El Blog de Otramotro

Se coge al mentiroso antes que al cojo

SE COGE AL MENTIROSO ANTES QUE AL COJO

La sectaria (siempre que cuadre, encaje o quepa considerar una secta la formación política en la que un/a afiliado/a, que esté al día en el pago de sus cuotas, milite) secretaria general de ERC, Marta Rovira, acusó ayer en una interviú en RAC1 al Ejecutivo de Rajoy de amenazar al Govern de Puigdemont con un escenario de violencia extrema y muertos en las calles, si este persistía en su intención de declarar de manera unilateral la independencia de Cataluña, como, por cierto, al final, así acaeció, tras la valiente (siempre que el atento y desocupado lector, sea ella o él, acepte que un/a autor/a puede usar el sarcasmo, la ironía más mordaz que una/o aspira a adquirir o escoger en el mercado o abanico abierto de las figuras literarias, en una crónica política, o sea, que servidor pretende decir todo lo contrario, esto es, difamante) votación secreta.

Aunque ante las insistentes preguntas de los periodistas no mostró una sola prueba documental de todo ello, afirmó que las había (dónde, cabe preguntar/se, ¿en el pozo sin fondo donde suele pescar sus aranas?).

Así las cosas, hecha la grave acusación, una vez celebrado el Consejo de Ministros, en la comparecencia posterior ante los medios de Íñigo Méndez de Vigo, el portavoz del Gobierno, este fue interrogado sobre el particular, y, tras recordar otros embelecos contados por las/os dirigentes secesionistas, mendaces redomados, vino a señalar que lo que había dicho Marta Rovira era otra burda patraña o cuenta que había que sumar al rosario de los cuentos que habían sido proferidos por las/os independentistas, cuentistas.

La ministra de Defensa, Dolores de Cospedal, le afeó que hubiera hecho una afirmación tan falsa. Rajoy, en unas declaraciones a los medios, tras participar en la Cumbre Social de Gotemburgo (Suecia), después de haber tildado de falsedad, mentira y vergüenza la amenaza de su Gobierno, aseveró: “Creo que en la vida no vale todo. Cada uno puede defender sus posiciones como quiera, pero esto es intolerable”. El delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, con buen criterio, solicitó a Rovira que rectificara y que reconociera su bellaquería o ruindad; en plata, que había mentido.

Está claro que todos los seres humanos, todos, sin excepción, mentimos. Servidor, verbigracia, reconoce que lo hace cuando urde literatura de ficción (y, precisamente, por esa razón, procura que dicha información aparezca recogida en la parte superior de la bitácora que gestiona, el blog de Otramotro, donde archiva sus textos), pero también echa mano de las llamadas mentiras piadosas; regularmente, con el objetivo de no dañar o molestar a un semejante de manera innecesaria, o como mero juego (aunque alguna vez, habiendo acabado o coronado este, confiesa que ha olvidado señalar, como era imprescindible y necesario, que había sido algo lúdico, que el suceso contado tenía una base cierta, real, verídica, pero este menda lo había novelado para pasar el rato).

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Hay en España... a quien siempre respeto

HAY EN ESPAÑA… A QUIEN SIEMPRE RESPETO

Hay en España a quien, por ser persona, siempre respeto, siempre, pero no cuanto aduce ni menos aún cuanto hace. Son legión, más de seis mil, las/os que repiten hasta la saciedad, como papagayos, sin pararse a reflexionar unos minutos en torno a lo que dicen, que todas las ideas son respetables. No sé si se dan cuenta de la barbaridad que propalan y/o que tal pensamiento supone. No reparan en lo obvio (y que aquí, en este punto o intríngulis del razonamiento, urge a todas luces airear), que dignas de respeto son todas las personas, todos los seres humanos, no sus ideas, porque estas pueden ser descabelladas (por acéfalas y/o ápodas, o sea, por no tener ni pies ni cabeza). ¿Acaso alguno de mis semejantes consideraría respetable y apoyaría que el Gobierno de la Nación X, la que fuera, admitiera que tiene la intención de proponer (con la pretensión de implantar pronto, cuanto antes), como norma general, de necesario cumplimiento, la eutanasia para todas las personas mayores de 83 años, que, por cierto, es la actual esperanza de vida en España, sin considerar otras variables o factores? ¿Acaso alguno de mis semejantes, compatriota o no, consideraría tolerable que aquí se implantara la ablación clitoridiana, la bárbara costumbre africana (que conviene erradicar) de extirpar el clítoris a las mujeres?

Hay en España quien no ha trabajado de mimo (de cuantas/os he consultado, nadie tiene constancia de ello), pero demuestra un ingenio y un denuedo especiales (¿estos dos dones, facultades, habilidades o virtudes, al menos, habrá de reconocérselos/as la opinión pública y la publicada al sujeto singular, excepcional, del que pretendo hacer una etopeya sui géneris?) para, dejando a un lado las labores asignadas o tareas señaladas, venga o no venga a cuento, hacer muchos (no todos los) miércoles una pantomima (sobre todo, para quienes ven la tele sin escucharla y/o las/os sordas/os).

Hay en España quien, como no es un genio (ahora bien, ¿qué hacemos con quienes opinan que tampoco le falta ingenio?), ni un animador del show business, ni está preparado para improvisar o repentizar, se trae el espectáculo (que, si viene a algo, es, básicamente, a dar por el culo —con perdón—, quiero decir, a fastidiar o molestar a buena parte del respetable público) preparado de casa. Supongo que pronto podrá montar un baratillo con todos los trebejos que ha acopiado y exhibido, o venderlos en pública subasta al mejor postor.

Hay en España quien, aunque no es un payaso (profesión tan digna como otras) ni trabaja en un circo (recinto con carpa tan respetable como cualesquiera otros centros de trabajo), goza un montón siendo un intruso y ejerciendo durante unos minutos de tal (aunque el grueso de quienes tienen que soportar sus ridículos números circenses no disfruten nada de nada con ellos).

Hay en España quien demuestra bien, a las claras, que es un dechado, modelo o prototipo andante y parlante de que en las aulas de las escuelas, de los institutos y de las universidades radicadas en dicho territorio se adoctrina en las bendiciones del desfasado, superado y trasnochado nacionalismo.

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¿Se aprenden las lecciones de la historia?

¿SE APRENDEN LAS LECCIONES DE LA HISTORIA?

(¿SERÉ COMO EL CRISTAL DE UNA VENTANA?)

“Quizá la única lección que nos enseña la historia es que los seres humanos no aprendemos nada de las lecciones de la historia”.

Aldous Huxley

Tres años antes de morir, en 1947, George Orwell, seudónimo literario de Eric Arthur Blair, en su conocido artículo “Por qué escribo” trenzó lo siguiente: “Todos los escritores son vanos, egoístas y perezosos, y en la misma cima de sus motivos persiste un misterio. Escribir un libro es una horrible y exhaustiva pelea, algo así como el asalto de una penosa enfermedad. Uno no emprendería nunca tal cosa de no ser arrastrado por algún demonio que no pueda resistir ni comprender. Todo lo que uno sabe es que ese demonio es simplemente el mismo instinto que hace chillar a un niño para llamar la atención. Y además, también es verdad que uno no puede escribir nada que valga la pena ser leído a menos que uno combata constantemente para borrar su propia personalidad. La buena prosa es como el cristal de una ventana”.

Una vez hecha la declaración de principios, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), veremos (en su terreno, incumbencia y criterio razonado queda valorar) si esta urdidura (o “urdiblanda”) de servidor ha conseguido o no su propósito inicial, ser diáfana, transparente, como el cristal límpido de una ventana.

Tengo noticia de que existe una legión de lectores avezados que pensaba (que creía a pies juntillas) que las personas que pusieron en marcha el “procés” catalán eran insensatas, necias, sandias, tontas perdidas o de remate. Hoy, visto lo visto, con la amplia panorámica o perspectiva que da disponer de una visión, si no completa, en una buena parte del conjunto, y, aunque quedan algunos rescoldos en la hoguera, habiendo dado por clausurado el diabólico proceso, ya no sostienen ese parecer, no. Si echan la vista atrás, comprueban bien, a las claras, que dichas mentes (que en un primer momento catalogaron de dementes) pertenecieron y pertenecen a personas que, seguramente (eso intuyen o sospechan), habían leído atentamente las obras de dos autores, dos, George Orwell y Victor Klemperer. Ahora bien, en lugar de señalar a la ciudadanía los peligros que ambos autores habían advertido en una probable e hipotética nación comunista, puesto que eso cabe colegir de la lectura de su novela “1984”, y en la real Alemania del Tercer Reich, como se deduce de los diarios urdidos pacientemente por el filólogo teutón, respectivamente, en vez de ser positivos con el material acopiado, fueron negativos, quiero decir, aprovecharon las lecciones que habían extraído de los trabajos de ambos autores para abonar el terreno que hiciera posible y plausible, cayeran quienes cayeran, la República Catalana.

Los independentistas catalanes (ellas y ellos), a través de la propaganda (plagada de patrañas históricas y de embelecos jurídicos) llevada a cabo por periodistas (hembras y varones), convenientemente persuadidos, en los diversos mass media, que controlaban, convenciendo, una/o tras otra/o, a incautas/os ciudadanas/os, y por maestros y profesores (ídem), en las escuelas, institutos y universidades, que manejaban a su antojo la información interesada, de parte, que repetían un día sí y otro también hasta que quedara fijada, como grabada a fuego, en las mentes de sus alumnos, y el uso iterativo de las palabras de la “neolengua” que colaron y colocaron en medio de cualesquiera conversaciones o debates, tenían una buena parte del camino hecho.

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Cuánto gusano horada la manzana

CUÁNTO GUSANO HORADA LA MANZANA

“PECUNIA NON OLET” (“EL DINERO NO HUELE”)

“(...) Zumba el viento de noviembre en los alambres y postes que se alinean a lo largo de las carreteras que conducen a través del campo. Observo y oigo caer del árbol al linde de la calle una manzana tardía. Tal vez quiera gritar que un gusano la horada (...)”.

Otto Rahn, “La corte de Lucifer. Sabios, paganos y herejes en el mundo medieval”, 2005.

En Roma, durante el Imperio, los orines que se recogían de las letrinas públicas se aprovechaban para diversos fines. Los curtidores, por ejemplo, usaban la orina para adobar sus pieles; y los lavanderos empleaban el amoniaco que contenía la susodicha para blanquear las togas.

Según cuenta Suetonio en su obra “De vita Caesarum” (“Vidas de los doce césares”), Tito le reprochó a su padre, el emperador Vespasiano, que hubiera ideado el propósito de sacarle rendimiento dinerario a las letrinas. El progenitor, raudo como el rayo, le entregó una moneda de oro a su hijo para que la oliera y le interrogó si el olor que esta despedía le molestaba. Como Tito negó con un gesto (rotó la cabeza) y un no (que salió de su boca), Vespasiano lo aleccionó refutándole esto: “Pero dimana de la orina”.

Los diputados (ellas y ellos) de PDeCAT y ERC, a pesar de que hace doce días, el 27 de octubre, tras una votación secreta, se proclamó la independencia de Cataluña de manera unilateral, regresaron ayer a sus escaños en el Congreso de los Diputados para participar en el Pleno de los martes. Ambas formaciones se habían ausentado de las comisiones del Congreso y de los plenos de los martes como muestra de protesta por las cargas policiales del pasado 1-O, fecha del referéndum que, a pesar de los pesares, se celebró, aunque primero fue suspendido y luego definitivamente anulado por el Tribunal Constitucional.

La pela es la pela y a ellas/os quedarse sin pelas no se la pela. Se han dado cuenta, como Tito comprobó otrora, de que el dinero español ni huele ni mancha. Es lo que tiene disfrutar de una mamandurria, de una sinecura. El salario (vocablo que viene de sal) es lo que más salero da a la vida. Y todo lo que les gusta cuesta una pasta gansa.

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Cuando podáis, brindad ayuda, gesta/o

CUANDO PODÁIS, BRINDAD AYUDA, GESTA/O

Dilecta María Antonia Martín Zorraquino (profesora inmarchitable, madrina selecta de la cena organizada por el comité habitual, altruista, con motivo del trigésimo aniversario de la promoción 1982-1987 de Filología de la Universidad de Zaragoza) y memorables y memoriosos excolegas (Pilar —varias—, Ana —varias—, María José —varias—, Raquel, Rosa, Emilia, Celeste, Conchi, Bárbara, Marisa, Juan Carlos, Fran, y un amplio y extenso etcétera —que ninguna/o de las/os que se apuntaron al ágape, seguido o no de gin-tonic u otro combinado de bebida espirituosa con refresco, en el que lo importante, precipuo o principal para mí fue vuestra compañía y lo accesorio, amén de los locales de restauración y ocio, las viandas y los caldos, deje de sentirse nombrado/o por este menda— de gracias de pila):

Suelo decir y escribir (cuando el abajo firmante es el que ha brindado la ayuda —que es una gesta para ella o él, un gesto para servidor—, el que ha propiciado el beneficio ajeno) que no era necesario dar las gracias, pero reconozco que a mí me gusta darlas siempre. Así que a todas/os las/os que acudieron al acto, cruzara palabra con ellas/os o no, gracias, muchas gracias. Y es que, como oportuna y cabalmente (esa es mi opinión al respecto) airea el dicho castellano, de bien nacidos es ser agradecidos.

Desde hace más de una década, febrero de 2006, publico un texto (en prosa y/o verso) al día al menos en Periodista Digital (además de en otros medios —los que se avienen a publicarlo, cuando se lo he mandado previamente, claro—). La bitácora que gestiono se llama “el blog de Otramotro”. La razón de dicho nombre radica, estriba o cabe hallarla en el primer apellido de don Miguel de Unamuno y Jugo: Una(m)uno, Otra(m)otro. Son muchos los motivos o razones por los/as que escogí como arquetipo, dechado o guía al autor bilbaíno. Y, siguiendo con los dichos, como para muestra basta o vale con presentar un solo botón, os suministro a continuación las palabras concretas, que seguramente habéis leído y recordáis de memoria, como este menda, que el rector salmantino pronunció el 24 de abril de 1902 en un discurso en el Ateneo de Valencia: “La libertad no es un estado, sino un proceso. Solo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe; solo la cultura da libertad. No proclaméis la libertad de volar, sino la de dar alas; no la de pensar, sino la de dar pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura; solo la imposición de la cultura lo hará dueño de sí mismo, que es en lo que la democracia estriba”.

Desde que soy pensionista (por incapacidad permanente absoluta), desde que estoy jubilado por enfermedad (tras padecer numerosas intervenciones quirúrgicas, porto una ileostomía), hago lo que siempre quise hacer (leer y escribir libremente). He trenzado varias veces que estoy casado con la literatura. Ergo, como muchos de los vuestros, todos mis hijos son de papel. Tengo ocho sobrinos (cinco féminas y tres varones), dos de cada uno de mi/s hermana/os y cuñadas/o. Ya sabéis el dicho, a quien Dios no le da hijos el diablo le da sobrinos.

Deseo (lo mismo que espero) que disfrutéis a tope hoy, mañana y siempre (con lo que hagáis habitualmente, ¡bendita rutina!, o con lo que vayáis a hacer de manera extraordinaria).

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Carta abierta a las/os independentistas catalanas/es

CARTA ABIERTA A LAS/OS INDEPENDENTISTAS CATALANAS/ES

Atentas/os y desocupadas/os independentistas catalanas/es:

Vayan por delante estas dos consideraciones previas. Primera. Acaso convenga dejar y tener meridianamente claro, antes de entrar en faena, que ser independentista es una opción política tan lícita como cualquier otra, siempre que se asuma y acepte esta conditio sine qua non, este requisito necesario, imprescindible, que, al ser España un Estado de derecho (perfectible, sin hesitación), siempre, o sea, siempre, la persona independentista habrá de acatar las reglas de juego y decir amén a las leyes vigentes. Segunda. Las leyes, como cualquier demócrata (ella o él) sabe (o debería de saber) y ha de admitir sin rechistar, se pueden cambiar (y deben mudarse, sin duda, si no son justas) con el objeto de mejorarlas.

Como muchas/os de vosotras/os sabéis, el primer conde de Romanones, Álvaro Figueroa y Torres Mendieta, que se doctoró en Derecho en 1885 por la Universidad de Bolonia y ostentó, además de los cargos de presidente del Congreso y del Senado, los de ministro y de presidente del Gobierno (que entonces no se llamaba así, sino del Consejo de Ministros), durante el reinado de Alfonso XIII, fue, asimismo, miembro de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, presidente del Ateneo madrileño y director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Seguramente, la mayor parte de vosotras/os conocéis también que es el autor de la celebérrima expresión “¡Jo(der), qué tropa!”. Por si alguien la ignora o la ha olvidado rememoraré, de manera sucinta, la anécdota que propició ese inmarchitable dicho. A don Álvaro le propusieron ser académico de la RAE. Así que acudió a la sede de la mentada entidad para hacer a los miembros de la susodicha una visita de cortesía y solicitarles que apoyaran su candidatura, como por aquel entonces se estilaba. Al parecer, el grueso de los académicos le dijeron que contara con sus votos, pero, llegado el día de la votación, recibió una sonora bofetada metafórica, es decir, la mala nueva de que su candidatura no solo no había salido airosa del brete, sino que, para más inri, no había obtenido ningún sufragio. Tras permanecer unos instantes mudo, como valorando el hecho, comentó (eso confirmó quien estaba atento y lo escuchó) la locución entrecomillada de arriba: “¡Jo(der), qué tropa!”.

Bueno, pues, tras haber trascendido el comportamiento pusilánime de Carles Puigdemont y de varios miembros (ellas y ellos) de su Govern, huidos a Bélgica (ya se sabe que, cuando el barco zozobra, las ratas son las primeras en abandonar el barco) a fin de solicitar asilo político allí (y evitar los procedimientos judiciales contra ellos en marcha), a mí, al menos, no me extrañaría nada (de nada) que, teniendo en cuenta el desleal, cobarde y bochornoso antecedente del pasado viernes, en el que los diputados (hembras y varones) independentistas se sacaron de la manga una urna para votar en secreto (y, de esa guisa, que no se pudiera saber a ciencia cierta qué había votado —aunque varios diputados de CSQP, Catalunya Sí que es Pot, sí enseñaron la papeleta con su no— cada quien) alguna/o de vosotras/os, recordando la anécdota mencionada del conde de Romanones (a quien los individuos con sillón en la RAE o Roma, ciertamente, le dijeron nones), mutatis mutandis, cambiando lo que debe ser cambiado, profirierais: “¡Jo(der), qué Govern, qué mandos!”.

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Está como un cencerro, presidente

ESTÁ COMO UN CENCERRO, PRESIDENTE

Anoche (acaso porque había cenado más de la cuenta y/o porque no fui a andar durante los cuarenta y tantos minutos de rigor, como suelo hacer a diario), a las dos de la madrugada, me desperté agitado y sudoroso. Había tenido una pesadilla. Carles Puigdemont me había contratado como espía y, si no he olvidado lo principal, me dispongo a contársela a usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), con todo lujo de detalles:

Carles Puigdemont había llamado al médico del Palau de la Generalitat. Cuando el galeno hizo acto de presencia, le preguntó:

—Doctor, últimamente, según las fichas y los informes que me hacen llegar los dos espías personales con cuyos servicios me he hecho, a los que pago de mi propio bolsillo, y que se encargan de grabar cuantas conversaciones alcanzan sus diversos aparatos, provistos de sistemas sofisticados, aquí, en el Palau, todo quisque, incluso mis colaboradores más próximos, dicen que estoy como un cencerro o como una cabra.
—Y usted, presidente, por qué cree que comentan eso.
—Seguramente, porque suelo bailar “la yenka” y dudar mucho; porque me gusta jugar al intermitente, ora encendido, ora apagado; al casino y al sino, o sea, al sí, pero no; al blanco y/o al negro; a la independencia con alas y/o a las elecciones (ya sean autonómicas o constituyentes); al ya está o al estalla, porque explota; a liarla y, si es parda, mejor; al vísteme despacio, que me da la risa, cuando llevo prisa; a seguir la definición que dio Julius, “Groucho”, Marx sobre la política (“es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”) al pie de la letra, como gesto o muestra de merecido homenaje al tipo del bigote pintado con betún (y las cejas, que te las dejas —me apunta quien mea puntas o cuchillas de afeitar y chilla, cuando tiene infección de orina—); a cambiarlo todo de arriba abajo o de abajo arriba para que nada cambie, como sostenía otro cuco (¡ojo, que he dicho cuco y no loco!) como yo, Guisseppe Tomasi di Lampedusa en “El gatopardo, y, para no cansarle, usaré una palabra que me gusta mucho colar en mis discursos y poner en mis escritos, porque es esdrújula, etcétera. ¿Es grave, doctor?
—Perdóneme, por favor. Repítamelo otra vez, porque hace dos horas me he tomado una cápsula de mescalina y estoy alucinando en colores.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Carta abierta a Tardà, impar diputado

CARTA ABIERTA A TARDÀ, IMPAR DIPUTADO

“Si el Gobierno persiste en la aplicación del 155, la gente saldrá a la calle de forma pacífica en defensa del Govern legítimo y el autogobierno”.

Joan Tardà

Señor portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados:

Vayan por delante tres consideraciones previas.

Primera. Me consta que en Cataluña hay mucha gente (casi la mitad) que está a favor de la independencia, pero también hay mucha gente, poco más de la mitad, que está en contra de la misma. Un demócrata convencido no solo ha de respetar a la mitad donde él se incluye, sino también a la otra. ¿Usted lo hace? En mi modesta opinión, no. Ahora bien, asumo que puedo estar equivocado. Como usted es filólogo, debe saber qué significa tolerar, pero, por si alguien se decide a leer esta carta abierta y lo ha olvidado, dejaré constancia a continuación de la cuarta acepción que de dicho verbo da del DRAE: “Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”.

Segunda. Habla usted de Govern legítimo, pero, según mi perspectiva, dejó de serlo en el mismo momento en que decidió dedicarse, única y exclusivamente, a gobernar en favor de los ciudadanos independentistas, olvidándose del resto, que fue por él manifiestamente ninguneado. ¿Puede un gobierno seguir llamándose legítimo, después de violentar las leyes (la Constitución y el Estatut) por las que el susodicho ejecutivo es, precisamente, tal? Habla usted de autogobierno, cuando, según mi punto de vista, ha sido, básicamente, ejemplo de desgobierno.

Tercera. Espero lo mismo que deseo, que cada día salgan del armario (o de debajo de las piedras) más catalanas/es como Helena Boadas, hija, por cierto, de la exdiputada de ERC Maria Mercè Roca i Perich, conmilitona suya, en la actualidad edil del Ayuntamiento de Girona, denunciando lo que José Saramago dio en llamar “la colonización del otro”.

¿Qué es lo que ha pretendido, usted (para servidor está claro, embelecar; pero respeto que otras personas opinen de otra manera, y esta sea hasta opuesta a la que sostengo), al aducir tales palabras? ¿Seguir con la misma dinámica (la de sentirse víctima antes, durante y después del esperpento) que tuvo su momento crucial el pasado 22 de septiembre en la Universidad de Barcelona, en la que vino a decirles a los universitarios (ellas y ellos) allí presentes y concentrados, que escucharon su alocución, que serían traidores a su (supuesta) patria (catalana) si no la defendían de (la autoritaria potencia que, supuestamente, la había colonizado) España?

Con la frase del exergo, lo manifestado entre comillas arriba (llámeme malpensado si quiere, pero), ¿no habrá querido más bien apelar a los ciudadanos catalanes afines a sus ideas, para que se opongan a la aplicación del 155 y defiendan lo que algunos miembros del Govern (entre otros, algunos diputados pertenecientes a su propio partido, ERC), que conculcaron (la legalidad vigente) y fueron desleales (a la Constitución, al Estatut, y al reglamento del Parlament), no han logrado, en el tablero y con las reglas de juego establecidas, por la vía legal que aún rige?

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¿A qué golpe de Estado se refiere?

¿A QUÉ GOLPE DE ESTADO SE REFIERE?

Avui Rajoy amb una enorme irresponsabilitat ha anunciat un cop d´estat de facto, amb el qual pretén apropiar-se les institucions catalanes” (“Hoy Rajoy con una enorme irresponsabilidad ha anunciado un golpe de Estado de facto, con el cual pretende apropiarse de las instituciones catalanas”).

Carme Forcadell, escribió el texto precedente en la red social Twitter el sábado pasado, 21 de octubre de 2017.

Señora Carme Forcadell, presidenta del Parlament:

¿A qué golpe de Estado se refiere? ¿Al que dio usted (cargándose de hecho la ley de leyes, el Estatut y el reglamento de la propia Cámara que preside), de consuno con el resto de los desleales diputados independentistas los pretéritos días 6 y 7 de septiembre? Siento tener que escribírselo así, de manera tan cruda, pero hace falta ser una cínica redoblada, redomada, de tomo y lomo, para ver la paja en el ojo ajeno, o sea, un golpe de Estado en el anuncio que hizo Rajoy de la puesta en marcha del artículo 155, una medida excepcional, sin duda, para corregir las conculcaciones o desafueros, desobediencias y demás desmanes cometidos por usted, los miembros del Govern y algunos diputados en el Parlament, a fin de que la Generalitat vuelva a la senda de la ley, de cuyos límites o lindes no debería haberse apartado jamás, de la Constitución de 1978, y no ver la viga en el ojo propio, el golpe de Estado que dio usted (recuerdo que subtitulé la urdidura o “urdiblanda”, en la que hablaba de todo ello, “Del ‘Tejerazo’ al ‘Forcadellazo’”) en el Parlament las dos aciagas jornadas mencionadas arriba.

A ver si usted, habiendo transcurrido más de un mes de aquella epístola (que apareció publicada en las ediciones digitales de varios diarios) que suscribió y, de común acuerdo con Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y Ada Colau, le mandaron al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (con copia al rey), logra explicarme (sin pretender tomarme el pelo, claro) cómo casa o encaja usted el inicio de la misiva en cuestión (“Los conflictos políticos se resuelven, en los sistemas democráticos, a través de propuestas políticas que son consecuencia de negociaciones y diálogo”), con el comportamiento de parte que tuvo usted los días indicados en la Cámara catalana, en la que mostró, con o sin rodeos, y demostró, con o sin embozos, su faceta secesionista, su perfil parcial, su papel preponderante en el golpe de Estado. ¿Los comportamientos que durante esas dos jornadas tuvo usted no dejaron al descubierto lo contrario de lo que cabía esperar de quien había sido elegida para ejercer tan alta dignidad de una manera imparcial: limpieza y respeto máximos a las formas y al fondo de la legalidad vigente? Cuando el secretario general de la Cámara, Xavier Muro, rehusó publicar la ley del referéndum de autodeterminación en el Boletín Oficial del Parlament (BOP), ¿no bendijo, dio por bueno o permitió usted, al no formular ninguna objeción al respecto, que los cuatro diputados de Junts pel Sí en la Mesa la publicaran? Para mí está claro que sí. ¿Tuvo la gallardía de dimitir? No. ¿Sigue usted ignorando o sin darse por enterada de que, mientras no se cambien los artículos 1 y 2 de la Constitución Española, Cataluña continuará siendo una parte importante de España? ¿Recuerda cómo toda la oposición (Joan Coscubiela, de Catalunya Sí Que Es Pot, estuvo el día 7 en la tribuna del Parlament a la altura de las circunstancias, sembrado, genial, haciéndose digno acreedor de la ovación que le tributaron los diputados de C´s, PSC, PP y CSQP) coincidió en afearle a usted que hubiera pisoteado de facto los derechos de los diputados catalanes contrarios al referéndum? Es evidente que la opinión de Xavier Muro no la tuvo en cuenta. ¿Acaso no hizo tres cuartos de lo mismo con el parecer del letrado mayor, Antoni Bayona, y, asimismo, con el criterio del Consejo de Garantías Estatutarias (a pesar de sus reiteradas advertencias)?

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Etopeya de Carles Puigdemont (I)

ETOPEYA DE CARLES PUIGDEMONT (I)

Anteayer, pocos minutos después del mediodía, de camino a la biblioteca pública de Tudela, a la altura del cerrado cine Regio, o sea, al principio o al final (según se mire) de la calle Miguel Eza, me encontré con quien hacía tres o cuatro años que no veía (vive en una localidad cercana a la capital de la ribera navarra, pero trabaja en otra y es madre de dos niñas pequeñas), una de las alumnas más aventajadas que tuve durante los dos años que impartí la asignatura de Creación Literaria en el Centro Cívico La Rúa. Después de saludarnos y darnos sendos ósculos castos en ambos lados de la cara, me preguntó, sin ambages, por mi salud y, a renglón seguido, casi sin darme tiempo a extenderme en la respuesta (me quedé en que, a pesar de mis crónicos achaques, me encontraba bien), por qué pieza (en prosa o verso) tenía en el telar. Le dije la verdad, que mi propósito era hacer un retrato moral de Carles Puigdemont, pero que, salvo el título de dicho texto en prosa, un endecasílabo, no había urdido una sola línea. Entonces ella me adujo que, como era una habitual lectora mía (yo contaba con que ella siguiera siendo una de las cinco o seis personas que me leen a diario desde hace más de una década), conocedora exhaustiva, por lo tanto, de mi estilo, por qué no continuaba fungiendo como el guía o profesor que fui para ella otrora y le encomendaba o (pro)ponía como ejercicio literario que, remedando (sin descartar la burla) y hasta emulando mi manera de escribir, llevara ella a cabo, como si fuera yo el verdadero hacedor de dicha urdidura (o “urdiblanda”), esa susodicha tarea.

Hoy, cuando todavía se hallaba este menda bloqueado, sin seguir la recomendación que Cayo Plinio Cecilio Segundo (“nulla dies sine linea”, o sea, “ningún día sin línea”), más conocido por Plinio el Viejo, hizo, mutatis mutandis, en su “Historia Natural”, tras narrar una manía del griego Apeles de Colofón, pintor oficial de Alejandro Magno, que no dejaba pasar un día sin dibujar, al menos, un trazo, he abierto el buzón y he hallado allí un sobre sin dirección (solo ponía en mayúsculas y bolígrafo “a la atención de Otramotro”) ni remitente. Lo he abierto y contenía tres folios escritos por una sola cara; y la autora era, sí, por supuesto, mi exalumna aventajada. El primer folio decía así:

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Carta abierta a las/os íntimas/os de Daphne

CARTA ABIERTA A LAS/OS ÍNTIMAS/OS DE DAPHNE

Apenadas/os íntimas/os de Daphne:

Os mando, de corazón, mi pésame sentido y sincero por la muerte (tras un evidente y deleznable atentado terrorista, que la policía maltesa, si hace bien su trabajo, se encargará, sin duda, de dilucidar y de llevar a los autores —ya directos, ya indirectos— y responsables —ora intelectuales, ora materiales— de tan indigno crimen ante los tribunales de justicia) de vuestro deudo y/o amiga, Daphne Caruana Galizia, acaecida el lunes pasado.

Si uno/a es un/a periodista convencido/a, asume que su primera obligación es indagar, o sea, intentar averiguar qué es lo que ha ocurrido, para, echando mano de los materiales acopiados, contar la verdad. Daphne lo era. Y ahí está lo que fue publicando en su bitácora, sendas denuncias de cuantos abusos, desmanes o tropelías sin cuento tenían su origen en la isla de Malta. De cuantos casos de corrupción tuvo conocimiento queda constancia expresada, de manera breve o por extenso, en su blog.

Cada vez que alguna persona muere, suelo recordar el siguiente fragmento de “Devociones para ocasiones emergentes” (1624) del poeta metafísico inglés John Donne: “Nadie es una isla entera en sí mismo; cada hombre es un pedazo de un continente, una parte de la Tierra. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; por eso la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”. Por cierto, ese es el epígrafe o exergo que escogió Ernest Hemingway para que encabezara su novela “Por quién doblan las campanas” (1940). Ahora bien, cada vez que algún periodista (ella o él) resulta occiso, a causa de un atentado, además, vuelvo a rememorar los tres primeros versos de la “Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, en su valimiento” (1630): “No he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo”. Tal vez, esos tres versos endecasílabos, que, desde el día que me los aprendí de memoria, no he olvidado, sean temerarios. Acaso a todas/os nos convenga recordar más, por ser a todas luces más razonable y sagaz, el oportuno apunte que en su novela “El guardián entre el centeno” (1951) Jerome David Salinger hizo del psicoanalista austríaco Wilhelm Stekel, que distinguía entre una persona imprudente y otra cauta en estos términos: “Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”.

El párrafo precedente tiene que ver bastante con lo que ya sabéis (seguramente, por mejor tinta que la mía), que hace dos semanas Daphne acudió a la Policía a denunciar que había sido objeto de varias amenazas.

Cuando un lector (hembra o varón) pasa su vista por algunas de las líneas que escribió Daphne (“la vida pública de Malta padece a hombres peligrosamente inestables, sin principios ni escrúpulos”) no encuentra explicación, no, de ninguna de las maneras, a su brutal asesinato, pero sí da con algunas de las claves (dónde buscar y/o podrían hallarse los culpables) del mismo.

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Cada día que pasa más me asombro

CADA DÍA QUE PASA MÁS ME ASOMBRO

Acabo de leer la segunda carta que Carles Puigdemont, el president del Govern de la Generalitat, le ha enviado a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España, durante la presente semana. En su último párrafo reconoce lo que para muchas/os, a pesar de la incontrovertible ambigüedad (a la que es tan aficionado el mandamás catalán) de sus palabras, estaba claro, que el Parlament no votó la “declaración formal de la independencia” el pasado 10 de octubre.

Desde el punto de vista ortográfico, no he hallado en la misma otro error que la ausencia de la necesaria tilde en “continúa”.

En todo lo que tiene que ver con el “procés”, cada día que pasa va creciendo un poco más si cabe (que sí, que cabe) mi asombro. Me admira sobremanera que el monotema, el asunto por antonomasia o excelencia, el omnímodo, pues, ciertamente, lo abarca, abraza y/o comprende todo (aunque todavía no me he echado a la cara a nadie que goce de los dos preceptivos e inexcusables dedos de frente —y que no haya sido contagiado previamente con alguna de las dos cepas de la gripe actual, la del derecho de autodeterminación o a decidir y la del nacionalismo— que lo comprenda en toda su extensión y logre explicar, de manera razonable, cómo una región española boyante, rica, con estupendas expectativas de negocio, como era Cataluña —no abrigo ninguna duda al respecto—, haya decidido, porque le ha dado esa venada, hacerse el haraquiri) siga dando tanto de sí.

Considero que los diputados catalanes (hembras y varones) afectos al soberanismo y los miembros independentistas a machamartillo del Govern, por no haber coronado lo que era condición sine qua non que llevaran a cabo o completaran, la imprescindible autocrítica, han sido unos irresponsables mayúsculos, morrocotudos. ¿Ninguno de los tales se ha dado cuenta de que los excesos cometidos por ellos eran de tomo y lomo? ¿Ninguno ha reparado en lo obvio, que no solo se han limitado a incumplir las leyes vigentes (la Constitución y el Estatut), por medio de las cuales ellas y ellos fueron elegidos, sino que, habiendo llegado a batir la plusmarca de la desobediencia, han conculcado incluso, sin ningún miramiento, que no miento, no, las leyes que aprobaron los aciagos días 6 y 7 de septiembre en el Parlament? ¿A ninguno se le ha caído la cara de vergüenza, si es que han hecho el esfuerzo de rememorar todo lo que ocurrió allí durante esas dos jornadas infaustas, cómo contribuyeron a violentar, de manera flagrante, el reglamento de su propia Cámara?

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Martes, 21 de noviembre

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