El Blog de Otramotro

¿Por qué te sigo epístolas urdiendo?

¿POR QUÉ TE SIGO EPÍSTOLAS URDIENDO?

Amada Pilar:

Hay quien sostiene (y acaso no vaya desencaminada/o) la siguiente regla de tres: el buen gusto es al arte como los cabales minutos de hervor al arroz al dente. Como sobrepases el minuto idóneo de cocción, como no funjas de zorra culinaria, ese arroz no lo roza (ni huele; y aquí no te miento) el azor más hambriento.

Lo nuevo, lo novísimo, al llamar tanto la atención, por descolocar los ojos del espectador (ella o él), desacostumbrado a esa nueva manera de hacer o decir, nace como si dijéramos con vocación de ser condenado al ostracismo o al cadalso, por no agradar lo coronado, el resultado. Y es que, al salirse de las mentes cuadriculadas de los críticos (ellas y ellos) y del canon, lo lógico y normal es que tire para atrás y sea reprobado o rechazado.

Ahora bien, basta con que quien hizo el hallazgo estético de esa nueva forma de ver, trasladar o interpretar la realidad, cree y haga escuela o le siga un puñado selecto de epígonos (re)creativos para que esa nueva manera estética sea, primero, tolerada, luego, valorada y, por último, más tarde, ensalzada con ese adjetivo que acaso le convenga y cuadre, original.

El artista (sea hembra o varón), para encontrar su sitio en el espacio o ámbito donde pretende que sea reconocido su trabajo, para distinguirse del resto de las/os de su oficio, suele ensayar mil y un modos (quizás sean muchos) hasta que logra alcanzar u obtener esa forma de expresarse que lo hace reconocible, único, que es su marchamo, su firma.

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Vemos a las personas como somos

VEMOS A LAS PERSONAS COMO SOMOS

Amada Pilar:

Somos legión (o formamos un buen montón, pila o piña) quienes nos sabemos de memoria, al menos, la primera frase del párrafo inicial de varias obras literarias (clásicas o no); verbigracia, cómo arranca el “18 Brumario de Luis Bonaparte”, de Karl Marx (“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa“). Como para mí, tú, Pilar, eres un personaje clave y fundamental, la persona que, andando el tiempo, devendrá en la más importante de mi vida, es mi deseo y mi esperanza que seas una excepción a la susodicha regla marxista, no como, me consta, lo fue Ewelina Hanska para Honoré de Balzac. Así que concédeme la licencia que te solicito con especial encarecimiento de que hoy no vea en ti a la citada Ewelina, la joven condesa polaca de la que se enamoró perdidamente Balzac, al leer este las epístolas que le mandaba “La extranjera” (así firmaba Ewelina sus misivas) desde Rusia. Y es que no vivieron como matrimonio más que cinco o tres meses (del 14 de marzo o mayo —las fuentes que he consultado no se ponen de acuerdo en el mes—, fecha de sus nupcias, al 18 de agosto de 1850, jornada en la que finó sus días Honoré en París).

En “Los Ciclos del Alma”, su autora, la puertorriqueña Sharon M. Koenig, sostiene que los seres humanos somos capaces de idear, en apenas 24 horas, 60.000 pensamientos (¿de media?; juraría ante la Biblia que sé de algún semejante que no los ideará en toda su vida —por muchos que sean los años que viva—, pero acaso servidor funja aquí, amén de malévolo, de zumbón); y que el grueso de los tales son perjudiciales y recurrentes, ya que recuerdan y recrean episodios del pretérito que infunden tristeza u horror. Si de verdad nos comen el coco, daremos de lleno en el blanco o centro de la diana, esto es, haremos lo correcto, al decidir denominarlos de esa guisa, comecocos. Para escaparnos y alejarnos de los barrotes de su cárcel y olvidarnos definitivamente de ellos, acertaremos, quiero decir, actuaremos con tino y de modo conveniente, si nos decantamos por hacerles el vacío, por ningunearlos.

Así pues, tras haber dejado arrumbada a la nada en el sótano o en el desván, reparo en que el lugar que ocupará ahora la susodicha acaso lo ocupaba antes el arpa de la Rima VII de Bécquer (“Del salón en el ángulo oscuro, / de su dueña tal vez olvidada, / silenciosa y cubierta de polvo / veíase el arpa...”) o, en su defecto, la lámpara, maravillosamente empolvada, de Aladino, o quizá el inopinado enamoramiento, que uno advierte que escondían o guardaban en su caja fuerte los versos séptimo y octavo de “El Frasco”, poema de Charles Baudelaire: “A veces encontramos un viejo frasco que se recuerda / Del que surge vivísima un alma que resucita”.

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De acuerdo con mi escala de valores

DE ACUERDO CON MI ESCALA DE VALORES

Amada Pilar:

¿Que qué cumbre pretende escalar y hollar la filosofía? Este licenciado en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), que tanto te ama, te contesta hoy esto. El objetivo que persigue la filosofía (vocablo que consigue fundir o fusionar a la perfección dos voces en griego clásico y que etimológicamente significa “amor por la sabiduría”) no es (aunque sean legión quienes defienden o sostienen, rememorando tal vez la “Apología de Sócrates”, de Platón, que narra las últimas horas de su maestro, antes de que este decidiera ingerir el veneno, la cicuta) aprender a morir, sino aprender a vivir, de acuerdo con la escala de principios y valores que cada quien acarrea allí donde hace de las suyas su cacumen.

Ahora bien, en la locución “aprender a vivir” incluyo estas otras dos: “reflexionar en torno a la muerte” y “buscar ayuda para morir bien”. A ver si me explico. La ciencia, como te consta, ha experimentado en la última centuria unos avances enormes, unos progresos colosales. Se han llevado a cabo trasplantes multiorgánicos, de rostro, etc., insólitos. Hoy en día, en el más sofisticado de los talleres modernos, un hospital de la Seguridad Social o privado, hay implantes, prótesis y válvulas para arreglar casi cualquier destrozo (incluida la reimplantación de un miembro amputado) o fallo. Solo hay un órgano para el que no se ha hallado aún recambio, el cerebro.

Seguramente, no faltarán semejantes míos a quienes les apetezca e interese tener el cuerpo de un joven y, al mismo tiempo, sufrir alzhéimer o una demencia senil. A mí, rotundamente, no. Para mí esas dos circunstancias son incompatibles. Si no soy consciente de lo que me pasa, que he vuelto a disponer, por arte de magia (en sentido estricto, de la ciencia o de la técnica), del chasis de un chaval, que no me falten las manos fautoras que me ayuden a dejar este mundo de manera dulce, en paz. Que conste en acta que estoy discurriendo de mi caso en concreto, no de la vida de los demás.

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Entre los dos, me quedo con ninguno

ENTRE LOS DOS, ME QUEDO CON NINGUNO

A veces (no siempre, solo en algunas ocasiones) el vate (y, tras elegir y decidir que dicho vocablo aparezca expresado precisamente aquí, le recomiendo al atento y desocupado lector, sea ella o él, con especial encarecimiento, que no pierda el tiempo, que es oro, intentando hallar en el párrafo inicial de este escrito un ápice o pizca de presunción, porque no lo/a hay; sí podrá encontrar, sin embargo, una oportunidad pintiparada para recordar esto, cosecha de Charles Baudelaire, “sé siempre poeta, incluso en prosa”) se ve obligado, velis nolis, a empuñar la péñola y a echar mano del tintero de la ironía (así define dicha voz el DLE en su acepción tercera: “Expresión que da a entender algo contrario o diferente de lo que se dice, generalmente como burla disimulada”) para que sirva de acicate y/o aliciente, con el propósito probo de despabilar o espolear a quien anda adormecido o despistado para que no le pille el toro de los problemas que debe solucionar y aún sigue sin resolver.

Si hacemos caso a (y no discrepamos de) la tesis que sostiene Javier Cercas (a quien conviene tener siempre ídem, cerca —si no es posible a él, físicamente, convendría que sí lo fuera, al menos, uno de sus inteligentes e interesantes textos—, y no colocar entre ambos una insalvable tal) de que “un buen político es aquel que, al afrontar un problema complejo, lo reduce a sus líneas esenciales y lo resuelve por la vía más rápida posible”, cuya definición me parece cabal y rara, pues abriga la extraña virtud de que no le falta ni le sobra nada, en su artículo “El creador de caos”, publicado en la página 10 del número 2.186 de EL PAÍS SEMANAL, cabe preguntarse si el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es un buen político. Si tenemos en cuenta o tomamos en consideración qué aduce Cercas en el susodicho unos párrafos después, más abajo, que “un buen político fue Adolfo Suárez, que en menos de un año resolvió contra pronóstico el problema en teoría irresoluble de desmontar una dictadura y montar una democracia, o los fundamentos de una democracia, sin mediar una revolución o una violencia ingobernable”, insisto en preguntar al atento y desocupado lector (sea hembra o varón) de estos renglones torcidos (y en preguntarme a mí mismo): ¿Es Pedro Sánchez un buen político?

Juzgo que hay que ser muy perspicaz y muy sarcástico (tener y usar, de manera sutil, un desarrollado sentido del humor irónico, indica, a todas luces, una inteligencia a raudales) para dar la siguiente definición de política: “Es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar luego los remedios equivocados”. Ciertamente, en apenas un par de líneas, Julius, “Groucho”, Marx, logró hacer el retrato actitudinal o, si se prefiere esta otra opción o variante, la etopeya, de un mal político. Así que no rehúyo la interrogación, que se hace imprescindible, necesaria: ¿Es Pedro Sánchez un mal político?

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Enamorado, de inconcuso modo

ENAMORADO, DE INCONCUSO MODO

Como, desde hace la tira de tiempo, la realidad se venía imponiendo siempre sobre el deseo, o sea, como era un hecho apodíctico que no estaba enamorado de ninguna fémina real, y llevaba más de tres lustros (casi cuatro) constatando lo obvio, que esta certidumbre permanecía inmutable, inalterada e inalterable, este menda había asumido que acaso nunca más volvería a sentirse arrebatado, cautivado o embelesado por una mujer de carne y hueso, de un modo inconcuso, incontrovertible.

Cada noche, tumbado decúbito supino en mi cama, antes de disponerme a conciliar el sueño, me repetía la misma cantilena (o su anagrama, cantinela): “No pierdas jamás la esperanza, Ángel”. E, indistinta e insistentemente, volvía a rememorar la cita que sobre la susodicha subrayé el día que leí, por primera vez, en el capítulo 28 de “Rayuela”, de Julio Cortázar (“antinovela” la llaman muchos críticos literarios; “contranovela” llegó a denominarla su propio autor): “Probablemente de todos nuestros sentimientos el único no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”.

Ignoro si he urdido ya, antes, a propósito del tema (porque lo cierto es que servidor ha trenzado mucho, aunque no ha publicado aún ningún libro), pero sí sé, y a ciencia cierta, que he meditado varias veces sobre este particular asunto. Y así, en el supuesto de que algún día volviera a enamorarme, había adquirido el compromiso personal de escribirle a mi amada literaria una décima (a la que intentaría acompañar, siempre que fuera correspondido y posible, de una rosa roja) al día.

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Si en algo servidor puede ayudarte,...

SI EN ALGO SERVIDOR PUEDE AYUDARTE,...

Dilecta Pilar:

Te contesto, como el rayo, a los dos correos en este. Tengo pendientes de escribir las tres décimas que he urdido durante el finde.

Como acabas de comprobar, hoy no ha hecho puente la biblioteca de Tudela. Desde uno de sus ordenadores te trenzo estas líneas.

Gracias a ti, por propiciar que mis epístolas existan. Tú, con tus comentarios o correos, eres la causa de que las componga.

De todo hay en la viña del señor. Hay a quienes les gusta lo que cuento y a quienes les peta aún más cómo lo cuento, poco más o menos, lo que dijo Cervantes por boca de uno de sus canes (Cipión a Berganza: “Y quiérote advertir de una cosa, de la cual verás la experiencia cuando te cuente los sucesos de mi vida; y es que los cuentos encierran y tienen la gracia en ellos mismos, otros en el modo de contarlos”) en su famosa novela ejemplar “El coloquio de los perros”, que viene a completar otra, “El casamiento engañoso”.

Ayer bajó mi cuñado Jesús a por mí a Tudela. Mi sobrino Adrián se confirmaba en Cascante. Luego comimos bien en el tudelano restaurante De Miguel, cuyos caldos y viandas hemos degustado otras veces.

Ya sabes. Todos nos equivocamos. Lo que tenemos que hacer, cuando tal cosa ocurra, es procurar enmendarnos cuanto antes, como viene recomendando, desde ni se sabe cuánto tiempo hace, Confucio.

Si en algo servidor puede ayudarte,...

No me extrañará, pero te extrañaré, te echaré de menos. Es, mutatis mutandis, lo de “El principito”, de Antoine de Saint-Exupéry: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, empezaré a ser feliz desde las tres”. A ver si sales airosa (es mi deseo y mi esperanza) de esa contrarreloj.

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Chupinazo

CHUPINAZO

Desde que tengo uso de razón, siempre he luchado (quien haya superado la mayoridad habrá constatado que vivir es una pugna constante por sobrevivir) por alcanzar o conseguir lo que deseaba y me satisfacía, atrapar o capturar a todo trance un “cronotopo”, o sea, el lugar apropiado en el momento oportuno. Evidentemente, en medio de dicho “cronotopo” siempre me hallo yo, ora como protagonista, ora como testigo directo, con capacidad para desdoblarme y replegarme, es decir, adoptar un papel u otro, según sea mi voluntad.

Si estoy, por ejemplo, en la Plaza Nueva (o de Los Fueros) de Tudela un veinticuatro de julio, minutos antes de que den las doce del mediodía en la Casa del Reloj, empiezo a pensar que se pueden escribir unos renglones torcidos sobre ese instante concreto, en el que una muchedumbre, vestida como yo, con prendas blancas y rojas, aguarda, con alegría contenida, que comience la fiesta.

Tras escuchar tres vivas (a Navarra, Tudela y Santa Ana), imagino que, impulsado por una repentina fuerza descomunal, asciendo raudo, como una flecha, por los aires hasta que llego a la altura adecuada, doy de lleno en el blanco o centro de la diana idónea y exploto.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


El humor, Pilar, es materia seria

EL HUMOR, PILAR, ES MATERIA SERIA

Dilecta Pilar:

A mí, que es el que come, degusta y saborea la mentada patata con borraja, me peta (a Pío, a quien invito, de vez en cuando o de cuando en vez, también, que conste en acta). Suelen salirme las paellas de rechupete, estupendas, y hay quien dice que bordo la pasta.

Con los antecedentes y la familia culinaria de quien sabes, me pasa lo que con tus críticas peliculeras, que me las creo, de veras.

Guardaré en secreto esa receta en el cajón reservado y oculto, donde suelo guardar los secretos (de la a la zeta)

Me ha gustado mucho tu crónica. Así es, a unos (ellas y ellos) se les dan bien los asados y guisados y a otros se nos dan bien las urdiduras o trenzados de voces.

He dado remate a la epístola que verá la luz, Deo volente, el día 3 de julio. Te la agrego abajo para que veas cómo ha quedado.

(Completo tus puntos suspensivos: y nuestras adicciones y nuestras dependencias y nuestras locuras o temas y... puedes continuar ahora tú, ad libitum, la serie, siempre que lo hagas con humor, que, como te consta y sabes, es materia seria)

A mí me alegra que lo propio ocurra a la inversa o viceversa.

Ya sabes: sin prisa, pero, asimismo, sin calma, cachaza o pachorra.

Así es. Ciertamente, sin tu concurso, no hubiera sido posible que este menda trenzara las epístolas que te dirijo y publico en mi bitácora. Eso intento, completarlas, complementarlas, redondearlas (casi siempre, tras habértelas mandado o al día siguiente).

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Las acepto si admites mi de nada

LAS ACEPTO SI ADMITES MI DE NADA

Dilecta Pilar:

Ignoro si has concluido lo mismo que yo, que no tenemos grandes diferencias de criterio; que acaso nos distinguen los matices.

A la olla la llamaba mi difunta madre “la tastarra (o tastarrera)” (por ser una fusión de testa que marra, interpretaba yo, aunque quizás lo hiciera servidor de manera errada). Recuerdo, verbigracia, que, cuando se levantaba por las mañanas mareada de la cama, solía decir que “se le iba la tastarra”.

La belleza siempre está en el interior (el exterior es el disfraz, impuesto por el azar o el sino, o elegido libremente, que usamos mientras peregrinamos por este valle de lágrimas —más de pena que de dicha—).

El sábado, por la tarde, como te adelanté, me lo volví a pasar estupendamente durante la cuarta entrega de los premios “Goya” de la Teba, presentados por Germán Martínez, con quien he coincidido varias veces en la sede de la citada peña con la grata ocasión de cenas (un showman; sigo pensando que es un animador con un potencial enorme, que no está siendo conveniente aprovechado por el mundo del espectáculo). Acudí con Pío Fraguas, que se divirtió un montón (mi cuñada Elena me entregó antes del acto las invitaciones, pues mi hermano tenía que hacer un desfile, que nos perdimos). Luego nos tomamos en los bares del centro los habituales zuritos. El domingo lo dediqué a hacer las comidas, a leer y a escribir, lo asiduo (bueno, sota, caballo y rey, para no salirme del guion).

Felicítalo de mi parte, aunque sea con retraso, por su mayoridad. Felicítate (y felicita a tu pareja) por haber superado con creces esos diecinueve años largos de relación.

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Mi anhelo es que también tú lo disfrutes

MI ANHELO ES QUE TAMBIÉN TÚ LO DISFRUTES

Dilecta Pilar:

Hoy he venido al Centro Cívico “Lourdes” un poco más tarde de lo usual. Me ha cortado el pelo y recortado la barba Paula, la nínfula que aprendió el oficio con (o se lo enseñó) Esteban, que está ingresado en el HRS (felizmente, parece que todo va por buen camino).

Ídem, gracias. Mujer, aunque soy un lego o profano en muchos campos del saber, algo de lengua y literatura española sí que sé. Lo que me consta es que a mí (a ti y a nuestras/os compañeras/os o colegas) no me (nos) regalaron la licenciatura, no.

Ya ves, tú y yo, perseverantes literatos, parecemos científicos, pues somos seres que, a lo largo de nuestra vida, vamos alternando (casi casi trenzando) aciertos con errores. Nos pasa, mutatis mutandis, algo parecido a lo que les acaece a ellos con su método experimental de ensayo/error. Sí; coleccionamos más de los segundos que de los primeros (como confiesa quien no es un pretencioso, soberbio o vanidoso, claro). Por ejemplo, yo, que contengo y dispongo de un montón de críticos y correctores a mi servicio, me doy cuenta de las numerosas lecturas (aparejadas de adiciones, enmiendas y supresiones) que debo hacer de algunos de mis textos hasta que, por fin, consigo darlos por buenos. Me temo que quien ha malinterpretado lo escrito por ti he sido yo. Me suele ocurrir cuando leo rápido.

He leído como viaja el rayo (o la centella) tu artículo sobre la posverdad (la mentira que se presenta, postula o propone como candidata para fingir y fungir de verdad) y las imágenes reales, en el que te fijas en varios asuntos de rabiosa actualidad (el problema, arreglado en un pispás, como recomienda Confucio, entre Letizia y Sofía, las reinas consorte y emérita de España, el máster —mejor, no máster cursado— de Cifuentes, el ataque a la población civil siria con bombas químicas, con muchos niños heridos en y por el tal, etc.). Me ha gustado. ¿Te has dado cuenta de que en el arranque de tu artículo, la cabal definición que da el DLE de posverdad (“distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”) tiene cierta cercanía o mucho que ver con lo que busca el autor de ficciones, que sea verosímil el relato que narra su cuento o su novela? Cierto. No andan faltas de razón las objeciones que planteas, pero ¿acaso la posverdad no pretende hacer pasar por verosímil (algo falso con apariencia de verdad) lo que tiene solo un porcentaje (alto, medio o bajo) de real?

Lamento tener que desdecirme, pues lo he publicado hoy. La verdad es que lo había escrito para que viera la luz, en un primer momento, ayer, pero el que urgía ser publicado antes se le adelantó y lo tuve que posponer hasta hoy (no mañana). A veces se me va un poco la olla. Tengo tantos textos comenzados en el telar, pendientes o a falta de lecturas correctoras posteriores que llevar a cabo para darlos como concluidos que, a veces, solo a veces, me armo más de un belén o jaleo.

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Quien nunca duda es un sandio

QUIEN NUNCA DUDA ES UN SANDIO

“El nacionalismo solo permite afirmaciones y toda doctrina que descarte la duda, la negación, es una forma de fanatismo y estupidez”.

Jorge Luis Borges

—Toda doctrina sin duda
Es fanatismo, sandez.
—Decir eso es honradez.
Quien al contrario no ayuda
Lleva sucia hasta la muda.
—Así como antaño, hogaño
Lo normal veo en lo extraño
Y lo extraño en lo normal.
—Tú siempre fuiste formal,
Riojano, navarro y maño.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sé que se ha repetido esa molestia

SÉ QUE SE HA REPETIDO ESA MOLESTIA

Dilecta Pilar:

Acabo de llegar (dos horas más tarde de lo normal) al Centro Cívico “Lourdes”. Hoy me he sentido, ora el protagonista del artículo “Vuelva usted mañana”, de Mariano José de Larra, ora el personaje Joseph K. de “El proceso”, de Franz Kafka. Aún me faltan trámites para poder cambiar la domiciliación del recibo del agua (antes tendré que proceder a mudar la titularidad de dicho suministro).

Tengo la mejor opinión de Patricia, la madre cuerda, prudente, sensatísima, del difunto Gabriel. La considero una mujer estupenda; bueno, pues dudo que algún día (a pesar de que el paso del tiempo suele obrar milagros) pueda perdonar a la bruja (¿habrá alguien a quien la pintura fiel, fidelísima, que has hecho de ella, no le repugne?) que acabó con la vida de su pececito. Por cierto, ¿acaso ha pedido perdón Ana Julia, la asesina confesa?

Gracias. He escrito recientemente sobre la prisión permanente revisable. Ya sabes qué criterio sostengo a propósito de los pederastas, asesinos múltiples y violadores, que, por las razones que sean, tienen serias dificultades para reeducarse y reinsertarse socialmente; ergo,...

Seguramente la culpa fue mía y, aunque creí haber leído detenidamente tu artículo, no di en el blanco o centro de la diana, no acerté con lo que querías dar a entender. Ya sabes, el autor escribe y luego el lector interpreta. ¿Lo correcto? Unas veces sí y otras no (como eso mismo se predica de los afamados pimientos de Padrón, que unos pican y otros no).

El hombre propone y Dios dispone, airea el dicho. Han sido apocados y tristes (para mí, claro) los días de Semana Santa. Durante la tarde del pasado Viernes Santo, día señalado para este menda, tuve que bajar a Urgencias, porque el catarro (o alergia; o una alianza de ambos) que había pillado me impedía respirar correctamente. La doctora que me visitó me recetó Cefuroxima, un antibiótico, y Symbicort Turbuhaler, un inhalador (el pecho me gruñía). La combinación está haciendo el efecto apetecido, pues el resfriado se va atenuando paulatinamente. Hoy estoy mejor.

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Viernes, 16 de noviembre

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