El Blog de Otramotro

¿Qué se deshace en resabios?

¿QUÉ SE DESHACE EN RESABIOS?

El beso, que es para vates
La razón de batir palmas,
Por ser la unión de dos almas,
Que parecen dos orates
Armados con alicates
Cuando separas sus labios,
Para científicos sabios
Es un sencillo trasvase
De microbios o un desfase
Que se deshace en resabios.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿A la odiosa avilantez?

¿A LA ODIOSA AVILANTEZ?

No ser todo columbino. Altérnense la calidez de la serpiente con la candidez de la paloma. No hay cosa más fácil que engañar a un hombre de bien. Cree mucho el que nunca miente y confía mucho el que nunca engaña. No siempre procede de necio el ser engañado, que tal vez de bueno. Dos géneros de personas previenen mucho los daños: los escarmentados, que es muy a su costa, y los astutos, que es muy a la ajena. Muéstrese tan extremada la sagacidad para el recelo como la astucia para el enredo, y no quiera uno ser tan hombre de bien, que ocasione al otro el serlo de mal. Sea uno mixto de paloma y de serpiente; no monstruo, sino prodigio”.

Aforismo 243 del “Oráculo manual y arte de prudencia”, obra publicada por Baltasar Gracián y Morales en 1647.

Sé una mezcla de paloma
Y de halcón o de serpiente
En cerrado recipiente
Comprado en París o en Roma
Como artículo de broma.

Agrega más altivez
A tu ego y más candidez
Resta a tu comportamiento
Y darás cobijamiento
A la odiosa avilantez.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quién convocó el certamen de sarcasmos?

¿QUIÉN CONVOCÓ EL CERTAMEN DE SARCASMOS?

Hay quien ve el poder como una tarta o pastel. Y a cuantas/os contribuyeron a que determinado líder (mi dilecto amigo Manolo en su último artículo, para referirse al mentado, usa otro vocablo, auriga) consiguiera alcanzarlo, esto es, llevara ahora las riendas del mismo, aspirantes o candidatos idóneos para degustar o gozar de una porción, aunque sea pequeña, de la o el tal. Las negociaciones turbias o tejemanejes entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el secretario general de la formación morada, Pablo Iglesias, para dar con la piedra filosofal, el nombre y los apellidos del nuevo presidente (ella o él) de la corporación RTVE, han sido, básicamente, lo contrario u opuesto a un verdadero y correcto proceder democrático. Los pactos ocultos entre los dirigentes susodichos (por lo que he colegido de cuanto he oído y leído en los mass media), a propósito de los posibles personas de prestigio, dentro de la profesión periodística, para manejar el timón de RTVE, menospreciando (y aun despreciando) el criterio del resto de los representantes de los demás grupos parlamentarios, no han deparado la solución apetecida, la óptima, para que la radiotelevisión pública vuelva a recuperar las alas de la credibilidad que, según unos y otros, últimamente había perdido.

Aunque han trascendido los nombres de varios candidatos, que declinaron aceptar la oferta, la transparencia, tan cacareada como poco efectiva y eficaz, ha vuelto a brillar por su ausencia. Mientras ha durado el cambalache (que los trabajadores de la corporación han dado en llamar “pasteleo político”), ha quedado al descubierto que en política nada se da gratis et amore, o sea, que los apoyos o votos brindados, antes o después, se cobran.

Si Pedro Sánchez ha habilitado canales o tendido puentes de comunicación con los representantes de las formaciones independentistas (PNV, PDeCAT y ERC), a fin de resolver el (¿insoluble?) problema territorial, tendría que haber abierto, asimismo, vías de diálogo para pactar con los representantes de los partidos restantes y llegar a un acuerdo que satisficiera a todos.

Hay quien sostiene que para guiar eficientemente una empresa de más de seis mil empleados y mil millones de presupuesto se necesita una persona experta en gestión de recursos humanos y materiales. Tengo para mí que los conocimientos en dicha materia son imprescindibles, sin duda, pero también es conditio sine qua non que quien resulte elegida/o sea un dechado de honradez intelectual, personal y profesional, amén de haber dado muestras bastantes de no dejarse mangonear y de su firme compromiso con la verdad.

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¿Sabe lo que le aguarda tras la esquina?

¿SABE LO QUE LE AGUARDA TRAS LA ESQUINA?

Desde que conozco a Sofía, los doce o trece años suyos, siempre que la veo por la calle anda tiesa, erguida, enhiesta y se muestra circunspecta, prudente. Cuando ambos acudimos a la misma reunión, compruebo lo que ya sabía de ella, que nunca es la primera en tomar la palabra. Espera a que hablen los demás, a quienes acostumbra a escuchar con suma atención. Luego, si tiene algo que decir (cosa que no siempre ocurre), lo comunica de la forma más sencilla (para ella y el resto). A la comisura de sus labios no le suele faltar su asidua sonrisa. En las juntas de vecinos de nuestra comunidad (donde ella tiene un piso alquilado) me he fijado que, duren lo que duren, jamás se sienta en las escaleras y, recostada o no en una pared, permanece de pie, como yo. Acaso esto tenga que ver con un miedo cerval asumido a pronta edad, en su más tierna infancia. A quien le hace preguntas que entiende y deduce a qué obedecen o por dónde van, le suele contestar de forma amable y sucinta. Yo ayer, verbigracia, le pregunté: ¿Vienes de ver una película tierna? Juraría que has llorado, Sofía. Para película triste, de pena, mi vida, Tapia, me contestó. Mañana, nadie sabe lo que le espera tras la esquina, a las siete y media de la tarde, acudiré a su funeral.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Ponerse en el lugar del otro cuesta

PONERSE EN EL LUGAR DEL OTRO CUESTA

Dilecta Pilar:

Entiendo tu objeción. Tienes razón al hacerla, porque cada quien opina desde sus circunstancias (qué difícil es ponerse en el lugar del otro, ella o él; cuánto cuesta).

Haz lo de debas hacer. Eres tú quien decide. Es tu vida. Te comprendo, porque yo no dejo que nadie me mangonee (pero asumo lo obvio, que las circunstancias nos influyen tanto que casi casi determinan nuestras acciones y decisiones o, si lo prefieres, que no somos tan libres como nos creemos).

Tienes cierta experiencia conmigo y mis epístolas. No acostumbro a poner en ellas más que lo que urdo (a veces, depende de lo previo, tu referencia o comentario, claro).

Celebro que te haya gustado.

Aprovecha la festividad de San Jorge para hacer lo que más te plazca (mejor, si lo decides de consuno con quien sabes).

Vamos acelerados, sí. Acaso nos convenga reflexionar unos segundos sobre ese dicho que airea “vísteme despacio, que llevo (o tengo) prisa” y actuar en consecuencia.

Se nota que el Ebro también pasa por Zaragoza (ya sabes que yo achaco a su agua el ser exagerado, hiperbólico). Puedes estar segura de que todos los hijos (ellas y ellos) del Ebro, todos, sin excepción, somos ambas cosas, cabezones (cabezudos) y exagerados (gigantes). ¿De dónde piensas que proceden o vienen esas imágenes hiperbólicas, los gigantes y cabezudos que alegran nuestras festivas plazas y calles? De aceptar la poliédrica realidad que nos rodea, o sea, de asumir la parte alícuota que nos corresponde, tras haber conseguido combinar, trenzar y fundir esas dos naturalezas de nuestro destino o sino, que nos identifica, que tan cabalmente nos retrata.

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Cuanto urdo lo publico en mi bitácora

CUANTO URDO LO PUBLICO EN MI BITÁCORA

Dilecta Pilar:

Te contesto a tus dos correos en este.

Me extrañó darme de bruces con esos yerros. Ya no hay correctores en los periódicos. Ni siquiera los tiene El País, donde cada fin de semana (que es cuando compro dicho diario) suelo pescar gazapos sin cuento: hoy, sábado, 21 de abril de 2018, sin ir más lejos, en la contraportada o página 52 se lee: “ha causado una gran sorpresa descubrir que en (sic) se trataba de una burda copia: ‘La gente se ha sentido defraudada y que se les (sic; gente es un nombre colectivo, pero exige seguir usando el singular) han (sic) engañado hace años’, dice el cura”. El mal es común, está generalizado. Si lees la entrevista que le hace Emilia Landaluce a Tom Burns Marañón en El Mundo, te puedes encontrar con esta respuesta de Burns: “Por revanchismo, por algo que en el fondo es irresponsable y vulgar en un dirigente político llegado el año 2004. Zapatero cree que es su momento. Que gobierna una España democráticamente consolidada, una España prospera (sic; todas las esdrújulas o proparoxítonas se acentúan), con anclaje europeo y todo lo demás. Entonces piensa que es su oportunidad para construir un país utópico. También abre el melón territorial. Anima la reforma la reforma (sic; ¿pretendía remedar el famoso aforismo “rosa es una rosa es una rosa”, de Gertrude Stein?) del Estatut catalán que inexorablemente asentaría las bases para un proceso secesionista. Esto Zapatero no lo vió (sic; yo tampoco vi nunca “vió” así, acentuado, ciertamente). En él cristaliza el adanismo. Piensa que con él empieza otra época y que es capaz de empezar de cero”. Yo suelo leer mis textos tres veces antes de publicarlos (bueno, pues, aun así, a veces algún yerro se me escapa sin haberlo enmendado en tiempo y forma).

Desconocía que Pedro Santisteve fuera alcalde al que le gustara ahuecar el ala cuando las cosas empezaban a ponerse feas y volar lejos (me constaba que gastaba mucho dinero en gomina, pero luego pasaba —¿porque le pesaba habérselo gastado?— dichas facturas al Consistorio). Le han zurrado de lo lindo la badana, porque se había hecho digno acreedor de tales censuras o críticas.

Cuanto urdo lo publico en mi bitácora. Lo mando, asimismo, a varios periódicos. Unos lo publican o otros no. Allá ellos.

Ya usé la cita de “Ben-Hur” antes en otro texto. Es que escribo mucho (y a veces de manera extensa; se necesita espacio para reflexionar de manera sesuda). Si le echas una ojeada a mi blog, lo comprobarás.

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Esta quedará en monja entre barrotes

ESTA QUEDARÁ EN MONJA ENTRE BARROTES

Dilecta Pilar:

Hoy he venido al Centro Cívico “Lourdes” una hora y media más tarde lo habitual, porque he estado en la sede de la Junta de Aguas. Ya he solucionado el problema, el cambio de titularidad. Ulises, por fin, ha conseguido regresar sano y salvo a Ítaca, tras vivir un rosario de peripecias, la odisea.

Tudelanas y tudelanos, dices bien y escribes bien. Sigue así de segura, que no marras. Cristalino, como el agua clara (a pesar de la malsonancia, sí: ¡tú del ano! —así anima la afición en el campo “Ciudad de Tudela” al equipo de fútbol de casa o local—). Tenemos los de la ribera navarra, tudelanos o no, sorna para regalar y vender y vendar (quienes venden heridas, claro, anhelando atenuar la gravedad de las mismas o mitigar el dolor de las tales). La ironía es característica de una especial inteligencia (además de un rasgo innegable de sentido del humor).

Celebro que te haya agradado cómo ha quedado la epístola que publicaré, Deo volente, el 19 de junio. Al autor de la susodicha, servidor, también le petó un montón.

Pues, a continuar dándole a ese álbum digital. Sigue, que vas por buen camino. Si sospecha, que sospeche. No sueltes prenda, que se malogrará la sorpresa; y esta quedará en eso, en fiasco, en monja entre barrotes o rejas. Nada, nada, a seguir dándole (no queda otra) a la tarea (que es salud, si no marea) que tienes entre manos hasta que la culmines. Sí, tú eres la que estás haciendo la labor, pero, como dice el dicho, sarna con gusto no pica. Puedes estar segura de que a tu pareja le hará mucha ilusión y luego te lo recompensará con creces: besos y caricias sin cuento, tiempo al tiempo.

¿Que ¡qué cosas tengo!? Las que se me pasan por la cabeza y tamiza mi cacumen, amiga.

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Las acepto si admites mi de nada

LAS ACEPTO SI ADMITES MI DE NADA

Dilecta Pilar:

Ignoro si has concluido lo mismo que yo, que no tenemos grandes diferencias de criterio; que acaso nos distinguen los matices.

A la olla la llamaba mi difunta madre “la tastarra (o tastarrera)” (por ser una fusión de testa que marra, interpretaba yo, aunque quizás lo hiciera servidor de manera errada). Recuerdo, verbigracia, que, cuando se levantaba por las mañanas mareada de la cama, solía decir que “se le iba la tastarra”.

La belleza siempre está en el interior (el exterior es el disfraz, impuesto por el azar o el sino, o elegido libremente, que usamos mientras peregrinamos por este valle de lágrimas —más de pena que de dicha—).

El sábado, por la tarde, como te adelanté, me lo volví a pasar estupendamente durante la cuarta entrega de los premios “Goya” de la Teba, presentados por Germán Martínez, con quien he coincidido varias veces en la sede de la citada peña con la grata ocasión de cenas (un showman; sigo pensando que es un animador con un potencial enorme, que no está siendo conveniente aprovechado por el mundo del espectáculo). Acudí con Pío Fraguas, que se divirtió un montón (mi cuñada Elena me entregó antes del acto las invitaciones, pues mi hermano tenía que hacer un desfile, que nos perdimos). Luego nos tomamos en los bares del centro los habituales zuritos. El domingo lo dediqué a hacer las comidas, a leer y a escribir, lo asiduo (bueno, sota, caballo y rey, para no salirme del guion).

Felicítalo de mi parte, aunque sea con retraso, por su mayoridad. Felicítate (y felicita a tu pareja) por haber superado con creces esos diecinueve años largos de relación.

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Perdón ha de pedir Puente a Vicente

PERDÓN HA DE PEDIR PUENTE A VICENTE

NUNCA SE ME CAYERON LOS ANILLOS

“El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor”.

Confucio

He accedido, a través de la cadena SER, al audio de lo que, antes de que abandonara el pleno la señora Pilar Vicente, portavoz de Ciudadanos en el Consistorio vallisoletano, argumentaba Óscar Puente, el alcalde de la citada villa, y lo he transcrito, palabra por palabra, literalmente, para poder opinar (vaya por delante que, como ignoro quién tomó la palabra y qué dijo en el salón de plenos en los momentos previos a que Óscar Puente adujera lo que quedó registrado, seré cabal y honesto y nada comentaré al respecto) con conocimiento de causa: “Bien, nos acusa usted de falta de capacidad para organizar y gestionar esta ciudad. Es de suponer que usted se contrapone al actual gobierno como una persona con capacidad de gestión y de organización. Y yo le pregunto ¿cuál es la suya? ¿Qué capacidad de organización y de gestión acredita usted en su vida profesional y en su vida política? Porque le recuerdo que usted, antes de estar en este Ayuntamiento, tenía un puesto de trabajo bastante normal en una tienda, en Vallsur, y no ha gestionado usted nada en su vida, en ningún sitio. Por tanto, ¿qué es lo que gestionaba usted para acreditar ante los ciudadanos de Valladolid que tiene más capacidad para gestionar...? Pero permítanme intervenir. Señora Vicente, usted dice que le insultamos, no sé quién le ha insultado en este salón de plenos. No, no tiene la palabra, señora Vicente (interviene la señora Vicente, que dice esto: Si no retira usted las mentiras que ha dicho sobre mi currículum, la portavoz de Ciudadanos se levanta y se va). Haga usted lo que quiera. Puede hacer usted lo que quiera. Cuando no les echas, se marchan”.

Tengo para mí que el alcalde (amén de portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE), que había comenzado su razonamiento de manera impecable, metió la pata hasta el mismo corvejón cuando, sarcásticamente, vino a recordarle a la señora Vicente lo que a esta, la persona que cumplió con los cometidos que tenía asignados otrora en dicha tienda, le constaba mejor, con más detalles o pormenores, que los que recuerda (o da a entender que conocía, por los cauces que fueran, quien he colegido que había fungido, fingido o aspirado a ser otro Gran Hermano), al parecer, el alcalde (disfrazado para la ocasión, ora de un Dios indeseado, vengativo, ora de un sabueso soberbio, ora de una mala copia, pésimo sosias o trasunto del impar protagonista de un cuento imperecedero que salió del magín extraordinario de Jorge Luis Borges, “Funes el memorioso”, 1942), por haber vivido esa experiencia laboral en sus propias carnes, ya que era ella la que había trabajado en ese establecimiento de Vallsur. Ignoro si Óscar Puente es una persona hecha y derecha, que se viste por los pies. Si lo es, le recomiendo encarecidamente que escuche con la máxima atención y sin prejuicios (como ha hecho servidor) lo que dijo y cómo lo dijo (y quedó grabado en la SER), como si fuera otra persona la que hubiera proferido sus palabras y que reflexione al respecto. Acaso llegue a la misma conclusión a la que he llegado yo, que se pasó tres o incluso más pueblos con la señora Vicente. ¿Acaso Óscar Puente se hizo esa misma pregunta a sí mismo cuando a él le tocó hacer lo propio antaño? ¿Acaso les preguntó a sus correligionarios, ediles socialistas, en otros ayuntamientos, qué experiencia de gestión y de organización tenían cuando fueron elegidos por los ciudadanos de los numerosos municipios de España antes de empezar a tener capacidad para organizar o gestionar una corporación municipal o criticar los modos o maneras que usaban quienes las gestionaban y organizaban y formaban parte del equipo de gobierno que estaba al frente y al mando de este, ese o aquel Ayuntamiento? Está claro que nadie nace enseñado. Considero que la labor de representación política debería ser una profesión interina, provisional, de paso, y que haber trabajado en otros puestos, que nada o poco tienen que ver con los estudios que una persona cursó ni incapacita, ni es malo per se, sino, muy al contrario, recomendable. Trabajar en un puesto normal no es indigno. ¿Es consciente el señor Puente de cuántos españoles, ellas y ellos, trabajan en dignísimos puestos normales? Este menda, verbigracia, a quien nunca se le cayeron los anillos por tener que ganarse el pan con el sudor de su frente, tuvo que trabajar duramente durante meses e incluso varios años como gasolinero, carpintero, camarero y otros oficios y está orgulloso de las labores o tareas que llevó a cabo como tal, porque contribuyeron a que pudiera sacar una carrera o licenciatura de cinco años, Filosofía y Letras (Filología Hispánica).

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Mi anhelo es que también tú lo disfrutes

MI ANHELO ES QUE TAMBIÉN TÚ LO DISFRUTES

Dilecta Pilar:

Hoy he venido al Centro Cívico “Lourdes” un poco más tarde de lo usual. Me ha cortado el pelo y recortado la barba Paula, la nínfula que aprendió el oficio con (o se lo enseñó) Esteban, que está ingresado en el HRS (felizmente, parece que todo va por buen camino).

Ídem, gracias. Mujer, aunque soy un lego o profano en muchos campos del saber, algo de lengua y literatura española sí que sé. Lo que me consta es que a mí (a ti y a nuestras/os compañeras/os o colegas) no me (nos) regalaron la licenciatura, no.

Ya ves, tú y yo, perseverantes literatos, parecemos científicos, pues somos seres que, a lo largo de nuestra vida, vamos alternando (casi casi trenzando) aciertos con errores. Nos pasa, mutatis mutandis, algo parecido a lo que les acaece a ellos con su método experimental de ensayo/error. Sí; coleccionamos más de los segundos que de los primeros (como confiesa quien no es un pretencioso, soberbio o vanidoso, claro). Por ejemplo, yo, que contengo y dispongo de un montón de críticos y correctores a mi servicio, me doy cuenta de las numerosas lecturas (aparejadas de adiciones, enmiendas y supresiones) que debo hacer de algunos de mis textos hasta que, por fin, consigo darlos por buenos. Me temo que quien ha malinterpretado lo escrito por ti he sido yo. Me suele ocurrir cuando leo rápido.

He leído como viaja el rayo (o la centella) tu artículo sobre la posverdad (la mentira que se presenta, postula o propone como candidata para fingir y fungir de verdad) y las imágenes reales, en el que te fijas en varios asuntos de rabiosa actualidad (el problema, arreglado en un pispás, como recomienda Confucio, entre Letizia y Sofía, las reinas consorte y emérita de España, el máster —mejor, no máster cursado— de Cifuentes, el ataque a la población civil siria con bombas químicas, con muchos niños heridos en y por el tal, etc.). Me ha gustado. ¿Te has dado cuenta de que en el arranque de tu artículo, la cabal definición que da el DLE de posverdad (“distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”) tiene cierta cercanía o mucho que ver con lo que busca el autor de ficciones, que sea verosímil el relato que narra su cuento o su novela? Cierto. No andan faltas de razón las objeciones que planteas, pero ¿acaso la posverdad no pretende hacer pasar por verosímil (algo falso con apariencia de verdad) lo que tiene solo un porcentaje (alto, medio o bajo) de real?

Lamento tener que desdecirme, pues lo he publicado hoy. La verdad es que lo había escrito para que viera la luz, en un primer momento, ayer, pero el que urgía ser publicado antes se le adelantó y lo tuve que posponer hasta hoy (no mañana). A veces se me va un poco la olla. Tengo tantos textos comenzados en el telar, pendientes o a falta de lecturas correctoras posteriores que llevar a cabo para darlos como concluidos que, a veces, solo a veces, me armo más de un belén o jaleo.

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La narración acaeció en mi seso

LA NARRACIÓN ACAECIÓ EN MI SESO

Dilecta Pilar:

Eso es lo que te decía en un correo anterior: cuando algo te ha sido útil antes, cuando algo te ha servido, no te deshagas de ello, sea lo que sea, porque puedes necesitarlo, si no mañana, pasado. Si has sido precavido y lo has guardado, podrás echar mano luego de ello, cuando lo precises de nuevo.

La narración acaeció en mi seso. Es pura ficción. Emilio González, “Metomentodo” (si tomas la primera letra de su nombre, E, las dos iniciales de su apellido, Go, y las tres que arrancan su alias o seudónimo, Met, y las juntas, en ese mismo orden, formarás la palabra Egomet —que fue uno de mis seudónimos in illo tempore, cuando hacía mis pinitos literarios, cuando comenzaba a trenzar prosas y versos, más de los últimos que de las primeras—, que en griego significa yo mismo) es uno de mis heterónimos, como dejo caer sin querer (me desdigo al instante, esto es, queriendo) en el propio texto. Su autor, servidor, el abajo firmante, pretendía que fuera una reflexión en torno a la violencia (y los diferentes grados que cabe advertir de la misma), cuando apenas quedan muestras de la tal. Parece que, por los parabienes recibidos, he conseguido lo que me había propuesto.

Menos mal que no escribo todo lo que sueño (dormido y despierto), todo lo que imagino. Hoy, por ejemplo, he soñado (mientras hacía la siesta y dormía) que había ocurrido un magnicidio en los Estados Unidos de América; y no es trampa (aunque el gerifalte —a quien no le falto, no, por llamarle así— occiso se apellide casi casi de esa misma guisa). Si lo hiciera, me temo, me llevarían directamente y encerrarían hasta solo sabe Dios cuándo en una clínica psiquiátrica o frenopático. Tengo para mí que con Pessoa me hubiera llevado a las mil maravillas, estupendamente (o, por el contrario, tal vez, hubiera habido un desacuerdo diuturno, evidente, o mantenido con él una guerra sin cuartel, debido, entre otras razones, a la algarabía permanente entre ambos).

A ver si puedo ver “Campeones” pronto (si no es este año, que sea antes de que pase un lustro). Ha habido películas que he visto en la tele o en vídeo una década después de que hubieran sido estrenadas. Gracias por la recomendación. Ya sabes que no me gusta ir solo al cine. Lo mejor de ir al cine (no sé si te lo he escrito alguna otra vez antes) es comentar, a la salida de la sala de proyección, el filme.

Es una lástima; al menos, te queda el otro sendero expedito, el de los sueños que ideas estando despierta, el de tu imaginación. Me consta que la avenida de la creatividad la transitas desde hace mucho tiempo ad libitum, por eso no había hecho referencia a la tal (la había dado por supuesta, sobreentendida).

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¿Qué opino del actual Ejecutivo?

¿QUÉ OPINO DEL ACTUAL EJECUTIVO?

“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Así que por sus frutos los conoceréis”.

Evangelio de San Mateo, capítulo 7, versículos del 16 al 21.

Empezaré esta urdidura (o “urdiblanda”) echando mano de una lítote/s o litote/s, figura o recurso literario que, en retórica, comparte significado con su sinónima, la atenuación, expresión de la que el hablante (o escritor) se vale o hace uso para, mediante la negación de lo opuesto, aseverar lo que sea o desea. No me parece mal (esto es, me parece bien) que la gente manifieste su idea o punto de vista de todo aquel asunto sobre el que quiera opinar. Ahora bien, el Gobierno de Sánchez no ha hecho más que arrancar (sus miembros acaban de prometer su cargo y recibir las carteras de sus respectivos ministerios de manos de quienes en ese mismo momento cesaban como ministras/os). Ergo, lo lógico es que, si alguien me pregunta mi opinión sobre el actual Ejecutivo, reduzca mi comentario a hacer una referencia escueta a la corazonada, el pálpito o presentimiento que he tenido al conocer sus nombres y antecedentes o trayectorias profesionales (si me constan), o sea, si los elementos seleccionados conforman, según mi parecer, un grupo cohesionado o no (si se va a poder formar con las/os mimbres elegidas/os un buen cesto o no), si, mutatis mutandis, me parecen bien los instrumentos (o ministros escogidos) por el director de la orquesta, Sánchez, porque espero no cometer el craso error de prejuzgar (como al atento y desocupado lector, sea ella o él, le consta, Albert Einstein nos aleccionó cuando dijo y dejó escrito esto: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”), ya que, para poder formular un criterio motivado al respecto, he de esperar a ver (escuchar) cómo suenan las piezas musicales que interpreten. En plata o a la pata la llana, lo que una/o deduce o interpreta cuando escucha o lee los versículos de arriba, pertenecientes al capítulo 7 del evangelio de San Mateo, que he elegido para que hicieran las veces del epígrafe oportuno para encabezar esta urdidura (o “urdiblanda”).

Los gobiernos demuestran ser buenos, regulares o malos no el día que echan a andar o zarpan, sino el que arriban al previsto puerto. Ahora solo son caras o meras fotos con sus respectivos currículums (conocidos o no). Faltan sus pensamientos, sus dichos y sus hechos, a partir del acto de prometer su cargo y adquirir, a renglón seguido, su condición de ministras/os. Veremos si hay un hilo conductor entre ellos, si se advierte coherencia o no.

Ha de transcurrir necesariamente el tiempo para comprobar si el reto que cada ministra/o se proponga alcanzar o conseguir (cuando lo manifieste, claro) lo logró o no. Veremos si los dones, capacidades o virtudes que un día tuvieron y sospechábamos que aún atesoraban seguían manteniéndolos/as (y hasta los/as habían potenciado o multiplicado) o, por el contrario, por los motivos que fueran, estas/os habían menguado (o incluso desaparecido).

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Lunes, 16 de julio

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