El Blog de Otramotro

Cómo versos trenzo o prosas

CÓMO VERSOS TRENZO O PROSAS

No es imprescindible estar
Con alguien en un lugar
Para con él madrugar,
Ver ledo su bienestar,
Dar pena su malestar.
Yo hago con Pilar mil cosas;
Verbigracia, las cien rosas
De su rosal admirar
O con sus ojos mirar
Cómo versos trenzo o prosas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Que se halle solución pronto a la cosa

QUE SE HALLE SOLUCIÓN PRONTO A LA COSA

Dilecta Pilar:

Celebro que así sea, que se halle solución pronto al caso o la cosa.

He vuelto a los tres o cuatro zuritos de rigor, sí, que me vienen estupendamente (es poco el alcohol ingerido). Amén de hablar con Pío de esto, eso y/o aquello, aprovecho a hacerlo también con otras/os (hermano/s, sobrinas/os, amigas/os, conocidas/os, etc.) que encuentro en el periplo o recorrido “zuriteril”. En Tudela, aseguro, hace tanto frío como en Zaragoza, seguro, sensación que acrecienta o recrudece aún más el cierzo, gélido. Ahora, recién dadas las diez de la mañana, teníamos cinco grados, si marca bien la temperatura el aparato (mitad reloj, mitad medidor de temperatura) de la esquina (creo que es propiedad del estanco) que he mirado, claro.

Entonces, todo seguirá según costumbre; como es habitual, yo seré más extenso en mis comentarios.

Insisto e itero. No tienes obligación de contestar mis correos. Cuando puedas y quieras, lo haces.

Si hubiera sabido el hecho, que tu deudo cumplía ayer años, te hubiera encargado que hicieras ayer el encargo que hoy, ahora, te hago, que le des, con un día de retraso, un par de ósculos (uno en cada uno de sus carrillos) a tu pacífica (aunque dé un poco de guerra) sobrina, Irene. Los niños ayudan a ver la vida con más esperanza si cabe, sí, que cabe; la esperanza abarca mucho espacio, es omnímoda, pero ocupa poco.

Creo que aciertas de lleno en el blanco o centro de la diana cuando ves la amistad así. La amistad (lo aprendes con el lapso o paso del tiempo transcurrido, con la sensatez que te van concediendo los años acumulados, la experiencia, “madre de la ciencia”, la llamaba mi piadoso padre, Eusebio, si sabes aprovecharla, sacarle el máximo partido), según mi parecer, es, junto con el amor, uno de los cimientos, fundamentos o pilares de la vida humana, de los seres sociales que somos las personas. Uno se achaca ahora o viene reprochándose desde hace años por qué no hizo más por mantener los lazos de amistad que inició y mantuvo otrora con determinados colegas. Aunque de esa ruptura no es único responsable (aunque uno tenga siempre más culpa que otro) uno de los miembros de la relación de amistad (ocurre lo propio con la relación de pareja), la que sea.

Con los bebés (ellas y ellos) y con los niños (ídem) se debería hacer como con la madre, darle los besos sin cuento de los que habla Catulo en uno de sus cármenes a Lesbia. Pero ahora eso está penado, según qué ojos.

Celebro que te parezcan aciertos. Lo tendré en cuenta cuando veas en mis asertos fallos, para promediar. No verme hoy un genio y mañana o pasado mañana tampoco un lerdo.

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Te pinté ayer, Pilar, desnuda, alhaja

TE PINTÉ AYER, PILAR, DESNUDA, ALHAJA

He soñado, Pilar, de madrugada,
Que tú y yo nos habíamos juntado
En el parque, vistiendo lo pactado:
Bluyín con la pernera remangada.

Nada más verte (nada dije, nada),
Mirándote seguí, medio arrobado,
A escasos quince metros de tu lado;
Bastante profería mi mirada.

Al primo abrazo mil le sucedieron
Y se secreteaba hoy en voz baja:
“Ayer, hasta las lámparas gimieron”.

Me dio por remedar a don Francisco
De Goya y te pinté desnuda, maja,
Sin al de Fuendetodos hacer cisco.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Cuatrocientos cincuenta y seis ya, Lope

CUATROCIENTOS CINCUENTA Y SEIS YA, LOPE

Félix Lope (o Lope Félix) de Vega Carpio, quien mereció los sobrenombres elogiosos de “Fénix de los Ingenios” y “Monstruo de la Naturaleza”, con los que lo rebautizó en vida Cervantes, nació tal día como hoy, 25 de noviembre, de hace cuatrocientos cincuenta y seis años en Madrid.

El mejor homenaje que podemos hacerle o tributarle es (re)leer, verbigracia, alguna de sus incontables comedias, algunos de sus numerosos sonetos.

Este menda, Otramotro, se ha decantado por, además de releer su novela bizantina “El peregrino en su patria” (que tuvo que leer, de manera obligatoria, en cuarto curso de Filología Hispánica) y recordar varios de sus sonetos, que se sabe de memoria, escribirle un soneto como si el genial autor aún estuviera entre nosotros, así como una de sus esposas y musas, Isabel de Alderete y Urbina (a quien llamó en sus versos con el anagrama de su nombre de pila, Belisa).

A TU SOL, ISABEL, MUSA INDELEBLE

(HOY, VEINTICINCO DE NOVIEMBRE, LOPE)

Aunque tu sol se ha dado un topetazo
Contra una esquina tonta, marfileña,
No ha nacido el fulano que haga leña
De él; no es mujer que dé a torcer su brazo.

Envuelto y enlazado a ella el abrazo
Le mandas que encontraste en una aceña,
Pues tiene la virtud de que pergeña
La cura nada más tirar del lazo.

A la estirpe de féminas vencidas,
En un pispás rehechas, pertenece
La que, cuando te guipa, le amanece

El deseo de ver reverdecidas
Las ganas imborrables de en sus trece
Seguir hasta que tú, vate, decidas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿No urge ante el estallido un estadillo?

¿NO URGE ANTE EL ESTALLIDO UN ESTADILLO?

Mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, es un tipo original (pero, como al instante, tras haber tecleado el susodicho adjetivo, he advertido que me he quedado corto, agregaré, para subsanar al momento mi cortedad o poquedad, el ídem, pero en su grado superlativo absoluto, que le conviene más, que le encaja mejor), originalísimo. Tiene una risa contagiosa, como, asimismo, lo son sus ideas. Así que, desocupado lector (seas ella o él), te prevengo de sus artes e ingenio. Porque, como empieces a escuchar con atención cómo las expone y argumenta, a hacerle caso al cúmulo de razones que suele aducir, comprobarás cómo termina, velis nolis, por persuadirte del todo, completamente. Aunque te parezca que exagero, puedes descartarlo, ipso facto, porque quien trenza estos renglones torcidos te asegura que no ha echado mano de la hipérbole. Pásmate si quieres, sí; pero hasta ese extremo llega su poder de convicción.

A “Metomentodo” no le gusta ningún político (hembra o varón) profesional. Llama de esa guisa a las/os que cobran y quieren seguir cobrando a toda costa, viviendo de la sopa boba o del erario público, a las/os que harían lo que fuera (tal vez no lo ilegal ni lo inmoral), siempre que resultara apropiado para él o bien visto por ella, lo que engorde el bolsillo, su bolsillo.

A “Metomentodo” le disgusta un montón que los políticos profesionales sostengan A, mientras están en la oposición, y B, cuando, mediante las urnas o por haber salido adelante una moción de censura, cosa que este año ha sucedido, llegan a ostentar el poder y les corresponde llevar las riendas del gobierno; considerando que A y B no tienen nada que ver, porque son, sensu stricto, contrarios. ¿Alguien lleva el estadillo del estallido de contradicciones, de la retahíla de paradojas socialistas? En el supuesto de que nadie lo lleve, ¿no resulta preceptivo y urgente, incoar, a la mayor brevedad, uno?

Verbigracia, ayer, “Metomentodo” discurría en el mentidero en torno a la tesis de que Pedro Sánchez sostuvo, en una interviú que le hizo Susanna Griso en Antena 3 el 17 de mayo de este año, que sí había habido, presuntamente, delito de rebelión, según su criterio o parecer, por parte de los políticos catalanes presos, encarcelados en prisión preventiva por orden del magistrado Pablo Llarena, instructor del procedimiento abierto al efecto en el Tribunal Supremo. Recientemente, mantenía lo opuesto, que no había habido delito de rebelión. La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, en una rueda de prensa a la que acudió, tras un Consejo de Ministros, intentó (pero me dio a la nariz que no logró) convencer a los periodistas que le preguntaron al respecto con la sinrazón de que Pedro Sánchez vino a decir una cosa cuando era jefe de la oposición y otra, la contraria, cuando era presidente del Gobierno, y, como le pareció lo más normal del mundo, se quedó tan campante. Si a ella el claro “donde dije digo, digo Diego” le pareció de perlas, a mí me vinieron a la mente las sabias y oportunas palabras que adujo Jean-François Paul de Gondi, el Cardenal de Retz (falsamente atribuidas al escritor y científico alemán Georg Christoph Lichtenberg, que nadie duda que pudo iterarlas): “Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”.

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Aún me queda un póquer de jornadas

AÚN ME QUEDA UN PÓQUER DE JORNADAS

Dilecta Pilar:

Aún me queda un póquer de jornadas, cuatro días, sí, cuatro, para hacer realidad mi sueño, comenzarlas.

Continuarás (barrunto) coronando lo mismo que andará este culminando, (re)creando ene textos literarios.

Debió ser más que dura la experiencia (eso es lo que sospecho) del gulag.

He leído tu artículo sobre María Antonia (un buen epítome de los tres folios que escribiste para “Palabricas…” y leí con gusto; no te ha faltado la breve referencia a las palabras de su texto de bienvenida con la grata ocasión del encuentro/cena del treinta aniversario de nuestra promoción de Filología en el pasado noviembre). Yo lo publicaré mañana, tal y como lo trencé, en mi blog.

Así es; subiré al Alvia en la estación de Tudela y haré noche en el aeropuerto de Barajas/Adolfo Suárez y por la mañana volaré a Tenerife.

Ya, ya, dejé dos muestras de vaya en mi respuesta al tuyo. Hace muchos años leí “Archipiélago Gulag”, de Aleksandr Solzhenitsyn (antes se escribía de otro modo, si no marro), sobre los campos de internamiento y castigo soviéticos. Por cierto, en uno de aquellos campos de trabajo forzoso en Siberia pasó el arzobispo Kiril Lakota (personaje ficticio de “Las sandalias del pescador”, libro que escribió Morris West en 1963 y película que dirigió Michael Anderson en 1968) dos décadas, según ambas ficciones (novela y filme).

No eran halagos, sino comentarios cabales, ajustados. Así lo interpreté entonces. Celebro que te gustaran.

Me consta que tú has leído también mucho, muchísimo. Seguramente, si has llegado a esa concreta conclusión, la explicación estribe en que, aunque hemos leído los mismos textos (sobre todo, durante la carrera), asimismo hemos leído ensayos, cuentos, novelas y poemarios distintos.

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Cuando una/o se enamora se enamora

CUANDO UNA/O SE ENAMORA SE ENAMORA

(Aunque como se lee en “El principito”, de Antoine de Saint-Exupéry —sigo la traducción de Bonifacio del Carril—, libro que vio la luz tanto en francés como en inglés en abril de 1943, “la palabra es fuente de malentendidos”, concédeme, “Chelo” —más tarde entenderás por qué no he podido resistirme a la tentación, a las ineludibles, necesarias y urgentes ganas que me han brotado de llamarte con dicho hipocorístico—, la gracia de que pueda seguir arrancando las epístolas que te trence y remita de la misma guisa —ergo, hazte a la idea de que estas palabras que lees no las estás leyendo en sentido estricto— que he hecho con las precedentes —esta sigue el mismo ceremonial o rito; que “¿qué es un rito?”; si has leído la novela arriba citada, te acordarás de la respuesta que le dio el zorro a la misma pregunta que le formuló el principito: “Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días; una hora, de las otras horas”—. Por eso las encierro entre los signos ortográficos de apertura y clausura de este paréntesis)

Amada Pilar:

Permíteme que empiece esta misiva citando a Perogrullo: “Cuando una/o se enamora se enamora”. Con el enamoramiento, no te miento, ocurre como con el embarazo, que o se está encinta, preñada, o no se está; una/o no se enamora un poco ni dos pocos ni tres pocos; se enamora o no se enamora; aquí no hay medias tintas posibles; se está enamorado o no se está.

Transcribo a continuación el final del capítulo XXI de “El principito”, donde vierte su autor qué era o qué significaba para él su “rosa”, o sea, su esposa Consuelo (ahora entenderás por qué te he llamado arriba “Chelo”) Suncín:

“—Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.

“El principito se fue a ver nuevamente a las rosas:

“—No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún —les dijo—. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

“Y las rosas se sintieron bien molestas.

“—Sois bellas, pero estáis vacías —les dijo todavía—. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa.

“Y volvió hacia el zorro:

“—Adiós —dijo.
“—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
“—Lo esencial es invisible a los ojos —repitió el principito, a fin de acordarse.
“—El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
“—El tiempo que perdí por mi rosa… —dijo el principito, a fin de acordarse.
“—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
“—Soy responsable de mi rosa… —repitió el principito, a fin de acordarse”.

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Hay quien marra por miedo a equivocarse

HAY QUIEN MARRA POR MIEDO A EQUIVOCARSE

Dilecta Pilar:

Te pido perdón (hay quien marra por miedo a equivocarse), perdón, perdón, hasta formar con ellos un rosario de mil disculpas y, al mismo tiempo, doy mil gracias, formando una ristra con todas ellas, por contestarme. Prometo no molestarte durante las vacaciones. Durante las mismas, dispongo de menos tiempo de uso (de ordenador). A partir de la semana que viene, verbigracia, por las tardes, el Centro Cívico “Lourdes” permanecerá cerrado. Todos necesitamos vacación, mejor, estar disfrutando (de) las mismas. Yo también. Sé que tienes muchos quehaceres. Cumple con ellos. Cuida a y de tus padres (de tu pareja, etc.). Yo lo hice con los míos.

Acabo de leer tu columna en La lámpara encendida, tu blog. Esta mañana he terminado de leer las cuarenta páginas que me quedaban de la multipremiada “Laëtitia o el fin de los hombres”, del francés Ivan Jablonka (si puedes, léela; si puedes, cómpratela y reléela; cuenta la terrible historia de Laëtitia Perrais, asesinada y descuartizada por Tony Meilhon, durante la madrugada del 18 al 19 de enero de 2011, entre La Bernerie-en-Retz y Pornic). Te parecerá estar releyendo “A sangre fría”, de Truman Capote, o “El adversario”, de Emmanuel Carrère (sobre el falso médico Jean-Claude Romand; hace poco —ahora bien, como tempus currit ut volet, el tiempo corre que parece que vuela, pudo ser hace meses— vi a deshora en una televisión el filme español, protagonizado por José Coronado, “La vida de nadie”, que, salvo por lo truculento, se le parecía bastante; la vida del protagonista era una pura y dura mentira). Me parece que en ella, en tu columna hodierna, haces lo que debes, reivindicar que, en pleno siglo XXI, no debe haber en ninguna sociedad humana (por ser una antigualla, una actitud desfasada) distingos (reparos) debidos a las clásicas razones de discriminación: sexo, raza, religión, etc. Me parece que las mujeres no sois piedra ni de piedra, sino que os habéis hecho dignas merecedoras de (ergo, os habéis ganado) mil y un monumentos de piedra (o de cualquier otro material). La noticia, estomagante, vomitiva, que he escuchado este mediodía, mientras comía, de que, en Sevilla, un hijo mantenía a su madre y a su hermana encerradas en casa, sucias y hambrientas, habla de cómo llegan a comportarse, de manera denigrante, ultrajante, algunos congéneres o semejantes nuestros. Así que ¡chapó! Te señalaré dos pecatta minuta (si no, quien firma no sería Otramotro): yo hubiera escrito sociocultural (todo junto o, socio-cultural, unidos por un guion) y alzhéimer (con tilde).

Como están cerrados por la tarde, durante el verano, tanto la biblioteca pública como el C. C. “Lourdes”, he venido al cibercafé “Praga”, por si tenía algún correo que contestar. Tenía el tuyo y el de Manolo. Empiezo por el tuyo.

Te agradezco sobremanera que hayas perdonado a este pendón (aquí significa vástago, en concreto, de Iluminada, que, mientras vivió, fue un buen árbol al que arrimarse).

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Adenda a "Libertad de expresión sin excepciones"

ADENDA A “LIBERTAD DE EXPRESIÓN SIN EXCEPCIONES”

El domingo pasado, 28 de octubre de 2018, en la página 25 del diario EL PAÍS, leí el artículo prudente, sensatísimo, titulado “Bomberos pirómanos”, donde su autor, Fernando Vallespín, sostenía, entre otras ideas, esta, que “lo que venía siendo el ideal liberal del respeto por las opiniones que no compartimos y la libre y pausada discusión racional entre ellas ha pasado a la historia. Solo merecen respeto nuestras opiniones; las de los contrarios deben ser exorcizadas públicamente como anatema y perseguidas con inquina por las nuevas hordas inquisitoriales que proliferan en las redes y, ay, también en la misma prensa. No es de extrañar así que hayamos entrado en una escalada insoportable de descalificaciones y ostentosas salidas de tono por parte de muchos responsables políticos. El incentivo reside precisamente en esto”.

¿Qué hizo, por ejemplo, Íñigo Errejón, el secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político de Podemos cuando declaró que Vox “viene a amontonarse” a las opciones “instaladas en la crispación”? A mí, al menos, no me extrañaría nada de nada, que alguien de Vox, que a su condición de afiliado o simpatizante al ideario de dicha formación, añadiera su proverbial y reconocida adicción a la coña, retranca o zumba, pudiera contestarle al respecto lo siguiente:

El secretario de Parálisis Estratégico y Rancia Política de Podemos, Íñigo Errejón (acrónimo o contracción de Erre que erre, marrando el rejón) ha asegurado que Vox “viene a amontonarse” a las opciones “instaladas en la crispación” que, según su criterio, carente de misterio, son PP y Ciudadanos, que comparten el ideario con Vox, pero no se atreven a reconocerlo, como lo hace él (vocablo ambiguo, sí, porque pudiera referirse a Vox y/o a Errejón), sin ambages.

Íñigo Erre que erre, marrando el rejón, sostiene, asimismo, que Vox profiere “lo mismo que piensa el PP, lo mismo que piensa Ciudadanos”. Y es que el niño adulto parece un adulto niño que tiene el don, la facultad o la virtud de saber qué piensa él y, además, qué piensan todos los demás. Se comenta, se dice, se rumorea, que incluso pensó antes que yo mismo lo que este menda está escribiendo ahora, tras decidir disfrazarse de un afiliado coñón o simpatizante zumbón de Vox, que no lo es (guasón, sí, mucho), para su exclusivo solaz. ¿De quién? ¿De Erre que erre, marrando el rejón, de servidor o del atento y desocupado lector, sea ella o él, de estos renglones torcidos? Pregúntenle al Niño Dios, al Omnisciente, porque lo sabe todo, es un claro sabelotodo. ¿Alguien lo duda? Dado que no veo que nadie haya osado levantar la mano, lo haré yo. Lo dudo yo.

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Su boca era un pozo sabio

SU BOCA ERA UN POZO SABIO

Ayer soñé que soñaba
Que tenía un sueño dentro
De otro sueño, que era el centro
De mi existencia; que amaba
A Pilar, a quien sellaba
Los suyos con mis dos labios,
Que eran cada vez más sabios,
Porque su boca era un pozo
De sabiduría y gozo:
Finaba con los resabios.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pilar y Carmen son dos gotas de agua

PILAR Y CARMEN SON DOS GOTAS DE AGUA

Ayer, durante la siesta, tuve un sueño que empezó siendo agradable, pasó por un nudo gordiano, ingrato, con su momento crítico, álgido, y tuvo un desenlace dichoso. Así que no fue una pesadilla en sentido estricto, por las variopintas emociones contradictorias que me aportó y reportó el hecho onírico, pero todavía me duele el carrillo izquierdo del inopinado bofetón. Si, debido a la aspereza del momento antitético, ardiente/helador, que viví, deduje que el susodicho iba camino de desembocar en una ensoñación angustiosa, la delicadeza, que también la hubo, que no brilló por su ausencia, y el final feliz del mismo, que tampoco faltó, son las concretas razones que me han empujado a narrar, de modo sucinto, el sueño.

Había quedado con mi amada Pilar en una cafetería céntrica de la capital de la provincia a la que había viajado, próxima, a apenas cinco minutos andando, al hotel donde me había hospedado. Ella vivía a unos veinte kilómetros de dicha población (pongamos que no hablo de Madrid, ni de Barcelona, ni de Valencia, ni de Bilbao, ni de Málaga, ni de Sevilla, para que el atento y desocupado lector vaya descartando centros urbanos).

Como le pregunté a Pilar que cuánto calculaba ella, entre unas cosas y otras, que le costaría llegar adonde habíamos acordado, y ella me dijo que una media hora, para hacer ídem me acerqué a un quiosco a comprar La Voz de Galicia, por si aquel día había publicado artículo Xosé Carlos Caneiro, a quien, aunque no conocía personalmente, por afinidad con lo que trenzaba, solía leer con gusto en la edición digital de dicho diario. Aquel día libraba.

Debido a que esperar (le ocurre lo propio al grueso de la gente que conozco) me pone nervioso, me desespera, llegué con solo cinco minutos de antelación sobre el tiempo augurado, cuando, oh, sorpresa, a través del cristal de la cafetería vi a Pilar sentada sobre una silla sorbiendo lo que fuera de una taza. Entré en el local, me acerqué con sigilo a la mesa que ocupaba para darle un ósculo en la mejilla izquierda de su rostro y, cuando estuve a su altura, le espeté que ignoraba que se apellidara Fangio y le estampé el beso casto donde había pensado hacerlo. Nada más sentir que mis labios se posaban en su piel, giró su cuerpo y, mientras me llamaba “puto loco enfermo”, así, sin comas, me dio un tortazo de aúpa, con la palma de su diestra abierta, que me dejó tambaleante, grogui.

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Tu nombre de pila, musa,...

TU NOMBRE DE PILA, MUSA,

LO SUPE POR CIENCIA INFUSA

Hay viajes que nos ilustran;
Algunos nos enamoran
De Pilar, nombre que adoran
Hasta dioses, que deslustran
O, aún peor, que se frustran
Si mi amada los rehúsa.
Desconocen que mi musa
A su lado quiere a un hombre
Que, de cuando en vez, la asombre
Al saber por ciencia infusa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Lunes, 10 de diciembre

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