El Blog de Otramotro

Por no alargar la cosa, no te objeto

POR NO ALARGAR LA COSA, NO TE OBJETO

Dilecta Pilar:

Te contesto a los dos correos en este (empezando por el que circulaba por otro cauce).

Habrás comprobado que han sido bastantes las variantes (deseo y espero que coincidamos en el criterio, a mejor; esa ha sido, al menos, mi intención) que hay, respecto del texto de la primera versión.

Has olvidado la actividad que engloba a todas las citadas por ti, corredor, ora de sesenta, ora de ciento diez metros vallas (dependiendo de si la prueba era en invierno o en verano) y de tres mil metros obstáculos (¡cuántas carreras de dicha distancia ha tenido que superar Jesús Vidal!).

A ver si me da tiempo. ¡Tengo tantas ideas hoy bulléndome en la testa! Te entiendo. Yo también estoy metido de lleno en varios textos. Todos andamos como podemos.

Barrunto que os va a quedar estupendamente. Con el cariño y las ganas que le estáis poniendo solo os puede quedar el libro como tú escribes, “casi perfecto”.

He sacado una copia, pero me temo que voy a tener que usar la lupa que tengo en casa para leer vuestros currículos o breves semblanzas. Por cierto (seguro que aguardas una zumba; pues ahí va), ¿por qué le habéis puesto a la niña, Diogenesa, una piruleta en el pelo? Perdónamela, por fa (y el resto de las notas musicales). Espero (lo mismo que deseo y celebraré, si así ocurre) que te hayas (son)reído; ergo, que no te hayas enfadado (por la broma o tontería pergeñada) conmigo. ¡Bendita risa, sí!, pues es la que propicia que sigamos tirando (peregrinando) por este valle de lágrimas.

Por no alargar la cosa, no te objeto. Lo siento. Me desdigo al instante, sí, pero es por este motivo sólido de peso, por que la tentación ha sido abrumadora. Ya sabes que aquí ni siquiera Dios (si es autocrítico, que, al menos, yo lo juzgo esperable) lo es, perfecto, asevero. Así que ¡bendita imperfección!

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Escarmienta en cabeza ajena o propia

ESCARMIENTA EN CABEZA AJENA O PROPIA

Ayer una excompañera de Facultad me envió un correo (el primero que recibía de ella). Quería cerciorarse de que yo era quien soy, el autor de un texto que había leído, le había encantado y portaba el título definitivo de “Te comportaste bien, ‘Metomentodo’”. En el segundo, me explicó, grosso modo, el problema, un infierno en toda la regla, que estaba padeciendo su hija mayor, que cursa el último año de carrera. Para salvaguardar sus identidades y la intimidad de ambas, no daré sus nombres de pila (ni los verdaderos ni otros supuestos) ni más datos que pudieran descubrirlas, hacerlas patentes.

“Es la segunda vez, durante las tres últimas semanas, que mi hija, a la que he llevado al psicólogo, ha intentado suicidarse. Hace año y medio conoció a un chico excelente. Nada que ver con su ‘follamigo’ anterior, un fulano de mucho cuidado. La relación con el nuevo amigovio iba viento en popa, como la seda, hasta que, hace menos de un mes, el desgraciado y desleal, su desagradecido ex, le mandó, por ‘guasap’, al que ahora también la ha dejado, el vídeo sexual que el delincuente le había grabado (y robado) un día que ella estaba muy excitada. Mientras que, en dicha grabación, a su ex, el labrador de su deshonra, no se le ve más que el pubis (en concreto, su enhiesto dedo sin uña), las piernas y los pies, a ella se le ve desde el inicio, cuando se desnuda en frente de un gran espejo, entera, desinhibida, y se le reconoce fácilmente, pues actúa, confiada, a calzón quitado y a cara descubierta. En un principio, su nuevo ‘follamigo’ no le dio más importancia que la que tenía. Era un suceso del pasado. Lo borró y santas pascuas. Pero luego no tardó en venir el hombre del mazo, o sea, Paco con la rebaja, porque el ladrón que le hurtó la intimidad a mi hija, como le suele ocurrir al asesino en serie, fue especializándose en sus fechorías y se las arregló para que su obra maestra, el maldito vídeo, corriera, como la pólvora, saltando, de móvil en móvil, como un piojo o pulga indeseable, hasta que nos llegó a su padre y a mí, alertándonos y sobresaltándonos sobremanera, como te puedes imaginar, y al grueso de sus compañeras/os y profesoras/es.

“¿Qué consideras que puedo y tengo que hacer? Te agradezco, de antemano, el o los consejos que tengas a bien darme, de veras”.

Esta ha sido, no sin haber procedido a eliminar antes lo que pudiera identificarlas, mi respuesta:

Confío, deseo y espero que vosotros, sus padres, no os vais a acongojar o acoquinar, como, al parecer, eso ha hecho su amigovio excelente, que ha venido, cuando las cosas se han puesto complicadas, difíciles, a prevenirse contra un daño, y ha devenido, movido por un miedo cerval, en menguante (o poquitín) y aun insignificante. Debéis hacer lo que, con buen criterio, comenzó conjeturando el que ha resultado ser un cagón. No debéis darle más importancia de la que tiene, que es mucha, sí, pues es un yerro mayúsculo, pero de él hay que extraer sus consecuencias positivas, que, asimismo, las tiene, para tu hija, para tu otra hija y para el resto; para ti, atento/a y desocupado/a lector/a, seas él o ella, también.

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He aquí el texto que he urdido últimamente

HE AQUÍ EL TEXTO QUE HE URDIDO ÚLTIMAMENTE

Dilecta Pilar:

Te mandaré esta mañana (si puedo; si no, esta tarde, siempre que no me se me vaya el santo al cielo, claro) las seis páginas sobre la cinta en cuestión, “La casa del lago”. Aún no he leído en voz alta el texto que he trenzado últimamente, para darle el nihil obstat, pero te lo enviaré como está. A ver si te gusta (te aviso con antelación de que puedes hallar algún yerro). Mi intención es trocearlo en tres o cuatro partes y publicarlo en esos mismos, tres o cuatro, días (durante el mes de mayo).

Yo creo (por ser humano, demasiado humano, como el título que Nietzsche colocó a una de sus obras) que, si fuera Dios, no me concedería el 10 más que en contadas ocasiones de desbordante euforia, pues constato, un día sí y otro también, que, aunque mi intención es hacer las cosas impecables, sin fallos, pronto me doy cuenta de que he cometido yerros, de mayor y menor bulto (que intento corregir cuanto antes). Ayer, por cierto, firmaba mi texto hodierno, “Una pareja perfecta”, así:

“Asimismo, deseo y espero que nadie se moleste por que haya decidido no firmar este texto con mi seudónimo habitual, Emilio González, “Metomentodo”, sino con mi nombre verdadero,

Dios (en el supuesto de que Dios exista, Él sabe, a ciencia cierta, que en mi ánimo no ha habido un ápice o pizca de irreverencia, a la hora de suplantar su personalidad diversa, pues es trino, y su firma; y sí un vagón repleto de vaya omnímoda, vaya, a la que es tan adicto servidor, un guasón de marca mayor. En el supuesto de que Dios exista, le consta, de manera fehaciente, que le estoy e(vi)ternamente agradecido por haberle puesto a mi amanuense, Ángel, en el camino una persona digna de amar, su amable Pilar, su señera compañera)”.

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¿Diré que es Pablo Iglesias trigo limpio?

¿DIRÉ QUE ES PABLO IGLESIAS TRIGO LIMPIO?

Vaya por delante esta advertencia previa: cada vez que discurro o diserto de un político distingo entre la persona y el cargo que ocupa dentro de su formación o partido. Como a la primera no la conozco, nada tengo que decir al respecto. Por lo que trasciende del segundo (dijo, por ejemplo, lo escuché y leí, que el cielo no se tomaba por consenso —para servidor esa expresión exudaba o rezumaba una clara plétora antidemocrática—, sino por asalto) opino.

Hace un siglo, durante el invierno revolucionario de 1919, quien es reputado padre de la sociología moderna, Max Weber, que había sido invitado por la Asociación Libre de Estudiantes de Múnich a dar una conferencia, como colofón de la misma, pronunció las siguientes palabras: “La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias, para la que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura. Es completamente cierto, y así lo prueba la Historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez. Pero para ser capaz de hacer esto no solo hay que ser un caudillo, sino también un héroe en el sentido más sencillo de la palabra. Incluso aquellos que no son ni lo uno ni lo otro han de armarse desde ahora de esa fortaleza de ánimo que permite soportar la destrucción de todas las esperanzas, si no quieren resultar incapaces de realizar incluso lo que hoy es posible. Solo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él le ofrece; solo quien frente a todo esto es capaz de responder con un ‘sin embargo’; solo un hombre de esta forma construido tiene ‘vocación’ para la política”.

Pablo Iglesias, cuando por las mañanas se mira en el espejo, ¿se ve reflejado en o retratado por las palabras de Weber? ¿Se ve a sí mismo enfrente o ve a otra persona?

Para el abajo firmante la política es una vocación de servicio, el alto o paréntesis que hace una persona en su actividad profesional habitual o normal, en su carrera de la vida o cursus honorum, con la clara pretensión de contribuir al bien común o general, de servir a la comunidad (ergo, no lo opuesto, servirse de ella).

Estoy convencido de que una/o no es lo que piensa; tampoco es lo que dice que ha pensado o que tiene previsto hacer; una/o, sin hesitación, es lo que hace. Y por lo que los mass media dicen que hace, por sus frutos, voy a ver si el señor Pablo Iglesias, secretario general de Unidas Podemos, es trigo limpio. Por los años que lleva dentro de la política, a Pablo Iglesias muchos ciudadanos (ellas y ellos) lo identifican ya, claramente, como un político profesional (como otros muchos, que su caso no es el único, pues, actualmente, son legión). Hay quienes defienden o sostienen la tesis de que ha hecho de la política su profesión. Max Weber distinguía entre quien vivía para la política y quien vivía de ella. Lo dijo así: “Hay dos formas de hacer de la política una profesión. O se vive ‘para’ la política o se vive ‘de’ la política. La oposición no es en absoluto excluyente. Por el contrario, generalmente se hacen las dos cosas, al menos idealmente; y, en la mayoría de los casos, también materialmente. Quien vive para la política hace de ello su vida en un sentido íntimo; o goza simplemente con el ejercicio del poder que posee, o alimenta su equilibrio y su tranquilidad con la conciencia de haberle dado un sentido a su vida, poniéndola al servicio de algo. En este sentido profundo todo hombre serio que vive para algo vive también de ese algo. La diferencia entre el vivir para y el vivir de se sitúa entonces en un nivel mucho más grosero, en el nivel económico. Vive de la política como profesión quien trata de hacer de ella una fuente duradera de ingresos; vive para la política quien no se halla en este caso”.

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Sensación refractaria de estar viva

SENSACIÓN REFRACTARIA DE ESTAR VIVA

Dilecta Pilar:

Mi hermano Jesús María, “el Chichas”, está mejor. Ayer, por la mañana, cuando lo llamé por teléfono, se hallaba en la mutua. Te agradezco tus buenos deseos para su pronta recuperación. El corsé lo tendrá que llevar durante seis semanas. A ver si así se consigue lo que se pretende, que se suelde la L2.

La idea o metáfora del círculo, que he advertido en muchos otros momentos y lugares, a lo largo de mi más que mediada vida, la volví a comprobar y constatar (por si te sirve el dato) ayer viendo (y oyendo) “La casa del lago” (2006), remake de un filme surcoreano, “Siworae” (conocido también como “Il Mare”, estrenado el año 2000), película dirigida por Alejandro Agresti y protagonizada por Keanu Reeves (que interpreta al arquitecto Alex Wyles) y Sandra Bullock (que borda el rol de la doctora Kate Forster). Comienza la cinta en la casa del lago (a cuyo buzón mágico los dos protagonistas regresan y vuelven sin parar) y termina en la ídem, la casa del lago. Son varios los temas que toca, pero el asunto de saber esperar al amor verdadero es crucial (junto con el controvertido de los mundos paralelos o multidiverso, o viajes imposibles en el espacio/tiempo). No sé si la has visto. Yo vi el final de la misma el domingo y la pedí prestada en la biblioteca. No la tenían, pero estaba en alguna otra biblioteca navarra y la solicité. Volveré a verla hoy, para intentar extraerle toda la información distintiva y relevante, la que me sirva.

Déjame decirte que tal vez te metes en tantos vericuetos porque eso te proporciona la sutil sensación refractaria de estar viva. Eso es, al menos, lo que a mí me pasa y no me pesa.

Ya sabes: antes es la obligación que la devoción (aunque la primera voz vaya detrás en el diccionario).

Mi hermano va mejorando paulatinamente, pero intuyo que le va a costar volver al estado en el que hallaba antes del accidente de trabajo.

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Hay que acabar cuanto antes con las ratas

HAY QUE ACABAR CUANTO ANTES CON LAS RATAS

(PORQUE SON TRANSMISORAS DE LA PESTE)

Lamento tener que reconocer, una vez más, lo obvio (servidor sería o, mejor, se estaría comportando como un ciudadano, amén de deshonesto, idiota, si, en lugar de quitar o retirar el tupido velo, echara una palada más de tierra sobre la realidad, para ocultarla), pero la evidencia es irrefutable. El Govern de la Generalitat, si no le ha terminado de doblar el brazo al Gobierno de España (en esta sociedad actual, nuestra, que está hasta la saciedad de la suciedad, sí, pero donde cuenta más aparentar que ser, también), le está ganado el pulso, la batalla del relato, sobre el cada vez menos “conllevante” problema catalán, en el ámbito europeo, exterior, internacional.

Si hace escasas semanas eran cuarenta y un senadores franceses los que se metían en camisa de once varas, esto es, se pasaban de castaño oscuro, o sea, siete pueblos, al denunciar una presunta represión contra los guías (cabecillas, más bien) del “procés”, que están siendo juzgados (con todas las garantías habidas y por haber, en directo) en el Tribunal Supremo, la semana pasada Die Linke, La Izquierda, partido político alemán liderado por Katja Kipping y Bernd Riexinger, presentó en el registro del Bundestag una moción en la que pedían al Gobierno teutón que se interesara por unas supuestas violaciones de los derechos humanos a los dirigentes independentistas catalanes. Prospere o no dicha moción, lo que ambos hechos han dejado meridiano, al descubierto, es que varios Ejecutivos españoles no han estado a la altura de las circunstancias, al minusvalorar la estrategia de los secesionistas catalanes, tendente o proclive a la internacionalización del conflicto, remedando la que otrora pusieron en circulación (con escaso éxito o recorrido, por cierto; hay que reconocerlo y recordarlo) algunos dirigentes de la hoy extinta ETA.

La democracia española es manifiestamente mejorable, perfectible (supongo que otro tanto ocurre con otras de nuestro entorno), pero es homologable con cualesquiera otras europeas, al estar en la media. Basta con acudir a las cifras que suministran los diversos organismos oficiales que miden sus diferentes aspectos, índices o valores para constatar lo dicho.

Lo que más llama la atención del asunto en cuestión es que los dirigentes independentistas no se cortan un pelo, es decir, no tienen ningún problema a la hora de hablar mal (sueltan sapos y culebras) del sistema democrático español, conformando con cuanto propalan un rosario interminable de embelecos, mientras que los responsables de los partidos constitucionalistas parecen tener escrúpulos para decir verdades como puños, cuando les toca criticar cuanto acaece en Cataluña, donde el Govern y el Parlament han dado muestras suficientes de dejación de funciones, con un (molt honorable, de palabra, no de actos o hechos) president, verbigracia, el actual, Torra, sin empaque, sin fuste, orgulloso de ser un pelele o vicario del anterior en el cargo, Puigdemont (huido de la justicia, no exiliado, llamemos a las cosas por su nombre, que lo tienen), mostrándose desobediente con la Junta Electoral Central, haciendo un feo tras otro al jefe del Estado cada vez que este, el último, acude por el motivo que sea a Cataluña, arengando a las hordas o huestes de los comités de defensa de una república (CDR) utópica “para que apreten”,…

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Tenemos que ser ricos en ideas

TENEMOS QUE SER RICOS EN IDEAS

“Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos, / y escucho con mis ojos a los muertos”.

Cuatro primeros versos del “Soneto desde la Torre de Juan Abad” (señorío de Quevedo, pequeño municipio al sur de La Mancha, en la provincia de Ciudad Real), escrito por Francisco de Quevedo y Villegas.

Reconozco que a algunos libros les tengo un cariño especial. Lo que acabo de apuntar y apuntalar me ocurre, por ejemplo, con las “Charlas de café” (1920), de Santiago Ramón y Cajal, desde que cierta tarde, que me hallaba bajo de moral, otrora, hace la tira de años, lo abrí al azar por una de sus páginas y leí este pensamiento del médico e investigador español, que, inopinadamente, venía a encajar, como alianza en el dedo anular, con el momento existencial que el abajo firmante vivía (sin vivir en él): “Nada hay más semejante a una biblioteca que una botica. Si en las estanterías farmacéuticas se guardan los remedios contra las enfermedades del cuerpo, en los anaqueles de las buenas librerías se encierran los específicos reclamados por las dolencias del ánimo”.

Como (no sé si colegí o deduje lo correcto u oportuno) identifiqué aquel hecho como una carambola o chiripa, una serendipia, hoy, que me hallaba sin idea clara sobre la que discurrir y verter sobre el folio, he acudido a la biblioteca y he tomado, por si volvía a suceder lo propio, el ejemplar mentado en mis manos, lo he abierto y he leído la siguiente reflexión del Premio Nobel de Medicina (que compartió con el italiano Camillo Golgi) de 1906: “Hagamos notar que, cuando un hombre de ciencia presume de muchos amigos, casi siempre se trata de un cuco o de un holgazán. No se conservan varias amistades íntimas sin cultivarlas asiduamente, y este cultivo resulta incompatible con una vida de concentración intensa y de trabajo austero. En suma: O se tienen muchas ideas y pocos amigos, o muchos amigos y pocas ideas”.

Si considero (como así lo hago) el citado libro del nacido en Petilla de Aragón, “Charlas de café”, un estupendo amigo mío, pues lo reputo un pozo inagotable de razones, y extiendo dicho juicio a otros muchos libros, acaso me encuentre en un dilema complejo, esto es, deba respetar menos o, por el contrario, tolerar aún más de lo que ya lo hacía el susodicho pensamiento de Cajal, por haber llegado a la conclusión de que veo en él lo opuesto a lo que él vio, o infiero cuanto él infirió, y, además, juzgo que es una apodíctica e irrefutable verdad.

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¿Saldremos de la zona confortable?

¿SALDREMOS DE LA ZONA CONFORTABLE?

En Navarra, somos (me adhiero al grupo o incluyo entre los tales) legión (si una ídem, romana, en los albores del Imperio, la conformaban 6.000 hombres, tendré que echar mano del plural, legiones, si quiero, que es lo que busco o pretendo, ser más concreto o preciso) los aborígenes o foráneos empadronados que nos sentimos noblemente honrados o estamos orgullosos de vivir dentro de los límites del otrora reino en pleno siglo XXI, por esta razón de peso, la citada, foral, es la Comunidad Autónoma del Estado español con el menor índice de desempleo o paro en su población, entre sus ciudadanos (ellas y ellos) en edad laboral.

Ahora bien, cabe que nos preguntemos (a renglón seguido, por ejemplo) si somos los mismos los que estamos satisfechos (o no) con el dinero que el Gobierno ha presupuestado para dedicarlo a promover la cultura en dicho territorio. No es mi intención encomiar a mis conciudadanos; tampoco obra entre mis pretensiones ser ensalzado por ellos, porque ninguna de las dos, sensu stricto, ni la aducida en primer lugar ni la formulada en segundo, contribuiría a que progresáramos adecuadamente. Sin embargo, el hombre, hembra o varón, a veces necesita que se le estimule o excite, mediante un acicate o un aliciente, para moverlo de su cómodo sofá, para sacarlo de su zona de confort, con el claro propósito de avanzar.

Primum vivere, deinde philosophari (“primero vivir, luego filosofar”, dice el latinajo; a mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, le gusta más esa variante de la cita que airea el pensamiento de esta otra guisa: primum bibere, deinde philosophari, o sea, “primero beber, luego —a modo de corolario o como consecuencia de la ingesta de la bebida espirituosa— filosofar”). Una vez hemos conseguido cubrir las necesidades más perentorias, debemos considerar si, además del alimento para el cuerpo, no es tanto o más necesario que este el aliento para la mente.

Ignoro qué piensas al respecto, lector, pero este menda considera que cualquier edad del hombre es propicia para aprender (y disfrutar aprendiendo) y sacarle el máximo partido o provecho a todo lo asimilado; así que, teniendo en cuenta que cada día nuestra sociedad se avejenta más, al estar conformada por personas de más edad, Navarra, si pretende estar a la altura de los tiempos que corren, en la pomada o vanguardia cultural, habrá de invertir más dinero del presupuesto en promover, proponer y provocar la formación continua y diversificar esta también entre los pensionistas con inquietudes intelectuales (personas a quienes sus circunstancias —las que les rodeaban entonces, cuando eran más jóvenes, antaño— no les permitieron cursar estudios universitarios, verbigracia).

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Quien probó lo casual sabe que existe

QUIEN PROBÓ LO CASUAL SABE QUE EXISTE

Dilecta Pilar:

En la biblioteca pública (no sé de dónde has sacado que hay una nueva; ah, sí, ya, de la redacción de mi correo anterior, donde aparecía el sintagma “mi recién estrenada etapa”) tengo crédito, sí.

El viaje no fue desgraciado. Ya sabes que todo depende de las expectativas que abrigabas antes del mismo. Unas veces sale mejor de lo previsto y otras peor, como no se te escapa.

Hay quien no cree en las casualidades (solo lo hace en las causalidades), pero las tales, las llames de esa guisa o serendipias, existen. Quien las probó, como predicaba Lope del amor, lo sabe.

Si los comienzos y finales son iguales o similares, espero que el desarrollo de ambos sea distinto, porque, si no, estaríamos o nos hallaríamos ante el mismo o parecido cuento.

No marras. Tudela y Zaragoza (o viceversa) se llevan el canto de un duro (o euro, por poner la moneda al día) o, si lo prefieres, grado.

Te agradezco sobremanera el abrazo, que siempre fue, es y será bienvenido.

Que sigan, que sigan, las buenas noticias (y es que estamos ahítos de las malas).

Acabo de llegar de Pamplona. Esta tarde le han dado el alta a mi hermano Jesús María, que llevaba desde el viernes ingresado en la Clínica San Miguel, tras caerse de una escalera y fastidiarse la L2 (segunda vértebra lumbar). Esta mañana le ha puesto el ortopeda el corsé, que tendrá que llevar durante 6 semanas (mientras no esté tumbado decúbito supino en la cama). Viene de camino en ambulancia. Yo lo he hecho en el coche que conducía mi cuñada Elena.

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¿Por qué gestas/os seréis rememorados?

¿POR QUÉ GESTAS/OS SERÉIS REMEMORADOS?

(A CUANTOS CANDIDATOS SE PRESENTAN)

Al comienzo del guion de la película “El club de los emperadores”, dirigida por Michael Hoffman en 2002, al final del breve discurso de salutación que el director del Colegio masculino St. Benedict, en lo que parece ser el estreno o inicio del curso académico, que tiene lugar en el salón de actos, dirige a los alumnos de dicha institución les señala: “Si se fijan bien en la inscripción que hay debajo del obispo dice: Non sibi. O no para uno mismo. Resume la filosofía del St. Benedict. La sabiduría que se adquiere aquí tiene que ser empleada para el bien común, no solo para el beneficio propio. Y por último, Finis origine pendet; esas tres palabras las llevan escritas en sus corazones, bajo el escudo del St. Benedict. Es el lema de nuestro colegio; significa: el final depende del principio; el final depende para nosotros del principio”.

Algunas escenas después, el profesor William Hundert (papel que borda el actor Kevin Kline), tras las presentaciones, en la primera lección que les imparte a sus nuevos alumnos sobre civilización occidental, los griegos y los romanos, le pide a uno de sus discentes, Martin Blythe, que vaya al fondo del aula y lea en voz alta la placa que está colocada sobre la puerta de entrada (o de salida) a la clase: “Soy Shutruk-Nahunte, rey de Anshan y Susa, soberano de la tierra de Elam. Yo destruí Sippar, tomé la estela de Naram-Sin y la traje a Elam, donde la erigí como ofrenda a mi dios. Shutruk-Nahunte, 1.158 antes de Cristo”. Cuando termina, le da las gracias y pregunta si alguien conoce al mentado monarca, Shutruk-Nahunte. Les dice que dicho nombre no lo encontrarán en sus libros y les brinda, gratis et amore, el porqué sus hazañas no las recoge ningún libro de Historia: “Porque la gran ambición y la conquista sin contribución al bien común no tienen ningún valor. Y ustedes, ¿en qué piensan contribuir? ¿Cómo les recordará la Historia? ¿Shutruk-Nahunte? Totalmente olvidado. No como los grandes hombres que ven aquí: Aristóteles, César, Augusto, Platón, Cicerón, Sócrates, gigantes de la Historia, hombres de un marcado carácter, cuyos méritos y triunfos sobrevivieron a su época y sobrevivirán incluso a la nuestra. Su historia es nuestra Historia”.

Desde que vi por primera vez el filme arriba mencionado, han ido sucediéndose los días, las semanas, los meses, los años, y he vuelto a ver la película varias veces más; hoy, habiendo superado con creces el medio siglo de edad, más cercano de los sesenta años que de los cincuenta, puedo aseverar que, entre otras, pocas, verdades, estoy seguro de que considero irrefutable, apodíctica, esta: Un hombre (hembra o varón) no es lo que piensa, ni es lo que dice que ha pensado (puede engañar y/o engañarse). A un hombre hay que juzgarlo y valorarlo por lo que hace, sea esto óptimo, bueno, regular, malo o pésimo. Por sus obras o frutos será conocido. Si estas/os son excelentes, será galardonado, premiado, reconocido.

Grosso modo, entre los romanos, de progenitores a retoños, solía transmitirse la actitud aleccionadora, ejemplar, modélica, de un patricio, Cincinato, a quien no se le caían los anillos, pues, él mismo araba sus propias tierras y llevaba una vida austera, sobria. Durante el año 458 a. de C., tras padecer Roma varios ataques de los ecuos, fue nombrado dictador (cargo o dignidad —que asumió y ostentó en una segunda oportunidad, cuatro lustros después, siendo él octogenario— con amplios poderes, durante un espacio de seis meses, para solventar el o los problemas más acuciantes, que habían llevado al Senado a su designación, a fin de no procrastinar la toma de decisiones). Tras derrotar a los ecuos, renunció (eso es, al menos, lo que se cuenta, se dice, se lee) al cargo y a la toga orlada de púrpura que lo distinguía, y volvió a sus quehaceres cotidianos, a arar sus campos. Desde entonces, Cincinato es reputado un dechado de virtud cívica, al usar el poder en beneficio de la comunidad, sin abusar de él.

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Sabes qué versos suelo recordar

SABES QUÉ VERSOS SUELO RECORDAR

Dilecta Pilar:

Visto lo visto, oído lo oído, acaso acaezca el ocaso al seguir a pies juntillas lo que aconsejas, “confiemos en lo mejor”, a no ser que con ello te refieras a que debemos desconfiar de ellas y ellos, de todos los políticos que sean (eso indique, al menos, su natural o normal proceder) poco dados a la decencia y a la vocación de servicio. Entre los tales, los políticos, profesionales o no, hay una amplia gama de aptos y/o de ineptos (según quién mire, claro). Ya sabes qué versos de Ramón de Campoamor, que pertenecen a su poema “Las dos linternas”, me suelen venir en casos similares a las mientes (“Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / ‘todo es según el color / del cristal con que se mira’”). Ahora bien, si ellos, nuestros representantes, son un reflejo de la sociedad donde han brotado o surgido, acaso ni el resto de nuestros conciudadanos ni nosotros mismos (me temo) estemos hechos tampoco para ir bajo palio ni para que se tiren cohetes festivos en nuestro honor.

En este caso, como median tus propias palabras, que aclaran el hecho, lo sé por ti mismo, sin que mi intuición o sospecha hayan tenido que entrar en juego.

Supongo que, una vez que me has enseñado el caramelo o pastel, me darás cuenta del hecho, de qué le regalaste a la autora de tus días, y no me tendrás mucho más tiempo en ascuas.

Si pasas de los políticos (hembras y varones), me temo que acertarás y fallarás o errarás, simultáneamente; porque, depende de cómo mires esa decisión (intenta ver siempre en ella una moneda) que has adoptado o tomado, si contemplas la cara o anverso, será buena, pero si guipas la cruz o reverso, será mala. Creo que le sacarás la parte positiva al asunto si, una de dos, o apenas confiabas en ellos o no esperabas que te sorprendieran gratamente, por su capacidad para desinteresarse por sí mismos e interesarse por el bien común, general, por ejemplo, o por su competencia y probidad (por su arte para aceptar los aciertos ajenos y para admitir las meteduras de pata propias o ser proclive a la autocrítica). Si te defraudan, es que esperabas algo positivo, poco o mucho.

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Qué honor, el lazarillo ser de Borges

QUÉ HONOR, EL LAZARILLO SER DE BORGES

Dilecta Pilar:

Porque te tengo un aprecio o estima especial y te estoy muy agradecido, empiezo a teclear en mi recién estrenada etapa en la biblioteca municipal de Tudela, tras las vacaciones que contraté en el mes de Augusto y he disfrutado en el mes de Jano, contestando tu correo. Luego trenzaré las décimas y los sonetos que fui escribiendo en servilletas de papel (es una manía, porque tengo dinero para comprar folios o una libreta, pero así, fungiendo de poeta pobre, parece que mi musa se muestra más fértil, o rica en ideas sobre las que servidor pueda ir discurriendo y urdiendo luego).

No ha sido mi reciente estancia en el Puerto de la Cruz crucial, ni para tirar cohetes (pero he conocido a dos parejas interesantes: Pablo y Elena, de Amurrio; y José Luis y Máxima, de Benidorm; entre otras muchas personas). Máxima, verbigracia, trabajó cinco años en la residencia “San Camilo”, de Tres Cantos. Conoció a Santaolalla, a su esposa, Rosa, y a Bermejo.

Cierto, pero en la “tecla” (tienes buena memoria; así llamaba mi madre a la biblioteca)… se está tan divinamente.

Quien no se ha reído de uno mismo no tiene los argumentos necesarios para reírse con los demás. De los demás no se debe reír uno (aunque más de una vez lo hizo otrora).

Si el título os gusta a autoras, ilustrador y editor, miel sobre hojuelas. Me suena a eterno retorno. Al claro del bosque, de Zambrano, aunque nada tenga que ver con el tal, con los tales.

Lo único que precisa el viaje es ganas de hacerlo (si es acompañado por quien amas o quieres, mejor que mejor). Ya sabes que, a veces, uno disfruta más antes de hacerlo (o recordando lo imprescindible y memorable del mismo) que mientras lo hace (bendito fue, es y será ese dedo que fue, va e irá recorriendo el mapa).

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Lunes, 17 de junio

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