El Blog de Otramotro

Te urdo, alcalde, mi crítica de balde

TE URDO, ALCALDE, MI CRÍTICA DE BALDE

Dilecto Eneko Larrarte, alcalde de nuestra ciudad, Tudela:

Acabo de leer el artículo titulado “¿Tudela necesita un centro de salud… hoy?”, que lleva tu firma (si me permites el tuteo y el comentario, yo hubiera colocado en el rótulo, tras la voz “salud”, o sea, antes de los tres puntos suspensivos, por oportuno, el adverbio más), en la sección de Opinión de Plaza Nueva, donde, de vez en cuando, tienen a bien publicarme mis urdiduras (o “urdiblandas”), y debo reconocer que me ha sorprendido gratamente el hecho, porque el grueso de los políticos profesionales (si es que escriben lo que aparece publicado en los mass media, que, acaso sea un prejuicio que no he logrado cepillarme del todo —me flagelo cinco segundos por ello, solo cinco—, vengo poniendo en tela de juicio desde ni se sabe, hace la tira de años), los que cobran, no suelen ser tan espléndidos como lo has sido tú en este caso, que, supongo, tienes el honor y debes sentirte orgulloso de presidir la Corporación tudelana.

La exposición que haces en dicho artículo es clara y clarificadora; diré más, la reputo exhaustiva; argumentas, dando datos y detalles o pormenores; refutas con razones de peso y concluyes lo obvio. Ergo (algo sorprendente en mí, que reconozco ser, por naturaleza, criticón), ¡chapó! (ahora ya se puede escribir el vocablo francés chapeau así, españolizado).

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¿Por qué razón llenó Vox Vistalegre?

¿POR QUÉ RAZÓN LLENÓ VOX VISTALEGRE?

El lunes pasado, quince de octubre, tras escribir con la ayuda de un ordenador una epístola (que publicaré, Deo volente, el día de Todos los Santos) y tres décimas (que verán la luz en mi bitácora este mes o el siguiente) en la biblioteca pública de Tudela, nada más llegar a casa, extraje del buzón, además de dos citaciones médicas (una, absurda, para las 08 horas y 30 minutos del día de la fecha —así que me fue meramente imposible acudir a la misma— y otra, sensata, para dentro de un mes exacto, el quince de noviembre), saqué un sobre blanco cerrado, sin dirección ni remite, en el que alguien (que, sin ninguna duda, me conoce, sabe dónde vivo y me lee, porque, si tomo en consideración el estilo literario que maneja, usa expresiones que he utilizado antes —y diversas veces— en varios de mis textos) había introducido un folio sin firma en el que pude leer lo siguiente:

“El grueso de la actual clase política española, que ni tiene clase ni hace política, está conformado por un grupo de personas perezosas, carentes (al parecer) de estética y ética, que, cuando no se dedican a tomarnos impunemente el pelo, ocupan la mayor parte de su tiempo en intentar y conseguir robar a manos llenas del erario público o en desbrozar el terreno para que ese menester lo ejerzan otros; dineros o pasta gansa que aportamos (casi) todos los ciudadanos a fin de hacer una sociedad más justa, con mayor bienestar (para los susodichos). Está claro que los partidos mayoritarios, los que han llevado o manejado más años las riendas del poder (nacional, autonómico o municipal), más trozo de tarta se han llevado en el reparto. Llama la atención que han sido pocos, muy pocos (se pueden contar con los dedos de las dos manos), los políticos profesionales de los dos grandes partidos que han probado su gallardía, su probidad y sus redaños a la hora de jugarse incluso el puesto al denunciar el chanchullo del que tuvieron conocimiento, una cuenta del largo rosario o sinfín de casos de corrupción que han acaecido en la piel de toro, España. Muchos ciudadanos de a pie se ven hoy con una mano delante y con otra detrás por el pésimo hacer (cuando no un clamoroso dolce far niente, dulce no hacer nada) de los “hunos” y de los “hotros”. Los máximos culpables del estado actual en el que se hallan las cosas y los casos en el Estado son, digámoslo claro, sin ambages, PSOE y PP.

“Yo, lo confieso (sin tener que acudir a más rodeos que este, en el supuesto de que este sea uno de ellos), no confío en ningún partido político. En ninguno veo que abunden las personas íntegras, con verdadera vocación de servicio público, que aspiren, como yo, a un futuro de máxima ecuanimidad social. En las sedes de los partidos (me consta, porque tengo amigos de todas las ideologías) no preguntan las razones por las que la gente se afilia a la formación, la que sea. Con que se comprometan a pagar la cuota basta. ¿Por qué en Andalucía sigue mandando el PSOE? ¿Alguien se ha hecho alguna vez esta pregunta? ¿Qué hay debajo de lo que se ve, la punta del iceberg, para que los que gobernaron allí, en dicha Comunidad Autónoma, sigan gobernando, después de hacerlo (siendo generoso en la calificación) regular? ¿Es saludable, democráticamente hablando, que no haya habido nunca un cambio político? A mí, si he de decir la fetén, constatar dicha realidad me huele entre mal y muy mal.

“¿Quiénes son también responsables de que en Cataluña haya habido un intento de golpe de Estado blando? ¿Acaso González y Zapatero, Aznar y Rajoy pretenden desentenderse de lo que han contribuido con su dejación de funciones de control a favorecer indirectamente? ¿Alguno de los cuatro reyes de la baraja citados en ese juego (ahora sabemos que sucio) del “do ut des”, de “esto te doy para que me apoyes en el Parlamento”, vio venir el tsunami que ha arribado inopinadamente a puerto?

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Los mayores de edad mayores somos

LOS MAYORES DE EDAD MAYORES SOMOS

España está actualmente como está (la miremos desde el punto de vista político, económico, social, cultural, etc.) por las políticas llevadas a cabo (y acaso, sobre todo, por las pretendidas y previstas, pero no coronadas o culminadas) por los gobiernos liberales (de la derecha) y socialistas (agrupadas bajo el paraguas o tras la égida marxista —lo sean en verdad o no—, o sea, de la izquierda), que han deparado al grueso de los ciudadanos (hembras y varones) depauperación, unos niveles de deuda estatal y familiar imposibles de asumir, inesperados, insospechados, nunca vistos ni oídos, además de desigualdad (no obviemos que las socialistas buscaban lo complementario, contrario u opuesto, la igualdad de oportunidades de todos, independientemente de cuáles fueran sus rentas familiares, en definitiva, el reparto equitativo de la riqueza), falta o resta de dignidad y derechos de las personas, intervencionismo insoportable del Estado en sus vidas,... Los políticos, una vez consiguen acceder al poder, parecen contravenir, un día sí y otro también, los anhelos del pueblo al que dicen que vienen a servir, la gente real, la de a pie. Hoy, por ejemplo, la receta que una legión de ellos pregona a voz en cuello como panacea es subir impuestos. Hasta ahí somos muchos (ellas y ellos) los que estamos de acuerdo. La discrepancia brota cuando no se concreta a quiénes y por qué razones.

Hoy en día, el Ejecutivo de Sánchez, en lugar de proponernos desafíos o retos reales (está claro que a la ilusión, que solo agrada a las/os ilusas/os, prefiero, por buena y aun óptima, la realidad), prosperidad, seguridad y presente, pero, sobre todo, futuro, nos vuelve a machacar con temas (manidos hasta el hartazgo) del pasado, que tienen que ver más con la Guerra (In)Civil y con el dictador Francisco Franco (del que ni los “hunos” ni los “hotros” exhumaron sus restos mortales cuando gozaron de mayorías absolutas y debieron —pactar con las minorías—; lo han decidido ahora, bienvenida sea dicha determinación, aunque el procedimiento legal elegido sea manifiestamente mejorable).

Como el abajo firmante, servidor, es seguidor de los buenos consejos de Confucio, defiende, mantiene y sostiene como acertada su recomendación de que la persona que comete un error y no lo corrige incurre en otro aún mayor. Asimismo, argumenta que, con buena voluntad política, los partidos podrían ponerse de acuerdo en que, a escasos dos meses de conmemorarse los cuarenta años de haber sido ratificada por el pueblo español en referéndum la Constitución Española de 1978, acaso haya llegado el momento oportuno para hacer un balance de la misma. Tal vez se llegue a la conclusión de que le falte y/o le sobre algo. No soy partidario de suprimir las Autonomías, pero uno ha comprobado que abundan los cargos de libre designación a los que cabe calificar de inaceptables sinecuras. Este menda no es partidario de ilegalizar los partidos independentistas, pero aprobaría un duro código penal para que, en el supuesto de que fuera iterado otro golpe de Estado blando, tras el preceptivo juicio justo, se sentenciara a muchos años de cárcel a las/os que les hubieran sido probadas sus actitudes rebeldes y/o sediciosas. Ojalá unos y otros hayan escarmentado en cabeza propia o ajena; ojalá hayan aprendido la lección que contiene ese adagio de Francis Bacon en latín que dice así: “citius emergit veritas ex errore quam ex confusione” (“la verdad emerge más rauda del error que de la confusión”).

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De acuerdo en el desacuerdo

DE ACUERDO EN EL DESACUERDO

Ha pasado Cataluña
Por mucho adicto a la bola
De la cabeza a la cola.
¿Dónde no vale la cuña
Aprovecha mucho la uña?
¿De qué sirven los afanes
Si los afloran patanes,
Que solamente de acuerdo
Están en el desacuerdo
De los tales, catalanes?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Se debe dialogar con quien no quiere?

¿SE DEBE DIALOGAR CON QUIEN NO QUIERE?

¿Cabe mantener un diálogo de sordos (en el que uno de los interlocutores, sea hembra o varón, va a lo suyo, o sea, a aducir lo que había preparado o tenía previsto decir con antelación sin atender, ni mucho ni poco ni nada de nada, a las razones que argumente y con las que acaso le contradiga —y le abata su invento— el otro; sin echar mano del lenguaje de signos, en el supuesto de que ambos hablantes sean sordomudos)? ¿Cabe avenirse a un coloquio de besugos (donde la coherencia y la lógica brillen por su ausencia)? Si servidor tuviera que contestar (evidentemente, sumo a las dos de este párrafo la del título) a esas tres preguntas, lo haría con tres rotundos noes.

Quim Torra quiere dialogar, pero (siguiendo la estela o los pasos de Carles Puigdemont, de quien se considera su vicario en el Parlament) solo de lo suyo (de lo que le interesa a él y a los de su cuerda o coinciden con su pensamiento, del derecho de libre determinación de los pueblos y de su ansiado referéndum de autodeterminación vinculante para conseguir la independencia y poder proclamar a voz en cuello la República Catalana; lo que opinen el resto de los ciudadanos —más de la mitad de los catalanes—, aunque sea exactamente lo contrario, distinto u opuesto de lo que él defiende, le importa un bledo). Pedro Sánchez (como antes le ocurrió a Mariano Rajoy con Puigdemont) no puede hablar de la independencia de Cataluña sin contravenir la Constitución, el Estatut y el resto de las leyes. Además, el muy democrático, honorable y sabio (de cuando en vez, no está mal usar la ironía; y si esta es cruenta y mordaz, el sarcasmo) Quim Torra parece desconocer lo más obvio de la historia, que no suele haber independencia sin guerra de independencia.

Ante el ultimátum de Quim Torra el Gobierno de Pedro Sánchez solo podía responder como lo ha hecho, rechazándolo de plano, no aceptándolo. ¿Acaso cabía hacer otra cosa decente, legal, oportuna? Hasta el diputado nacional y portavoz adjunto de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, que no es santo de mi devoción, ha estado a la altura de las circunstancias, al mantener que los ultimátums los carga el diablo. Uno había leído y escuchado que eran las armas, pero hasta las palabras pueden hacer, en algunas ocasiones puntuales, las veces de balas. Las balas o cualesquiera otros proyectiles no dañan si no los disparas. La bala no mata por ella misma, la bala mata por la velocidad que adquiere y lleva cuando impacta contra el objetivo. Si el blanco es una diana de papel y, tras este hay una plancha de acero, nada pasa. Si da en alguna parte vital del cuerpo humano, puede ser letal. Hay quien mantiene que las voces no hacen roces, pero yo he podido comprobar que, en algunas oportunidades, pueden levantar o producir hasta ampollas. Y que de nada sirve tolerar al intolerante. Al final, se impone lo cabal, justo y responsable, dejar de mostrarse respetuoso con quien no lo es, con el irrespetuoso (sea ella o él).

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¿Habrá bajo/tras el "cum laude" una gran losa?

¿HABRÁ BAJO/TRAS EL“CUM LAUDE” UNA GRAN LOSA?

Ignoro, atento y desocupado lector (sea ella o él), si usted suele pasar su vista, de manera asidua u ocasional, por los renglones torcidos (en prosa o en verso) que tiene a bien agavillar a diario el abajo firmante, servidor. Si es de los que me leen de forma habitual, seguramente conoce el afecto o la debilidad que siento por mi quinto Javier Cercas, a quien, ciertamente, acostumbro a tener cerca y, como lógico corolario, a releer con suma delectación.

Desconozco, asimismo, si tiene en casa un ejemplar del número 2.187 de EL PAÍS SEMANAL. Si aún anda en su revistero, le recomiendo encarecidamente que vuelva a echarle un ojo (en sentido estricto, los dos, salvo que, por la razón que sea, que lamento, de veras, si es así, haya perdido usted la visión de uno o ambos ojos) al artículo de Cercas, titulado “El triunfo de la mentira”, que aparece publicado en la página 10. Si no puede acceder al susodicho, transcribo a continuación la tesis que sostiene en el mismo que, a modo de epítome, concentra o resume en su párrafo final: “Eso es lo nuevo (y de ahí que el buen periodismo sea hoy más necesario que nunca, siempre que no se conforme con contar la verdad y desmonte asimismo las mentiras); eso es también lo más inquietante. Por una razón tan elemental que a menudo se olvida: que la verdad libera y la mentira esclaviza, que una sociedad que ha perdido el vínculo con la verdad no puede ser más que una sociedad de esclavos, que el triunfo de la mentira sólo puede ser la derrota de la libertad”. Después de leer las líneas que preceden, barrunto que habrá hecho lo que este menda, decir amén a todo.

No obstante, le aconsejo para su bien que no se conforme con esto y haga lo mismo que ha llevado a cabo servidor, releer en un ejemplar del número 2.189 de EL PAÍS SEMANAL, en concreto, en la página 8, su artículo, que lleva este rótulo “Propagandistas del poder”. Así que, por las mismas razones aducidas arriba, haré tres cuartos de lo propio que he coronado antes con su hermano, citar su postrero parágrafo: “Lo repito: quienes intervenimos en los medios tenemos la obligación de desmontar las mentiras del poder —de cualquier poder, empezando por aquel al que más afines somos— y confrontar con los hechos de la realidad su relato de la realidad. De lo contrario, si permitimos que el poder nos use para difundir sus mentiras, dejamos de ser fiscalizadores del poder y nos convertimos en sus propagandistas. Que es lo peor que podemos ser”.

Tras haber llegado a la conclusión de que había asimilado el grueso de las lecciones de Cercas y después de haber leído y escuchado a muchas de las personas que se han ocupado a conciencia del asunto en cuestión, la tesis de Sánchez (no sabría decir cuál es del total el cabal porcentaje), he juzgado oportuno escribir al respecto lo que sigue.

¿Alguien pensaba, de verdad, que de La Moncloa, tras pasar las herramientas antiplagio por la tesis doctoral de Pedro Sánchez, iban a salir cosas distintas de las que salieron y trascendieron a la opinión pública, o sea, que no había habido plagio?

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Sánchez siempre me ha dado mala espina

SÁNCHEZ SIEMPRE ME HA DADO MALA ESPINA

Como adujo Perogrullo (que fue el primero que arguyó la certeza que sigue y al que la leyenda o la tradición le adjudica la necia verdad, por ser una mera simpleza proferirla), si hay una palabra que, desde la noche de los tiempos, desde que el homo sapiens se halla sobre la faz de la Tierra, retrata y radiografía completa y perfectamente al hombre esta es claroscuro, pues nadie osará objetar lo incontrovertible o irrefutable, que este, sea ella o él, es un conjunto de luces y sombras, de aciertos y errores.

En este mundo (ignoro si hay otros y, en el supuesto de que los haya, qué acaece en ellos) somos muy pocos originales. A alguien, tras fungir de lo lógico y normal o lo que cabía esperar, de ser un ente racional, o sea, tras reflexionar un momento al respecto, se le ocurrió decir un día que los hombres (hembras y varones) se pueden dividir en dos grandes grupos, los que nacen con estrella y los que nacen estrellados. Bueno, pues, desde entonces, el grueso de mis semejantes se ha limitado a iterar, hasta el hartazgo, el mismo y falso argumento, sin sopesar si se trataba de un axioma o de un sofisma. Porque lo cierto es (al menos, para mí esto está claro y es evidente) que todos los seres humanos, todos, sin excepción, nacemos con estrella, quiero decir, bajo la influencia de una o de un grupo de ellas, de una constelación. Y, asimismo, veo, un día sí y otro también, esto es, compruebo, de modo cristalino, que, mientras unos siguen con la misma estrella, que los alumbra, dándoles luz física e intelectual, otros, antes o después, acaban como los huevos de gallina en una sartén con aceite humeante, estrellados (con o sin puntilla).

Escasas personas, pocas, muy pocas, tal vez no sumaran dos centenas, confiaban en que Pedro Sánchez saliera airoso, laureado, victorioso, de sus primeras primarias en el partido; menos aún que otro tanto acaeciera en su segunda oportunidad; y menos todavía que tuviera la resiliencia (o los redaños) y resistencia de superar el mayúsculo y terrible varapalo de su destitución en aquel Comité Federal, de infausto recuerdo, como secretario general del PSOE. Acaso no llegaban a dos docenas o decenas los que esperaban que pudiera ser el mirlo blanco que devino o resultó, la rara avis que hizo efectivo, por primera vez en España, tras la instauración de la Monarquía parlamentaria, el mecanismo constitucional de la moción de censura, que le llevó al Palacio de La Moncloa sin haber necesitado obtener asiento para el Congreso de los Diputados en las últimas elecciones generales. Todos estos hitos hará bien usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, en colocarlos en el platillo del haber de Sánchez si es cabal, que, mientras no dé pie a que se abra el grifo judicial para probar o demostrar lo contrario, lo es. En dicho platillo habría que poner, otrosí, la acogida de los migrantes del Aquarius (ahora bien, en el platillo contrario, la devolución en caliente de los 116 migrantes que saltaron la valla de Ceuta), la exhumación de los restos mortales del dictador (en el platillo contrario, el procedimiento para llevarla a cabo, porque el fin no justifica el medio, el Real Decreto-Ley), la convalidación del Real Decreto-Ley de la universal cobertura sanitaria pública y gratuita, la entrega a Arabia Saudí de las bombas contratadas (en el contrario, hacer tal cosa, tras mediar las protestas de Susana Díaz y los trabajadores de Navantia, que habían visto las orejas al lobo, o sea, cómo el contrato para construir las cinco corbetas pedidas por dicho país había sido puesto en entredicho),...

También cabe decir que pocos de los que siempre confiaron en Sánchez esperaban que, en sus primeros cien días como presidente de Gobierno, se viera forzado por los acontecimientos (en sentido estricto, por el cariz que habían tomado estos) a tener que prescindir de dos ministros (ambos fueron empujados u obligados a dimitir), Màxim Huerta (“el Breve”, en Cultura) y Carmen Montón (recientemente, en Sanidad, Consumo y Bienestar Social), ni a tener que desdecirse o dar marcha atrás (aunque llamen a estas rectificaciones en La Moncloa “maduraciones de decisiones”) en diversos temas.

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Me duele cuanto pésimo oigo y veo

ME DUELE CUANTO PÉSIMO OIGO Y VEO

“De diez cabezas, nueve / embisten y una piensa. / Nunca extrañéis que un bruto / se descuerne luchando por la idea”.

Antonio Machado, en “Campos de Castilla” (1912), Decires y Cantares XXIV

Vaya por delante, atento y desocupado lector (sea ella o él) de los próximos renglones torcidos, esta consideración previa. Como considero que todo “cronotopo” histórico, verbigracia, el actual en Cataluña, es complejo; y dado que este, al ser además conflictivo, puede acarrear tantas perspectivas o puntos de vista posibles como reflexiones sesudas se hagan al respecto, juzgo que otros abordajes pueden gozar de la misma estimación de imparcialidad y veracidad que concedo al que (desde la distancia, aunque la aldea presente sea global) ha elaborado y firmado este epígono de Unamuno, Otramotro, y hasta disentir de él. Sin duda, soy un ciudadano crítico, pero no suelo proceder como un dogmático y menos aún como un fanático. Así que me limitaré a aducir en este escrito lo que para mí son razones de peso.

Me duele España (¿holgará apuntar en este paréntesis lo que acaso convenga que quede bien apuntalado, que incluyo en ella a las 17 comunidades autónomas y a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, que la conforman?) y cuanto pésimo de ella leo, oigo y veo.

Me duele que en Cataluña la sociedad esté fragmentada y sus ciudadanos (hembras y varones) anden a la greña, divididos. Últimamente, por el uso (más bien, abuso) de unos lazos amarillos, símbolos separatistas, con los que quienes los colocan (eso sostienen) se solidarizan con los políticos presos (de manera preventiva), que para los susodichos son presos políticos.

Me duele lo que (barrunto) puede acaecer allí en cualquier momento, que los catalanes (ellas y ellos), enfrentados, azuzados por políticos insensatos, lleguen a armar la de Dios es Cristo o la de San Quintín, o sea, una marimorena bien gorda, para luego (intuyo), dada y comprobada su condición cobarde, hacer todo lo posible para desentenderse de lo ocasionado, un desaguisado morrocotudo, un incendio colosal, cuyo fuego, debido a su irresponsable comportamiento, se encargaron de atizar.

Me duele que, habiendo quedado claro, cristalino, que los lazos amarillos favorecen la confrontación social, ya que los partidarios de usarlos tratan de conseguir con ellos la colonización u ocupación omnímoda de los espacios públicos, comunes, neutrales, no hayan aprendido aún la lección que encierra ese latinajo que reza así: “Errare humanum est, sed perseverare diabolicum” (“Errar es humano, pero perseverar —se sobreentiende, en el yerro— diabólico”).

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De públicos servidores

DE PÚBLICOS SERVIDORES

Es una realidad
Que otros jóvenes emprenden
Porque de niños aprenden
La responsabilidad
Y la creatividad.
En lugar de emprendedores,
Aquí el grueso opositores
Son, prestos para la baza
Non, la caza de una plaza
De públicos servidores.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quién convocó el certamen de sarcasmos?

¿QUIÉN CONVOCÓ EL CERTAMEN DE SARCASMOS?

Hay quien ve el poder como una tarta o pastel. Y a cuantas/os contribuyeron a que determinado líder (mi dilecto amigo Manolo en su último artículo, para referirse al mentado, usa otro vocablo, auriga) consiguiera alcanzarlo, esto es, llevara ahora las riendas del mismo, aspirantes o candidatos idóneos para degustar o gozar de una porción, aunque sea pequeña, de la o el tal. Las negociaciones turbias o tejemanejes entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el secretario general de la formación morada, Pablo Iglesias, para dar con la piedra filosofal, el nombre y los apellidos del nuevo presidente (ella o él) de la corporación RTVE, han sido, básicamente, lo contrario u opuesto a un verdadero y correcto proceder democrático. Los pactos ocultos entre los dirigentes susodichos (por lo que he colegido de cuanto he oído y leído en los mass media), a propósito de los posibles personas de prestigio, dentro de la profesión periodística, para manejar el timón de RTVE, menospreciando (y aun despreciando) el criterio del resto de los representantes de los demás grupos parlamentarios, no han deparado la solución apetecida, la óptima, para que la radiotelevisión pública vuelva a recuperar las alas de la credibilidad que, según unos y otros, últimamente había perdido.

Aunque han trascendido los nombres de varios candidatos, que declinaron aceptar la oferta, la transparencia, tan cacareada como poco efectiva y eficaz, ha vuelto a brillar por su ausencia. Mientras ha durado el cambalache (que los trabajadores de la corporación han dado en llamar “pasteleo político”), ha quedado al descubierto que en política nada se da gratis et amore, o sea, que los apoyos o votos brindados, antes o después, se cobran.

Si Pedro Sánchez ha habilitado canales o tendido puentes de comunicación con los representantes de las formaciones independentistas (PNV, PDeCAT y ERC), a fin de resolver el (¿insoluble?) problema territorial, tendría que haber abierto, asimismo, vías de diálogo para pactar con los representantes de los partidos restantes y llegar a un acuerdo que satisficiera a todos.

Hay quien sostiene que para guiar eficientemente una empresa de más de seis mil empleados y mil millones de presupuesto se necesita una persona experta en gestión de recursos humanos y materiales. Tengo para mí que los conocimientos en dicha materia son imprescindibles, sin duda, pero también es conditio sine qua non que quien resulte elegida/o sea un dechado de honradez intelectual, personal y profesional, amén de haber dado muestras bastantes de no dejarse mangonear y de su firme compromiso con la verdad.

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Oigo un clamor transversal

OIGO UN CLAMOR TRANSVERSAL

Oigo un clamor transversal
En favor del egoísmo.
Hoy se denigra el altruismo
(Yo urdía su “a” con versal).
Y esto ya es universal.
A la falta de empatía
No le ayuda la apatía.
Quien se muestra solidario
Es visto hoy como un sectario
Por quien antes repartía.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


"Aquarius": pececitos de Gabriel

“AQUARIUS”, PECECITOS DE GABRIEL

(DE POCO SIRVE LA NAVAJA DE OCKHAM)

“En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento”.

Albert Einstein

Antes de que el abajo firmante entre en materia, permítame, atento y desocupado lector, sea ella o él, que le refiera esta consideración previa. Si usted, para llegar a estar sano y conservar dicho estado, tiene que hacer el esfuerzo de llevar un modus vivendi saludable, y a servidor le ocurre lo propio; para lograr que una sociedad sea sana, el grueso de los individuos que la conforman han de seguir y/o tener hábitos de vida saludables. La salud individual es previa y una condición imprescindible o requisito necesario para que haya salud social. Bueno, pues con la calidad democrática de los dirigentes de un país pasa tres cuartos de lo mismo que acabo de razonar a propósito de la salud (personal o colectiva).

En la actualidad basta con estar alerta a lo que nos entra por los ojos y los oídos para identificar (tomar conciencia y constancia de) una plétora de problemas tan complejos, tan poliédricos, que seríamos unos verdaderos insensatos si juzgáramos (a la ligera) que, para solventarlos de raíz y de cabo a rabo, tal vez fuera suficiente con seguir la lección del epígrafe de Einstein, esto es, echarle imaginación a la cosa y hallar para cada uno de los tales una solución fácil y sencilla. Considero que de poco (tan poco que puede devenir en un pispás en nada) nos va a servir la cita del Premio Nobel ni que echemos mano del principio metodológico y filosófico de economía o de parsimonia, o sea, la navaja de Ockham, para salir airosos, incólumes, de tantos bretes.

Ya que para muestra basta con presentar un solo botón, pongámoslo como modelo o ejemplo. Todos sabemos qué ha pasado en el mar Mediterráneo, entre Malta e Italia, con el Aquarius, un barco con 629 migrantes y refugiados a bordo (una quinta parte de ellos son menores de edad, a los que —huelga la explicación— he dado en llamar en el título de esta urdidura —o “urdiblanda”— pececitos de Gabriel), al que las autoridades portuarias de los países mentados no le han permitido arribar. Si una nación se ha saltado la barrera, el listón o la valla de la mínima dignidad y humanidad, la otra la ha liado bien gorda (y uno de sus vicepresidentes de Gobierno y ministro del Interior, Matteo Salvini, con su proceder, ha tenido la desfachatez de resucitar al fascista Mussolini, que acarrea y portea en sus hombros, al menos, intelectualmente), al demostrar que la historia sirve de poco, al no haber escarmentado en cabeza ajena, o sea, por no haber aprendido de los errores que cometieron en el pasado quienes se comportaron como él hace, errando morrocotudamente, en el presente.

Tras la determinación de nuestro reciente presidente, Pedro Sánchez, dicho barco (junto con otros dos navíos italianos) se dirige al puerto de Valencia. Bueno, pues, como cada quisque ve la realidad con las gafas del muestrario que ha elegido ponerse (la celebérrima e imperecedera cuarteta de Ramón de Campoamor sigue vigente), ya hemos comenzado a discutir entre el blanco y el negro, obviando la inmensa gama de grises que media entre ambos, es decir, si dicha decisión es plausible, digna de aplauso, o, por el contrario, condenable, digna de condena. A mí, que he vivido hechos que, si no fueron milagros en sentido estricto, se parecieron bastante, pues lindaron o rayaron con lo prodigioso, me nace mostrarme como lo ha hecho el jefe de nuestro Ejecutivo, Pedro Sánchez, compasivo, empático y solidario. Yo no voy a opinar por los demás. Les corresponde a ellos dar su parecer al respecto. Sin embargo, he de agregar, por considerarlo pertinente, que sería un suicidio que un país en solitario decidiera abrir sus puertas de par en par a la migración (aunque la recomendación del Fondo Monetario Internacional para España vaya por ese canal, cauce o sendero). Ya sabemos qué depara el efecto llamada.

Y es que aquí hay quien olvida los infiernos que puede llevar aparejado el buenismo: los inmigrantes pobres compiten, ora de manera legal, ora de modo desleal, con los españoles pobres, y como consecuencia o resultado de todo ello, por los trabajos menos cualificados, las ayudas sociales, de vivienda, educativas, sanitarias,... Si en España hay un número ingente de personas pobres, aun siendo trabajadoras (a tiempo parcial o no), y si dicho número lo aumentas significativamente, sumándole migrantes o refugiados, entonces estás empeorando las condiciones de trabajo, los salarios y el acceso a prestaciones sociales de todos (saliendo claramente perjudicados —los casos son notorios—, por el agravio comparativo, los autóctonos). A día de hoy los parlamentarios (ellas y ellos) que proceden de la clase baja y obrera son los menos. Pertenecen a una nueva clase acomodada, vinculada muchas veces a la educación (universitaria o no) y a la administración. El ejemplo que hace las veces de arquetipo o se pone como dechado o prototipo es el del secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, que, tras obtener un escaño en el Congreso de los Diputados, ha pasado de profesor contratado por la Universidad y vivir en un piso de Vallecas a comprar (a medias con su pareja, Irene Montero, parlamentaria también, encinta) un chalé de 600.000 euros en una urbanización alejada de los barrios donde viven los obreros que le auparon adonde él se halla. ¿Hoy en día a las élites no les interesa una metamorfosis de la sociedad, porque con ese cambio se iría al garete su posición dominante en la misma?

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