El Blog de Otramotro

Monseñor, ¡vaya bochorno!

MONSEÑOR, ¡VAYA BOCHORNO!

Pronto, a finales de mes,
El chileno Carlos Cruz
Narrará al Papa su cruz,
Al enmendar este, ves,
Su error de enero o revés.
Francisco ha sentido grima,
Pues Fernando Karadima
Abusó de un quinceañero
Y fue testigo señero
De ello quien está en la cima,
El hoy obispo de Osorno,
Juan Barros, sí, ¡qué bochorno!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Qué opinión tienes de Dios?

¿QUÉ OPINIÓN TIENES DE DIOS?

(ME SIRVEN LAS DE EPICURO)

“¿Dios está dispuesto a prevenir la maldad pero no puede? Entonces no es omnipotente. ¿No está dispuesto a prevenir la maldad, aunque podría hacerlo? Entonces es perverso. ¿Está dispuesto a prevenirla y además puede hacerlo? Si es así, ¿por qué hay maldad en el mundo? ¿No será que no está dispuesto a prevenirla ni tampoco puede hacerlo? Entonces, ¿para qué lo llamamos Dios?”.

Epicuro de Samos

“¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros”.

Ídem

—¿Qué opinas sobre Dios, Diego?
—Como nada sé de él, nada,
Acaso una melonada
Juzgues lo que en este pliego
Afirmé ayer y hoy no niego:
“Lo que a mí me enseña a diario
De Dios la vida, Olegario,
Es que no se preocupa
De la Tierra, que se ocupa
De otros astros de ordinario”.

Eladio Golosinas, “Metaplasmo”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Tú y yo andamos desnortados

TÚ Y YO ANDAMOS DESNORTADOS

—Todos nos consideramos
Moderados, razonables.
—Somos tú y yo abominables
Si solo a Dios ponderamos
Hoy Dios, Domingo de Ramos.
—Para los desencantados,
Que se sienten espantados
Por cuanto ocurre en el mundo,
Cada día más inmundo,
Tú y yo andamos desnortados.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Ya sabes qué has de hacer con los halagos

YA SABES QUÉ HAS DE HACER CON LOS HALAGOS

Dilecta Pilar:

Bien traídos los dos comentarios que haces a propósito de los halagos. Ya sabes qué has de hacer con ellos, no envanecerte (que me consta que no lo haces) y sí ver en los tales otra oportunidad, como argumentaba mi querido Salk: “la recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho”.

De todos esos autores que mencionas he aprendido muchas cosas. Así que abundaré en el juicio que viertes (sin fin siniestro) y no objetaré tu opinión, ponderada, sensata,

Pues sigue (por) esa senda, que no es camino equivocado.

Ahora que acabo de leer tus palabras me nace el deseo de creer (ya sabes lo que sostenía la psicóloga social Ziva Kunda, que “lo más probable es que las personas lleguen a las conclusiones que quieren llegar”) que acaso yo era ese “alguno más” que mentas y a finales de enero de aquel año, 1981, acudiera a merendar a tu casa (aunque no te diera clases particulares a ti, sino a Carlos Lacarra, como bien recuerdas), pero tal vez (borro el tal vez y lo sustituyo en un pispás por el adverbio seguramente) me engañe. ¡Qué tiempos!, sí, mejores en algunos aspectos y peores en otros. Con el paso del tiempo, ese juez que quita y da razones, Adolfo Suárez, político que experimentó una inesperada e insólita (que devino benéfica para España) metamorfosis, irá ganando adeptos y sumando predicamento y prestigio, sin hesitación, contradiciendo en parte la definición que le brinda Voltaire a Rousseau en la obra de teatro “Voltaire/Rousseau. La disputa”, adaptación de textos de la citada pareja de filósofos que bordan los actores que interpretan sus papeles, según las críticas que he leído, Josep Maria Flotats y Pere Ponce, en el escenario del matritense teatro María Guerrero: “La política, mi querido amigo, nunca es algo más que la posibilidad ofrecida a gente sin escrúpulos de oprimir a gente sin memoria”. Gracias a Dios, a Natura o al sino, ambos estudiamos filosofía en BUP, COU y en la Universidad, alma mater donde, además de abrir nuestras mentes y vacunarnos contra el fanatismo, comenzamos a usar con criterio y rigor intelectuales la memoria.

Así es; los camilos (Bermejo, Santaolalla y este menda, entre otros) estudiamos en el zaragozano Colegio San Valero (Seminario menor) el BUP. A algunos nos sirvió y a otros no. Recuerdo que se concentraban a finales de enero varias fiestas que aligeraban de clases lectivas el susodicho mes (Santo Tomás de Aquino, que nació en dicho lugar, Aquino, allí, sí, aquí, no; San Valero,...). E hicimos el COU en el colegio “Enrique de Ossó” (las Teresianas), donde este cristiano (que devino, por razones obvias, cristino —en la misma medida que Calixto se confesó en “La celestina” melibeo—) se sintió, ora en el infierno, ora en la gloria, tentado por tanto súcubo alrededor, bendito entre todas las mujeres, rodeado por tanta belleza junta. Mi vocación religiosa sufrió ese curso académico tantos vaivenes que se tambaleó y, al final, cayó y calló.

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¿Que qué se aprende en medio de las plagas?

¿QUE QUÉ SE APRENDE EN MEDIO DE LAS PLAGAS?

Dilecta Pilar:

Ya ves; empecé a estudiar Medicina (a pesar de los pesares, yerros incluidos) por el trato que tuve, que me resultaba gratificante, satisfactorio, con el enfermo postrado en cama al que aseaba (ayudaba más bien a la monja) las mañanas de los sábados, mientras estudiaba COU en Zaragoza con los Camilos. Pronto me di cuenta del mayúsculo error que acarreaba mi decisión. Mis conocimientos en Ciencias eran escasos (y he de reconocer lo obvio, que poco he avanzado en ese ámbito, pues aún lo siguen siendo). Continúo ejerciendo de aprendiz de ruiseñor, sí.

Si has enmendado los fallos, has hecho bien, lo correcto, según Confucio. Ya te di mi opinión sobre el cómo tildado. Así que habrás colegido lo oportuno, que abundamos en el parecer.

Creo que fui buen enfermero otrora (durante las horas sabatinas que pasé en el asilo de la zaragozana calle Cartagena), in illo tempore; me tocó serlo, velis nolis (a pesar de mi buena voluntad, no me faltaron los días de bajón anímico, lo reconozco), con mi señera y señora madre (vivía con ella); y (si le preguntas a mi hermano Jesús María, te dirá, seguramente, que) lo fui recientemente (apenas le hice daño —algún pelo se llevó el esparadrapo —que no es un útil que, una vez usado, sirva para trapo, no, como llegué a pensar cuando era un mocete, “muete”, decimos en Tudela, de corta edad; es guasa— al darle el tirón— el viernes para extraerle —salió sola— la vía).

Sí; tuve noticia este fin de semana del luctuoso hecho, el fallecimiento de Elías Yanes. Desde que leí al poeta metafísico inglés John Donne, pensé lo que suelo pensar en estos casos, cuando me llega la mala nueva de un nuevo óbito, que la muerte de un semejante (más, si es allegado, claro) nos achica, disminuye o empequeñece al resto de los mortales (porque nos avisa de la nuestra). El mismo doblar de campanas que ahora (en los pueblos aún se escucha) oímos cuando acudimos a un funeral sonará cuando nosotros nos hayamos ido. No lo conocí en persona. No tengo opinión (ni buena ni mala) de él. Como acabamos de tener noticia del presunto comportamiento detestable de una persona desalmada con un arcangelito, Gabriel, acaso convenga recordar lo que escribió Albert Camus en “La peste”: “(...) para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio”. La plaga es una metáfora de la vida; y hasta en el mismo infierno cabe hallar remansos de paz y sensatez, que nos recuerdan el cielo. Quien haya escuchado con atención a Patricia Ramírez, la madre de Gabriel Cruz, hablando de él, de su “pescaíto”, y de la necesidad de que nos quedemos con la parte buena de la tragedia, que orillemos el odio, que arrumbemos la ira, entenderá de qué escribo y qué quiero decir.

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Mi fe deposité en ti, infiel esposo

MI FE DEPOSITÉ EN TI, INFIEL ESPOSO

No puedo permitir que mi existencia
Esté supeditada a la de nadie,
Aunque tu aura, Ramiro, paz irradie
Allí donde radique tu presencia.

No puede permitir mi ego o conciencia
Fingir que soy parásita y lo radie,
Como proclamó el cíclope que Nadie,
Ulises, le cegó su quintaesencia.

Mi fe deposité en ti, infiel esposo,
Pues cuernos deparaste, no diadema,
Para adornar mi testa, arena o coso.

El aliento del pánico en mi nuca,
Que desde niña escuece, porque quema,
Astuta me ha hecho ser, persona cuca.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Te avienes a que sea Ángel, el vate?

¿TE AVIENES A QUE SEA ÁNGEL, EL VATE?

Dilecta Pilar:

Si me permites completar o complementar tu argumento o discrepar (sé, a ciencia cierta, que te avienes a que servidor sea en todo momento tu amigo Ángel, el vate, y, por lo tanto, a que pueda disentir de tu criterio) de él, todas/os vivimos inmersas/os en la ignorancia y acaso solo algunas/os consigamos rozar alguna vez a lo largo de nuestra vida alguna idea o actitud sabia.

Pues puedes (podéis) estar orgullosa (orgullosos) de ello. Iniciativas de ese tipo son las que hacen falta para cambiar a mejor el estado calamitoso de algunas cosas.

Yo, algunos días (acaso los que me levanto de la cama con el ego subido, por haber logrado concentrar alrededor de mi persona a tanto heterónimo y tanto apócrifo), tengo la refractaria impresión de ser la misma reencarnación de Fernando Pessoa y Antonio Machado juntos.

Supongo que ese hecho ocurrió así porque, una de dos, o mis abuelos maternos veían un derroche el doble viaje o no se fiaban de que mis padres viajaran a Ágreda solos.

Seguramente o, como dice el estribillo de la canción popular, a la que da título, que escribió en 1947 el compositor cubano Osvaldo Farrés: Quizá, quizá, quizá. No sé si el género humano ha hecho todo lo que se esperaba de él, le tocaba, correspondía o debía; a veces, considero que hemos sido excesivamente comodones y hasta vagos. Y (para insistir, dentro de mi optimismo proverbial, habitual, en mi esquina o rincón pesimista) que nos hemos conformado con hacer bastante menos de lo que podíamos y estábamos capacitados para llevar a cabo.

Bienvenidos (porque los prefiero) los altibajos, el frío y el calor, a lo tibio. Ya sabes lo que se lee en los versículos 15 y 16 del capítulo 3 del “Apocalipsis”: “Conozco tus obras; no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como eres tibio, ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca”.

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No olvides la albahaca ni la vela

NO OLVIDES LA ALBAHACA NI LA VELA

Hoy, veintiséis de julio, aquí, en Tudela,
Se propone una nínfula el gran reto
De componerle a Santa Ana un soneto
Y su yaya le dice: “¡Ánimo, Adela!

No olvides la albahaca ni la vela
Y lo conseguirás; te lo prometo”.
Al instante ve lo obvio, que el aprieto
Ya va por la mitad y no recela.

Coloca una dicción tras otra y guipa
Que a la otra procesión esta semeja,
Que sale de la seo; a ella regresa.

La de la paz perpetua entonces pipa
Fuma con su de baile impar pareja,
El arte, que a la Abuela huele y besa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Nota bene

Este soneto ha quedado finalista en el III Certamen Poético en honor a Santa Ana, convocado por la Congregación de Santa Ana de Tudela (Navarra).


Progreso y retroceso no se excluyen

PROGRESO Y RETROCESO NO SE EXCLUYEN

En los cuatro primeros versos de la décima que he titulado “¿El progreso es retroceso?” y que publicaré mañana digo: “A veces miro el progreso / Y veo calamidades / Y un montón de soledades / Que hablan más de retroceso”.

Está claro que dirigía y fijaba mi atención en una faceta concreta de ese poliedro que es la realidad. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Vivimos en el mejor de los mundos posibles, como aseveró el “último genio universal”, Gottfried Wilhelm Leibniz (y luego sostuvo el zumbón François-Marie Arouet, “Voltaire” —mofándose a carcajada tendida del citado filósofo, jurista, lógico, teólogo y... alemán—, por boca del doctor Pangloss, uno de los personajes de su “Cándido”)? ¿O el nuestro sigue siendo un hediondo albañal, una nauseabunda sentina, un mundo inmundo?

Quien conteste sí a la primera pregunta será tachado (y, en mi modesto criterio, con razón) de pesimista. Quien responda sí a la segunda deberá completar o complementar dicha afirmación a continuación, si no quiere ser etiquetado de parcial o motejado de algo aún peor, con la aseveración contraria u opuesta, por ser ambas ciertas. Como mucha gente aduce, huyendo de la visión simplista, maniquea, entre el blanco y el negro, la bondad y la maldad, cabe hallar y no callar lo que hay, una amplia gama de grises (pero estos no son extintos policías españoles, por ser ese el color de los uniformes que vestían otrora, en los años siguientes al postfranquismo, no).

No necesitamos escuchar ni leer los sesudos argumentos (apoyados por un apabullante, incuestionable y variopinto elenco de datos fidedignos) expuestos donde sea, ni aceptar (de buen o peor grado) las convincentes razones de peso aducidas por supuestos intelectuales (ellas o ellos) de derecha o de izquierda para tomar conciencia y constatar, porque tenemos ojos y no estamos ciegos, que vivimos en un mundo manifiestamente mejorable.

La supuesta bondad o maldad del mundo sigue dependiendo del color del cristal con que cada quien lo mira (ya sea globalmente, desde una perspectiva coral, íntegra; ya sea parcialmente, fijándonos en una sola faceta de ese enorme poliedro), o sea, de la famosa cuarteta de don Ramón de Campoamor, que fina la primera parte del poema titulado “Las dos linternas”, que dedicó al escritor, periodista y filósofo, amén de amigo, Gumersindo Laverde Ruiz, de la que tantos letraheridos solemos echar mano para dar cuenta de la realidad pura y dura: “Y es que en el mundo traidor / nada es verdad ni mentira: / ‘todo es según el color / del cristal con que se mira’”.

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De que lo hizo mal la harta no difiero

DE QUE LO HIZO MAL LA HARTA NO DIFIERO

“—Por raro que te parezca, esto no lo ha escrito un poeta. Lo dijo un sicoanalista que se llamaba Wilhelm Stekel. Esto es lo que... ¿Me sigues?
“—Sí, claro que sí.
“—Esto es lo que dijo:‘Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella’”.

Jerome David Salinger, en el capítulo 24 de “El guardián entre el centeno” (1951).

“Aprende de los errores de otras/os. Nunca vivirás lo suficiente para cometer todos tú misma/o”.

Frase atribuida a Julius Henry, “Groucho”, Marx

La espada que partió la nupcial tarta
El día que se dieron el “sí, quiero”
Los novios, Marta y Luis Fidel, “el Fiero”,
Más de un envío abrió después o carta.

Cuando harta empezó a estar de oír la sarta
De “prenda, a la paliza yo me adhiero;
Seré, si te resistes, más que fiero”,
Que hecha un carámbano dejaba a Marta,

“Dios quiera que un mal rayo en dos te parta;
Mejor hoy que mañana, sanguinario”
La ahíta le soltó, indignada, a “el Fiero”,

Que de la espada echó mano y con Marta
Acabó en un pispás el victimario.
De que lo hizo mal la harta no difiero.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Carles a Puigdemont lo dejó en cueros

CARLES A PUIGDEMONT LO DEJÓ EN CUEROS

“El sabio cree que es mejor atesorar sensatez y ser desafortunado que tener fortuna con insensatez. Lo preferible, ciertamente, en nuestros actos, es que al buen juicio le acompañe siempre la suerte”.

Epicuro en “Carta a Meneceo

Tengo para mí por cierto que, a veces (muchas, seguramente), la realidad sobre un asunto en concreto, un innegable poliedro de ene caras, se nos presenta a usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, y a mí (y, ora me imagino, ora sospecho, que tres cuartos de lo mismo les ocurre al resto de nuestros semejantes), de manera tan compleja, que podríamos plagiar tranquilamente a sir Winston Churchill cuando aireó, por primera vez, su criterio sobre lo que le parecía a él Rusia, “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. Sin embargo, otras (las menos) la realidad sobre un tema específico se nos muestra diáfana, como “El traje nuevo del emperador” o “El emperador va desnudo”, los títulos con los que se conoce el cuento de Hans Christian Andersen (que bebió, sin ninguna duda, del agua que manaba de un caño de la fuente que cabe hallar dentro del exemplo XXXII de “El conde Lucanor”, del infante don Juan Manuel), en el que un niño (alma cándida y sincera) dice la verdad.

Ese niño (bueno, no tan niño, que, aparentemente, no tenía nada —bueno, algo sí y hasta bastante—, que ver con el pastorcillo mentiroso de otro proverbial cuento, por lo mucho que había embelecado antes), hoy adulto, que anteayer reconoció que era verdad que él era el autor de los mensajes que (por la mañana había sacado a la luz y hecho públicos “El programa de Ana Rosa” —¡enhorabuena, por la exclusiva!—) había enviado a Toni Comín, tiene nombre y apellidos, Carles Puigdemont i Casamajó.

El sábado 20 de enero del presente año, en la página 14 del suplemento BABELIA de El País apareció publicado el artículo titulado “La religión en aforismos”, que lleva la firma de su hacedor, Jorge Wagensberg. Como colofón de las breves líneas introductorias que preceden a los 24 apotegmas que enumera, Wagensberg recuerda qué había sentenciado el físico Steven Weinberg: “Con o sin religión siempre habrá gente buena haciendo cosas buenas y gente mala haciendo cosas malas, pero para que gente buena haga cosas malas hace falta la religión”. Estoy de acuerdo con el grueso de la primera parte de la sentencia y discrepo abierta, completa y rotundamente de la segunda. Abundo con él en que, independientemente de la religión, quien durante toda su vida se ha comportado como (no escribiré Dios, no, sino el civismo) manda seguirá haciéndolo así, seguramente, y quien no pues no. Ahora bien, nada impide que las circunstancias (un cúmulo de ellas, extraordinarias, sin duda) hagan que el primero obre como el segundo y el segundo como el primero. La segunda parte de la máxima acarrea, porta o portea un evidente prejuicio, que, por inadmisible, desde mi perspectiva intelectual, considero intolerable. Los numerosos casos de pederastia en la Iglesia no deben ni pueden sepultar el trabajo abnegado, altruista y encomiable que muchos sacerdotes y monjas llevan a cabo en el primero, el segundo y el tercer mundos. De todo, bueno, regular y malo, hay en la iglesia (o viña) del señor. Bueno, pues, mutatis mutandis, si probamos a cambiar política por religión, nos toparemos con la misma media verdad, que, como todo el mundo sabe, es la peor de las mentiras. Los numerosos casos de corrupción que han cometido representantes de la política municipal, autonómica o estatal no pueden enterrar los innumerables comportamientos decentes, intachables, de otros tales que no suelen trascender con la misma facilidad a los mass media.

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Cuando la verdad no importa, ¿qué importa?

CUANDO LA VERDAD NO IMPORTA, ¿QUÉ IMPORTA?

¿KUNDA PRETENDE QUE SU IDEA CUNDA?

Si, según la navaja de Ockham, “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”, a nadie (de cuantas/os conozco y he debatido con ellas/os del asunto controvertido que actual y últimamente más me inquieta e intriga —y, por eso, lo traigo y tengo entre manos—, si los datos contrastados persuaden más o menos que los mensajes emocionales), le debería extrañar la conclusión a la que llegó la psicóloga social Ziva Kunda, que, poco más o menos, puede formularse así: que lo lógico y normal es que las personas lleguemos a las conclusiones a las que queríamos llegar. Cabe colegir, por tanto, de lo urdido arriba que, como ella no era una excepción a dicha regla, Ziva no logró escaparse de las garras y/o fauces de dicho sino o destino. Así que es razonable preguntarse qué es lo que pretendía de verdad Kunda, y, asimismo, conforme a razón contestarse que, acaso (y hasta sin acaso) que su idea cundiera.

Para todos los seres humanos (hembras y varones) nuestra composición, idea o visión del mundo, nuestra vida, es un relato o rompecabezas en el que tienen que encajar, sin chirriar, sin desentonar, como en cualquier maquinaria, mecanismo o motor bien engrasado, todas las acciones, todos los párrafos, todas las piezas.

Si una verdad recién salida del horno contradice nuestra verdad original, primera, prístina, y, en lugar de hacer lo cabal y correcto, lo decente, como manda el rigor intelectual, seguir al filósofo alemán Karl Popper (para quien la verdad era siempre sospechosa, y gozaba de una condición interina, provisional, de tal manera que, en el supuesto de que una verdad fuera refutada por otra, esta se encargaría de abatir y acabar con la falsa, o de bajarla del pedestal sobre el que hubiera sido colocada, o de echarla y de ocupar en ese mismo instante su trono), la ignoramos, porque no cuadra con nuestro relato o rompecabezas, o la desechamos, porque, como no nos sirve, deja de tener importancia para nosotros, ¿qué podemos hacer para salir incólumes de dicho aprieto?

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Viernes, 20 de abril

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