El Blog de Otramotro

Para quererte fue preciso verte

PARA QUERERTE FUE PRECISO VERTE

Amada Pilar:

Los seres humanos somos un batido, cóctel, combinado o mezcla de nuestra historia personal, singular, privada, con nuestra historia social, grupal, pública.

Aquello que nos ha pasado (o que le ha acaecido a un allegado, amigo o deudo próximo, o a algún otro tal de estos últimos) nos influye; ahora bien, si esa influencia es total, completa, absoluta, puede que nos marque (y hasta que nos deje una señal o muesca en la memoria y aun en el alma). De aquello que presenciamos, o sea, que vimos o vemos y/u oímos cerca o por televisión, podemos aducir tres cuartos de lo propio. Las cosas buenas, regulares y malas que nos ocurrieron o que sucedieron ante nuestros ojos dejaron un poso (mayor o menor) en nosotros. Y, para coronar la idea que tengo entre manos, concluyo que he sacado de la manga o de la chistera de mi cacumen lo que podría haber propalado antaño Perogrullo, que cuanto nos pasó otrora en nuestra vida nos ha convertido en las personas que somos ahora.

Para quererte, Pilar, fue preciso que previamente pudiera verte. Para admirarte necesité antes mirarte. Fue necesario y un verdadero placer, que devino, por arte de magia, divino, conversar contigo para comprobar lo obvio, que te amaba aún más; y, aunque llegué a sentir, en momentos puntuales, miedo (que, mientras duraban esos susodichos instantes, mereció el adjetivo calificativo de cerval, que le puse a la vera), logré esperanzarme y apasionarme por ti, egregia y excelsa fémina, cada vez un poco más; y, al mismo tiempo, conseguí lo que pretendía, venerarte, glorificarte y adorarte.

Quienes estamos desparejadas/os y, aunque seamos seres sociables, somos unas/os solitarias/os empedernidas/os, quienes llevamos casi impresionada sobre nuestra cara una diana pidiendo a voz en cuello flechas certeras, quienes estamos en el punto de mira de Cupido, o sea, cuantas/os deseamos y somos deseadas/os, tenemos la obligación moral de desmontar los embelecos (que cabe hallar en derredor) del amor —de cualquier expresión o forma de amor, comenzando por aquel al que somos más adictas/os o proclives— y de confrontar si los hechos, las obras (que no las sobras, aunque suene igual) corroboran o desmienten las palabras que nos musitó al oído quien intentaba camelarnos, seducirnos. Juzgo que, si damos nuestra aquiescencia a que cuanto rodea al amor se sirva de nosotros para divulgar sus patrañas (trolas, bolas o bulos), haremos dejación de una de nuestras principales funciones, de nuestra labor supervisora, y devendremos en sus más que portavoces, “portacoces”, que acaso sea, dentro del lato ámbito de Eros, lo que más detesto ser.

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Los mayores de edad mayores somos

LOS MAYORES DE EDAD MAYORES SOMOS

España está actualmente como está (la miremos desde el punto de vista político, económico, social, cultural, etc.) por las políticas llevadas a cabo (y acaso, sobre todo, por las pretendidas y previstas, pero no coronadas o culminadas) por los gobiernos liberales (de la derecha) y socialistas (agrupadas bajo el paraguas o tras la égida marxista —lo sean en verdad o no—, o sea, de la izquierda), que han deparado al grueso de los ciudadanos (hembras y varones) depauperación, unos niveles de deuda estatal y familiar imposibles de asumir, inesperados, insospechados, nunca vistos ni oídos, además de desigualdad (no obviemos que las socialistas buscaban lo complementario, contrario u opuesto, la igualdad de oportunidades de todos, independientemente de cuáles fueran sus rentas familiares, en definitiva, el reparto equitativo de la riqueza), falta o resta de dignidad y derechos de las personas, intervencionismo insoportable del Estado en sus vidas,... Los políticos, una vez consiguen acceder al poder, parecen contravenir, un día sí y otro también, los anhelos del pueblo al que dicen que vienen a servir, la gente real, la de a pie. Hoy, por ejemplo, la receta que una legión de ellos pregona a voz en cuello como panacea es subir impuestos. Hasta ahí somos muchos (ellas y ellos) los que estamos de acuerdo. La discrepancia brota cuando no se concreta a quiénes y por qué razones.

Hoy en día, el Ejecutivo de Sánchez, en lugar de proponernos desafíos o retos reales (está claro que a la ilusión, que solo agrada a las/os ilusas/os, prefiero, por buena y aun óptima, la realidad), prosperidad, seguridad y presente, pero, sobre todo, futuro, nos vuelve a machacar con temas (manidos hasta el hartazgo) del pasado, que tienen que ver más con la Guerra (In)Civil y con el dictador Francisco Franco (del que ni los “hunos” ni los “hotros” exhumaron sus restos mortales cuando gozaron de mayorías absolutas y debieron —pactar con las minorías—; lo han decidido ahora, bienvenida sea dicha determinación, aunque el procedimiento legal elegido sea manifiestamente mejorable).

Como el abajo firmante, servidor, es seguidor de los buenos consejos de Confucio, defiende, mantiene y sostiene como acertada su recomendación de que la persona que comete un error y no lo corrige incurre en otro aún mayor. Asimismo, argumenta que, con buena voluntad política, los partidos podrían ponerse de acuerdo en que, a escasos dos meses de conmemorarse los cuarenta años de haber sido ratificada por el pueblo español en referéndum la Constitución Española de 1978, acaso haya llegado el momento oportuno para hacer un balance de la misma. Tal vez se llegue a la conclusión de que le falte y/o le sobre algo. No soy partidario de suprimir las Autonomías, pero uno ha comprobado que abundan los cargos de libre designación a los que cabe calificar de inaceptables sinecuras. Este menda no es partidario de ilegalizar los partidos independentistas, pero aprobaría un duro código penal para que, en el supuesto de que fuera iterado otro golpe de Estado blando, tras el preceptivo juicio justo, se sentenciara a muchos años de cárcel a las/os que les hubieran sido probadas sus actitudes rebeldes y/o sediciosas. Ojalá unos y otros hayan escarmentado en cabeza propia o ajena; ojalá hayan aprendido la lección que contiene ese adagio de Francis Bacon en latín que dice así: “citius emergit veritas ex errore quam ex confusione” (“la verdad emerge más rauda del error que de la confusión”).

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Vemos a las personas como somos

VEMOS A LAS PERSONAS COMO SOMOS

Amada Pilar:

Somos legión (o formamos un buen montón, pila o piña) quienes nos sabemos de memoria, al menos, la primera frase del párrafo inicial de varias obras literarias (clásicas o no); verbigracia, cómo arranca el “18 Brumario de Luis Bonaparte”, de Karl Marx (“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa“). Como para mí, tú, Pilar, eres un personaje clave y fundamental, la persona que, andando el tiempo, devendrá en la más importante de mi vida, es mi deseo y mi esperanza que seas una excepción a la susodicha regla marxista, no como, me consta, lo fue Ewelina Hanska para Honoré de Balzac. Así que concédeme la licencia que te solicito con especial encarecimiento de que hoy no vea en ti a la citada Ewelina, la joven condesa polaca de la que se enamoró perdidamente Balzac, al leer este las epístolas que le mandaba “La extranjera” (así firmaba Ewelina sus misivas) desde Rusia. Y es que no vivieron como matrimonio más que cinco o tres meses (del 14 de marzo o mayo —las fuentes que he consultado no se ponen de acuerdo en el mes—, fecha de sus nupcias, al 18 de agosto de 1850, jornada en la que finó sus días Honoré en París).

En “Los Ciclos del Alma”, su autora, la puertorriqueña Sharon M. Koenig, sostiene que los seres humanos somos capaces de idear, en apenas 24 horas, 60.000 pensamientos (¿de media?; juraría ante la Biblia que sé de algún semejante que no los ideará en toda su vida —por muchos que sean los años que viva—, pero acaso servidor funja aquí, amén de malévolo, de zumbón); y que el grueso de los tales son perjudiciales y recurrentes, ya que recuerdan y recrean episodios del pretérito que infunden tristeza u horror. Si de verdad nos comen el coco, daremos de lleno en el blanco o centro de la diana, esto es, haremos lo correcto, al decidir denominarlos de esa guisa, comecocos. Para escaparnos y alejarnos de los barrotes de su cárcel y olvidarnos definitivamente de ellos, acertaremos, quiero decir, actuaremos con tino y de modo conveniente, si nos decantamos por hacerles el vacío, por ningunearlos.

Así pues, tras haber dejado arrumbada a la nada en el sótano o en el desván, reparo en que el lugar que ocupará ahora la susodicha acaso lo ocupaba antes el arpa de la Rima VII de Bécquer (“Del salón en el ángulo oscuro, / de su dueña tal vez olvidada, / silenciosa y cubierta de polvo / veíase el arpa...”) o, en su defecto, la lámpara, maravillosamente empolvada, de Aladino, o quizá el inopinado enamoramiento, que uno advierte que escondían o guardaban en su caja fuerte los versos séptimo y octavo de “El Frasco”, poema de Charles Baudelaire: “A veces encontramos un viejo frasco que se recuerda / Del que surge vivísima un alma que resucita”.

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Que tu criterio sea ese celebro

QUE TU CRITERIO SEA ESE CELEBRO

Dilecta Pilar:

Que tu criterio sea ese celebro. Así es. Al final, terminaré escribiendo (ya veremos si ve o no la luz) la novela sobre mi cielo en la tierra, esos tres años de mi adolescencia en Navarrete.

Agradezco el consejo (y la sugerencia que lleva aparejada), pero el relato ya está publicado. Ahora veré si me acuerdo de la contraseña de Zenda.

No olvides mi encargo de que le des dos besos de mi parte a María Antonia.

Harás lo cabal. Pues es mi deseo que mañana sigan las risas. No es mala causa esa, la risa, de llorar a lágrima viva (o como la expresión que usas en tu artículo hodierno, precioso ejercicio de empatía, “a pulmón partido”, que, supongo, es hija o prima hermana del corazón partido que canta otro AS, Alejandro Sanz).

Cierto. Aunque los escritores (ignoro el porqué; tal vez porque, así, una vez aireados, consiguen vencerlos o no verse mediatizados por ellos) tienden a sacar los infiernos.

Un rifirrafe (otro, sí, pero el alcalde, en este caso en concreto, no ha estado a la altura de las circunstancias) de medio pelo.

Muchas gracias por enviarme esas “Palabricas para María Antonia”. Me siento orgulloso de haber participado en dicho cuadernico. Me extraña que no se hayan animado y avenido más excolegas nuestros a participar en un homenaje tan merecido. Las acabo de leer (menos el poema; lo dejo para mañana). Las volveré a releer y degustar pronto en otro momento. Acaso (sin hesitación) en Tenerife (donde ya sabes que pasaré quince días de vacación, que necesito, del 11 al 25 de julio).

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De acuerdo en el desacuerdo

DE ACUERDO EN EL DESACUERDO

Ha pasado Cataluña
Por mucho adicto a la bola
De la cabeza a la cola.
¿Dónde no vale la cuña
Aprovecha mucho la uña?
¿De qué sirven los afanes
Si los afloran patanes,
Que solamente de acuerdo
Están en el desacuerdo
De los tales, catalanes?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pronto me veo portando un portátil

PRONTO ME VEO PORTANDO UN PORTÁTIL

Dilecta Pilar:

Lo del portátil cada vez me lo planteo más y lo veo más factible. Me resisto, porque me conozco; y estando así, como estoy, por lo menos, no caigo en la tentación. Un día leí esto en “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde, y me lo creí a pies juntillas (porque era lo que me sucedía o su anagrama, lo que me seducía): “La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma, anhelando lo que ella misma se ha prohibido, deseando lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo suceden en el cerebro. Es también en el cerebro, y solo en el cerebro, donde se cometen los grandes pecados”. Recuerda que mi madre, Iluminada, la llamaba “tecla” (fusión de la tecla del ordenador y el final de biblioteca). Tengo dinero para comprarme el susodicho portátil, pero, insisto, es mucha la tentación y... mejor como estoy, sin ella (la tentación) y sin él (el portátil, causa u origen de ella), aunque sin poder escribir a diario estaría peor (me temo).

Así es. Creo que, de este modo, mi cordura (o “corblanda”) no cruzará la frontera o linde de la insania o locura.

Pero convendrás conmigo en que ese trabajo es liviano, no pesa como la roca de Sísifo.

Me viene bien escribirte. Siempre que me contestes, tendrás respuesta mía (creo que nunca he faltado a esa norma o cita).

Así aprendemos ambos (hagamos las veces de alumno o profesor). ¿Tú crees que el buen maestro o profesor no aprende de sus alumnos? Yo sostengo que el bueno, el verdaderamente bueno, aprende de ellos tanto o más que ellos de él. Si haces una encuesta o sondeo entre nuestras/os excolegas, te cerciorarás de cuanto te adelanto.

Te agradezco sobremanera el esfuerzo que haces al formularme los pros, que los considero más que sensatos.

Pues uno de los muchos críticos que acarreo, porto o porteo ya ha advertido dos yerros. Así que, cuando termine de urdirte estos renglones torcidos, le cederé el teclado del ordenador para que proceda a subsanarlos.

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A la alhaja que contemplo

A LA ALHAJA QUE CONTEMPLO

Quien buena música escucha
Y la Capilla Sixtina
Visita junto al que atina
Del estrés contra el que lucha
Sale indemne y con paz mucha.
La techumbre, por ejemplo,
Que contempla en este templo,
A Pilar tanto relaja
Que estima que es una alhaja;
Y yo que ella, a quien contemplo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Relación de pareja literaria

RELACIÓN DE PAREJA LITERARIA

Amada Pilar:

¿Qué le empuja a un/a aprendiz de ruiseñor o a cualquier/a otro/a artista a serlo? Te daré a continuación mi parecer, pero ten presente que, si preguntas por eso mismo a otra/o, te dará el suyo, tan válido como el mío (o más, o menos), que puede coincidir o discrepar abiertamente del tal.

Quien echa mano del arte (sea este el que sea), ¡bendita simiente!, para expresar qué siente (aunque en alguna parte de su relato invente o mienta), para explicarse (y, de esta guisa, poder luego comprenderse), trata de entender su mundo; sobre todo, por qué, en medio de ese ámbito donde parece que se tocan, sin llegar a rozarse, la belleza y la inmundicia, en ese extenso campo de mies, de trigo veraz y amapola, tigre voraz, mendaz, ha logrado hallar una espiga de oro puro. Es necesario averiguar, primero, qué pasa en nuestro microcosmos, para, después, inteligir qué ocurre en el orbe y, más tarde, qué acaece en el cosmos. Por eso, una/o se centra en las personas, animales y enseres cercanas/os, las/os que la/o rodean. Posteriormente, decide compartir con las/os oyentes, lectoras/es o espectadoras/es de su obra las preguntas que le hicieron o se hizo otrora y las respuestas que encontró, que le satisficieron, por si les pueden ser útiles ahora a las/os demás.

Aunque hay/a quienes sostienen que el arte, antes que una colección o conjunto de herramientas para instruir, tiene que serlo para emocionar, sigo recordando y dando validez a los versos 343 y 344 de la “Epístola a los Pisones” o “Arte poética” de Horacio: “Omne tulit punctum qui miscuit utile dulci, / lectorem delectando pariterque monendo” (“todo el galardón se lo llevó quien mezcló lo útil con lo dulce, al lector deleitando y, al mismo tiempo, amonestándolo”).

Está suficientemente demostrado que la buena literatura, me refiero a la profética, a la clásica (y aquí sigo, al pie de la letra, la definición que de dicho término dio Jorge Luis Borges en el opúsculo que tituló “Sobre los clásicos”: “es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad”; definición que puede completarse o complementarse, a su vez, con las líneas que el autor había escrito —y el lector, ella o él, ha podido, asimismo, leer— en la misma obra antes, “como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término”), tiene la rara habilidad de expresar con una brillantez, una intuición y una profundidad inauditas, insólitas, cuanto las/os antropólogas/os, las/os filósofas/os y las/os sociólogas/os harán también, pero meses, años, lustros o incluso décadas más tarde. Seguramente, por esta razón, por el don novelesco (y aun cinematográfico) que poseen ciertas/os literatas/os selectas/os de extrapolar los difusos fenómenos sociales, que objetivamente ocurren en las calles, los lugares de trabajo o de ocio y los domicilios de ene ciudades del orbe, a las concretas vivencias subjetivas que protagonizan en una localidad, real o ficticia, la que sea, los pocos personajes de una novela o una película.

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Quien no lea a Cadalso irá al cadalso

QUIEN NO LEA A CADALSO IRÁ AL CADALSO

Visto lo visto, oído lo oído y leído lo leído, durante los últimos días, semanas y meses (que alguien dio de lleno en el blanco o centro de la diana al denominar a ese lapso de tiempo de esta guisa, “la más rabiosa actualidad”) en los diversos mass media y demás mentideros patrios, dan ganas de recomendar encarecidamente a quienes (hembras o varones) tengan en el futuro (sea corto, medio o largo el plazo) la augusta, benéfica y sana intención de dedicar unos años (ocho serán bastantes) de su vida a la política su obligación ineludible de leer (y hasta releer, por lo mucho que esta acción puede aprovecharles) a los clásicos. Estos pueden ser (o no) los autores y los textos que sus profesores (no pongo en tela de juicio su buena, mejor y aun óptima intención) les aconsejen. Si yo fuera docente suyo, les insistiría un montón en que no echaran en saco roto mi recomendación de que leyeran “Los eruditos a la violeta”, de Cadalso, por el sumo y mucho jugo sarcástico que pueden extraer de dicha obra, para que nadie pueda mandarlas/os nunca al cadalso (metafórico, por supuesto).

José Cadalso publicó (en realidad, no lo hizo echando mano de su primer apellido para tal fin, sino de la primera parte de su segundo, compuesto, Vázquez —de Andrade—) en 1772 su sátira “Los eruditos a la violeta” en contra de cuantos (ellas y ellos) algunos denominamos hoy con la voz “todólogos” (expertos en todo) o duchos líquidos (porque cuanto dicen semeja el agua de la ducha, al desaparecer o irse sus palabras por el desagüe dejando la piel de quienes las escuchan limpia, sí, como una patena, mas sin apenas estela, huella o rastro alguno de conocimiento original, nuevo). La subtituló con ironía así: “Curso completo de todas las ciencias, dividido en siete lecciones, para los siete días de la semana. Compuesto por José (actualizo la acentuación, la puntuación y la grafía) Vázquez, quien lo publica en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco”.

Colocó al principio de su obra esta sabia, por dicaz y perspicaz, advertencia:

“En todos los siglos y países del mundo han pretendido introducirse en la república literaria unos hombres ineptos, que fundan su pretensión en cierto aparato artificioso de literatura. Este exterior de sabios puede alucinar a los que no saben lo arduo que es poseer una ciencia, lo difícil que es entender varias a un tiempo, lo imposible que es abrazarlas todas, y lo ridículo que es tratarlas con magisterio, satisfacción propia y deseo de ser tenido por sabio universal.

“Ni nuestra era, ni nuestra patria está libre de estos pseudoeruditos (si se me permite esta voz). A ellos va dirigido este papel irónico, con el fin de que los ignorantes no los confundan con los verdaderos sabios, en desprecio y atraso de las ciencias, atribuyendo a la esencia de una facultad las ridículas ideas, que dan de ella los que pretenden poseerla, cuando apenas han saludado sus principios”.

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Por ser del treinta de marzo,...

POR SER DEL TREINTA DE MARZO,

BIEN TE MENEARÉ EL ZARZO

(SACUDIRÉ LA BADANA)

“¿Trescientas palabras o quinientas palabras que no llevan comillas es un plagio? ¡Por favor!”.

Adriana Lastra, vicesecretaria general y portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, contestó de esa guisa, al ser preguntada a propósito de si, tras conocerse la noticia publicada por El País de que en el libro titulado “La nueva diplomacia de la economía española”, publicado en 2013 y firmado por Pedro Sánchez y Carlos Ocaña, sus autores habían plagiado, al no haber entrecomillado ni citado, como es preceptivo (a eso obliga el respeto a la ley de propiedad intelectual), la fuente original, parágrafos de cinco de las siete páginas de que consta la transcripción de la intervención que tuvo el diplomático Manuel Cacho, actualmente embajador de España en Australia, el 25 de febrero del 2013, en una conferencia en la Universidad Camilo José Cela.

Como su breve comentario me ha producido alipori, vergüenza ajena, he considerado oportuno trenzarle a quien nació en Ribadesella diecisiete años cabales después de que lo hiciera este menda en Tudela, la siguiente décima, pues se ha hecho merecedora de ella. Espero y deseo que, aunque le escueza, le sea útil.

Si el Ser Supremo o natura
Dos orejas y una boca
Nos dio, la lección no es poca:
Ser coherente procura
Y no un potro de tortura.
Adriana, déjame darte,
Porque puede aprovecharte,
Un consejo: escucha el doble
De lo que hables y un redoble
Precederá siempre tu arte.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


A mi sosia/s, Schnitzler, ya no envidio

A MI SOSIA/S, SCHNITZLER, YA NO ENVIDIO

Amada Pilar:

Aunque esta es la primera epístola que te dirijo (es mi deseo y mi esperanza que sean cientos y aun miles las misivas que te urda y mande), juzgo que puede ser pertinente y pintiparado (además de favorable para mis intereses) que te hable de que si, hasta que te conocí, envidiaba a mi sosia/s vienés, Arthur Schnitzler (con quien salvo que coincido con él en su idea de que “estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”, que ambos nacimos en el mismo año, 62, de distinto siglo, y otra afinidad o concomitancia que acaso reconozca más adelante, no tengo más parecido con él que las iniciales de nuestra gracia de pila y primer apellido, A. S.), hoy admito que a ese pecado capital, la envidia, ya no le doy amparo o cobijo en mis poros, porque he logrado cepillármelo o desterrarlo de mi piel.

Como sabe quien ha(ya) leído los “Diarios” de Schnitzler, que la editorial chilena Universidad Diego Portales ha publicado este año con selección, traducción y prólogo de Adan Kovacsics, el dramaturgo y novelista austríaco recorrió las calles de Viena con el mismo empeño con el que un experto espeleólogo exploraría las galerías de la laberíntica y promiscua cueva de Eros. Arthur, que no se hartó nunca de alentar su vicio redomado o empedernido de enamorarse y encamarse con cuanta fémina conoció (hoy en día se diría del espécimen que cultivara hábitos semejantes a los que fue adicto el autor de “Relato soñado” —por cierto, con un guion basado en la citada obra de Schnitzler, Stanley Kubrick filmó su canto del cisne, “Eyes Wide Shut”— que era miembro de la cofradía del “culo veo, culo quiero”), mantuvo en dos años y dejó anotados en su diario, por ejemplo, 563 encuentros amorosos con su amante favorita o predilecta.

Como mi vida sexual, por padecer durante tanto tiempo un miedo insuperable a contraer una ETS (enfermedad de transmisión sexual) o ITS (infección), era tan escasa, envidiaba la capacidad amatoria del don Juan, mi sosia/s, Schnitzler.

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¿Habrá bajo/tras el "cum laude" una gran losa?

¿HABRÁ BAJO/TRAS EL“CUM LAUDE” UNA GRAN LOSA?

Ignoro, atento y desocupado lector (sea ella o él), si usted suele pasar su vista, de manera asidua u ocasional, por los renglones torcidos (en prosa o en verso) que tiene a bien agavillar a diario el abajo firmante, servidor. Si es de los que me leen de forma habitual, seguramente conoce el afecto o la debilidad que siento por mi quinto Javier Cercas, a quien, ciertamente, acostumbro a tener cerca y, como lógico corolario, a releer con suma delectación.

Desconozco, asimismo, si tiene en casa un ejemplar del número 2.187 de EL PAÍS SEMANAL. Si aún anda en su revistero, le recomiendo encarecidamente que vuelva a echarle un ojo (en sentido estricto, los dos, salvo que, por la razón que sea, que lamento, de veras, si es así, haya perdido usted la visión de uno o ambos ojos) al artículo de Cercas, titulado “El triunfo de la mentira”, que aparece publicado en la página 10. Si no puede acceder al susodicho, transcribo a continuación la tesis que sostiene en el mismo que, a modo de epítome, concentra o resume en su párrafo final: “Eso es lo nuevo (y de ahí que el buen periodismo sea hoy más necesario que nunca, siempre que no se conforme con contar la verdad y desmonte asimismo las mentiras); eso es también lo más inquietante. Por una razón tan elemental que a menudo se olvida: que la verdad libera y la mentira esclaviza, que una sociedad que ha perdido el vínculo con la verdad no puede ser más que una sociedad de esclavos, que el triunfo de la mentira sólo puede ser la derrota de la libertad”. Después de leer las líneas que preceden, barrunto que habrá hecho lo que este menda, decir amén a todo.

No obstante, le aconsejo para su bien que no se conforme con esto y haga lo mismo que ha llevado a cabo servidor, releer en un ejemplar del número 2.189 de EL PAÍS SEMANAL, en concreto, en la página 8, su artículo, que lleva este rótulo “Propagandistas del poder”. Así que, por las mismas razones aducidas arriba, haré tres cuartos de lo propio que he coronado antes con su hermano, citar su postrero parágrafo: “Lo repito: quienes intervenimos en los medios tenemos la obligación de desmontar las mentiras del poder —de cualquier poder, empezando por aquel al que más afines somos— y confrontar con los hechos de la realidad su relato de la realidad. De lo contrario, si permitimos que el poder nos use para difundir sus mentiras, dejamos de ser fiscalizadores del poder y nos convertimos en sus propagandistas. Que es lo peor que podemos ser”.

Tras haber llegado a la conclusión de que había asimilado el grueso de las lecciones de Cercas y después de haber leído y escuchado a muchas de las personas que se han ocupado a conciencia del asunto en cuestión, la tesis de Sánchez (no sabría decir cuál es del total el cabal porcentaje), he juzgado oportuno escribir al respecto lo que sigue.

¿Alguien pensaba, de verdad, que de La Moncloa, tras pasar las herramientas antiplagio por la tesis doctoral de Pedro Sánchez, iban a salir cosas distintas de las que salieron y trascendieron a la opinión pública, o sea, que no había habido plagio?

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Domingo, 21 de octubre

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