El Blog de Otramotro

Perdona la digresión

PERDONA LA DIGRESIÓN

Todos nos equivocamos.
No hay una sola excepción
A esta regla. Decepción
Produce a los que encontramos
“Carecias” y no enseñamos.
Quien escribe “disgresión”
Ignora que una agresión
Es contra la ortografía,
Como bien sabes, Sofía.
Perdona la digresión.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Al luso Ricardo Robles

AL LUSO RICARDO ROBLES

Al luso Ricardo Robles,
Edil del Bloco de Esquerda,
Lo han mandado allí a la mierda.
Si sus ideas son nobles,
No lo son, porque son dobles,
Los raseros que maneja,
Uno para gente aneja
Y otro para gente ajena,
Que es una manera amena
De ser cínico, “Coneja”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Cuando se acaba el amor

CUANDO SE ACABA EL AMOR

(QUIEN CORTA A SÍSIFO EMULA)

—Duele más dejar, colega,
Que ser dejada/o, sin duda.
Pregúntale al sabio Buda,
Que a alfa prefería omega,
Porque esta nunca es de pega.
—Cuando no estás por la pasta
(Que contigo ella o él se gasta)
Con quien amas y respetas,
Si decides que más metas
No habrá juntas/os te devasta.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Me suele dejar de piedra

ME SUELE DEJAR DE PIEDRA

Me suele dejar helado
Quien no deja de joder,
Pues de parte del poder
Siempre se pone, del lado
De quien jamás ha velado
El cuerpo inerte de un quinto
Que música a su requinto
Sacaba en días de fiesta
Mientras hacían la siesta
Otros con arma en el cinto.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


La de billar bola blanca

LA DE BILLAR BOLA BLANCA

Hay quien un montón disfruta
De bola blanca ejerciendo,
De estimulador fungiendo,
Esto es, marcando la ruta
Que seguirá hasta la gruta
Sobre el tapete otra bola,
A la que mucho le mola
Que de refilón le dé;
La última, negra, se ve
Ya en la tronera; no es trola.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Se jacta el que ayuda al otro?

¿SE JACTA EL QUE AYUDA AL OTRO?

En el viejo continente
Se nada y guarda la ropa
Como en la cobarde Europa,
En la década insolente
Del racista siglo XX.
¿Tu estómago no se agría
Al saber lo que en Hungría
Rige, una ley denigrante?
¿Quien ayude allí a un migrante
Quizá se jacte, se engría?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


El fiasco van a rozar

EL FIASCO VAN A ROZAR

No se entiende que quien vaya
A renovar el PP
Opte por el paripé
Hacer, al cruzar la raya
Con quien ultrajó la gaya
Ciencia. ¿Que va a remozar
Cuanto llevará a gozar
De Casado es sueño enorme
O de Soraya deforme?
El fiasco van a rozar.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sólidos indicios

SÓLIDOS INDICIOS

Hace dos semanas justas (sé que era martes, porque todos los tales, siempre que no caiga en fiesta de guardar, bajamos andando juntos al pedazo —no me consta que él se haya referido alguna vez a esa pequeña porción de terreno, cercada, donde cultiva verduras, legumbres y algunos árboles frutales, sendas parejas de cerezos, manzanos y perales, una higuera y un nogal, que él siempre llama “nocero”, con los nombres habituales de huerto, huerta u hortal— que tiene en La Mejana a hacer alguna labor, la que él, dueño del terreno, manda), cuando llegué a casa de mi dilecto y soltero amigo Emilio González (le llevaba, recién lavado y secado, el táper, vocablo al que el DLE ya le ha dado su aprobación, bienvenida, entrada o plácet en su seno, o sea, el recipiente de plástico donde me había llevado a casa parte de los caracoles que él había cogido allí unos días antes tras una breve, pero intensa, chaparrada —y que, tras haberles dado varias aguas, quiero decir, haberlos limpiados a conciencia y una vez engañados, habían quedado listos para ser hermanados con otras viandas—, con los que él me había obsequiado), “Metomentodo”, este, de la solapa superior de una caja de cereales, con la inestimable ayuda de unas tijeras, andaba recortando unos trozos de cartón y, a renglón seguido, doblándolos. Recuerdo que le pregunté a qué fin hacía aquello y lo que me contestó, que, si con ellos obtenía el resultado apetecido, el que esperaba, otro día me contentaría al contármelo por extenso.

“Metomentodo” lleva jubilado los mismos años que el menda, diez, y por idéntico motivo, por incapacidad laboral absoluta. Lo conocí en el tudelano Hospital “Reina Sofía”, HRS, donde, compartimos habitación unos días antes y varios después de ser operados del mismo mal, cáncer de colon. Yo, por buscar alguna diferencia entre ambos, de manera extraordinaria, pasé un día largo, pero que se me hizo muy corto en el tiempo, en el cielo, donde unos ángeles (no entraré en las proverbiales y medievales discusiones bizantinas de si eran femeninos o masculinos) me cuidaron estupendamente en una de las habitaciones de la UCI de dicho recinto hospitalario. A él le quitaron veinte centímetros de intestino grueso y a mí, que me localizaron dos tumores incipientes, ¡menos mal!, casi medio metro.

Como durante los tres años posteriores a nuestro primer paso por el quirófano coincidimos tantas veces en las salas de espera anexas a las consultas de los diversos especialistas en el aparato digestivo y cirugía de los hospitales de Pamplona (donde ambos fuimos intervenidos también en varias ocasiones) y Tudela, probamos y comprobamos que seguía vigente esa paremia irrefutable, pues contiene una verdad incontrovertible, que dice que “el roce hace el cariño”; en plata o a la pata la llana, que, con el lento paso del tiempo y la mutua aportación, vinimos a establecer y estrechar lazos de una verdadera y duradera amistad, vaya.

Mientras no caiga en las garras o las fauces del alzhéimer, siempre recordaré con hilaridad la divertida anécdota referida al pedazo de “Metomentodo” la primera vez que me acompañó Isabel, mi esposa, a conocerlo. Como yo escuchaba a Emilio hablar sin parar del pedazo y ella, a su vez, me oía perorar sobre esto, eso o aquello del dichoso y redicho pedazo, la primera vez que pisó mi mujer el susodicho terreno “Metomentodo” se tiró un estruendoso y fétido pedo (allí, entre nosotros, seguía en vigor o regía la costumbre que había implantado su abuelo paterno, José, en Turruncún, que, grosso modo, aún dice lo que decía, que uno podía ejercer de Alonso Quijano, o sea, fungir del Quijote, y, por tanto, irónicamente, liberar una cuerda de presos sin tener que dar explicación de ello a nadie) y ella soltó una expresión que venía a dar cuenta de la perfecta fusión, que no daba pie, no, a una confusión, de las dos ideas que pugnaban por salir a borbotones, en tropel, de su mui: “¡Vaya pedazo!”.

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¿La locura es tolerable?

¿LA LOCURA ES TOLERABLE?

Hay quien vive sojuzgada
(Según el criterio ajeno),
Pero feliz, en su ameno
Erebo. ¿Embelecada?
Sí, mas de estarlo encantada.
Sostengo que quienes quieren
A Patricia no la hieren
Por intentar de ese pozo
Sacarla. ¿Ella halla un gozo
Raro cuando la zahieren?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Breve etopeya de un tonto

BREVE ETOPEYA DE UN TONTO

Hace dos meses largos, yendo de copiloto en un coche (como soy un lego en dicha materia —ni siquiera tengo carné de conducir—, siento no poder ofrecerle a usted, atento y desocupado lector —sea ella o él—, información más exacta y exhaustiva sobre la marca y el modelo del turismo), que conducía uno de mis hermanos, una ocupante del asiento de atrás comentó que cierta persona (que, por la razón que fuera —si no la indico o señalo es por la sencilla obviedad de que la he olvidado—, había salido a relucir en la conversación) era un ignorante, un inculto, un tonto (ahora no rememoro con fidelidad si, como acabo de hacer yo aquí, ella respetó también el mismo orden con el que las tres voces, los tres adjetivos, aparecen en el DRAE) de remate. Recuerdo que, tras evocar lo que dicen que dijo un genio, Albert Einstein (“Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”), apostillé que el tiempo, ese juez imparcial y supremo que da y quita razones, y los hechos, que bien vienen a ratificar, bien vienen a rectificar, los pareceres dados a propósito de lo que fuera, abundarán y apoyarán nuestro criterio o discreparán de él e intentarán refutarlo y abatirlo.

Bueno, pues varios actos (unos tienen que ver con acciones y otros con inacciones del sujeto en cuestión), mancomunadamente, se han puesto de acuerdo para darle la razón a quien vertió su opinión negativa sobre el interfecto.

Remedaré una añagaza de Cervantes en “El Quijote” y no expresaré el nombre ni los apellidos del zo(que)te. Ahora bien, me apuesto doble contra sencillo con usted, lector/a, a que, con toda seguridad, en el supuesto de que el zopenco (por neto milagro o pura serendipia) lea esta breve etopeya sobre su persona (suceso harto improbable, porque me consta que el botarate lee poco y lo poco que lee no suele interpretarlo en su recto sentido), no se dará por aludido.

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De públicos servidores

DE PÚBLICOS SERVIDORES

Es una realidad
Que otros jóvenes emprenden
Porque de niños aprenden
La responsabilidad
Y la creatividad.
En lugar de emprendedores,
Aquí el grueso opositores
Son, prestos para la baza
Non, la caza de una plaza
De públicos servidores.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


La verdad quien manda asedia

LA VERDAD QUIEN MANDA ASEDIA

Cuando en la radio y/o la tele
Pública se habla de cambio
De rumbo, no de intercambio
De cromos, quizá recele
De esto al que esto se la pele.
Están los públicos medios
Para fungir de remedios
Contra las falsas noticias
Del poder y sus sevicias,
A las verdades asedios.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Miércoles, 15 de agosto

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