El Blog de Otramotro

Refutador Mayor del Mentidero

REFUTADOR MAYOR DEL MENTIDERO

Atento y desocupado lector (seas ella o él):

“Imaginémonos a un niño salvaje que vive en completa soledad humana en medio de la jungla; por abreviar el discurso o relato, a Tarzán cuando era adolescente. Sigamos (por) esa senda e imaginémonos que, por una mera o compleja cuestión de(l) azar, es hallado por un científico aventurero (o viceversa) y su equipo y (ahórrese el lector, como hace quien trenza estos renglones torcidos, el arduo y luengo proceso hasta que) es conducido por este adonde tiene su residencia habitual, a las afueras de una ciudad populosa. Imaginémonos que es adoptado por su descubridor. Bueno, pues, barrunto que, al poco tiempo de vivir en dicha sociedad (propongo una horquilla que vaya de tres meses a un año), el espabilado Tarzán, medio educado ya, habrá llegado en su personal análisis y valoración de la realidad que lo circunda a algunas conclusiones. Aunque la expresión que me dispongo a usar sea escasamente científica, me apuesto doble contra sencillo a que, entre ellas, descuella esta: que ninguno de sus civilizados semejantes (que conste en acta que me incluyo entre los tales) estamos exentos de decir tonterías ni de hacerlas”.

En las pocas y precedentes líneas cabe hallar la quintaesencia de “Metomentodo”, quien las urdió.

Si alguien me pidiera (como así ha sido), como simple ejercicio literario, que escribiera un contrasentido, la elegía de quien aún vive, mi heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, acaso empezara refiriendo de él lo siguiente, que me lo confió él mismo, al poco de conocernos, mientras nos tomábamos en el Juan Sebastián Bar él un “olé” (por café au lait), café con leche, y yo una birra:

“—A veces, Otramotro, nada más abrir los ojos y despertarme, antes de levantarme del catre, tengo la sensación refractaria de ser un Tarzán adolescente, recién llegado a la civilización, como si mi mente fuera una “tabula rasa”, una pizarra intacta, virgen, sin estrenar, sobre cuya superficie nadie hubiera deslizado aún un trozo de tiza”.

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Que el delincuente no se llame Casto

QUE EL DELINCUENTE NO SE LLAME CASTO

Que conste en acta que no es mi propósito hacer unas risas con la noticia que acabo de escuchar y leer en varios mass media, sino al contrario, denunciar la comisión de un delito que ha dejado, como consecuencia del mismo, dos víctimas, dos. Una mujer que llevaba catorce años en coma en un hospital benéfico de Phoenix (Estados Unidos de América) ha dado a luz un bebé sano.

La buena nueva (que tiene su parte de mala y aun pésima) o viceversa, la mala nueva (que no faltará quien advierta que tiene también su parte buena; pues el nacimiento de un bebé es siempre un milagro de la naturaleza), ha dejado al personal, trabaje o no dentro del citado recinto hospitalario, desconcertado. La policía de Phoenix ya está haciendo las pesquisas pertinentes y preceptivas para dar cuanto antes con quien abusó sexualmente de la paciente. Supongo que todos los trabajadores varones tendrán que pasar por el duro trago de tener que hacerse la prueba de paternidad. Pensar que una trabajadora (con el propósito de darle un escarmiento y poner en serias dificultades a su expareja —si trabaja en el hospital, la venganza sería, además de definitiva, terrible—) ideó la manera de guardar, tras tener con él un coito, su semen en las mejores condiciones y luego se lo introdujo a la paciente, ¿es muy enrevesado? El cerebro humano (independientemente de cuál sea su sexo) es capaz de lo mejor, sí, pero, otrosí, de lo más perverso.

Está claro que el caso se tapó (por algunos, ellas y ellos —no me creo que nadie comentara que la paciente había dejado de menstruar y que el engorde era, amén de evidente, compatible con el hecho de estar encinta—) hasta que la paciente dio a luz y el caso salió a la luz, o sea, se destapó.

Ignoro si el atento y desocupado lector se ha llevado a los ojos una novelita de Juan Bautista Amorós Vázquez de Figueroa (más conocido por su seudónimo literario, Silverio Lanza), que el doctor José-Carlos Mainer Baqué, que fue mi profesor de la asignatura de Literatura Española del siglo XX, durante mi quinto y último año de carrera, llamó en clase con otro de los alias con el que, asimismo, se le conocía, “el Raro de Getafe”), titulada “Ni en la vida ni en la muerte” (1890), que yo leí aquel año, 1987.

Le transcribo (con la acentuación puesta al día) el final de la citada ficción (páginas 78 y 79 de la edición que manejo, que llevó a cabo el propio autor —incluso la dirección que aparece de la misma, Olivares, 18, era la de su domicilio o vivienda, en Getafe—), por las concomitancias que he advertido entre la noticia, verdadera, y la invención, falsa:

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¡Cuánto atraen los ángeles hermosos!

¡CUÁNTO ATRAEN LOS ÁNGELES HERMOSOS!

(¿EL TÍTULO NO ABRIGA UN PLEONASMO?)

“—Se abrieron las puertas del cielo, que se escapó —el recién jubilado, Espósito, no llega a concluir o proferir lo que sigue— un ángel”.

Comenta Ricardo Darín (que interpreta el papel de Benjamín Espósito, al acceder, al comienzo de la cinta, al palacio de Justicia y cruzarse con una joven esbelta, mientras recorre los pasillos del edificio), según el guion del filme “El secreto de sus ojos”, dirigido por Juan José Campanella en 2009, y que fue galardonado con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa (2010).

Ocurrió el viernes, 2 de noviembre de 2018, en el cibercafé “Praga”, de Tudela (Navarra). Había acudido allí para escribir (en sentido estricto, teclear en el único ordenador que aún tiene a disposición de los clientes el dueño del establecimiento, Alberto, y para guardar en mis direcciones de correo electrónico y subir a mi bitácora el texto que había titulado “Refutador Mayor del Mentidero”), pero, como la computadora estaba ocupada y, según me comentó (o eso deduje de lo que le escuché decir) el gerifalte, lo seguiría estando durante dos o tres horas más (ese sería el comportamiento asiduo o habitual del usuario), tras charlar un rato con el mentado, quedé en que volveríamos a vernos, porque servidor tenía la intención de acercarse allí más tarde para tomar una caña.

Volví a casa y, cuando con la ayuda de un bolígrafo y de un folio di remate a la idea que me bullía en la mente y me preparé la cena (una ensalada, a base de un cogollo, un tomate, una cebolla, un paquete de palitos de surimi y un huevo duro, a la que luego añadiría el aliño, un buen chorretón de aceite de oliva virgen extra y un par de hisopazos de vinagre balsámico de Módena), abandoné mi domicilio, cerré la puerta con llave, cogí el ascensor, porque dio la casualidad de que estaba en la tercera planta, descendí, salí del edificio y, tras doblar la esquina izquierda, decidí que las suelas de mis zapatos pisaran la acera de los pares de la avenida de Santa Ana. Superada la mitad del trayecto, me topé con mi hermano Miguel Ángel, “el Chato”, y mi cuñada Alicia. Los besé, les invité a tomar algo, pero declinaron el convite, me despedí de ellos y llegué al “Praga”. Subí el escalón y entré.

Dentro, hallé, a la vera de la barra, a Luis, un parroquiano (“cliente VIP”, me propuso el susodicho que escribiera, cuando les comenté, tanto a él como a Alberto, un par de días después, que había pensado trenzar un texto sobre el hecho acaecido allí) habitual. Di las buenas tardes y le pedí al dueño que me sirviera una caña, que acompañó de un pequeño recipiente repleto de maíces tostados.

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Que sea un novelón tu novelita

QUE SEA UN NOVELÓN TU NOVELITA

Dilecta Pilar:

Pues ves bien y entiendes mejor, amiga, que por (una) tal te tengo, sí, sin duda. Y también por diosa (afable, amable, no odiosa), si tenemos en cuenta el sentido de mi nombre de pila, Ángel, que, en griego, significa mensajero entre dioses (ellas y ellos). Sin su sorna, retranca o ironía un don nadie (no Nadie, trasunto de Ulises) es el hijo de Iluminada. Si nací con ángel, celebro tal cosa. Pero eso corresponde decirlo o reconocerlo a los otros (hembras y varones), las/os demás; no me apetece caer, de mañana, en la jactancia (o, por buscarle una palabra con la que rime, en la petulancia).

Me alegra que sea así la cosa.

Teniendo en cuenta lo que dijo (y dejó escrito) Unamuno (que, si siente el pensamiento, también piensa en sentimiento), te entiendo. Para mí tengo que hay alguien que te/me/nos inspira a los hacedores de versos y prosas, siempre que estemos trabajando. Abundo en ese sentimiento (o pensamiento). Pero el demonio es, básicamente, zumbón, no perverso.

Celebro que en el texto que te mandé por otro cauce no hayas advertido nada reseñable.

El sábado volví a zuritear con Pío Fraguas por el centro tudelano y a departir con unos y con otros (de ambos sexos).

Supongo que no tendrás objeción que hacer a que te lleguen mis mensajes por los cuatro costados (mientras los mentados sean o neutros o divertidos o de dicha, como, al menos, intento).

Como quise decirte arriba, lo fundamental es que la inspiración nos coja trabajando, porque, como nos coja de juerga y con dos combinados y sin libreta donde apuntar, acaso a lo que la musa nos ha inspirado le sobrevenga el ocaso, o sea, la misma caiga en saco roto o quede en agua de borrajas o cerrajas.

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¿Para qué me has citado aquí, en el Teide?

¿PARA QUÉ ME HAS CITADO AQUÍ, EN EL TEIDE?

Pilar es educada, pero suelta,
De cuando en vez, su mui “a mí los cajones
Quien me los toca causa unos bajones
Que mando a que se dé una ídem sin vuelta”.

Ante la de los seis morlacos suelta,
Que acrecienta el estrés, baja el Dow Jones,
“¿Para qué os quiero, pies?” larga y “¡cojones!”
La que en asuntos mil está de vuelta.

Pilar que demostrar no tiene nada
Ni yo que descubrir lo que es notorio
(¿Dirá la que asistió en el paritorio

A quien alumbró seis, Iluminada?).
¿Que por qué aquí, en el Teide, te he citado?
Un metro por encima te he guipado.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quién c(a-o)lma el ansia de un niño?

¿QUIÉN C(A-O)LMA EL ANSIA DE UN NIÑO?

No obstante mentir deploro,
Por ser algo reprobable,
Más gente afín, favorable,
En el orfeón y el coro
He hallado hacia este desdoro,
Hacerle creer a un niño,
Aunque sea con cariño,
Que es un anciano barbado,
Que viaja en un carro alado,
Quien c(a-o)lma su ansia. ¿Le/s riño?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Te felicito por urdir verdades

TE FELICITO POR URDIR VERDADES

Dilecta Pilar:

Celebro que así sea.

Casi copias (igual ese era tu propósito) a Baltasar Gracián (a quien no hay que saltar ni mucho, ni poco, ni nada —de nada— y sí soltar alguna gracia para poderlo asaltar luego sin llegar a robarle, como no sea una carcajada o una hilera o ristra de risas o sonrisas; te ruego, encarecidamente, que no tomes este comentario en serio, pues, si lo analizas, si lo psicoanalizas, te puedes dar de bruces con una broma de mal gusto): “Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo”.

Pues ya sabes lo que toca. Que no todos tenemos la suerte de ser dignos merecedores de recibir el don o la gracia divina de, verbigracia, poder disponer de un grupo de ángeles que nos hagan las labores o tareas que han quedado pendientes de llevar a cabo, como cuenta la leyenda o dice la tradición, que una agrupación de los susodichos le araba los campos a San Isidro Labrador. A mí me toca escribir hoy sobre ese adagio tan hispano que dice “hecha la ley, hecha la trampa”.

Como me ha extrañado, por eso usaba el adverbio “casi” arriba. No sé si te has dado cuenta del hecho, pero intercambiaste, sin querer (barrunto), los adjetivos breve y bueno. Me consta que sabes que en el “Oráculo manual y arte de prudencia” (1647) el belmontino lo escribió como antes lo citaba servidor, tu amigo Otramotro.

Abundo contigo en que Gracián dice una verdad como un templo con y en su dicho.

Yo no he visto (el día del Ángel, en Tudela, durante la mañana del Domingo de Pascua o Resurrección, es un niño o niña quien interpreta dicho papel con ocasión de la “Bajada del Ángel”) aún a ninguno, pero no niego que los haya. Son muchas las personas que hablan de ello. Asimismo, ignoro si a cada uno de los niños (ellas y ellos) que en el mundo han sido y son (no sé si ocurrirá lo mismo con los que serán) se le asignó su propio ángel de la guarda, pero (permíteme una zumba más, solo esta; ríete de mi incredulidad, ignorancia o escepticismo), tengo para mí que un gran desastre o desmán sucedió, porque me consta que una legión de niñas y niños se quedaron sin el suyo en el incompleto reparto.

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El éxito lo alcanza el fracasado

EL ÉXITO LO ALCANZA EL FRACASADO

El día que murió Javier, mi hermano,
Navidad (¡paradoja!) del setenta
Y ocho (según le consta al que esto cuenta),
Llevaba cuatro reyes Dios de mano.

Recuerdo que el mejor samaritano
También cuatro monarcas (¡vaya afrenta!)
En su zurda albergaba; hace cuarenta
Años de aquel tortazo soberano.

Ni el grande Rafael, ora el arcángel,
Ora Sanzio, el pintor renacentista,
Ora Nadal, magnífico tenista,

Hubiera conseguido vencerlo, Ángel.
Así que no te sientas desolado.
Solo el triunfo lo obtiene el derrotado.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Relación de pareja suspendida

RELACIÓN DE PAREJA SUSPENDIDA

Amada Pilar:

Seguramente todavía recuerdas (si no al pie de la letra, sí el fondo o meollo) qué te decía en la epístola que titulé “Relación de pareja literaria”, que te escribí, dirigí y apareció publicada en mi bitácora, “El blog de Otramotro”, el jueves, 27 de septiembre de 2018.

Al final del antepenúltimo párrafo de la misma urdí: “No quiero que nadie sufra por nuestra relación de pareja literaria. Pero tampoco estoy dispuesto a renunciar a ella por que alguien sufra. No deseo que haya daños colaterales, pero estos siempre se las suelen arreglar para hallar aquí, ahí o allí, a quienes los padezcan”. Bueno, pues, cuando junté esas palabras, este menda no barruntaba, intuía o sospechaba lo que acaso un día pudiera devenir o sobrevenir y hoy es una realidad incontrovertible, que, tras juzgarlo a conciencia y valorarlo seriamente, he determinado renunciar irrevocablemente, al menos por el momento, quiero decir, he dictaminado dejar en suspenso nuestro trato de las tres bes, nuestra bella, bonita y buena relación de pareja, aunque sea irreal, literaria, por esta razón de peso, por que quien está padeciendo los rigores de la susodicha conexión, pásmate, si no marro morrocotudamente, que parece que no, en mi diagnóstico, soy yo. Como sostuve entonces, los daños colaterales suelen tener la rara habilidad de hallar en cualquier situación, por más difícil que esta sea, las rendijas por las que poder colarse de rondón en un “cronotopo”, a fin de dejar constancia de que existen, de que haberlos haylos, como eso mismo se predica de las meigas.

Si la acción de enamorarse, si el hecho de sentirse enamorada/o, es, en sí mismo, una bendición caída del cielo (como lo propio se aireaba del maná, “manjar milagroso” que sirvió “para alimentar al pueblo de Israel”, según el DLE, mientras este vagaba por el desierto), la vida (por algo que nos ha podido acaecer a nosotras/os, les ha ocurrido a unas/os allegadas/os nuestras/os o a otras/os, las/os demás) también nos va demostrando lo que no debemos echar en saco roto u obviar, que, dependiendo de las circunstancias, esta puede llegar a ser una maldición, como el abajo firmante, servidor, acaba de comprobar y corroborar.

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Sosia/s de Dorothy Parker

SOSIA/S DE DOROTHY PARKER

Mi amada Pilar parece
Dorothy Parker templada.
La oí un día desatada,
Repitiendo esto: “Perece
Todo canalla, aunque rece”;
Y aconsejándome: “Ríe;
Haz un esfuerzo y sonríe;
Ama, baila, bebe y miente;
Da rienda suelta a mui y diente;
Que nadie/nada tu fiesta agríe”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


De manera normal y modo asiduo

DE MANERA NORMAL Y MODO ASIDUO

Dilecta Pilar:

Bueno, sí, extenso el correo o la carta, que me ha servido, claro, para urdir la epístola que te envío (abajo), como de costumbre, para tu solaz y, asimismo, para enmendar, antes de que vea la luz, aquello que no te pete, si es que hay algo que no te agrade (pues dudo que haya algo que te agreda, su anagrama, que, con tilde, por cierto, en la mayúscula inicial, es o se obtiene la localidad soriana donde se casaron mis padres, a menos que sea un error morrocotudo que servidor, a pesar de su bendito hábito de leer tres veces sus escritos, haya pasado por alto uno o varios sin la oportuna corrección).

Espero y deseo que esa relación de asistencia, que tanto te satisface (ojalá también lo haga a ella) dure tanto como, hace muchos años, aireaba la publicidad de las pilas Duracell, que duraban y duraban y duraban.... Pues ya sabes, felicítala de mi parte con unas horas de demora. Hoy es el cumple de mi hermano “Use”, hipocorístico de Eusebio. Cuando salga de la biblioteca y lo llame por teléfono (esta semana le ha tocado hacer el turno de noche y ahora duerme), le felicitaré también de tu parte, en tu nombre, si no te molesta.

Ya que no ignoras lo que te toca coronar o llevar a cabo, procede a deshacer ese lío cuanto antes y de la mejor manera posible. Recuerda para la ocasión, calva, el latinajo cabal: Feci quod potui, faciant meliora potentes.

Celebro que haya sido así, que no te haya desagradado que me haya adelantado a hacer lo que vienes a confirmar y acabo de leerte. No soy mujer, pero mi componente o parte femenina (que también tenemos los varones) suele ejercer de tal, de intuitiva. Ya sabes qué solía decir quien se hizo digno merecedor de recibir el Premio Nobel de Literatura en 1907, Rudyard Kipling (sospecho que, como el dicho acostumbraba a venirle de manera normal y modo asiduo a la mui, por ese motivo, lo dejó escrito en letras de molde) al respecto: “La intuición de una mujer es más exacta que la certeza de un hombre”.

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A Jorge, que hoy años cumple

A JORGE, QUE HOY AÑOS CUMPLE

Una décima me pide
Que componga en un momento
Quien me ama y un monumento
Se merece, Jorge. Mide,
Rima y lo mejor decide.
Como está hecha la mitad
Y dos hacen la unidad,
Sigo para ver si logro
Lo mencionado o es un ogro
De una enana enormidad.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sábado, 19 de enero

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