El Blog de Otramotro

Cuando la lumbre alumbraba

CUANDO LA LUMBRE ALUMBRABA

Hay quien, se halle donde se halle (no importa dónde), siempre repite la misma cantilena o cantinela, que antes (sin parase a especificar cuándo) los tiempos y las costumbres eran mejores que los/as hodiernos/as. O peores, que de todo hay en la viña del Señor. Ante las/os tales, suelo pensar lo idéntico (y, solo si la confianza lo favorece o propicia, proferir, poco más o menos, esto) que lo que a mí me consta es que eran otros y otras.

Me encuentro entre (o sumo a) quienes entienden que otrora ocurrieron unos hechos que hoy no se entienden bien del todo y que se yerra, de modo morrocotudo, cuando se tiende a valorar comportamientos antiguos con la mentalidad moderna. Lo lógico y normal es juzgar el pasado (y todo lo que a él concierne) con los criterios del pasado y el presente con los del presente, como así, supongo, en el futuro harán quienes opinen sobre el porvenir, que para las generaciones que vienen será presente o pretérito reciente.

Quien haya superado la cincuentena y acudió, siendo un crío (hembra o varón) a la casa de sus abuelos (y, si estos vivían en un pueblo, con más razón), seguramente, recordarán que en la cocina de la susodicha había un hogar (con la preceptiva chimenea), donde se hacía la lumbre. Allí se colocaba, rodeado por las brasas o encima de un trípode de hierro (“las truedes”), el puchero para hacer la comida. Al calor de la lumbre, se tostaban las rebanadas de pan de hogaza, que con un chorretón de aceite del trujal y, de manera optativa, con ajo y sal o azúcar, estaban de rechupete. Al mismo calor, subían los colores a los mofletes de la cara, si una/o se aproximaba más de la cuenta. Por las noches, en torno al hogar, se narraban y escuchaban relatos de todo jaez; unos iban acompañados de risas y aun carcajadas y otros de miedo y hasta pánico.

En muchas casas actuales, el hogar, ese lugar donde antes había fuego, cuyas llamas alumbraban mal la estancia (si era de noche) y, más o menos, la caldeaban, hoy lo ocupa un electrodoméstico, la tele.

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Fue esto realidad, no una ficción

FUE ESTO REALIDAD, NO UNA FICCIÓN

PERDIÓ UN EURO Y OCHENTA Y OCHO CÉNTIMOS

No negaré que lo que me dispongo a narrar a continuación ocurrió porque, además de la cajera, hubo al menos una clienta que fue testigo presencial, oyente y vidente, del hecho.

Un señor, tras haber pagado la compra que acababa de hacer en cierto supermercado, se dio cuenta de que no le habían hecho el descuento en determinado producto que había adquirido. Así que, raudo, como el rayo, se dirigió a la chica que le había atendido para que subsanara el desaguisado que había cometido ella o la máquina.

La cajera le echó un vistazo al tique y comprobó que el descuento no había sido efectuado por el sencillo motivo de que ella se había equivocado a la hora de pasar por el escáner la compra, ya que, en lugar de marcar dos paquetes de chicles, compra que llevaba aparejada la rebaja en el precio, solo había marcado uno; así que, tras la operación cabal, el señor se vio obligado a satisfacer 1 euro y 44 céntimos más. Coronado dicho proceso, el señor, antes de abandonar el establecimiento, miró y remiró el recibo de compra por si hallaba otro gazapo. No reparó en que la joven que le había atendido, en lugar de marcar lo dicho, marcó dos garrafas de agua de cinco litros, que sí había depositado el señor sobre la plataforma de la caja y, más adelante, otra, que no, pero de dicho desacierto se dio cuenta el señor en casa.

Seguramente, llegado a este punto del relato, el atento y desocupado lector (sea ella o él) se preguntará con razón, cómo sé (pues doy hasta pelos y señales) tanto de lo acaecido. La respuesta es obvia. Porque lo narrado le ocurrió esta misma mañana al abajo firmante de estos renglones torcidos; quien de tan listo que fue, ha quedado a los ojos de la cajera, de quien fue testigo seguro del hecho (pudo haber más) y de sí mismo como un tonto (el viaje de regreso a casa fue, a ratos un potro de tortura, a ratos un infierno, pues no dejó de llamarse durante todo el camino, un vía crucis, bobo o bodoque).

Así que, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), hágase y hágame el favor de ser coherente, congruente y escarmiente en cabeza ajena; y antes de formular cualquier queja, cerciórese de que tiene razón en hacerla; no vaya a ser que le pase lo que le aconteció esta mañana a servidor, que tuvo que pagar 1 euro y 44 céntimos por pasarse de listo, más 44 céntimos de la garrafa de cinco litros que no compró.

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No obvies las menudencias escabrosas

NO OBVIES LAS MENUDENCIAS ESCABROSAS

Dilecta Pilar:

Como (me consta que te has estudiado) te comprendes mejor que nadie, ya sabes qué compromisos y cuántos has de aceptar, qué cantidad de estrés (“escuatro” o “escinco”) eres capaz de controlar y soportar.

Como solo escuchando o leyendo he aprendido un montón, sigo cultivando ese doble arte de escuchar y leer con suma atención.

El sábado por la mañana hablé, por la vía que inventó Bell, con mi amigo Luis Quirico Calvo Iriarte; por la tarde hablé por teléfono con mi amada Pilar y con mi amigo Luis de Pablo, que vino a visitarme (llegó hasta el Centro Cívico “Lourdes”, donde servidor andaba pulsando las teclas de un ordenador —nos tomamos una caña en la cafetería de El Quinto Pino, que está debajo de mi casa, y hablamos de todo un poco— con las yemas de cuatro dedos). Por la noche, como te adelanté, creo, tras tomarnos tres zuritos, Pío y yo acudimos a la calle Portal, sede de la peña “La Teba”, porque (mediada la previa invitación del presidente de la citada, Sergio Iturre) nos habíamos apuntado para la cena del pastor. Fuimos 43 y lo pasamos estupendamente. Cantamos, nos bebimos un gin-tonic y a las dos de la madrugada nos marchamos a casa (cada uno a la suya). El domingo lo dediqué a las sanas y productivas costumbres de leer y escribir.

Cuenta, cuenta (y no des por obvios los detalles más escabrosos; es zumba; no soy persona adicta a los chismes).

Supongo que no serán pocas las dificultades o dudas que te surjan. Rehusar es más difícil que aceptar.

Saber escuchar es, como saber leer, una disposición del ánimo que solo la aprende y llega a ser experta/o en ella quien la ejerce y ejercita a diario.

Fue un fin de semana con más ingredientes de los habituales, ciertamente.

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Partidario del contrario

PARTIDARIO DEL CONTRARIO

Yo siempre soy partidario
De que, acierte o desatine,
Cada quien del tema opine,
Porque a veces el contrario
Solo es el complementario.
Me niego intelectualmente
A militar en corriente
Alguna, porque yo acepto
Que abordar cabe el concepto
De forma opuesta a mi mente.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Yo soy yo y mis bastiones interiores

YO SOY YO Y MIS BASTIONES INTERIORES

Dilecta Pilar:

Déjame darte las gracias a ti y a tu artículo de ayer en el Heraldo de Aragón, “Baluartes interiores”, y también a José Ortega y Gasset, por amadrinar tú y apadrinar él, esto es, propiciar a medias, el rótulo y el contenido de esta, la epístola que te dirijo.

Hay quien dice que una/o es de donde estudió la carrera universitaria. Si eso es así, si pasa por ser una verdad incontrovertible, yo soy de Zaragoza. Hay quien sostiene, como mantuvo Max Aub, que una/o es de donde cursó el bachillerato. En mi caso, lo mismo da, porque de las asignaturas de los tres cursos del Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) me examinaron profesores que impartían, a la sazón, sus lecciones en el Colegio “San Valero”, seminario menor zaragozano. El COU lo hice, asimismo, en la capital maña, concretamente, en el Colegio “Enrique de Ossó”, las Teresianas.

El pabellón de Filología ha sido derribado, ciertamente; pronto no quedará allí ni una sombra o mota de polvo (espero que no te extrañe leer esta hipérbole, pues el agua del Ebro me ha hecho propenso a ellas) de sus actuales escombros, pero aunque sus techos, suelos, paredes y escaleras hayan pasado a mejor vida, los recuerdos de muchos de los hechos que allí acaecieron irán (viajarán), siempre que el alzhéimer no nos juegue una mala pasada, con nosotros.

A mí, hoy, al menos, me resulta meramente imposible olvidar a María Antonia Martín Zorraquino, a José-Carlos Mainer Baqué, a José Manuel Cacho Blecua, a María Jesús Lacarra (a mí sí me cupo la fortuna y el honor de tenerla como profesora en Primero; además, presidió el tribunal que me puso un 8), a Mateu (fui traductor suplente en su clase), a Iso, a Aurora Egido, a Leonardo Romero, a Esther Lacadena, a Enguita, a Monge, Val, Buesa, Armisén, Albiac, etc.

Y cómo no recordar a los émulos más cercanos: Susana, María Jesús, Pilar, Jesús Miguel, Javier, Juan Carlos, Arellano, etc.

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El maestro mejor fue fray Ejemplo

EL MAESTRO MEJOR FUE FRAY EJEMPLO

CÓMO URDIÓ ESTE MENDA UN MICRORRELATO

Como el mejor maestro del colegio religioso donde estudié los tres últimos cursos de la Educación General Básica, de Sexto a Octavo, fue fray Ejemplo, y es mi propósito dejar aquí constancia, al menos, de una muestra de cómo urdió este menda un microrrelato, me propongo no procrastinar y pongo a trenzar de inmediato la mentada tarea pendiente (a ver si consigo llevarla a cabo con diligencia e inteligencia).

Considerando que la palabra en boga es “relator”, con el significado de mediador, es mi intención incluirla en él, o sea, que el susodicho trate o verse sobre un/a tal. Así que, sin dilapidar más tiempo, he imaginado una situación y he escrito esto:

EL “COMPLEJO DE ESPERANZA”

(CONVERSACIÓN POR WASAP)

Por si te sirve, Sofía, te reenvío esta conversación que, por wasap, me remitió ayer nuestra amiga común, Laura:

“—Esta mañana me he encontrado en la consulta del médico con Pilar, que me ha hablado de lo que sacó en claro el otro día, cuando acudió con su marido, Luis, por primera vez, a la mediadora de pareja.
“—¿Mediadora? Mira que eres antigua. Parece que aún andas hibernando, como una marmota. Conviene estar al día, maja. ¿Es que no ves la tele, ni oyes la radio, ni lees los diarios digitales y de papel?
“—Está claro que esta mañana te has levantado picajosa. ¿Por qué lo dices?
“—¡No me digas que no has oído aún la palabra, “relator/a”, que anda de boca en boca!
“—¿Cuál es su fuente? ¿El fútbol o la política?
“—La política. Al meollo, que aún no he hecho la comida. La relatora les dijo que el problema que arrastran viene de lejos, de cuando decidieron casarse. Ese día cometieron ambos un error de bulto al aventurar cuáles podían ser sus respectivas expectativas. Pilar metió la pata al barruntar que Luis cambiaría de carácter y comportamiento y Luis se equivocó al creer, a pies juntillas, que Pilar no los mudaría. Lo llamó el “Complejo de Esperanza”. Por Aguirre, supongo, que otrora se quejó de que le hubiera salido tanto consejero de su gobierno madrileño rana. En plata, que, cuando Pilar veía en Luis a su príncipe azul, el batracio ya era rana. Recuerda la última frase que leímos en ‘La Regenta’, de Leopoldo Alas, Clarín: ‘Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo’”.

Ahora bien, a fin de hacerlo más verosímil, me he fijado en las bases de un certamen real que, para dicha modalidad, exigía esta sola condición, que no superara las quince líneas (cuerpo 12). Por tanto, he acomodado mi urdidura a dicho requisito y la he adelgazado hasta cumplirlo. La versión definitiva es el diálogo que sigue. Lo mantienen dos amigas íntimas por teléfono:

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No llevará esta epístola romano

NO LLEVARÁ ESTA EPÍSTOLA ROMANO

Dilecto Jesús:

Está bien tomar la péñola para aparentar que uno es dios (en minúscula, claro), o sea, para fingir o fungir de alfarero o crear algo nuevo de la nada (con la sola ayuda de la inteligencia y de la arcilla, las palabras).

Así es, veinte años no son nada (treinta, ídem) en una vida centenaria (los seres humanos llevamos camino de serlo; si es con achaques mil, igual no nos compensa; veremos, siempre que no seamos o lleguemos a dicha edad ciegos).

Ya ves que viene bien, de cine o perillas, ponerse el mundo por montera y torear cuanto bicho salga por el chiquero al albero.

Seguro que escribes mejor de lo que antaño, otrora, lo hacías (a mí, al menos, me parece que es así, pero puedo estar equivocado), si has seguido escribiendo. A escribir solo hay una manera de aprender a hacerlo, escribiendo, y, si es todos los días, mejor; más rápidamente se aprende.

Hace unos días, el servicio de ordenadores del Centro Cívico “Lourdes” se clausuró. Así que sigo echando mano, de manera habitual, de un ordenador de la biblioteca pública de Tudela, donde María Ángeles y Pilar ejercen de mis ángeles custodios; esporádicamente, del único que mantiene vivo, en servicio, Alberto Sánchez, el dueño del cíber-café “Praga”.

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¿Qué acaso me adelgace más que engorde?

¿QUÉ ACASO ME ADELGACE MÁS QUE ENGORDE?

Me confesaste un día que eras borde.
Si mucho me agradó que hipersincera
Fueras, miedo cerval me dio tu cera,
Que puede que adelgace más que engorde.

Aunque oír tu verdad me puso al borde
De un ataque de nervios, a la vera
De en un espejo ver mi calavera,
No cursó con un ritmo monocorde.

Sin duda, yo prefiero, aunque me dañe,
Que a quien amo me cuente lo ocurrido
A por otro canal lo acaecido

Conocer, a que dos veces me engañe.
Conmigo, Pilar, sé siempre una diosa
Y no seas jamás mendaz, odiosa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Celebro que ese sea tu criterio

CELEBRO QUE ESE SEA TU CRITERIO

Dilecta Pilar:

Te entiendo. Las digresiones o los vericuetos son verdaderas tentaciones. Y ya sabes qué recomendaba hacer con ellas Oscar Wilde: que la mejor manera de liberarse de ellas o de vencerlas es cayendo en ellas.

Te agradezco y celebro que ese sea tu criterio. Creo que fue en “Españoles de tres mundos” donde Juan Ramón Jiménez sostuvo la tesis de que, si hay inspiración en el acto de la creación, también lo hay en el de la corrección; ahora bien, debo comentarte que, después de tener durante hora y media el libro entre mis manos (se lo pedí a María Ángeles, una de las tres responsables de la biblioteca pública de Tudela), no leí (no me dio tiempo a leerlo entero) la mentada referencia. Esto viene a cuento de que el primer verso del segundo cuarteto (quinto del soneto que publicaré el próximo sábado, “Nacer siempre es llegar del extranjero”) aparecerá escrito en mi bitácora con una leve variante (que la mejora; ese es, al menos, mi parecer) de la versión que te remití, así: “para que a los demás, luego, deslumbres”.

Esta mañana he leído tu artículo en el Heraldo de Aragón, pues había ejemplar en “el Cole”, la librería/papelería que regenta mi amigo “Fangio”. Abundo en tu tesis, de cabo a rabo, desde la mención del alzhéimer, la demencia senil o los accidentes cardiovasculares a que la verdadera historia no es la incompleta o parcial. Ahora bien, como uno viene comprobando (al oír y leer a muchos historiadores histéricos, que son los que viven la historia con histeria o confunden la histeria con la historia) que hay personas que se llaman historiadoras/es, pero fingen o fungen de falsificadoras/es de la historia, acaso convenga, por ser más beneficioso para la salud, no invertir (para no perder) mucho tiempo en leer lo que escriben para no embrollar la cuenta (lo que tenías en cuenta) con el cuento, el soberano cuento que cuentan.

A esta hora tendría que estar en el Hospital “Reina Sofía” (HRS), pero una amable trabajadora del servicio de citas me ha llamado esta mañana por teléfono para decirme que no acudiera a la misma, ya que se había pospuesto para el día 26, a la una del mediodía.

Me consta que tienes muchos compromisos de todo tipo. Ergo, no tienes que disculparte más conmigo. Acepto tus disculpas hoy, si pactamos que esas no caducan y me sirvan para el resto de las próximas veces que te nazcan pedírmelas.

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Pilar se llama la elegancia suma

PILAR SE LLAMA LA ELEGANCIA SUMA

La elegancia suprema tiene nombre de mujer y se llama Pilar. Desde que la vi, por primera vez, aquella mañana de julio en el vestíbulo del hotel, me di sobrada cuenta de ello, de que era una fémina elegante. Sin embargo, aunque suelo ser intuitivo, reconozco que no capté entonces, en ese momento concreto, el sinfín de matices sutiles que acarreaba consigo; verbigracia, hasta qué punto crucial o cota suma podía llegar, si se avenía a derrochar muestras evidentes y numerosas de exquisitez tras abrir el tarro de sus quintaesencias. En los dos segundos prudentes de que dispuse (si hubieran sido tres, servidor hubiera sido tachado con razón de mirón patético por su ángel de la guarda) pude guipar por el rabillo de mi ojo izquierdo cómo una orla nimbaba su figura formando un óvalo azul claro, el que es consustancial con la gloria eterna.

La elegancia suma, insisto, está en vestir un mono y que, preguntes a quien preguntes (hembra o varón) del público entendido que ha acudido al pase de modelos, a la pasarela, escuches, poco más o menos, como respuesta, esto: la señora (por Pilar) del mono era la que, en mi modesta opinión, iba más mona.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Hay que leer a los autores buenos

HAY QUE LEER A LOS AUTORES BUENOS

Pienso que hay que leer a los autores (hembras o varones) buenos; y a los muy buenos releerlos, porque son proféticos (la literatura excelsa, al menos, lo es). Seguramente, el atento y desocupado lector (ella o él) de estos renglones torcidos y quien los urde, servidor, discreparemos a la hora de incluir a unos creadores y no a otros en el primer grupo, y a otros y no a unos en el segundo; pero no en el fondo de la idea susodicha. Si los buenos se han hecho acreedores de nuestra atención, los excelentes se han hecho merecedores de nuestra doble tal.

Al abajo firmante, como ser racional que es, le gusta mucho hacer uso de su razón, esto es, pensar, pero hoy hay otro menester que prefiere o aún le gusta más, por ser más productivo para su propósito, que es soñar y luego reflexionar sobre lo soñado.

Este menda había previsto escribir su parecer sobre esa tomadura de pelo que ha sido el procés. Y se ha dicho: a ver si Morfeo se porta y, si no todas, me suministra, durante el sueño, algunas claves del mismo. Pero, durante la siesta, no he soñado ni con Mas ni con Puigdemont ni con Torra, sino con el Premio Nobel de Medicina de 1906, Santiago Ramón y Cajal, que me ha hecho leer en voz alta en clase (pues yo era uno de los alumnos en la que él impartía su lección) tres párrafos, escogidos por él, que habían aparecido publicados en su obra “Charlas de café” (1920).

Primero: “Se ha dicho muchas veces que no hay nada más inútil que la experiencia. Tan triste verdad se corrobora cuando somos víctimas de una pasión avasalladora. En la vida del enamorado, los prudentes consejos del viejo suenan como la voz atiplada de un eunuco que disertara sobre las excelencias del celibato”.

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Si aprovecha leer, más a los clásicos

SI APROVECHA LEER, MÁS A LOS CLÁSICOS

La vigente Constitución Española de 1978, en el punto 2 de su artículo 25 dice que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad”.

Me consta que ha habido un gran grupo de personas que han estado entre rejas a las que su estancia en prisión les ha servido (y la han aprovechado) y otro gran grupo a quienes estar entre barrotes, más que beneficiarles, les ha perjudicado sobremanera.

Los dos párrafos precedentes vienen a cuento de lo que sigue. Una fémina donostiarra (poco importa su nombre compuesto y apellidos; no es mi propósito incrementar innecesariamente el daño o dolor) que otrora trabajó como funcionaria de la Delegación del Gobierno en la Comunidad Foral, que demostró ser un hacha para la malversación y el fraude, ideó la manera de cobrar, a través de varias cuentas corrientes, centenares de millones de pesetas y no devolver 186 de esos a dos empresarios navarros. La Audiencia Provincial de Navarra la condenó a 12 años de prisión, pero el Tribunal Supremo rebajó la pena a 9 años. ¿Sacó alguna enseñanza de ello? ¿Aprendió de los errores cometidos?

Todo parece indicar que no. Esta semana la fémina innominada ha vuelto a sentarse en el banquillo de otra Audiencia Provincial, en este caso, la de Logroño, al ser acusada por el Ministerio Fiscal de un delito continuado de estafa. El representante de la Fiscalía solicita para ella una pena de 8 años.

Al parecer, mutatis mutandis, como ocurre con los asesinos en serie, el delincuente económico va especializándose en sus fechorías, en sus procederes delincuenciales. Presuntamente, la acusada pudo llevar a cabo la estafa, tras alcanzar el cargo de decana del Colegio Oficial de Psicólogos de La Rioja. Cabe preguntarse cómo obtuvo la donostiarra de marras el título de Psicóloga. Sin embargo, esa pregunta lleva aparejada o a formularse otra: ¿Dicho título era verdadero o una engañifa?

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Jueves, 21 de marzo

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