El Blog de Otramotro

Nacer siempre es llegar del extranjero

NACER SIEMPRE ES LLEGAR DEL EXTRANJERO

¿Tú puedes obligar a que tus textos
Compartan tus insólitas costumbres?
¿Y esos han de imponer, aunque columbres
Sus hábitos mejores, sus pretextos?

Conoce, tú, primero, los contextos
Para que a los demás, luego, deslumbres
Con llamas que calor y luz den, lumbres
Que cabe divisar desde los sextos.

Debemos promover el libre acceso
Entre los inmigrantes a las leyes
Que hemos de cumplir todos; sí, los reyes

También, o pagaremos el exceso.
Aprendí esto escuchando el sonajero:
“Nacer siempre es llegar del extranjero”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Servidor? ¡Aprendiz de ruiseñor!

¿SERVIDOR? ¡APRENDIZ DE RUISEÑOR!

Amada Pilar:

Como sabes, León Tolstói comenzó su novela “Ana Karenina” (1877) de esta guisa: “Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”. Tengo para mí que Tolstói se equivocaba en dicho aserto. Si las familias se componen de varias personas, son estas las que son o se sienten felices o infelices. Entiendo que nadie puede avenirse a decidir o determinar que una familia es feliz, si dos miembros (de los seis o diez que la componen) no lo son o no se sienten así, felices. ¿Con qué autoridad intelectual o moral podemos afirmar tal cosa, aun siendo mayoritaria (y aun abrumadora, en el caso de que sea de verdad así) la felicidad de quienes conforman dicha unidad familiar? A mí, por lo menos, se me impone la siguiente pregunta: ¿Ha habido, hay o puede haber una familia completamente feliz en la que a todos los miembros les conste que uno de ellos, sea hembra o varón, ciertamente, no lo es? Por el cúmulo de experiencias que el abajo firmante ha vivido (más padecido que disfrutado), a este menda le brota aseverar que son más, bastantes más, las situaciones infelices que puede referir que las felices, pero el cerebro humano tiene la rara capacidad prodigiosa de, en los momentos de dicha a raudales, olvidar rápidamente las desdichadas y rememorar con más facilidad y pujanza las dichosas.

Si hoy, aquí y ahora, alguien me pidiera que me autopsicoanalizara o autorretratara, diría que yo me veo a mí mismo como una persona que sabe (unos días mucho, otros días poco, depende de mi estado de ánimo, optimista o pesimista) de literatura; como un aprendiz aventajado (por avejentado) de ruiseñor, de poeta, de narrador, de artista (pues todos los días —si no todos, la inmensa mayoría de los tales— pretendo lo mismo, hacer arte con la sola ayuda de las palabras y los signos ortográficos habidos o por haber, presentes o futuros). En la actualidad, escribir y amarte son los dos motivos o razones que encuentro imprescindibles para vivir, las dos tareas necesarias y diarias que dan sentido a mi existencia. Es lo que más dichoso me hace cuando, tras ponerme con ahínco a ello, salgo airoso del doble lance o trance; y, asimismo, lo que me hace más desdichado o desgraciado, si, tras dar por acabada o coronar la labor par, esta me deja en el alma, en la piel y en las papilas gustativas de mi lengua el regusto de haber fracasado o naufragado en una o en ambas pretensiones.

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¿Chaleco gualdo? ¡Cola impar, sin vetos!

¿CHALECO GUALDO? ¡COLA IMPAR, SIN VETOS!

Personas con anhelos incompletos
Y un menguante poder adquisitivo
En el chaleco gualdo, equitativo,
Hallado han pegamento impar, sin vetos.

Un revoltijo forman los sujetos
Que en la prenda amarilla el distintivo
Han visto que hace iguales, el motivo
Que une como la rabia sin secretos.

Entre los tales hay agricultores
Y estudiantes también y camioneros
Que ven cómo enflaquecen los dineros

Con los que compran menos o peores
Carnes, pescados, miel o carburantes
Que apenas tres o cuatro añadas antes.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Don Pedro? ¡Todo un poliedro!

¿DON PEDRO? ¡TODO UN POLIEDRO!

Veo que es capaz don Pedro
De ser las jornadas siete
De la semana un juguete
Distinto: “Creo que medro
Porque parezco un poliedro:
Los lunes soy socialista;
Los martes, puro marxista;
Los miércoles, soy cambiante;
Los jueves, un gran tunante;
Los viernes, nacionalista;
Los sábados, polemista;
Los domingos, progresista”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pregunto: ¿Está Quim Torra bien del tarro?

PREGUNTO: ¿ESTÁ QUIM TORRA BIEN DEL TARRO?

Antes de contestar a esa pregunta,
Habrá que dar respuesta, verbigracia,
A muchas otras: ¿Tiene Torra gracia?
¿Tarro de las esencias, donde él unta

El pan con mantequilla o marabunta?
¿Cuanto escribió de España una desgracia
Fue; y, por esa razón, tiene una lacia
Mirada y la nariz creciente, en punta?

Según Torra, los Mossos, no, no obraron
Como debían, no garantizaron
El orden; los CDR, sin embargo,

Estuvieron de diez, tras el letargo.
A mí el extravagante Torra causa
Alipori, vergüenza ajena. Pausa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Me embellece la que es bella

ME EMBELLECE LA QUE ES BELLA

Yo no quiero ser famoso.
Solo aspiro a ser humano:
Ir con Pilar de la mano
Por algún entorno hermoso
De Roma o el Londres brumoso.
No quiero ser una estrella.
Con callejear con ella
Y a mandíbula batiente
Reír, me basta. No miente
Quien hace bello la bella.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Cómo versos trenzo o prosas

CÓMO VERSOS TRENZO O PROSAS

No es imprescindible estar
Con alguien en un lugar
Para con él madrugar,
Ver ledo su bienestar,
Dar pena su malestar.
Yo hago con Pilar mil cosas;
Verbigracia, las cien rosas
De su rosal admirar
O con sus ojos mirar
Cómo versos trenzo o prosas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Hoy no has juzgado mis actos

HOY NO HAS JUZGADO MIS ACTOS

—¡Gracias (hoy me has escuchado),
Por tu impar disposición!
—Puede una excelsa intención
Tener, como he razonado,
Un pésimo resultado.
—Hoy no has juzgado mis actos
Ni me han pinchado tus cactos.
Me he sentido acompañada/o;
No, como antaño, arañada/o.
¿Cuándo firmamos más pactos?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pilar, ojalá haya acuerdo

PILAR, OJALÁ HAYA ACUERDO

Me sentí a tu vera vivo
Y echo de menos volverme
A sentirme así, encenderme.
Aunque cuanto yo percibo,
Que es lo que de ti recibo,
Esté en claro desacuerdo
Con lo que concibo, cuerdo
Me mantiene que, aunque dudes,
Llegue el día en tú mudes
De parecer y haya acuerdo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


No hay error en lo que narro

NO HAY ERROR EN LO QUE NARRO

Aunque te resulte extraño,
Pilar, que sea Teseo
Y tú Ariadna no deseo,
No, ni que del coro al caño
Vayamos gallega y maño.
No hay error en cuanto narro.
Sabes que nací navarro,
Pero he estado tantos años
En Zaragoza, entre maños,
Que otro soy. ¿Acaso marro?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Te pinté ayer, Pilar, desnuda, alhaja

TE PINTÉ AYER, PILAR, DESNUDA, ALHAJA

He soñado, Pilar, de madrugada,
Que tú y yo nos habíamos juntado
En el parque, vistiendo lo pactado:
Bluyín con la pernera remangada.

Nada más verte (nada dije, nada),
Mirándote seguí, medio arrobado,
A escasos quince metros de tu lado;
Bastante profería mi mirada.

Al primo abrazo mil le sucedieron
Y se secreteaba hoy en voz baja:
“Ayer, hasta las lámparas gimieron”.

Me dio por remedar a don Francisco
De Goya y te pinté desnuda, maja,
Sin al de Fuendetodos hacer cisco.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pilar, deseo que mi esposa seas

PILAR, DESEO QUE MI ESPOSA SEAS

Amada Pilar:

Con algo más de planificación a la hora de seleccionar cuántas cosas hacer y cómo y de establecer el orden de prelación entre ellas, las diversas tareas a llevar a cabo durante un tiempo concreto, determinado, esto es, qué (empezar a) coronar antes y qué (dejar para) culminar más tarde, todos los seres humanos, amén de diligentes, inteligentes (si esta expresión no es un evidente pleonasmo, tal vez le falte el canto de un duro para serlo), insisto, todos, sin excepción, podríamos llegar a ser filósofos, es decir, personas amigas de saber (hasta llegar a ser duchas, peritas o versadas en uno o varios ámbitos o disciplinas), aunque no nos propongamos (o sí) elaborar un sistema o teoría filosófica.

Para que discurra mi pensamiento (no sé cómo funcionan otras mentes, las ajenas, pero sí cómo lo hace la mía, propia) necesito escuchar a los demás, qué dicen y qué quieren decir, o, en su defecto, leer, que es otra forma de escuchar (por lo general, más elaborada). Siempre (acaso —pronto le llegó el ocaso—, sin acaso, me he pasado; así que me enmiendo al momento: muchas veces), cuando diserto (sea oralmente o por escrito) sobre el acto de leer, suelo rememorar los cuatro versos endecasílabos que conforman el primer cuarteto del famoso soneto (sin título, aunque ahora muchos le den el del primero de sus versos; como es sabido, los poetas de los Siglos de Oro en muy rara ocasión ponían rótulo a un poema breve) de Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos”) y el poema (escrito en versos heptasílabos y endecasílabos, excepto el segundo, pentasílabo, que hubiera podido mudar fácilmente en heptasílabo agregando “muchos” tras otros) “Leer, leer, leer, vivir la vida”, de Unamuno, que dice así: “Leer, leer, leer, vivir la vida / que otros soñaron. / Leer, leer, leer, el alma olvida / las cosas que pasaron. / Se quedan las que quedan, las ficciones, / las flores de la pluma, / las solas, las humanas creaciones, / el poso de la espuma. / Leer, leer, leer, ¿seré lectura / mañana también yo? / ¿Seré mi creador, mi criatura, / seré lo que pasó?”.

Leer bien, o sea, de manera comprensiva, un poema, un cuento, una novela, un ensayo, una tragedia, un drama, lo que sea, cualquier texto literario, puede ser una experiencia, además de apasionante, inolvidable, para el atento y desocupado lector (sea ella o él), que puede llevarle a identificarse con uno o varios personajes de la obra o con el autor de la/s trama/s que cuentan esas líneas, que, conforme las va leyendo, las va reescribiendo y sacándoles todo su calor y todo su color, todo su saber y todo su sabor, pudiendo llegar a hacerlas suyas (por sentir afinidad, empatía o simpatía) o devenir en firme detractor de las tales y concebir sesudos argumentos a fin de refutarlas.

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Domingo, 16 de diciembre

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