El Blog de Otramotro

Que arribe a buen puerto es lo que hace falta

QUE ARRIBE A BUEN PUERTO ES LO QUE HACE FALTA

Dilecta Pilar:

Me he sentido raro. Y, hasta cierto punto, lo encuentro normal, porque portaba, adheridos a mi piel, varios cuerpos extraños. Aunque la malla servía de protección, tenía miedo de que algún corchete pudiera salirse del sitio y frustrar o fastidiar la prueba. Ayer anduve más de lo habitual, como me recomendó que hiciera la enfermera que me depiló gratis et amore (alguna rojez me ha dejado o deparado tal hecho) y me colocó o instaló el holter. Antes de las nueve de la mañana, en el HRS, como mandaba el papel anejo a la bolsa, donde lo he metido, se lo he entregado en mano a la enfermera que me lo colocó. Le he dado también una copia del texto divertido que publicaré hoy, “Pilar y Carmen son dos gotas de agua”.

Pues lo que hace falta es que no se tuerzan del camino trazado los genes que portáis y lleguéis a nonagenarios todos los de la familia (por lo menos). Me acuerdo de tu tío Fermín (tu sombra o vademécum, en cierto sentido, aunque no recoja aún la acepción o entrada que sugiero la voz del DLE).

A ver si todo ha ido bien, sí; a ver si todo ha salido a pedir de boca. Y, si hay algo que corregir y tiene arreglo o enmienda la cosa, que pongan los galenos los medios adecuados y remedios necesarios para lograrlo. Abundo contigo en que cada vez me gustan menos (si acudiera acompañado, acaso se atenuara o mitigara mi nerviosismo) los hospitales.

Tienes que estarle muy agradecida a tu tío Fermín. Una parte de tu licenciatura y de tu doctorado (sin la primera no hubiera habido el segundo) se la debes a él, aunque no tuviera que estudiar lo mucho que tú sí hiciste. Así que es lógico el comentario de gratitud que haces a mi breve apunte sobre su persona.

Celebro (te honra) que reconozcas el, ya probo, ya ímprobo, trabajo de tu tío (tu abuelo o segundo padre, según tu criterio), Fermín, ora causa de tu firmeza, ora quien firmaba tu atutía (urdido metafóricamente, según el mío).

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Mi literaria exégesis de un cuento

MI LITERARIA EXÉGESIS DE UN CUENTO

Dilecta Pilar:

La lectura de tu relato de 90 segundos, titulado “Unas manos sin nombre”, de tu contribución al libro coral, que presentaréis mañana, sábado, 17 de noviembre de 2018, en el zaragozano Centro Cívico Salvador Allende (es mi deseo y mi esperanza que todo os salga a pedir de boca), me ha dado pie a escribir lo que puedes leer a continuación, mi literaria exégesis del mismo. A ver qué te parece.

Me ha gustado mucho tu relato hiperbreve, a pesar de las pocas pinceladas que brindas al lector de la historia (en sentido estricto, de modo ladino, tu pretensión es que sea él, el propio lector, hembra o varón, quien haga el esfuerzo que intenta coronar, asimismo, el protagonista de tu microrrelato, construir la historia —con las pocas teselas que dispone o recuerdos que tiene hará todo lo posible para componer el completo mosaico, debajo del cual, acaso como remate, aparezca el nombre de su esposa; propongo el de Pilar, por ser esa la gracia de pila de mi amada actual, que, por cierto, compartes con ella, y ojalá sea la definitiva—) del nombre de las manos de la mujer que solían hacerle al protagonista (convaleciente de un accidente de tráfico o vascular) el nudo de las corbatas que vistió a lo largo y a lo ancho de su vida.

De las pocas corbatas que tengo en casa (yo me limito a ponerlas, acomodarlas, desacomodarlas y quitarlas; y, como no suelo mancharlas, calculo, a ojo de buen cubero, que tal vez las haya lavado un par de veces por mi cuenta), si no recuerdo mal, los nudos los hizo mi difunto padre, Eusebio, que hace ya más de tres lustros nos dejó. Reconozco que, como parece colegirse de la lectura de tu microrrelato, yo, como el personaje innominado del mismo, tampoco sé hacerlo, el nudo. Sé que hay tutoriales en internet que aleccionan sobre el modo particular o habitual de hacerlo, pero... me pasa como con el carné de conducir, que nunca me lo saqué.

Tu relato habla de las vueltas que da la vida echando mano de las vueltas que hay que dar a los extremos, ancho o estrecho, de una corbata para hacer un nudo, un enlace duradero.

En el primer nudo (que no gordiano) de la corbata (de rayas) del protagonista, que refieres, veo (más justo sería decir que entreveo) claras pinceladas u ostensibles trazos de su unión marital, sus nupcias, con su novia, que devendrá en unas horas, tras la ceremonia jurídica o el rito religioso, en su esposa. “Hay un brillo en los ojos y una promesa” (de fidelidad, de lealtad), vienen a confirmar mis sospechas. Eres tan astuta o cuca que hasta el procedimiento de cómo hacer el nudo de una corbata, “de detrás adelante (yo hubiera colocado aquí una coma) para ir dándole forma”, lo aprovechas para dar cuenta del que vas a seguir en la estructura de tu relato. ¡Chapó! La corbata de óvalos es la que llevó puesta el protagonista cuando acudió a la iglesia a bautizar a su primer retoño. Hay corbatas estampadas para los sucesivos días de fiesta. La corbata violeta anuncia la ausencia de quien hacía tal vez los nudos (el “hastío en los ojos” y el “vacío” hablan del fin del amor, de la vida, o de ambos a la vez).

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Hay quien marra por miedo a equivocarse

HAY QUIEN MARRA POR MIEDO A EQUIVOCARSE

Dilecta Pilar:

Te pido perdón (hay quien marra por miedo a equivocarse), perdón, perdón, hasta formar con ellos un rosario de mil disculpas y, al mismo tiempo, doy mil gracias, formando una ristra con todas ellas, por contestarme. Prometo no molestarte durante las vacaciones. Durante las mismas, dispongo de menos tiempo de uso (de ordenador). A partir de la semana que viene, verbigracia, por las tardes, el Centro Cívico “Lourdes” permanecerá cerrado. Todos necesitamos vacación, mejor, estar disfrutando (de) las mismas. Yo también. Sé que tienes muchos quehaceres. Cumple con ellos. Cuida a y de tus padres (de tu pareja, etc.). Yo lo hice con los míos.

Acabo de leer tu columna en La lámpara encendida, tu blog. Esta mañana he terminado de leer las cuarenta páginas que me quedaban de la multipremiada “Laëtitia o el fin de los hombres”, del francés Ivan Jablonka (si puedes, léela; si puedes, cómpratela y reléela; cuenta la terrible historia de Laëtitia Perrais, asesinada y descuartizada por Tony Meilhon, durante la madrugada del 18 al 19 de enero de 2011, entre La Bernerie-en-Retz y Pornic). Te parecerá estar releyendo “A sangre fría”, de Truman Capote, o “El adversario”, de Emmanuel Carrère (sobre el falso médico Jean-Claude Romand; hace poco —ahora bien, como tempus currit ut volet, el tiempo corre que parece que vuela, pudo ser hace meses— vi a deshora en una televisión el filme español, protagonizado por José Coronado, “La vida de nadie”, que, salvo por lo truculento, se le parecía bastante; la vida del protagonista era una pura y dura mentira). Me parece que en ella, en tu columna hodierna, haces lo que debes, reivindicar que, en pleno siglo XXI, no debe haber en ninguna sociedad humana (por ser una antigualla, una actitud desfasada) distingos (reparos) debidos a las clásicas razones de discriminación: sexo, raza, religión, etc. Me parece que las mujeres no sois piedra ni de piedra, sino que os habéis hecho dignas merecedoras de (ergo, os habéis ganado) mil y un monumentos de piedra (o de cualquier otro material). La noticia, estomagante, vomitiva, que he escuchado este mediodía, mientras comía, de que, en Sevilla, un hijo mantenía a su madre y a su hermana encerradas en casa, sucias y hambrientas, habla de cómo llegan a comportarse, de manera denigrante, ultrajante, algunos congéneres o semejantes nuestros. Así que ¡chapó! Te señalaré dos pecatta minuta (si no, quien firma no sería Otramotro): yo hubiera escrito sociocultural (todo junto o, socio-cultural, unidos por un guion) y alzhéimer (con tilde).

Como están cerrados por la tarde, durante el verano, tanto la biblioteca pública como el C. C. “Lourdes”, he venido al cibercafé “Praga”, por si tenía algún correo que contestar. Tenía el tuyo y el de Manolo. Empiezo por el tuyo.

Te agradezco sobremanera que hayas perdonado a este pendón (aquí significa vástago, en concreto, de Iluminada, que, mientras vivió, fue un buen árbol al que arrimarse).

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Va para Gemma, viuda inesperada

VA PARA GEMMA, VIUDA INESPERADA

Apenada y querida Gemma, viuda inopinada de mi difunto primo José Félix:

Aunque esta epístola ve la luz hoy, jueves, primer día de noviembre, festividad de Todos los Santos, aquí, en mi bitácora, anhelo que sepas que la urdí el viernes, 12 de octubre, Día de la Hispanidad y de Nuestra Señora del Pilar, nombre de pila que tanto me gusta proferir (y no lo digo, que podría hacerlo, por mi hermana, con quien hablo a diario por teléfono, a quien adoro y llamo, desde que nació, “Nena” —confieso que acostumbro a llamarla también con guasa “Pilón”, pero sin llegar a tirarla al susodicho—, como mis seres más allegados saben, sino por la mejor mujer —que nadie se moleste, porque acepto discrepancias o disidencias— que he conocido en mis cincuenta y seis años de existencia, aunque en este punto acaso me haya ocurrido lo que es habitual que me pase sin que me pese, que me haya extralimitado o pasado siete pueblos por culpa del agua del Ebro, que, como he reconocido otras veces, no bebo, pero me lava y es la que me empuja a exagerar, a echar mano de la hipérbole, a la hora de dar mis opiniones) últimamente.

De los dos breves momentos en los que pude cruzar palabras contigo durante el sábado pasado, 6 de octubre, en el camposanto de Cornago, tras la misa de funeral (nunca vi tan llena la iglesia parroquial de San Pedro, ni siquiera durante la festividad de la patrona de la villa, la Virgen de la Soledad), en el primero te quejaste con razón de que la muerte de José Félix había sido injusta, por prematura. Tu marido no había celebrado ni siquiera los cincuenta y cinco años, que hubiera cumplido, en el caso de haber seguido vivo, el próximo domingo, cuatro de noviembre, cuando hoy son legión las/os que finan sus días tres décadas después, siendo muchas/os nonagenarias/os. Como sabes, fue el poeta metafísico inglés John Donne quien verseó que la muerte de todo hombre nos disminuye porque nadie es una isla en sí mismo. En el semblante de mi finado y piadoso padre pude comprobar que, si es duro velar el cadáver de un esposo o de un hermano, aún lo es más perder (por accidente o enfermedad) a un hijo, porque lo lógico es que el hijo entierre al padre, no el progenitor a su retoño.

Durante ese primer diálogo (duraría menos de un minuto) te dije que tanto tú como vuestros hijos, Borja y Pablo, debíais estar orgullosos de José Félix; a su misa de funeral acudieron muchas personas. E insisto en lo que apunté antes: nunca vi la iglesia parroquial de San Pedro tan abarrotada. En el exterior (me consta porque lo pude ver con mis propios ojos) había mucha gente que o no pudo o no quiso (ignoro las razones) acceder. Este hecho vino a corroborar o ratificar lo que se lee en el Evangelio de Mateo (Mt. 7, 15-20): “Por sus obras los conoceréis”; y en el de Lucas (Lc. 6, 43-44): “Por sus frutos los conoceréis”. El hombre (hembra o varón) no es lo que piensa (bueno, regular o malo), ni es lo que dice (sea esto lo que de verdad ha ideado o una patraña); el hombre es lo que hace (y, si hace reír, como tantas veces me hizo reír a mandíbula batiente José Félix, hasta llorar lágrimas dulces, es normal que con las tristes nueva y constatación de su óbito, servidor y cuantos le debemos días ganados —porque, como dijo Charles Chaplin, “Charlot”, un día sin reír es un día perdido— lloráramos lágrimas amargas. Yo suelo argumentar que nuestras obras son nuestro mejor autorretrato (sea este físico o moral, prosopografía o etopeya), y poner como ejemplo de la tesis precedente el sucinto relato que compuso Jorge Luis Borges y colocó como magnífico colofón para “El hacedor” (1960): “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.

Durante el segundo diálogo (básicamente, de despedida), te adelanté que te esperaban días complicados y difíciles. Y te exhorté a que te rearmaras de ánimo, moral y paciencia, porque los bajones suelen llegar sin previo aviso. Para esos inoportunos momentos, te hago saber lo que a mí me resulta y/o sirve. Aunque a quien me escucha con atención suelo confesarle que soy un ateo convencido, tantos años entre curas (atesoro un montón o sinfín de recuerdos gratísimos y útiles de mi experiencia con los Padres Camilos) han dejado en mí una estela, huella o muesca acaso indeleble. Porque es apodíctico lo que voy a contarte. En los momentos de angustia, de miedo cerval, de pánico, recordar los nueve primeros versos pentasílabos de una oración o poema que Santa Teresa de Jesús escribió y mandó a su hermano, enfermo, que, por aquellas fechas, estaba en el continente americano (si no marro en lo que narro), si no la/o borran del todo, la/o atenúan o mitigan por ensalmo: “Nada te turbe, / Nada te espante, / Todo se pasa, / Dios no se muda. / La paciencia (con diéresis) / Todo lo alcanza; / Quien a Dios tiene / Nada le falta. / Solo Dios basta...”.

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Libertad de expresión sin excepciones

LIBERTAD DE EXPRESIÓN SIN EXCEPCIONES

O sea, pleno ejercicio de dicho derecho para todos los ciudadanos, ellas y ellos.

La Constitución Española de 1978, que dentro de un mes largo cumplirá cuatro décadas, cuatro, con apenas unos pocos retoques, reconoce y protege la susodicha libertad en la letra a) del punto 1 del artículo 20, con los límites que impone el punto 4 de dicho artículo: “el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”.

En la Cámara Baja se va a tramitar una propuesta del grupo de Unidos Podemos a fin de despenalizar las presuntas injurias al rey y las ofensas a la religión (sea esta la que sea, sin especificar; eso es, al menos, lo que ha trascendido).

Si tengo en cuenta la sentencia del caso Richard Handyside contra el Reino Unido de la Gran Bretaña, más conocido como el de “el pequeño libro rojo”, de 7 de diciembre de 1976, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en concreto, el párrafo segundo de su punto 49, donde se lee que: “La libertad de expresión constituye uno de los fundamentos esenciales de tal sociedad, una de las condiciones primordiales para su progreso y para el desarrollo de los hombres. Al amparo del artículo 10.2, es válido no solo para las informaciones o ideas que son favorablemente recibidas o consideradas como inofensivas o indiferentes, sino también para aquellas que chocan, inquietan u ofenden al Estado o a una fracción cualquiera de la población. Tales son las demandas del pluralismo, la tolerancia y el espíritu de apertura, sin las cuales no existe una ‘sociedad democrática’”, el cambio, sugerido por Unidos Podemos, amén de ser oportuno o pertinente, es deseable, aunque a dicha muda se opusieran los diputados de PP y Ciudadanos.

Quien acepta la democracia y dice amén al pluralismo político ¿puede inadmitir que el otro o los otros no puedan proferir sus ideas, sean estas las que sean, sin cortapisas, aunque sean distintas y aun opuestas a las que nosotros defendemos o sostenemos? ¿Acaso ellos, los otros, no tienen el mismo derecho que nosotros a acertar, a estar en lo cierto? ¿Acaso solo nosotros tenemos derecho a errar o podemos equivocarnos?

He titulado este texto con el rótulo que porta, “Libertad de expresión sin excepciones”, sí, pero con ello no he querido decir que no haya que respetar las barreras o restricciones que la ley ha puesto a dicha libertad. Yo, lo reconozco sin ambages, antes, hace años, no era partidario de respetar las opiniones ajenas cuando estas constituyeran o contuvieran para mí claras o cristalinas sandeces, pero he llegado a la convicción personal de que conviene hacer tal cosa a la mayor brevedad posible, siempre y cuando, como contrapartida, claro, los demás toleren mis criterios, incluso en el supuesto de que estos resulten para ellos estúpidos, hipócritas o idiotas.

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Soneto al Corazón del Nazareno

SONETO AL CORAZÓN DEL NAZARENO

Basta que los encargos no te peten
Para que te haga alguno quien aprecias.
¿Creerán, si no aceptas, que desprecias
A cuantos, como el tal, quizá respeten

Un montón y en ti vean a quien meten
En el saco especial de las no necias
Personas, que sí gozan de unas recias
Voluntades, pues dan cuanto prometen?

Como es el del Señor día y catorce
Y estamos en el mes décimo, octubre,
Sacarle intentaré a la de mi estro ubre

Un soneto que penda de par torce.
¿Ya tiene la efeméride el empaque,
Corazón de Jesús, que no dé jaque?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Que tu criterio sea ese celebro

QUE TU CRITERIO SEA ESE CELEBRO

Dilecta Pilar:

Que tu criterio sea ese celebro. Así es. Al final, terminaré escribiendo (ya veremos si ve o no la luz) la novela sobre mi cielo en la tierra, esos tres años de mi adolescencia en Navarrete.

Agradezco el consejo (y la sugerencia que lleva aparejada), pero el relato ya está publicado. Ahora veré si me acuerdo de la contraseña de Zenda.

No olvides mi encargo de que le des dos besos de mi parte a María Antonia.

Harás lo cabal. Pues es mi deseo que mañana sigan las risas. No es mala causa esa, la risa, de llorar a lágrima viva (o como la expresión que usas en tu artículo hodierno, precioso ejercicio de empatía, “a pulmón partido”, que, supongo, es hija o prima hermana del corazón partido que canta otro AS, Alejandro Sanz).

Cierto. Aunque los escritores (ignoro el porqué; tal vez porque, así, una vez aireados, consiguen vencerlos o no verse mediatizados por ellos) tienden a sacar los infiernos.

Un rifirrafe (otro, sí, pero el alcalde, en este caso en concreto, no ha estado a la altura de las circunstancias) de medio pelo.

Muchas gracias por enviarme esas “Palabricas para María Antonia”. Me siento orgulloso de haber participado en dicho cuadernico. Me extraña que no se hayan animado y avenido más excolegas nuestros a participar en un homenaje tan merecido. Las acabo de leer (menos el poema; lo dejo para mañana). Las volveré a releer y degustar pronto en otro momento. Acaso (sin hesitación) en Tenerife (donde ya sabes que pasaré quince días de vacación, que necesito, del 11 al 25 de julio).

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¿Por qué has apostatado de mi credo?

¿POR QUÉ HAS APOSTATADO DE MI CREDO?

Dilecta Pilar:

Te agradezco sobremanera la invitación y los ánimos (por cierto, ¿no proceden tus padres de dicha villa soriana, Velamazán?), pero serán otras las personas que se presenten a dicho concurso literario.

Celebro, de verdad, que seas la promotora del certamen y miembro del jurado. Es lógico y normal que estés ilusionada (has alcanzado otro de tus retos; has hecho realidad otro de tus sueños). Entenderás que es el motivo definitivo para no mandar un relato. Imagínate que ganara el premio, seguro que si alguien que se hubiera presentado al mismo conociera que somos colegas desde la Universidad podría llegar a pensar que había habido amiguismo.

Así no damos pie a que la gente (haya enviado o no cuento al certamen) hable de más y cuente cuentos; y nuestros nombres anden en boca de defraudados o indignados (ellas y/o ellos). Mi padre solía decir una frase que he hecho mía y bendecido como pauta actitudinal o “comportamental” a seguir: “Quien elude la ocasión (aun pareciendo esta propicia) evita el peligro”.

Haré publicidad de la convocatoria. Seguro.

El próximo día 21 de junio (calculo que, cuando vea la luz esta epístola en mi bitácora habrán pasado dos meses y medio de dicha fecha) cumplen años mi sobrina Lucía (la benjamina de mi hermano Eusebio y mi cuñada María José) y mi amigo Luis Quirico Calvo Iriarte. La primera diecisiete y el segundo sesenta y... pico.

Nuestra madrina se sorprenderá y leerá nuestros renglones torcidos con cariño y gratitud (barrunto, intuyo). Es lo lógico y normal; y más aún cuando huela las flores que le obsequiamos quienes fuimos alumnos suyos hace tantísimos años.

Pues a mí me parece bien que la mía te haya parecido así a ti.

Anímate. Es un asunto poliédrico, sin duda.

Te mando (abajo) el texto (“‘Aquarius’: pececitos de Gabriel”) que publicaré mañana en mi blog y he enviado a varios medios (más de uno no lo publicará, porque es muy largo).

Acaban de darme la mala nueva de que, a partir de hoy, solo tendremos un ordenador a nuestra disposición. Las dos personas que los usábamos lo tendremos que compartir hasta que arreglen el estropeado. Tendré menos horas de uso. Además, a partir de mañana, 15 de junio, empieza el horario de verano en la biblioteca (de 8, 30 horas a 14, 30). Menos tiempo aún. Ya te iré informando.

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Me duele cuanto pésimo oigo y veo

ME DUELE CUANTO PÉSIMO OIGO Y VEO

“De diez cabezas, nueve / embisten y una piensa. / Nunca extrañéis que un bruto / se descuerne luchando por la idea”.

Antonio Machado, en “Campos de Castilla” (1912), Decires y Cantares XXIV

Vaya por delante, atento y desocupado lector (sea ella o él) de los próximos renglones torcidos, esta consideración previa. Como considero que todo “cronotopo” histórico, verbigracia, el actual en Cataluña, es complejo; y dado que este, al ser además conflictivo, puede acarrear tantas perspectivas o puntos de vista posibles como reflexiones sesudas se hagan al respecto, juzgo que otros abordajes pueden gozar de la misma estimación de imparcialidad y veracidad que concedo al que (desde la distancia, aunque la aldea presente sea global) ha elaborado y firmado este epígono de Unamuno, Otramotro, y hasta disentir de él. Sin duda, soy un ciudadano crítico, pero no suelo proceder como un dogmático y menos aún como un fanático. Así que me limitaré a aducir en este escrito lo que para mí son razones de peso.

Me duele España (¿holgará apuntar en este paréntesis lo que acaso convenga que quede bien apuntalado, que incluyo en ella a las 17 comunidades autónomas y a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, que la conforman?) y cuanto pésimo de ella leo, oigo y veo.

Me duele que en Cataluña la sociedad esté fragmentada y sus ciudadanos (hembras y varones) anden a la greña, divididos. Últimamente, por el uso (más bien, abuso) de unos lazos amarillos, símbolos separatistas, con los que quienes los colocan (eso sostienen) se solidarizan con los políticos presos (de manera preventiva), que para los susodichos son presos políticos.

Me duele lo que (barrunto) puede acaecer allí en cualquier momento, que los catalanes (ellas y ellos), enfrentados, azuzados por políticos insensatos, lleguen a armar la de Dios es Cristo o la de San Quintín, o sea, una marimorena bien gorda, para luego (intuyo), dada y comprobada su condición cobarde, hacer todo lo posible para desentenderse de lo ocasionado, un desaguisado morrocotudo, un incendio colosal, cuyo fuego, debido a su irresponsable comportamiento, se encargaron de atizar.

Me duele que, habiendo quedado claro, cristalino, que los lazos amarillos favorecen la confrontación social, ya que los partidarios de usarlos tratan de conseguir con ellos la colonización u ocupación omnímoda de los espacios públicos, comunes, neutrales, no hayan aprendido aún la lección que encierra ese latinajo que reza así: “Errare humanum est, sed perseverare diabolicum” (“Errar es humano, pero perseverar —se sobreentiende, en el yerro— diabólico”).

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¿Quién se ganó la oración?

¿QUIÉN SE GANÓ LA ORACIÓN?

(¡PILAR!, TAMBIÉN LA OVACIÓN)

—La existencia es sufrimiento.
—Schopenhauer eso dijo
Y urdió luego en oro, fijo.
—Hazme caso; no te miento.
—También es encantamiento;
Estética observación
Que merece una oración,
Si quien contempla es creyente.
—Lo trenzas, seguramente,
Por mi amada. ¡Qué emoción!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Cuando se acaba el amor

CUANDO SE ACABA EL AMOR

(QUIEN CORTA A SÍSIFO EMULA)

—Duele más dejar, colega,
Que ser dejada/o, sin duda.
Pregúntale al sabio Buda,
Que a alfa prefería omega,
Porque esta nunca es de pega.
—Cuando no estás por la pasta
(Que contigo ella o él se gasta)
Con quien amas y respetas,
Si decides que más metas
No habrá juntas/os te devasta.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Si en algo servidor puede ayudarte,...

SI EN ALGO SERVIDOR PUEDE AYUDARTE,...

Dilecta Pilar:

Te contesto, como el rayo, a los dos correos en este. Tengo pendientes de escribir las tres décimas que he urdido durante el finde.

Como acabas de comprobar, hoy no ha hecho puente la biblioteca de Tudela. Desde uno de sus ordenadores te trenzo estas líneas.

Gracias a ti, por propiciar que mis epístolas existan. Tú, con tus comentarios o correos, eres la causa de que las componga.

De todo hay en la viña del señor. Hay a quienes les gusta lo que cuento y a quienes les peta aún más cómo lo cuento, poco más o menos, lo que dijo Cervantes por boca de uno de sus canes (Cipión a Berganza: “Y quiérote advertir de una cosa, de la cual verás la experiencia cuando te cuente los sucesos de mi vida; y es que los cuentos encierran y tienen la gracia en ellos mismos, otros en el modo de contarlos”) en su famosa novela ejemplar “El coloquio de los perros”, que viene a completar otra, “El casamiento engañoso”.

Ayer bajó mi cuñado Jesús a por mí a Tudela. Mi sobrino Adrián se confirmaba en Cascante. Luego comimos bien en el tudelano restaurante De Miguel, cuyos caldos y viandas hemos degustado otras veces.

Ya sabes. Todos nos equivocamos. Lo que tenemos que hacer, cuando tal cosa ocurra, es procurar enmendarnos cuanto antes, como viene recomendando, desde ni se sabe cuánto tiempo hace, Confucio.

Si en algo servidor puede ayudarte,...

No me extrañará, pero te extrañaré, te echaré de menos. Es, mutatis mutandis, lo de “El principito”, de Antoine de Saint-Exupéry: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, empezaré a ser feliz desde las tres”. A ver si sales airosa (es mi deseo y mi esperanza) de esa contrarreloj.

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Viernes, 14 de diciembre

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