El Blog de Otramotro

Acatando o atacando la moral

ACATANDO O ATACANDO LA MORAL

Acaso le sorprenda este parecer mío, atento y desocupado lector (sea usted adulto o joven, hembra o varón), pero, aunque no seamos plenamente conscientes de ello, todos los comportamientos, todos, sin excepción, que tenemos las personas adultas y muchas jóvenes que estamos en nuestros cabales, quiero decir, las que sabemos distinguir entre lo que está bien hecho de lo que no lo está, los coronamos o llevamos a cabo acatando o atacando la ética, la moral (conjunto de valores que nos sirven de guías para elegir y hacer o dejar de hacer lo que sea, y que, una vez nos hemos habituado a ellos, darán sentido y regirán el curso normal de nuestras vidas), o sea, respetando la costumbre, la ley, lo reglamentado, o contraviniéndola/o. La virtud y el vicio, si firmaron algún día algún armisticio, cosa que hoy, aquí y ahora, pongo en tela de juicio, desde que vine al mundo (al menos, desde que llegué a la mayoría de edad y vengo haciendo buen uso de mi razón), andan a la greña, están en guerra abierta. Y es que, como dijo y dejó escrito en letras de molde Jacinto Benavente, “el único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor”.

Puede que no rinda dineraria o crematísticamente hablando, pero la bondad es la única inversión que nos deja el corazón henchido, atestado, como la Plaza Nueva, o de los Fueros, de Tudela el día del chupinazo o el Domingo de Resurrección, con ocasión de la Bajada del Ángel, y la sensación de plenitud en nuestro fuero interno. La música que interpreta la caridad, la generosidad, la liberalidad, el altruismo, es la mejor que puede salir de un arpa, aunque esta llevara arrumbada ni se sabe cuánto tiempo, porque tal vez un día fuera olvidada por su dueña/o en el rincón de una habitación lóbrega y oscura (como lo propio u otro tanto le acaeciera antaño a la de la Rima VII de Gustavo Adolfo Bécquer). Una vez desempolvada, reluciente y afinada, vuelve a estremecer los corazones y las razones de todos los ciudadanos que somos en el orbe (y espero y deseo que esto a nadie moleste ni estorbe).

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Cómicas/os sin porvenir

CÓMICAS/OS SIN PORVENIR

En lugar de dedicarse
A resolver los problemas
De las/os catalanas/es, lemas
Han decidido sacarse
De la chistera hasta hartarse
(El derecho a decidir,
Mas no todas/os; y a incidir,
Insistir y separar
—¿Algún bien va a deparar?—;...)
Cómicas/os sin porvenir.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Garras ven en el de marras?

¿GARRAS VEN EN EL DE MARRAS?

(QUIZÁ EN “POR NADA” COMPRIMA)

“Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad; un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”.

Winston Churchill

Son legión las/os socialistas
Que no le guipan las garras
Al artículo de marras.
Tal vez sean optimistas
Y sus guías pesimistas.
¿Por qué a Pedro le da grima
El artículo que rima
Con brinco y con Telecinco,
El ciento cincuenta y cinco?
Quizá en “por nada” comprima.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Pedalear se pudo en cierto bingo?

¿PEDALEAR SE PUDO EN CIERTO BINGO?

La semana pasada, mientras estaba redactando las primeras líneas del breve ensayo que comenzó llevando el rótulo provisional de “Amén es el comienzo de amenaza” y acabó portando el título definitivo de “La juventud es fuente de progreso”, se me encendió la bombilla, esto es, me surgió, a bote pronto, la idea de enriquecerlo con una anécdota curiosa o sucedido real, pues volví a recordar o alguien o algo (solo Dios sabe quién o qué) trajo a mis mientes qué solían hacer mis compañeros Álvaro Santallana Risueño y Carlos Jesús Rojo Manzano después de cada evaluación, allá, in illo témpore, cuando hacíamos o cursábamos COU (ellos en ciencias, yo en letras) en el zaragozano colegio Enrique de Ossó (“Las Teresianas”). La procrastiné, porque el opúsculo discurrió por sus propios derroteros y, al parecer, un montón de obstáculos se confabularon para impedirme que lograra el encaje perfecto, sin defecto. La aducida doble razón me llevó, como insisto, a posponerla, pero no sin haberme comprometido antes a obligarme a echar mano de ella cuando advirtiera la ocasión propicia, cuando mejor conviniera. Bueno, pues tengo la impresión refractaria de que de hoy no pasa, de que ha llegado para la tal su momento más favorable, o sea, que voy a intentar erigir aquí mismo, en estos dos folios de blanco impoluto, que me sirven de guía, el monumento de palabras de papel que se merece.

Como ambos habían superado la circunstancia o condición necesaria, la barrera o el listón de la mayoría de edad, idearon la manera de celebrar, de forma original, extraordinaria, el fin de cada una de las evaluaciones ejerciendo de lo que eran, jóvenes, verbigracia, dando mal ejemplo, saltándose a la torera el cumplimiento de cierta regla no escrita y, como lógica consecuencia, varios metros. ¿Que en qué consistieron dichos saltos? Pues, grosso modo, en escaparse de la residencia religiosa donde estaban internos con nocturnidad, cosa que consiguieron al descender los tres pisos por los balcones hasta poner los pies en el patio interior, previo a la calle, pero no para andar de picos pardos, como tal vez algún atento y desocupado lector (ella o él) de estos renglones torcidos haya podido barruntar, intuir o sospechar, no, ni de jarana por lugares de mala reputación, quiero decir, tratando con putas, a no ser que alguien considere que la citada locución verbal coloquial (“andar de picos pardos”) también incluye ir a divertirse un rato al bingo a jugar unos, pocos (dado el escaso poder adquisitivo de los jóvenes jugadores), cartones.

La sede de la residencia religiosa ocupaba los tres primeros pisos de uno de los ocho bloques de aquel entorno residencial, además de los bajos o sótanos, donde, si no recuerdo mal, el espacio más amplio se destinaba a capilla, a la que también se podía acceder desde el patio residencial exterior por una puerta y una escalera que los comunicaba y donde se celebraba la eucaristía todos los domingos y fiestas de guardar; había también una ancha sala con sillas para ver la televisión; otra, menos lata, con mesas y sillas para jugar a las cartas, al parchís, la oca, el ajedrez y/o las damas, sobre todo; otra, donde cabían, de forma holgada, una mesa de pimpón y dos futbolines; y otra, que hacía las veces de mínima cancha de baloncesto con dos cestas en las paredes opuestas. En el entresuelo, a mano izquierda, quedaban la cocina y el comedor, alargado, en forma de te; enfrente de la puerta de entrada, tras cruzar el recibidor o vestíbulo, estaba la biblioteca, y a la derecha, una pieza para atender a las visitas, la sala de la televisión de los educadores y las habitaciones de estos. Comunicaba los tres pisos y el sótano una escalera interior. En el primer piso, a la derecha o a la izquierda, según la dirección que tomáramos y el pasillo, a lo largo de este, había varias habitaciones comunes, compartidas, evidentemente, por tres alumnos, que contenían cada una de ellas tres camas, tres mesillas de noche, tres sillas y tres armarios, y, en la parte opuesta del pasillo, cabía hallar sus respectivas salas de estudios, con el mismo número de mesas y sillas; un espacio común para las duchas y los aseos ocupaba la parte central; asimismo, había dos salas para las reuniones, etc. En el segundo piso las habitaciones eran individuales y se repetían los mismos espacios comunes del piso inferior para las duchas y los aseos y las salas para las reuniones.

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¿"El Terrible" ha renacido?

¿“EL TERRIBLE” HA RENACIDO?

Las memorables y memoriosas palabras (“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”) con las que Karl Marx arranca su obra “18 Brumario de Luis Bonaparte” (1852) componen un axioma apodíctico aún vigente, siempre que interpretemos su última voz, farsa, aquí como tragedia contra lo pequeño, brutal e indigna violencia ejercida contra los pequeños, los más indefensos, los niños (sean varones o hembras).

Como para muestra basta con un botón, ahí va el siguiente ejemplo, una décima (o) espinela (para que lo/a valore, según su personal criterio o razonamiento, el atento y desocupado lector —sea ella o él—), que usa el mismo título que sirve de rótulo para esta urdidura (o “urdiblanda”):

Juzgo en Iván Pardo Pena / Que “el Terrible” ha renacido. / Me hubiera a mí apetecido / Que Iván entrara en la trena / A cumplir otra condena / Que por darle a su sobrina / Matarile. El que asesina / Y con frialdad confiesa / Tamaño crimen aviesa / Fiera es. ¿Quién de él no abomina?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Del ciento cincuenta y cinco

DEL CIENTO CINCUENTA Y CINCO

“Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.

Artículo 155. 1 de la Constitución Española de 1978

“(...) no comparto el que el Gobierno de España tenga que poner en marcha el artículo 155” .

Pedro Sánchez (en respuesta a una pregunta de su tocayo Pedro Piqueras durante una entrevista en Telecinco)

Por lo que Sánchez ha dicho
Del ciento cincuenta y cinco
No he dado, no, ningún brinco.
Al revés; casi la espicho
Cuando le oí al susodicho
Lo que le largó, de veras,
En Telecinco a Piqueras
En la interviú que este le hizo.
Nada a mí me satisfizo
Cuanto contestó el guaperas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Carmena se ha equivocado

CARMENA SE HA EQUIVOCADO

“La autoridad sin sabiduría es como un pesado cincel sin filo; solo sirve para abollar, no para esculpir”.

Anne (Dudley) Bradstreet

Doña Manuela Carmena
Se ha equivocado de blanco
Al disparar contra Blanco.
Si a ella le parece amena
Su reflexión, cantilena
O repetición molesta
La juzga quien la detesta,
Verbigracia, este paciente,
Del bíblico Job pariente,
Que ante tal desliz protesta.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCXII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCXII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Disculpa mi demora en contestar tu apostilla. El sábado hubo actuación en el cíber-café “Praga” y ayer, en la grata compañía de mi hermano Eusebio, estuve viendo el partido de fútbol (tedioso, soporífero; apenas hubo tres o cuatro ocasiones claras de gol) entre el C. D. Tudelano y el C. D. Boiro en el Estadio Municipal “Ciudad de Tudela”.

Lamento, de veras, que la rodilla de tu doña siga en sus trece, dándole molestias; y celebro que tú estés estupendo, hecho una rara avis.

¡Chapó! Solo por comple(men)tar alguno de tus puntos de vista, añadiré lo que sigue.

Como afirma Karl Raimund Popper, la verdad es provisional. Dura mientras no es refutada por otra, que viene a ocupar tras ese concreto instante de contradicción su interino (en principio, también, sí) lugar.

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La juventud es fuente de progreso

LA JUVENTUD ES FUENTE DE PROGRESO

“Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”.

Párrafo final de “La peste”, de Albert Camus.

Las/os jóvenes son progresistas y rebeldes por naturaleza. Solo en los pueblos donde hay jóvenes (o donde el espíritu colectivo de las personas adultas consigue mantener durante algún tiempo, al menos, el de las/os jóvenes —para atenuar, menguar o mitigar tal vez la ausencia de las/os mencionadas/os—) es posible identificar acciones, actitudes o comportamientos con las/os que las/os susodichas/os o sus supuestas/os sustitutas/os pretenden cambiar el estado de las cosas y de los casos para que estas/os mejoren en calidad y cantidad, y no estén abocadas/os a la asidua derrota o al fracaso habitual, signos inequívocos, cuando no de decadencia manifiesta, notoria, de muerte (aunque no sea todavía física). Solo las/os jóvenes son capaces de transformar el mundo (intentando mudar primero, claro está, su microcosmos más cercano o propio, su patio patrio). Lo contrario u opuesto, que otras/os verán como complementario de lo dicho, cabe aseverar de las personas mayores, de los viejos (ellas y ellos), quienes también por naturaleza, habiendo acaso olvidado que un día fueron jóvenes, son conservadores a ultranza, poco dadas/os o favorables a los cambios. Si las/os jóvenes actuales no hacen cosas de jóvenes, si no se comportan como tales ahora, tal vez no lo hagan nunca, por muchos que sean los años que vivan. Si las/os jóvenes no abaten o acaban con el injusto e inmundo mundo moderno, ¿quiénes lo harán? ¿Las/os viejas/os, a quienes hace la tira de años que se les pasó el arroz? Solo las/os jóvenes tienen los arrestos y las ganas para construir o edificar otro universo inverso, más horizontal y ecuánime. Esta es la razón por la que algunas/os gerifaltes de algunos gobiernos de algunas naciones del viejo continente dicen que no confían ni mucho, ni poco, ni nada (de nada) en las/os jóvenes, porque son (las/os tachan de) unas/os ácratas incontrolables. Quizá han olvidado que algunas/os de esas/os jerarcas fueron otrora jóvenes anarquistas que estaban, asimismo, en contra de toda autoridad, a favor de la libertad sin cortapisas.

No solo las/os jóvenes confían en las/os jóvenes. Quienes conocen (porque tratan) a las/os jóvenes también esperan mucho de ellas/os y del más que loable recorrido que pueden tener muchas de sus ilusiones, intuiciones, premoniciones o sueños. Hay jóvenes que son más responsables que muchas/os irresponsables mandamases adultas/os que no saben qué hacer con tanta responsabilidad como tienen entre las manos, pues comprueban, de manera fehaciente, cómo esta, como si fuera agua, se les escapa entre los dedos.

Las/os jóvenes huyen de la mediocridad, de la tibieza. Buscan ser, ora ardientes, ora fríos. Sueñan, debido a su entusiasmo inmarchitable, inacabable, con una sociedad de verdaderas/os ciudadanas/os cumplidoras/es (disciplinadas/os, pero no dogmáticas/os), empáticas/os, idealistas, radicales (partidarias/os de reformas extremas), solidarias/os.

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Cuando la ley suprema quede en mema

CUANDO LA LEY SUPREMA QUEDE EN MEMA

Mi dilecto amigo y heterónimo Otramotro pensaba que los políticos, si para algo existían y servían en las sociedades actuales, era para resolver los (grandes o pequeños, muchos o escasos) problemas que les fueran surgiendo a los ciudadanos (ellas y ellos) que las conformaban. Pero la realidad, pura y dura, que se impone a cuantas cábalas, conjeturas o especulaciones, plausibles y posibles, podamos hacernos usted, lector (sea hembra o varón), y yo, por nuestra propia cuenta y riesgo, viene a recomendarnos que pongamos los pies sobre la tierra y, asimismo, a cerciorarnos de que dicho axioma, principio o regla no vale para todos los países que en el mundo son. Así, si nos fijamos, verbigracia, única y exclusivamente en el nuestro, España, comprobaremos lo público y notorio, que no le faltaba razón a Julius, “Groucho”, Marx cuando adujo lo que, con el lento paso de los años, ha devenido en una verdad como una catedral de grande, que cuadra, encaja y viene como alianza al anular para explicar el disparate cómico que, desde hace un lustro (sin lustre), sobre todo, está acaeciendo en Cataluña: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar luego los remedios equivocados”.

Uno, servidor, que no es el diablo cojuelo, personaje legendario que aprovechara Luis Vélez de Guevara para escribir en el siglo XVII su novela, ni tan chismoso o refitolero como para desear serlo, desconoce qué ocurre en el día a día de cada uno de los muchos hogares que hay en Cataluña, pero si se basa o fundamenta en los delirios, ora de grandeza, ora paranoides, que trascienden y padecen (no me cabe ninguna duda) algunos (no pocos) miembros de su clase política y luego escucha, lee y ve en los diversos mass media, colige que debe parecerse dicho territorio mucho a un frenopático.

Así, por ejemplo, en el colmo de los colmos, al consejero de Empresa y Conocimiento del Govern, Jordi Baiget, que tuvo (no se sabe si) la osadía (que fue interpretada como una temeridad por las/os independentistas de la CUP) o el desliz de dejar que se le escapara una muestra de cordura al reconocer en público esta verdad, que el referéndum ilegal de independencia del 1-O acaso no podría celebrarse, porque el Estado opondría todos los medios legales a su alcance para desbaratarlo, el mandamás catalán, Carles Puigdemont, se lo cargó (lo cesó) a las pocas horas. Si de esa guisa actúan con la/el discrepante o disidente, amiga/o, qué harán (me temo lo peor) con la/el adversaria/o, oponente o enemiga/o.

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Podemos hace muy bien

PODEMOS HACE MUY BIEN

—Podemos hace muy bien
En la corrupción ajena
Censurar, siempre que pena
No le dé zurrar también
La propia a base de bien.
—Que hay quien dice que usa mucho
La ley del embudo escucho;
Y que echa mano del doble
Rasero, manera innoble
De medir igual salchucho.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Podemos lo correcto hace

PODEMOS LO CORRECTO HACE

Podemos lo correcto hace
Al no admitir objeciones
A las ene corrupciones
Del PP. Como eso place,
Le pido que no rechace
Que tres cuartos de lo mismo
(Si aquí no hay favoritismo,
Tampoco allí) haga el PP,
Sin hacer el paripé
Ni dar muestras de cinismo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Lunes, 24 de julio

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