El Blog de Otramotro

¿Quién me habla quedo en la sien?

¿QUIÉN ME HABLA QUEDO EN LA SIEN?

PILAR, QUE YA ME HA INSPIRADO

MÁS DÉCIMAS, MÁS, DE CIEN

Vivo, sí, reconciliado
Con mis mil contradicciones
(¿Me gustan las convicciones
Que odio?), pero un alelado
Me siento de ti alejado.
He aprendido a saber quién,
Aunque me haga un mal, un bien
Tras otro va a procurarme
Literario, al inspirarme
O hablarme quedo en la sien.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Como tinta, ¿yo uso sangre?

COMO TINTA, ¿YO USO SANGRE?

Toda la literatura
Se basa en hechos reales
Que mudan en ideales
Quienes a su criatura
Le otorgan otra estructura.
Cuanto un cuento corto/luengo cuenta
Lo verosímil frecuenta,
Como eso mismo le pasa
A esta cosa que urdo en casa
Con sangre de lucha incruenta.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Refutador Mayor del Mentidero

REFUTADOR MAYOR DEL MENTIDERO

Atento y desocupado lector (seas ella o él):

“Imaginémonos a un niño salvaje que vive en completa soledad humana en medio de la jungla; por abreviar el discurso o relato, a Tarzán cuando era adolescente. Sigamos (por) esa senda e imaginémonos que, por una mera o compleja cuestión de(l) azar, es hallado por un científico aventurero (o viceversa) y su equipo y (ahórrese el lector, como hace quien trenza estos renglones torcidos, el arduo y luengo proceso hasta que) es conducido por este adonde tiene su residencia habitual, a las afueras de una ciudad populosa. Imaginémonos que es adoptado por su descubridor. Bueno, pues, barrunto que, al poco tiempo de vivir en dicha sociedad (propongo una horquilla que vaya de tres meses a un año), el espabilado Tarzán, medio educado ya, habrá llegado en su personal análisis y valoración de la realidad que lo circunda a algunas conclusiones. Aunque la expresión que me dispongo a usar sea escasamente científica, me apuesto doble contra sencillo a que, entre ellas, descuella esta: que ninguno de sus civilizados semejantes (que conste en acta que me incluyo entre los tales) estamos exentos de decir tonterías ni de hacerlas”.

En las pocas y precedentes líneas cabe hallar la quintaesencia de “Metomentodo”, quien las urdió.

Si alguien me pidiera (como así ha sido), como simple ejercicio literario, que escribiera un contrasentido, la elegía de quien aún vive, mi heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, acaso empezara refiriendo de él lo siguiente, que me lo confió él mismo, al poco de conocernos, mientras nos tomábamos en el Juan Sebastián Bar él un “olé” (por café au lait), café con leche, y yo una birra:

“—A veces, Otramotro, nada más abrir los ojos y despertarme, antes de levantarme del catre, tengo la sensación refractaria de ser un Tarzán adolescente, recién llegado a la civilización, como si mi mente fuera una “tabula rasa”, una pizarra intacta, virgen, sin estrenar, sobre cuya superficie nadie hubiera deslizado aún un trozo de tiza”.

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Dijo sí y vio encandilar

DIJO SÍ Y VIO ENCANDILAR

—¿Pudiste hacer el encargo
Que te hice en tu último viaje
Interestelar?
—Mi paje
Me quitó el sabor amargo.
—¿Acaso estaba en letargo?
—Ayer dio, tras mucho hilar,
Con tu muy amada Pilar.
—¿Preguntó, a base de mímica,
Si ella era la ciclotímica?
—Sí; y empezó a titilar.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Gracias es una voz que nunca sobra

GRACIAS ES UNA VOZ QUE NUNCA SOBRA

Dilecta Pilar:

Lo reconozco, antes de contestarte estas pocas letras que te dispones a leer, ya he subido el texto, mi literaria exégesis del tuyo, a mi bitácora para que aparezca publicado el próximo viernes. Insisto en que todo vaya estupendamente (si hay vaya, quiero decir, burla, y esta es omnímoda, mejor) el sábado. Si es lo único que te desentona, eso quiere decir que he atinado en el grueso de la interpretación de tu microrrelato. ¡Bien!

Si el resto de los relatos tienen el fondo que he advertido en el tuyo, el libro coral tendrá críticas espléndidas y venderéis muchos ejemplares. Ojalá así sea.

Las gracias te las tengo que dar yo a ti por enviarme tu microrrelato y, tras leerlo, poder comentarlo. Gracias (como otro tanto ocurre con perdón) es una palabra que nunca está de más. Por (auto)exigirme escribir un endecasílabo con dicha idea (ahora me ha dado por ahí, por titular mis textos en prosa con endecasílabos; no sé si te has percatado de ello), me he conformado con el que en un pispás he elaborado o ha resultado: Gracias es una voz que nunca sobra, que, precisamente, me sirve para rotular la presente epístola.

Pues, no obstante lo que acabas de leer en el párrafo precedente, me parece bien que esa sea tu decisión. Ergo, haces bien en darlas.

Solo esporádicamente, de cuando en vez o de vez en cuando, hago ese examen de conciencia, previo a conciliar el sueño. No todas las noches. Hay días en que no me da tiempo a leer ni una sola página de “Walden”, de Henry David Thoreau, que ahora suelo tener, al acabar el día, entre manos, porque, metafóricamente, se me bajan las persianas. Cuando ando cansado, suelo caer rendido, ante la convincente razón y la proverbial atracción e/o influencia que ejerce Morfeo, el dios del sueño, en sus plácidos brazos.

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¿Pasará un día tu criba?

¿PASARÁ UN DÍA TU CRIBA?

Pilar, todo lo que escriba
A partir de este momento
Fértil, sí, que documento,
¿Pasará un día la criba
Del arte, que harto te priva?
Eso a mí, amada, jamás
Me importará; a los demás
Tampoco quizá que ruede.
Aquel que hace cuanto puede
No está obligado a hacer más.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Pilar? ¡Tímida y miedosa!

¿PILAR? ¡TÍMIDA Y MIEDOSA!

(AUN SIENDO GENIO Y FIGURA)

Que ella era fuerte y segura
(Así fue idealizada
Por este menda) fachada
Es hoy, pose pura y dura,
Aun siendo genio y figura.
Pilar sabe dónde quiere
Llegar y a ese fin se adhiere,
Pero es tímida y miedosa,
Y, cuando duda, ella, rosa,
Se raja ante quien la adquiere.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Que el delincuente no se llame Casto

QUE EL DELINCUENTE NO SE LLAME CASTO

Que conste en acta que no es mi propósito hacer unas risas con la noticia que acabo de escuchar y leer en varios mass media, sino al contrario, denunciar la comisión de un delito que ha dejado, como consecuencia del mismo, dos víctimas, dos. Una mujer que llevaba catorce años en coma en un hospital benéfico de Phoenix (Estados Unidos de América) ha dado a luz un bebé sano.

La buena nueva (que tiene su parte de mala y aun pésima) o viceversa, la mala nueva (que no faltará quien advierta que tiene también su parte buena; pues el nacimiento de un bebé es siempre un milagro de la naturaleza), ha dejado al personal, trabaje o no dentro del citado recinto hospitalario, desconcertado. La policía de Phoenix ya está haciendo las pesquisas pertinentes y preceptivas para dar cuanto antes con quien abusó sexualmente de la paciente. Supongo que todos los trabajadores varones tendrán que pasar por el duro trago de tener que hacerse la prueba de paternidad. Pensar que una trabajadora (con el propósito de darle un escarmiento y poner en serias dificultades a su expareja —si trabaja en el hospital, la venganza sería, además de definitiva, terrible—) ideó la manera de guardar, tras tener con él un coito, su semen en las mejores condiciones y luego se lo introdujo a la paciente, ¿es muy enrevesado? El cerebro humano (independientemente de cuál sea su sexo) es capaz de lo mejor, sí, pero, otrosí, de lo más perverso.

Está claro que el caso se tapó (por algunos, ellas y ellos —no me creo que nadie comentara que la paciente había dejado de menstruar y que el engorde era, amén de evidente, compatible con el hecho de estar encinta—) hasta que la paciente dio a luz y el caso salió a la luz, o sea, se destapó.

Ignoro si el atento y desocupado lector se ha llevado a los ojos una novelita de Juan Bautista Amorós Vázquez de Figueroa (más conocido por su seudónimo literario, Silverio Lanza), que el doctor José-Carlos Mainer Baqué, que fue mi profesor de la asignatura de Literatura Española del siglo XX, durante mi quinto y último año de carrera, llamó en clase con otro de los alias con el que, asimismo, se le conocía, “el Raro de Getafe”), titulada “Ni en la vida ni en la muerte” (1890), que yo leí aquel año, 1987.

Le transcribo (con la acentuación puesta al día) el final de la citada ficción (páginas 78 y 79 de la edición que manejo, que llevó a cabo el propio autor —incluso la dirección que aparece de la misma, Olivares, 18, era la de su domicilio o vivienda, en Getafe—), por las concomitancias que he advertido entre la noticia, verdadera, y la invención, falsa:

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¡Cuánto atraen los ángeles hermosos!

¡CUÁNTO ATRAEN LOS ÁNGELES HERMOSOS!

(¿EL TÍTULO NO ABRIGA UN PLEONASMO?)

“—Se abrieron las puertas del cielo, que se escapó —el recién jubilado, Espósito, no llega a concluir o proferir lo que sigue— un ángel”.

Comenta Ricardo Darín (que interpreta el papel de Benjamín Espósito, al acceder, al comienzo de la cinta, al palacio de Justicia y cruzarse con una joven esbelta, mientras recorre los pasillos del edificio), según el guion del filme “El secreto de sus ojos”, dirigido por Juan José Campanella en 2009, y que fue galardonado con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa (2010).

Ocurrió el viernes, 2 de noviembre de 2018, en el cibercafé “Praga”, de Tudela (Navarra). Había acudido allí para escribir (en sentido estricto, teclear en el único ordenador que aún tiene a disposición de los clientes el dueño del establecimiento, Alberto, y para guardar en mis direcciones de correo electrónico y subir a mi bitácora el texto que había titulado “Refutador Mayor del Mentidero”), pero, como la computadora estaba ocupada y, según me comentó (o eso deduje de lo que le escuché decir) el gerifalte, lo seguiría estando durante dos o tres horas más (ese sería el comportamiento asiduo o habitual del usuario), tras charlar un rato con el mentado, quedé en que volveríamos a vernos, porque servidor tenía la intención de acercarse allí más tarde para tomar una caña.

Volví a casa y, cuando con la ayuda de un bolígrafo y de un folio di remate a la idea que me bullía en la mente y me preparé la cena (una ensalada, a base de un cogollo, un tomate, una cebolla, un paquete de palitos de surimi y un huevo duro, a la que luego añadiría el aliño, un buen chorretón de aceite de oliva virgen extra y un par de hisopazos de vinagre balsámico de Módena), abandoné mi domicilio, cerré la puerta con llave, cogí el ascensor, porque dio la casualidad de que estaba en la tercera planta, descendí, salí del edificio y, tras doblar la esquina izquierda, decidí que las suelas de mis zapatos pisaran la acera de los pares de la avenida de Santa Ana. Superada la mitad del trayecto, me topé con mi hermano Miguel Ángel, “el Chato”, y mi cuñada Alicia. Los besé, les invité a tomar algo, pero declinaron el convite, me despedí de ellos y llegué al “Praga”. Subí el escalón y entré.

Dentro, hallé, a la vera de la barra, a Luis, un parroquiano (“cliente VIP”, me propuso el susodicho que escribiera, cuando les comenté, tanto a él como a Alberto, un par de días después, que había pensado trenzar un texto sobre el hecho acaecido allí) habitual. Di las buenas tardes y le pedí al dueño que me sirviera una caña, que acompañó de un pequeño recipiente repleto de maíces tostados.

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Pilar no es fresa, es fresón

PILAR NO ES FRESA, ES FRESÓN

Las cosas son como son,
Pero deberían ser
Como cantar y coser,
Si queremos: el tesón
Digno se hizo/hace/hará del fresón.
Aunque no tengo posibles
Para alcanzar imposibles
Sueños, ilusiones, cotas,
A pesar de las derrotas,
Aún los/as veo posibles.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Mis días, Pilar, los doras

MIS DÍAS, PILAR, LOS DORAS

Las de julio escasas horas
Que en el Puerto de la Cruz
Pasamos juntos, mi luz,
Me hicieron ver sin demoras
Que tú mis días los doras.
Me sentí a tu lado vivo.
Desde entonces, no concibo
Que no ausculte tu cuerpazo
Con detalle, que tu abrazo
No sea mi lenitivo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Carta a la directora de "El País"

CARTA A LA DIRECTORA DE “EL PAÍS”

Dilecta directora:

Ayer, sábado, 5 de enero de 2019, en la sección de Pasatiempos del diario EL PAÍS, concretamente, en el Salto del Caballo, de la página 44, a cargo de Mambrino, se lee: “Partiendo de la sílaba destacada, y siguiendo los movimientos del caballo en el ajedrez, trate de descifrar un conocido párrafo de Ernest Hemingway”.

Bueno, pues, lamento tener que comentarle a Mambrino (todos los seres humanos marramos, errare humanum est) que las susodichas palabras (traducidas del inglés) las escribió el poeta metafísico inglés John Donne en “Devotions Upon Emergent Occasiones and Death’s Duel” (1623). Hemingway se limitó a citarlo al inicio de su novela “Por quién doblan las campanas” (1940).

Le recomiendo que invierta unos minutos de su preciado y precioso tiempo (“Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades” escribió Cervantes en “La gitanilla” en 1613) en hacer las averiguaciones pertinentes y comprobar que es cierto cuanto aquí le urdo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Domingo, 20 de enero

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