El Blog de Otramotro

Quien generaliza yerra

QUIEN GENERALIZA YERRA

Y, SI ES MACHISTA, MÁS YERRA

Tengo para mí que todos los seres humanos que fuimos, somos y seremos (por el mero hecho de serlo —“errare humanum est” dijeron y dejaron escrito en letras de molde nuestros antepasados, los romanos—, erramos ayer y hoy y, seguramente, erraremos también mañana), que alcanzamos o alcanzaremos la edad adulta, que gozamos o gozaremos del pleno uso de nuestras facultades intelectuales, hemos sido, somos y/o seremos alguna vez a lo largo de nuestra vida injustos. Así las cosas, tal vez solo nadie pueda agacharse, coger del suelo una piedra y tirarla para lapidar a quien sea, porque únicamente quien no haya generalizado alguna vez, quiero decir, quien no haya juzgado que para él (en el supuesto de que se trate de ella, para ella), según su criterio, es distintivo, pertinente y relevante extrapolar, por simple o sencilla inducción, desde su personal (y puede que intransferible) punto de vista, perspectiva o visión, de lo particular lo general, de lo individual lo universal, queda excluido de la susodicha regla; pensamiento que, si usted, lector, lo mira bien y remira mejor, acaso coincida conmigo en que no deja de ser, por cierto, otra generalización.

En el día de la fecha osaré agregar, asimismo, que incluso algunos de los animales que tomamos por irracionales generalizan. ¿Quién no ha usado alguna vez en alguna conversación para dar cuenta de la mentada generalización esa paremia española que dice que “el gato escaldado del agua fría huye”?

Considero que quizás pueda servir como ejemplo de generalización ese axioma, en sentido estricto, puro sofisma, que aprendí en COU, en la clase de Filosofía que nos impartió Paco Pérez, nuestro profesor, y llamó “navaja de Ockham”, principio metodológico que dice que “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. Ahora bien, conviene añadir que aquí probabilidad solo significa verosímil o fundada apariencia de verdad, no certeza (y menos aún) absoluta.

Los tres párrafos precedentes vienen a cuento de lo que sigue. Jeroen René Victor Anton Dijsselbloem, actual presidente del Eurogrupo, echó mano de las palabras que van entrecomilladas a continuación en una entrevista que concedió al periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung: “Como socialdemócrata, concedo a la solidaridad una importancia excepcional. Pero el que la solicita tiene también obligaciones. Yo no puedo gastarme todo el dinero en copas y mujeres y pedirte luego que me ayudes”.

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La pena de trena aterra

LA PENA DE TRENA ATERRA

¿Por qué Pablo Iglesias quiere
(No encaja) “asaltar el cielo”?
Tener los pies en el suelo
Le conviene. El poder hiere
A quienquiera que se adhiere
A él. Que le pregunte a Serra
Y le dirá cuánto yerra
La/el que con sus dedos toca
El summum, pues la/o trastoca:
La pena de trena aterra.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Víctimas de hechos y dichos

VÍCTIMAS DE HECHOS Y DICHOS

DE AVIESAS PERSONAS, BICHOS

“Somos víctimas, pues, de la realidad y del lenguaje con el que se describe esa realidad. (...) vivimos instalados en la mentira, pero de la mentira al delirio hay un paso, o dos, los mismos que al borde del precipicio”.

Juan José Millás, el viernes pasado, en su columna “A un paso del precipicio”, de EL PAÍS.

—Cuadra cuanto el tal sostiene:
Que las/os que el poder ostentan
Nos confunden, desorientan;
Que el Gobierno a decir viene
Lo que a él solo le conviene.
—Lo vendan como lo vendan,
Cuantas/os hoy nos recomiendan
Que hagamos caso nos mienten,
Pues los hechos las/os desmienten.
¿Habrá quienes nos comprendan?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Elvira? ¡Qué interesada!

¿ELVIRA? ¡QUÉ INTERESADA!

Se llama Elvira García
Y es senadora alavesa
Por Podemos; ¡chúpate esa!
Del piso en el que vivía,
Que no le correspondía,
Ella ha sido desahuciada
Por ser una espabilada,
Ya que, no obstante cobraba
Miles de euros, no pagaba
Doscientos; ¡qué interesada!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCIX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCIX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

No te falta razón en cuanto aduces.

Este fin de semana me he concedido fiesta; que, de vez en cuando o, en su defecto, de cuando en vez, me viene estupendamente para descansar y desconectar mi mente de tener que seguir escuchando y/o leyendo también durante el “finde” a tanto demente (incluyo entre los varios que agavilla o arracima ese “tanto”, que conste, al que suelo encontrarme por las mañanas enfrente, antes y después de asearme, en el espejo de mi cuarto de baño) como uno halla por doquier, aunque no trabaje de loquero, quiero decir, de psiquiatra.

Espero y deseo que ayer todo fluyera de lo lindo, sin contratiempo, antes, durante y después de que acaeciera la celebración familiar por el feliz hecho que os juntó.

¡Cuánta razón tienes, amigo y deudo, en lo que aduces! Con qué pocas palabras has logrado retratarla, pintar el cuadro al que le cuadra titularse de esa guisa, “Dictadura”. En una dictadura, aunque el dictador sea blando hablando, lo primero que se le esconde al conde, oculta a la persona culta o secuestra a los ciudadanos es la verdad. Por tanto, lo primero que se les impone a los susodichos es la más pura y más dura de las mentiras, que se vea o aparezca publicado solamente aquello que le interesa que se sepa al que manda y comanda.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCVIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCVIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Así es. Los errores que cometemos un día sí y otro también nos tienen que servir de lecciones inmarchitables, indelebles, que deberemos considerar y guardar en nuestra memoria para intentar no volver a cometerlos más. Ya sabes a quién suelo recurrir cada vez que incurro en un yerro, a Confucio, que, en la frase/idea que acostumbro a recordar de él, al menos, según mi parecer, no se confundió, no.

El bipartidismo, hijo o nieto (si así lo prefieres) del turnismo de la Restauración (o sistema canovista o Pacto del Pardo), ideado al alimón por el conservador Antonio Cánovas del Castillo y el liberal Práxedes Mateo Sagasta, parece que ha devenido cuatripartito, sí. Si damos tiempo al tiempo, ese juez que quita y da razones, veremos qué sale de él.

Disiento. Yo creo que los españoles (y te incluyo entre los tales a ti), como dice el estribillo de la canción de Ketama, “no estamos locos, que sabemos lo que queremos”. Queremos que nuestros representantes, los que elijamos (ellas y ellos), sepan que el ejercicio de la política exige estar dispuesto a cumplir a rajatabla, mientras dure su nombramiento, que no miento, un requisito necesario, imprescindible, una conditio sine qua non, tener (y que les sobre, no que les falte) vocación de servicio (que quien aspire a cualquier puesto político ha de tener claro que su primera función o principal misión es la de servir a sus conciudadanos —y, por tanto, no la de servirse del cargo que ocupa, provisional, interino—, que son sus jefes), en definitiva, que sean en todo momento honestos y que pongan el bien común o general siempre (y cuando escribo siempre es siempre) por delante del bien particular o personal.

Me parece bien que critiques al rey, si crees que Felipe VI lo ha hecho mal. Pero, si él, que ha obrado según dicta que debe hacerlo la Constitución, ha marrado en sus actos, no sé que opinión te merecerán las acciones (en algún caso, inacciones, sí, sin duda) de algunos de nuestros representantes.

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Rosalía no la lía

ROSALÍA NO LA LÍA

(CON LA AÑAGAZA SE ALÍA)

Sabía que Luis tenía
Cuentas en Suiza. Sabía
Cuánto dinero allí había,
Mas, cuando al juicio venía,
Lo vio claro: convenía
Seguir el sabio consejo
Para salvar su pellejo
Que le dio gratis Teresa,
A quien paga y le interesa
Que escape por un callejo.

(Oda que urde a su mentor
Quien funge de can ventor.)

Edurne Gotor, “Metonimia”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Aquí impera el desconcierto

AQUÍ IMPERA EL DESCONCIERTO

Hoy, víspera del concierto,
Permitid que mi boca abra
Y pronuncie la palabra
Que explica, de modo cierto,
Lo que hay aquí, desconcierto,
Voz que abraza o que recorre,
Mientras no halle quien la borre,
Todo; casa, enlaza o junta
A todos; y hay quien barrunta
Que acaso envuelva o nos forre.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Aunque del amor y del humor, estupenda pareja de baile o, mejor, de toreo, al alimón, ambos comentemos aquí asiduamente y sobremanera, siempre podremos decir algo nuevo, nunca antes aducido por el uno o por el otro.

En mi modesta opinión (acepto discrepancias —solo suelo ser intransigente con quien no transige—, disentimientos, siempre que medie argumento o razonamiento, que no miento, al respecto), una de las creaciones artísticas (la novela y la película homónima basada en ella) que mejor trata o versa sobre el tándem susodicho es “El nombre de la rosa”, que lleva la firma de Umberto Eco (el libro) y de Jean-Jacques Annaud (la cinta cinematográfica). Desde que leí la ficción, el segundo libro (sobre la comedia y el humor) de la “Poética” aristotélica, aborrecido por el venerable (que, conforme van transcurriendo las obras, va dejando de serlo, deviniendo, sin remedio o solución, en detestable) Jorge de Burgos (rol que borda Feodor Chaliapin Jr.), se me hizo muy dilecto. Tras comentar con brevedad maestro (Guillermo de Baskerville, personaje interpretado inmejorablemente por Sean Connery) y discípulo (Adso de Melk, papel que ejecuta con arte y primor Christian Slater) el apaño, la relación (había escrito felación, pero la misma es, claramente, un yerro imputable a mi índice izquierdo, porque ni en la novela ni en la película se menciona o es explícita la tal) amorosa circunstancial e irregular habida entre el último y la joven (Valentina Vargas), el lógico fraile franciscano concluye lo oportuno: “Qué pacífica sería la vida sin amor, Adso. Qué segura. Qué tranquila. Y qué insulsa”.

Bienvenido, por venir a cuento, tu calambur. Ciertamente, todo parece indicar, mira por dónde, que la excesiva afición de Mario Conde al dinero (primero, a esconderlo; y, luego, a blanquearlo) iba a ser objeto de más imágenes y páginas en los mass media que lo iban a abaldonar aún más. Quienes le concedieron el doctorado Honoris Causa deben estar tirándose de los pelos (algunos, además, de pedos) por cagarla, pues el borrón ya no tiene solución.

No me extrañaría nada (de nada) que, conociendo (como conozco, un poco) cómo son las opiniones pública y publicada de la piel de toro puesta a secar, Mario Conde viniese pronto a ser el nombre y el apellido que, por antonomasia, se usaran proverbialmente para dar cuenta del listo que se pasó de listo o del inteligente que demostró su diligencia en tener más de un comportamiento corrupto.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCC)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCC)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

El amor, al parecer, vampiro, que has ideado, pergeñado y venido a pintar aquí, en la bitácora que gestiono, en tu más reciente comentario, ha tenido su consecuencia o corolario, pues tanto has absorbido, chupado o succionado, tanto, que te has bebido en un santiamén hasta la segunda be de absorber (observa que absorber se escribe y debe llevar, por tanto, dos bes). No te enfades conmigo, que todos los seres humanos (ellas y ellos), todos, sin excepción, a pesar de los ímprobos esfuerzos que muchos hacemos en dar de lleno en el blanco o centro de la diana, en acertar, aunque solemos poner todo nuestro empeño en no cometer más errores, erramos (andamos vagando) por la vida marrando un día sí y otro también.

Sin querer, sospecho, supongo, pero puedo equivocarme, así que acertaré si hago todo lo posible para que conste de antemano en la presente acta dicha posibilidad, has venido a recordar (a mí, al menos, me ha parecido así) en el segundo parágrafo de tu escolio lo que dejó escrito en letras de molde Ralph Waldo Emerson, que “todo hombre es una divinidad disfrazada, un dios haciéndose el tonto”.

Sigue cultivando ese humor, que, a modo de valla (vaya, vaya, con la vaya que hace las veces de valla) nos salva de caer a tantos tontos (en tantos momentos de nuestra vida) en tantos abismos, infiernos o precipicios como nos rodean por doquier.

Entiendo el punto de vista de Adorno, pero, como haces tú, yo tampoco comparto su perspectiva sobre el asunto en cuestión, pues este menda, mero aprendiz de ruiseñor, con mejor o peor fortuna, escribe poemas casi todos los días. Algunos de los tales tienen que ver, precisamente, con censuras o denuncias a las varias barbaries actuales, diarias, hodiernas, que en esta parte del inmundo mundo, en esa o en aquella del orbe (donde, seguramente, no faltará la realidad que a alguien estorbe) los inhumanos seres humanos siguen cometiendo.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCIX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCIX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Como otras veces te he argumentado, escribo muchos de mis textos con tanta antelación (sobre su fecha de publicación aquí, en mi bitácora) que, por razones obvias, a pesar de que gozo de una memoria excelente, he olvidado cuál fue el motivo preciso, concreto, exacto, que provocó su urdidura.

Hoy, verbigracia, podría aducirte que escribí la décima cuando el pasado Viernes Santo vi cómo escoltaban y llevaban del brazo (cada una de uno) Marimar y Anabel, las dos hijas pequeñas de Patrocinio, que viven enfrente, a esta, su progenitora. Porque esa es la última vez que he visto a las dos hermanas (no nos hemos desplazado en un pispás a la provincia de Sevilla, no, sino que seguimos estando en la de Navarra) juntas, si no marro. Si así lo hiciera, te estaría embelecando como un bellaco o bribón. Porque lo cierto es que la décima fue trenzada por el menda muchos días, semanas y hasta varios meses antes de esa fecha.

Quizá acaeció que vi a ambas tender ropa en los alambres o las cuerdas exteriores de sus tendederos mientras yo hacía lo propio dentro del balcón del cuarto de estar, donde suelo extender las sábanas recién salidas de la lavadora, medio mojadas o semisecas, para que se sequen del todo. Tal vez. No es seguro.

Como creo que arriba ha quedado claro, Marimar y Anabel existen, pero acaso yo haya hecho lo que tú dices con ellas, vapores literarios. Ya sabes que el poeta (servidor no llega más que a aprendiz de ruiseñor), desde que así lo sentenciara esa constelación de heterónimos que fue Fernando Pessoa, es un fingidor.

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Con quien manda sé exigente

CON QUIEN MANDA SÉ EXIGENTE

La persona inteligente
Goza de un derecho sobre
La de entendimiento pobre,
El de hacerla diligente
Y con quien manda exigente,
Para que, de arriba abajo,
Controle todo el trabajo
Y compruebe que se gasta
En lo oportuno la pasta,
No en lo despreciable o bajo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Miércoles, 29 de marzo

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