El Blog de Otramotro

Me fijé en la faceta fisiológica

ME FIJÉ EN LA FACETA FISIOLÓGICA

Dilecta Pilar:

No busco sucedáneos (buscaría en todo caso chocolates de los buenos, pero la vida me ha enseñado que el que busca a veces encuentra y a veces no halla). Iré (y, si es bien acompañado, mejor, miel sobre hojuelas).

Bueno, son varios momentos (el paso del tiempo es necesario, aunque dicho espacio sea corto) en apenas media hora, ciertamente. La realidad nos suministra mucha información. Ahora bien, hace falta estar alerta, atento, para captar lo precipuo o principal de cuanto ocurre y apuntarlo en nuestra mente o en nuestra libreta.

Cierto. Yo me fijé en la faceta o parte fisiológica del asunto (la vuelta de los ancianos a la niñez) dando por sobreentendida la anímica y espiritual.

Que vaya la presentación de cine y te lo pases estupendamente el sábado. Yo iré, Deo volente, como he hecho otros años, en la grata compañía de mi hermano Jesús María, “el Chichas”, a la entrega de los premios “Goya” (una botella de moscatel, hecho en Corella) de la peña “La Teba” (acrónimo de Tudelanos En Buena Armonía) en el salón de actos de Jesuitas.

Te mando (abajo) la epístola como aparecerá publicada en mi bitácora (supongo que a primeros de junio).

Luego leeré (tengo que terminar antes el artículo que publicaré luego) tus dos nuevos microrrelatos, pero he de reconocer que era mucha la tentación, ¡diantres!, y he vuelto a caer, a pecar.

Acabo de leer, de manera rápida, tus otros dos microrrelatos. En “El banco del parque”, que contiene todos los colores que cabe hallar en una paleta de pintor, cuentas la historia de quien tuvo casa y, por los motivos que fueran, la perdió; luego halló o se hizo una en un banco del parque. Por las razones que fueran (la imaginación es fértil, variopinta), decidió cometer un delito penado con cárcel para vivir bajo techo en la prisión de Zuera, donde ahora tiene (ha logrado formar de nuevo) una familia entre los otros reclusos.

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La narración acaeció en mi seso

LA NARRACIÓN ACAECIÓ EN MI SESO

Dilecta Pilar:

Eso es lo que te decía en un correo anterior: cuando algo te ha sido útil antes, cuando algo te ha servido, no te deshagas de ello, sea lo que sea, porque puedes necesitarlo, si no mañana, pasado. Si has sido precavido y lo has guardado, podrás echar mano luego de ello, cuando lo precises de nuevo.

La narración acaeció en mi seso. Es pura ficción. Emilio González, “Metomentodo” (si tomas la primera letra de su nombre, E, las dos iniciales de su apellido, Go, y las tres que arrancan su alias o seudónimo, Met, y las juntas, en ese mismo orden, formarás la palabra Egomet —que fue uno de mis seudónimos in illo tempore, cuando hacía mis pinitos literarios, cuando comenzaba a trenzar prosas y versos, más de los últimos que de las primeras—, que en griego significa yo mismo) es uno de mis heterónimos, como dejo caer sin querer (me desdigo al instante, esto es, queriendo) en el propio texto. Su autor, servidor, el abajo firmante, pretendía que fuera una reflexión en torno a la violencia (y los diferentes grados que cabe advertir de la misma), cuando apenas quedan muestras de la tal. Parece que, por los parabienes recibidos, he conseguido lo que me había propuesto.

Menos mal que no escribo todo lo que sueño (dormido y despierto), todo lo que imagino. Hoy, por ejemplo, he soñado (mientras hacía la siesta y dormía) que había ocurrido un magnicidio en los Estados Unidos de América; y no es trampa (aunque el gerifalte —a quien no le falto, no, por llamarle así— occiso se apellide casi casi de esa misma guisa). Si lo hiciera, me temo, me llevarían directamente y encerrarían hasta solo sabe Dios cuándo en una clínica psiquiátrica o frenopático. Tengo para mí que con Pessoa me hubiera llevado a las mil maravillas, estupendamente (o, por el contrario, tal vez, hubiera habido un desacuerdo diuturno, evidente, o mantenido con él una guerra sin cuartel, debido, entre otras razones, a la algarabía permanente entre ambos).

A ver si puedo ver “Campeones” pronto (si no es este año, que sea antes de que pase un lustro). Ha habido películas que he visto en la tele o en vídeo una década después de que hubieran sido estrenadas. Gracias por la recomendación. Ya sabes que no me gusta ir solo al cine. Lo mejor de ir al cine (no sé si te lo he escrito alguna otra vez antes) es comentar, a la salida de la sala de proyección, el filme.

Es una lástima; al menos, te queda el otro sendero expedito, el de los sueños que ideas estando despierta, el de tu imaginación. Me consta que la avenida de la creatividad la transitas desde hace mucho tiempo ad libitum, por eso no había hecho referencia a la tal (la había dado por supuesta, sobreentendida).

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"Rajoy Brey ha dimitido"

“RAJOY BREY HA DIMITIDO”

Mi amigo, que hoy usa apodo,
Esta “scoop” me ha remitido:
“Rajoy Brey ha dimitido”.
La ha urdido como un epodo.
La ha firmado “Empino el codo”.
Le contesto: “De esa estancia
Tenía, Sosias, constancia;
Y del verso que la ultima,
Que no hace burla ni tima,
A pesar de su importancia”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sé que se ha repetido esa molestia

SÉ QUE SE HA REPETIDO ESA MOLESTIA

Dilecta Pilar:

Acabo de llegar (dos horas más tarde de lo normal) al Centro Cívico “Lourdes”. Hoy me he sentido, ora el protagonista del artículo “Vuelva usted mañana”, de Mariano José de Larra, ora el personaje Joseph K. de “El proceso”, de Franz Kafka. Aún me faltan trámites para poder cambiar la domiciliación del recibo del agua (antes tendré que proceder a mudar la titularidad de dicho suministro).

Tengo la mejor opinión de Patricia, la madre cuerda, prudente, sensatísima, del difunto Gabriel. La considero una mujer estupenda; bueno, pues dudo que algún día (a pesar de que el paso del tiempo suele obrar milagros) pueda perdonar a la bruja (¿habrá alguien a quien la pintura fiel, fidelísima, que has hecho de ella, no le repugne?) que acabó con la vida de su pececito. Por cierto, ¿acaso ha pedido perdón Ana Julia, la asesina confesa?

Gracias. He escrito recientemente sobre la prisión permanente revisable. Ya sabes qué criterio sostengo a propósito de los pederastas, asesinos múltiples y violadores, que, por las razones que sean, tienen serias dificultades para reeducarse y reinsertarse socialmente; ergo,...

Seguramente la culpa fue mía y, aunque creí haber leído detenidamente tu artículo, no di en el blanco o centro de la diana, no acerté con lo que querías dar a entender. Ya sabes, el autor escribe y luego el lector interpreta. ¿Lo correcto? Unas veces sí y otras no (como eso mismo se predica de los afamados pimientos de Padrón, que unos pican y otros no).

El hombre propone y Dios dispone, airea el dicho. Han sido apocados y tristes (para mí, claro) los días de Semana Santa. Durante la tarde del pasado Viernes Santo, día señalado para este menda, tuve que bajar a Urgencias, porque el catarro (o alergia; o una alianza de ambos) que había pillado me impedía respirar correctamente. La doctora que me visitó me recetó Cefuroxima, un antibiótico, y Symbicort Turbuhaler, un inhalador (el pecho me gruñía). La combinación está haciendo el efecto apetecido, pues el resfriado se va atenuando paulatinamente. Hoy estoy mejor.

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¿El ciento treinta y uno es honorable?

¿EL CIENTO TREINTA Y UNO ES HONORABLE?

“Llamo coherencia al ajuste o encaje perfecto entre lo que se piensa, las tesis ideadas, y lo que se dice que se ha pensado, las conclusiones proferidas; y de esto, a su vez, con lo que se hace, las actitudes perceptibles”.

Emilio González, “Metomentodo”

Hoy en día, en el viejo continente, Europa, entre la legión de dirigentes políticos que hay, cabe espigar y conformar una patrulla o patulea de representantes despreciables, insolidarios e insensatos, empeñados en poner en peligro los pros de la menos mala de las formas de gobierno pergeñadas por el ser humano, la democracia. La manipulación, a base de propaganda y agitación, de las emociones y los símbolos entre la ciudadanía, que los susodichos hacen, cada día es más evidente, omnímoda y ominosa, llegando esta a abrazar y ocupar, amén del núcleo y zonas aledañas, hasta los contornos de los numerosos espacios donde se debate de política (en una horquilla cuyos extremos van de la visión más apodíctica, real o verdadera a la más apócrifa, fantasiosa o ficticia).

Ahora, verbigracia, varios ejemplares de los mentados en el párrafo de arriba pretenden normalizar (y hacer comulgar con ruedas de molino al resto) convicciones que algunos, entre los que se cuenta el abajo firmante de estos renglones torcidos, servidor, considerábamos que ya habían quedado arrumbadas y periclitadas, como las racistas y supremacistas; en plata, que una colectividad, por razón (una sinrazón en toda la regla) del lugar donde nacieron, de la lengua en la que balbucieron sus primeras palabras o de la cultura que otrora mamaron, es mejor y superior a otro grupo ajeno, anejo o alejado en el espacio y/o en el tiempo. Ningún representante de ninguna de las formaciones políticas con escaño en las diversas Cámaras, incluidas las independentistas, deberían avenirse a dar por bueno o el plácet a ese tesón de algunos politicastros desfasados por resucitar o clonar ideas que, por detestables y horrendas, deberían seguir como y donde están, hechas ceniza y encerradas bajo siete llaves, en una urna reprobable de la historia. Convendría que se sacaran lecciones inmarchitables de esos maestros (y aun doctores) que son los acontecimientos pasados. ¿Ya se ha olvidado adónde llevaron los juicios nazis y fascistas en Europa? A la confrontación más inhumana, a la Segunda Guerra Mundial.

Muchos han hablado y escrito estos últimos días pretéritos (con razón) de las opiniones racistas, sectarias y supremacistas del presidente ciento treinta y uno de la Generalitat, Quim Torra. A mí (dejando a un lado otra paradoja, que se haya elegido como Molt Honorable ¿al más fanático de entre los independentistas?) lo que más me ha llamado la atención es que los segregacionistas se hayan hartado de argumentar que prefieren una república a una monarquía hereditaria y nadie (ningún secesionista, quiero decir) haya salido a la palestra, o sea, dicho ni mu, del dedazo de Puigdemont (a la hora de elegir plan, un heredero, o clon suyo, para el clan), una contradicción como una casa (como la ídem de la ídem de Pablo Iglesias e Irene Montero; a quienes han zurrado de lo lindo con razón, por cierto). ¡Consejos vendo y para mí no tengo!, sí. O la ley del embudo (la parte estrecha para ti y la ancha para mí), también. Cinismo, pura y dura impudencia.

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¿Qué crisis humanitaria?

¿QUÉ CRISIS HUMANITARIA?

—¿Qué crisis humanitaria
Torra ve hoy en Cataluña?
—Ninguna, mas clava la uña
Porque es persona sectaria.
—Eso adujo una notaria
Ayer en una tertulia.
—Si no entendí mal, Obdulia
Se llamaba quien sostuvo
Que Quim con ello entretuvo
A quienes tienen abulia.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


La quintaesencia va en tarro pequeño

LA QUINTAESENCIA VA EN TARRO PEQUEÑO

Dilecta Pilar:

Yo, a bote pronto, reconozco que tengo predilección por mis últimos hijos de papel, los benjamines. Tu comentario (“la vida es pura contradicción”, que también he trenzado con esas mismas o parecidas palabras en varios textos) me ha hecho recordar el epitafio que el poeta checo-austriaco en alemán Rainer Maria (von) Rilke urdió poco antes de morir y puede leer quien acuda a su tumba, pues está escrito sobre su laude o lápida: “Rosa, pura contradicción; voluptuosidad de no ser el sueño de nadie bajo tantos párpados” (y es que, ciertamente, si la rosa no hubiera nacido entre espinas —al parecer, al cortar una, se clavó una púa en un dedo— no tendría el prestigio que tiene entre las/os amantes de las flores). A propósito de tu apostilla (“el tiempo climatológico parece haberse vuelto también loco, como la gente”), te mando, abajo, la urdidura (o “urdiblanda”) que publicaré mañana en mi bitácora, “¡Menudo genio!, sí, Pierre Nodoyuna”.

De nada. Soy yo quien tiene que dártelas a ti por haber sido tú, precisamente, la hacedora de esos versos que tanto me gustaron que me empujaron a sacar lo que has leído, tal vez lo mejor de mí. Sé que tu escolio (agradezco los halagos que contiene y me haces) viene de quien viene, una amiga; no obstante, celebro que te haya petado mi breve comentario de texto o crítica. Por lo que urdes (“cuando escribo no me fijo en nada de eso, me dejo llevar”), parece que somos legión los amanuenses o copistas que usan para sus fines líricos las musas de la poesía, Erato y Polimnia. A mí me ha ocurrido lo que comentas, pero luego, por lo regular, disconforme con el resultado de la primera versión, servidor se ha visto obligado a corregir y mejorar y pulir (hasta que el poema se deja como queda —a veces, tengo la impresión refractaria de que, como se podría mejorar aún más, queda inacabado, sin terminar—).

Ya sabes que la quintaesencia suele ir envasada en tarro pequeño.

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El fin no justifica, Quim, los medios

EL FIN NO JUSTIFICA, QUIM, LOS MEDIOS

—Por raro que te parezca, esto no lo ha escrito un poeta. Lo dijo un psicoanalista que se llamaba Wilhelm Stekel. Esto es lo que... ¿Me sigues?
—Sí, claro que sí.
—Esto es lo que dijo: “Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”.

Jerome David Salinger incluyó este breve diálogo en su celebérrima novela “El guardián entre el centeno” (1951).

Ignoro si usted, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), es catalán, mayor de edad y no independentista (quiero decir, no segregacionista ni soberanista ni supremacista). Si lo es y escuchó, de cabo a rabo, los dos discursos (el del sábado y el del lunes) de investidura de Carles Puigdemont (por boca de Quim Torra), tal vez se sintió arrumbado o excluido por sus palabras y llegó a la misma conclusión o parecido puerto al que arribó este menda: el candidato de Junts per Catalunya a formar (las malas lenguas ya se han encargado de propalar por doquier la mala especie de que ya se lo ha conformado Puigdemont) el próximo Govern de la Generalitat, amén de no haber hecho lo que debía (y sin demora), la autocrítica del independentismo y, como corolario, al no ser consciente de haber cometido la larga retahíla de errores de bulto en los que incurrió, pretende continuar por la misma senda, o sea, seguir hollando las leyes vigentes (y recuperando las suspendidas), a fin de conseguir, antidemocráticamente, con apenas un escaso 48% de los votos populares, de manera ilegal y unilateral, su ansiada causa, la independencia. Me da en la nariz que el artículo 155 de la Constitución Española, que está dando sus boqueadas, no tardará en emular a Cristo, según cuentan los Evangelios canónicos, y resucitar, como él, al tercer día. Esto es lo que a servidor le quedó meridianamente claro.

Aunque mi piadoso y difunto padre solía esgrimir en sus conversaciones (con gentes diversas) el latiguillo de que la experiencia era la madre de la ciencia, que ese idéntico planteamiento desembocara o tuviera, como consecuencias directas, la ruptura de la sociedad catalana (en la que algunos padres no pueden hablar del asunto en cuestión con sus hijos, ni algunos hermanos entre sí del tema de marras, porque saltan chispas), el cambio de sede (social y fiscal) de casi tres mil novecientas empresas, la aplicación del artículo 155, el ingreso preventivo en prisión o la huida de los irresponsables líderes que provocaron tanto desmán, al parecer, no ha servido de nada. Así que, el abajo firmante ha de dar necesariamente la razón a don Santiago Ramón y Cajal, que hace casi un siglo, en “Charlas de café” (1920) escribió: “Se ha dicho muchas veces que no hay nada más inútil que la experiencia. Tan triste verdad se corrobora cuando somos víctimas de una pasión avasalladora. En la vida del enamorado, los prudentes consejos del viejo suenan como la voz atiplada de un eunuco que disertara sobre las excelencias del celibato”. Si al atento y desocupado lector no le han convencido del todo las sensatas palabras del Premio Nobel de Medicina de 1906 (que compartió con el italiano Camillo Golgi), le propongo que lea las siguientes, de los mismos autor y libro, porque, unidas a las anteriores, quizá acaben por persuadirle: “Nada más inútil —se ha dicho mil veces— que la experiencia. A la mayoría de los hombres nos pasa lo que a las ranas y las moscas decapitadas, que se obstinan en preservar y defender la cabeza después de haberla perdido”.

Como este menda no se deja mangonear por nada ni por nadie, no sé si a usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), le ocurre tres cuartos de lo propio que a mí, que no me cabe en la cabeza, que no entiendo (ni a la de tres) cómo alguien puede brindarse a ser un simple muñeco, pelele o títere (al modo de las hormigas Trancas, Barrancas y Petancas, en el programa de entretenimiento —con secciones de entrevistas, divulgación científica, magia y humor— de Antena 3 Televisión, “El hormiguero”) en manos de Puigdemont (que se ofreció a serlo, a su vez, de Artur Mas). Como los seres humanos no somos gatos (solo tenemos una vida), no comprendo ni concibo cómo alguien puede avenirse a tener una existencia vicaria, por mucho que sea el boato del que va a poder disfrutar o el oro que espera (o le han prometido que va a) recibir a cambio, como contrapartida o recompensa.

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Me he quedado otra vez sin el Nobel

ME HE QUEDADO OTRA VEZ SIN EL NOBEL

(EN GRANADA ES POSIBLE CUALQUIER SUEÑO)

Sé que he escrito antes a propósito del hecho, pero dicha pieza o texto, por el motivo que sea, por pudor, seguramente, debe andar por ahí, perdida/o entre el mar de papeles que he trenzado con mi telar y acaso jamás vean la luz, porque, insisto, por pudor o, si es por otra razón, la he olvidado, de veras, decidí que no fuera alumbrado. Ahora bien, puede que ande errado, ya que, como servidor es un coñón de marca mayor, tal vez como texto zumbón (no cabe descartar del todo esta posibilidad) lo haya publicado ya.

Hace muchos años, el que terminé la carrera de Filosofía y Letras (Filología Hispánica), viajé en tren a Granada. En la estación (serían las ocho y media de la mañana) me estaba esperando mi novia, que había viajado en autobús desde la costa, donde había pasado una semana de vacaciones con una amiga (de ella). Bueno, pues, tras dejar mi bolsa de viaje en un bar cuyo dueño conocía desde niña ella (porque no nos íbamos a quedar a dormir en la muy noble, muy leal, nombrada, grande, celebérrima y heroica ciudad, sino que nuestra intención era viajar por la tarde al pueblo jienense donde vivía su abuela materna), antes de entrar a maravillarnos contemplando la impar Alhambra (supongo que ella se había encargado de adquirir con antelación las entradas), recuerdo que se me acercó una gitana con la intención de leerme las líneas de la palma de la mano. Le dije que no quería, que era un escéptico, que no creía en esas supuestas o hipotéticas artes adivinatorias. Ella me contestó que se conformaba con que le diera la voluntad, que no sé, a ciencia cierta, a cuántas pesetas alcanzó, la verdad, pero, de todo lo que dijo, que fue mucho, se me quedaron grabadas a fuego en la mente dos cosas: una, la profirió mirando a quien estaba presente, a mi vera, y era, a la sazón, mi pareja sentimental, que yo no era para ella, que no se iba a casar conmigo, vaya, y aún no he olvidado cómo torció el morro; y dos, dirigiéndose a mí, que iba a ganar el premio Nobel de Literatura. Y, tras oír aquel augurio, me quedé de piedra.

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Respeto tu criterio, mas discrepo

RESPETO TU CRITERIO, MAS DISCREPO

Dilecta Pilar:

Respeto tu criterio, pero no lo comparto (entre amigos, supongo, aún se acepta la discrepancia). Seguiré a Saramago. Creo que es en “El evangelio según Jesucristo” donde José de Sousa dice (escribe): “He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro”. En lo tocante a la religión, me parece una recomendación oportuna.

Así es, creo que ese pensamiento es deudor de Pablo Ruiz Picasso: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Esta frase puede completarse (y suele complementarse) con otra que se le adjudica a Albert Einstein: “El genio se compone de un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración” (o sea, sudor, trabajo). Supongo que utilizas un procedimiento similar al resto de los letraheridos que en el mundo son. El “espabilaburros” (el buscador Google) es fundamental para ser lo más fiel posible a la anécdota o la cita.

El “finde”, como siempre, durante los últimos años, lo he dedicado a lo habitual; el tiempo de ocio lo he usado para leer y escribir. El sábado, a las ocho y media de la tarde, bajé al centro a tomar el proverbial póquer de zuritos (cuatro; a veces deviene repóquer, cinco) con mi amigo Pío.

Lamento los percances con las gafas y la silla. Y celebro que vieras “Calígula” (diminutivo de caliga, la sandalia que usaban los legionarios romanos; apodo que estos le pusieron por usar unas pequeñas caligas o botitas cuando acompañaba a su padre, el reputado general Germánico. Leí “El extranjero” (mejor, el extraño; en francés e hice un trabajo para dicha asignatura), “La peste” (he citado su párrafo final un montón de veces: “Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente...”), y “El mito de Sísifo” (en este caso, su parágrafo inicial: “No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio”), pero no la obra de teatro de Camus sobre el endiosado emperador demente (fuera debida su locura a la muerte de su hermana y amante Drusila o a la ingesta involuntaria, según Juvenal, de un veneno).

Yo respeto a todas las personas, porque todas, sin excepción, son dignas de respeto, pero no tolero lo intolerable (y algunas opiniones, ideas y creencias, si van acompañadas de hechos, ciertamente, lo son; y no tienen un pase). Repetimos hasta la hartura el falso mantra, que contiene una necedad tamaña, de que todas las opiniones, ideas y creencias lo son, sin darnos cuenta de la barbaridad que decimos. Las personas son las que nos deben merecer respeto, pero no sus opiniones, ideas o creencias, si estas son ápodas y acéfalas, si no tienen ni pies ni cabeza. ¿Aceptaríamos que alguien llegada/o de África siguiera practicando aquí la costumbre inveterada en su país de origen de la ablación del clítoris? ¿Admitiríamos que alguien dijera, propusiera y tramitara una ley en la que a las personas mayores de noventa años o a las que sufren alzhéimer o alguna otra demencia senil las eliminaran usando la eutanasia?

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Esfuérzate en sacarle al mal lo bueno

ESFUÉRZATE EN SACARLE AL MAL LO BUENO

Dilecta Pilar:

Lamento que la pasada noche te hayas desvelado, pero, al menos, has demostrado tu inteligencia, ya que el desvelo (de aquello que abunda en maldad urge hacer el esfuerzo de sacarle todo lo bueno que hay/a) lo has aprovechado (que es lo que acabas de hacer con tu insomnio, extraerle el jugo o zumo, sacarle el máximo rendimiento) para contestarme, hecho que te agradezco y valoro un montón.

En lo tocante a lo que cuentan las nuevas sobre Lourdes, abundo en tu parecer, porque yo también soy un escéptico empedernido.

Ayer hiciste lo oportuno al acudir a la presentación del último poemario de Tello (espero que no olvidaras coronar, asimismo, el doble encargo que te hice de saludar a Rosendo y darle las gracias a su esposa por cuidar de él como oro en paño). Ya sabes que la cachava o gayata es la tercera pierna del hombre (hembra o varón) anciano, respuesta correcta que dio Edipo al acertijo que le propuso la esfinge, que, furiosa por que Edipo hubiera dado con ella, se suicidó abalanzándose sobre una roca y abriéndose la cabeza con(tra) ella.

Celebro que te haya petado cómo ha quedado la epístola.

Olvidábaseme comentarte que, como había ejemplar, he podido leer tu artículo, “Ellos también amaban”, en el Heraldo y me ha gustado mucho.

Se nota que eres una lectora avezada y que estás al día. Haces referencia en tu artículo a textos que has leído en Facebook, al poemario premiado de Juana Castro (de cuyas existencias, autora y obra, ignoraba), a “Ordesa”, de Manuel Vilas (¿Ya has leído lo último del aragonés?); a “La carne”, de Rosa Montero; a noticias que han aparecido en los mass media, que tienen que ver con el progreso o el retroceso que estamos viviendo. Bienvenida esa alusión o evocación que haces, humana, muy humana (o, su opuesta, inhumana o deshumanizada), de la diferencia que cabe hallar entre los hijos que se pelean por la herencia de los padres, ancianos, y los que lo hacen por cuidar de ellos. Otro de tus cantos a la empatía y la solidaridad, presente y ausente por doquier, por cualquier rincón del mundo. Itero lo dicho. Me ha gustado mucho.

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Montoro en la mentira se da entero

MONTORO EN LA MENTIRA SE DA ENTERO

(SÍ/NO URDIÓ ESTA CARTA APÓCRIFA A OTRAMOTRO)

(TACHE USTED EL ADVERBIO IMPERTINENTE)

Dilecto Otramotro:

No me extraña nada (de nada) que tú, un ciudadano libre de la república literaria, como tu memorable maestro (aunque jamás te diera clases) fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, de quien te gusta recordar estas palabras (“las plumas vuelan, colocadas en las alas de las aves; pero no hay movimiento más perezoso que el suyo, puestas en las manos de los hombres”), que escribió en el prólogo (dirigido al lector) del tomo séptimo de su “Teatro Crítico Universal” (1765), expreses lo que ideas, esto es, lo que hoy, verbigracia, ha conseguido tamizar como verosímil tu cacumen, que yo, disfrazado de Cristóbal Montoro, en el ámbito de la mentira (que suele encerrar en su redil un montón de verdades) me suelo dar por partes, pero entero.

Como a ti, colega, epígono unamuniano y popperiano, no te puedo embelecar así como así, me avendré a reconocer lo obvio, la fetén, que has estado certero en tu análisis, que has vuelto a dar de lleno en el blanco o centro de la diana, al achacarme a mí y al resto del Gabinete de M. Rajoy, que ninguno, ni por separado ni mancomunadamente, actuáramos, echando mano de la política, cuando y como debimos, en tiempo y forma, porque, si hubiéramos hecho tal cosa entonces, ahora le ahorraríamos a la justicia española el charco en el que, por nuestra dejadez, está metida, pues hubiéramos podido desactivar el complejo mecanismo de la bomba del “procés”, y no que optamos, al salirnos por la tangente, por lo fácil, dejar que el problema se fuera pudriendo paulatinamente hasta que, al fin, explotó, en forma de hongo incomible, estomagante, y, de resultas de ello, a todos nos llegó, al menos, un ápice o pizca de su omnímoda y ominosa pus.

Siguiendo con la misma línea argumental, ahora que la Guardia Civil asevera que tiene constancia documental de que se gastaron 1,9 millones de euros, al menos, de dinero público para que tuviera lugar el referéndum ilegal del 1-O, admitiré, amigo Otramotro, que también tienes razón en lo tocante a que, si he iterado hasta el hartazgo que no hubo un solo euro que fuera a parar al susodicho 1-O, o sea, que no hubo malversación, ha sido para autodefenderme, como has colegido con tino, e intuido que esa, y no otra, podía ser la explicación más plausible y posible de mi pertinaz insistencia. Si yo, el máximo responsable de Hacienda, no he controlado cuanto, cuando y como debía, si no he cumplido a rajatabla con la labor supervisora que tenía asignada, es lógico y normal que haya mentido, como un bellaco, para quitarme ese marrón de encima, porque, si hubiera reconocido que era verdad, el juez competente en el caso me hubiera imputado ya, con razón, una “culpa in vigilando”.

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