El Blog de Otramotro

De públicos servidores

DE PÚBLICOS SERVIDORES

Es una realidad
Que otros jóvenes emprenden
Porque de niños aprenden
La responsabilidad
Y la creatividad.
En lugar de emprendedores,
Aquí el grueso opositores
Son, prestos para la baza
Non, la caza de una plaza
De públicos servidores.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quién convocó el certamen de sarcasmos?

¿QUIÉN CONVOCÓ EL CERTAMEN DE SARCASMOS?

Hay quien ve el poder como una tarta o pastel. Y a cuantas/os contribuyeron a que determinado líder (mi dilecto amigo Manolo en su último artículo, para referirse al mentado, usa otro vocablo, auriga) consiguiera alcanzarlo, esto es, llevara ahora las riendas del mismo, aspirantes o candidatos idóneos para degustar o gozar de una porción, aunque sea pequeña, de la o el tal. Las negociaciones turbias o tejemanejes entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el secretario general de la formación morada, Pablo Iglesias, para dar con la piedra filosofal, el nombre y los apellidos del nuevo presidente (ella o él) de la corporación RTVE, han sido, básicamente, lo contrario u opuesto a un verdadero y correcto proceder democrático. Los pactos ocultos entre los dirigentes susodichos (por lo que he colegido de cuanto he oído y leído en los mass media), a propósito de los posibles personas de prestigio, dentro de la profesión periodística, para manejar el timón de RTVE, menospreciando (y aun despreciando) el criterio del resto de los representantes de los demás grupos parlamentarios, no han deparado la solución apetecida, la óptima, para que la radiotelevisión pública vuelva a recuperar las alas de la credibilidad que, según unos y otros, últimamente había perdido.

Aunque han trascendido los nombres de varios candidatos, que declinaron aceptar la oferta, la transparencia, tan cacareada como poco efectiva y eficaz, ha vuelto a brillar por su ausencia. Mientras ha durado el cambalache (que los trabajadores de la corporación han dado en llamar “pasteleo político”), ha quedado al descubierto que en política nada se da gratis et amore, o sea, que los apoyos o votos brindados, antes o después, se cobran.

Si Pedro Sánchez ha habilitado canales o tendido puentes de comunicación con los representantes de las formaciones independentistas (PNV, PDeCAT y ERC), a fin de resolver el (¿insoluble?) problema territorial, tendría que haber abierto, asimismo, vías de diálogo para pactar con los representantes de los partidos restantes y llegar a un acuerdo que satisficiera a todos.

Hay quien sostiene que para guiar eficientemente una empresa de más de seis mil empleados y mil millones de presupuesto se necesita una persona experta en gestión de recursos humanos y materiales. Tengo para mí que los conocimientos en dicha materia son imprescindibles, sin duda, pero también es conditio sine qua non que quien resulte elegida/o sea un dechado de honradez intelectual, personal y profesional, amén de haber dado muestras bastantes de no dejarse mangonear y de su firme compromiso con la verdad.

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Oigo un clamor transversal

OIGO UN CLAMOR TRANSVERSAL

Oigo un clamor transversal
En favor del egoísmo.
Hoy se denigra el altruismo
(Yo urdía su “a” con versal).
Y esto ya es universal.
A la falta de empatía
No le ayuda la apatía.
Quien se muestra solidario
Es visto hoy como un sectario
Por quien antes repartía.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


"Aquarius": pececitos de Gabriel

“AQUARIUS”, PECECITOS DE GABRIEL

(DE POCO SIRVE LA NAVAJA DE OCKHAM)

“En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento”.

Albert Einstein

Antes de que el abajo firmante entre en materia, permítame, atento y desocupado lector, sea ella o él, que le refiera esta consideración previa. Si usted, para llegar a estar sano y conservar dicho estado, tiene que hacer el esfuerzo de llevar un modus vivendi saludable, y a servidor le ocurre lo propio; para lograr que una sociedad sea sana, el grueso de los individuos que la conforman han de seguir y/o tener hábitos de vida saludables. La salud individual es previa y una condición imprescindible o requisito necesario para que haya salud social. Bueno, pues con la calidad democrática de los dirigentes de un país pasa tres cuartos de lo mismo que acabo de razonar a propósito de la salud (personal o colectiva).

En la actualidad basta con estar alerta a lo que nos entra por los ojos y los oídos para identificar (tomar conciencia y constancia de) una plétora de problemas tan complejos, tan poliédricos, que seríamos unos verdaderos insensatos si juzgáramos (a la ligera) que, para solventarlos de raíz y de cabo a rabo, tal vez fuera suficiente con seguir la lección del epígrafe de Einstein, esto es, echarle imaginación a la cosa y hallar para cada uno de los tales una solución fácil y sencilla. Considero que de poco (tan poco que puede devenir en un pispás en nada) nos va a servir la cita del Premio Nobel ni que echemos mano del principio metodológico y filosófico de economía o de parsimonia, o sea, la navaja de Ockham, para salir airosos, incólumes, de tantos bretes.

Ya que para muestra basta con presentar un solo botón, pongámoslo como modelo o ejemplo. Todos sabemos qué ha pasado en el mar Mediterráneo, entre Malta e Italia, con el Aquarius, un barco con 629 migrantes y refugiados a bordo (una quinta parte de ellos son menores de edad, a los que —huelga la explicación— he dado en llamar en el título de esta urdidura —o “urdiblanda”— pececitos de Gabriel), al que las autoridades portuarias de los países mentados no le han permitido arribar. Si una nación se ha saltado la barrera, el listón o la valla de la mínima dignidad y humanidad, la otra la ha liado bien gorda (y uno de sus vicepresidentes de Gobierno y ministro del Interior, Matteo Salvini, con su proceder, ha tenido la desfachatez de resucitar al fascista Mussolini, que acarrea y portea en sus hombros, al menos, intelectualmente), al demostrar que la historia sirve de poco, al no haber escarmentado en cabeza ajena, o sea, por no haber aprendido de los errores que cometieron en el pasado quienes se comportaron como él hace, errando morrocotudamente, en el presente.

Tras la determinación de nuestro reciente presidente, Pedro Sánchez, dicho barco (junto con otros dos navíos italianos) se dirige al puerto de Valencia. Bueno, pues, como cada quisque ve la realidad con las gafas del muestrario que ha elegido ponerse (la celebérrima e imperecedera cuarteta de Ramón de Campoamor sigue vigente), ya hemos comenzado a discutir entre el blanco y el negro, obviando la inmensa gama de grises que media entre ambos, es decir, si dicha decisión es plausible, digna de aplauso, o, por el contrario, condenable, digna de condena. A mí, que he vivido hechos que, si no fueron milagros en sentido estricto, se parecieron bastante, pues lindaron o rayaron con lo prodigioso, me nace mostrarme como lo ha hecho el jefe de nuestro Ejecutivo, Pedro Sánchez, compasivo, empático y solidario. Yo no voy a opinar por los demás. Les corresponde a ellos dar su parecer al respecto. Sin embargo, he de agregar, por considerarlo pertinente, que sería un suicidio que un país en solitario decidiera abrir sus puertas de par en par a la migración (aunque la recomendación del Fondo Monetario Internacional para España vaya por ese canal, cauce o sendero). Ya sabemos qué depara el efecto llamada.

Y es que aquí hay quien olvida los infiernos que puede llevar aparejado el buenismo: los inmigrantes pobres compiten, ora de manera legal, ora de modo desleal, con los españoles pobres, y como consecuencia o resultado de todo ello, por los trabajos menos cualificados, las ayudas sociales, de vivienda, educativas, sanitarias,... Si en España hay un número ingente de personas pobres, aun siendo trabajadoras (a tiempo parcial o no), y si dicho número lo aumentas significativamente, sumándole migrantes o refugiados, entonces estás empeorando las condiciones de trabajo, los salarios y el acceso a prestaciones sociales de todos (saliendo claramente perjudicados —los casos son notorios—, por el agravio comparativo, los autóctonos). A día de hoy los parlamentarios (ellas y ellos) que proceden de la clase baja y obrera son los menos. Pertenecen a una nueva clase acomodada, vinculada muchas veces a la educación (universitaria o no) y a la administración. El ejemplo que hace las veces de arquetipo o se pone como dechado o prototipo es el del secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, que, tras obtener un escaño en el Congreso de los Diputados, ha pasado de profesor contratado por la Universidad y vivir en un piso de Vallecas a comprar (a medias con su pareja, Irene Montero, parlamentaria también, encinta) un chalé de 600.000 euros en una urbanización alejada de los barrios donde viven los obreros que le auparon adonde él se halla. ¿Hoy en día a las élites no les interesa una metamorfosis de la sociedad, porque con ese cambio se iría al garete su posición dominante en la misma?

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Los acontecimientos se suceden

LOS ACONTECIMIENTOS SE SUCEDEN

(A UNA VELOCIDAD VERTIGINOSA)

Que España es un Estado de derecho (manifiestamente mejorable o perfectible) es un hecho, aunque alguien acuda a mí para objetarme, verbigracia, Buda, y esto, lo que aquí sostengo, él venga a ponerlo en tela de juicio o duda.

Que la inmensa mayoría de los españoles somos iguales ante la ley, como vino a decir, cuando era rey con todas las de ley, el hoy monarca emérito, don Juan Carlos I, en uno de sus discursos/mensajes de Navidad es otro hecho. Ahora bien, si leemos la Constitución Española de 1978, en concreto el punto 3 de artículo 56, nos enteramos de dos cosas, primera, que entre el dicho y el hecho media un buen trecho y, segunda, que quien dijo tal cosa entonces era inviolable y no estaba sujeto a responsabilidad. Si leemos los artículos 410, 411 y 412 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, advertiremos aún más desigualdades.

Ayer corrió como la pólvora por los mentideros de cualquier ciudad española el siguiente dicho: “Si alguien nos hubiera comentado hace una década, o incluso menos, la mitad, un lustro, que un exmiembro de la Casa Real, el yerno del rey emérito Juan Carlos I, cuñado del actual monarca Felipe VI y esposo de la infanta Cristina, Iñaki Urdangarin, iba a ser sentenciado por el Tribunal Supremo a cinco años y diez meses de pena de cárcel e íbamos a ver imágenes de cómo entraba en prisión, le hubiéramos preguntado si había bebido o perdido el juicio, porque una de dos, o estaba borracho como una cuba o estaba loco”. Ciertamente, si hace un mes un augur o vidente, esto es, un sacaperras, nos hubiera adelantado alguno de los hechos admirables o sorprendentes que han acaecido en España y en el resto del orbe durante las últimas jornadas y a algunos nos han epatado sobremanera, le hubiéramos tachado de haber cogido una buena tranca o turca o de andar el botarate, además, orate. Hoy, sin ir más allá, hay nuevas para elegir en el ámbito político y deportivo, caso Màxim Huerta, a quien, tras salir a la luz el fraude fiscal cometido por él, ha pasado a ser el ministro de Cultura más efímero de la democracia española, ya que ayer, voluntariamente, dimitió, antes de que Pedro Sánchez, por coherencia, le enseñara la puerta de salida; puerta que por la mañana cruzó y cerró, asimismo, por fuera y por fuerza, Julen Lopetegui, que hace apenas unas jornadas renovaba su contrato como entrenador de la selección con el nuevo presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, y anteayer conocimos que será entrenador del Real Madrid (en principio, durante las tres próximas temporadas) y, tras ser destituido, al parecer, ya vuela de regreso a España. Ya tiene sustituto (y es que las malas noticias, amén de correr como la pólvora, vuelan —mientras viva, siempre recordaré un deseo de mi tío Jesús, que, por cierto, era tan especial u original que, en lugar de uno, tenía dos motes o sobrenombres, el temperamental o familiar, “el Pato”, y el peculiar, característico o adquirido, “el Vasco”, y pecaba de cierto pesimismo: “que no haya novedad”—), Fernando Hierro.

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"Cacocracia" y cleptocracia

“CACOCRACIA” Y CLEPTOCRACIA

No hay nación que inmune sea
Al de los malos gobierno,
Tan actual como el hodierno
De los ladrones, o sea,
A una moderna odisea.
Los ineptos nos distraen
Y los que hurtan nos detraen;
Y nosotros endeudados
Seguimos y anonadados,
Mientras yerran y sustraen.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Has hecho lo oportuno en dicho caso

HAS HECHO LO OPORTUNO EN DICHO CASO

Dilecta Pilar:

Ya me perdonarás; he pulsado alguna tecla sin querer y te he enviado el mensaje incompleto.

Te decía o quería decirte (en realidad, escribirte) que creo que a los galenos (ellas y ellos) de cabecera ahora se les llama así, médicos de atención primaria.

Lo peor es el madrugón. Luego los jóvenes y no tan jóvenes van a Las Norias (tienes que ver cómo han dejado todo aquello, lleno de basura), paraje anejo al Ebro. El ejemplo de civismo brilla por su ausencia. Te confieso (ahora que no nos escucha nadie) que yo me lo he pasado (durante varias ediciones del Domingo de Pascua o Resurrección o, si lo prefieres, Día del Ángel) estupenda e inolvidablemente.

Has hecho lo oportuno en dicho caso.

Ahora debo esperar a que me llegue la nueva cédula de habitabilidad por correo electrónico para, tras hacer una copia, acercarme de nuevo a la sede de la Junta de Aguas y cambiar la titularidad (con la ilusión que me hacía abrir las cartas dirigidas a mi padre, Eusebio, piadoso, en griego, según te comenté otrora, si no recuerdo mal, porque así se llama también, precisamente, tu madre, Eusebia).

Sí, como sabes y se lee en el Eclesiastés, “nihil novum sub sole” (“nada nuevo bajo el sol”). Unamuno tituló así uno de sus sonetos.

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Sin pretenderlo, he escrito otra misiva

SIN PRETENDERLO, HE ESCRITO OTRA MISIVA

Dilecto Manolo:

La razón del retraso de mi respuesta cabe buscarla y hallarla o estriba en que el sábado pasado comimos (faltó a la cita mi sobrina Alba, que anda agobiada por los exámenes de Selectividad, que empieza mañana) en familia (celebramos las bodas de plata de mi hermano Eusebio y mi cuñada María José) en el tudelano restaurante “Remigio” (donde, por cierto, trabajé, durante seis meses, hace ya la friolera de treinta años; y de ello hablé, precisamente, unos minutos con Luis, el dueño, que, por supuesto, había olvidado aquella pequeña anécdota); y ayer fui al tanatorio Memora (sin tilde) de Calahorra (me desplacé desde Tudela en tren) a darles mi más sentido y sincero pésame a los hijos (“Pepe”, Julio, Antonio, Carlos, “Paco”, e incluyo aquí a las esposas de los susodichos) y nietos (ellas y ellos) de la finada, Inés (el funeral era hoy en Cornago a las once de la mañana y yo no podía asistir), una mujer extraordinaria, prima carnal de mi padre, nonagenaria. De ella aprendieron sus deudos a ser empáticos, generosos.

Como te consta (hemos hablado en varias ocasiones de ello), coincidimos en muchos pareceres y discrepamos en algunos, pocos. Eso fue lo que yo oí (como tú; y no una, sino dos, tres y hasta cuatro veces) de boca de Pedro Sánchez: “Dimita, señor Rajoy, y la moción de censura habrá terminado (si no fueron estas las palabras, fueron otras similares)”. Como no ocurrió el hecho, la renuncia, no sabemos qué hubiera deparado la cosa, el caso, claro. Si sigue Rajoy como presidente del PP y jefe de la oposición, puede ser contraproducente para él y para su partido; podría echar a perder el poco carisma o prestigio que les queda a ambos. Ahora mismo, los dos son fieras heridas y pueden cometer muchos errores. Rajoy marró morrocotudamente al dejar su asiento vacío (ocupado por el bolso de la vicepresidenta, aún en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría) el jueves por la tarde y el viernes por la mañana. Rajoy (y cualquier presidente de Comunidad Autónoma en España) puede tomarse los güisquis que quiera en su casa (o donde le apetezca) tras hacer su trabajo, no en lugar de hacerlo. ¿Hubo algún español que, al enterarse de lo acaecido, no sintió bochorno, vergüenza?

Te has quedado corto, amigo. Creo que son bastantes más los euros que va a cobrar cuando sea ex y funja (si no trabaja en otro sitio, donde le paguen más) de consejero de Estado: 100.000. Sánchez es presidente por una carambola (a muchas bandas, 22). Se juntaron los ratones para librarse del gato. Y les salió bien. Así de simple veo el asunto de marras. Le dieron el sí a Sánchez, porque querían otorgarle el no a Rajoy. Hasta quien iba a votar en contra de la moción, CC (Ana Oramas), se abstuvo. Otros (Bildu) pudieron hacer lo mismo, pero votaron sí. Por supuesto, que hubo postureo. El PNV votó a favor de Sánchez porque temía unas elecciones generales inmediatas que, según las encuestas, se hallaría en disposición de ganar Ciudadanos, lo que no le convenía, además, la formación de Aitor Esteban acababa de registrar su propuesta en favor del derecho a decidir en la Cámara vasca.

¿Te extrañas de esas alianzas? Échale un vistazo a Italia. En el país de la bota se acaba de juntar la extrema derecha con la extrema izquierda, Matteo Salvini, otro Torra (Liga, partidario de la independencia de Padania hace unos años) con Luigi Di Maio (M5E). Ambos forman parte del mismo Gobierno. ¿Habremos de acostumbrarnos? Ya veremos.

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¿Feo asunto? ¡El de las cruces!

¿FEO ASUNTO? ¡EL DE LAS CRUCES!

El de las cruces asunto
Solo confrontación crea.
Cuando a los “hunos” cabrea
Que “hotros” las pongan, pregunto:
¿Quién le pondrá el final punto?
Si se fueron las empresas,
Para no ser del clan presas
(Si cambiaron sus sociales
Domicilios y fiscales),
¿Ahora quieren que presas
De sus disparates sean
Las playas? ¿Eso desean?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Completa colección de incoherencias

COMPLETA COLECCIÓN DE INCOHERENCIAS

Haya o no hemeroteca donde viva usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), le propongo, siempre que no tenga cosa mejor que coronar, esta tarea intelectual, porque puede resultarle, amén de divertida, aleccionadora, enriquecedora; que se haga con todos los diarios que pueda, esto es, consiga los periódicos (cuanta más variedad haya de los tales mejor) de la última semana y señale con un rotulador o bolígrafo rojo las evidentes incongruencias o contradicciones que, según usted, han cometido los políticos españoles. Le aseguro y auguro que la colección que conseguirá conformar con las mentadas (si pone muchas ganas, es decir, todo su empeño en ello) será, más que variada, completísima. He decidido no ponerle como muestra ningún botón, para no influenciarle, para que no empiece la citada labor acarreando un prejuicio ajeno (de los propios, si los portea, usted sabrá, porque el único responsable de cepillárselos es y será usted).

En lo concerniente o tocante a otro asunto, a la moción de censura (que, sin ambages, reconozco que pensé que no iba a salir; ergo, entonaré mi mea culpa —locución latina que, por cierto, nada tiene que ver con miccionar imputaciones, nada), he de urdir que no es mi propósito hacer leña del árbol caído, de veras, sino extraer enseñanzas para la vida, o sea, aprender de las actitudes llevadas a cabo por los demás y de los comportamientos culminados por este menda, de los yerros cometidos por otros y/o por servidor, para escarmentar en cabeza ajena o propia. Si yo hubiera sido diputado del PP, hubiera estado molesto con mi jefe de filas, Rajoy, por esto, por haberme sentido desamparado por él, durante la tarde del jueves y la mañana del viernes. Un guía o líder debe estar a las duras y a las maduras y dar buenos ejemplos, no impartir malos modales. Si hubiera sido diputado del PSOE, hubiera estado en la gloria. Al oponente (prefiero este vocablo a enemigo) político hay que franquearle las puertas para que se ausente, porque Rajoy no daba miedo, no, pero era un excelente parlamentario y mejor que no estuviera a que sí y aprovechara su presencia para señalarnos nuestras contradicciones y dejarnos ante los demás en feo (aunque ahora que releo lo trenzado, antes de darlo por bueno, acaso haya una parte de mí que vea bien la existencia de ese auténtico amigo que, al modo del esclavo fiel que solía acompañar al general romano que regresaba con sus legiones victorioso a la Ciudad Eterna, nos diga lo que le decía el tal al susodicho para que no se endiosara: “recuerda que solo eres un hombre”), por supuesto.

En la hipotética lucha de egos entre Sánchez y Rajoy, Pedro ha salido airoso y triunfante. Ha sido más generoso que Rajoy, que ha devenido más egoísta. Mariano no ha estado a la altura de las circunstancias. Llegué a pensar que su proceder, alargando la sobremesa en el restaurante Arahy ocho horas, dejando su escaño vacío (bueno, ocupado por el bolso de Soraya Sáenz de Santamaría), rayaba el de ese niño mal criado, al que, como nadie le pasaba el balón, de su propiedad, decidió llevárselo a casa y acabar el partido. Como a él le gustan tanto los deportes, acaso pueda encontrar emulación y/o inspiración en la modélica renuncia de Zinedine Zidane.

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Se imponen elecciones generales

SE IMPONEN ELECCIONES GENERALES

Se dice que Mariano Rajoy ha aligerado al máximo su agenda de compromisos, a fin de prepararse a conciencia la moción de censura de Pedro Sánchez y echársela a perder en un pispás con los datos económicos del descenso de la bolsa y la subida de la prima de riesgo, que ya han trascendido, junto con otros del mismo ámbito que aún no han visto la luz. De nada le va a servir, si Pedro Sánchez se decide a hacer lo que apunta que va a llevar a cabo, pero todavía, por las razones que sean (las ignoro), no ha coronado, esto es, si se baja del burro y llama a Albert Rivera y a Pablo Iglesias, como debió hacer a su hora, en un principio, y pacta con ellos lo que se negó a culminar Rajoy, convocar elecciones generales de manera inmediata.

Considero a Mariano Rajoy un buen orador o parlamentario, pero ha demostrado que no es Hércules (o sea, capaz de llevar a cabo, mutatis mutandis, el quinto de los trabajos que le mandó hacer Euristeo, adecentar los establos de Augías, que jamás habían sido limpiados; portento que consiguió coronar en un solo día, según narra la mitología, el héroe clásico; proeza que logró abriendo, primero, un canal que atravesaba los establos y desviando, luego, el cauce de los ríos Alfeo y Peneo, que se llevaron por delante toda la porquería que se había acumulado allí desde ni se sabe), al evidenciarse que carecía de las capacidades, habilidades y recursos para acabar con las malas prácticas que habían arraigado entre algunos especímenes de su formación y limpiar todos los casos de corrupción acumulados por estos en los últimos tiempos.

Tengo para mí que Marino Rajoy no es el culpable (no obran en mi poder datos que desmientan este aserto) de tanta corrupción como han protagonizado algunas/os “peperas/os”, pero, al ser él el presidente y cabeza visible del Partido Popular, eso le convierte en el máximo responsable de la formación de la gaviota (que para otros es un charrán; tomo aquí la acepción de la segunda entrada que de dicho vocablo da el DLE) y, por extensión (cambiando lo que debe ser cambiado, una cierta culpa in vigilando, al no haber habilitado los medios, las personas o herramientas que controlaran qué hacían o dejaban de hacer sus subordinados —no hablo de puro y duro espionaje, no, sino de control; juzgo que descontrol es la palabra que explica, en gran medida, muchos de los desastres que hemos sufrido los ciudadanos de este país—), de los abusos, desmanes, desafueros y vicios cometidos por otros afiliados de su partido.

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Hay piezas que me faltan/sobran en el puzle

HAY PIEZAS QUE ME FALTAN/SOBRAN EN EL PUZLE

(¿PEDRO CUADRAR EL CÍRCULO PRETENDE?)

Rajoy debería haberse dado cuenta ya, a la edad que tiene, de que el deseo, por mucha que sea la voluntad del sujeto deseante, no muda la realidad de los casos y de las cosas. A criterio de una buena parte de la opinión pública y publicada de este país, hasta el jueves pasado, cuando se conoció la sentencia de una de las piezas del caso Gürtel, don Mariano había logrado salir incólume, sano y salvo, intento tras intento, de la quema, de ese peregrinaje por un campo minado sin haber saltado por los aires. Su percepción de lo que es efectivo y tiene un valor práctico es lo que le había fallado de modo morrocotudo. No es que el suelo estuviera encharcado por esto, eso o aquello, que hubiera llovido mucha corrupción, tropo que no faltarán quienes puedan darlo hasta por bueno, y, para caminar por él, hubiera tenido que salvar un charco tras otro. Es que la realidad era bastante peor. Lo que había era un océano (y para deambular por él no había que emular a Jesús de Nazaret, desplazándose sobre las aguas, sino ir saltando de islote en islote) de ilegal provecho económico de diversa índole al que, tras contemplarlo a través de un cristal límpido, ni él ni nadie, dentro del PP, había tomado la decente y sabia decisión de impedir que continuaran los abusos, desmanes, desafueros y vicios sin cuento (en sentido estricto, con mucho tal) protagonizados por conmilitones o correligionarios suyos, en plata, ponerle coto a ese avieso y descomunal piélago.

Rajoy no hizo el pretérito jueves lo que debía (y una buena parte de la sociedad española esperaba, deseaba y demandaba a gritos que hiciera —y, como no hizo tal cosa, luego le reprochó que no la hubiera hecho— sin falta), ser consecuente con las palabras que usó en su propio discurso. Rajoy adujo al día siguiente, viernes, tras conocer que el PSOE, liderado por Pedro Sánchez, había presentado una moción de censura contra el Gobierno por él presidido, que los certificados de credibilidad en un Estado de derecho solo los despachaban los ciudadanos, tras haber pasado por las oportunas urnas. Me pareció tan correcto y conveniente lo que dijo que no hallé argumento con el que poderle objetar. Ahora bien, le faltó seguir caminando por esa misma senda intelectual y ética, o sea, anunciar, a renglón seguido, lo obvio, que había decidido hacer uso de las atribuciones o prerrogativas que reconoce la Constitución Española de 1978 al presidente del Gobierno de España y, como coherente y lógica consecuencia con todo ello, disolver las Cortes y convocar elecciones generales para que los ciudadanos volvieran a expedir los susodichos certificados de credibilidad democrática.

Rajoy, antes de comparecer ante los medios el viernes, debería haberse dado una ducha de realidad, seguida de otra de sentido común; y, tras colocar todas las piezas sobre el tablero (sin olvidar, sobre todo, la suma o montón de casos de corrupción de responsables del PP aún en fase de instrucción y pendientes de resolución judicial), como corolario, asumir que había dilapidado el grueso de la autoridad moral y la legitimidad que había conseguido acopiar y que esta razón le impedía continuar dirigiendo los destinos del país.

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