El Blog de Otramotro

¿Por qué la Navidad no dura el año?

¿POR QUÉ LA NAVIDAD NO DURA EL AÑO?

(ACASO MÁS QUE BIEN HICIERA DAÑO)

Dilecta Pilar:

De nada. Al parecer, los recuerdos que guardaba en mi memoria no eran tan buenos. Con la ayuda del “espabilaburros” (así llamo al ordenador o móvil con acceso a internet y, por extensión, también, al buscador Google) he comprobado que era conocido como “el raro” (que es algo que se le puede llamar a un loco —y de ahí mi equívoco, sospecho—) de Getafe, que es, seguramente, lo que dijo José-Carlos Mainer en clase.

El sábado (día que aprovecho para hacer la limpieza general de casa e ir a comprar al supermercado DIA más cercano a mi domicilio) estuve escribiendo décimas sin cuento (¡mira que eres exagerado, Otramotro!, media docena, que publicaré los primeros días de esta semana, de lunes a jueves), agrupé los correos que te envío conformando otra epístola, que lleva el título provisional de “Lanza acertó en el blanco/centro con su lanza”, y a las veinte horas y treinta minutos quedé en la Plaza Nueva o de los Fueros para tomar unos zuritos con mi amigo Pío, exalumno de los Camilos de Navarrete, que nació en Corella pero vive en Tudela. Ayer por la mañana estuve en el “Ciudad de Tudela” viendo el Tudelano-Athletic de Bilbao B (0-1). Álex Sánchez, qué pena, falló un penalty. Por la tarde aproveché para leer El País. Terminaré de leer los dos ejemplares (que compro durante el “finde”) a lo largo de la semana.

Te confieso que me he sonreído hoy al leer las firmas de tus dos últimos correos: Polar y Piar. Ya sé que todos nos equivocamos (y más con las prisas) a la hora de pulsar las teclas del ordenador, insisto, todos, sin excepción, pero me ha hecho sonreír, de veras, leer que eres (me consta que no hay una pizca de vanidad en ello) la misma estrella Polar (así aparece escrito, tras mandarme un abrazo; acaso querías dar a entender que hacía un frío que pelaba en Zaragoza) y que te gusta Piar (a cuantos trenzamos nos agrada hacerlo oralmente y, antes o después, también por escrito).

Un amigo (si de verdad lo es) no puede ser justo con los libros de sus amigos (ellas y ellos). Los de estos están entre los mejores del mercado (eso mismo piensa una tía de sus sobrinos, una madre de sus hijos y una abuela de sus nietos).

Como coincido en el parecer (todos los seres humanos erramos; y los herradores, además, lo hagan bien o mal, o sea, (y)erren —sumen una ye protética o no—, incorporan una hache ídem a dicho verbo), no agregaré nada más.

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¿Anhelas el milagro, la belleza?

¿ANHELAS EL MILAGRO, LA BELLEZA?

“El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor”.

Confucio

Aunque no hayamos estudiado nunca latín, está claro, cristalino, que el grueso de las personas que leemos a diario periódicos digitales o de papel, libros, revistas, etc., con total seguridad nos hemos echado varias veces a los ojos, a lo largo de nuestra corta, mediana o larga vida, la locución latina “errare humanum est” (“errar es humano”). Como nadie, salvo tal vez quien se halle recluido en un manicomio por orate, lugar más apropiado para la estancia de un loco que una prisión, puede poner en tela de juicio dicha expresión, cabe preguntarse qué hacemos con ella para extraerle el máximo jugo, el óptimo rédito. Acaso haya alguien que se atreva a refutar esto, que pueden hacerse, al menos, dos cosas interesantes: reconocer el o los hechos, que nos hemos equivocado, y aprender de los yerros cometidos para evitar caer de nuevo en ellos. El latinajo puede completarse y suele complementarse con la locución adversativa (“sed perseverare diabolicum”, “pero perseverar es diabólico”), pues el añadido denota contrariedad, oposición o pero. Así que no me extraña nada (de nada) que a mi hermano Eusebio le dé por aducir (en dos situaciones tan distintas como distantes —o no tanto, como a primera vista, quizá, pudiera parecer—, como haber padecido algún achaque, indisposición o molestia, o haber incurrido en alguna equivocación humana) que quien no tiene un pero tiene un manzano.

Si el epígrafe que encabeza este texto, lo que dicen que dijo Confucio, tiene aquí y ahora vigencia, que parece que sí, puede que no desentone seguir deambulando por dicho derrotero (no olvidamos la joya que leímos antaño en el “Juan de Mairena”, donde Antonio Machado cuenta qué dijo el susodicho, profesor apócrifo suyo de gimnasia y retórica ideado por su propio magín, que salió en cierta ocasión, a su vez, de la mui de su maestro Abel Martín, que “pensar es deambular de calle en calleja, de calleja en callejón, hasta dar en un callejón sin salida”) y concluir lo siguiente, que, como todos los seres humanos, todos, sin excepción, seamos hembras o varones, erramos, todos, seamos ellas o ellos, debemos pedir disculpas por nuestros yerros (ora pequeños, ora grandes, ora irrelevantes, ora de bulto) o, en su defecto, solicitar, contritos, perdón.

Como compro El País los fines de semana, pondré dos ejemplos de yerros que hallé, entre otros, en el ejemplar del sábado pasado. En la portada, bajo el título de “El juez niega a los líderes del ‘procés’ presos asistir al pleno del Parlament” la periodista que firmaba la crónica (como se puede comprobar, sigo la recomendación que hace la paremia española de decir el pecado, pero no airear, esto es, silenciar, el nombre y primer apellido de la pecadora) escribió lo que el atento y desocupado lector, ella o él, pudo leer: “Así lo decidió ayer el juez Pablo Llanera (sic), que por otra parte ordenó a la Mesa (...) pero no “a otros”, según escribe Llanera (sic)”. Está claro que el apellido del juez instructor es Llarena, no lo que se lee, una metátesis del mismo. En la página 21, bajo el rótulo de “EL PAÍS responde a la manipulación informativa de TV3”, sin firma, se lee: “Irene (sic) Arrimadas, líder de Ciudadanos”. Es evidente que Arrimadas se llama Inés.

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Tres fueron a contarte aranas, Pablo

TRES FUERON A CONTARTE ARANAS, PABLO

Ignoro la razón (la sé, pero se la ahorro de tener que leerla a usted, atento y desocupado lector, sea hembra o varón, y me la callo, para no tener que darme luego con ella un golpe sin querer en el ídem, el callo). Me consta que, de un tiempo a esta parte, cuando algunas personas, que están presas de manera preventiva en la cárcel, acuden ante el magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llarena a declarar, demuestran haberse creído a pies juntillas lo que jamás de los jamases leyeron, o sea, ser unos epígonos o seguidores a ultranza, quiero decir, unos fanáticos de tomo y lomo de una frase cínica, atribuida a Julius, “Groucho”, Marx, quien, como el atento y desocupado lector, sea ella o él, sabe, a ciencia cierta, no ideó (como otras del mismo o aún peor jaez, que también se le adjudican): “Damas y caballeros, estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”.

Me hago cruces al comprobar, un día sí y otro también (o varias veces en una misma jornada), de cuánto Saulo suelto hay por ahí con el ánimo de emular a aquel, de igual nombre, que se cayó del caballo y vio claramente la luz que le señalaba el camino (la más o menos breve estancia carcelaria ha devenido, por arte de birlibirloque, un magnífico medicamento —y es que se han producido más milagros o prodigios maravillosos en prisión que en los santuarios de Fátima y Lourdes juntos—; a las pruebas me remito: Artur Mas ha menguado o devenido en menos, pues ha dado otro paso al lado; Carles Mundó ha renunciado a su acta de diputado y vuelve a trabajar como abogado; Carme Forcadell, que adujo en cierta ocasión “ni un pas enrere”, “ni un paso atrás”, ha decidido renunciar o no postularse ni aspirar a ser la próxima presidenta del Parlament) a seguir, y ahora atisba o avista el futuro que le espera lejos de la política (si no quiere volver a frecuentar a internos, o sea, a vivir entre barrotes).

Desconozco si el magistrado Llarena vio (me consta que ha acopiado suficiente documentación e información videográfica para saber si los Jordis le han intentado colar gato por liebre, mentir como bellacos o no) en directo (en varias cadenas de televisión, como hizo el abajo firmante) lo mismo que mis ojos cataron: a los dos Jordis (Sànchez y Cuixart), micrófono en ristre, subidos encima de un jeep de la Guardia Civil, alentando a la gente que se iba arremolinando ante (o en torno de) la sede de la Consejería de Economía de la Generalitat, adonde una comisión judicial, mandatada por un juez, se había desplazado allí para cumplir o llevar a cabo la labor o tarea encomendada. Ciertamente, ambos alternaron, fluctuaron u oscilaron entre la cal y la arena, pero dieron más de la una que de la otra (no, no abrigo ninguna hesitación al respecto). Así, al menos, lo vivió (y lo escribió) otrora servidor, Otramotro.

A la hora de defenderse de los delitos que se les imputan los presos pueden embelecar cuanto les agrade (sin que dichas mentiras les perjudiquen, claro) o venga en gana, pero el juez instructor ya sabe de qué pie cojean (desean salir cuanto antes de la cárcel) y a qué deben atenerse sus resoluciones (a los hechos y a los fundamentos de derecho). No sé qué tuit será capaz de escribir Gabriel Rufián cuando tenga conocimiento de los repentinos cambios de piel (hiel por miel o viceversa) experimentados por tanto/s judas. Tampoco qué pensamiento ideará Joan Tardà, independentista a machamartillo, fanático iluso de la República Catalana, que, sigue, erre que erre, incoherente, chupando de la teta del Estado, sin haber renunciado todavía a seguir cobrando del erario público los muchos miles de euros que recibe por ser diputado y portavoz de ERC en el Congreso.

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Lanza acertó en el blanco/centro con su lanza

LANZA ACERTÓ EN EL BLANCO/CENTRO CON SU LANZA

Dilecta Pilar:

Supongo que estarás contenta con que las obras de arte que estaban en el museo de Lérida (o Lleida) hayan vuelto al monasterio de Sijena (o Sigena). Hay que ver lo que unas/os y otras/os entienden por e(x-s)polio o saqueo. ¡Manda narices (por no usar otro vocablo más procaz o soez)! Ahora sí que no me quedan dudas (o no me extraña nada —de nada—) sobre cómo han podido convencer (con un rosario de patrañas sin cuento o con embelecos por cuentas, claro) los representantes de los partidos secesionistas en Cataluña a tantas/os partidarias/os de su entelequia, la independencia de la República Catalana.

En el caso contrario (si los bienes hubieran sido catalanes y no aragoneses), no te puedes hacer una idea aproximada (bueno, tú sí, y bastante exacta, precisa) de qué hubieran largado las/os catalanas/es soberanistas (sapos, culebras; amén de rayos y truenos, como si de un redivivo Zeus olímpico se tratara) por sus muis o sinhuesos. Algunas/os en la defensa a ultranza de lo suyo llegan hasta el máximo paroxismo y/o ridículo, hasta hacer una apología de sus propios eructos o cuescos (pues los gases que expelan por arriba o por abajo, por ser suyos, no huelen ni a ajo ni a metano, sino a perfumadas rosas). Son legión las/os que no son conscientes del mal (difícil de curar) que han sembrado o generado entre otras/os catalanas/es.

Voy a ver si me pongo a la tarea que quedó inconclusa o pendiente ayer y doy oportuno remate al texto sobre los improperios que le lanzó el profesor Jordi Hernández Borrell a Miquel Iceta. Espero publicarlo en mi bitácora hoy a las 14 horas.

Dedícate a deshacer el embrollo. Te consta lo que otras veces te he escrito, que no tienes ninguna obligación en contestar las apostillas o escolios que contienen mis correos. Me he propuesto que fueran más breves para solidarizarme contigo y tus numerosos líos literarios.

Ya sabes que el amor y el humor solo con el amor y el humor se pagan. Tú también lo harás conmigo cuando toque, si es que algún día toca. No sé si siempre te comprenderé, pero lo que sí sé es que te apoyaré siempre (salvo en una situación improbable e hipotética, en la que no podré brindarte mi apoyo, porque lleva aparejada pena de cárcel; no obstante, me temo, barrunto o sospecho, jamás de los jamases me lo pedirás).

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La vida es un poliedro de ene caras

LA VIDA ES UN POLIEDRO DE ENE CARAS

Dilecta Pilar:

Cuenta, cuenta, pero obvia lo escabroso (si es que lo hubo), que luego tengo pesadillas; aunque, a renglón seguido, sin solicitártelo expresamente, te pida que lo cuentes todo, porque acaso lo aproveche más tarde para el cocinado (trenzado, más bien) de otros textos.

Ya sabes, querida amiga, que, para poder acceder a Facebook, se me exige lo que no estoy dispuesto a conceder.

La semana que viene volveremos a la rutina. ¡Bendita rutina (a pesar de los pesares)!

¡Sorpresa, sorpresa (que no quiere decir doble monja enchironada, no)! Había olvidado que hoy, sábado, sí abría el Centro Cívico “Lourdes” (me ha recibido dentro de la “pecera” Andrea —una chica que hace sustituciones, suplencias, quiero decir, que no forma parte del personal habitual en le recinto, vaya—, que no se ha sorprendido al verme aparecer). Ya me conocía.

Que lo que cuentes en tu cuento venga a cuento (ya, ya sé que lo haces, pero me ha brotado o surgido el retruécano, ¿qué querías que hiciera? —me he decidido por escribirlo, para que quedara constancia—).

Me gustó mucho ayer y me ha petado sobremanera hoy, que la he vuelto a releer en La lámpara encendida. Me he vuelto a ver (en pequeñito y sin barba —ocultada por la cabeza de una compañera—) delante de nuestra mentora María Antonia, en la foto que incorporas o sumas en tu bitácora. Bienvenida la reivindicación de la accesibilidad al Paraninfo que reservas para el final.

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Deja estela (no añado lo que huelga)

DEJA ESTELA (NO AÑADO LO QUE HUELGA)

Dilecta Pilar:

Está claro, cristalino, que a los escritores (a ellas y a ellos, a ti y a mí) les/nos llena escribir a diario. Escritor/a es la persona que, cuando se inició en estas lides de colocar una palabra tras otra con coherencia y cohesión, saboreadas las primeras mieles, las que le reportó poner la primera vez su firma a un texto literario, ya no puede dejar de escribir. Y esto es así desde aquel día en el que entendió lo que convenía, pero no había asimilado todavía, que a escribir solo se aprende escribiendo. No hay otra manera. Se empieza siendo lector/a y, si uno/a cae en las garras y las fauces de la literatura y se atreve a urdir poemas y prosas, ya no puede dejar de escribir, de ejercer de escritor/a.

Celebro que hayas pasado un buen rato leyéndolo.

Vive y bebe en la cordobesa Lucena un sorbo de vino a tu salud (a la de Jesús y, si no tienes inconveniente, te agradecería que fuera también a la de tus allegados, a la de Bermejo, a la del finado Santaolalla y a la mía). Deja estela y/o huella (no añado que buena, porque sería tautología).

Aunque de la docena de acepciones que brinda o recoge el DRAE del vocablo “vicio” hay que llegar a la undécima para hallar el uso (eso infiero, al menos, al leer tu correo) positivo que haces del término, “cariño, condescendencia excesiva, mimo”, asentiré, diré amén.

Pues me parece que harás lo correcto. Ya sabes lo que dicen que dijo un sueco (que no se hacía el tal mientras lo decía): una alegría compartida es una alegría doble; una pena compartida es la mitad de una pena.

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No somos extraterrestres, no, vate

NO SOMOS EXTRATERRESTRES, NO, VATE

Dilecta Pilar:

Y debajo de nuestra piel también hay que mirar, sí, por supuesto (que ni tú ni yo somos extraterrestres, aunque a alguien se lo parezcamos).

Está claro que, según tu perspectiva, Facebook es una herramienta (o) útil. Así que es lógico y normal que te aproveches de él (o ella, si el vocablo es femenino, que lo ignoro; y es que ahora hay que hilar muy fino para decir y/o escribir lo que uno piensa sin que le puedan reprochar luego los demás lo que acaso haya o no, animus laedendi), que le saques el máximo rendimiento, el esperado y adecuado. Prefiero leer tus textos en La lámpara encendida (quizás sea un prejuicio mío —y ya sabes cuántos perjuicios son capaces de arrastrar uno solo de ellos—, pero Facebook se parece más a la lámpara apagada o escindida de la luz), tu bitácora.

No se te escapa la lección que encierra ese latinajo que dice: Adde parvum parvo, magnus acervus erit (“Añade un poco a otro poco y el montón será —se hará— grande)”.

La literatura (que es un poliedro variopinto, con muchas caras o facetas), te agrade o te disguste, para mí también tiene mucho de juego.

Como me pides (en la carta a la que contesto) “decimillas”, por otro canal, te enviaré más tarde una décima, una undécima y una duodécima que he trenzado este “finde” (ya me dirás qué te han parecido, si te apetece, cuando las leas).

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La vida es una caja de sorpresas

LA VIDA ES UNA CAJA DE SORPRESAS

Dilecta Pilar:

Que conste en acta (la advertencia que te hago de) que no tienes ninguna obligación de responder a mis correos si tienes cosas más interesantes que coronar o culminar. En esta vida siempre hay un montón de labores o tareas más importantes y perentorias que llevar a cabo que la de darme (y darte) el gustazo de que contestes (de responder) a mis correos (y disfrutad del amor, la sal de la vida —el vocablo precedente, correos, tomado por el imperativo plural, casi casi imponía que saliera servidor por peteneras, con la incoherencia que cabe hallar y leer entre estos guiones largos o rayas—).Yo, sin embargo, siempre lo intentaré y lo haré. No dejaré de contestarte, siempre que siga vivo, claro (que si me he ido por propia iniciativa o por que me han hecho ir, por un medio u otro, te enterarás —lamento haber usado hoy, aquí y ahora un humor tan atrabiliario, negro, nigérrimo, pero como lo tenía al alcance de la mano mientras andaba decorando el escaparate,…; aunque te resulte extraño, es la forma que he elegido para decir que no le hago ascos a ninguna de las herramientas literarias que guardo y obran en mi más maletín que caja de tales cuando me pongo a urdir las ideas que se me pasan por la cabeza, vaya—).

Si no haces ninguna rebaja (hoy, que tantos ciudadanos en el mundo, ellas y ellos, estamos cayendo en las fauces o las garras del “Black Friday”), lo veo estupendamente, de veras.

Yo he leído también tu artículo (¿“Hermana sequía”? —tienes una manera original, muy franciscana, personal, distinta, de ver, sin duda, lo que otras/os calificamos de pertinaz, bueno, bueno, menos lobos, que ahora mismo están cayendo unas cuantas gotas de lluvia… para mojar el suelo, un más sirimiri que calabobos, en Tudela—, sí, convendría que eliminaras los signos de interrogación, porque acabo de cerciorarme y comprobar que ese es su título en tu bitácora: La lámpara encendida) esta mañana.

Más que amigos eran conocidos. Los verdaderos amigos son pocos y se suelen contar con los dedos de una mano. A mí, al respecto, me gusta recordar lo que dejó escrito en letras de molde Santiago Ramón y Cajal en “Charlas de café” (1920): “Hagamos notar que, cuando un hombre de ciencia presume de muchos amigos, casi siempre se trata de un cuco o de un holgazán. No se conservan varias amistades íntimas sin cultivarlas asiduamente, y este cultivo resulta incompatible con una vida de concentración intensa y de trabajo austero. En suma: o se tienen muchas ideas y pocos amigos, o muchos amigos y pocas ideas”.

Así es, todos somos (y conformamos una inmensa) una caja de sorpresas si invertimos unos minutos de nuestro preciado y precioso tiempo en mirar lo que hay debajo de la piel del otro o de la otra.

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Tercera carta apócrifa a Jesús, un amigo de Otramotro

TERCERA CARTA APÓCRIFA A JESÚS, UN AMIGO DE OTRAMOTRO

Dilecto Jesús, amigo de este bululú y/o decimero:

Así es: “La mejor novedad es que no la haya” ha devenido una frase proverbial, que, por cierto, solía proferir e iterar con leves variantes mi tío Jesús, “el Pato” y/o “el Vasco”. En mi caso, te diré que dentro de un tiempo (aún no sé la fecha —el otro día solo firmé el consentimiento—, exacta) van a operarme de nuevo en Pamplona. Tienen que reconstruirme la ileostomía. Mi estoma (que últimamente sangraba por nada, ocasionándome anemias de continuo) se ha hecho tan largo y tan gordo (que se ha “prolapsado” —es la expresión médica—, vaya) que hay que quitarlo y hacer con parte del intestino delgado otro nuevo. Cuando reciba por correo normal la cita para acudir al anestesista (ella o él), tendré en cuenta la advertencia que me hizo la doctora de que ocho o diez días antes habré tenido que ir para hacerme (mejor, que me hagan) el “preoperatorio” (análisis, placa de tórax y electrocardiograma).

Un día que nos juntamos te dije y en varias ocasiones te he escrito que no tenías ni tienes ninguna obligación de apostillar mis urdiduras (o “urdiblandas”), que eras y eres libre de leer y comentar y, al mismo tiempo, de no leer y de no escoliar, como yo de contestarte o de no hacerlo. Sin embargo, reconozco sin ambages que yo, al menos, siempre me he sentido empujado o impelido a hacerlo (a condición de que no hubiera colegido perversión en la apostilla hecha, claro), por mera cuestión de agradecimiento, que no miento.

En esta vida es lógico y normal que dudemos un día sí y otro también qué hacer, qué camino tomar, pero, tras decidirnos por un derrotero y desechar los otros, debemos apechugar con las consecuencias. Si somos conscientes de que nos hemos equivocado y tenemos que dar marcha atrás se da y ya está. Si debemos pedir disculpas, se piden, y con claras muestras de contrición si hiciera falta o resultaran imprescindibles, necesarias.

Este año no he subido a Cornago en septiembre. Había estado una semana a mediados de agosto. Acudí a casa de tus padres para saludarlos el mismo día que llegué. Y vi y saludé a tu hermana y a tu cuñado en diferentes ocasiones.

La realidad política española, dependiendo del punto de vista que uno adopte o de la perspectiva de la que uno parta (y de la mayor o menor cantidad de prejuicios que uno acarree) se ve de una manera o de otra (sigue rigiendo o estando vigente en los ojos internos y externos de la gente la famosa cuarteta de Ramón de Campoamor). La realidad suele ser muy compleja, con muchos vértices, facetas y aristas. Son necesarias muchas horas de lectura de libros, periódicos de papel y digitales para estar al día. Algunos tertulianos son tan sectarios que uno, si es intuitivo, ya sabe qué van a decir aun sin haber abierto aún la mui. El tema del que se disponen a discutir (apenas se debaten ideas; cuesta ver una tertulia donde se confronten argumentos, razones de peso) lo intentan reducir o simplificar de manera tan maniquea (a bueno o malo, blanco o negro), que son incapaces de ver en el asunto la amplia gama de colores que contiene, a modo de paleta, el tal y cabe reparar y valorar.

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Pilar, vela y novela la novela

PILAR, VELA Y NOVELA LA NOVELA

Dilecta Pilar:

Pues, basta que me lo has escrito tú, para llevarte la contraria y que me vuelva a dejar (hala, hale; y ahora sigue colocando cuantas jas quieras: ja, ja, ja) la barba otra vez. Quienes comenzamos siendo unos gigantes (en mi último curso en Navarrete, Octavo de EGB, me confundían los padres de algunos de mis colegas, postulantes, con ocasión de San José, día del Seminario, con los Padres Camilos, nuestros formadores —a quienes tanto les debo y, por ese cúmulo de razones, les estaré e(vi)ternamente agradecido—; y es que estaba tan alto como ahora o un poco más —acaso haya encogido algo— y fuerte como un roble) hemos devenido en eso, cabezudos (y cómodos, sí, también o, mejor, comodones). Si tuviera pareja (ignoraba que la tuvieras —y la vieras—, de veras —por seguir con los juegos de palabras, a los que, has acertado, soy tan aficionado—; así que ¡enhorabuena! —a ambos, ¿eh?—), me ocurriría tres cuartos de lo mismo que a tu chico, me temo.

No. No sabía que tenías entre manos una novela. Ya sabes lo que le pasa a un/a novelista, que, mientras está escribiendo una, no duerme (ergo, contradice lo que crean sus manos, la novela), porque se encuentra en permanente vela (vela y novela la novela). Si tuviera las revistillas de los tres años que estuve en Navarrete, seguramente, ya la habría urdido este menda. Aun sin ellas, me pondré un día a ello. Ya sé hasta cómo se titulará: “Reglas de ortografía”. Y comenzará así: “Tri, tur, nu, su, cu, ca, ga, ver, si, al, ur, du, ti, to, ra, ri, tre, gu, lo, ru, so, la, car, ta, ro, sa, te, tra, ce, ha, he, hi, ho, hu”. No me ha extrañado lo de la novela. Porque el camino lógico, el recorrido normal de un escritor (ella y él) prototipo es empezar escribiendo unos versos, malos, malísimos; perseverar, ir mejorando, o sea, trenzar unos medio buenos o semibuenos, hasta que se consigue que sean buenos del todo y aun excelentes. A renglón seguido, probar en el ámbito de los cuentos (con el mismo o parecido proceder) y desembocar en el ámbito de la novela, que dicen que es lo que te permite dejar de hacer lo que hacías (ser profesor o cualquier otro trabajo) habitualmente y dedicarte de lleno a tu nueva actividad, la que, a partir de un éxito, te va a dar de comer.

Seguro que tú, Pilar, lucirás; serás lucero en Lucena. Te lo aseguro.

¡Vaya! Hoy, en unas pocas líneas, no has dejado de sorprenderme. Ahora le toca a tu blog: La lámpara encendida. Más ¡enhorabuenas!, más. Acabo de ver tu foto y releer el artículo que publicaste el viernes pasado en el Heraldo de Aragón, “Niños escudo”. Tiene muy buena pinta. Ahora bien, me ha llamado la atención que no has tildado (en el blog) lámpara.

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Reconozco que soy un fan de Lanza

RECONOZCO QUE SOY UN FAN DE LANZA

“La violencia nunca es buena; nunca trae nada bueno”.

Declaró ayer en una entrevista que le hicieron en Cope María Rosa, esposa de Juan José Salas, el agente de la Guardia Urbana de Barcelona que quedó tetrapléjico en 2006 tras ser alcanzado en la cabeza por una piedra que lanzó Lanza.

Como lo primero y principal debe ir en cabeza, ahí va mi más sentido y sincero pésame a los deudos y amigos de Víctor Laínez (y es que cada vez que tengo noticia de que uno de mis semejantes, hembra o varón, ha dejado de existir, recuerdo indefectiblemente las palabras finales de la Meditación XVII de “Devociones para ocasiones emergentes”, 1623, del poeta metafísico inglés John Donne, venerado como santo cada 31 de marzo por la iglesia anglicana: “La muerte de todo hombre me disminuye porque formo parte de la humanidad. Por eso no preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti”), recientemente occiso, o sea, muerto de manera violenta.

De inmediato, debo añadir, para no ser tomado por otro muñeco de pimpampum derribado a pelotazos o vapuleado y abatido en el acto por cualquier otro tipo de arma arrojadiza, que no soy admirador o seguidor, no, de la persona que está encarcelada en la prisión zaragozana de Zuera, de manera provisional, comunicada, sin fianza (así lo decidió ayer la juez Natividad Rapún, titular del Juzgado de Instrucción número 6 de Zaragoza, competente en el caso, después de tomarle declaración), Rodrigo, insisto, no, sino que el Lanza del título de esta urdidura (o “urdiblanda”) es el apellido de Silverio, seudónimo literario de Juan Bautista Amorós y Vázquez de Figueroa.

Confieso que esta mañana, cuando me he sentado ante el ordenador, mi primera intención había sido escribir sobre el joven, que goza de doble nacionalidad, chilena e italiana, que ha sido acusado de ser el presunto asesino de Víctor Laínez, y que, por cierto, ya cumplió pena de cárcel por ser quien, según la sentencia condenatoria, lanzó la piedra que dejó tetrapléjico a Juan José Salas, pero me he decantado por una opción más prudente, dejar que todo el proceso se sustancie, como debe, y esperar a que se celebre el juicio con garantías y haya una sentencia firme. He leído un sinfín de comentarios en las ediciones digitales de los diarios (a favor y en contra de Lanza) que han hecho que me inclinara por hablar de Silverio y no de Rodrigo. No es mi propósito que de mis palabras se deduzca que el último no vaya a ser declarado, tras culminarse un juicio justo, culpable, sino dejar constancia de la sensación refractaria, que me molesta un montón, de que, poco a poco, nos estamos cargando la presunción de inocencia. Al paso que vamos, más pronto que tarde, va a ser metamorfoseada, mudada, por la presunción de culpabilidad.

Reconozco, asimismo, que, tras leer parte de las declaraciones que hizo ayer María Rosa a Cope, sensatas (mejoraré el adjetivo valorativo que he usado), sensatísimas, en las que venía a dar las gracias a cuantas personas le habían ayudado durante la última década larga, cuando mi cacumen dudaba entre titular mi urdidura (o “urdiblanda”) “¿El perdón? ¡La mejor de las venganzas!” o “No hay venganza mejor que perdonar”, mientras tecleaba lo que el atento y desocupado lector, sea hembra o varón, acaba de leer, advertía que, a modo de mojones de la vía por la que servidor debía transitar, se abrían camino o senda hasta desembocar en dicha vía, con la evidente pretensión de ser expresadas, dos inexcusables referencias, dos, la del artículo 25 de la Constitución Española de 1978, donde, según su punto 2, se dice que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”, y el final de la “Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños” (publicada por vez primera en 1626, en Zaragoza), de Quevedo, donde se lee: “Y fueme peor, como V. Md. verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”.

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Carta abierta a Miquel Iceta Llorens

CARTA ABIERTA A MIQUEL ICETA LLORENS

Dilecto Miquel Iceta:

Como te consta (te pido permiso para tutearte) y, si no te consta, insistiré en ello hasta que te conste, no me he propuesto enseñarte en esta misiva abierta nada (de nada). Me conformo con aplicarme a la labor de sacudir la inercia que lleva tu espíritu en plena campaña electoral y de sembrar alguna inquietud en tu pesquis.

Como sabes, el (camino del) infierno está empedrado (pavimentado con adoquines o baldosas) de buenas intenciones. Sé que en una interviú que te hicieron ayer en RAC-1, comentaste que pedirías el indulto de los políticos soberanistas (ellas y ellos), en el caso o supuesto de que fueran condenados por los tribunales a los que les correspondiese juzgar sobre uno o varios presuntos delitos cometidos por los tales (“porque en este país tendremos que cerrar heridas que tienen un origen político”). Sinceramente, tengo para mí que te equivocaste. ¿Y si vuelven a las andadas? ¿Volverías a pedir otra vez el indulto? Preveo (sin ser un augur reconocido ni pretenderlo) en ello más un círculo vicioso que virtuoso. Abundo o coincido contigo en que la vía judicial no es la panacea para solucionar (y menos, en un santiamén) el problema catalán, antiguo, antiquísimo, asunto que tiene claras raíces políticas, pero, como sabes, hasta una mente tan digna de admiración y respeto como la que gastaba, gestaba y gestionaba el mejor filósofo español del siglo pasado, don José Ortega y Gasset, que se ocupó a conciencia del tal, llegó a la conclusión de que (visto lo visto, ante la imposible resolución del mismo) el susodicho solo se podía “conllevar”.

No ignoro que tus declaraciones (algunas de las cuales no puedo dejar de apostillar) las proferiste en plena campaña electoral. Así las cosas, puedo entender que insistieras en calificar los encarcelamientos ordenados por los jueces de desproporcionados, pero me molestó sobremanera lo que colegí de todo ello (y me he hartado de escuchar en boca de Puigdemont y otras/os muchas/os secesionistas), porque sembraba serias dudas de que España fuera, en sentido estricto, lo que es, un Estado de derecho (perfectible, sí; mejorable, también, pero) donde no se pone en tela de juicio que la ley, de verdad de la buena, impere.

Tú, Miquel, cabeza de lista del PSC a las elecciones autonómicas del próximo 21-D, diste de lleno en el blanco o centro de la diana con la flecha que disparó tu arco o cacumen al señalar que la vía unilateral del secesionismo al único lugar que llevaba era a donde desembocó, a un callejón sin salida. Don Antonio Machado, a ratos poeta y a ratos filósofo (o, si se prefiere, a ratos filósofo poeta y a ratos poeta filósofo) por boca de Juan de Mairena, un heterónimo suyo, recordando a su vez lo que había dicho su maestro Abel Martín, autor apócrifo, sentenció (hace más de cuatro décadas lo mismo) que “pensar es deambular de calle en calleja, de calleja en callejón, hasta dar en un callejón sin salida. Llegados a él, pensamos que la gracia estaría en salir de él. Y entonces es cuando se busca la puerta al campo”.

Me pareció aceptable y atrayente tu propuesta de que, en el supuesto de que fueras elegido president (y te adjudicaran, por tanto, el tratamiento de molt honorable), intentarías buscar un acuerdo entre el Govern y el Gobierno de España en el plazo máximo de dos años; y, asimismo, tu compromiso de que no podrías seguir como president si, pasado dicho lapso de tiempo, no habían dado los frutos apetecidos “el diálogo, la negociación y el pacto”, que te encargarías de promover para lograr dicho acuerdo.

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Martes, 23 de enero

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