El Blog de Otramotro

Entre los dos, me quedo con ninguno

ENTRE LOS DOS, ME QUEDO CON NINGUNO

A veces (no siempre, solo en algunas ocasiones) el vate (y, tras elegir y decidir que dicho vocablo aparezca expresado precisamente aquí, le recomiendo al atento y desocupado lector, sea ella o él, con especial encarecimiento, que no pierda el tiempo, que es oro, intentando hallar en el párrafo inicial de este escrito un ápice o pizca de presunción, porque no lo/a hay; sí podrá encontrar, sin embargo, una oportunidad pintiparada para recordar esto, cosecha de Charles Baudelaire, “sé siempre poeta, incluso en prosa”) se ve obligado, velis nolis, a empuñar la péñola y a echar mano del tintero de la ironía (así define dicha voz el DLE en su acepción tercera: “Expresión que da a entender algo contrario o diferente de lo que se dice, generalmente como burla disimulada”) para que sirva de acicate y/o aliciente, con el propósito probo de despabilar o espolear a quien anda adormecido o despistado para que no le pille el toro de los problemas que debe solucionar y aún sigue sin resolver.

Si hacemos caso a (y no discrepamos de) la tesis que sostiene Javier Cercas (a quien conviene tener siempre ídem, cerca —si no es posible a él, físicamente, convendría que sí lo fuera, al menos, uno de sus inteligentes e interesantes textos—, y no colocar entre ambos una insalvable tal) de que “un buen político es aquel que, al afrontar un problema complejo, lo reduce a sus líneas esenciales y lo resuelve por la vía más rápida posible”, cuya definición me parece cabal y rara, pues abriga la extraña virtud de que no le falta ni le sobra nada, en su artículo “El creador de caos”, publicado en la página 10 del número 2.186 de EL PAÍS SEMANAL, cabe preguntarse si el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es un buen político. Si tenemos en cuenta o tomamos en consideración qué aduce Cercas en el susodicho unos párrafos después, más abajo, que “un buen político fue Adolfo Suárez, que en menos de un año resolvió contra pronóstico el problema en teoría irresoluble de desmontar una dictadura y montar una democracia, o los fundamentos de una democracia, sin mediar una revolución o una violencia ingobernable”, insisto en preguntar al atento y desocupado lector (sea hembra o varón) de estos renglones torcidos (y en preguntarme a mí mismo): ¿Es Pedro Sánchez un buen político?

Juzgo que hay que ser muy perspicaz y muy sarcástico (tener y usar, de manera sutil, un desarrollado sentido del humor irónico, indica, a todas luces, una inteligencia a raudales) para dar la siguiente definición de política: “Es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar luego los remedios equivocados”. Ciertamente, en apenas un par de líneas, Julius, “Groucho”, Marx, logró hacer el retrato actitudinal o, si se prefiere esta otra opción o variante, la etopeya, de un mal político. Así que no rehúyo la interrogación, que se hace imprescindible, necesaria: ¿Es Pedro Sánchez un mal político?

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Enamorado, de inconcuso modo

ENAMORADO, DE INCONCUSO MODO

Como, desde hace la tira de tiempo, la realidad se venía imponiendo siempre sobre el deseo, o sea, como era un hecho apodíctico que no estaba enamorado de ninguna fémina real, y llevaba más de tres lustros (casi cuatro) constatando lo obvio, que esta certidumbre permanecía inmutable, inalterada e inalterable, este menda había asumido que acaso nunca más volvería a sentirse arrebatado, cautivado o embelesado por una mujer de carne y hueso, de un modo inconcuso, incontrovertible.

Cada noche, tumbado decúbito supino en mi cama, antes de disponerme a conciliar el sueño, me repetía la misma cantilena (o su anagrama, cantinela): “No pierdas jamás la esperanza, Ángel”. E, indistinta e insistentemente, volvía a rememorar la cita que sobre la susodicha subrayé el día que leí, por primera vez, en el capítulo 28 de “Rayuela”, de Julio Cortázar (“antinovela” la llaman muchos críticos literarios; “contranovela” llegó a denominarla su propio autor): “Probablemente de todos nuestros sentimientos el único no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”.

Ignoro si he urdido ya, antes, a propósito del tema (porque lo cierto es que servidor ha trenzado mucho, aunque no ha publicado aún ningún libro), pero sí sé, y a ciencia cierta, que he meditado varias veces sobre este particular asunto. Y así, en el supuesto de que algún día volviera a enamorarme, había adquirido el compromiso personal de escribirle a mi amada literaria una décima (a la que intentaría acompañar, siempre que fuera correspondido y posible, de una rosa roja) al día.

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Si en algo servidor puede ayudarte,...

SI EN ALGO SERVIDOR PUEDE AYUDARTE,...

Dilecta Pilar:

Te contesto, como el rayo, a los dos correos en este. Tengo pendientes de escribir las tres décimas que he urdido durante el finde.

Como acabas de comprobar, hoy no ha hecho puente la biblioteca de Tudela. Desde uno de sus ordenadores te trenzo estas líneas.

Gracias a ti, por propiciar que mis epístolas existan. Tú, con tus comentarios o correos, eres la causa de que las componga.

De todo hay en la viña del señor. Hay a quienes les gusta lo que cuento y a quienes les peta aún más cómo lo cuento, poco más o menos, lo que dijo Cervantes por boca de uno de sus canes (Cipión a Berganza: “Y quiérote advertir de una cosa, de la cual verás la experiencia cuando te cuente los sucesos de mi vida; y es que los cuentos encierran y tienen la gracia en ellos mismos, otros en el modo de contarlos”) en su famosa novela ejemplar “El coloquio de los perros”, que viene a completar otra, “El casamiento engañoso”.

Ayer bajó mi cuñado Jesús a por mí a Tudela. Mi sobrino Adrián se confirmaba en Cascante. Luego comimos bien en el tudelano restaurante De Miguel, cuyos caldos y viandas hemos degustado otras veces.

Ya sabes. Todos nos equivocamos. Lo que tenemos que hacer, cuando tal cosa ocurra, es procurar enmendarnos cuanto antes, como viene recomendando, desde ni se sabe cuánto tiempo hace, Confucio.

Si en algo servidor puede ayudarte,...

No me extrañará, pero te extrañaré, te echaré de menos. Es, mutatis mutandis, lo de “El principito”, de Antoine de Saint-Exupéry: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, empezaré a ser feliz desde las tres”. A ver si sales airosa (es mi deseo y mi esperanza) de esa contrarreloj.

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Chupinazo

CHUPINAZO

Desde que tengo uso de razón, siempre he luchado (quien haya superado la mayoridad habrá constatado que vivir es una pugna constante por sobrevivir) por alcanzar o conseguir lo que deseaba y me satisfacía, atrapar o capturar a todo trance un “cronotopo”, o sea, el lugar apropiado en el momento oportuno. Evidentemente, en medio de dicho “cronotopo” siempre me hallo yo, ora como protagonista, ora como testigo directo, con capacidad para desdoblarme y replegarme, es decir, adoptar un papel u otro, según sea mi voluntad.

Si estoy, por ejemplo, en la Plaza Nueva (o de Los Fueros) de Tudela un veinticuatro de julio, minutos antes de que den las doce del mediodía en la Casa del Reloj, empiezo a pensar que se pueden escribir unos renglones torcidos sobre ese instante concreto, en el que una muchedumbre, vestida como yo, con prendas blancas y rojas, aguarda, con alegría contenida, que comience la fiesta.

Tras escuchar tres vivas (a Navarra, Tudela y Santa Ana), imagino que, impulsado por una repentina fuerza descomunal, asciendo raudo, como una flecha, por los aires hasta que llego a la altura adecuada, doy de lleno en el blanco o centro de la diana idónea y exploto.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


El humor, Pilar, es materia seria

EL HUMOR, PILAR, ES MATERIA SERIA

Dilecta Pilar:

A mí, que es el que come, degusta y saborea la mentada patata con borraja, me peta (a Pío, a quien invito, de vez en cuando o de cuando en vez, también, que conste en acta). Suelen salirme las paellas de rechupete, estupendas, y hay quien dice que bordo la pasta.

Con los antecedentes y la familia culinaria de quien sabes, me pasa lo que con tus críticas peliculeras, que me las creo, de veras.

Guardaré en secreto esa receta en el cajón reservado y oculto, donde suelo guardar los secretos (de la a la zeta)

Me ha gustado mucho tu crónica. Así es, a unos (ellas y ellos) se les dan bien los asados y guisados y a otros se nos dan bien las urdiduras o trenzados de voces.

He dado remate a la epístola que verá la luz, Deo volente, el día 3 de julio. Te la agrego abajo para que veas cómo ha quedado.

(Completo tus puntos suspensivos: y nuestras adicciones y nuestras dependencias y nuestras locuras o temas y... puedes continuar ahora tú, ad libitum, la serie, siempre que lo hagas con humor, que, como te consta y sabes, es materia seria)

A mí me alegra que lo propio ocurra a la inversa o viceversa.

Ya sabes: sin prisa, pero, asimismo, sin calma, cachaza o pachorra.

Así es. Ciertamente, sin tu concurso, no hubiera sido posible que este menda trenzara las epístolas que te dirijo y publico en mi bitácora. Eso intento, completarlas, complementarlas, redondearlas (casi siempre, tras habértelas mandado o al día siguiente).

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Las acepto si admites mi de nada

LAS ACEPTO SI ADMITES MI DE NADA

Dilecta Pilar:

Ignoro si has concluido lo mismo que yo, que no tenemos grandes diferencias de criterio; que acaso nos distinguen los matices.

A la olla la llamaba mi difunta madre “la tastarra (o tastarrera)” (por ser una fusión de testa que marra, interpretaba yo, aunque quizás lo hiciera servidor de manera errada). Recuerdo, verbigracia, que, cuando se levantaba por las mañanas mareada de la cama, solía decir que “se le iba la tastarra”.

La belleza siempre está en el interior (el exterior es el disfraz, impuesto por el azar o el sino, o elegido libremente, que usamos mientras peregrinamos por este valle de lágrimas —más de pena que de dicha—).

El sábado, por la tarde, como te adelanté, me lo volví a pasar estupendamente durante la cuarta entrega de los premios “Goya” de la Teba, presentados por Germán Martínez, con quien he coincidido varias veces en la sede de la citada peña con la grata ocasión de cenas (un showman; sigo pensando que es un animador con un potencial enorme, que no está siendo conveniente aprovechado por el mundo del espectáculo). Acudí con Pío Fraguas, que se divirtió un montón (mi cuñada Elena me entregó antes del acto las invitaciones, pues mi hermano tenía que hacer un desfile, que nos perdimos). Luego nos tomamos en los bares del centro los habituales zuritos. El domingo lo dediqué a hacer las comidas, a leer y a escribir, lo asiduo (bueno, sota, caballo y rey, para no salirme del guion).

Felicítalo de mi parte, aunque sea con retraso, por su mayoridad. Felicítate (y felicita a tu pareja) por haber superado con creces esos diecinueve años largos de relación.

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Mi anhelo es que también tú lo disfrutes

MI ANHELO ES QUE TAMBIÉN TÚ LO DISFRUTES

Dilecta Pilar:

Hoy he venido al Centro Cívico “Lourdes” un poco más tarde de lo usual. Me ha cortado el pelo y recortado la barba Paula, la nínfula que aprendió el oficio con (o se lo enseñó) Esteban, que está ingresado en el HRS (felizmente, parece que todo va por buen camino).

Ídem, gracias. Mujer, aunque soy un lego o profano en muchos campos del saber, algo de lengua y literatura española sí que sé. Lo que me consta es que a mí (a ti y a nuestras/os compañeras/os o colegas) no me (nos) regalaron la licenciatura, no.

Ya ves, tú y yo, perseverantes literatos, parecemos científicos, pues somos seres que, a lo largo de nuestra vida, vamos alternando (casi casi trenzando) aciertos con errores. Nos pasa, mutatis mutandis, algo parecido a lo que les acaece a ellos con su método experimental de ensayo/error. Sí; coleccionamos más de los segundos que de los primeros (como confiesa quien no es un pretencioso, soberbio o vanidoso, claro). Por ejemplo, yo, que contengo y dispongo de un montón de críticos y correctores a mi servicio, me doy cuenta de las numerosas lecturas (aparejadas de adiciones, enmiendas y supresiones) que debo hacer de algunos de mis textos hasta que, por fin, consigo darlos por buenos. Me temo que quien ha malinterpretado lo escrito por ti he sido yo. Me suele ocurrir cuando leo rápido.

He leído como viaja el rayo (o la centella) tu artículo sobre la posverdad (la mentira que se presenta, postula o propone como candidata para fingir y fungir de verdad) y las imágenes reales, en el que te fijas en varios asuntos de rabiosa actualidad (el problema, arreglado en un pispás, como recomienda Confucio, entre Letizia y Sofía, las reinas consorte y emérita de España, el máster —mejor, no máster cursado— de Cifuentes, el ataque a la población civil siria con bombas químicas, con muchos niños heridos en y por el tal, etc.). Me ha gustado. ¿Te has dado cuenta de que en el arranque de tu artículo, la cabal definición que da el DLE de posverdad (“distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”) tiene cierta cercanía o mucho que ver con lo que busca el autor de ficciones, que sea verosímil el relato que narra su cuento o su novela? Cierto. No andan faltas de razón las objeciones que planteas, pero ¿acaso la posverdad no pretende hacer pasar por verosímil (algo falso con apariencia de verdad) lo que tiene solo un porcentaje (alto, medio o bajo) de real?

Lamento tener que desdecirme, pues lo he publicado hoy. La verdad es que lo había escrito para que viera la luz, en un primer momento, ayer, pero el que urgía ser publicado antes se le adelantó y lo tuve que posponer hasta hoy (no mañana). A veces se me va un poco la olla. Tengo tantos textos comenzados en el telar, pendientes o a falta de lecturas correctoras posteriores que llevar a cabo para darlos como concluidos que, a veces, solo a veces, me armo más de un belén o jaleo.

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Quien nunca duda es un sandio

QUIEN NUNCA DUDA ES UN SANDIO

“El nacionalismo solo permite afirmaciones y toda doctrina que descarte la duda, la negación, es una forma de fanatismo y estupidez”.

Jorge Luis Borges

—Toda doctrina sin duda
Es fanatismo, sandez.
—Decir eso es honradez.
Quien al contrario no ayuda
Lleva sucia hasta la muda.
—Así como antaño, hogaño
Lo normal veo en lo extraño
Y lo extraño en lo normal.
—Tú siempre fuiste formal,
Riojano, navarro y maño.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sé que se ha repetido esa molestia

SÉ QUE SE HA REPETIDO ESA MOLESTIA

Dilecta Pilar:

Acabo de llegar (dos horas más tarde de lo normal) al Centro Cívico “Lourdes”. Hoy me he sentido, ora el protagonista del artículo “Vuelva usted mañana”, de Mariano José de Larra, ora el personaje Joseph K. de “El proceso”, de Franz Kafka. Aún me faltan trámites para poder cambiar la domiciliación del recibo del agua (antes tendré que proceder a mudar la titularidad de dicho suministro).

Tengo la mejor opinión de Patricia, la madre cuerda, prudente, sensatísima, del difunto Gabriel. La considero una mujer estupenda; bueno, pues dudo que algún día (a pesar de que el paso del tiempo suele obrar milagros) pueda perdonar a la bruja (¿habrá alguien a quien la pintura fiel, fidelísima, que has hecho de ella, no le repugne?) que acabó con la vida de su pececito. Por cierto, ¿acaso ha pedido perdón Ana Julia, la asesina confesa?

Gracias. He escrito recientemente sobre la prisión permanente revisable. Ya sabes qué criterio sostengo a propósito de los pederastas, asesinos múltiples y violadores, que, por las razones que sean, tienen serias dificultades para reeducarse y reinsertarse socialmente; ergo,...

Seguramente la culpa fue mía y, aunque creí haber leído detenidamente tu artículo, no di en el blanco o centro de la diana, no acerté con lo que querías dar a entender. Ya sabes, el autor escribe y luego el lector interpreta. ¿Lo correcto? Unas veces sí y otras no (como eso mismo se predica de los afamados pimientos de Padrón, que unos pican y otros no).

El hombre propone y Dios dispone, airea el dicho. Han sido apocados y tristes (para mí, claro) los días de Semana Santa. Durante la tarde del pasado Viernes Santo, día señalado para este menda, tuve que bajar a Urgencias, porque el catarro (o alergia; o una alianza de ambos) que había pillado me impedía respirar correctamente. La doctora que me visitó me recetó Cefuroxima, un antibiótico, y Symbicort Turbuhaler, un inhalador (el pecho me gruñía). La combinación está haciendo el efecto apetecido, pues el resfriado se va atenuando paulatinamente. Hoy estoy mejor.

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En esos dos asuntos coincidimos

EN ESOS DOS ASUNTOS COINCIDIMOS

Dilecta Pilar:

Haces bien en insistir (no te moleste hacerlo; a mí, al menos, no me molesta que lo hagas; a pesar de la opinión negativa que otrora leí —y ahora recuerdo que lo hice— en “La peste”, de Albert Camus, uno de mis autores predilectos: “El sueño de los hombres es más sagrado que la vida para los apestados. No se debe impedir que duerman las buenas gentes. Sería de mal gusto: el buen gusto consiste en no insistir, todo el mundo lo sabe. Pero yo no he vuelto a dormir bien desde entonces. El mal gusto se me ha quedado en la boca y no he dejado de insistir, es decir, de pensar en ello”), si eso es lo que piensas. Ahora bien, da la casualidad o la causalidad que en esos dos asuntos concretos opinamos lo mismo.

Me parece bien que hayas llegado a la conclusión de que debes seguir procediendo de la manera que lo haces por la sencilla razón de que a ti te sirve, como me comentas, si, sin apenas corregir, escribes como trenzas, estupendamente. Acaso el problema (la discrepancia existente entre nuestros pareceres) esté, estribe o radique en que yo no tengo un oído tan fino como el tuyo y, por esa razón, no escucho tan bien a mi musa (como tú a la tuya, si es distinta de la mía, que puede). No pretendo convencerte de nada, que conste en acta, pero Juan Ramón Jiménez en “Españoles de tres mundos”, si no estoy equivocado, que (insisto) puede, sostiene que hay inspiración en el acto de la creación, pero también la hay (o puede haberla) en el momento de la corrección.

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¡Cuánto ayuda aprender de los mejores!

¡CUÁNTO AYUDA APRENDER DE LOS MEJORES!

“Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabajo, más suerte tengo”.

Thomas Jefferson

Hoy, viernes, 25 de mayo, día en el que se conmemora el nacimiento de San Camilo de Lelis (fundador de la Orden de los Camilianos) en la pequeña localidad italiana de Bucchianico di Chieti en 1550, donde estuve, hace casi cuatro décadas, con el difunto José Luis Álvarez Santaolalla y el ingenioso y sutil José Carlos Bermejo Higuera (en el viaje que hicimos tras acabar COU a Italia), quiero tener un recuerdo especial para quienes fueron profesores míos, durante los tres últimos años de la EGB, que cursé en el seminario menor de Navarrete (La Rioja), los religiosos Camilos Pedro María Piérola García, Daniel Puerto y Salvador Pellicer, tristemente finados, y los vivos (si no marro) Ezequiel Julio Sánchez, “Txema” López y Jesús Arteaga Romero.

Recientemente, el mencionado en último lugar en el párrafo precedente (los últimos serán los primeros), Arteaga, con el que más relación tengo (le remito cuanto trenzo), me envió un pequeño escrito en el que me recordaba que, en el día de la fecha, los religiosos Camilos (que prometen en voto solemne, según la fórmula de su profesión, servir a los enfermos aun con peligro de su propia vida, con el mismo amor que siente una madre por su único hijo enfermo) pretenden hacer un merecido homenaje y rememorar a los más de trescientos miembros de la Orden, que murieron mártires de la caridad, al dar sus respectivas vidas, víctimas de contagio, cuando asistían y cuidaban a personas enfermas en tiempos de epidemia.

Recogía don Jesús, en el mencionado texto, una frase del Evangelio de San Juan 15, 13: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Como él fue uno de los mejores profesores que tuve, a lo largo de mi adolescencia y juventud, pues me enseñó a pensar por mi cuenta, a tener criterio propio, a discrepar o disentir, si lo consideraba oportuno (aunque luego debiera disculparme, al comprobar, de manera fehaciente, que me había equivocado), sin ánimo de polemizar con él, ni con el epígrafe o versículo que escogió de San Juan, me permito apuntar que acaso sí haya un amor aún mayor, “el que da su vida por desconocidos que eran, además (lo supiera o ignorara), sus enemigos”.

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¿El ciento treinta y uno es honorable?

¿EL CIENTO TREINTA Y UNO ES HONORABLE?

“Llamo coherencia al ajuste o encaje perfecto entre lo que se piensa, las tesis ideadas, y lo que se dice que se ha pensado, las conclusiones proferidas; y de esto, a su vez, con lo que se hace, las actitudes perceptibles”.

Emilio González, “Metomentodo”

Hoy en día, en el viejo continente, Europa, entre la legión de dirigentes políticos que hay, cabe espigar y conformar una patrulla o patulea de representantes despreciables, insolidarios e insensatos, empeñados en poner en peligro los pros de la menos mala de las formas de gobierno pergeñadas por el ser humano, la democracia. La manipulación, a base de propaganda y agitación, de las emociones y los símbolos entre la ciudadanía, que los susodichos hacen, cada día es más evidente, omnímoda y ominosa, llegando esta a abrazar y ocupar, amén del núcleo y zonas aledañas, hasta los contornos de los numerosos espacios donde se debate de política (en una horquilla cuyos extremos van de la visión más apodíctica, real o verdadera a la más apócrifa, fantasiosa o ficticia).

Ahora, verbigracia, varios ejemplares de los mentados en el párrafo de arriba pretenden normalizar (y hacer comulgar con ruedas de molino al resto) convicciones que algunos, entre los que se cuenta el abajo firmante de estos renglones torcidos, servidor, considerábamos que ya habían quedado arrumbadas y periclitadas, como las racistas y supremacistas; en plata, que una colectividad, por razón (una sinrazón en toda la regla) del lugar donde nacieron, de la lengua en la que balbucieron sus primeras palabras o de la cultura que otrora mamaron, es mejor y superior a otro grupo ajeno, anejo o alejado en el espacio y/o en el tiempo. Ningún representante de ninguna de las formaciones políticas con escaño en las diversas Cámaras, incluidas las independentistas, deberían avenirse a dar por bueno o el plácet a ese tesón de algunos politicastros desfasados por resucitar o clonar ideas que, por detestables y horrendas, deberían seguir como y donde están, hechas ceniza y encerradas bajo siete llaves, en una urna reprobable de la historia. Convendría que se sacaran lecciones inmarchitables de esos maestros (y aun doctores) que son los acontecimientos pasados. ¿Ya se ha olvidado adónde llevaron los juicios nazis y fascistas en Europa? A la confrontación más inhumana, a la Segunda Guerra Mundial.

Muchos han hablado y escrito estos últimos días pretéritos (con razón) de las opiniones racistas, sectarias y supremacistas del presidente ciento treinta y uno de la Generalitat, Quim Torra. A mí (dejando a un lado otra paradoja, que se haya elegido como Molt Honorable ¿al más fanático de entre los independentistas?) lo que más me ha llamado la atención es que los segregacionistas se hayan hartado de argumentar que prefieren una república a una monarquía hereditaria y nadie (ningún secesionista, quiero decir) haya salido a la palestra, o sea, dicho ni mu, del dedazo de Puigdemont (a la hora de elegir plan, un heredero, o clon suyo, para el clan), una contradicción como una casa (como la ídem de la ídem de Pablo Iglesias e Irene Montero; a quienes han zurrado de lo lindo con razón, por cierto). ¡Consejos vendo y para mí no tengo!, sí. O la ley del embudo (la parte estrecha para ti y la ancha para mí), también. Cinismo, pura y dura impudencia.

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Viernes, 21 de septiembre

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