El Blog de Otramotro

¿Despertarme? ¡Qué emoción!

¿DESPERTARME? ¡QUÉ EMOCIÓN!

“Despertarse era lo más bonito. Despertarse también era un sueño”.

Ida Hegazi Hoyer, en “Perdón” (2014)

Despertarme, abrir los ojos
Y comprobar que a tu vera,
Una mujer de bandera,
Me contraba sin enojos,
Yadira, sí, y sin abrojos,
Era una bella emoción,
Una inmensa bendición.
Despertarme así, sin sueño,
Y ver que un Dios halagüeño
Existía era invención.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Con "Chuchín" vencí al estrés

CON “CHUCHÍN” VENCÍ AL ESTRÉS

El pasado día tres,
En la sede de “La Teba”,
Donde el mus raudo se lleva,
Con “Chuchín” le di un revés
Al desorbitado estrés.
La verdad es que ganamos
Y perdimos. Envidamos
A grande, pequeña, pares
Y juego. Varios manjares
Y ene caldos degustamos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿El amor y el humor? ¡Imprescindibles!

¿EL AMOR Y EL HUMOR? ¡IMPRESCINDIBLES!

Dilecta Pilar:

Cierto. Eso se comenta, que la ironía (esa figura o recurso verbal/literario) solo la usa la gente que es (y goza de la doble condición) inteligente y diligente.

Tengo ocho sobrinos, ocho (dos de cada uno de mis hermanos): Cinco féminas (Raquel, mi ahijada, Rocío, Alba, Natalia y Lucía) y tres varones (Jorge, Adrián e Íñigo). Ergo, uno de los tuyos, Jorge, es tocayo de uno de los míos. ¡Enhorabuena! por la benjamina Irene. Siempre me ha gustado mucho esa gracia o nombre de pila, que, como sabes, significa paz, en griego.

Lo de la bodega era una boutade o salida de pie de banco (pretendía ser desopilante, hilarante, o hacer una gracia en la misma frontera, muga o raya que separa el país de las burlas de la nación de las veras, y acaso haya resultado impertinente) de servidor. Te daba un beso de los madurados en barrica de roble, donde lo hacen, asimismo, los caldos que llevan luego esa referencia en la etiqueta: “reserva”.

De nada (esto va por la una, respuesta, y por los otros, versos; y luego me preguntan que de dónde viene mi seudónimo, Otramotro). Me parece una opción, tan respetable como su (prefiero complementaria a contraria) opuesta. No solo el deudo que mencionas; tengo para mí que tú también lo eres, reservada, prudente, discreta o circunspecta. Ya sabes que de nada sirve que una/o escriba A, si el grueso de los lectores lee B. No merece la pena invertir un solo segundo en intentar hacerles ver o convencerles de que andan equivocados, porque tal vez ellos tengan razón y la/el errada/o seas tú. Como sabes, el lector (aunque el autor también lo sea, el primero de su obra; y el crítico literario, a veces, sí, en plural) es quien completa el hecho creativo literario.

Ídem. Yo te agradezco que sigas siendo quien eres y como eres.

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Casi todos los hombres son perversos/amables

CASI TODOS LOS HOMBRES SON PERVERSOS/AMABLES

“Ya casi no hay hombres buenos ni malos, ni traidores por vocación, ni envenenadores por capricho. Hemos descompuesto al hombre, al conjunto de mentiras y verdades que antes era el hombre y no sabemos recomponerlo. Nos falta el cemento de la fe divina o de la fe humana, para hacer con estos cascotes una cosa que parezca una estatua”.

Pío Baroja Nessi

Otrora esto vi y leí (lo mismo que ahora esto veo y leo), que en la relación de los Siete Sabios de Grecia (hay otras, véase, verbigracia, la que presentó Aristocles, Platón, en su diálogo “Protágoras”) que hizo el “doxógrafo” (por cierto, me extraña que este vocablo no haya sido admitido o recogido aún en el DRAE) neoplatónico Ioannes Stobaeus, Juan de Stobi o Estobeo (que coronó en el siglo VI después de Cristo el más amplio florilegio de textos literarios de la antigüedad griega bajo el título de “Antología de extractos, sentencias y preceptos”), al sabio, político y legislador Bías de Priene, uno de los siete, le adjudica esta máxima: “La mayoría de los hombres son malos”. Es mi propósito narrar el sueño que he tenido hoy, entre las cinco horas y veinte minutos y las siete menos diez (podría haber escrito las seis horas y cincuenta minutos, pero, si me he decantado por la primera opción, la razón acaso estribe o radique en que el reloj que uso y porto en mi muñeca izquierda es de agujas y no digital), momentos de la tercera y la cuarta vez que, a lo largo de la noche, he salido al baño a miccionar (tal vez la culpa la tenga un efecto secundario, indeseado, del medicamento que tomo después de cenar para regular mi hipercolesterolemia), para ver si el apotegma de Bías merece seguir vigente, así, como él lo expresó, o ser implementado con el aporte de una nueva perspectiva.

Paso a relatar el sueño. Había quedado (si he de ser honesto —y mi propósito es, sin ninguna duda, serlo—, no le puedo ofrecer o referir a usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, ni el lugar concreto ni la hora exacta de dicho encuentro, porque, una de dos, o no los he hallado en el sueño o, si los había, los he olvidado; no contemplo otra posibilidad) con el líder y cabeza de lista del PSC a las elecciones autonómicas de Cataluña del próximo 21-D, Miquel Iceta, para que me entregara un croquis con el trayecto que debía seguir (al parecer, las citas o compromisos de nuestras agendas discrepaban y no podíamos hacer juntos —servidor, acompañándole a él, claro, por supuesto— el viaje adonde debíamos acudir ambos —ignoro, asimismo, quién nos había citado— sin falta) para llegar a destino, una localidad, sin nombre, catalana. Me ha parecido, sin embargo, que él iba por delante (o alguien muy semejante a él, porque era gordito, bajito y calvo, como él mismo se ha identificado), a unos doscientos metros, cuando, siguiendo el dibujo esquemático que Iceta me había dado, he enfilado un túnel lóbrego y oscuro (como la casa del hidalgo, “donde nunca comen ni beben”, del anónimo Lazarillo de Tormes”), en el que se vislumbraba en lontananza una tenue luz al final del mismo. Nada más salir de dicho agujero, me he visto en medio de una playa rodeado de cinco o seis personas mal encaradas y, en un pispás, las prestidigitadoras manos de uno de ellos me ha hurtado la cartera que llevaba en el bolsillo trasero derecho de mi pantalón vaquero (esto me ha extrañado mucho, y hasta inquietado sobremanera, porque servidor, desde que sufrió un episodio parecido, pero real —como sostiene y cree que la experiencia, además de un grado, es la madre de la ciencia—, ya no porta la cartera en dicho bolsillo trasero, sino en el delantero de su bluyín). Nada más reparar en el hurto, me he visto en un terreno desértico (quizás era la misma playa mentada arriba, pero esta se había hecho más extensa, inmensa), donde se estaba jugando un partido de fútbol entre dos equipos conformados por cientos y aun miles de personas, que me ha impedido identificar o reconocer al anagrama de Roldán, al amigo de lo ajeno. Me he acercado a un bar y le he preguntado al camarero si solían aparecer por allí las carteras que se habían sustraído en los alrededores, tras haber sido convenientemente vaciadas de dinero, porque en la mía llevaba, amén del DNI, otra importante documentación, confidencial. Me ha dicho o dado a entender con un gesto que me diera por jodido (con perdón). Ya estaba a punto de salir por la puerta del bar cuando les he contado a cuatro chicos, tres varones y una fémina, lo que me había acaecido e, ipso facto, antes de que hubiera acabado de hacer una narración detallada de lo ocurrido, cada uno me había ofrecido y alargado generosamente con su diestra un billete de cinco euros, que he cogido y agradecido, pues me hallaba sin blanca. Con ellos, podría regresar a mi punto de partida u origen.

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En mi bodega tengo dos toneles

EN MI BODEGA TENGO DOS TONELES

(QUE, CUANDO USAN SUS ALAS, VUELAN, ELE)

Dilecta Pilar:

Suelo ser zumbón (y muy irónico, pero la gente que no me conoce no interpreta correctamente mis sarcasmos; ya sabes, la ironía no acostumbran a entenderla los legos en la materia literaria). Así que, por lo dicho entre paréntesis arriba, solo los dejo caer en medio de mis parlamentos cuando me hallo entre allegados o, al menos, conocidos.

Si a ti te llena la frase que entrecomillas, bendita seas, querida amiga. Sé coherente y un ejemplo a seguir. Cuando piso el terreno de la ética, siempre se me viene a las mientes, porque le tengo un gran aprecio o cariño especial, ese principio categórico kantiano que dice (en COU me lo aprendí de la guisa que sigue): “obra de tal manera que tu forma de actuar se convierta en ley universal”. Pero soy consciente de que lo que a mí me sirve a otros puede que no les sea útil (y viceversa).

Me congratula un montón que te alegres. Y hasta lo celebro, de veras. Yo, como regla general, tampoco deseo a nadie ningún mal, pero admito que me molesta (lo reconozco sin ambages) que, por ejempolo, quien ha organizado la de Dios es Cristo pretenda luego salirse por la tangente, irse de rositas.

Pues ya no puedes decir que lo ignoras, porque lo sabes. Tengo solo unas primaveras menos que Mirón (lamentablemente finado), a quien llamaron así porque se fijaba mucho en algunas cosas (y, si estas eran sicalípticas, aún ponía más atención, aún se fijaba más), por eso al voyeur francés, aquí y en los países que usan el español para comunicarse, se le llama “mirón” (el DRAE también acepta la voz voyerista para referirse al tal).

Tengo cuatro hermanos: Jesús María (“el Chichas”), Miguel Ángel (“el Chato”), Eusebio (“el Use”) y tu tocaya, María Pilar (“la Nena”).

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¡Vaya sarta de embelecos!

¡VAYA SARTA DE EMBELECOS!

El relato del “procés
A quien esto urde ha dado asco.
No le ha extrañado que un fiasco
Haya devenido. Lo es
Por la cara y el revés.
Ahora cuantas/os creyeron
A las/os que otrora mintieron
Tendrán que pedirles cuentas
Y a quien amenazas cruentas
Se inventó ídem (¿o existieron?).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sigue la insensatez haciendo estragos

SIGUE LA INSENSATEZ HACIENDO ESTRAGOS

El PSC, que lidera Miquel Iceta, si el atento y desocupado lector, sea ella o él, hace el mismo esfuerzo que acaba de hacer servidor de invertir unos minutos de su preciado y precioso tiempo en leer una parte muy concreta del programa con el que la formación socialista, socia del PSOE en Cataluña, se presenta a las próximas elecciones autonómicas del 21-D se llevará una monumental, inesperada e indignante sorpresa al comprobar una de las medidas (sin duda, acéfala y ápoda, sin cabeza ni pies) que propone, que el Estado condone parte de los casi 52.500 millones de euros, que es la deuda que dicha autonomía ha contraído hasta ahora con él, con el argumento de que dicho acuerdo redundará en la confianza mutua y en la reconciliación recíproca; y servirá para superar la deriva del desafío secesionista.

¿¡Y luego me dicen que qué es eso del virus de la insensatez, si el tal no ha sido descrito aún por nadie, si no existe!? Ah, ¿no? Como para muestra basta con enseñar un solo botón, a la prueba me remito y se la pongo delante de sus ojos, lector/a, para que usted la valore.

Puede que la mejora de la financiación de Cataluña, de la que es partidario el PSC, sea una aspiración sensata (siempre que dicha mejora sea compartida por las demás CC. AA., claro, por supuesto), pero lo que no tiene un pase, pese a quien le pese, es la mentada condonación, aunque solo sea de una parte, sin especificar.

Creo, de manera sincera, que marró morrocotudamente en el diagnóstico quien redactó la parte concreta del programa del PSC en la que este viene a reconocer que la insatisfacción entre los catalanes (hembras y varones) se debe a “los efectos de la crisis económica” (en este punto no objetaré) y también a “una escalada de despropósitos entre partidarios y detractores de la independencia” (pero aquí, a menos que se interprete como despropósito una manera pasota de dejar hacer y/o despreocuparse por todo lo tocante al “procés”, los despropósitos los cometieron los partidarios, ellas y ellos, de la independencia y conculcadores jurídicos o detractores del Estado de derecho, no los que cumplieron la ley).

¿Nadie en el PSC con dos dedos de frente ha hecho el esfuerzo de leer, de manera comprensiva, qué se decía en el programa con el que el partido se presenta a las elecciones del 21-D? Parece que no. He hecho en un pispás una pequeña encuesta entre las personas a las que les he leído la propuesta y nadie, ni una sola, puede entender que se pretenda premiar con una condonación (y no con una condena) el derroche dinerario, el despilfarro.

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Carles o la rabieta de un mocete

CARLES O LA RABIETA DE UN MOCETE

Esta pasada noche he vuelto a tener un mal sueño, una pesadilla. Seguramente, la culpa la ha tenido la manta (o el manta) de más. Anoche, nada más acostarme en la cama, sentí frío y, como no había calentado agua para llenar la bolsa, decidí combatirlo ipso facto con otra manta (que eché sobre el edredón).

Al parecer, según mi inconsciente (no me pregunten el porqué, porque nunca abrigué ni el deseo ni la esperanza de que me brotara alguna vez el ápice o la pizca de ambición necesaria que me empujara a aspirar un día a ostentar un cargo de representación política, el que fuera, jamás de los jamases) o subconsciente, servidor había sido elegido diputado en el Parlamento Europeo y viajaba en avión a Bruselas, donde dicen que las coles disminuyen (a la vista está en qué quedan, en dídimos) y, por lo que se verá (sensu stricto, se inferirá de lo leído) luego, también el cacumen o el pesquis de alguno, o sea, su agudeza o perspicacia intelectiva.

Por las cosas y los casos que tiene el azar, me tocó (pásmense ustedes, atentos y desocupados lectores, sean ellas o ellos) Carles Puigdemont como compañero de asiento (¿?).

Tras hacer las presentaciones, mantuve con Puigdemont el siguiente diálogo:

—¿Está usted loco? —me preguntó, de sopetón.
—¿Cómo? —la cuestión me cogió de improviso—. No. ¿Acaso doy esa impresión? Por supuesto que no. —contesté.
—¿Quiere estarlo?
—No —insistí—; de ninguna de las maneras.
—Pues, en ese caso, paso; me ahorro el esfuerzo de intentar convencerle a usted con el argumento con el que he conseguido persuadirme a mí mismo.
—No se corte —le repuse; y, como servidor es un coñón empedernido, incorregible, un zumbón de los de marca mayor, agregué—: Pruebe; a ver qué pasa.
—Yo, Puigdemont, emulando, sin duda, a Luis XIV, “el Rey Sol”, quien, según dicen, el 13 de abril de 1655 (cuando apenas contaba dieciséis años) adujo aquello de “L´État, c´est moi” (“El Estado soy yo”), he logrado reunir los arrestos y los redaños suficientes para osar soltar aquí y ahora, a bote pronto, esta boutade: que la realidad soy yo; y, si la realidad no me gusta, la cambio y santas pascuas o sanseacabó.
—¿No le parece a usted que decir eso le asemeja, como una gota de agua a otra gota de agua, al mocete o “muete” (como se le llama al tal en Tudela), dueño del balón, que propone al resto de los niños que están jugando al fútbol con él, una de dos, o que el próximo gol lo mete él, o coge el balón y el partido se acaba, porque se lo lleva a casa?
—¿Por qué lo dice usted?
—Porque, visto lo visto, oído lo oído y leído lo leído, después de no haber obtenido usted ningún apoyo en la UE a su DUI, ha salido por peteneras al concluir que la UE es “un club de países decadentes”; y, al parecer, si el próximo 21-D las fuerzas independentistas ganan las elecciones autonómicas, usted propondrá un referéndum en Cataluña (¿no ha aprendido nada (de nada)? —¿la experiencia ha dejado de ser la madre de la ciencia?—) para preguntarles a los catalanes, hembras y varones, si son partidarios de salir de la UE y del euro. ¿No pensaron sus padres en ponerle antes que Carles el nombre de Diego?
—¿Por qué lo dice usted?
—Porque usted clava ese dicho, un canto a la incoherencia, visto por el haz y por el envés, de “donde dije digo, digo Diego”.

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Carta a Pilar Martínez Barca, vate

CARTA A PILAR MARTÍNEZ BARCA, VATE

Dilecta Pilar:

Esta mañana, navegando por la red de redes, he llegado hasta un artículo del poeta, ensayista y traductor Antonio Rivero Taravillo, publicado el 18 de septiembre de 2013 en El Cultural, sobre Juan Luis Panero (que, por cierto, había fallecido dos días antes, el 16), donde Rivero recuerda qué le contestó Panero, a quien le había enviado sus primeros poemas para que le diera su parecer o le hiciera una breve crítica literaria sobre los mismos: “En este oficio, uno tiene que aprender a acertar o equivocarse solo”. Ergo, querida amiga, si he de equivocarme, prefiero hacerlo siendo (ejerciendo o fungiendo de autor) perfeccionista.

Según me adujo en franqueza la doctora (cuyo nombre, Itxaso, significa Mar en eusquera) que me hizo la ecografía, a quien relaté lo bien que me lo había pasado con vosotras/os el sábado pasado (y un par de horas del domingo), y con quien me reí un montón (y con Mari, la auxiliar, a quienes mi barba, descuidada, que ya me he afeitado, había desorientado) después de que me hubiera hecho la prueba, no tengo piedras en la vesícula biliar y mis riñones funcionan. Sé que mis hermanos tienen el síndrome de Gilbert. Acaso la herencia recibida sea, asimismo, la causa de mi hiperbilirrubinemia. Hoy he solicitado cita para el próximo miércoles, 15, con mi doctora de cabecera (bueno, ahora es normal hacer referencia a la tal con las siglas MAP, médico de atención primaria), Esther Andrés Santos.

Como leer y escribir son las dos actividades que más placer me reportan, las cultivo a diario. Como desde hace dieciséis años (más años, más) no hago el amor, considero leer y escribir como dos variantes raras, atenuadas (no meros sucedáneos), de hacer el amor.

Mis hermanos Miguel Ángel, en Haro, y Eusebio, en Laguardia, creo, no estoy totalmente seguro de ello en el último caso (acompañados de sus esposas, mis cuñadas Alicia y María José), estuvieron en varias bodegas y se lo pasaron en grande.

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De bien nacido es ser agradecido

DE BIEN NACIDO ES SER AGRADECIDO

(ESPERO QUE SE ENTIENDA LA IRONÍA)

Quien tiene acceso a internet puede consultar gratis et amore la página de la Real Academia Española (RAE) y si, a renglón seguido, hace clic (por cierto, me extraña un montón que se haya aceptado la dicción onomatopéyica clic, pero aún no el verbo cliquear, o sea, hacer ese clic) sobre el Diccionario de la lengua española, este le proporcionará el significado de cualquier vocablo admitido y recogido en él. Probemos, verbigracia, con la voz “vivero”. El DRAE nos brinda dos entradas. La primera recoge cuatro acepciones. Servidor, por lo que luego se verá (si el atento y desocupado lector, ella o él, decide seguir leyendo), se ha decantado o ha elegido la tercera: “Semillero (origen de algunas cosas)”. La segunda solo recoge una acepción: “Lienzo que se fabrica en Vivero, ciudad de la provincia de Lugo, en España”.

El Govern había pergeñado un protocolo de actuación en el supuesto de que alguna autoridad judicial ordenara la irrupción y registro de alguna de las sedes de la Generalitat, al objeto de hallar pruebas documentales sobre el proceso independentista. Al parecer, el cerebro jurídico del “procés” fue Carles Viver Pi-Sunyer, pásmese como este menda, si desconocía como servidor el dato, exvicepresidente del Tribunal Constitucional. O sea que el vivero (en la doble acepción de semillero o lienzo) donde se sembró y diseñó (o pintó) la estrategia jurídica del mismo lleva la firma de Viver. Como el apellido del exvicepresidente del TC carece de la vocal “o”, que sí tiene el susodicho vocablo, y la citada “o” representa la cifra arábiga o guarismo cero, acaso la “o” tenga que ver con la nota que el azar, la casualidad, le ha puesto al tal, al “procés”, por su negativa causalidad en todos los terrenos (político, social, económico, familiar, jurídico,...), por el nefasto trabajo llevado a cabo en su parcela concreta: un cero patatero.

Si anteayer hice referencia a las conversaciones que se habían aireado o habían visto la luz (y de las que se hicieron eco varios mass media) del número dos de Oriol Junqueras en la Consejería de Economía, Josep Lluís Salvadó, con una empleada de dicha sede a propósito de los papeles que había sobre la mesa de la sala de reuniones, para que fueran retirados de allí en un pispás por ella y tirados (eso fue lo primero que se le pasó por la cabeza a Salvadó) al patio, antes de que la comisión judicial, una vez hubiera mostrado la secretaria la orden habilitadora, hiciera la entrada y registro de la misma; ayer salieron a relucir las conversaciones que habían sido grabadas por la Guardia Civil (se sobreentiende, mediante la imprescindible y pertinente orden judicial) entre el citado Carles Viver y la secretaria del director del Gabinete Jurídico de la Generalitat, Francesc Esteve (contra quien la Fiscalía presentó una querella por ser quien, mientras era el número dos de la consellera de Governació Meritxell Borràs, supuestamente compró las urnas que se usaron en el referéndum ilegal —y, más tarde, anulado por el TC— del 1-O). “Ya me avisaron de que, cuando viniesen, llamase al Gabinete. Pero ya uso la otra vía”, le dice Viver a la mentada secretaria.

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¿El de la insensatez? ¡Menudo virus!

¿EL DE LA INSENSATEZ? ¡MENUDO VIRUS!

(CUAL REGUERO DE PÓLVORA SE EXTIENDE)

“—Esto es lo que dijo: ‘Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella’”.

Jerome David Salinger (así cita el criterio que adujo el médico, psicólogo y psiquiatra austríaco Wilhelm Stekel) en su novela “El guardián entre el centeno” (1951).

En España, al parecer, el buen tiempo atmosférico (debido —o no, quién lo sabe a ciencia cierta, quién— al tan traído como llevado cambio climático, que unas/os afirman y otras/os niegan) que en todo su territorio (incluyo, por supuesto, a las islas Baleares y a las afortunadas Canarias) sigue haciendo por ahora ha propiciado que se esté demorando que el virus de la gripe haya empezado a hacer de las suyas (que suele alcanzar sus picos de mayor prevalencia durante los meses de otoño e invierno), o sea, que haya surgido y se haya extendido en forma de epidemia o pandemia y, como consecuencia o resultado de una u otra, se haya incrementado la morbilidad y la mortalidad (sobre todo, entre las personas con menos defensas y mayor riesgo a padecer los rigores de dicho virus).

Empero, en España el virus que sigue contagiándose sin parar, perseverando, inmutable, renuente a cambiar a mejor, a atenuarse o mitigarse, es el de la insensatez, que se está extendiendo (hay quien dice que ha tenido su origen en Cataluña, debido a todo lo tocante o concerniente a una negra dicción, que ha venido a traer, si no la ruina total, un más que serio aviso de la misma, el fracaso omnímodo, íntegro, completo y absoluto a dicha Comunidad Autónoma, el “procés”) o propagando rápidamente, como un reguero de pólvora.

Los dos párrafos precedentes vienen a cuento de lo que relataré en los párrafos que siguen. En este insistiré en una idea que vengo defendiendo y sosteniendo desde hace la tira, una porrada de años, que se tiende a aducir por doquier e iterar (oralmente o por escrito) hasta la saciedad la gran necedad de que todas las ideas y las opiniones que vienen a apoyarlas son respetables, sin darse cuenta de la barbaridad que se dice. Quizá lo que no hemos asumido (y está claro, cristalino, que tendríamos que haber aceptado de buena gana, por tratarse de un axioma apodíctico, aunque acaso esté equivocado al verlo de esa guisa) es que las que siempre son respetables, sin objeción posible, son las personas, pero no sus ideas ni sus opiniones, si no tienen ni pies ni cabeza, si son contrarias a derecho.

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¿Salvadó se salvó o no de la quema?

¿SALVADÓ SE SALVÓ O NO DE LA QUEMA?

Hay quien dice, después de haber escuchado con suma atención las grabaciones que han trascendido, que a Josep Lluís Salvadó, número dos de Junqueras en la Consejería de Economía de la Generalitat, su primer apellido le viene como alianza al dedo anular, al ser interpretado este (apellido) por aquel (quídam innombrable) como el presunto acrónimo o la supuesta contracción de la tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo “salvar” y la primera sílaba del sustantivo “documentos”. Aunque, en sentido estricto, la verdadera salvadora (que, tras el preceptivo juicio justo, si lo hubiere, acaso sea condenada por ello) fue una empleada, diligente y sectaria secretaria del acongojado, timorato y sectario exsecretario, que, por cierto, no llevó a cabo lo que le había mandado que hiciera, vía invento de Bell, su jefe (“Ve a la sala de reuniones, coge los papeles que hay y tíralos al patio”), sino que, una vez recogida la mesa de la sala de reuniones antes de que comenzara el registro, le comunicó en otra llamada telefónica que la documentación estaba “debajo de una caja de agua” (¿la treta susodicha hizo agua? —¿en agua de borrajas o cerrajas quedó el subterfugio?—) y le preguntó si le pedía a Raquel, otra empleada, que se la llevara a algún sitio, para mantenerla a buen recaudo.

¿Puede haber todavía alguien que dude, si ha escuchado con atención lo que hablaron, y piense que la empleada, de la que no ha trascendido su nombre de pila, no es autora (o, en su defecto, fautora) de un delito de encubrimiento? ¿Puede haber todavía alguien que defienda y sostenga sin avergonzarse ni ruborizarse que, tras conocer lo que había sido ordenado por Salvadó, en el supuesto de que el juez Juan Antonio Ramírez Sunyer, titular del Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona, que investigaba presuntos delitos cometidos el 1-O, y ordenó el registro, lo enviara preventivamente a la cárcel, convertiría a Salvadó en un preso de conciencia (ya que no existen los presos políticos, según Amnistía Internacional)?

¿Qué papeles pretendía esconder o que pasaran inadvertidos a los ojos y las manos escrutadoras de los agentes judiciales que acompañaban a la secretaria judicial enviada por el juez? ¿No da pie a pensar que la documentación ocultada debía contener, a todas luces, alguna ilegalidad manifiesta que, por si las moscas, convenía que no saliera a relucir?

No sé; quizá es que yo soy un malpensado y hago mal en emparejar esta información con otra, también reciente, que tiene que ver con otros papeles que los Mossos d´ Esquadra se disponían a quemar en una incineradora y fueron incautados por agentes de la Policía Nacional, que tuvieron que exhibir una orden firmada por la magistrada titular del Juzgado Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional Carmen Lamela para que la mencionada documentación les fuera entregada. Ese material se encuentra bajo secreto de sumario, porque se refiere a hechos acaecidos el 1-O. Dichos papeles se están estudiando de manera concienzuda y, al parecer, hay diversos documentos que incriminan presuntamente a varios mandos intermedios de los Mossos.

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Martes, 12 de diciembre

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