El Blog de Otramotro

Dan ganas de mandar a Pep al campo

DAN GANAS DE MANDAR A PEP AL CAMPO

Mutatis mutandis, echando mano de una mera variante de la paremia española “zapatero, a tus zapatos”, que pronto hizo fortuna (y, sumando un año a otro, ha devenido) diuturna (pues la tal ha llegado hasta nuestros días rebosando una salud de hierro y exhibiendo un cutis sonrosado) y, según Plinio el Viejo, usó, por vez primera en la Historia, Apeles, el pintor de Alejandro Magno, en el siglo IV antes de Cristo, con un representante de los de su oficio, la zapatería, dan ganas de mandar a alguien a su taller o a su campo de entrenamiento, donde todo quisque reconoce que Pep Guardiola es un genio o un hacha en lo suyo, lo futbolístico.

El sábado pasado, en un vídeo de Òmnium Cultural (entidad independentista que fue presidida otrora por Jordi Cuixart, el activista catalán que está en prisión preventiva y siendo juzgado ahora por rebelión en el Tribunal Supremo) el entrenador de fútbol del equipo inglés Manchester City y otras personalidades (me ha llamado sobremanera la atención que el filósofo y lingüista norteamericano Noam Chomsky, de quien, por cierto, recuerdo que estudié en quinto y último curso de Filosofía y Letras —Filología Hispánica— su Gramática Generativa y Transformacional, esté tan mal informado o haya sido engañado como a un chino con una, dos, tres o ene añagazas sin cuento —en sentido estricto, con mucho tal— y se haya brindado a meterse en camisa de once varas o en ese charco inmundo) piden poner fin a la represión ideológica del Estado español y exigen la libertad de los presos del “procés”.

Al parecer, aquí, en este desmemoriado país nuestro, hay que insistir e iterar una y mil veces las mismas razones, lo obvio; verbigracia, que España es un Estado democrático y de derecho, donde impera la ley y a nadie se le persigue por sus ideas. De hecho, hay muchas personas en Cataluña que opinan y tienen ideas similares, parecidas o idénticas a las que están siendo juzgadas en el Tribunal Supremo y se encuentran libres, sin cargos. Luego es más falso que un billete de doce euros que en España haya “presos políticos”. Lo que sí hay son “políticos presos” preventivamente, en el caso concreto que recoge la ley, que están siendo juzgados con todas las garantías judiciales. En España se permite que un ciudadano reivindique la independencia de un territorio y hasta el cambio de régimen, de monarquía parlamentaria a república, por ejemplo. Pero esos cambios han de hacerse de acuerdo con las leyes vigentes, no porque a siete o a veintisiete se les haya ocurrido dicho despropósito o un millón tengan ganas de ello. En España un ciudadano puede manifestar, de manera pública y notoria, que es secesionista, porque eso no lleva aparejado que haya cometido un delito o una falta.

Ignoro los motivos de Guardiola (hay quienes aducen y alegan, que uno, evidente, es el de siempre, el que la gente sigue formulando así, “por el interés, te quiero, Andrés”, pues su hermana Francesca, cesada en octubre de 2017 como delegada o embajadora de la Generalitat catalana en Dinamarca, desde diciembre de 2018 es delegada del Govern en los Países Nórdicos) para defender a quienes aún son inocentes, sí, pero, si hacemos caso a las peticiones de penas de la Fiscalía y de las acusaciones, a los tales pueden caerles muchos años de cárcel.

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La parca había olido la tragedia

LA PARCA HABÍA OLIDO LA TRAGEDIA

“Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”.

Jorge Luis Borges

La tragedia, por ser perita en deparar uno o más malos tragos, ya sean estos cortos o largos, siempre se traga a alguien. Para los dualistas duelistas, ese presunto agujero negro o pozo sin fondo suele engullir con frecuencia a uno o a varios adalides o representantes de ambos bandos en conflicto. Toda tragedia es una disputa en la que, medie o no cabrón o puta (pido perdón por haber echado mano de los dos vocablos precedentes, malsonantes), las dos partes que guerrean (aunque solo usen argumentos y razones y no armas en sus lides) tienen parte de razón (que han sabido ver; y de sinrazón, que no han sido capaces de atisbar o avistar).

Como seguramente quedó aclarado durante los años que cursaron el bachillerato, los atentos y desocupados lectores (ellas y ellos) saben que, a veces, la relación entre los letraheridos de una época, escuela o generación literaria (añagaza educativa de escasos fuste y recorrido), personas que suelen abrigar y exhibir egos de un orgullo desmedido, ha sido tirante y, en bastantes ocasiones, irreconciliable. A todo el mundo le consta (o le debería de constar) que, verbigracia, a Cervantes y Lope de Vega, que no se llevaban mal (ambos se habían adulado o halagado por las publicaciones respectivas de la “Galatea” y de la “Arcadia”), la difusión de “El peregrino en su patria” (1604) los enemistó o propició que ellos ya no militaran jamás en la misma facción o formación. Quevedo y Góngora se lanzaron, de manera mutua, dardos innúmeros o largaron pullas (que infligieron tanto daño moral que este, si hubiera sido, amén de no censurable, que no lo fue, mensurable entonces, otrora, acaso llegara a causar más deterioro o perjuicio que el físico, que hubieran deparado varias heridas ocasionadas en la cerviz por una o varias puyas de una o varias varas) sin cuento. Por ejemplo, son memorables la redondilla satírica que urdió Góngora llamando dipsómanos a Quevedo y Lope (“Hoy hacen amistad nueva, / más por Baco que por Febo, / don Francisco de Quebebo / y Félix Lope de Beba“), o, en una quintilla ingeniosa, el calambur que el cordobés le trenzó, para picarle sobremanera, al “Fénix de los ingenios“ (“Dicen que ha hecho Lopico / contra mí versos adversos, / mas si yo vuelvo mi pico, / con el pico de mis versos / a ese Lopico lo pico”), como lo rebautizó el “Manco de Lepanto“, o el primer cuarteto del sutil soneto que Quevedo escribió contra Góngora (“Yo te untaré mis obras con tocino / porque no me las muerdas, Gongorilla, / perro de los ingenios de Castilla, / docto en pullas, cual mozo de camino”).

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Por no alargar la cosa, no te objeto

POR NO ALARGAR LA COSA, NO TE OBJETO

Dilecta Pilar:

Te contesto a los dos correos en este (empezando por el que circulaba por otro cauce).

Habrás comprobado que han sido bastantes las variantes (deseo y espero que coincidamos en el criterio, a mejor; esa ha sido, al menos, mi intención) que hay, respecto del texto de la primera versión.

Has olvidado la actividad que engloba a todas las citadas por ti, corredor, ora de sesenta, ora de ciento diez metros vallas (dependiendo de si la prueba era en invierno o en verano) y de tres mil metros obstáculos (¡cuántas carreras de dicha distancia ha tenido que superar Jesús Vidal!).

A ver si me da tiempo. ¡Tengo tantas ideas hoy bulléndome en la testa! Te entiendo. Yo también estoy metido de lleno en varios textos. Todos andamos como podemos.

Barrunto que os va a quedar estupendamente. Con el cariño y las ganas que le estáis poniendo solo os puede quedar el libro como tú escribes, “casi perfecto”.

He sacado una copia, pero me temo que voy a tener que usar la lupa que tengo en casa para leer vuestros currículos o breves semblanzas. Por cierto (seguro que aguardas una zumba; pues ahí va), ¿por qué le habéis puesto a la niña, Diogenesa, una piruleta en el pelo? Perdónamela, por fa (y el resto de las notas musicales). Espero (lo mismo que deseo y celebraré, si así ocurre) que te hayas (son)reído; ergo, que no te hayas enfadado (por la broma o tontería pergeñada) conmigo. ¡Bendita risa, sí!, pues es la que propicia que sigamos tirando (peregrinando) por este valle de lágrimas.

Por no alargar la cosa, no te objeto. Lo siento. Me desdigo al instante, sí, pero es por este motivo sólido de peso, por que la tentación ha sido abrumadora. Ya sabes que aquí ni siquiera Dios (si es autocrítico, que, al menos, yo lo juzgo esperable) lo es, perfecto, asevero. Así que ¡bendita imperfección!

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Escarmienta en cabeza ajena o propia

ESCARMIENTA EN CABEZA AJENA O PROPIA

Ayer una excompañera de Facultad me envió un correo (el primero que recibía de ella). Quería cerciorarse de que yo era quien soy, el autor de un texto que había leído, le había encantado y portaba el título definitivo de “Te comportaste bien, ‘Metomentodo’”. En el segundo, me explicó, grosso modo, el problema, un infierno en toda la regla, que estaba padeciendo su hija mayor, que cursa el último año de carrera. Para salvaguardar sus identidades y la intimidad de ambas, no daré sus nombres de pila (ni los verdaderos ni otros supuestos) ni más datos que pudieran descubrirlas, hacerlas patentes.

“Es la segunda vez, durante las tres últimas semanas, que mi hija, a la que he llevado al psicólogo, ha intentado suicidarse. Hace año y medio conoció a un chico excelente. Nada que ver con su ‘follamigo’ anterior, un fulano de mucho cuidado. La relación con el nuevo amigovio iba viento en popa, como la seda, hasta que, hace menos de un mes, el desgraciado y desleal, su desagradecido ex, le mandó, por ‘guasap’, al que ahora también la ha dejado, el vídeo sexual que el delincuente le había grabado (y robado) un día que ella estaba muy excitada. Mientras que, en dicha grabación, a su ex, el labrador de su deshonra, no se le ve más que el pubis (en concreto, su enhiesto dedo sin uña), las piernas y los pies, a ella se le ve desde el inicio, cuando se desnuda en frente de un gran espejo, entera, desinhibida, y se le reconoce fácilmente, pues actúa, confiada, a calzón quitado y a cara descubierta. En un principio, su nuevo ‘follamigo’ no le dio más importancia que la que tenía. Era un suceso del pasado. Lo borró y santas pascuas. Pero luego no tardó en venir el hombre del mazo, o sea, Paco con la rebaja, porque el ladrón que le hurtó la intimidad a mi hija, como le suele ocurrir al asesino en serie, fue especializándose en sus fechorías y se las arregló para que su obra maestra, el maldito vídeo, corriera, como la pólvora, saltando, de móvil en móvil, como un piojo o pulga indeseable, hasta que nos llegó a su padre y a mí, alertándonos y sobresaltándonos sobremanera, como te puedes imaginar, y al grueso de sus compañeras/os y profesoras/es.

“¿Qué consideras que puedo y tengo que hacer? Te agradezco, de antemano, el o los consejos que tengas a bien darme, de veras”.

Esta ha sido, no sin haber procedido a eliminar antes lo que pudiera identificarlas, mi respuesta:

Confío, deseo y espero que vosotros, sus padres, no os vais a acongojar o acoquinar, como, al parecer, eso ha hecho su amigovio excelente, que ha venido, cuando las cosas se han puesto complicadas, difíciles, a prevenirse contra un daño, y ha devenido, movido por un miedo cerval, en menguante (o poquitín) y aun insignificante. Debéis hacer lo que, con buen criterio, comenzó conjeturando el que ha resultado ser un cagón. No debéis darle más importancia de la que tiene, que es mucha, sí, pues es un yerro mayúsculo, pero de él hay que extraer sus consecuencias positivas, que, asimismo, las tiene, para tu hija, para tu otra hija y para el resto; para ti, atento/a y desocupado/a lector/a, seas él o ella, también.

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Breve y escueto apunte de Pandora

BREVE Y ESCUETO APUNTE DE PANDORA

(SOBRE LA OMNIDOTADA E IMPAR EVA)

Según la mitología griega, Zeus, el padre del panteón heleno, ordenó a Hefesto, dios del fuego, célebre por sus variopintas habilidades o mañas, que esculpiera la estatua de la primera mujer, una núbil bella. Atenea, enemiga de Prometeo, la vistió con una túnica blanca, colocó un velo sobre su rostro, la coronó con un aro hecho con flores frescas y ciñó su cintura con un cordón áureo. Hermes, el mensajero divino, le concedió el don del habla y Afrodita la facultad o virtud de embelecar y/o embelesar.

De esta guisa, Zeus y compañía crearon un ser aparentemente bondadoso, pero, en el fondo, sensu stricto, malévolo, al que el supervisor del universo llamó, irónicamente, Pandora, todo regalo (por ser depositaria de todos ellos o ser ella la portadora de los tales). Llevó a dicha fémina virginal a la Tierra, donde los dioses y los humanos se confundían o andaban mezclados. Ninguno de ellos dejó de ponderar sus innumerables prendas. Ella, ora aleccionada convenientemente, ora predestinada, escogió como pareja a Epimeteo, el candoroso hermano de Prometeo, quien había robado el fuego a los dioses y se lo había entregado a los hombres, para, a la postre, mediante el ánfora o tinaja o jarra (no la caja, que como término se ha impuesto a los sugeridos), obsequio olímpico que Prometeo le había advertido a su hermano que no aceptara, bajo ningún concepto, ser el mentado en último lugar objeto de la venganza divina.

Epimeteo, desoyendo a su hermano, aceptó y acogió como esposa a Pandora, portadora de su recipiente nocivo, de males repleto, pues, hasta entonces, los hombres, siguiendo las recomendaciones de Prometeo, habían vivido exentos de males, denuedos y enfermedades perniciosas, terribles. Por curiosidad o por sugerencia divina, Pandora destapó la tinaja (o caja) y al momento huyeron de la misma los males que contenía. En el fondo de la mencionada (cuenta el relato mitológico) quedó, aturdido por la repentina fuga en tropel, el único bien que contenía la susodicha, la esperanza, pero, siguiendo lo prescrito por Zeus, Pandora dejó caer la tapa antes de que la esperanza pudiera iniciar el vuelo, quedando encerrada en la susodicha tinaja.

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Magnífica autocrítica de Iglesias

MAGNÍFICA AUTOCRÍTICA DE IGLESIAS

Antes de que dieran las dos del mediodía, me he topado en la tudelana calle dedicada a la memoria de quien fundó el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, don Miguel Eza y de Veráiz, a la altura del cerrado y tapiado cine “Regio”, con un excompañero de la Facultad de Medicina de Zaragoza (él terminó la carrera y es un excelente galeno de atención primaria; servidor la abandonó por otra más afín y se dedica a juntar palabras; aunque ambos, de alguna manera, recetemos —él, sustancias para curar o aliviar enfermedades; este menda, argumentos o razones para que los políticos profesionales, sobre todo, mitiguen su habitual desfachatez, al intentar escurrir, por todos los medios a su alcance, el bulto, actividad en la que suelen ser unos expertos o hachas, y se enfrenten a la realidad, teniendo siempre presente esa coherente y congruente paremia española que dice “a lo hecho, pecho”—).

Le he preguntado a Pepe (evidentemente, no se llama así) si Pablo Iglesias debería pasar, a la mayor brevedad y sin falta, por su consulta. Me ha contestado que acaso le convendría más tomarse conmigo un café (él; yo, como soy hipertenso, me tomaría, en todo caso, un descafeinado), mientras le hacía ver lo que él había hecho, en mi modesta opinión, mal. Pepe no tiene constancia fehaciente de que haya en las farmacias pastillas que puedan corregir ni la megalomanía ni la soberbia de Iglesias. Yo, que puedo llegar a ser tan zumbón o incluso más que Pepe, le recomendaría a Pablo que charlara un rato con un contertulio asiduo al mentidero al que también suelo acudir a diario. Aprendería, escuchando a “Tiago”, que por tal hipocorístico se le conoce y responde el susodicho, que otrora siguió un curso acelerado de libertad de expresión por correspondencia, quien sostiene que, en su presencia, uno puede opinar lo que quiera, ahora bien, acostumbra a agregar a continuación que, si ese uno aduce un criterio o parecer que difiere o disiente del suyo, ese uno está equivocado, sin duda.

Un conmilitón y tocayo de Pablo, Echenique, acaba de comprobar con sus propios ojos (haya visto o no alguna vez representada la mejor obra de Bertolt Brecht, “La ópera de los tres centavos”, donde el famoso dramaturgo alemán dramatiza la pregunta: “¿Quién es un criminal mayor? ¿El que roba un banco o el que funda uno?”) y en sus propias carnes, cómo quien quiere aparentar, ante la opinión pública y la publicada, que es un líder de los buenos, con dos dedos de frente (“la mejor manera de hacer autocrítica no es comenzando por la propia o aneja, sino por la ajena, que es por la que no se atreven a empezar los otros”), hace ahora, en pleno siglo XXI, una magnífica autocrítica, al modo (me parto de la risa, por ser el sarcasmo hilarante) más ortodoxo: eliminar las impurezas para que en la foto solo salga el mandamás, aunque mande mal.

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He aquí el texto que he urdido últimamente

HE AQUÍ EL TEXTO QUE HE URDIDO ÚLTIMAMENTE

Dilecta Pilar:

Te mandaré esta mañana (si puedo; si no, esta tarde, siempre que no me se me vaya el santo al cielo, claro) las seis páginas sobre la cinta en cuestión, “La casa del lago”. Aún no he leído en voz alta el texto que he trenzado últimamente, para darle el nihil obstat, pero te lo enviaré como está. A ver si te gusta (te aviso con antelación de que puedes hallar algún yerro). Mi intención es trocearlo en tres o cuatro partes y publicarlo en esos mismos, tres o cuatro, días (durante el mes de mayo).

Yo creo (por ser humano, demasiado humano, como el título que Nietzsche colocó a una de sus obras) que, si fuera Dios, no me concedería el 10 más que en contadas ocasiones de desbordante euforia, pues constato, un día sí y otro también, que, aunque mi intención es hacer las cosas impecables, sin fallos, pronto me doy cuenta de que he cometido yerros, de mayor y menor bulto (que intento corregir cuanto antes). Ayer, por cierto, firmaba mi texto hodierno, “Una pareja perfecta”, así:

“Asimismo, deseo y espero que nadie se moleste por que haya decidido no firmar este texto con mi seudónimo habitual, Emilio González, “Metomentodo”, sino con mi nombre verdadero,

Dios (en el supuesto de que Dios exista, Él sabe, a ciencia cierta, que en mi ánimo no ha habido un ápice o pizca de irreverencia, a la hora de suplantar su personalidad diversa, pues es trino, y su firma; y sí un vagón repleto de vaya omnímoda, vaya, a la que es tan adicto servidor, un guasón de marca mayor. En el supuesto de que Dios exista, le consta, de manera fehaciente, que le estoy e(vi)ternamente agradecido por haberle puesto a mi amanuense, Ángel, en el camino una persona digna de amar, su amable Pilar, su señera compañera)”.

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¿Todos mis diablos cojean?

¿TODOS MIS DIABLOS COJEAN?

(COMO TÚ, KIENTIBAKORI)

—¿Qué es para ti lo importante?
—Vivir sin impacientarme,
Sin de la paz nunca hartarme.
—¿La confusión es cortante?
Y coja, Satán, frustrante.
—¿Todos mis diablos cojean?
—Quienes “El hablador” lean
Eso en claro sacan, eso.
—¿¡Me la quieres dar con queso!?
—Muchas más cosas me afean.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sensación refractaria de estar viva

SENSACIÓN REFRACTARIA DE ESTAR VIVA

Dilecta Pilar:

Mi hermano Jesús María, “el Chichas”, está mejor. Ayer, por la mañana, cuando lo llamé por teléfono, se hallaba en la mutua. Te agradezco tus buenos deseos para su pronta recuperación. El corsé lo tendrá que llevar durante seis semanas. A ver si así se consigue lo que se pretende, que se suelde la L2.

La idea o metáfora del círculo, que he advertido en muchos otros momentos y lugares, a lo largo de mi más que mediada vida, la volví a comprobar y constatar (por si te sirve el dato) ayer viendo (y oyendo) “La casa del lago” (2006), remake de un filme surcoreano, “Siworae” (conocido también como “Il Mare”, estrenado el año 2000), película dirigida por Alejandro Agresti y protagonizada por Keanu Reeves (que interpreta al arquitecto Alex Wyles) y Sandra Bullock (que borda el rol de la doctora Kate Forster). Comienza la cinta en la casa del lago (a cuyo buzón mágico los dos protagonistas regresan y vuelven sin parar) y termina en la ídem, la casa del lago. Son varios los temas que toca, pero el asunto de saber esperar al amor verdadero es crucial (junto con el controvertido de los mundos paralelos o multidiverso, o viajes imposibles en el espacio/tiempo). No sé si la has visto. Yo vi el final de la misma el domingo y la pedí prestada en la biblioteca. No la tenían, pero estaba en alguna otra biblioteca navarra y la solicité. Volveré a verla hoy, para intentar extraerle toda la información distintiva y relevante, la que me sirva.

Déjame decirte que tal vez te metes en tantos vericuetos porque eso te proporciona la sutil sensación refractaria de estar viva. Eso es, al menos, lo que a mí me pasa y no me pesa.

Ya sabes: antes es la obligación que la devoción (aunque la primera voz vaya detrás en el diccionario).

Mi hermano va mejorando paulatinamente, pero intuyo que le va a costar volver al estado en el que hallaba antes del accidente de trabajo.

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Coach que vende milagros

COACH QUE VENDE MILAGROS

NO ENGAÑA NI A LOS ONAGROS

El derecho a gastar tengo
Mi dinero en lo que quiera,
Reflexión o no requiera.
Pero el Gobierno, sostengo,
Tiene el deber (lo mantengo)
De controlar que el engaño,
Que era tan asiduo antaño,
No lo sea en el momento
Presente, que documento
Y verá la luz hogaño.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Hay que acabar cuanto antes con las ratas

HAY QUE ACABAR CUANTO ANTES CON LAS RATAS

(PORQUE SON TRANSMISORAS DE LA PESTE)

Lamento tener que reconocer, una vez más, lo obvio (servidor sería o, mejor, se estaría comportando como un ciudadano, amén de deshonesto, idiota, si, en lugar de quitar o retirar el tupido velo, echara una palada más de tierra sobre la realidad, para ocultarla), pero la evidencia es irrefutable. El Govern de la Generalitat, si no le ha terminado de doblar el brazo al Gobierno de España (en esta sociedad actual, nuestra, que está hasta la saciedad de la suciedad, sí, pero donde cuenta más aparentar que ser, también), le está ganado el pulso, la batalla del relato, sobre el cada vez menos “conllevante” problema catalán, en el ámbito europeo, exterior, internacional.

Si hace escasas semanas eran cuarenta y un senadores franceses los que se metían en camisa de once varas, esto es, se pasaban de castaño oscuro, o sea, siete pueblos, al denunciar una presunta represión contra los guías (cabecillas, más bien) del “procés”, que están siendo juzgados (con todas las garantías habidas y por haber, en directo) en el Tribunal Supremo, la semana pasada Die Linke, La Izquierda, partido político alemán liderado por Katja Kipping y Bernd Riexinger, presentó en el registro del Bundestag una moción en la que pedían al Gobierno teutón que se interesara por unas supuestas violaciones de los derechos humanos a los dirigentes independentistas catalanes. Prospere o no dicha moción, lo que ambos hechos han dejado meridiano, al descubierto, es que varios Ejecutivos españoles no han estado a la altura de las circunstancias, al minusvalorar la estrategia de los secesionistas catalanes, tendente o proclive a la internacionalización del conflicto, remedando la que otrora pusieron en circulación (con escaso éxito o recorrido, por cierto; hay que reconocerlo y recordarlo) algunos dirigentes de la hoy extinta ETA.

La democracia española es manifiestamente mejorable, perfectible (supongo que otro tanto ocurre con otras de nuestro entorno), pero es homologable con cualesquiera otras europeas, al estar en la media. Basta con acudir a las cifras que suministran los diversos organismos oficiales que miden sus diferentes aspectos, índices o valores para constatar lo dicho.

Lo que más llama la atención del asunto en cuestión es que los dirigentes independentistas no se cortan un pelo, es decir, no tienen ningún problema a la hora de hablar mal (sueltan sapos y culebras) del sistema democrático español, conformando con cuanto propalan un rosario interminable de embelecos, mientras que los responsables de los partidos constitucionalistas parecen tener escrúpulos para decir verdades como puños, cuando les toca criticar cuanto acaece en Cataluña, donde el Govern y el Parlament han dado muestras suficientes de dejación de funciones, con un (molt honorable, de palabra, no de actos o hechos) president, verbigracia, el actual, Torra, sin empaque, sin fuste, orgulloso de ser un pelele o vicario del anterior en el cargo, Puigdemont (huido de la justicia, no exiliado, llamemos a las cosas por su nombre, que lo tienen), mostrándose desobediente con la Junta Electoral Central, haciendo un feo tras otro al jefe del Estado cada vez que este, el último, acude por el motivo que sea a Cataluña, arengando a las hordas o huestes de los comités de defensa de una república (CDR) utópica “para que apreten”,…

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Tenemos que ser ricos en ideas

TENEMOS QUE SER RICOS EN IDEAS

“Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos, / y escucho con mis ojos a los muertos”.

Cuatro primeros versos del “Soneto desde la Torre de Juan Abad” (señorío de Quevedo, pequeño municipio al sur de La Mancha, en la provincia de Ciudad Real), escrito por Francisco de Quevedo y Villegas.

Reconozco que a algunos libros les tengo un cariño especial. Lo que acabo de apuntar y apuntalar me ocurre, por ejemplo, con las “Charlas de café” (1920), de Santiago Ramón y Cajal, desde que cierta tarde, que me hallaba bajo de moral, otrora, hace la tira de años, lo abrí al azar por una de sus páginas y leí este pensamiento del médico e investigador español, que, inopinadamente, venía a encajar, como alianza en el dedo anular, con el momento existencial que el abajo firmante vivía (sin vivir en él): “Nada hay más semejante a una biblioteca que una botica. Si en las estanterías farmacéuticas se guardan los remedios contra las enfermedades del cuerpo, en los anaqueles de las buenas librerías se encierran los específicos reclamados por las dolencias del ánimo”.

Como (no sé si colegí o deduje lo correcto u oportuno) identifiqué aquel hecho como una carambola o chiripa, una serendipia, hoy, que me hallaba sin idea clara sobre la que discurrir y verter sobre el folio, he acudido a la biblioteca y he tomado, por si volvía a suceder lo propio, el ejemplar mentado en mis manos, lo he abierto y he leído la siguiente reflexión del Premio Nobel de Medicina (que compartió con el italiano Camillo Golgi) de 1906: “Hagamos notar que, cuando un hombre de ciencia presume de muchos amigos, casi siempre se trata de un cuco o de un holgazán. No se conservan varias amistades íntimas sin cultivarlas asiduamente, y este cultivo resulta incompatible con una vida de concentración intensa y de trabajo austero. En suma: O se tienen muchas ideas y pocos amigos, o muchos amigos y pocas ideas”.

Si considero (como así lo hago) el citado libro del nacido en Petilla de Aragón, “Charlas de café”, un estupendo amigo mío, pues lo reputo un pozo inagotable de razones, y extiendo dicho juicio a otros muchos libros, acaso me encuentre en un dilema complejo, esto es, deba respetar menos o, por el contrario, tolerar aún más de lo que ya lo hacía el susodicho pensamiento de Cajal, por haber llegado a la conclusión de que veo en él lo opuesto a lo que él vio, o infiero cuanto él infirió, y, además, juzgo que es una apodíctica e irrefutable verdad.

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Domingo, 16 de junio

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