El Blog de Otramotro

Por no alargar la cosa, no te objeto

POR NO ALARGAR LA COSA, NO TE OBJETO

Dilecta Pilar:

Te contesto a los dos correos en este (empezando por el que circulaba por otro cauce).

Habrás comprobado que han sido bastantes las variantes (deseo y espero que coincidamos en el criterio, a mejor; esa ha sido, al menos, mi intención) que hay, respecto del texto de la primera versión.

Has olvidado la actividad que engloba a todas las citadas por ti, corredor, ora de sesenta, ora de ciento diez metros vallas (dependiendo de si la prueba era en invierno o en verano) y de tres mil metros obstáculos (¡cuántas carreras de dicha distancia ha tenido que superar Jesús Vidal!).

A ver si me da tiempo. ¡Tengo tantas ideas hoy bulléndome en la testa! Te entiendo. Yo también estoy metido de lleno en varios textos. Todos andamos como podemos.

Barrunto que os va a quedar estupendamente. Con el cariño y las ganas que le estáis poniendo solo os puede quedar el libro como tú escribes, “casi perfecto”.

He sacado una copia, pero me temo que voy a tener que usar la lupa que tengo en casa para leer vuestros currículos o breves semblanzas. Por cierto (seguro que aguardas una zumba; pues ahí va), ¿por qué le habéis puesto a la niña, Diogenesa, una piruleta en el pelo? Perdónamela, por fa (y el resto de las notas musicales). Espero (lo mismo que deseo y celebraré, si así ocurre) que te hayas (son)reído; ergo, que no te hayas enfadado (por la broma o tontería pergeñada) conmigo. ¡Bendita risa, sí!, pues es la que propicia que sigamos tirando (peregrinando) por este valle de lágrimas.

Por no alargar la cosa, no te objeto. Lo siento. Me desdigo al instante, sí, pero es por este motivo sólido de peso, por que la tentación ha sido abrumadora. Ya sabes que aquí ni siquiera Dios (si es autocrítico, que, al menos, yo lo juzgo esperable) lo es, perfecto, asevero. Así que ¡bendita imperfección!

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Breve y escueto apunte de Pandora

BREVE Y ESCUETO APUNTE DE PANDORA

(SOBRE LA OMNIDOTADA E IMPAR EVA)

Según la mitología griega, Zeus, el padre del panteón heleno, ordenó a Hefesto, dios del fuego, célebre por sus variopintas habilidades o mañas, que esculpiera la estatua de la primera mujer, una núbil bella. Atenea, enemiga de Prometeo, la vistió con una túnica blanca, colocó un velo sobre su rostro, la coronó con un aro hecho con flores frescas y ciñó su cintura con un cordón áureo. Hermes, el mensajero divino, le concedió el don del habla y Afrodita la facultad o virtud de embelecar y/o embelesar.

De esta guisa, Zeus y compañía crearon un ser aparentemente bondadoso, pero, en el fondo, sensu stricto, malévolo, al que el supervisor del universo llamó, irónicamente, Pandora, todo regalo (por ser depositaria de todos ellos o ser ella la portadora de los tales). Llevó a dicha fémina virginal a la Tierra, donde los dioses y los humanos se confundían o andaban mezclados. Ninguno de ellos dejó de ponderar sus innumerables prendas. Ella, ora aleccionada convenientemente, ora predestinada, escogió como pareja a Epimeteo, el candoroso hermano de Prometeo, quien había robado el fuego a los dioses y se lo había entregado a los hombres, para, a la postre, mediante el ánfora o tinaja o jarra (no la caja, que como término se ha impuesto a los sugeridos), obsequio olímpico que Prometeo le había advertido a su hermano que no aceptara, bajo ningún concepto, ser el mentado en último lugar objeto de la venganza divina.

Epimeteo, desoyendo a su hermano, aceptó y acogió como esposa a Pandora, portadora de su recipiente nocivo, de males repleto, pues, hasta entonces, los hombres, siguiendo las recomendaciones de Prometeo, habían vivido exentos de males, denuedos y enfermedades perniciosas, terribles. Por curiosidad o por sugerencia divina, Pandora destapó la tinaja (o caja) y al momento huyeron de la misma los males que contenía. En el fondo de la mencionada (cuenta el relato mitológico) quedó, aturdido por la repentina fuga en tropel, el único bien que contenía la susodicha, la esperanza, pero, siguiendo lo prescrito por Zeus, Pandora dejó caer la tapa antes de que la esperanza pudiera iniciar el vuelo, quedando encerrada en la susodicha tinaja.

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He aquí el texto que he urdido últimamente

HE AQUÍ EL TEXTO QUE HE URDIDO ÚLTIMAMENTE

Dilecta Pilar:

Te mandaré esta mañana (si puedo; si no, esta tarde, siempre que no me se me vaya el santo al cielo, claro) las seis páginas sobre la cinta en cuestión, “La casa del lago”. Aún no he leído en voz alta el texto que he trenzado últimamente, para darle el nihil obstat, pero te lo enviaré como está. A ver si te gusta (te aviso con antelación de que puedes hallar algún yerro). Mi intención es trocearlo en tres o cuatro partes y publicarlo en esos mismos, tres o cuatro, días (durante el mes de mayo).

Yo creo (por ser humano, demasiado humano, como el título que Nietzsche colocó a una de sus obras) que, si fuera Dios, no me concedería el 10 más que en contadas ocasiones de desbordante euforia, pues constato, un día sí y otro también, que, aunque mi intención es hacer las cosas impecables, sin fallos, pronto me doy cuenta de que he cometido yerros, de mayor y menor bulto (que intento corregir cuanto antes). Ayer, por cierto, firmaba mi texto hodierno, “Una pareja perfecta”, así:

“Asimismo, deseo y espero que nadie se moleste por que haya decidido no firmar este texto con mi seudónimo habitual, Emilio González, “Metomentodo”, sino con mi nombre verdadero,

Dios (en el supuesto de que Dios exista, Él sabe, a ciencia cierta, que en mi ánimo no ha habido un ápice o pizca de irreverencia, a la hora de suplantar su personalidad diversa, pues es trino, y su firma; y sí un vagón repleto de vaya omnímoda, vaya, a la que es tan adicto servidor, un guasón de marca mayor. En el supuesto de que Dios exista, le consta, de manera fehaciente, que le estoy e(vi)ternamente agradecido por haberle puesto a mi amanuense, Ángel, en el camino una persona digna de amar, su amable Pilar, su señera compañera)”.

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Vivir es (a nadie extraña)...

VIVIR ES (A NADIE EXTRAÑA)

SALIR DE LA TELARAÑA

Me gustaría que mi hija
Fueras para acompañarte
Hasta el altar y dejarte
Allí junto a quien elija
Tu alma permanecer fija.
Comprobarás que son tantos
Y que producen espantos
Los mil y un riesgos que entraña
Caer en la telaraña
Que impetrarás a los santos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Todos mis diablos cojean?

¿TODOS MIS DIABLOS COJEAN?

(COMO TÚ, KIENTIBAKORI)

—¿Qué es para ti lo importante?
—Vivir sin impacientarme,
Sin de la paz nunca hartarme.
—¿La confusión es cortante?
Y coja, Satán, frustrante.
—¿Todos mis diablos cojean?
—Quienes “El hablador” lean
Eso en claro sacan, eso.
—¿¡Me la quieres dar con queso!?
—Muchas más cosas me afean.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Por qué gestas/os seréis rememorados?

¿POR QUÉ GESTAS/OS SERÉIS REMEMORADOS?

(A CUANTOS CANDIDATOS SE PRESENTAN)

Al comienzo del guion de la película “El club de los emperadores”, dirigida por Michael Hoffman en 2002, al final del breve discurso de salutación que el director del Colegio masculino St. Benedict, en lo que parece ser el estreno o inicio del curso académico, que tiene lugar en el salón de actos, dirige a los alumnos de dicha institución les señala: “Si se fijan bien en la inscripción que hay debajo del obispo dice: Non sibi. O no para uno mismo. Resume la filosofía del St. Benedict. La sabiduría que se adquiere aquí tiene que ser empleada para el bien común, no solo para el beneficio propio. Y por último, Finis origine pendet; esas tres palabras las llevan escritas en sus corazones, bajo el escudo del St. Benedict. Es el lema de nuestro colegio; significa: el final depende del principio; el final depende para nosotros del principio”.

Algunas escenas después, el profesor William Hundert (papel que borda el actor Kevin Kline), tras las presentaciones, en la primera lección que les imparte a sus nuevos alumnos sobre civilización occidental, los griegos y los romanos, le pide a uno de sus discentes, Martin Blythe, que vaya al fondo del aula y lea en voz alta la placa que está colocada sobre la puerta de entrada (o de salida) a la clase: “Soy Shutruk-Nahunte, rey de Anshan y Susa, soberano de la tierra de Elam. Yo destruí Sippar, tomé la estela de Naram-Sin y la traje a Elam, donde la erigí como ofrenda a mi dios. Shutruk-Nahunte, 1.158 antes de Cristo”. Cuando termina, le da las gracias y pregunta si alguien conoce al mentado monarca, Shutruk-Nahunte. Les dice que dicho nombre no lo encontrarán en sus libros y les brinda, gratis et amore, el porqué sus hazañas no las recoge ningún libro de Historia: “Porque la gran ambición y la conquista sin contribución al bien común no tienen ningún valor. Y ustedes, ¿en qué piensan contribuir? ¿Cómo les recordará la Historia? ¿Shutruk-Nahunte? Totalmente olvidado. No como los grandes hombres que ven aquí: Aristóteles, César, Augusto, Platón, Cicerón, Sócrates, gigantes de la Historia, hombres de un marcado carácter, cuyos méritos y triunfos sobrevivieron a su época y sobrevivirán incluso a la nuestra. Su historia es nuestra Historia”.

Desde que vi por primera vez el filme arriba mencionado, han ido sucediéndose los días, las semanas, los meses, los años, y he vuelto a ver la película varias veces más; hoy, habiendo superado con creces el medio siglo de edad, más cercano de los sesenta años que de los cincuenta, puedo aseverar que, entre otras, pocas, verdades, estoy seguro de que considero irrefutable, apodíctica, esta: Un hombre (hembra o varón) no es lo que piensa, ni es lo que dice que ha pensado (puede engañar y/o engañarse). A un hombre hay que juzgarlo y valorarlo por lo que hace, sea esto óptimo, bueno, regular, malo o pésimo. Por sus obras o frutos será conocido. Si estas/os son excelentes, será galardonado, premiado, reconocido.

Grosso modo, entre los romanos, de progenitores a retoños, solía transmitirse la actitud aleccionadora, ejemplar, modélica, de un patricio, Cincinato, a quien no se le caían los anillos, pues, él mismo araba sus propias tierras y llevaba una vida austera, sobria. Durante el año 458 a. de C., tras padecer Roma varios ataques de los ecuos, fue nombrado dictador (cargo o dignidad —que asumió y ostentó en una segunda oportunidad, cuatro lustros después, siendo él octogenario— con amplios poderes, durante un espacio de seis meses, para solventar el o los problemas más acuciantes, que habían llevado al Senado a su designación, a fin de no procrastinar la toma de decisiones). Tras derrotar a los ecuos, renunció (eso es, al menos, lo que se cuenta, se dice, se lee) al cargo y a la toga orlada de púrpura que lo distinguía, y volvió a sus quehaceres cotidianos, a arar sus campos. Desde entonces, Cincinato es reputado un dechado de virtud cívica, al usar el poder en beneficio de la comunidad, sin abusar de él.

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¿De amor un acto y bondad?

¿DE AMOR UN ACTO Y BONDAD?

“Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”.

Wilhelm Stekel

“Que me ofrezcan una caja de Rauenthaler 1903 y me comprometo a bautizarme por el rito que sea, mientras no se me obligue a exponer mi desnudez gótica. Y si son diez cajas, me bautizaré y me confirmaré. En estos asuntos, tengo manga ancha”.

Henry-Louis Mencken, “el sabio de Baltimore”

“Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”.

Cita falsamente atribuida a Julius Henry, “Groucho”, Marx

“Citadme diciendo que me han citado mal”.

Julius Henry, “Groucho”, Marx

Me sirve la distinción
Que entre insensato y sensato
Halló Stekel, ¡ojo al dato!
Mencken hizo igual mención.
¿“Groucho” abundó en la intención?

¿El martirio es, de verdad,
De amor un acto y bondad,
Un gesto probo y honesto,
O el corolario funesto
De un lance de vanidad?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Que no te coja el toro de improviso

QUE NO TE COJA EL TORO DE IMPROVISO

En el supuesto de que a España se le siga comparando con una plaza de toros, el ruedo ibérico de Valle-Inclán, o con el espacio donde uno acostumbra a dar a otro, velis nolis, una conferencia, charla u homilía, ora a tiempo, ora a deshora, o, viceversa, el otro se la da a uno, del debate de ayer, lunes, en TVE, entre los candidatos del PSOE, PP, C’s, y Unidas Podemos a los comicios generales que se celebrarán el próximo domingo, 28-A, lo que más me llamó la atención, por encontrarlo fuera de lugar, fue que, una vez llegó este a su happy end, feliz final, cual espontáneo fuera de plaza y de plazo, José Luis Ábalos, el secretario de Organización del PSOE y ministro de Fomento, saltó a la arena o coso o, en su defecto, acudió a la entrada/salida de la iglesia, una vez había acabado la misa, para entonar a voz en cuello el “alabaré, alabaré, alabaré, alabaré, alabaré a mi Señor”.

Ignoro (bueno, me desdigo al instante, nada más escribir dicho verbo, conozco) por qué esta noche mi pesquis ha elaborado un sueño del que, por una extraña razón de peso que aún no le logrado desentrañar del todo, recuerdo con fidelidad lo precipuo o principal, el siguiente diálogo improbable (seguramente), que habían mantenido, escasas horas antes del debate de TVE, Pedro Sánchez y José Luis Ábalos:

S. —¿Qué es esto?
Á. —Es el discurso que hemos preparado para que lo largues cuando haya acabado el debate, cuando te toque comentar, ante los mass media acreditados, cómo había discurrido, según tu parecer, el mismo.
S. —Lo siento, pero no voy a echarle ni siquiera un ojo a ese peñazo.
Á. —¿Estás en tus cabales?
S. —Perdona mi franqueza, pero eres tú el que parece que anda atolondrado o tarumba. Si te apetece, puedes soltarlo tú. Yo paso.
Á. —No me tientes, que ya me conoces y no me arredro por nada. Es más, te aviso lo que acabo de decidir, que lo voy a hacer, soltarlo. Que no te coja el toro de improviso.

Confío, deseo y espero que el susodicho episodio no se vuelva a repetir hoy, tras el debate de Atresmedia.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Si no es razón de peso suficiente,...

SI NO ES RAZÓN DE PESO SUFICIENTE,…

Durante mi adolescencia en el colegio religioso (hoy, hotel) que los Padres Camilos regentaban en Navarrete (La Rioja), nunca escuché hablar de mi amada actual, Pilar. Como aquellos tres años fueron mi cielo en la Tierra (así los vengo catalogando desde ni se sabe), porque a los tales les siguieron muchos de puro y duro infierno (con algunos puntuales momentos cruciales de dicha plena, que los hace imperecederos, inolvidables), acaso debería haber oído hablar a la sazón de quien me ha retrotraído varias veces a las sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos que tuve o me nacieron entonces, en el susodicho seminario menor, de una felicidad apabullante, omnímoda, por ser los hodiernos, los de ahora, si no idénticos, parecidos o similares a los que me brotaron in illo tempore, otrora.

Ahora bien, tal vez en un haiku que se sacó de la manga en una discusión poética mi colega Emilio González, “Metomentodo”, que no había tenido en cuenta antes servidor o había pasado por alto hasta ahora, esté la clave, o sea, quepa encontrar la mejor refutación a cuanto acabo de verter en el párrafo precedente: “Halla el pilar / donde erigir tu cielo, / quid de tu hilar”. ¿Cabe o no interpretar dicho haiku así: encuentra a Pilar y en ella edificarás tu cielo; no dejarás de rilar (temblar, pues oír su nombre te seguirá produciendo escalofrío y unas ganas irrefrenables de urdir sobre los muchos resplandores que ella, una estrella, arroja, emite o eroga a sus alrededores)?

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Todo autor debe ser hacedor libre

TODO AUTOR DEBE SER HACEDOR LIBRE

Dilecta Pilar:

Para que me entiendas, no soy partidario de las tesis que adujo en cierta ocasión y determinado foro (creo que se trataba de un Congreso sobre Lengua Castellana o Española) el genial “Gabo”, en lo tocante a las reglas de ortografía, verbigracia. Y es que sigue siendo una verdad como un templo algo que recuerdo que dijo y dejó escrito en letras de molde Aristóteles, pero con otras palabras, que en el cerebro del más sabio hay un rincón para la insensatez. Todo autor debe ser hacedor libre, diré más, libérrimo, como lo fue, fungió y fingió de tal, el mentado Premio Nobel, Gabriel García Márquez, por ejemplo, pero no me sonaron mal ni fuera de lugar las objeciones que puso un literato como la copa de un pino, Miguel Delibes, en boca de Nieves, hija de Paco, “el Bajo”, uno de los personajes literarios inolvidables de su novela “Los santos inocentes”, obra que luego inmortalizó, al llevarla a la pantalla grande y pequeña, del cine o de la televisión, otro genio, Mario Camus.

Por si no ha quedado claro lo anterior, te brindaré otro argumento o razón. Me muestro más libre con las reglas de la décima (espinela), puesto que contravengo (soy consciente de ello) muchas veces la norma de que no puede haber punto (salvo el final del poema) tras el verso quinto de la misma, que con las del soneto, que las sigo a rajatabla. Y es que considero que el soneto es la composición poliestrófica por antonomasia o excelencia en nuestro idioma, desde que me aprendí de memoria, en segundo curso del Bachillerato Unificado Polivalente, uno, de temática religiosa, anónimo, “A Cristo crucificado”, que inicia el endecasílabo melódico (si se le pone reparos a que sea, sensu stricto, enfático), “No me mueve, mi Dios, para quererte”.

El próximo jueves comienza la campaña electoral, sí. Pues me temo que debo contestarte con otro adverbio afirmativo a tu pregunta, porque tengo clara y cristalina mi decisión: volveré a votar en blanco. Ya he escrito el artículo de opinión o crónica que publicaré dicho día, el once de los corrientes, y que porta el rótulo diáfano de “Servidor volverá a votar en blanco” y el subtítulo de “Acompaña el dar caña a la campaña” (aunque lo haya escrito en la precampaña). Luego te lo mando, para tu solaz.

Me agrada, peta y/o satisface que el que te he mandado por otro canal te haya parecido así, perfecto.

Celebro que hagas el esfuerzo de comprenderme; y de nada; te itero (e insisto en) la misma tesis de la que he echado mano otras veces: cuanto hago contigo (leerte y escribirte) lo culmino con gusto, sin sentirme obligado nunca a ello.

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Tres cuartos de lo mismo me acaece

TRES CUARTOS DE LO MISMO ME ACAECE

Dilecta Pilar:

Tres cuartos de lo mismo me acaece con mi difunto hermano. Como sabes, hace cuarenta años que murió José Javier; bueno, pues han sido pocos los días que han transcurrido, desde aquel día de Navidad, fecha fatídica, que, por una razón o por otra, no lo he recordado. Cuando me hablaste (en realidad, me escribiste) de los ángeles de la guarda (en cuya existencia creías), yo pensé, pero no dije ni urdí, que acaso Javi (como hipocorísticamente le llamábamos en casa) fuera o pudiera pasar por uno de ellos.

La familia es un bien que hay que promover y proteger a todo trance. La compañía de la familia es crucial cuando la salud falla.

La salud es el ingrediente fundamental para poder seguir peregrinando con ilusiones y pasión por este valle de lágrimas. Quien no haya aprendido aún esta verdad, la vida se encargará de que, velis nolis, más pronto que tarde, la aprenda.

Bienvenida, bien hallada y bienhadada la empatía, tu empatía.

Esa es una de las muchas contradicciones que uno viene identificando y que, por una extraña razón, suele ir erogando por doquier la vida. Solía decir Iluminada, mi progenitora o madre amantísima (hablaba poco, pero qué poco marraba en cuanto profería) que por donde está más oscuro amanece. Y hay una paremia española que sostiene que no hay mal que por bien no venga. Acaso ese sea el caso de la finada madre de Jesús, cuyo óbito, en lugar de ser causa de la desunión, significó lo opuesto, la argamasa o el pegamento que unió aún más a la familia.

Cierto, certísimo. Cada persona somos un abanico. Dependiendo de las circunstancias o de las varillas que juntemos o por las que optemos del susodicho, podemos ser vistos por los demás como un ángel o como un demonio.

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Servidor volverá a votar en blanco

SERVIDOR VOLVERÁ A VOTAR EN BLANCO

ACOMPAÑA EL DAR CAÑA A LA CAMPAÑA

En España, desde los primeros años de la Transición (de la dictadura a la democracia actual, líquida o blanda, “demoblanda”; la llamo así por ser esta claramente mejorable o perfectible), seguimos, a rajatabla, el mismo esquema mental o idénticos hábitos, que no admiten grandes variaciones o visiones alternativas: sota, caballo y rey. Así que toda campaña electoral, habida y (si tenemos en cuenta los antecedentes) por haber, convierte a los candidatos (ellas y ellos), a los jefes de filas, a los mandamases de las formaciones políticas, a los reyes de la baraja o el cotarro, en gárrulas estatuas humanas que tienen a bien desprenderse del coturno, apearse del pedestal en el que estaban fijas y dejarse besar, saludar y tocar, durante los días que dure, como si fueran santos súbitos, por sus fanáticos y fieles epígonos (ellas y ellos) hiperconvencidos, y caminar entre sus respectivas huestes, mientras las cámaras de las teles no pierden ripio y las de los móviles, autentificando o acreditando la asistencia (“servidor/a estuvo allí y aquí está la instantánea, que lo prueba de manera fehaciente”) al acto, echan humo.

Subidos al escenario, estrado o plataforma, donde se halle el atril, parecen curas, pero son menos oscuros en sus alocuciones o arengas, meros abanicos o rosarios de consabidas consignas. Buscando diferenciarse de los otros candidatos o mitineros, el báratro o infierno, vuelven a fungir de savonarolas, a sacarles los colores o las vergüenzas, es decir, a abaldonar a los adversarios, por incoherentes, sin reparar en que algunas veces usan para lanzar sus pullas o zaherir a los contrarios argumentos que actúan como auténticos bumeranes, que, acaso, tras ser esquivados por los oponentes, puedan golpear, sin querer, a quien los utilizó como armas arrojadizas. O sea, todo, como ordena el canon; todo, como recoge el guion: Nihil novum sub sole (“Nada nuevo bajo el sol”; que todo está inventado, ideado, dicho y hecho, vaya —vaya esta vaya con burla o sin ella—), como nos recuerda el pensamiento atribuido al sabio rey Salomón y cabe leer en el Eclesiastés.

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Lunes, 17 de junio

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