El Blog de Otramotro

¿Qué opino del actual Ejecutivo?

¿QUÉ OPINO DEL ACTUAL EJECUTIVO?

“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Así que por sus frutos los conoceréis”.

Evangelio de San Mateo, capítulo 7, versículos del 16 al 21.

Empezaré esta urdidura (o “urdiblanda”) echando mano de una lítote/s o litote/s, figura o recurso literario que, en retórica, comparte significado con su sinónima, la atenuación, expresión de la que el hablante (o escritor) se vale o hace uso para, mediante la negación de lo opuesto, aseverar lo que sea o desea. No me parece mal (esto es, me parece bien) que la gente manifieste su idea o punto de vista de todo aquel asunto sobre el que quiera opinar. Ahora bien, el Gobierno de Sánchez no ha hecho más que arrancar (sus miembros acaban de prometer su cargo y recibir las carteras de sus respectivos ministerios de manos de quienes en ese mismo momento cesaban como ministras/os). Ergo, lo lógico es que, si alguien me pregunta mi opinión sobre el actual Ejecutivo, reduzca mi comentario a hacer una referencia escueta a la corazonada, el pálpito o presentimiento que he tenido al conocer sus nombres y antecedentes o trayectorias profesionales (si me constan), o sea, si los elementos seleccionados conforman, según mi parecer, un grupo cohesionado o no (si se va a poder formar con las/os mimbres elegidas/os un buen cesto o no), si, mutatis mutandis, me parecen bien los instrumentos (o ministros escogidos) por el director de la orquesta, Sánchez, porque espero no cometer el craso error de prejuzgar (como al atento y desocupado lector, sea ella o él, le consta, Albert Einstein nos aleccionó cuando dijo y dejó escrito esto: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”), ya que, para poder formular un criterio motivado al respecto, he de esperar a ver (escuchar) cómo suenan las piezas musicales que interpreten. En plata o a la pata la llana, lo que una/o deduce o interpreta cuando escucha o lee los versículos de arriba, pertenecientes al capítulo 7 del evangelio de San Mateo, que he elegido para que hicieran las veces del epígrafe oportuno para encabezar esta urdidura (o “urdiblanda”).

Los gobiernos demuestran ser buenos, regulares o malos no el día que echan a andar o zarpan, sino el que arriban al previsto puerto. Ahora solo son caras o meras fotos con sus respectivos currículums (conocidos o no). Faltan sus pensamientos, sus dichos y sus hechos, a partir del acto de prometer su cargo y adquirir, a renglón seguido, su condición de ministras/os. Veremos si hay un hilo conductor entre ellos, si se advierte coherencia o no.

Ha de transcurrir necesariamente el tiempo para comprobar si el reto que cada ministra/o se proponga alcanzar o conseguir (cuando lo manifieste, claro) lo logró o no. Veremos si los dones, capacidades o virtudes que un día tuvieron y sospechábamos que aún atesoraban seguían manteniéndolos/as (y hasta los/as habían potenciado o multiplicado) o, por el contrario, por los motivos que fueran, estas/os habían menguado (o incluso desaparecido).

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Te agradezco un montón la sugerencia

TE AGRADEZCO UN MONTÓN LA SUGERENCIA

Dilecta Pilar:

Pues ya sabes qué debes hacer: tienes que seguir por esa senda (o cauce), dejándote llevar por los aires (o las aguas) de la imaginación.

Te agradezco un montón la sugerencia, pero reconoce que sería como tomar, en lugar de chocolate, un sucedáneo (mutatis mutandis, el aguachirle que le sirvieron, en cierta ocasión, unas hermanas clarisas a Quevedo y él repentizó aquella famosa redondilla: “Monjas claras, claro está; / pero es grande disparate / dar agua por chocolate / y no decir ¡agua va!”.

Pues, antes de ponerme a redactar las notas que he tomado en casa (a ver qué sale), me paso por tu blog para leerlo.

Parece que en “Plaza Santo Domingo”, tu microrrelato (una reflexión sobre el cambio o los cambios, en definitiva, el inexorable y raudo paso del tiempo), optas por el disfraz de fotógrafa y te dedicas a hacer varias instantáneas en momentos distintos. La primera foto se la haces al señor que va en silla de ruedas y tiene por pies palomas (les haya echado él el alpiste para que lo comieran o no). La segunda foto se la tiras a esa patulea mestiza, mixta, de niños del extrarradio o emigrados (sus padres buscaron mejor vida para su familia en otro país, en otra ciudad, Zaragoza). Supongo que es verano y no tienen dinero para ir a bañarse a una piscina. La tercera foto recoge la nueva carnicería (¿por qué has escrito “carnecería”? Ah, bueno, puede que la palabra aparezca escrita así en el letrero) que un emigrante ha abierto para vender a otros, con igual origen que el suyo o no, la carne de las reses sacrificadas por el rito musulmán. La cuarta se centra en un joven de piel oscura, desplazado, recién duchado, que quiere hablar por teléfono en una cabina que no funciona (¿por qué con un denario? ¿Acaso porque suena a dinar y piensa que aún está en su país, sea o no del Magreb?) hace mucho tiempo (el móvil se ha impuesto). La quinta foto (no hay quinta mala) recoge hasta el audio de tu tío: una especie de profecía fatídica (más que propicia): quizá barrunte que pronto no habrá niños jugando alrededor de la fuente, como repararás luego en ello. La sexta se centra en tu tía, incapaz de andar, cercana a la muerte (haciendo el viaje de vuelta a la niñez —algunos ancianos vuelven a ser como niños: se cagan y se mean encima y necesitan pañales, pero más grandes que los de antaño—). La séptima retrata la vida misma: en un visto y no visto, pasa nuestra existencia (hay quien dice que a la hora de la muerte uno ve su vida en un rápido tráiler que dura un santiamén o pispás). La octava foto constata que, como las piernas añosas fallan, cada vez más ancianos necesitan andadores para desplazarse y poder cubrir así pequeñas distancias, de manera autónoma. La no(ve)na vuelve a la fuente donde ya no hay niños (nuestra sociedad va envejeciendo paulatinamente y, o se pone rápido remedio al problema y promueve la natalidad, o el envejecimiento irá a más). La décima y última la haces mientras asciendes al cielo, metamorfoseada en una de las palomas mencionadas en la primera foto, como queriendo cerrar el círculo.

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Has hecho lo oportuno en dicho caso

HAS HECHO LO OPORTUNO EN DICHO CASO

Dilecta Pilar:

Ya me perdonarás; he pulsado alguna tecla sin querer y te he enviado el mensaje incompleto.

Te decía o quería decirte (en realidad, escribirte) que creo que a los galenos (ellas y ellos) de cabecera ahora se les llama así, médicos de atención primaria.

Lo peor es el madrugón. Luego los jóvenes y no tan jóvenes van a Las Norias (tienes que ver cómo han dejado todo aquello, lleno de basura), paraje anejo al Ebro. El ejemplo de civismo brilla por su ausencia. Te confieso (ahora que no nos escucha nadie) que yo me lo he pasado (durante varias ediciones del Domingo de Pascua o Resurrección o, si lo prefieres, Día del Ángel) estupenda e inolvidablemente.

Has hecho lo oportuno en dicho caso.

Ahora debo esperar a que me llegue la nueva cédula de habitabilidad por correo electrónico para, tras hacer una copia, acercarme de nuevo a la sede de la Junta de Aguas y cambiar la titularidad (con la ilusión que me hacía abrir las cartas dirigidas a mi padre, Eusebio, piadoso, en griego, según te comenté otrora, si no recuerdo mal, porque así se llama también, precisamente, tu madre, Eusebia).

Sí, como sabes y se lee en el Eclesiastés, “nihil novum sub sole” (“nada nuevo bajo el sol”). Unamuno tituló así uno de sus sonetos.

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Sé que se ha repetido esa molestia

SÉ QUE SE HA REPETIDO ESA MOLESTIA

Dilecta Pilar:

Acabo de llegar (dos horas más tarde de lo normal) al Centro Cívico “Lourdes”. Hoy me he sentido, ora el protagonista del artículo “Vuelva usted mañana”, de Mariano José de Larra, ora el personaje Joseph K. de “El proceso”, de Franz Kafka. Aún me faltan trámites para poder cambiar la domiciliación del recibo del agua (antes tendré que proceder a mudar la titularidad de dicho suministro).

Tengo la mejor opinión de Patricia, la madre cuerda, prudente, sensatísima, del difunto Gabriel. La considero una mujer estupenda; bueno, pues dudo que algún día (a pesar de que el paso del tiempo suele obrar milagros) pueda perdonar a la bruja (¿habrá alguien a quien la pintura fiel, fidelísima, que has hecho de ella, no le repugne?) que acabó con la vida de su pececito. Por cierto, ¿acaso ha pedido perdón Ana Julia, la asesina confesa?

Gracias. He escrito recientemente sobre la prisión permanente revisable. Ya sabes qué criterio sostengo a propósito de los pederastas, asesinos múltiples y violadores, que, por las razones que sean, tienen serias dificultades para reeducarse y reinsertarse socialmente; ergo,...

Seguramente la culpa fue mía y, aunque creí haber leído detenidamente tu artículo, no di en el blanco o centro de la diana, no acerté con lo que querías dar a entender. Ya sabes, el autor escribe y luego el lector interpreta. ¿Lo correcto? Unas veces sí y otras no (como eso mismo se predica de los afamados pimientos de Padrón, que unos pican y otros no).

El hombre propone y Dios dispone, airea el dicho. Han sido apocados y tristes (para mí, claro) los días de Semana Santa. Durante la tarde del pasado Viernes Santo, día señalado para este menda, tuve que bajar a Urgencias, porque el catarro (o alergia; o una alianza de ambos) que había pillado me impedía respirar correctamente. La doctora que me visitó me recetó Cefuroxima, un antibiótico, y Symbicort Turbuhaler, un inhalador (el pecho me gruñía). La combinación está haciendo el efecto apetecido, pues el resfriado se va atenuando paulatinamente. Hoy estoy mejor.

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¡Cuánto ayuda aprender de los mejores!

¡CUÁNTO AYUDA APRENDER DE LOS MEJORES!

“Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabajo, más suerte tengo”.

Thomas Jefferson

Hoy, viernes, 25 de mayo, día en el que se conmemora el nacimiento de San Camilo de Lelis (fundador de la Orden de los Camilianos) en la pequeña localidad italiana de Bucchianico di Chieti en 1550, donde estuve, hace casi cuatro décadas, con el difunto José Luis Álvarez Santaolalla y el ingenioso y sutil José Carlos Bermejo Higuera (en el viaje que hicimos tras acabar COU a Italia), quiero tener un recuerdo especial para quienes fueron profesores míos, durante los tres últimos años de la EGB, que cursé en el seminario menor de Navarrete (La Rioja), los religiosos Camilos Pedro María Piérola García, Daniel Puerto y Salvador Pellicer, tristemente finados, y los vivos (si no marro) Ezequiel Julio Sánchez, “Txema” López y Jesús Arteaga Romero.

Recientemente, el mencionado en último lugar en el párrafo precedente (los últimos serán los primeros), Arteaga, con el que más relación tengo (le remito cuanto trenzo), me envió un pequeño escrito en el que me recordaba que, en el día de la fecha, los religiosos Camilos (que prometen en voto solemne, según la fórmula de su profesión, servir a los enfermos aun con peligro de su propia vida, con el mismo amor que siente una madre por su único hijo enfermo) pretenden hacer un merecido homenaje y rememorar a los más de trescientos miembros de la Orden, que murieron mártires de la caridad, al dar sus respectivas vidas, víctimas de contagio, cuando asistían y cuidaban a personas enfermas en tiempos de epidemia.

Recogía don Jesús, en el mencionado texto, una frase del Evangelio de San Juan 15, 13: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Como él fue uno de los mejores profesores que tuve, a lo largo de mi adolescencia y juventud, pues me enseñó a pensar por mi cuenta, a tener criterio propio, a discrepar o disentir, si lo consideraba oportuno (aunque luego debiera disculparme, al comprobar, de manera fehaciente, que me había equivocado), sin ánimo de polemizar con él, ni con el epígrafe o versículo que escogió de San Juan, me permito apuntar que acaso sí haya un amor aún mayor, “el que da su vida por desconocidos que eran, además (lo supiera o ignorara), sus enemigos”.

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Dejación de funciones se llama eso

DEJACIÓN DE FUNCIONES SE LLAMA ESO

En España estamos como estamos con el inacabable asunto, conflicto o problema catalán (cada día peor, ergo, más difícil de resolver), porque los diversos Ejecutivos centrales, al necesitar los apoyos y/o votos de los diputados de los partidos nacionalistas en el Congreso para poder gobernar con garantías, les dejaron, como contrapartida, que esas susodichas formaciones pudieran hacer y deshacer en las Comunidades Autónomas donde gobernaban, País Vasco y Cataluña, a su antojo.

El PNV y CiU, si exceptuamos las legislaturas en las que gozaron de mayoría absoluta PSOE y PP, en las que sus votos no eran decisivos, en las restantes, en las que sus votos favorecían o propiciaban la gobernabilidad, tras llegar al preceptivo pacto de gobierno, pacta sunt servanda (los pactos deben cumplirse), rentabilizaron al máximo la necesidad y la urgencia política de sus apoyos, sacándoles a estos el mayor de los provechos.

Ante la clara dejación de funciones de supervisión (miraron para otro lado), por parte de los sucesivos Gobiernos centrales, de cuanto acaecía en Cataluña, donde no se cumplían varios preceptos constitucionales y no pasaba nada, donde la educación era claramente sectaria y tendenciosa (desconozco si la información que he leído es fiable y correcta, pero el dato de que cerca del noventa por ciento, el 88%, de los profesores de Enseñanza Secundaria de la provincia de Girona se han confesado favorables a la independencia no es baladí, menos aún, despreciable), ha desembocado en los momentos esperpénticos y grotescos que estamos viviendo en la actualidad. Los secesionistas están convencidos de que, en un Estado de derecho como es España (mejorable, sí, perfectible, también), ellos pueden hacer cuanto les dé la real gana y se pasan el principio jurídico de dura lex (que, como mucho, les suena a una marca de vasos de vidrio), sed lex (dura ley, pero ley) por donde mejor les parece. Están falsamente persuadidos, verbigracia, de que, como el derecho a decidir, que esgrimen, nadie se lo puede negar, se pueden saltar u hollar cuantos artículos de la Constitución Española de 1978 les apetezca. Así que a nadie le puede extrañar que el expresidente fugado, Carles Puigdemont, como si ejerciera de pseudorrey de Cataluña (qué entenderá el sujeto en cuestión por república, me pregunto, qué), haya nombrado a dedo (emulando al creador de Dios, que pintó el genial Miguel Ángel Buonarroti y podemos contemplar en la bóveda de la Capilla Sixtina, en los museos de la Ciudad del Vaticano, Roma) al tipo más fanático que había en el Parlament (lo escogió el hoy huido para que ocupara el undécimo lugar de su lista), a un racista, supremacista y xenófobo, como a todas luces es Quim Torra, si echamos una ojeada a lo que otrora escribió (y no una ni dos veces, sino bastantes, para que quedara constancia suficiente de su ideología) como su heredero o vicario; con la particularidad de que ningún diputado de PDeCat ni de ERC haya dicho al respecto ni mu.

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Por donde más oscuro está amanece

POR DONDE MÁS OSCURO ESTÁ AMANECE

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Bertolt Brecht

Dilecta Pilar:

Por fin, ha llegado la tarde del sábado y puedo leer el poema que te premiaron el diciembre pasado en Lucena (Córdoba), “Mujer sin edén”, y comentártelo (a ver si puedo sacarle el máximo jugo y provecho).

No sé si te has dado cuenta, pero en el primero de los dos archivos que me has mandado, el de la portada, se lee “Mujerarta” (sic; supongo que es un error; y debería haber aparecido “Mujerarte”, que es el título que se lee en el segundo archivo, el del libro). Tras leer dos veces tus versos, permíteme esta primera digresión, acéfala y ápoda, sin cabeza ni pies, para arrancar con unas gotas de zumba mi crítica literaria: he dado por buena (justa y correcta) la explicación que he hallado al error mencionado del rótulo, pues la mujer que urdió la susodicha obra poética recordaba los momentos en los que estuvo hasta más arriba de las narices (no te faltaba razón para estarlo, amiga), o sea, ahíta, de estar harta.

Comienzas con dos endecasílabos perfectos para abrir boca, para poner en situación al lector (ella o él): “La niebla me bloquea el horizonte / en este frío invierno sin ventanas”. Ignoro si con la voz “niebla” querías hacer referencia al folio en blanco y con “frío” un guiño al verso inicial del famoso poema de César Vallejo (“Considerando en frío, imparcialmente”), que itera el título.

En los versos siguientes recuerdas tu despertar a la vida, que pronto, muy pronto, advertiste, por numerosas circunstancias, diferente a la de los demás niños y niñas. Te daba miedo ser distinta y comprobar (porque aún no tenías las herramientas que has ido acopiando a lo largo de tu existencia, de lucha permanente) en tu interior el vacío y la ausencia de luz (para hacerle frente y lograr explicarlo).

Al verso “Han sido muchos años de bajar mirada” (que refuerza la misma idea de los anteriores), permíteme el segundo excurso (ya sabes que, cuando me hallo entre amigos, digo o trenzo las cosas sin apenas filtros, llamando pan al pan y al vino vino), yo le hubiera colocado el artículo: bajar la mirada. Da, como resultado (no sé si consideraste esta posibilidad), un alejandrino cabal, dividido en dos hemistiquios exactos.

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Jamás se ha afiliado el menda

JAMÁS SE HA AFILIADO EL MENDA

Puede que esto a usted le asombre
Y, a la par, que me comprenda.
Jamás se ha afiliado el menda
A un partido, pues no es hombre
Dispuesto a perder su nombre.
¿No le parece un misterio,
Diplomado en magisterio,
Que entre tanta/o independiente,
Lleve o no lleve pendiente,
No halle/haya alguna/o de criterio?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Ser independentista es una opción

SER INDEPENDENTISTA ES UNA OPCIÓN

Dilecto Mikel Arilla, periodista de Plaza Nueva:

En la primera lectura que he culminado de tu escrito (porque lo he leído dos veces) “La diatriba al ‘mal patriota’” (si el DLE define diatriba así, “discurso o escrito acre y violento contra alguien o algo”, deberías haber usado para el título de tu artículo la preposición contra), solo he reparado en dos errores (si computamos el mencionado, del rótulo, como el primero, que luego iteras en el cuerpo del texto), que merecen las oportunas correcciones. En el supuesto de que quien firma estos renglones torcidos hubiera sido el autor del tuyo (supongo que te ha ocurrido lo que nos suele acontecer a cuantos estamos acostumbrados a componer textos a diario, que, por muchas veces que leamos nuestras urdiduras —o “urdiblandas”—, es rara la vez en la que no pasamos por alto un pequeño error, o dos), y se hubiera dado cuenta de ellos, claro, hubiera procedido con diligencia a su inmediata enmienda. El segundo yerro que hubiera subsanado es el imprudente adelantamiento realizado por la letra ese, en “intrasnferible”.

En la segunda lectura, he vuelto a reparar en lo que ya advertí en la primera, el uso ajustado que haces de la ironía (tengo para mí que quien echa mano de ella, de manera correcta, en cualquiera de las tres acepciones que recoge el DLE, demuestra tener (y gestar mientras la gasta) una inteligencia particular, singular —por no ser habitual su cabal manejo—).

Es manifiestamente criticable (como haces tú) que se censure (por cierto, no sé si abundarás conmigo en esto, pero tengo para mí que aquí, en este país, se censura mucho; hay quien lo hace a manos llenas) a Alfred García por “ser catalán y aparentemente favorable a las posturas independentistas”. No todo el mundo tiene claro, como el agua cristalina, lo obvio, que, en España (un Estado de derecho, mejorable, sí, perfectible, también) ser independentista es una opción política tan lícita como cualquier otra (cosa que, en verdad, no ocurre en Alemania), siempre que se acepte, sin poner excusas de mal perdedor, como requisito previo e imprescindible, que el ciudadano que defienda y sostenga esa ideología deberá someterse a las mismas reglas de juego que el resto y respetar (dura lex, sed lex) el ordenamiento jurídico vigente. Cualquier persona que se tenga por un demócrata verdadero, con todas las letras, debe asumir, sin rechistar, las leyes que rigen. Estas se pueden cambiar (y deben mudarse, sin duda, si son injustas, por los procedimientos previstos y adecuados) al objeto de mejorarlas y hacerlas más justas, pero nunca saltárselas ni hollarlas, como, si no he interpretado mal sus palabras, ha declarado que va a hacer Quim Torra, de quien anteayer mi admirado Javier Cercas escribió en la tribuna titulada “Pesadilla en Barcelona” de El País, con burla sutil, esto: “Dicho lo anterior, sólo puedo añadir que me sentiría mucho más tranquilo si el presidente de la Generalitat fuera un paciente escapado del manicomio de Sant Boi con una sierra eléctrica en las manos”.

En lo tocante a tu afirmación de que es el choque identitario el que contamina al “procés”, yo no lo tengo tan claro. Acaso la cosa sea hoy al revés, que el “procés” es el que contagia, infecta (y es una mina para) el choque identitario. O que ambos se re(tro)alimentan mutuamente.

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El fin no justifica, Quim, los medios

EL FIN NO JUSTIFICA, QUIM, LOS MEDIOS

—Por raro que te parezca, esto no lo ha escrito un poeta. Lo dijo un psicoanalista que se llamaba Wilhelm Stekel. Esto es lo que... ¿Me sigues?
—Sí, claro que sí.
—Esto es lo que dijo: “Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”.

Jerome David Salinger incluyó este breve diálogo en su celebérrima novela “El guardián entre el centeno” (1951).

Ignoro si usted, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), es catalán, mayor de edad y no independentista (quiero decir, no segregacionista ni soberanista ni supremacista). Si lo es y escuchó, de cabo a rabo, los dos discursos (el del sábado y el del lunes) de investidura de Carles Puigdemont (por boca de Quim Torra), tal vez se sintió arrumbado o excluido por sus palabras y llegó a la misma conclusión o parecido puerto al que arribó este menda: el candidato de Junts per Catalunya a formar (las malas lenguas ya se han encargado de propalar por doquier la mala especie de que ya se lo ha conformado Puigdemont) el próximo Govern de la Generalitat, amén de no haber hecho lo que debía (y sin demora), la autocrítica del independentismo y, como corolario, al no ser consciente de haber cometido la larga retahíla de errores de bulto en los que incurrió, pretende continuar por la misma senda, o sea, seguir hollando las leyes vigentes (y recuperando las suspendidas), a fin de conseguir, antidemocráticamente, con apenas un escaso 48% de los votos populares, de manera ilegal y unilateral, su ansiada causa, la independencia. Me da en la nariz que el artículo 155 de la Constitución Española, que está dando sus boqueadas, no tardará en emular a Cristo, según cuentan los Evangelios canónicos, y resucitar, como él, al tercer día. Esto es lo que a servidor le quedó meridianamente claro.

Aunque mi piadoso y difunto padre solía esgrimir en sus conversaciones (con gentes diversas) el latiguillo de que la experiencia era la madre de la ciencia, que ese idéntico planteamiento desembocara o tuviera, como consecuencias directas, la ruptura de la sociedad catalana (en la que algunos padres no pueden hablar del asunto en cuestión con sus hijos, ni algunos hermanos entre sí del tema de marras, porque saltan chispas), el cambio de sede (social y fiscal) de casi tres mil novecientas empresas, la aplicación del artículo 155, el ingreso preventivo en prisión o la huida de los irresponsables líderes que provocaron tanto desmán, al parecer, no ha servido de nada. Así que, el abajo firmante ha de dar necesariamente la razón a don Santiago Ramón y Cajal, que hace casi un siglo, en “Charlas de café” (1920) escribió: “Se ha dicho muchas veces que no hay nada más inútil que la experiencia. Tan triste verdad se corrobora cuando somos víctimas de una pasión avasalladora. En la vida del enamorado, los prudentes consejos del viejo suenan como la voz atiplada de un eunuco que disertara sobre las excelencias del celibato”. Si al atento y desocupado lector no le han convencido del todo las sensatas palabras del Premio Nobel de Medicina de 1906 (que compartió con el italiano Camillo Golgi), le propongo que lea las siguientes, de los mismos autor y libro, porque, unidas a las anteriores, quizá acaben por persuadirle: “Nada más inútil —se ha dicho mil veces— que la experiencia. A la mayoría de los hombres nos pasa lo que a las ranas y las moscas decapitadas, que se obstinan en preservar y defender la cabeza después de haberla perdido”.

Como este menda no se deja mangonear por nada ni por nadie, no sé si a usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), le ocurre tres cuartos de lo propio que a mí, que no me cabe en la cabeza, que no entiendo (ni a la de tres) cómo alguien puede brindarse a ser un simple muñeco, pelele o títere (al modo de las hormigas Trancas, Barrancas y Petancas, en el programa de entretenimiento —con secciones de entrevistas, divulgación científica, magia y humor— de Antena 3 Televisión, “El hormiguero”) en manos de Puigdemont (que se ofreció a serlo, a su vez, de Artur Mas). Como los seres humanos no somos gatos (solo tenemos una vida), no comprendo ni concibo cómo alguien puede avenirse a tener una existencia vicaria, por mucho que sea el boato del que va a poder disfrutar o el oro que espera (o le han prometido que va a) recibir a cambio, como contrapartida o recompensa.

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No es Dios Francesc-Marc Álvaro, presiento

NO ES DIOS FRANCESC-MARC ÁLVARO, PRESIENTO

En el artículo titulado “Escuelas bajo sospecha” (del que he hecho una copia), que lleva la firma de su autor, Francesc-Marc Álvaro, publicado ayer, jueves, 10 de mayo, en La Vanguardia (servidor ha accedido hoy, viernes, a él a través de la edición digital de dicho periódico), que he leído (para conocer otros criterios o perspectivas sobre el asunto) de cabo a rabo, porque la víspera publiqué en mi bitácora una urdidura (o “urdiblanda”) sobre el mismo tema, he subrayado varios renglones: “Se piense lo que piense de las relaciones Catalunya-España no se puede negar que los acontecimientos de aquella jornada provocaron muchas preguntas entre los niños y adolescentes. La mayoría de maestros tuvieron claro que debían acompañar un debate tranquilo, informado y respetuoso sobre todo aquello, no podían esconder la cabeza debajo del ala”.

Me ha llamado sobremanera la atención los dos términos del binomio de la presunta relación de oposición que establece el autor entre Catalunya y España, como si Cataluña no fuera (o hubiera dejado de ser por arte de magia) un territorio, parte importante o Comunidad Autónoma de España.

A propósito de las preguntas numerosas que se hicieron los niños y adolescentes el día de marras, dos de octubre (antes, durante —recreo incluido— y después de la jornada lectiva), cabe preguntarse si no hubo, si no hicieron preguntas los críos y púberes a sus maestros y profesores antes y después de dicha y crucial fecha. Intuyo que sí las hubo por otros motivos críticos y decisivos y que fueron oportunamente contestadas.

El autor del texto que comento afirma, itero, que “la mayoría de maestros tuvieron claro que debían acompañar un debate tranquilo, informado y respetuoso sobre todo aquello, no podían esconder la cabeza debajo del ala”. Creo que lo que escribe y describe Álvaro en su artículo de información y opinión tiene que ver más con su deseo de lo que tendría que haber sucedido que con la realidad de lo que, sensu stricto, acaeció, porque esa afirmación (presupone que él gozó, al menos aquel día, de la facultad divina de la ubicuidad) solo pudo hacerla o ser trenzada por quien no creo que exista, pero respeto que sean legión las/os que no ponen en tela de juicio su existencia, Dios. A menos que el señor Álvaro sea el mismo y susodicho Ser Supremo, que, si he de urdir lo que barrunto, intuyo o sospecho, considero que no lo es.

Con el cambio de párrafo, Francesc-Marc parece haber perdido dicho don o virtud, la ubicuidad, porque en él asevera lo siguiente: “Si en algún centro educativo ha habido algún episodio fuera de lugar, lo que toca —ante todo— es solucionarlo dentro del ámbito escolar. Como dice un buen amigo, que ha dirigido un colegio durante años, el sentido común y la mesura son herramientas básicas cuando gestionas material sensible. Ningún padre del IES El Palau expresó quejas a los maestros los días siguientes al 1-O, fue pasados unos meses que (sic, mejor cuando, según mi parecer) algunas familias vinculadas a la sede de la Comandancia de la Guardia Civil acudieron a determinados canales de televisión para explicar una versión. A partir de ahí, se generó una polvareda judicial, mediática y política, con grave vulneración de la presunción de inocencia de los nueve profesores encausados por la Fiscalía”.

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Quod factum est infectum fieri nequit

QUOD FACTUM EST INFECTUM FIERI NEQUIT

(NO PUEDE LOGRARSE QUE LO ACONTECIDO NO HAYA SUCEDIDO)

Una variante del latinajo que da título a esta urdidura (o “urdiblanda”) puede leer el atento y desocupado lector (sea ella o él) en “Aulularia” (o “La comedia de la olla”), del dramaturgo latino Tito Maccio Plauto, en boca de su personaje Licónides (o Lyconides): “Quid vis fieri? factum est illud: fieri infectum non potest”, en suma, que lo hecho no puede no estar hecho.

Tengo para mí por verdad apodíctica, irrefutable, la ley de la inmutabilidad del pasado, que otros gustan llamar de otras guisas, verbigracia, ley de la irreversibilidad de lo acaecido, que, grosso modo, viene a decir, en el ámbito de lo colectivo o social, que puede (di)simularse, olvidarse o ignorarse la historia, pero de ningún modo borrarla; y, en el ámbito de lo individual o personal, que cabe arrepentirse de un hecho, modificar sus efectos y reparar sus consecuencias, pero no deshacerlo.

No es posible modificar el pasado, porque, desde el punto de vista ontológico, eso es meramente imposible de toda imposibilidad. Ahora bien, mientras el mundo siga siendo (in)mundo, las maniobras de manipulación histórica, que han existido, existen y existirán en los regímenes autoritarios, que pretendieron tres cuartos de lo mismo que pretenden y pretenderán, falsificar la realidad de los hechos, continuarán eliminando o sustituyendo el pasado incondicionalmente cierto por el apócrifo. Obviamente, no me estoy refiriendo aquí, por supuesto, a la admisible “mentira piadosa”, la verdad que se le oculta a un familiar cercano porque sufre un desahucio médico, que no tiene posibilidad de curación su mal, vaya.

Entre el blanco y el negro hay una inmensa gama de grises. Entre la anarquía absoluta y el totalitarismo completo cabe distinguir y hallar una plural gradación de regímenes más o menos democráticos, más o menos autoritarios. La manipulación política de la historia no es una táctica insólita; hoy, aquí y ahora, el maquiavelismo de la posverdad ha quedado al descubierto y fuera de toda duda; el ídem de las fake news está a la orden del día y es más que evidente.

El uso de lo falso en política (no hablo aquí de literatura, donde la verdad que sobrenada en las mentiras es un hecho incontrovertible) es retrógrado, porque entorpece o impide el avance del conocimiento, del progreso. El propósito totalitario de enseñorearse del pasado entraña una auténtica y notoria voluntad de falsear la historia. En cualquier gobierno o grupo de presión mendaz anida una pretensión totalitaria. La revolución que es preciso impulsar y hacer sin falta es la de erigir el edificio de la política democrática con cimientos y cemento transparentes, porque la verdad, ciertamente, nos hizo, hace y hará libres.

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