El Blog de Otramotro

¿Qué es lo que no hay que exportar/importar?

¿QUÉ ES LO QUE NO HAY QUE EXPORTAR/IMPORTAR?

—Día tras día, me admiro,
Muro, de que desplomado
No te halles/hayas, no, ni arruinado
(Esto le suelta Ramiro
A la pared que remiro).
¿Cómo puedes soportar
Tanta estupidez portar,
Como encierran las palabras
Que las/os que están como cabras
Trenzan y no hay que exportar/importar?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Si hay "superhábit", hay déficit

SI HAY “SUPERHÁBIT”, HAY DÉFICIT

Como lo precipuo, primero o principal debe ir en vanguardia, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), procedo a explicar el rótulo que he elegido para que encabezara este texto: allí donde hay “superhábit”, vocablo incorrectamente escrito, como cualquier bachiller sabe (o debería saber), lo que hay, sin ninguna hesitación, es, una de dos, o déficit de atención o, lo que es aún peor, de conocimientos.

Seguiré lo mandado por Concepción Arenal (“Odia el delito y compadece al delincuente” —también ordenó “Abrid escuelas y se cerrarán cárceles”, pero está claro que no todas/os tuvimos buenas/os y aun inmejorables profesoras/es de lengua, que nos enseñaron las reglas de ortografía y aprendieron de nosotras/os, mientras se esforzaban por formarnos como personas independientes, críticas, autónomas, tanto como nosotras/os aprendimos de ellas/os, en una provechosa interacción general, común—) y por el refranero (“Se dice el pecado pero no el pecador” airea una paremia recogida en el tal), pero dejaré constancia del error mayúsculo, morrocotudo, sin duda, para ver si, así, por lo menos, no lo vuelve a cometer ni la/el que incurrió en él ni otra/o nunca más.

El sábado pasado, 17 de los corrientes, en la mitad inferior de la página 41 de cierto diario leí en el subtítulo de una información deportiva “Cierre con superhábit” (sic, así, sí —al menos, había puesto la tilde, porque no había manera de escribir el susodicho vocablo de un modo peor—, con hache y con be), yerro que volvió a iterar quien cayó en él (intentando hallar las razones que sirvieran de disculpas y explicaran tamaña equivocación, he decidido decantarme por esta, que debió tener un mal día, como todas/os hemos tenido; y más de uno) en el cuerpo o texto de la noticia impresa. Solo en otra infausta ocasión, que yo recuerde ahora, reparé en la misma falta. La leí en un informe que rubricó con un garabato un indocumentado. Todas/os somos muy ignorantes, ciertamente (eso dijo, en más de una ocasión oportuna, Albert Einstein y luego escribió —“Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”— para concluir o rematar la idea), pero el inculto a quien me refiero lo era en grado sumo (callaré lo que ocurrió porque eso vendría a afearle aún más el comportamiento sandio que protagonizó entonces). Así que confío en la capacidad (re)creativa, fantasiosa, o la memoria de elefante del lector (sea ella o él), que, seguramente, inventará o recordará una situación parecida o similar a la que acaeció de verdad antaño, en la que quien tenía más poder en cierta parcela o sector de una empresa (sin más razón que esa, la de tener un cargo y un sueldo más alto) pretendía hacer que comulgara con ruedas de molino un subordinado suyo, el que tenía la razón de su parte, pero no ostentaba tanto poder como su superior. Cosas de la vida.

>> Sigue...


Un criterio sin misterio

UN CRITERIO SIN MISTERIO

“Las obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan. No conozco ningún otro criterio”.

Antón Pávlovich Chéjov

Aunque a ti te importe un pijo,
Coincido con el criterio,
Carente, sí, de misterio,
Que dejó escrito y que dijo
Chéjov y “Egomet” bendijo:
“Divido las obras de arte,
Aunque esto pueda asustarte,
En dos: estas, que me gustan,
Y aquellas, que me disgustan.
Una legión lo comparte”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Ene adversarios dadme; no enemigos

ENE ADVERSARIOS DADME; NO ENEMIGOS

El pasado jueves, 15 de los corrientes mes y año, el grueso de los periódicos que (h)ojeé en el sitio de costumbre, la tudelana Librería/Papelería “El Cole” (una vez más me veo en la propicia tesitura de no dejar escapar la ocasión, pintiparada, efímera, sin duda, de testimoniarle a “Fangio”, de nuevo, mi más sentido y sincero agradecimiento —siempre estaré en deuda con Miguel Ángel Gracia Eraso, su dueño, por haberse comportado conmigo como un “mecenas” y seguir derrochando generosidad a manos llenas, si no con todas/os, con la mayor parte de sus semejantes—, que no miento), conmemoraron una fecha indeleble, inmarcesible, los cuarenta años transcurridos desde las primeras elecciones democráticas en España. Era una manera estupenda, magnífica, de echar cuatro cerrojos, cuatro, a cuatro décadas de dictadura (mientras algunas/os historiadoras/es, profesoras/es y periodistas consideran que hubo un par de años de “dictablanda”, cuando el general/ísimo empezó a perder ímpetu, fuerza o fuelle, al final de sus días —amén de anciano, estaba enfermo—, otras/os aseveran que no dejó de ser autoritario hasta la última jornada en la que fue consciente de sus actos) franquista.

Todas/os, elegibles y electoras/es, candidatas/os políticas/os, periodistas y ciudadanas/os, o volvían a disfrutar del derecho al sufragio libre, directo y secreto, las/os añosas/os, o se estrenaban en ese menester, las/os hijas/os y nietas/os de la posguerra.

Dos canciones, que devinieron en himnos emblemáticos, porque sonaron y se escucharon tanto por doquier (lo urdiré echando mano de un oxímoron, hasta la saciedad, pero sin llegar a provocar los rigores del hartazgo) durante los primeros años de la Transición española a la democracia, sirvieron de motores o vehículos para alentar al electorado a participar en la fiesta de las urnas y votar, a estimular el espíritu de reconciliación cívica y a superar la tentación de la revancha, sin acudir a la ira para demostrar las normales y naturales discrepancias de criterio: “Habla, pueblo, habla”, compuesta por el grupo murciano Vino Tinto, y “Libertad sin ira”, de Baladés, Herrero y Armenteros, popularizadas ambas por el grupo musical onubense Jarcha.

En el diario La Rioja de dicho día leí lo que luego, una hora larga después, releí en la edición digital del mentado periódico, unas declaraciones interesantes, sin hesitación, sobre la susodicha efeméride, de quien ostentó con orgullo la dignidad de llevar la cartera del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo durante seis años, en varios gobiernos presididos por Felipe González, Javier Luis Sáenz de Cosculluela (PSOE), que obtuvo representación parlamentaria, o sea, escaño en el Congreso, precisamente, en las citadas elecciones, quien tras volver a echar la vista atrás, aducía que “fue una época en la que no hubo odio en la política y eso que los protagonistas de entonces habíamos tenido una experiencia muy amarga con la dictadura (...) hicimos la Constitución en un marco en el que el odio estaba ausente. Los de enfrente eran adversarios, no eran enemigos, cosa que ahora no ocurre, porque alguien ha traído el odio a la política”.

>> Sigue...


No hay un poema perfecto

NO HAY UN POEMA PERFECTO

“¿Sabes? Todas mis canciones podían estar mejor escritas. Esto es algo que me preocupaba antes, pero ya ha dejado de preocuparme. Nada es perfecto, y por eso no tengo por qué esperar que yo sea perfecto”.

Robert Allen Zimmerman, Bob Dylan

A mí no me preocupa
Hoy lo que ayer sí lo hacía,
Pues sin gracias o vacía
Me dejaba. No me ocupa
Lo que a ti te preocupa,
Encontrar más de un defecto,
Deterioro o desperfecto
En la oda que terminaste
Y que excelente juzgaste.
¿Acaso Dios es perfecto?

Edurne Gotor, “Metonimia”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Tiene el hombre esta certeza:

TIENE EL HOMBRE ESTA CERTEZA:

ES UN SER QUE ABRIGA DUDAS

Aequam memento rebus in arduis / seruare mentem, non secus in bonis / ab insolenti temperatam / laetitia, moriture Delli” (“Acuérdate de mantener en los momentos difíciles un espíritu sereno, e igualmente en los felices, preservándolo de la insolente alegría, oh mortal Delio”).

Horacio, en su oda “A Quinto Delio

Últimamente (desde que fue publicada la carta abierta que le escribí al alcalde de Tudela, Eneko Larrarte Huguet, sobre todo), la pregunta que más me hace la gente que me conoce (esté donde esté, comprando el periódico en “El Cole” o el pan en “Bajo Cero”, esperando a hacerme unas fotos en “Alfredo”, deambulando por la calle,...) es por qué no tengo acceso a internet ni ordenador en casa.

Procedo a responderla por extenso para ver si, así, de esta guisa, consigo que nadie vuelva a formularme más la cuestión de marras.

La pensión que me ha quedado es, en verdad, corta (y aquí no hay rendija por la que pueda colarse, hacer acto de presencia y enseñorearse la hesitación, o sea, penetrar y arraigar la duda), pero esa circunstancia (los poco más de setecientos euros que cobro) no estorba tanto como para impedir o imposibilitar el doble hecho, porque podría tener el uno y el otro a mi disposición, si así lo quisiera, pero no lo deseo, porque antaño, tras valorar los pros y los contras, decidí que lo que más me convenía era salir de casa y, por tanto, renunciar a la citada pareja.

Como una persona se conoce a sí misma mientras conoce a otras, y otro tanto cabe decir u ocurre a la inversa o viceversa, servidor (que ha ido conociéndose paulatinamente y seguirá en esa tesitura, haciendo tal cosa, hasta que se muera, supongo) se conoce. Cometería una insensatez si ese conocimiento que tengo de mí mismo lo dilapidara, tirándolo, verbigracia, por la borda. Tengo para mí que el hombre, además de ser un ente que yerra, es un ser que tiene escasas certezas. Entre ellas, descuella, sin hesitación, la de que duda (y en esto sí que no hay ídem que valga); y, si lo lógico y normal en quien duda es no permanecer en ella, sino salir cuanto antes de ella o ellas (si son varias las que se tienen), por esa razón, precisamente, tomé la decisión de que a este ente dubitante que soy le convenía no tener ordenador ni acceso a internet en casa, si quería mantenerme sano (desde el punto de vista físico y psíquico), quiero decir, seguir siendo un loco cuerdo, no un orate de atar.

Acaso venga a cuento ponerle un ejemplo dubitativo, atento y desocupado lector (sea usted hembra o varón), para ver cómo soluciona el problema de la duda que acarrea. Imagine que a usted le da por recordar este pensamiento de Oscar Wilde, “la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella”, y, a renglón seguido, por verse a sí misma/o, tumbada/o en la cama, desvelada/o, intentando rememorar una cita de “El perseguidor”, de Julio Cortázar, que otrora se aprendió de memoria, pero ahora duda de si la secuencia fiel es esta: “que no había más que fijarse un poco, sentirse un poco, callarse un poco, para descubrir los agujeros” u otra, o falla en alguno de sus verbos, o... Seguramente, teniendo ordenador y acceso a internet, usted, que se conoce, para solventar en un pispás la hesitación, hubiera echado mano de ambos y salido de dudas. Como no los tiene, concilia el sueño de nuevo, descansa y mañana en donde sea (este menda acostumbra a hacerlo en el Centro Cívico “Lourdes” o en la biblioteca pública de Tudela) hará todo lo posible para que la duda se disipe, esfume o deje de existir.

>> Sigue...


¿"Las sesiones"? ¡Qué emociones!

¿“LAS SESIONES”? ¡QUÉ EMOCIONES!

“La pasión es una obsesión positiva. La obsesión es una pasión negativa”.

Paul Carvel

Iban a ser seis sesiones,
Pero en cuatro se quedaron.
Las dos restantes le holgaron
A Mark, pozo de pasiones,
Reflexiones e ilusiones,
Quien, tras esquivar la muerte,
Dando gracias por su suerte,
A bote pronto largó
A la que no le amargó
Que no era virgen. ¡Qué fuerte!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


La verdad hace libre, el miedo esclavo

LA VERDAD HACE LIBRE, EL MIEDO ESCLAVO

“—Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo... Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

Roy Batty (papel interpretado por Rutger Hauer), según la traducción usada en el doblaje de la versión española del guion de “Blade Runner”, película dirigida por Ridley Scott, que fue estrenada en 1982.

Nació Leon Kowalski el diez de marzo
De dos mil diecisiete, según leo.
Me acerco a la pantalla y eso veo.
No guipo si es marrón su iris o garzo.

Sí advierto cómo le menea el zarzo
A quien el Voight Kampff le hace. Me peleo,
Pero no como el hijo de Peleo,
Que, salvo en su talón, era de cuarzo.

Cuando el guion de “Blade Runner” escribieron
Lo mismo que los ojos de Dick vieron
Fancher y Peoples. Dieron en el clavo:

Si soy insoportable cuando hiedo,
Aún más lo seré si siento miedo,
Porque eso significa ser esclavo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Carta abierta a Ariana Grande, autora de "Dangerous Woman" ("Mujer Peligrosa")

CARTA ABIERTA A ARIANA GRANDE,

AUTORA DE “DANGEROUS WOMAN” (“MUJER PELIGROSA”)

Dilecta diva/estrella del pop (permíteme que te tutee —ya sé que es poco probable que leas esta epístola en español, pero nada impide que pueda llegarte convenientemente traducida al inglés por un alma caritativa, dadivosa—, porque podría ser tu padre) Ariana Grande:

Ha transcendido a los mass media que estás “rota” (fuentes próximas a tu persona han agregado, otrosí, un adjetivo calificativo sobre cómo te ven tus más allegados o cercanos, “histérica”). Y que has decidido cancelar tu tercera macrogira mundial, suceso insólito en tu carrera precoz, relampagueante.

Evidentemente, puedes hacer con tu vida cuanto te pete, que para eso es tuya, pero, si no adviertes en la recomendación que me dispongo a hacerte una injerencia, te ruego encarecidamente que inviertas unos minutos, al menos, en considerarla. Cuando te recuperes emocionalmente de la reciente masacre de Mánchester, vuelve a ponerte las orejas de conejita de Playboy, a subirte al escenario a cantar y bailar como sabes y te gusta hacerlo, provocativamente, y a hacer felices a tus seguidores, púberes y progenitores. Lo mejor que cabe hacer tras padecer directamente (o, de modo indirecto, compadecerse con las víctimas de) un atentado es volver a la vida normal, a la rutina diaria.

Está claro, como la más cristalina de las aguas, que quien pronostica (aun siendo buen conocedor del pasado, de los muchos entresijos que es posible hallar entre los numerosos pliegues de la historia, que es, precisamente, lo que permite atisbar o avistar el futuro) puede equivocarse. Y aun de un modo morrocotudo. Yo intuyo y, por eso, auguro que vas a volver, más pronto que tarde, por donde te mueves a gusto, por los escenarios.

El grueso o una buena parte de los textos que he trenzado y constituyen mi producción literaria (y lo propio, por cierto, aseveraré —sin correr el mínimo riesgo de errar o marrar— de los que escriba) han surgido de las lecturas atentas que he hecho de otros escritos (fueran estos artículos, cuentos, dramas, ensayos, novelas, poemas,...) ideados y coronados por otros autores (fueran estos amigos o conocidos míos o escritores desconocidos por servidor).

>> Sigue...


Serendipia

SERENDIPIA

(HALLAZGO VALIOSO QUE SE PRODUJO DE MANERA FORTUITA)

“No estamos en este mundo para cumplir las expectativas de otras personas; ni las otras personas están para cumplir nuestras expectativas. Nuestra misión en este mundo es hacer lo bueno; sea esto o no la expectativa de quienes nos rodean”.

Don Jesús Ortega Romera, el profesor de Lengua y Literatura, nos había puesto un solo, pero arduo, deber para aquel largo puente de cinco días, fin de semana incluido, hallarle título al adagio judío que, según él, había sido extraído de una bolsa, en la que se habían insaculado varios cientos, por la mano inocente de un alumno suyo de la otra clase, Primero B, al azar.

Había leído no menos de cien veces el proverbio y sabía qué quería decir, pero no había logrado escribir una sola palabra, nada.

Ayer, sábado, por la tarde, como me empezaba a doler la cabeza, abrí la puerta y salí al balcón de mi habitación a tomar, al menos, un soplo de aire fresco; me apoyé en la barandilla y fijé mi vista en la fuente del jardín, donde por la boca del pez, un besugo marmóreo, no dejaba de surtir agua y un par de gorriones andaban abrevando en su redonda pila. Antes de que empezara a anochecer, dirigí mi mirada al cielo, como buscando inspiración y/o protección, pidiéndole a Dios que me echara una mano, y entonces me pareció atisbar o su anagrama, avistar, a Fújur, el dragón blanco de la suerte, cómo lo surcaba entre las nubes que no paraban de salirle al paso (tal vez, para darle la bienvenida, para saludarlo). Cuando pensaba, de veras, que pasaría otro día sin hallarle rótulo adecuado, apropiado, a la mentada sentencia, que ya empezaba a agobiarme, guipé cómo Fújur, con un simple guiño, me aconsejó (si colegí o interpreté lo correcto, que parece que sí) que tuviera esperanza y paciencia, y deseó, de todo corazón, que los hados me fueran propicios, como fueron, pues, al volver a sentarme en el sillón, el libro que estaba leyendo, “Recuerdos de otra persona” (1996), de Soledad Puértolas, fue empujado, sin querer queriendo, como solía decir el Chavo del Ocho, por mi codo y cayó al suelo. Quedó abierto por la página que me brindó inopinadamente el primer acto de la clave: “Porque se diga lo que se diga, los libros dan respuestas. Aunque no sean soluciones, aunque no sean definitivas. Respuestas instantáneas, luces que relampaguean en la oscuridad. Una hermosa frase, un pasaje de una novela, un verso: allí está, de pronto, la verdad. Y todo el sinsentido, y todo el desorden, se convierten, repentinamente, en belleza”. Estas palabras me llevaron, sin apenas esfuerzo, a otras, que recordé al instante, pues las había leído varias veces en “La historia interminable” (1979), de Michael Ende, que el mundo de Fantasía no tiene límites, así como el breve diálogo que le sigue, clarificador, entre Gmork, enorme lobo de ojos verdes, feroz y despiadado, que representa el mal, y Atreyu, a quien la Emperatriz encomienda el reto de hallar la panacea que cure la enfermedad que ella (y su imperio) padece:

>> Sigue...


Una vida feliz, justa

UNA VIDA FELIZ, JUSTA

“¿Cómo lograremos llevar una vida mejor y más justa? Absteniéndonos de hacer lo que censuramos en otros”.

Tales de Mileto

—¿Cómo llevar lograremos
Una vida feliz, justa?
¿Haciendo lo que nos gusta
Y repitiendo que haremos
Lo que antes no hicimos, memos?
—La dicha coronaremos
Si a Tales caso le hacemos:
No cometemos el yerro
Que otro can cometió o perro
O aprender de él prometemos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCXI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCXI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Pues discrepo o disiento, querido amigo, porque no hubiera sido ningún baldón ni pesada carga portar tal nombre. Como sabes, al primogénito del rey francés y, por ende, heredero del trono del Hexágono, lo llaman de esa guisa, Delfín. Incluso hay una expresión latina, ad usum Delphini, para referirse a la obra clásica grecolatina expurgada del pasaje escabroso que iba a leer el joven Delfín. Ahora bien, entiendo que la opción materna de la fusión de los nombres de los dos abuelos se impusiera e imperara la cordura, la pura y dura sensatez.

Mi cuñada María José, esposa de mi hermano Eusebio, verbigracia, sin ir más lejos, se apellida León. Tampoco es zumba, sino dato constatable, suministrado por la realidad. Hace poco, acaso ayer, este lector, a quien hay quien le llama león (por leedor empedernido —cuando él acude a tomar café al tudelano bar “La esquina” suele coger a este menda leyendo el ejemplar diario del Diario de Navarra—, impenitente), leyó en una columna que hubo quien se llamó León de nombre y León León fueron sus dos primeros apellidos.

Cuánta razón tuvo el comediógrafo Tito Maccio Plauto al colocar en su obra “Asinaria” (que va de la venta de unos asnos, bestias de carga, animales irracionales, que llevaron a cabo unos burros, varones estúpidos o imbéciles, animales supuestamente racionales, pues solo sirvió la susodicha venta para coronar una procacidad) la frase en latín que recoges y que, traducida, viene a decir: “Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando ignora quién es el otro”.

Pues (con retraso —ayer hubo actuación musical en el cíber-café “Praga”, donde ahora, desde uno de sus dos ordenadores, te contesto; vine por la mañana, antes de las doce, pero Alberto, su dueño, ya estaba preparando el escenario para la tarde—) ahí va mi más sentida y sincera enhorabuena para tu primo Josean, su esposa y sus respectivas parentelas.

>> Sigue...


Miércoles, 28 de junio

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca