni a la mente) si son extraordinarios, no asiduos. Pues, ya intuyes cuál es mi anhelo, que le saques el máximo partido o todo el jugo beneficioso a esos días de desconexión.

Ojalá que te dé tiempo a trenzar la columna y te salga a pedir de boca y de un tirón.

Debemos estar haciéndonos mayores, porque ambos sufrimos sus rigores (los del cambio de la hora) más que otras/os.

Así es; esta mañana he gozado un montón leyendo tu columna hodierna en el Heraldo, “Un pueblo es…”.

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Respeto a quienes toleran

RESPETO A QUIENES TOLERAN

LA CRÍTICA ARGUMENTADA

Cuando una resolución
Se fundamenta y razona,
Si es contraria, desazona
A quien ve en oposición
Con su mejor solución.
Respeto las providencias,
Los autos y las sentencias
De juezas/es y magistradas/os.
Espero que las/os mentadas/os
Toleren desavenencias.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Que el voto en blanco denuesta?

¿QUE EL VOTO EN BLANCO DENUESTA?

(SER ADULTO, NO UN RAPAZ)

Reconozco que me cuesta,
Como me acaeció otrora,
Decantarme aquí y ahora
Por un partido. Mi apuesta,
El voto en blanco, ¿denuesta?
Como me siento incapaz
De a quien más guerra que paz
Me depara con mi voto
Apoyar, juzgo y anoto
Ser lo que soy, no un rapaz.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Así ha sido mi impar fin de semana

ASÍ HA SIDO MI IMPAR FIN DE SEMANA

Dilecta Pilar:

Celebro que fuera así, muy bueno, tu “finde”. El mío no le fue a la zaga. El sábado pasado, 30 de marzo, celebré mi quincuagésimo séptimo cumpleaños de esta guisa. Para tener despejada la mañana, había adelantado la limpieza semanal a la tarde de la víspera, el viernes. Había quedado con mi íntimo amigo Luis de Pablo Jiménez en que, cuando acabara el acto de la entrega de los premios del IV Certamen de Poesía en honor de Santa Ana (que como en años anteriores tuvo lugar en el Palacio Decanal, de Tudela), en el que volví a recoger otro diploma de finalista, le llamaría por teléfono. Así hice, tras entablar breve conversación telefónica con mi prima Justy, que había intentado hasta cuatro veces contactar conmigo durante el mencionado acto poético (pero este menda había hecho lo oportuno o preceptivo al desconectar su móvil).

Nada más levantarme, tras bañarme y desayunar, fui a comprar el pan y el periódico, El País, en los lugares habituales. En la librería/papelería “El Cole” había hecho copias del soneto con el que había participado en el mencionado concurso, “¿Un soneto en honor de la Patrona?”, y de uno de los textos en prosa en el que hablaba de la última vez que me junté con mis íntimos amigos, “Los Luises”, Luis de Pablo, arriba mentado, de Rincón de Soto, y Luis Quirico Calvo Iriarte, de Tafalla, pero sin citarlos, como sí hago aquí y ahora con sus nombres y apellidos, a fin de que los dos tuvieran sendas copias de ambos.

El plan que, grosso modo, vía invento de Bell, habíamos acordado o pactado Luis de Pablo y un servidor era almorzar en el Restaurante “De Miguel” (y allí acudimos, pero, como no había reservado mesa —pensé que, siendo dos los comensales, no habría problema—, nos acercamos a otro local de la competencia, hasta “La Parrilla”, donde comimos estupendamente).

Pasadas las cuatro de la tarde, pagué la cuenta (en la ocasión anterior, le había tocado apoquinar la dolorosa a Luis) y nos desplazamos hasta donde él había aparcado su coche, tomamos asiento, Luis lo puso en marcha y, dándole a la mui, llegamos a nuestro destino, Tafalla. Nuestra intención era hacer una visita y dar una sorpresa a nuestro íntimo amigo común, Luis Quirico, que había sido operado recientemente. Y yo volví a recordar a Demetrio de Falero. Esta vez rememoré la otra de sus dos famosas frases felices sobre la amistad: “En la prosperidad, el verdadero amigo acude a tu casa al ser llamado; y en la adversidad, sin serlo”. Nos tomamos un café y una caña con él (no consintió en que pagara la ronda yo) en el bar con cuyo dueño, Javier, habíamos trabajado De Pablo y yo en el bar “El Andaluz”, de Rincón de Soto, hace más de treinta años, nos despedimos y regresamos. Luis me dejó en Tudela y él tomó la dirección de Rincón.

Pasadas las nueve menos cuarto, hallé a Pío donde habíamos quedado y le invité a unas patatas bravas y unas cañas en el “Nenaf”. Salimos de allí, doblamos la esquina y entramos en el “Burcon”, donde Íñigo, el camarero, ya nos conoce y nos puso lo que solemos tomar. En esta oportunidad, fuimos a pimplar el irónico arranque o último trago al “Isidro”. Coronado dicho trámite, nos marchamos a casa (cada uno a la suya).

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Era la aclaración innecesaria

ERA LA ACLARACIÓN INNECESARIA

Dilecta Pilar:

En el buen sentido, por supuesto. Era la aclaración innecesaria (pero, ¿quién no ha echado alguna vez mano del pleonasmo?, te y me pregunto, ¿quién?), pues, viniendo de ti, no podía haber ni caber otro sentido que el susodicho, el bueno.

Celebro que te haya gustado la primera versión de mi epístola y, más aún, la definitiva. A mí también me gustó mucho la inicial, pero ahora, si me preguntaran, que no hace falta, por lo obvio de la respuesta, me quedaría con la que verá la luz en mi bitácora, la final.

Supongo que andas enfrascada en (barrunto que ultimando) tu artículo o columna de mañana. Confío, espero y deseo que, si después de desayunar, no hallo un ejemplar del Heraldo de Aragón en la librería/papelería “El Cole”, para poder llevármelo/a a los ojos, lo/a lea por la tarde en tu blog, La lámpara encendida.

Lo hacemos de manera mutua, conocernos, desde hace un montón de años; aunque, asimismo, también nos desconozcamos. Nada nuevo bajo el sol. Lo más normal del mundo entre personas, vaya.

A ambos nos gusta lo que escribimos, porque los dos (si no siempre, casi siempre) intentamos hacerlo desde la sensatez.

Esta mañana he leído tu artículo/columna “Soy testigo” en el Heraldo. Aunque ignoro cuál ha sido tu pretensión, qué fin, objetivo o propósito buscabas con ello, porque no te he escuchado disertar ni he leído sobre ese particular preciso, intuyo qué te espoleó a trenzar sobre el tema y a que viera la luz, que el lector (ella o él) reflexionara sobre el caso concreto de la joven oscense.

He sido testigo de que, a lo largo de mi existencia, he cometido diversos errores de bulto (si hiciera una relación exhaustiva de los mismos, unos dirían que eran muchos y otros opinarían que pocos, según tenga cada quien conciencia y recuerdo de los suyos, supongo). Igualmente, he dado de lleno en el blanco o centro de la diana algunas veces (menos de las que he deseado), o sea, he atinado; que conste también esto en acta.

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Si te apetece discurrir sobre ello

SI TE APETECE DISCURRIR SOBRE ELLO

Dilecta Pilar:

Cierto. Todo escrito precisa su tiempo de cocción, pero este no es el mismo para todos ellos. A veces, te pones a trenzar y unos te salen de un tirón y otros requieren volver sobre ellos una y otra vez, hasta que uno de los diversos lectores o críticos literarios que acarreas queda conforme, satisfecho, y, de paso, logra convencer de su cabal adecuación u oportunidad a uno de los varios autores o hacedores que también portas o porteas, y este (que no siempre es el mismo) decide que han quedado arreglados, aseados, o sea, publicables. En muchas ocasiones he manifestado lo que considero que cuadra o encaja perfectamente (al menos, a mí así me lo parece y sirve) con mis textos (acaso pueda acaecerles lo mismo a otros o, tal vez, no le ocurra lo propio a ninguno del resto, los demás), que estos no los termino, sino que los dejo. Ignoro si abundas conmigo o disientes. Ya me dirás (y, por favor, no me vengas con que hace mucho que no te mides; es coña; si te apetece discurrir sobre ello; que no tienes ninguna obligación, por supuesto).

En ese punto no discrepamos, no. A ambos (desde la más tierna infancia) nos ha gustado mucho el teatro (y no necesariamente más el clásico, porque puede que varias obras actuales sean consideradas tales, clásicas, dentro de menos de medio siglo, uno o dos centurias). No sé por qué (bueno, nada más haber escrito lo que antecede, debo desdecirme, sí lo sé; porque es obvio) todas las obras clásicas (aunque sus autores no se soportaran, se envidiaran mutuamente y se agraviaran a base de bien, entre sí, mediante un sinfín de sarcasmos sutiles, en el supuesto de que fueran coetáneos y coincidieran en el mismo espacio, ciudad o país) se toleran estupendamente. Basta con ir a una biblioteca para ver cómo conviven, de manera respetuosa y pacífica, en el mismo anaquel. Mira, por ejemplo, Pilar (o Ana, que es la Patrona tudelana), este estante, ese o aquel.

Ya sabes cuál es el orden de prelación: primero, la obligación (la tarea que debes coronar, culminar, y con más razón si te has comprometido a llevarla en un plazo convenido o fijado a cabo) y, después, la devoción. Debes tomar las respuestas a mis correos como un mero divertimento opcional tuyo, nunca como un deber. Aunque yo jamás (si la memoria no me falla) haya dejado de responder.

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¿Puede haber Navidad con vanidad?

¿PUEDE HABER NAVIDAD CON VANIDAD?

Dilecta Pilar:

Esta tarde he ido a hacer la compra semanal al supermercado y he venido al C. C. “Lourdes” un rato más tarde.

Tu columna me ha parecido didáctica, educativa. No sé si tu “cagonet” tiene que ver con el “caganer” Puigdemont (supongo que te refieres a su vicario, Torra), sobre el que escribí otrora, aquel sábado de noviembre que nos juntamos en Zaragoza y te di una copia de la décima que aquella misma tarde, en el Hotel NH urdí. El belén y los belenes me parecen bien, si quienes los montan (la locución “armar el belén” o “montar el belén”, en castellano, ya sabes lo que significa) o ayudan a montarlos tienen el corazón limpio y echan una mano al que lo necesita. Si no, ¿para qué valen los belenes? ¿Y sus figuras, para qué, para figurar? ¿De qué sirve la Navidad si seguimos sin cepillarnos la vanidad? Todos los días del año tienen que ser Navidad.

A los jóvenes actuales lo que les pasa (hago un resumen, seguramente injusto, por generalizar) es que no hablan con los amigos que tienen al lado y que andan desorientados, porque han convertido la herramienta de trabajo en un juguete. Un juguete es para jugar y un útil, el que sea, para trabajar, para sacarle el máximo provecho o el apetecido. No todos los padres actuales son ni se comportan como Jaron Lanier, que solo permite usar Internet a sus hijos unas horas, porque conoce el percal y el completo muestrario de los perjuicios que la herramienta puede acarrear.

Como la biblioteca pública de Tudela (me enteré a última hora del viernes) abría hoy hasta (el Centro Cívico “Lourdes” permanece cerrado hasta el día 26) mediodía, me he acercado y he aprovechado la ocasión para ver si contestaba algún correo (si alguien, verbigracia, tú, me había escrito) y a pasar a limpio la décima que urdí anoche. “Al contrario deje/o a salvo” (te la mando abajo para tu solaz).

Celebro que te sigan gustando los belenes y las Navidades.

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Puro oro es el aceite de Navarra

PURO ORO ES EL ACEITE DE NAVARRA

—Quien come una tostada,
Regada con aceite de Navarra,
Alcanza una gozada.
Si vas allí, a la barra,
Que quedan hallarás, si este no marra.
—De casa traigo un ajo.
Me agrada su sabor sobremanera.
También vengo al trabajo
Con el remedio, Vera,
Para que para atrás no eche mi acera.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Viernes, 19 de abril

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