El Blog de Otramotro

¿Quién aún ve algún vestigio?

¿QUIÉN AÚN VE ALGÚN VESTIGIO?

Del bienestar y prestigio
Que Cataluña gozaba,
La repanocha o caraba,
Recuerdo tiene Remigio,
Que aún guipa algún vestigio.
Además de la imprudencia,
La notoria negligencia
De gerifaltes falaces,
Gobernantes incapaces,
Contribuyó a esa evidencia
La maltrecha convivencia
Ciudadana y la insolvencia.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Casi todos los hombres son perversos/amables

CASI TODOS LOS HOMBRES SON PERVERSOS/AMABLES

“Ya casi no hay hombres buenos ni malos, ni traidores por vocación, ni envenenadores por capricho. Hemos descompuesto al hombre, al conjunto de mentiras y verdades que antes era el hombre y no sabemos recomponerlo. Nos falta el cemento de la fe divina o de la fe humana, para hacer con estos cascotes una cosa que parezca una estatua”.

Pío Baroja Nessi

Otrora esto vi y leí (lo mismo que ahora esto veo y leo), que en la relación de los Siete Sabios de Grecia (hay otras, véase, verbigracia, la que presentó Aristocles, Platón, en su diálogo “Protágoras”) que hizo el “doxógrafo” (por cierto, me extraña que este vocablo no haya sido admitido o recogido aún en el DRAE) neoplatónico Ioannes Stobaeus, Juan de Stobi o Estobeo (que coronó en el siglo VI después de Cristo el más amplio florilegio de textos literarios de la antigüedad griega bajo el título de “Antología de extractos, sentencias y preceptos”), al sabio, político y legislador Bías de Priene, uno de los siete, le adjudica esta máxima: “La mayoría de los hombres son malos”. Es mi propósito narrar el sueño que he tenido hoy, entre las cinco horas y veinte minutos y las siete menos diez (podría haber escrito las seis horas y cincuenta minutos, pero, si me he decantado por la primera opción, la razón acaso estribe o radique en que el reloj que uso y porto en mi muñeca izquierda es de agujas y no digital), momentos de la tercera y la cuarta vez que, a lo largo de la noche, he salido al baño a miccionar (tal vez la culpa la tenga un efecto secundario, indeseado, del medicamento que tomo después de cenar para regular mi hipercolesterolemia), para ver si el apotegma de Bías merece seguir vigente, así, como él lo expresó, o ser implementado con el aporte de una nueva perspectiva.

Paso a relatar el sueño. Había quedado (si he de ser honesto —y mi propósito es, sin ninguna duda, serlo—, no le puedo ofrecer o referir a usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, ni el lugar concreto ni la hora exacta de dicho encuentro, porque, una de dos, o no los he hallado en el sueño o, si los había, los he olvidado; no contemplo otra posibilidad) con el líder y cabeza de lista del PSC a las elecciones autonómicas de Cataluña del próximo 21-D, Miquel Iceta, para que me entregara un croquis con el trayecto que debía seguir (al parecer, las citas o compromisos de nuestras agendas discrepaban y no podíamos hacer juntos —servidor, acompañándole a él, claro, por supuesto— el viaje adonde debíamos acudir ambos —ignoro, asimismo, quién nos había citado— sin falta) para llegar a destino, una localidad, sin nombre, catalana. Me ha parecido, sin embargo, que él iba por delante (o alguien muy semejante a él, porque era gordito, bajito y calvo, como él mismo se ha identificado), a unos doscientos metros, cuando, siguiendo el dibujo esquemático que Iceta me había dado, he enfilado un túnel lóbrego y oscuro (como la casa del hidalgo, “donde nunca comen ni beben”, del anónimo Lazarillo de Tormes”), en el que se vislumbraba en lontananza una tenue luz al final del mismo. Nada más salir de dicho agujero, me he visto en medio de una playa rodeado de cinco o seis personas mal encaradas y, en un pispás, las prestidigitadoras manos de uno de ellos me ha hurtado la cartera que llevaba en el bolsillo trasero derecho de mi pantalón vaquero (esto me ha extrañado mucho, y hasta inquietado sobremanera, porque servidor, desde que sufrió un episodio parecido, pero real —como sostiene y cree que la experiencia, además de un grado, es la madre de la ciencia—, ya no porta la cartera en dicho bolsillo trasero, sino en el delantero de su bluyín). Nada más reparar en el hurto, me he visto en un terreno desértico (quizás era la misma playa mentada arriba, pero esta se había hecho más extensa, inmensa), donde se estaba jugando un partido de fútbol entre dos equipos conformados por cientos y aun miles de personas, que me ha impedido identificar o reconocer al anagrama de Roldán, al amigo de lo ajeno. Me he acercado a un bar y le he preguntado al camarero si solían aparecer por allí las carteras que se habían sustraído en los alrededores, tras haber sido convenientemente vaciadas de dinero, porque en la mía llevaba, amén del DNI, otra importante documentación, confidencial. Me ha dicho o dado a entender con un gesto que me diera por jodido (con perdón). Ya estaba a punto de salir por la puerta del bar cuando les he contado a cuatro chicos, tres varones y una fémina, lo que me había acaecido e, ipso facto, antes de que hubiera acabado de hacer una narración detallada de lo ocurrido, cada uno me había ofrecido y alargado generosamente con su diestra un billete de cinco euros, que he cogido y agradecido, pues me hallaba sin blanca. Con ellos, podría regresar a mi punto de partida u origen.

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Sigue la insensatez haciendo estragos

SIGUE LA INSENSATEZ HACIENDO ESTRAGOS

El PSC, que lidera Miquel Iceta, si el atento y desocupado lector, sea ella o él, hace el mismo esfuerzo que acaba de hacer servidor de invertir unos minutos de su preciado y precioso tiempo en leer una parte muy concreta del programa con el que la formación socialista, socia del PSOE en Cataluña, se presenta a las próximas elecciones autonómicas del 21-D se llevará una monumental, inesperada e indignante sorpresa al comprobar una de las medidas (sin duda, acéfala y ápoda, sin cabeza ni pies) que propone, que el Estado condone parte de los casi 52.500 millones de euros, que es la deuda que dicha autonomía ha contraído hasta ahora con él, con el argumento de que dicho acuerdo redundará en la confianza mutua y en la reconciliación recíproca; y servirá para superar la deriva del desafío secesionista.

¿¡Y luego me dicen que qué es eso del virus de la insensatez, si el tal no ha sido descrito aún por nadie, si no existe!? Ah, ¿no? Como para muestra basta con enseñar un solo botón, a la prueba me remito y se la pongo delante de sus ojos, lector/a, para que usted la valore.

Puede que la mejora de la financiación de Cataluña, de la que es partidario el PSC, sea una aspiración sensata (siempre que dicha mejora sea compartida por las demás CC. AA., claro, por supuesto), pero lo que no tiene un pase, pese a quien le pese, es la mentada condonación, aunque solo sea de una parte, sin especificar.

Creo, de manera sincera, que marró morrocotudamente en el diagnóstico quien redactó la parte concreta del programa del PSC en la que este viene a reconocer que la insatisfacción entre los catalanes (hembras y varones) se debe a “los efectos de la crisis económica” (en este punto no objetaré) y también a “una escalada de despropósitos entre partidarios y detractores de la independencia” (pero aquí, a menos que se interprete como despropósito una manera pasota de dejar hacer y/o despreocuparse por todo lo tocante al “procés”, los despropósitos los cometieron los partidarios, ellas y ellos, de la independencia y conculcadores jurídicos o detractores del Estado de derecho, no los que cumplieron la ley).

¿Nadie en el PSC con dos dedos de frente ha hecho el esfuerzo de leer, de manera comprensiva, qué se decía en el programa con el que el partido se presenta a las elecciones del 21-D? Parece que no. He hecho en un pispás una pequeña encuesta entre las personas a las que les he leído la propuesta y nadie, ni una sola, puede entender que se pretenda premiar con una condonación (y no con una condena) el derroche dinerario, el despilfarro.

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De bien nacido es ser agradecido

DE BIEN NACIDO ES SER AGRADECIDO

(ESPERO QUE SE ENTIENDA LA IRONÍA)

Quien tiene acceso a internet puede consultar gratis et amore la página de la Real Academia Española (RAE) y si, a renglón seguido, hace clic (por cierto, me extraña un montón que se haya aceptado la dicción onomatopéyica clic, pero aún no el verbo cliquear, o sea, hacer ese clic) sobre el Diccionario de la lengua española, este le proporcionará el significado de cualquier vocablo admitido y recogido en él. Probemos, verbigracia, con la voz “vivero”. El DRAE nos brinda dos entradas. La primera recoge cuatro acepciones. Servidor, por lo que luego se verá (si el atento y desocupado lector, ella o él, decide seguir leyendo), se ha decantado o ha elegido la tercera: “Semillero (origen de algunas cosas)”. La segunda solo recoge una acepción: “Lienzo que se fabrica en Vivero, ciudad de la provincia de Lugo, en España”.

El Govern había pergeñado un protocolo de actuación en el supuesto de que alguna autoridad judicial ordenara la irrupción y registro de alguna de las sedes de la Generalitat, al objeto de hallar pruebas documentales sobre el proceso independentista. Al parecer, el cerebro jurídico del “procés” fue Carles Viver Pi-Sunyer, pásmese como este menda, si desconocía como servidor el dato, exvicepresidente del Tribunal Constitucional. O sea que el vivero (en la doble acepción de semillero o lienzo) donde se sembró y diseñó (o pintó) la estrategia jurídica del mismo lleva la firma de Viver. Como el apellido del exvicepresidente del TC carece de la vocal “o”, que sí tiene el susodicho vocablo, y la citada “o” representa la cifra arábiga o guarismo cero, acaso la “o” tenga que ver con la nota que el azar, la casualidad, le ha puesto al tal, al “procés”, por su negativa causalidad en todos los terrenos (político, social, económico, familiar, jurídico,...), por el nefasto trabajo llevado a cabo en su parcela concreta: un cero patatero.

Si anteayer hice referencia a las conversaciones que se habían aireado o habían visto la luz (y de las que se hicieron eco varios mass media) del número dos de Oriol Junqueras en la Consejería de Economía, Josep Lluís Salvadó, con una empleada de dicha sede a propósito de los papeles que había sobre la mesa de la sala de reuniones, para que fueran retirados de allí en un pispás por ella y tirados (eso fue lo primero que se le pasó por la cabeza a Salvadó) al patio, antes de que la comisión judicial, una vez hubiera mostrado la secretaria la orden habilitadora, hiciera la entrada y registro de la misma; ayer salieron a relucir las conversaciones que habían sido grabadas por la Guardia Civil (se sobreentiende, mediante la imprescindible y pertinente orden judicial) entre el citado Carles Viver y la secretaria del director del Gabinete Jurídico de la Generalitat, Francesc Esteve (contra quien la Fiscalía presentó una querella por ser quien, mientras era el número dos de la consellera de Governació Meritxell Borràs, supuestamente compró las urnas que se usaron en el referéndum ilegal —y, más tarde, anulado por el TC— del 1-O). “Ya me avisaron de que, cuando viniesen, llamase al Gabinete. Pero ya uso la otra vía”, le dice Viver a la mentada secretaria.

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¿Salvadó se salvó o no de la quema?

¿SALVADÓ SE SALVÓ O NO DE LA QUEMA?

Hay quien dice, después de haber escuchado con suma atención las grabaciones que han trascendido, que a Josep Lluís Salvadó, número dos de Junqueras en la Consejería de Economía de la Generalitat, su primer apellido le viene como alianza al dedo anular, al ser interpretado este (apellido) por aquel (quídam innombrable) como el presunto acrónimo o la supuesta contracción de la tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo “salvar” y la primera sílaba del sustantivo “documentos”. Aunque, en sentido estricto, la verdadera salvadora (que, tras el preceptivo juicio justo, si lo hubiere, acaso sea condenada por ello) fue una empleada, diligente y sectaria secretaria del acongojado, timorato y sectario exsecretario, que, por cierto, no llevó a cabo lo que le había mandado que hiciera, vía invento de Bell, su jefe (“Ve a la sala de reuniones, coge los papeles que hay y tíralos al patio”), sino que, una vez recogida la mesa de la sala de reuniones antes de que comenzara el registro, le comunicó en otra llamada telefónica que la documentación estaba “debajo de una caja de agua” (¿la treta susodicha hizo agua? —¿en agua de borrajas o cerrajas quedó el subterfugio?—) y le preguntó si le pedía a Raquel, otra empleada, que se la llevara a algún sitio, para mantenerla a buen recaudo.

¿Puede haber todavía alguien que dude, si ha escuchado con atención lo que hablaron, y piense que la empleada, de la que no ha trascendido su nombre de pila, no es autora (o, en su defecto, fautora) de un delito de encubrimiento? ¿Puede haber todavía alguien que defienda y sostenga sin avergonzarse ni ruborizarse que, tras conocer lo que había sido ordenado por Salvadó, en el supuesto de que el juez Juan Antonio Ramírez Sunyer, titular del Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona, que investigaba presuntos delitos cometidos el 1-O, y ordenó el registro, lo enviara preventivamente a la cárcel, convertiría a Salvadó en un preso de conciencia (ya que no existen los presos políticos, según Amnistía Internacional)?

¿Qué papeles pretendía esconder o que pasaran inadvertidos a los ojos y las manos escrutadoras de los agentes judiciales que acompañaban a la secretaria judicial enviada por el juez? ¿No da pie a pensar que la documentación ocultada debía contener, a todas luces, alguna ilegalidad manifiesta que, por si las moscas, convenía que no saliera a relucir?

No sé; quizá es que yo soy un malpensado y hago mal en emparejar esta información con otra, también reciente, que tiene que ver con otros papeles que los Mossos d´ Esquadra se disponían a quemar en una incineradora y fueron incautados por agentes de la Policía Nacional, que tuvieron que exhibir una orden firmada por la magistrada titular del Juzgado Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional Carmen Lamela para que la mencionada documentación les fuera entregada. Ese material se encuentra bajo secreto de sumario, porque se refiere a hechos acaecidos el 1-O. Dichos papeles se están estudiando de manera concienzuda y, al parecer, hay diversos documentos que incriminan presuntamente a varios mandos intermedios de los Mossos.

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¡Menudo par o tándem de mendaces!

¡MENUDO PAR O TÁNDEM DE MENDACES!

(CONTEMPLÉ EN EL MUSEO DE LA FARSA)

En la sección “Maldita Hemeroteca”
De “El Objetivo”, de Pastor, doña Ana,
Puede una/o ver y oír a gente vana,
Que va desde la Ceca hasta la Meca

Mudando de opinión, que nos defeca
Encima al declarar, si viene en gana,
Lo opuesto a lo que adujo, burda arana.
Ignoro si es consciente de que peca.

Si Mas y Puigdemont fueron falaces
Sobre las estructuras del supuesto
Estado catalán, mero deseo,

¡Menudo par o tándem de mendaces!
Ninguno de los dos digno del puesto
Fue; sí en el de la farsa, ¡qué museo!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Se aprenden las lecciones de la historia?

¿SE APRENDEN LAS LECCIONES DE LA HISTORIA?

(¿SERÉ COMO EL CRISTAL DE UNA VENTANA?)

“Quizá la única lección que nos enseña la historia es que los seres humanos no aprendemos nada de las lecciones de la historia”.

Aldous Huxley

Tres años antes de morir, en 1947, George Orwell, seudónimo literario de Eric Arthur Blair, en su conocido artículo “Por qué escribo” trenzó lo siguiente: “Todos los escritores son vanos, egoístas y perezosos, y en la misma cima de sus motivos persiste un misterio. Escribir un libro es una horrible y exhaustiva pelea, algo así como el asalto de una penosa enfermedad. Uno no emprendería nunca tal cosa de no ser arrastrado por algún demonio que no pueda resistir ni comprender. Todo lo que uno sabe es que ese demonio es simplemente el mismo instinto que hace chillar a un niño para llamar la atención. Y además, también es verdad que uno no puede escribir nada que valga la pena ser leído a menos que uno combata constantemente para borrar su propia personalidad. La buena prosa es como el cristal de una ventana”.

Una vez hecha la declaración de principios, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), veremos (en su terreno, incumbencia y criterio razonado queda valorar) si esta urdidura (o “urdiblanda”) de servidor ha conseguido o no su propósito inicial, ser diáfana, transparente, como el cristal límpido de una ventana.

Tengo noticia de que existe una legión de lectores avezados que pensaba (que creía a pies juntillas) que las personas que pusieron en marcha el “procés” catalán eran insensatas, necias, sandias, tontas perdidas o de remate. Hoy, visto lo visto, con la amplia panorámica o perspectiva que da disponer de una visión, si no completa, en una buena parte del conjunto, y, aunque quedan algunos rescoldos en la hoguera, habiendo dado por clausurado el diabólico proceso, ya no sostienen ese parecer, no. Si echan la vista atrás, comprueban bien, a las claras, que dichas mentes (que en un primer momento catalogaron de dementes) pertenecieron y pertenecen a personas que, seguramente (eso intuyen o sospechan), habían leído atentamente las obras de dos autores, dos, George Orwell y Victor Klemperer. Ahora bien, en lugar de señalar a la ciudadanía los peligros que ambos autores habían advertido en una probable e hipotética nación comunista, puesto que eso cabe colegir de la lectura de su novela “1984”, y en la real Alemania del Tercer Reich, como se deduce de los diarios urdidos pacientemente por el filólogo teutón, respectivamente, en vez de ser positivos con el material acopiado, fueron negativos, quiero decir, aprovecharon las lecciones que habían extraído de los trabajos de ambos autores para abonar el terreno que hiciera posible y plausible, cayeran quienes cayeran, la República Catalana.

Los independentistas catalanes (ellas y ellos), a través de la propaganda (plagada de patrañas históricas y de embelecos jurídicos) llevada a cabo por periodistas (hembras y varones), convenientemente persuadidos, en los diversos mass media, que controlaban, convenciendo, una/o tras otra/o, a incautas/os ciudadanas/os, y por maestros y profesores (ídem), en las escuelas, institutos y universidades, que manejaban a su antojo la información interesada, de parte, que repetían un día sí y otro también hasta que quedara fijada, como grabada a fuego, en las mentes de sus alumnos, y el uso iterativo de las palabras de la “neolengua” que colaron y colocaron en medio de cualesquiera conversaciones o debates, tenían una buena parte del camino hecho.

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Cuánto gusano horada la manzana

CUÁNTO GUSANO HORADA LA MANZANA

“PECUNIA NON OLET” (“EL DINERO NO HUELE”)

“(...) Zumba el viento de noviembre en los alambres y postes que se alinean a lo largo de las carreteras que conducen a través del campo. Observo y oigo caer del árbol al linde de la calle una manzana tardía. Tal vez quiera gritar que un gusano la horada (...)”.

Otto Rahn, “La corte de Lucifer. Sabios, paganos y herejes en el mundo medieval”, 2005.

En Roma, durante el Imperio, los orines que se recogían de las letrinas públicas se aprovechaban para diversos fines. Los curtidores, por ejemplo, usaban la orina para adobar sus pieles; y los lavanderos empleaban el amoniaco que contenía la susodicha para blanquear las togas.

Según cuenta Suetonio en su obra “De vita Caesarum” (“Vidas de los doce césares”), Tito le reprochó a su padre, el emperador Vespasiano, que hubiera ideado el propósito de sacarle rendimiento dinerario a las letrinas. El progenitor, raudo como el rayo, le entregó una moneda de oro a su hijo para que la oliera y le interrogó si el olor que esta despedía le molestaba. Como Tito negó con un gesto (rotó la cabeza) y un no (que salió de su boca), Vespasiano lo aleccionó refutándole esto: “Pero dimana de la orina”.

Los diputados (ellas y ellos) de PDeCAT y ERC, a pesar de que hace doce días, el 27 de octubre, tras una votación secreta, se proclamó la independencia de Cataluña de manera unilateral, regresaron ayer a sus escaños en el Congreso de los Diputados para participar en el Pleno de los martes. Ambas formaciones se habían ausentado de las comisiones del Congreso y de los plenos de los martes como muestra de protesta por las cargas policiales del pasado 1-O, fecha del referéndum que, a pesar de los pesares, se celebró, aunque primero fue suspendido y luego definitivamente anulado por el Tribunal Constitucional.

La pela es la pela y a ellas/os quedarse sin pelas no se la pela. Se han dado cuenta, como Tito comprobó otrora, de que el dinero español ni huele ni mancha. Es lo que tiene disfrutar de una mamandurria, de una sinecura. El salario (vocablo que viene de sal) es lo que más salero da a la vida. Y todo lo que les gusta cuesta una pasta gansa.

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Puigdemont, "Bufón de Europa"

PUIGDEMONT, “BUFÓN DE EUROPA”

El Premio “Bufón de Europa”,
Sin haberse presentado,
Puigdemont se lo ha llevado.
Se ha hecho también con la copa
Que otorga al cagón la tropa.
Así que a nadie le extraña
Que en los belenes de España,
Como un augur me asegura,
La del “caganer” figura
Sea la de Carles, maña.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Etopeya de Carles Puigdemont (II)

ETOPEYA DE CARLES PUIGDEMONT (II)

(Sigue el de ayer.)

Los otros dos folios contenían su mentado trabajo práctico (con alguna adición, supresión y enmienda de servidor):

SÁTIRA, ÁNGEL, DE CARLES PUIGDEMONT

Si un periódico de los de prestigio y ámbito nacional (me refiero, de modo específico, a los cuatro grandes de Madrid y a los dos de Barcelona) me hubiera solicitado ayer que urdiera un artículo sobre el asunto omnímodo o monotema actual para que se publicara mañana en sus páginas, en concreto, en la sección de Opinión, seguramente, me hubiera decantado por, más que hacer, aventurar, o sea, trenzar algo atrevido, como cabe colegir del título que, en un primer momento, había elegido para este texto, “Etopeya de Carles Puigdemont”, porque, salvo por los hechos, dichos y escritos que han trascendido y los mass media se han encargado (y uno ha deducido de cuanto ha escuchado o leído) de airear, no conozco al que me dispongo a retratar, a completar una representación o pintura moral de Carles Puigdemont, a coronar una “descripción del carácter, índole y costumbres”, pues esa es la definición que del vocablo etopeya da el DRAE, del President del Govern de la Generalitat.

Pero he desistido de llevar a cabo lo que me había propuesto en el mismo instante en que, bendita memoria, ha acudido a mi mente, en mi ayuda, el que, si seguimos el orden, hace el número XXIV de los “Proverbios y cantares”, una de las últimas secciones de la obra poética “Campos de Castilla” (1907-1917), que lleva la firma de don Antonio Machado, su autor, quien dio de lleno en el blanco o centro de la diana al escribir estos cuatro pintiparados versos, cuatro, donde, en los dos últimos, cabe hallar uno de los posibles retazos o pedazos de la tela donde, hecho con bastante antelación, sí, puede contemplarse un probable retrato de Puigdemont: “De diez cabezas, nueve / embisten y una piensa. / Nunca extrañéis que un bruto / se descuerne luchando por la idea”.

Así que mudaré el pretendido retrato por una sátira.

A Puigdemont se le ha llenado y se le sigue llenando la boca pidiendo diálogo bilateral, de tú a tú, a Rajoy, pero se comportó como un mezquino al no brindárselo (como ahora lo reclama para sí, en la misma o parecida medida) a los diputados no independentistas los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament, donde no le vi ni oí mediar con la presidenta Carme Forcadell para que los mencionados dejaran de estar amordazados, silenciados, y pudieran ejercer su función representativa.

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Etopeya de Carles Puigdemont (I)

ETOPEYA DE CARLES PUIGDEMONT (I)

Anteayer, pocos minutos después del mediodía, de camino a la biblioteca pública de Tudela, a la altura del cerrado cine Regio, o sea, al principio o al final (según se mire) de la calle Miguel Eza, me encontré con quien hacía tres o cuatro años que no veía (vive en una localidad cercana a la capital de la ribera navarra, pero trabaja en otra y es madre de dos niñas pequeñas), una de las alumnas más aventajadas que tuve durante los dos años que impartí la asignatura de Creación Literaria en el Centro Cívico La Rúa. Después de saludarnos y darnos sendos ósculos castos en ambos lados de la cara, me preguntó, sin ambages, por mi salud y, a renglón seguido, casi sin darme tiempo a extenderme en la respuesta (me quedé en que, a pesar de mis crónicos achaques, me encontraba bien), por qué pieza (en prosa o verso) tenía en el telar. Le dije la verdad, que mi propósito era hacer un retrato moral de Carles Puigdemont, pero que, salvo el título de dicho texto en prosa, un endecasílabo, no había urdido una sola línea. Entonces ella me adujo que, como era una habitual lectora mía (yo contaba con que ella siguiera siendo una de las cinco o seis personas que me leen a diario desde hace más de una década), conocedora exhaustiva, por lo tanto, de mi estilo, por qué no continuaba fungiendo como el guía o profesor que fui para ella otrora y le encomendaba o (pro)ponía como ejercicio literario que, remedando (sin descartar la burla) y hasta emulando mi manera de escribir, llevara ella a cabo, como si fuera yo el verdadero hacedor de dicha urdidura (o “urdiblanda”), esa susodicha tarea.

Hoy, cuando todavía se hallaba este menda bloqueado, sin seguir la recomendación que Cayo Plinio Cecilio Segundo (“nulla dies sine linea”, o sea, “ningún día sin línea”), más conocido por Plinio el Viejo, hizo, mutatis mutandis, en su “Historia Natural”, tras narrar una manía del griego Apeles de Colofón, pintor oficial de Alejandro Magno, que no dejaba pasar un día sin dibujar, al menos, un trazo, he abierto el buzón y he hallado allí un sobre sin dirección (solo ponía en mayúsculas y bolígrafo “a la atención de Otramotro”) ni remitente. Lo he abierto y contenía tres folios escritos por una sola cara; y la autora era, sí, por supuesto, mi exalumna aventajada. El primer folio decía así:

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Carta abierta a las/os íntimas/os de Daphne

CARTA ABIERTA A LAS/OS ÍNTIMAS/OS DE DAPHNE

Apenadas/os íntimas/os de Daphne:

Os mando, de corazón, mi pésame sentido y sincero por la muerte (tras un evidente y deleznable atentado terrorista, que la policía maltesa, si hace bien su trabajo, se encargará, sin duda, de dilucidar y de llevar a los autores —ya directos, ya indirectos— y responsables —ora intelectuales, ora materiales— de tan indigno crimen ante los tribunales de justicia) de vuestro deudo y/o amiga, Daphne Caruana Galizia, acaecida el lunes pasado.

Si uno/a es un/a periodista convencido/a, asume que su primera obligación es indagar, o sea, intentar averiguar qué es lo que ha ocurrido, para, echando mano de los materiales acopiados, contar la verdad. Daphne lo era. Y ahí está lo que fue publicando en su bitácora, sendas denuncias de cuantos abusos, desmanes o tropelías sin cuento tenían su origen en la isla de Malta. De cuantos casos de corrupción tuvo conocimiento queda constancia expresada, de manera breve o por extenso, en su blog.

Cada vez que alguna persona muere, suelo recordar el siguiente fragmento de “Devociones para ocasiones emergentes” (1624) del poeta metafísico inglés John Donne: “Nadie es una isla entera en sí mismo; cada hombre es un pedazo de un continente, una parte de la Tierra. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; por eso la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”. Por cierto, ese es el epígrafe o exergo que escogió Ernest Hemingway para que encabezara su novela “Por quién doblan las campanas” (1940). Ahora bien, cada vez que algún periodista (ella o él) resulta occiso, a causa de un atentado, además, vuelvo a rememorar los tres primeros versos de la “Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, en su valimiento” (1630): “No he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo”. Tal vez, esos tres versos endecasílabos, que, desde el día que me los aprendí de memoria, no he olvidado, sean temerarios. Acaso a todas/os nos convenga recordar más, por ser a todas luces más razonable y sagaz, el oportuno apunte que en su novela “El guardián entre el centeno” (1951) Jerome David Salinger hizo del psicoanalista austríaco Wilhelm Stekel, que distinguía entre una persona imprudente y otra cauta en estos términos: “Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”.

El párrafo precedente tiene que ver bastante con lo que ya sabéis (seguramente, por mejor tinta que la mía), que hace dos semanas Daphne acudió a la Policía a denunciar que había sido objeto de varias amenazas.

Cuando un lector (hembra o varón) pasa su vista por algunas de las líneas que escribió Daphne (“la vida pública de Malta padece a hombres peligrosamente inestables, sin principios ni escrúpulos”) no encuentra explicación, no, de ninguna de las maneras, a su brutal asesinato, pero sí da con algunas de las claves (dónde buscar y/o podrían hallarse los culpables) del mismo.

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Jueves, 14 de diciembre

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