El Blog de Otramotro

El fin no justifica, Quim, los medios

EL FIN NO JUSTIFICA, QUIM, LOS MEDIOS

—Por raro que te parezca, esto no lo ha escrito un poeta. Lo dijo un psicoanalista que se llamaba Wilhelm Stekel. Esto es lo que... ¿Me sigues?
—Sí, claro que sí.
—Esto es lo que dijo: “Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”.

Jerome David Salinger incluyó este breve diálogo en su celebérrima novela “El guardián entre el centeno” (1951).

Ignoro si usted, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), es catalán, mayor de edad y no independentista (quiero decir, no segregacionista ni soberanista ni supremacista). Si lo es y escuchó, de cabo a rabo, los dos discursos (el del sábado y el del lunes) de investidura de Carles Puigdemont (por boca de Quim Torra), tal vez se sintió arrumbado o excluido por sus palabras y llegó a la misma conclusión o parecido puerto al que arribó este menda: el candidato de Junts per Catalunya a formar (las malas lenguas ya se han encargado de propalar por doquier la mala especie de que ya se lo ha conformado Puigdemont) el próximo Govern de la Generalitat, amén de no haber hecho lo que debía (y sin demora), la autocrítica del independentismo y, como corolario, al no ser consciente de haber cometido la larga retahíla de errores de bulto en los que incurrió, pretende continuar por la misma senda, o sea, seguir hollando las leyes vigentes (y recuperando las suspendidas), a fin de conseguir, antidemocráticamente, con apenas un escaso 48% de los votos populares, de manera ilegal y unilateral, su ansiada causa, la independencia. Me da en la nariz que el artículo 155 de la Constitución Española, que está dando sus boqueadas, no tardará en emular a Cristo, según cuentan los Evangelios canónicos, y resucitar, como él, al tercer día. Esto es lo que a servidor le quedó meridianamente claro.

Aunque mi piadoso y difunto padre solía esgrimir en sus conversaciones (con gentes diversas) el latiguillo de que la experiencia era la madre de la ciencia, que ese idéntico planteamiento desembocara o tuviera, como consecuencias directas, la ruptura de la sociedad catalana (en la que algunos padres no pueden hablar del asunto en cuestión con sus hijos, ni algunos hermanos entre sí del tema de marras, porque saltan chispas), el cambio de sede (social y fiscal) de casi tres mil novecientas empresas, la aplicación del artículo 155, el ingreso preventivo en prisión o la huida de los irresponsables líderes que provocaron tanto desmán, al parecer, no ha servido de nada. Así que, el abajo firmante ha de dar necesariamente la razón a don Santiago Ramón y Cajal, que hace casi un siglo, en “Charlas de café” (1920) escribió: “Se ha dicho muchas veces que no hay nada más inútil que la experiencia. Tan triste verdad se corrobora cuando somos víctimas de una pasión avasalladora. En la vida del enamorado, los prudentes consejos del viejo suenan como la voz atiplada de un eunuco que disertara sobre las excelencias del celibato”. Si al atento y desocupado lector no le han convencido del todo las sensatas palabras del Premio Nobel de Medicina de 1906 (que compartió con el italiano Camillo Golgi), le propongo que lea las siguientes, de los mismos autor y libro, porque, unidas a las anteriores, quizá acaben por persuadirle: “Nada más inútil —se ha dicho mil veces— que la experiencia. A la mayoría de los hombres nos pasa lo que a las ranas y las moscas decapitadas, que se obstinan en preservar y defender la cabeza después de haberla perdido”.

Como este menda no se deja mangonear por nada ni por nadie, no sé si a usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), le ocurre tres cuartos de lo propio que a mí, que no me cabe en la cabeza, que no entiendo (ni a la de tres) cómo alguien puede brindarse a ser un simple muñeco, pelele o títere (al modo de las hormigas Trancas, Barrancas y Petancas, en el programa de entretenimiento —con secciones de entrevistas, divulgación científica, magia y humor— de Antena 3 Televisión, “El hormiguero”) en manos de Puigdemont (que se ofreció a serlo, a su vez, de Artur Mas). Como los seres humanos no somos gatos (solo tenemos una vida), no comprendo ni concibo cómo alguien puede avenirse a tener una existencia vicaria, por mucho que sea el boato del que va a poder disfrutar o el oro que espera (o le han prometido que va a) recibir a cambio, como contrapartida o recompensa.

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¿Hay dinero o no hay dinero?

¿HAY DINERO O NO HAY DINERO?

—¿Es o no es un caradura
Quien dice que más dinero
No hay para incrementar, Vero,
Las pensiones, sí, ricura,
En esta legislatura?
—No obstante ponemos celo,
Mariano Rajoy el pelo
De nuevo nos ha tomado,
Porque el no haber ha mudado
En haber. ¡Qué Maquiavelo!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Soneto dialogado entre dos mudas

SONETO DIALOGADO ENTRE DOS MUDAS

(DEVOTAS ¿DE LA VIRGEN Y DE JUDAS?)

—Se hizo llevar en hombros por los hombres
Y venerar como si Venus fuera.
—Mujer más sinsustancia, vacua o huera
Acaso jamás halle; no te asombres.
—¿Serás, como otrora otra, la que alfombres
Ahora de color púrpura, nuera,
El suelo que ella pise hasta que muera,
Aunque, como eres muda, nunca nombres?
—Jamás de los jamases lo que aquella
Hizo antaño con ella hará la menda.
—Quien fue una prostituta y una estrella
Del cine porno, al fin, tal vez comprenda...
—... Que aquí se la bendiga y demonice.
—Y así será hasta el día en que agonice.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


De todo hay en la viña del señor

DE TODO HAY EN LA VIÑA DEL SEÑOR

(¿QUE NO HAY CASUALIDADES? ¿QUIÉN LO DIJO?)

(ANHELO QUE SE INFIERA LA IRONÍA)

Hoy, en la presente urdidura (o “urdiblanda”), me dispongo a disertar sobre la presunta actitud reprochable de los nueve profesores (ellas y ellos) del Instituto de Enseñanza Secundaria El Palau de Sant Andreu de la Barca (Barcelona) que la Fiscalía Provincial ha denunciado por señalar y humillar a algunos de sus alumnos por el solo hecho de ser hijos de guardias civiles, presunto comportamiento que tuvo su origen inmediato en los hechos que ocurrieron la víspera en Cataluña con ocasión del referéndum ilegal del 1-O.

Como lo precipuo o principal debe ir delante, en cabeza, lo primero que se impone, al ser España un Estado de derecho, es señalar y aseverar lo pertinente, distintivo y relevante, que, mientras no haya una sentencia firme, la presunción de inocencia ampara a los nueve profesores, o sea, que, a la espera de los resultados que depare la instrucción judicial de la causa, los hechos son provisionalmente constitutivos de un delito de lesiones contra la dignidad de las personas en concurso con otro contra la integridad moral; y, además, un delito de injurias graves contra los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

A veces, nuestras opiniones sobre los diversos asuntos de la realidad no se fundamentan en sesudas pruebas científicas, ni siquiera en encuestas, muestras o sondeos, verbigracia, que las apoyen, sino en lecturas rápidas y someras de noticias o breves conversaciones telefónicas con colegas o simples correos (más o menos extensos) que cruzamos con ellos, cuyas conclusiones luego extrapolamos.

Vaya por delante mi criterio al respecto. En el ámbito de la docencia, en concreto, de la enseñanza secundaria, en España, cabe distinguir e identificar profesores excelentes, buenos, mediocres y malos. Ejemplos de esos mismos cuatro grupos podemos encontrar en los institutos catalanes y, aunque a usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, le sorprenda este dato (que acaso entre en conflicto o no con su prejuicio), asimismo, sí, también, entre los docentes (se confiesen o no, lo reconozcan o no) partidarios de la independencia y segregación de Cataluña y entre los favorables a la unión.

Iba a dar aquí remate provisional al texto cuando he leído un comentario que alguien había hecho a la citada noticia en la edición digital de cierto diario, apostilla que me ha hecho indagar, leer y reflexionar.

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Montoro en la mentira se da entero

MONTORO EN LA MENTIRA SE DA ENTERO

(SÍ/NO URDIÓ ESTA CARTA APÓCRIFA A OTRAMOTRO)

(TACHE USTED EL ADVERBIO IMPERTINENTE)

Dilecto Otramotro:

No me extraña nada (de nada) que tú, un ciudadano libre de la república literaria, como tu memorable maestro (aunque jamás te diera clases) fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, de quien te gusta recordar estas palabras (“las plumas vuelan, colocadas en las alas de las aves; pero no hay movimiento más perezoso que el suyo, puestas en las manos de los hombres”), que escribió en el prólogo (dirigido al lector) del tomo séptimo de su “Teatro Crítico Universal” (1765), expreses lo que ideas, esto es, lo que hoy, verbigracia, ha conseguido tamizar como verosímil tu cacumen, que yo, disfrazado de Cristóbal Montoro, en el ámbito de la mentira (que suele encerrar en su redil un montón de verdades) me suelo dar por partes, pero entero.

Como a ti, colega, epígono unamuniano y popperiano, no te puedo embelecar así como así, me avendré a reconocer lo obvio, la fetén, que has estado certero en tu análisis, que has vuelto a dar de lleno en el blanco o centro de la diana, al achacarme a mí y al resto del Gabinete de M. Rajoy, que ninguno, ni por separado ni mancomunadamente, actuáramos, echando mano de la política, cuando y como debimos, en tiempo y forma, porque, si hubiéramos hecho tal cosa entonces, ahora le ahorraríamos a la justicia española el charco en el que, por nuestra dejadez, está metida, pues hubiéramos podido desactivar el complejo mecanismo de la bomba del “procés”, y no que optamos, al salirnos por la tangente, por lo fácil, dejar que el problema se fuera pudriendo paulatinamente hasta que, al fin, explotó, en forma de hongo incomible, estomagante, y, de resultas de ello, a todos nos llegó, al menos, un ápice o pizca de su omnímoda y ominosa pus.

Siguiendo con la misma línea argumental, ahora que la Guardia Civil asevera que tiene constancia documental de que se gastaron 1,9 millones de euros, al menos, de dinero público para que tuviera lugar el referéndum ilegal del 1-O, admitiré, amigo Otramotro, que también tienes razón en lo tocante a que, si he iterado hasta el hartazgo que no hubo un solo euro que fuera a parar al susodicho 1-O, o sea, que no hubo malversación, ha sido para autodefenderme, como has colegido con tino, e intuido que esa, y no otra, podía ser la explicación más plausible y posible de mi pertinaz insistencia. Si yo, el máximo responsable de Hacienda, no he controlado cuanto, cuando y como debía, si no he cumplido a rajatabla con la labor supervisora que tenía asignada, es lógico y normal que haya mentido, como un bellaco, para quitarme ese marrón de encima, porque, si hubiera reconocido que era verdad, el juez competente en el caso me hubiera imputado ya, con razón, una “culpa in vigilando”.

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Carta abierta a José María, Pepe, Álvarez

CARTA ABIERTA A JOSÉ MARÍA, PEPE, ÁLVAREZ

EL AGUJERO NEGRO DEL “PROCÉS”

“Se llama agujero negro a una estructura masiva del universo, que engulle planetas, estrellas, galaxias, y deja como único rastro de su existencia un murmullo remoto en forma de radiación semejante al lamento que emiten los torturados antes de morir”.

Manuel Vicent, en “El agujero”, columna que vio la luz el domingo 8 de abril de 2018 en la contraportada y/o página 52 del diario El País.

Dilecto José María, Pepe, Álvarez, secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT):

Este año, compañero, cumplo cinco lustros, veinticinco años, de afiliado a nuestro sindicato. Bueno, pues lamento tener que comentarte que estoy barajando seriamente la posibilidad y ponderando si lo ocurrido el domingo pasado, que mi sindicato (a excepción de las secciones de Renfe y Telefónica de Barcelona que, de manera sensata, decidieron no secundar a la dirección territorial del sindicato liderado por Camil Ros) participara en la manifestación a favor de la liberación de los dirigentes secesionistas catalanes encarcelados, políticos presos (de manera preventiva) y no presos políticos (si el orden de los factores no altera el producto, aquí el orden de los vocablos sí trastoca y trastorna la percepción —la posverdad fue, es y seguirá siendo posverdad y, por mucho que se itere una mentira, aireara lo que aireara Joseph Goebbels, el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, al respecto, mientras quede sobre la faz de la Tierra un solo ciudadano decente, honesto desde el punto vista intelectual y ético-moral, jamás de los jamases llegará a ser tenida por verdad—, porque, como acaece con los sintagmas hombre pobre y pobre hombre, no significan lo mismo, no son la misma cosa), es motivo bastante para darme de baja del sindicato.

Como ya sabes (te tengo por persona bien informada), más de trescientas mil almas se manifestaron el domingo pasado en Barcelona (tras una pancarta en la que se podía leer “Por la democracia y la cohesión. Os queremos en casa” —está claro, como el agua cristalina, que lo que entienden los soberanistas por democracia, votar conculcando las leyes, porque durante los meses de septiembre y octubre del año pasado se hartaron de pisotear la Constitución y el Estatut cuando y cuanto les dio la gana, no es lo que entiendo yo; y otro tanto cabe argumentar o razonar en lo concerniente a la cohesión—) para reclamar la liberación y vuelta a Cataluña de los dirigentes independentistas que están en prisión preventiva porque así lo han decidido quienes están especialmente acreditados y habilitados por la Constitución para ello, los jueces. Me avendría a respetar el hecho y nada objetaría al respecto si hubieran acudido a la misma a título personal, pero no bajo ni con las siglas de nuestro sindicato. Y es que, como me confieso y tengo por ciudadano libre (suelo hacer un guiño a fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro y decir y escribir lo mismo que él, que soy un “ciudadano libre de la república literaria”), sí, pero sometido a la ley (como eso mismo pasa en cualquier Estado de derecho que se precie de serlo y España lo es, aunque claramente perfectible, manifiestamente mejorable) y, por lo tanto, contrario al independentismo cuando este no se somete a la reglas de juego decididas por todos (como siempre ha defendido lo propio nuestro sindicato, si no he estado equivocado durante veinticinco años), que mis compañeros sindicalistas catalanes hayan decidido compartir espacio e ideario, quiero decir, manifestación, con miembros de las entidades soberanistas Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, entre otras, me ha sentado como una puñalada trapera en el costado, me ha sabido a cuerno quemado.

Como soy un epígono o seguidor del filósofo austriaco/británico Karl Popper, quien sostenía que la verdad era provisional, que duraba mientras no fuera contradicha por otra, que venía a ocupar en ese mismo momento su trono, no me cabe en la cabeza, no entiendo cómo nadie, dentro de la UGT, les hizo ver el error morrocotudo que estaban a punto de cometer, que les argumentara lo obvio, que, de manera consciente o inconscientemente, se estaban decantando, de forma notoria, en favor de una de las dos partes o posiciones, el agua y el aceite, difíciles de conciliar, que aún hoy polarizan la opinión pública catalana. ¿Acaso se manifestaron y movilizaron nuestros compañeros como sindicato cuando ocurrieron los bochornosos y vergonzosos sucesos de los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament, cuando se aprobaron las leyes ilegales de desconexión, transitoriedad y del referéndum? ¿Acaso lo hicieron cuando más de tres mil empresas mudaron su sede social (y algunas también su fiscal) a otras partes de España, buscando seguridad jurídica, perjudicando gravemente el mercado laboral catalán?

En un Estado de derecho la división de poderes debe ser un hecho. Si los jueces, que conocen qué ocurrió, porque, por unos cauces y por otros, han logrado recabar, si no toda, la mayor parte de la información existente al respecto, han decidido el encarcelamiento provisional de los gerifaltes soberanistas, será por algo y tendrán sus motivos. Queda aún mucho proceso para hacer justicia y que esta sea definitiva. Sumarse a la protesta de que algunos de esos jerarcas ya llevan seis meses en prisión me parece una injerencia inaceptable, clamorosa. Cabe preguntarse por qué, siendo los partidos independentistas quienes pueden formar gobierno, porque los números dan, no lo han hecho todavía. Hasta el momento, todas las propuestas que sobre ese particular les han hecho los partidos de la oposición han caído en saco roto.

Para mí, compañero, que el sindicato como tal haya participado en dicha manifestación es un desmán, un despropósito. Y así se les debe hacer ver a quienes lo cometieron o incurrieron en él. Sé, de buena tinta (me consta a ciencia cierta), de un compañero y tocayo mío que, cuando fue delegado de personal en la empresa en la que trabajé con él, se ocupó y preocupó, ante todo, de la defensa de los derechos de nosotros, sus compañeros. Y debió cumplir, de manera más que satisfactoria, con su cometido, porque, cuando dejó la empresa y de serlo, sus compañeros le hicimos una fiesta inolvidable (a la que acudieron —tan buen sabor de boca habían dejado sus quehaceres— y se sumaron incluso excompañeros).

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La falta de control, clave del caso

LA FALTA DE CONTROL, CLAVE DEL CASO

¿EL DINERO DE TODOS NO ES DE NADIE?

En el ámbito laboral, el máximo responsable de un grupo humano, el que sea, ha de responder ante el dueño, el jefe, la dirección o la junta de accionistas por lo que cada uno de los miembros que lo conforman haga o deje de hacer. Eso es lo que suele ocurrir en cualquier departamento de cualquier empresa privada. A quien haya trabajado en una o varias y haya ostentado algún puesto de responsabilidad esto le consta a ciencia cierta. Lo lógico es que la empresa le haya provisto de los medios adecuados, necesarios, para controlar que sus subordinados cumplen a rajatabla con las directrices o política de la empresa y las labores o tareas asignadas a cada puesto de trabajo. Insisto e itero que esto es lo asiduo y normal en cualquier empresa privada. Y si el jefe del departamento equis, una vez requerido por su superior, siempre que las obligaciones que tenía de regir, conocer, corregir y prever que el funcionamiento del sector de la empresa a su cargo fuera el idóneo hubieran sido pactadas y firmadas, no sabe qué ha pasado, que ha habido varios accidentes, que ha bajado la producción o que la entrega del producto se ha retrasado, por poner solo tres ejemplos, el responsable máximo, dueño o director, pone al irresponsable directamente de patitas en la calle, por incompetente.

Ya digo que esto es lo que acostumbra a suceder en cualquier empresa privada de este país. Ahora bien, en el ámbito de la política no cursa del mismo modo, o sea, eso es harina de otro costal. Hay políticos (uno halla de todo en la viña del señor) que se esfuerzan, un día sí y otro también, en mejorar las condiciones de trabajo y los resultados, en optimizar los recursos y en tener como norte y reto lograr alcanzar a diario la excelencia, pero hay otros políticos (los que yo llamo de tres al cuarto o politicastros) que, una vez consiguen acceder, ora dignamente, por méritos propios, ora “digitalmente”, nombrados a dedo, a un alto cargo, una mamandurria o sinecura, verbigracia, empiezan a delegar responsabilidades y, a partir de esa crucial decisión o instante, se desencadena un tsumani de proporciones fatídicas, porque, al verse en la cumbre, tiende a creerse que está por encima del bien y del mal, todo le empieza a dar igual o le importa un bledo lo que pase por debajo de él, en los escalones inferiores, porque los responsables de los mismos son otros. Una de dos, o no cae en la cuenta o ignora que en los niveles inferiores ocurre tres cuartos de lo mismo u otro tanto, esto es, que cada responsable de turno va delegando en otros responsabilidades hasta que el trabajo no sale o el control (palabra clave) no se ejerce o no lleva diligente e inteligentemente a cabo, porque ese trabajo fue delegado en otro, que lo transfirió, a su vez, a otro, hasta que el mal explotó y a todos les llegó alguna parte, por escasa que esta fuera, de la omnímoda pus.

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¿Un aura de virtud irreprochable?

¿UN AURA DE VIRTUD IRREPROCHABLE?

Don Santiago Ramón y Cajal escribió en “Charlas de café” (1920) esto: “Hagamos notar que cuando un hombre de ciencia presume de muchos amigos casi siempre se trata de un cuco o de un holgazán. No se conservan varias amistades íntimas sin cultivarlas asiduamente, y este cultivo resulta incompatible con una vida de concentración intensa y de trabajo austero. En suma: o se tienen muchas ideas y pocos amigos, o muchos amigos y pocas ideas”.

Aunque sé que Ramón y Cajal no me escucha ni puede leerme ni objetarme, le diré y escribiré que disiento de él. Entre amigos, supongo, aún se permite la discrepancia. A mí quienes suelen abastecerme de ideas sin parar son mis amigos, a quienes escucho, leo y releo, ora estén vivos, ora hayan fallecido. Acaso baste con recordar el primer cuarteto del soneto de Quevedo “Retirado en la paz de estos desiertos” (trenzado desde la Torre de Juan Abad) para que se entienda adónde quiero ir a parar, para lograr explicarme: “Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos”.

Tengo para mí que en la cita de arriba mi amigo (aunque jamás tomé un café con él) Santiago acertaba en cuanto aseveraba, pues hablaba con conocimiento de causa. Ahora bien, acaso también se equivocaba, al elevar su caso particular a general, la anécdota a categoría, porque está claro, cristalino, que el susodicho “hombre de ciencia” era él, es decir, disertaba sobre su propio caso concreto.

Probemos a coronar, cambiando lo que deba ser cambiado, algo parecido a lo que culminó, de manera airosa, Ramón y Cajal basándonos en un asunto que ande de boca en boca en la actualidad. Servidor, un ciudadano libre de la República de las Letras, como el padre Feijoo, considera que Ciudadanos, formación a la que muchos insultan por ser un partido de derechas, como si eso fuera un baldón, un desdoro y hasta un delito y ser de izquierdas llevara aparejado un aura de virtud irreprochable, le ha puesto en bandeja al PP, si no la mejor salida que pudiera ofrecerle, una digna. Que Cristina Cifuentes dimita y que sea sustituida por otra/o diputada/o de la Asamblea madrileña adscrita/o a las filas del PP. Recientemente, en la Convención nacional del PP de Sevilla del pasado fin de semana, le escuché decir a Rajoy en una alocución cómo, dirigiéndose, sin mencionar de manera expresa a Ciudadanos, llamaba “inexpertos lenguaraces” a los afiliados de la formación naranja, dejando a sus dirigentes a la altura de la suela de un zapato del alcalde del pueblo más pequeño de la Sierra de Grazalema, por no haber tenido aún ninguna responsabilidad institucional. Si entramos a estudiar a fondo y valorar el ámbito hediondo, omnímodo y trasversal de la corrupción, juzgo que no haber tenido aún experiencia en dicha materia es más una ventaja que un inconveniente o rémora y, para gobernar como lo está haciendo el PP en lo concerniente a algunos temas, acaso mejor ser un pipiolo que un perito, si el ducho o experto, una de dos, o no hace nada (de nada) o hace el don Tancredo. Me parece que Rajoy y algunos mandamases del PP se están equivocando de cabo a rabo y, si no ponen cuanto antes remedio al desmán, barrunto que acabarán haciéndose el harakiri o seppuku; y el problema no estriba ni radica en que muchos no le den la importancia que tiene, sino que hacen como que ignoran que esté ocurriendo el hecho, algo obvio para el grueso de la ciudadanía.

Por si quienes deben sacarle el máximo jugo o provecho al párrafo anterior andan despistados, les recomiendo con encarecimiento que lean el libro arriba mentado, cuyo primer título fue “Chácharas de café”. Si no disponen de tiempo, les propongo que lean y relean, al menos, esta píldora del Premio Nobel de Medicina de 1906 (que compartió con Camillo Golgi): “Te quejas de las censuras de tus maestros, émulos y adversarios, cuando debieras agradecerlas: sus golpes no te hieren, te esculpen”.

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Tomadura de pelo o "inclusion rider"

TOMADURA DE PELO O “INCLUSION RIDER”

El domingo pasado, 25 de marzo, me quedé helado, de piedra, tras leer en la página 98 de “El País Semanal”, el artículo titulado “Buen camino para el asesinato”, de Javier Marías, que versaba sobre la “inclusion rider” en el cine, una disposición milagrosa (pues, al parecer, su mero cumplimiento a rajatabla, no miento —pero, una vez he urdido dicho verbo, he decidido lo que convenía hacer sin demora, asperjar esta urdidura con unas cuantas gotas de sarcasmo—, lleva aparejado, como corolario, lo esperado, el prodigio, la excelencia del producto) que exige, usando las mismas palabras de Marías, “que tanto en el reparto como en el equipo de rodaje, haya al menos un 50% de mujeres, un 40% de diversidad étnica, un 20% de personas con discapacidad y un 5% de individuos LGTBI”.

¿Por qué, me pregunto retóricamente, el elenco de una película, de una obra de teatro, o de un circo, va a dar lo mejor de sí, si se cumple, de manera estricta, precisa y rigurosa, la contractual “inclusion rider” que si no? ¿Por qué? ¿Acaso, atento y desocupado lector, seas ella o él, si has hecho el esfuerzo de invertir unos minutos preciosos de tu preciado tiempo de ocio en pensar, de manera concienzuda, sobre ello, no has llegado a la conclusión de que no es más que otro engañabobos que nos quieren colar, otra soberana patraña, de la misma especie o jaez de la parida de la paridad? ¿Por qué si la bendita y citada cláusula, mano de santo, no se cumple en otras profesiones, en las finanzas, en la judicatura, en la enfermería, en la docencia o en el deporte, por ejemplo, sea fútbol, baloncesto, atletismo, tenis, campo a través o ajedrez?

Esos criterios inclusivos pueden no ser repulsivos (confieso que para mí sí son repelentes, pero respeto que para otros no lo sean), pero ¿acaso no van a entorpecer más que a ayudar el trabajo creativo? Yo, al menos, así lo veo. Un autor otrora, en la época clásica (sea la grecolatina o la de los Siglos de Oro en España), tenía que acomodarse a las unidades de acción (asunto), tiempo y lugar, pero hoy en día, con la revolución de los procedimientos narrativos llevados al cine, ¿un moderno guionista de cine, dramaturgo o novelista, en el caso de aceptarla, no se vería coaccionado en su ámbito más íntimo e irrenunciable, la libertad?

No me creo, ni harto de güisqui, que un filme vaya a ser la repanocha, si aparece la citada conditio sine qua non en los contratos firmados por las estrellas, o un desastre, si no. La bondad o maldad de la cinta, me temo, dependerá de lo de siempre, de un guion excelente, verosímil, de una buena dirección de actores y de que el resto (música, fotografía, montaje, etc.) no desentone.

Un productor, quien dispone de cierto caudal y ha decidido invertirlo en hacer una película, intentará sacar el máximo provecho a su apuesta contratando al equipo idóneo, el más competente para obtener el producto apetecido, que le reporte beneficios crematísticos y, si la cinta recibe además reconocimientos por parte del mundo cinematográfico, miel sobre hojuelas. Pero lo primero para él será recuperar el dinero arriesgado.

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Mi chaqueta y principios son marxistas

MI CHAQUETA Y PRINCIPIOS SON MARXISTAS

(ESPERO QUE SE ENTIENDA LA IRONÍA)

Ignoro si ese es el férreo propósito o la tenaz voluntad de Pedro Sánchez; ahora bien, de lo que no me cabe ni tengo la menor duda es de que se está cargando al PSOE (pero no, como piensan algunos, pasito a pasito, no, sino a grandes zancadas). Su falta de criterio y, a pesar de su estatura, envergadura y guapura, su corta y fea talla política, al haberse rodeado de una claque de mediocres “podemizados” (que —hay quien lo piensa así— lo han atontado o entontecido), en lugar de haber optado por un entorno de duchos, expertos y excelentes, que lo hubieran hecho mejor a él, que lo hubieran optimizado, su connivencia con algunos de sus subordinados, cercanos al ideario nacionalista, y su falta de intuición política, su adicción ora a la improvisación, ora a la procrastinación, al no haber dado en plazo y en la plaza pública la cara, aunque no soy meteorólogo ni tengo una bola de cristal a través de la cual poder ver el futuro, no auguran nada bueno, sino todo lo contrario, una nueva catástrofe en la próxima confrontación electoral. O muda radicalmente de rumbo el guía o, mientras Pedro Sánchez sea el secretario general del PSOE, no presagio que el partido creado por Pablo Iglesias Posse levante cabeza, remonte. Siento escribirlo así, de manera tan tajante, pero es lo que pienso y me veo obligado a hacer. A ver si las palabras que he trenzado arriba y las que les siguen abajo sirven de aldabonazo y el estado de cosas cambia (pero no a peor, como viene a decir la ley formulada por Edward Murphy —que, según su hijo Robert, decía algo parecido a esto: “Si hay más de una forma de hacer un trabajo y una de ellas culmina en desastre, alguien lo hará de esa manera “—, sino a mejor).

Aun opinando, como opino (y otrora critiqué), que la segunda etapa gubernamental de Zapatero fue pésima (ese fue, es y será, al menos, mi criterio o parecer —mientras no se me demuestre con argumentos o razones incontrovertibles, de peso, que estuve y sigo equivocado—, pero acepto y respeto que otros puedan dar otros y hasta opuestos al que yo he brindado, porque soy una persona tolerante, salvo que lo que otros defiendan o sostengan sea acéfalo y ápodo, o sea, no tenga cabeza ni pies), que la segunda legislatura zapateril fue para olvidar (me desdigo al instante, para recordar y aprender de ella y, así, decidiendo lo oportuno, ser coherente, no volverla a repetir), si me piden que me decante, prefiero a Zetapé, el original, a Sánchez, su mala copia.

Creo, sinceramente, que a Pedro Sánchez cobrar, como cobra del partido (siempre que la cifra que ha trascendido a los mass media sea la correcta y exacta), más de cien mil euros de sueldo al año no le beneficia, al contrario, le perjudica sobremanera. Da a entender que no ha venido a servir al partido (sus afiliados y sus ideas), sino a servirse de él. Es poderosamente llamativo y clamorosamente demagogo y populista, verbigracia, que ahora haya propuesto que el sueldo de los ministros, diputados y senadores suba el 0,25% cuando él autorizó el pasado septiembre que subiera el 1,5%. O sea, donde dije digo, digo Diego y me quedo tan pancho, más ancho que largo, porque mis principios son marxistas (de los adjudicados indebidamente a Groucho Marx —si no le gustan, tengo otros—, no de los de Karl Marx), como mi chaqueta, de quita y pon.

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Harto está el pueblo de ellos o más que harto

HARTO ESTÁ EL PUEBLO DE ELLOS O MÁS QUE HARTO

Si quienes con desmán guían a España
Siguen igual de ciegos y de sordos
Sus yerros cada vez serán más gordos:
Caerán en su propia telaraña.

O cambian de estrategia (ya no engaña
La usada a los que, aun viejos, no están sordos)
O el blanco serán, la ira de los tordos
Que, quieran o no quieran, darán caña.

Si no saben hacer mejor reparto,
Que a su casa se vayan, mas pitando,
Que harto está el pueblo de ellos o más que harto.

¿No ven cuanto yo guipo aquí, a mi vera,
Que en medio de la calle está brotando
La esperanzada y verde primavera?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Ya sabes qué has de hacer con los halagos

YA SABES QUÉ HAS DE HACER CON LOS HALAGOS

Dilecta Pilar:

Bien traídos los dos comentarios que haces a propósito de los halagos. Ya sabes qué has de hacer con ellos, no envanecerte (que me consta que no lo haces) y sí ver en los tales otra oportunidad, como argumentaba mi querido Salk: “la recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho”.

De todos esos autores que mencionas he aprendido muchas cosas. Así que abundaré en el juicio que viertes (sin fin siniestro) y no objetaré tu opinión, ponderada, sensata,

Pues sigue (por) esa senda, que no es camino equivocado.

Ahora que acabo de leer tus palabras me nace el deseo de creer (ya sabes lo que sostenía la psicóloga social Ziva Kunda, que “lo más probable es que las personas lleguen a las conclusiones que quieren llegar”) que acaso yo era ese “alguno más” que mentas y a finales de enero de aquel año, 1981, acudiera a merendar a tu casa (aunque no te diera clases particulares a ti, sino a Carlos Lacarra, como bien recuerdas), pero tal vez (borro el tal vez y lo sustituyo en un pispás por el adverbio seguramente) me engañe. ¡Qué tiempos!, sí, mejores en algunos aspectos y peores en otros. Con el paso del tiempo, ese juez que quita y da razones, Adolfo Suárez, político que experimentó una inesperada e insólita (que devino benéfica para España) metamorfosis, irá ganando adeptos y sumando predicamento y prestigio, sin hesitación, contradiciendo en parte la definición que le brinda Voltaire a Rousseau en la obra de teatro “Voltaire/Rousseau. La disputa”, adaptación de textos de la citada pareja de filósofos que bordan los actores que interpretan sus papeles, según las críticas que he leído, Josep Maria Flotats y Pere Ponce, en el escenario del matritense teatro María Guerrero: “La política, mi querido amigo, nunca es algo más que la posibilidad ofrecida a gente sin escrúpulos de oprimir a gente sin memoria”. Gracias a Dios, a Natura o al sino, ambos estudiamos filosofía en BUP, COU y en la Universidad, alma mater donde, además de abrir nuestras mentes y vacunarnos contra el fanatismo, comenzamos a usar con criterio y rigor intelectuales la memoria.

Así es; los camilos (Bermejo, Santaolalla y este menda, entre otros) estudiamos en el zaragozano Colegio San Valero (Seminario menor) el BUP. A algunos nos sirvió y a otros no. Recuerdo que se concentraban a finales de enero varias fiestas que aligeraban de clases lectivas el susodicho mes (Santo Tomás de Aquino, que nació en dicho lugar, Aquino, allí, sí, aquí, no; San Valero,...). E hicimos el COU en el colegio “Enrique de Ossó” (las Teresianas), donde este cristiano (que devino, por razones obvias, cristino —en la misma medida que Calixto se confesó en “La celestina” melibeo—) se sintió, ora en el infierno, ora en la gloria, tentado por tanto súcubo alrededor, bendito entre todas las mujeres, rodeado por tanta belleza junta. Mi vocación religiosa sufrió ese curso académico tantos vaivenes que se tambaleó y, al final, cayó y calló.

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Lunes, 21 de mayo

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