El Blog de Otramotro

Todos somos muy ignorantes

TODOS SOMOS MUY IGNORANTES

“Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”.

Albert Einstein

Reconozco que no vi el domingo pasado por la noche la última entrega de “Chester in Love” (dediqué el tiempo que duró la emisión de ese espacio televisivo a coronar otro u otros menesteres), programa de entrevistas que conduce Risto Mejide, en el que José Miguel Mulet Salort, doctor en Bioquímica y Biología Molecular, profesor de Biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia, a quien conozco por los artículos científicos que publica y leo en El País Semanal, refutó con razones de peso la apologética y elogiosa opinión que sobre el libro “La enzima prodigiosa”, de Hiromi Shinya, sostenía (desconozco si todavía sostiene) Mercedes Milá.

Tras la exposición razonada del mentado profesor, Mercedes, ante la falta de argumentos con los que objetarle, reaccionó de manera extemporánea y disparatada, es decir, salió por peteneras, pues solo acertó (sensu stricto, hizo lo opuesto) a espetarle esto: “Lo primero que te digo es que adelgaces, porque estás gordo”, una clara salida de pata o pie de banco. Ergo, lo lógico y normal en un ser humano, marró morrocotudamente. Desde que lo adujeron y escribieron los romanos, somos legión las personas que venimos iterando el latinajo que proclama que “errare humanum est” (que, tras la perceptiva coma, suele completarse con “sed perseverare diabolicum”), o sea, que errar es humano, pero perseverar en (claro está, el yerro) diabólico”.

En las redes sociales (que, a veces —aunque no faltará quien refiera las razones que le lleven a pensar que siempre—, parecen peores que mil y una jaurías juntas) a Mercedes Milá, que se equivocó, según mi parecer (no me cabe la menor duda), le han zurrado la badana. Le han dado hasta en el carné de identidad, hasta en el cielo de la boca.

No sé si lo de Mercedes fue una muestra de engreimiento, de presunción, de soberbia, de vanidad. Eso solo lo sabe ella, si es que ha hecho el preceptivo examen de conciencia. Pero, pregunto al atento y desocupado lector (sea ella o él) de estos renglones torcidos, ¿quién no ha cometido alguna vez en su vida un “pecado” de envanecimiento? ¿Quién? El abajo firmante, seguro servidor de usted, confiesa hoy públicamente, sin ambages, que ha incurrido (y más de una vez) en él.

Así que, a cuantas/os hemos lapidado alguna vez a quien fuera, antes de disponernos a hacer otra vez tal cosa con quien sea, he decidido imitar a Jesús de Nazaret y rememorar y decirme y deciros o decirles a las/os pocas/os lectoras/es de este texto lo que él, según narra el “Evangelio de Juan”, 8: 7, arguyó a quienes le llevaron una mujer sorprendida en adulterio y que, tomando en consideración la ley de Moisés, debían apedrear: “—Aquel de ustedes que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCVII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCVII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Don Javier Salcedo Corral, que fue mi maestro de Segundo Curso de EGB, me motejó “¡besugo!” cuando a su pregunta de cómo se llamaba el monte donde fue crucificado Jesús de Nazaret yo, siendo un crío de siete u ocho años apenas, contesté que Calvario. Ignoraba entonces la respuesta correcta: Gólgota (“lugar de la calavera”). Desde entonces, he probado a hacer dicha pregunta a varias personas adultas y hasta a doctores en diversas materias y han caído como yo, como ceporros. Hoy, los hados, para resarcirme tal vez del agravio que sufrí otrora, se han mostrado propicios, porque he comprobado que se usan indistintamente ambos vocablos, Calvario o Gólgota, para referirse al susodicho lugar; ¡chúpate esa!

Así es. Desconozco si has tenido la oportunidad de leer la breve epístola que escribí y le dirigí a Pablo Iglesias y publiqué aquí nada más tener noticia del suceso, un despropósito, sin duda. Ramón Cotarelo vino a hacer, poco más o menos, lo mismo que su exalumno Pablo Iglesias. Pasarse tres pueblos y luego disculparse. En un tuit del 21 de abril escribió: “¿Va estando ya claro que este hombre (aparece en la foto de abajo Pablo Iglesias), además de narcisista y prepotente, es tonto?”. Al día siguiente se disculpó así: “Pido sinceras disculpas a Pablo Iglesias por mi tuit de ayer llamándolo tonto. Es inapropiado, injusto e innecesariamente ofensivo”.

Espero y deseo que la espinela con estrambote (más bien décima tercera) haya quedado convenientemente explicitada (hecha papilla, para que la pueda deglutir cualquier lego o pipiolo).

El domingo pasado, Día de la Madre (y, asimismo, del Trabajo) eché a la mía mucho (me corrijo o enmiendo al instante, muchísimo) de menos. Cada vez recuerdo más palabras suyas, que acarrean o contienen sus correspondientes lecciones.

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Un cura experto en orgías

UN CURA EXPERTO EN ORGÍAS

Algo raro a mí me pasa.
Lo que leo no me asombra.
Un cura, qué mala sombra,
Organizaba en la casa
Parroquial lo que no abrasa
Mi vista cuando la paso
Por lo escrito, “el Contin caso”,
Apellido del “cerdote”
Que devino el sacerdote
De Padua, un íncubo acaso.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCVI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCVI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

La disciplina, como sabes, fue, es y será fundamental para lograr el grueso de los objetivos que uno se propuso, se propone y/o se proponga. Su compañía, para alcanzar o coronar este, ese o aquel menester, siempre fue, es y será bienvenida, de una ayuda tan apreciada que pocos estimaron, reconocen o valorarán como corresponde.

Eso es así, pero con una salvedad, porque no es lo mismo escribir que leer. Leo un libro al mes, como promedio. Y escribo un soneto al mes, al menos.

La pena verdadera, inconcusa y cierta de tantas actividades ante el cuatrocientos aniversario de la muerte de los dos genios es que serán los más (ellas y ellos) los que seguirán viendo la tele (actividad legítima, sin duda, pero menos, infinitamente menos, provechosa que otras mil opciones) y pocos, muy pocos, los que se llevarán alguna de las obras de los dos mentados maestros de las Letras a los ojos, actividad pesada, molesta, gravosa, sin duda, pero que les compensará ora con lo útil a raudales, ora con lo dulce a espuertas.

¿Se marchitarán (les cubrirá el polvo a) muchos de los libros regalados hoy, festividad de san Jorge, en la estantería (o el olvido) como las rosas obsequiadas? Demos tiempo al tiempo y veremos qué pasa. Mi deseo es que la mayor parte de los tales se lean de cabo a rabo (como adujo Plinio el Joven que solía decir su tío Plinio el Viejo, “nullum esse librum tan malum ut non aliqua parte prodesse”, o sea, “ningún libro es tan malo que no aproveche en alguna de sus partes”) y mi esperanza, que se desentrañen y, como lógico corolario, que se entiendan.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCIV)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCIV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Esta mañana, antes de desayunar, he felicitado a mi prima Justina, Justy. Siempre que he estado ingresado en el Hospital “Virgen del Camino”, de Pamplona, ha venido a hacerme compañía y a traerme el periódico del día. Siempre que he acudido a consulta al “Príncipe de Viana” o a hacerme alguna prueba médica, he quedado con ella y con mi amigo Miguel Salinas y su esposa Prepedigna y les he invitado a tomar en la cafetería lo que les apetecía.

Pues te encargo, con especial encarecimiento, que no miento, que no le falte a tu doña y sol mi más sentida y sincera felicitación.

Así es. Se suele citar que murieron en la misma fecha, 23 de abril, pero de distinto día (por ser diferentes los calendarios que regían en un lugar y el otro). Aunque Shakespeare nació el 26 de abril, se suele hacer coincidir esta fecha con la de su muerte (52 años cabales). Cervantes murió el 22 de abril. Ambos fueron dos genios, sin objeción, de la literatura. El bardo inglés fue, como nuestro Lope de Vega, otro Monstruo de la Naturaleza, estupendo dramaturgo y poeta (los sonetos de ambos son imperecederos; alguno de Cervantes, también). Como prosista, Cervantes, que fue el descubridor o inventor de la novela moderna en numerosos aspectos, dejó a Lope atrás.

Pues yo ayer me lo pasé estupendamente en las gratas compañía y conversación con mis dos Luises dilectos (Luis Quirico Calvo Iriarte, cual mago, por arte de birlibirloque, me hizo desaparecer dos caries y aparecer dos empastes; y Luis de Pablo Jiménez me llevó y trajo de Tafalla en su coche). A ambos les invité a comer en Barásoain (sin tilde en euskera)), donde, en el Bar-Restaurante Ángel, Carlos nos volvió a atender como en la anterior ocasión, de manera afable. A los dos les entregué sendas copias del poema que otrora escribí para ellos y publicaré aquí el día de san Francisco Javier, 3 de diciembre, y del cuento más reciente que he urdido y titulado “Sólidos indicios”.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Si te encantaron (y encantan) esas cinco líneas, espera a leer las que le acompañan. Me comprometo a hacer todo lo que esté en mi mente y en mis manos para que, cuando las leas entre ellas, te encanten tanto como te encantaron y, si no hay inconveniente, tras llevar a cabo todas las acciones pertinentes que están o quedan a mi alcance y, por lo tanto, posibles, hasta más. Así que, sin dilapidar más tiempo, me pongo a ello en un santiamén, para procurar que ocurra pronto, a la mayor brevedad, lo que acabo de anticiparte con un ápice o pizca de arte, si no en toda su extensión, en buena parte.

En lo tocante al día de mi alumbramiento, que no miento si firmo como Eladio, pero embeleco clara y clamorosamente si rubrico como Otramotro, he logrado trenzar los siguientes renglones torcidos (acaso no venga mal apuntar —eso sí, sin disparar ni bala ni flecha— ni apuntalar o sostener que, al elegir esa fecha para mi nacimiento, le hago un claro guiño, rebosante de gratitud y cariño, a mi piadoso y difunto padre, Eusebio, que, si existe el cielo, por allí andará, seguro, sin duda, pues él sí vino al mundo el 24 de febrero, pero de 1933):

Mi amigo Emilio, que me pasa nueve años y cinco días justos (él nació el 19 de febrero de 1950 y tiene, por tanto, sesenta y seis años; yo fui alumbrado el 24 del mismo mes de 1959, así que cincuenta y siete estíos es mi edad), nunca me ha querido responder a dos preguntas, que le he formulado de mil modos distintos, de todas las maneras posibles que Dios me ha dado a entender: quién le puso y por qué el mote de “Metomentodo”. Porque lo cierto es que, desde que lo conozco, no le he visto que jamás se haya comportado como un metete, entrometido o entremetido, esto es, que se haya metido en camisa de once varas, en definitiva, que se haya inmiscuido en lo que no le iba ni le venía a cuento, en lo que no le incumbía ni le importaba. Quizá la razón esté en una cita de Confucio que yo me aprendí (me consta que no es del todo literal) así: “Quien comete un error y no lo corrige comete otro aún mayor”; o, en su defecto, como le gusta insistir e iterar a él, tal vez estribe en una frase suya que, de alguna forma viene a completar y/o complementar a la anterior, que “los errores que cometemos no son más que lecciones que debemos aprender y poner cuanto antes en práctica”.

En lo que tiene que ver con el lugar en que mi madre me dio a luz, Turruncún, he urdido el párrafo que sigue y, si te peta, puedes leer a continuación:

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Aunque del amor y del humor, estupenda pareja de baile o, mejor, de toreo, al alimón, ambos comentemos aquí asiduamente y sobremanera, siempre podremos decir algo nuevo, nunca antes aducido por el uno o por el otro.

En mi modesta opinión (acepto discrepancias —solo suelo ser intransigente con quien no transige—, disentimientos, siempre que medie argumento o razonamiento, que no miento, al respecto), una de las creaciones artísticas (la novela y la película homónima basada en ella) que mejor trata o versa sobre el tándem susodicho es “El nombre de la rosa”, que lleva la firma de Umberto Eco (el libro) y de Jean-Jacques Annaud (la cinta cinematográfica). Desde que leí la ficción, el segundo libro (sobre la comedia y el humor) de la “Poética” aristotélica, aborrecido por el venerable (que, conforme van transcurriendo las obras, va dejando de serlo, deviniendo, sin remedio o solución, en detestable) Jorge de Burgos (rol que borda Feodor Chaliapin Jr.), se me hizo muy dilecto. Tras comentar con brevedad maestro (Guillermo de Baskerville, personaje interpretado inmejorablemente por Sean Connery) y discípulo (Adso de Melk, papel que ejecuta con arte y primor Christian Slater) el apaño, la relación (había escrito felación, pero la misma es, claramente, un yerro imputable a mi índice izquierdo, porque ni en la novela ni en la película se menciona o es explícita la tal) amorosa circunstancial e irregular habida entre el último y la joven (Valentina Vargas), el lógico fraile franciscano concluye lo oportuno: “Qué pacífica sería la vida sin amor, Adso. Qué segura. Qué tranquila. Y qué insulsa”.

Bienvenido, por venir a cuento, tu calambur. Ciertamente, todo parece indicar, mira por dónde, que la excesiva afición de Mario Conde al dinero (primero, a esconderlo; y, luego, a blanquearlo) iba a ser objeto de más imágenes y páginas en los mass media que lo iban a abaldonar aún más. Quienes le concedieron el doctorado Honoris Causa deben estar tirándose de los pelos (algunos, además, de pedos) por cagarla, pues el borrón ya no tiene solución.

No me extrañaría nada (de nada) que, conociendo (como conozco, un poco) cómo son las opiniones pública y publicada de la piel de toro puesta a secar, Mario Conde viniese pronto a ser el nombre y el apellido que, por antonomasia, se usaran proverbialmente para dar cuenta del listo que se pasó de listo o del inteligente que demostró su diligencia en tener más de un comportamiento corrupto.

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¿Obró, sor, con equidad?

¿OBRÓ, SOR, CON EQUIDAD?

(TRAS VER “LA DUDA”, DE SHANLEY)

¿Es honesto embelecar
Para extraer la fetén?
¿Expulsada del edén
Será, usted, sor, por pecar,
Quiero decir, por secar
La fuente de lealtad
Que manaba en libertad
Y que dejó insomne y muda
A otra, que tenía duda
De si obró con equidad?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


El bien es nieve en la sien

EL BIEN ES NIEVE EN LA SIEN

La autoridad que carece
De su más preciado bien,
Currículo o nieve en sien,
A más de una/o le parece
Que se jacta o se envanece,
Como quien usa un cincel
O echa mano de un pincel
Pero no sabe esculpir
Ni pintar, solo escupir
Y nunca/siempre ir hecho un pincel.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCC)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCC)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

El amor, al parecer, vampiro, que has ideado, pergeñado y venido a pintar aquí, en la bitácora que gestiono, en tu más reciente comentario, ha tenido su consecuencia o corolario, pues tanto has absorbido, chupado o succionado, tanto, que te has bebido en un santiamén hasta la segunda be de absorber (observa que absorber se escribe y debe llevar, por tanto, dos bes). No te enfades conmigo, que todos los seres humanos (ellas y ellos), todos, sin excepción, a pesar de los ímprobos esfuerzos que muchos hacemos en dar de lleno en el blanco o centro de la diana, en acertar, aunque solemos poner todo nuestro empeño en no cometer más errores, erramos (andamos vagando) por la vida marrando un día sí y otro también.

Sin querer, sospecho, supongo, pero puedo equivocarme, así que acertaré si hago todo lo posible para que conste de antemano en la presente acta dicha posibilidad, has venido a recordar (a mí, al menos, me ha parecido así) en el segundo parágrafo de tu escolio lo que dejó escrito en letras de molde Ralph Waldo Emerson, que “todo hombre es una divinidad disfrazada, un dios haciéndose el tonto”.

Sigue cultivando ese humor, que, a modo de valla (vaya, vaya, con la vaya que hace las veces de valla) nos salva de caer a tantos tontos (en tantos momentos de nuestra vida) en tantos abismos, infiernos o precipicios como nos rodean por doquier.

Entiendo el punto de vista de Adorno, pero, como haces tú, yo tampoco comparto su perspectiva sobre el asunto en cuestión, pues este menda, mero aprendiz de ruiseñor, con mejor o peor fortuna, escribe poemas casi todos los días. Algunos de los tales tienen que ver, precisamente, con censuras o denuncias a las varias barbaries actuales, diarias, hodiernas, que en esta parte del inmundo mundo, en esa o en aquella del orbe (donde, seguramente, no faltará la realidad que a alguien estorbe) los inhumanos seres humanos siguen cometiendo.

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"No hay más vida eterna que esta"

“NO HAY MÁS VIDA ETERNA QUE ESTA”

—¿Crees que la vida eterna
Es verdad cierta, Otramotro?
—Yo creo en la tierna de otro
Y duermo a tendida pierna.
—¿Cuál es esa verdad tierna?
—Tal vez la admita hoy tu testa:
“No hay más vida eterna que esta”,
Verdad que adujo Manuel,
Sin querer ser duro o cruel,
A Lázaro. Fue una gesta.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Manuel Bueno, santo y mártir

MANUEL BUENO, SANTO Y MÁRTIR

—Hoy ha venido a Valverde
Para hacerme una entrevista,
Que saldrá en una revista,
Quien marrará si se pierde
Y me ruega que lo enmierde.
—A Manuel, que es la caraba,
No desluce o menoscaba
Quien con mala intención viene.
La de Ángela no conviene
Tocar moral ni su aldaba.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Lunes, 27 de marzo

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