El Blog de Otramotro

Por meterse en camisa de once varas

POR METERSE EN CAMISA DE ONCE VARAS

“Jajaja, Mira que eres petardo Angel, pero me caes bien. Tienes un sentido del humor muy, dijéramos,,,,, etimológico”.

Pepeviyu

A ver, “Pepeviyu” (escoliasta espontáneo):

Usted es muy libre de creer, a pies juntillas, lo que sea, verbigracia, que así va a reírse cuanto quiera de mí (pero —no hallará aquí un ápice o pizca de jactancia, por mucho que busque— lamento tener que contradecirle así, a bote pronto: carece de la categoría —hay quien estima que tiene la altura o la envergadura suficiente para hacer o deshacer esto, eso o aquello, a su antojo, pero luego demuestra lo obvio, que lo incapacitan sus propias carencias, evidentes: falta de acervo cultural, de formación, de herramientas— para hacerlo). Ahora bien, como, al parecer, así lo considera usted, supongo que, de manera implícita, en legítima correspondencia, acepta, admite o concede que yo también pueda hacer tal cosa con usted. Como usted (por lo que colijo) considera que es muy listo (y muy poco cobarde, pues tiene el valor, o los redaños con los que hacer daño, de firmar, como hace servidor, su —cómo he de llamar a lo que ha sido capaz de urdir usted— “textillo” —reconozco que he sentido la tentación de denominarlo “textículo”, por la testosterona que ha logrado concentrar en dos líneas escasas—), me limitaré a señalarle, sus yerros, para ver si la próxima vez no los comete. Como a mí me sirve, me atrevo a recordarle la lección de Confucio, por si abundamos: “el hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor”. Aunque ya se sabe, el hombre (sea hembra o varón), ignoro si será también el caso de quien se esconde tras “Pepeviyu”, es el único animal que suele tropezar dos veces en la misma piedra.

Espero que el petardo de Ángel no le explote en los ojos, si se digna a leer su respuesta urente (le ahorraré el trabajo; no hace falta que acuda al DLE para saber qué significa: que escuece). Me conformo con que advierta la mitad de las ironías que he introducido, a modo de pólvora, en este (si coloca el paraguas del revés en el sitio conveniente, puede que coja al vuelo, amén del grueso de ellas, algún sarcasmo). Tras tanto signo de risa y la coma, la siguiente palabra, salvo que deba llevar la versal por otros motivos, empieza por minúscula. Tras petardo, debió colocar una coma, pues dudo que no sepa aún lo que es un vocativo. Ángel, si aplicamos las reglas generales de la acentuación, por ser palabra llana o paroxítona, terminada en consonante que no es ni -n ni -s, debe portar la preceptiva tilde. Al menos, no se las ha dejado en “dijéramos” y “etimológico”, lo lógico. Con tres puntos suspensivos, basta o sobra.

Sin embargo, con todo, tengo que darle las gracias, porque leer su comentario, manifiestamente mejorable (¿habrá comprobado “Pepeviyu”, de manera fehaciente, hasta qué punto?), ha propiciado el divertimento cabal o la eutrapelia necesaria que me ha llevado a trenzar, además de esta urdidura, un soneto. Es mi deseo y mi esperanza que esta respuesta, recíprocamente, haya cursado con similar creatividad y favorecido lo propio en usted, en su caso.

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Día sin reír es día perdido

DÍA SIN REÍR ES DÍA PERDIDO

Dilecta Pilar:

Celebro sobremanera que te lo pasaras estupendamente en Zaragoza durante los últimos Pilares. ¡Muchas felicidades!, con días de retraso (por tu santo u onomástica).

Aunque había recibido una primera citación para el día 15 de noviembre, una semana después recibí otra que adelantaba la puesta (que no apuesta, aunque suene igual); así que mañana, miércoles, 24 de octubre, subo al Hospital “Reina Sofía” (HRS) para que me coloquen el holter de Cardiología. No he vuelto a tener (salvo que no me haya enterado, claro) otro episodio de fibrilación arterial rápida (ahora tomo una medicación para que mi corazón vaya más lento, en el supuesto de que coja carrerilla). Lo peor es el estado de indeterminación, incertidumbre o duda por no saber la causa concreta de la susodicha (acaso todo se deba al efecto indeseado del otro medicamento que me fue prescrito). El holter de Medicina Interna, para medir mi tensión arterial (la baja la suelo tener alta), se demora hasta el 4 de diciembre. La verdad es que las malas noticias que me están dando últimamente (esta mañana me he enterado de que Jesús Carbonel, miembro de la Peña “La Teba” con quien, junto a su esposa, Arantza, y otras personas, he cenado varias veces en dicho recinto, había muerto de un aneurisma) no ayudan. Menos mal que tú me das hoy (por ayer) una buena nueva, que tu madre, Eusebia, ha celebrado los años que ha cumplido, 84. Felicítala en mi nombre (quedas encargada de darle, de entre el vagón repleto de besos que te mando, para que lo erogues con equidad, los dos ósculos exclusivos que te mando hoy para ella).

Así es, la rutina, que tiene sus contras o facetas negativas, sin duda, también tiene sus pros o positivas caras.

Pensé que este año, quizá, podríamos juntarnos de nuevo los colegas de la promoción de Filología, pero, como no me has comentado nada al respecto, colijo que nadie ha meneado ese asunto de la manera conveniente u oportuna.

Al parecer, el holter solo son siete cables con una petaca que recoge la información cardiaca. Se porta (si uno se comporta bien; yo lo procuraré hacer, por la cuenta que me trae; ya he intentado aleccionarle al respecto, a mi corazón, se sobreentiende, pero él me ha soltado muy ufano que es un músculo involuntario, que creo que quiere decir sin voluntad; mecachis en mi mala suerte, otro abúlico, me he dicho por lo bajini) durante 24 horas, un día. Te haces a la idea de que no me han puesto nunca uno. La poca información que tengo del aparato me la ha suministrado mi primo Jesús Roberto, que es cardiólogo.

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Aún me queda un póquer de jornadas

AÚN ME QUEDA UN PÓQUER DE JORNADAS

Dilecta Pilar:

Aún me queda un póquer de jornadas, cuatro días, sí, cuatro, para hacer realidad mi sueño, comenzarlas.

Continuarás (barrunto) coronando lo mismo que andará este culminando, (re)creando ene textos literarios.

Debió ser más que dura la experiencia (eso es lo que sospecho) del gulag.

He leído tu artículo sobre María Antonia (un buen epítome de los tres folios que escribiste para “Palabricas…” y leí con gusto; no te ha faltado la breve referencia a las palabras de su texto de bienvenida con la grata ocasión del encuentro/cena del treinta aniversario de nuestra promoción de Filología en el pasado noviembre). Yo lo publicaré mañana, tal y como lo trencé, en mi blog.

Así es; subiré al Alvia en la estación de Tudela y haré noche en el aeropuerto de Barajas/Adolfo Suárez y por la mañana volaré a Tenerife.

Ya, ya, dejé dos muestras de vaya en mi respuesta al tuyo. Hace muchos años leí “Archipiélago Gulag”, de Aleksandr Solzhenitsyn (antes se escribía de otro modo, si no marro), sobre los campos de internamiento y castigo soviéticos. Por cierto, en uno de aquellos campos de trabajo forzoso en Siberia pasó el arzobispo Kiril Lakota (personaje ficticio de “Las sandalias del pescador”, libro que escribió Morris West en 1963 y película que dirigió Michael Anderson en 1968) dos décadas, según ambas ficciones (novela y filme).

No eran halagos, sino comentarios cabales, ajustados. Así lo interpreté entonces. Celebro que te gustaran.

Me consta que tú has leído también mucho, muchísimo. Seguramente, si has llegado a esa concreta conclusión, la explicación estribe en que, aunque hemos leído los mismos textos (sobre todo, durante la carrera), asimismo hemos leído ensayos, cuentos, novelas y poemarios distintos.

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Qué adagio: "hecha la ley, hecha la trampa"

QUÉ ADAGIO: “HECHA LA LEY, HECHA LA TRAMPA”

Como lo precipuo, primero o principal debe ir delante, en cabeza, ahí va, sin ambages ni demora, mi condena sin paliativos del intento de atentado preparado por el vigilante de seguridad Manuel Murillo, que, en un grupo de whatsapp, amenazó con devenir, disfrazarse o metamorfosearse en el francotirador con ínfulas que iba a abatir de un tiro preciso a Pedro Sánchez; mis sentidas muestras de solidaridad con el presidente; y, asimismo, mi más sincera enhorabuena a los Mossos d´Esquadra por haber abortado o frustrado dicho magnicidio.

Desconozco si Pedro Sánchez (a quien, debido a sus ostensibles bandazos, a su incontrovertible condición de político veleta, la hemeroteca va dejando un día sí y otro también, ora en cueros, ora en feo) ha leído alguna obra de Arthur Schnitzler; ignoro si alguien cercano al presidente del Gobierno de la Nación ha leído algo del dramaturgo y narrador vienés. De lo que no me cabe la menor duda es de que (eso deduje o pensé que había acaecido, al menos), por el medio que fuera, Sánchez había tenido conocimiento de una de las célebres frases proferidas y/o escritas por Schnitzler, cuando, nada más conocerse la sentencia de la trama “Gürtel” (jueves, 24 de mayo de 2018), que condenaba, amén de a los principales gerifaltes de la misma, también, por corrupción, al Partido Popular como partícipe a título lucrativo, porque esa fue la causa, el motivo o la razón que desencadenó que Sánchez presentara, huyendo de la procrastinación, la cabal y oportuna moción de censura contra el Ejecutivo presidido por Mariano Rajoy, que, a la postre, dio el resultado apetecido para el candidato de la misma y con sus huesos en el Palacio de La Moncloa. Y tres cuartos de lo propio ocurrió cuando el pasado miércoles Sánchez pronunció estas desiderativas palabras, “que nunca más los españoles paguen este impuesto (se refería al Impuesto de Actos Jurídicos Documentados, IAJD) y lo pague el sector financiero, la banca”. En ambos casos, el presidente seguía (fuera consciente de ello o no) una recomendación del autor citado arriba, Schnitzler: “Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”.

De lo que sí dudo (mucho, muchísimo) es de que el mencionado IAJD lo pague, a partir de ahora, la banca, según el mero anhelo y la simple propuesta hecha por el presidente del Gobierno, tras decidirlo, ayer, jueves, de común acuerdo con sus ministros, en el último Consejo, mediante el real decreto ley (que deberá ser convalidado por el Congreso de los Diputados), pues tengo para mí por cierto, por certísimo (tampoco aquí hallo rendija por la que puede colarse la mínima hesitación), que los bancos idearán la manera (nuevas comisiones, incremento de las mismas o subida del tipo de interés) de que sean los clientes, quienes acudan a las entidades financieras a solicitar los créditos hipotecarios, quienes corran (de manera encubierta, si se quiere) con dicho gasto.

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Te urdo, alcalde, mi crítica de balde

TE URDO, ALCALDE, MI CRÍTICA DE BALDE

Dilecto Eneko Larrarte, alcalde de nuestra ciudad, Tudela:

Acabo de leer el artículo titulado “¿Tudela necesita un centro de salud… hoy?”, que lleva tu firma (si me permites el tuteo y el comentario, yo hubiera colocado en el rótulo, tras la voz “salud”, o sea, antes de los tres puntos suspensivos, por oportuno, el adverbio más), en la sección de Opinión de Plaza Nueva, donde, de vez en cuando, tienen a bien publicarme mis urdiduras (o “urdiblandas”), y debo reconocer que me ha sorprendido gratamente el hecho, porque el grueso de los políticos profesionales (si es que escriben lo que aparece publicado en los mass media, que, acaso sea un prejuicio que no he logrado cepillarme del todo —me flagelo cinco segundos por ello, solo cinco—, vengo poniendo en tela de juicio desde ni se sabe, hace la tira de años), los que cobran, no suelen ser tan espléndidos como lo has sido tú en este caso, que, supongo, tienes el honor y debes sentirte orgulloso de presidir la Corporación tudelana.

La exposición que haces en dicho artículo es clara y clarificadora; diré más, la reputo exhaustiva; argumentas, dando datos y detalles o pormenores; refutas con razones de peso y concluyes lo obvio. Ergo (algo sorprendente en mí, que reconozco ser, por naturaleza, criticón), ¡chapó! (ahora ya se puede escribir el vocablo francés chapeau así, españolizado).

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¿Que no falte me espeta el gerifalte?

¿QUE NO FALTE ME ESPETA EL GERIFALTE?

Hoy, martes, 6 de noviembre (¡Muchas felicidades, “Use”, hipocorístico de Eusebio! —pues mi hermano varón más pequeño en edad, que es, al mismo tiempo, se advierta o no contradicción en el hecho, el más alto de todos, cumple años—), me enmiendo al momento, mañana, miércoles, 7, conoceremos qué ha opinado y votado la ciudadanía de los Estados Unidos de América, tras llevar Donald Trump dos años en la presidencia del país.

Es llamativo y sintomático (por lo menos, para mí) que un sujeto de la calaña de Trump, con tantos defectos (hay quien los ha contado y estos suman más de los que se le achacan al peor de los demonios habidos o por haber) fuera elegido por sus conciudadanos para ostentar tan alta dignidad, llevar los destinos de una nación que forman cincuenta estados.

Mediado el (he obviado, a sabiendas, el adjetivo primer, porque, visto lo visto, oído lo oído y leído lo leído, su habitual proceder, logorrea y tuiteo, o sea, cómo se las gasta el jerarca, es mi deseo y mi esperanza que no haya, en modo alguno, un segundo) mandato, cabe preguntarse si la cosa (es igualmente válido también aquí su anagrama, el asco, tiene vuelta de hoja, remedio, o es irreversible el temor que muchos abrigamos de que la calidad democrática norteamericana siga descendiendo hasta tocar fondo, y la victoria, en las sucesivas elecciones que haya en el mundo, de los mandamases que sean vistos como meros clones de Trump lleve a idear y poner en marcha nuevas formas (no barruntadas, intuidas o sospechadas —por los escritores utópicos o ucrónicos que en el mundo han sido, verbigracia, George Orwell o Aldous Huxley—) de autoritarismo político.

El reciente triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil, que descuella por varias “virtudes”, machismo, racismo y xenofobia, entre otras, que se le adjudican, asimismo, a Trump, “dones” que comparten, a su vez, con dirigentes europeos, como la francesa Marine Le Pen, el italiano Matteo Salvini y el húngaro Viktor Orbán, etc., no auguran nada bueno, nada halagüeño.

En las hodiernas elecciones están en juego no pocos cargos y/o escaños, pero forman o son legión las/os que ven en ellas un plebiscito sobre la forma de hacer política del bravucón, mendaz, oscuro y soez gerifalte (ahora solo falta que se enoje conmigo y que me espete que no le falte), que lleva las riendas de la mayor potencia del orbe (si no ha pasado esa vara de mando o testigo ya a China, que puede), Trump.

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Hay quien marra por miedo a equivocarse

HAY QUIEN MARRA POR MIEDO A EQUIVOCARSE

Dilecta Pilar:

Te pido perdón (hay quien marra por miedo a equivocarse), perdón, perdón, hasta formar con ellos un rosario de mil disculpas y, al mismo tiempo, doy mil gracias, formando una ristra con todas ellas, por contestarme. Prometo no molestarte durante las vacaciones. Durante las mismas, dispongo de menos tiempo de uso (de ordenador). A partir de la semana que viene, verbigracia, por las tardes, el Centro Cívico “Lourdes” permanecerá cerrado. Todos necesitamos vacación, mejor, estar disfrutando (de) las mismas. Yo también. Sé que tienes muchos quehaceres. Cumple con ellos. Cuida a y de tus padres (de tu pareja, etc.). Yo lo hice con los míos.

Acabo de leer tu columna en La lámpara encendida, tu blog. Esta mañana he terminado de leer las cuarenta páginas que me quedaban de la multipremiada “Laëtitia o el fin de los hombres”, del francés Ivan Jablonka (si puedes, léela; si puedes, cómpratela y reléela; cuenta la terrible historia de Laëtitia Perrais, asesinada y descuartizada por Tony Meilhon, durante la madrugada del 18 al 19 de enero de 2011, entre La Bernerie-en-Retz y Pornic). Te parecerá estar releyendo “A sangre fría”, de Truman Capote, o “El adversario”, de Emmanuel Carrère (sobre el falso médico Jean-Claude Romand; hace poco —ahora bien, como tempus currit ut volet, el tiempo corre que parece que vuela, pudo ser hace meses— vi a deshora en una televisión el filme español, protagonizado por José Coronado, “La vida de nadie”, que, salvo por lo truculento, se le parecía bastante; la vida del protagonista era una pura y dura mentira). Me parece que en ella, en tu columna hodierna, haces lo que debes, reivindicar que, en pleno siglo XXI, no debe haber en ninguna sociedad humana (por ser una antigualla, una actitud desfasada) distingos (reparos) debidos a las clásicas razones de discriminación: sexo, raza, religión, etc. Me parece que las mujeres no sois piedra ni de piedra, sino que os habéis hecho dignas merecedoras de (ergo, os habéis ganado) mil y un monumentos de piedra (o de cualquier otro material). La noticia, estomagante, vomitiva, que he escuchado este mediodía, mientras comía, de que, en Sevilla, un hijo mantenía a su madre y a su hermana encerradas en casa, sucias y hambrientas, habla de cómo llegan a comportarse, de manera denigrante, ultrajante, algunos congéneres o semejantes nuestros. Así que ¡chapó! Te señalaré dos pecatta minuta (si no, quien firma no sería Otramotro): yo hubiera escrito sociocultural (todo junto o, socio-cultural, unidos por un guion) y alzhéimer (con tilde).

Como están cerrados por la tarde, durante el verano, tanto la biblioteca pública como el C. C. “Lourdes”, he venido al cibercafé “Praga”, por si tenía algún correo que contestar. Tenía el tuyo y el de Manolo. Empiezo por el tuyo.

Te agradezco sobremanera que hayas perdonado a este pendón (aquí significa vástago, en concreto, de Iluminada, que, mientras vivió, fue un buen árbol al que arrimarse).

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Adenda a "Libertad de expresión sin excepciones"

ADENDA A “LIBERTAD DE EXPRESIÓN SIN EXCEPCIONES”

El domingo pasado, 28 de octubre de 2018, en la página 25 del diario EL PAÍS, leí el artículo prudente, sensatísimo, titulado “Bomberos pirómanos”, donde su autor, Fernando Vallespín, sostenía, entre otras ideas, esta, que “lo que venía siendo el ideal liberal del respeto por las opiniones que no compartimos y la libre y pausada discusión racional entre ellas ha pasado a la historia. Solo merecen respeto nuestras opiniones; las de los contrarios deben ser exorcizadas públicamente como anatema y perseguidas con inquina por las nuevas hordas inquisitoriales que proliferan en las redes y, ay, también en la misma prensa. No es de extrañar así que hayamos entrado en una escalada insoportable de descalificaciones y ostentosas salidas de tono por parte de muchos responsables políticos. El incentivo reside precisamente en esto”.

¿Qué hizo, por ejemplo, Íñigo Errejón, el secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político de Podemos cuando declaró que Vox “viene a amontonarse” a las opciones “instaladas en la crispación”? A mí, al menos, no me extrañaría nada de nada, que alguien de Vox, que a su condición de afiliado o simpatizante al ideario de dicha formación, añadiera su proverbial y reconocida adicción a la coña, retranca o zumba, pudiera contestarle al respecto lo siguiente:

El secretario de Parálisis Estratégico y Rancia Política de Podemos, Íñigo Errejón (acrónimo o contracción de Erre que erre, marrando el rejón) ha asegurado que Vox “viene a amontonarse” a las opciones “instaladas en la crispación” que, según su criterio, carente de misterio, son PP y Ciudadanos, que comparten el ideario con Vox, pero no se atreven a reconocerlo, como lo hace él (vocablo ambiguo, sí, porque pudiera referirse a Vox y/o a Errejón), sin ambages.

Íñigo Erre que erre, marrando el rejón, sostiene, asimismo, que Vox profiere “lo mismo que piensa el PP, lo mismo que piensa Ciudadanos”. Y es que el niño adulto parece un adulto niño que tiene el don, la facultad o la virtud de saber qué piensa él y, además, qué piensan todos los demás. Se comenta, se dice, se rumorea, que incluso pensó antes que yo mismo lo que este menda está escribiendo ahora, tras decidir disfrazarse de un afiliado coñón o simpatizante zumbón de Vox, que no lo es (guasón, sí, mucho), para su exclusivo solaz. ¿De quién? ¿De Erre que erre, marrando el rejón, de servidor o del atento y desocupado lector, sea ella o él, de estos renglones torcidos? Pregúntenle al Niño Dios, al Omnisciente, porque lo sabe todo, es un claro sabelotodo. ¿Alguien lo duda? Dado que no veo que nadie haya osado levantar la mano, lo haré yo. Lo dudo yo.

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Libertad de expresión sin excepciones

LIBERTAD DE EXPRESIÓN SIN EXCEPCIONES

O sea, pleno ejercicio de dicho derecho para todos los ciudadanos, ellas y ellos.

La Constitución Española de 1978, que dentro de un mes largo cumplirá cuatro décadas, cuatro, con apenas unos pocos retoques, reconoce y protege la susodicha libertad en la letra a) del punto 1 del artículo 20, con los límites que impone el punto 4 de dicho artículo: “el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”.

En la Cámara Baja se va a tramitar una propuesta del grupo de Unidos Podemos a fin de despenalizar las presuntas injurias al rey y las ofensas a la religión (sea esta la que sea, sin especificar; eso es, al menos, lo que ha trascendido).

Si tengo en cuenta la sentencia del caso Richard Handyside contra el Reino Unido de la Gran Bretaña, más conocido como el de “el pequeño libro rojo”, de 7 de diciembre de 1976, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en concreto, el párrafo segundo de su punto 49, donde se lee que: “La libertad de expresión constituye uno de los fundamentos esenciales de tal sociedad, una de las condiciones primordiales para su progreso y para el desarrollo de los hombres. Al amparo del artículo 10.2, es válido no solo para las informaciones o ideas que son favorablemente recibidas o consideradas como inofensivas o indiferentes, sino también para aquellas que chocan, inquietan u ofenden al Estado o a una fracción cualquiera de la población. Tales son las demandas del pluralismo, la tolerancia y el espíritu de apertura, sin las cuales no existe una ‘sociedad democrática’”, el cambio, sugerido por Unidos Podemos, amén de ser oportuno o pertinente, es deseable, aunque a dicha muda se opusieran los diputados de PP y Ciudadanos.

Quien acepta la democracia y dice amén al pluralismo político ¿puede inadmitir que el otro o los otros no puedan proferir sus ideas, sean estas las que sean, sin cortapisas, aunque sean distintas y aun opuestas a las que nosotros defendemos o sostenemos? ¿Acaso ellos, los otros, no tienen el mismo derecho que nosotros a acertar, a estar en lo cierto? ¿Acaso solo nosotros tenemos derecho a errar o podemos equivocarnos?

He titulado este texto con el rótulo que porta, “Libertad de expresión sin excepciones”, sí, pero con ello no he querido decir que no haya que respetar las barreras o restricciones que la ley ha puesto a dicha libertad. Yo, lo reconozco sin ambages, antes, hace años, no era partidario de respetar las opiniones ajenas cuando estas constituyeran o contuvieran para mí claras o cristalinas sandeces, pero he llegado a la convicción personal de que conviene hacer tal cosa a la mayor brevedad posible, siempre y cuando, como contrapartida, claro, los demás toleren mis criterios, incluso en el supuesto de que estos resulten para ellos estúpidos, hipócritas o idiotas.

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Tu nombre de pila, musa,...

TU NOMBRE DE PILA, MUSA,

LO SUPE POR CIENCIA INFUSA

Hay viajes que nos ilustran;
Algunos nos enamoran
De Pilar, nombre que adoran
Hasta dioses, que deslustran
O, aún peor, que se frustran
Si mi amada los rehúsa.
Desconocen que mi musa
A su lado quiere a un hombre
Que, de cuando en vez, la asombre
Al saber por ciencia infusa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿No es esta, la del mazo, la maciza?

¿NO ES ESTA, LA DEL MAZO, LA MACIZA?

No sé (me enmiendo al instante; sí sé que el coñón que acarreo, porto o porteo, va a mentir en el último párrafo de este escrito como un bellaco; así que el mentado guasón no se mostrará molesto por que alguien le llame lo que, sin ninguna hesitación, es, un zumbón redomado, de marca mayor —ahora bien, deseo y espero que nadie meta la pata hasta el mismísimo corvejón al ocurrírsele agregar lo que no es, de ningún modo, salvo que se trate de una ironía, machista—) si quien es mi sombra ha leído bien la noticia, si la ha interpretado correctamente.

Seguramente, ha mezclado churras con merinas (prefiero esta frase hecha a la otra opción que él andaba sopesando y valorando, que se le ha hecho la picha un lío, por ser esta manifiestamente más burda o soez) y de dicho hermanamiento o jumelage le saldrá en el colofón o epílogo lo que auguro, un bodrio.

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha resuelto dejar sin sanción el expediente disciplinario que se le había abierto a una jueza de Vigilancia Penitenciaria. La prueba de la supuesta actividad crematística (cobraba 20 euros por consulta) que, al margen de la jurídica, también ejercía, una grabación obtenida con la ayuda de una cámara oculta, ha sido considerada ilícita. Y es que, pásmese, usted, lector (sea ella o él), si no se había enterado aún de la nueva, la magistrada en cuestión leía el porvenir (o eso les hacía creer a cuantas/os incautas/os acudían para tal fin a su propio domicilio) con la inestimable ayuda de un mazo (pero no de juez/a, sino de cartas del tarot).

No puedo quitarme, quiero decir, descabezarme de mi testa, esta insistente pregunta: ¿Habrá pesado en la decisión adoptada por los miembros (hembras y varones) del CGPJ lo que a todos ellos les consta (si tienen conciencia, que la tienen, esta no les engaña), que no son santos ni ángeles (y, si lo son, también son demonios)?

Al parecer, la magistrada (ahora tarotista) es reincidente, pues otrora se le incoó un primer expediente por bailar (mientras iba quitándose, poco a poco y de manera insinuante, la ropa) esporádicamente en el club de alterne que regentaba un amigo suyo. En aquella ocasión ocurrió como en esta, que el caso o la cosa quedó en agua de borrajas o cerrajas, porque se comprobó que no cobraba, ya que hacía el estriptis como mero pasatiempo.

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Para quererte fue preciso verte

PARA QUERERTE FUE PRECISO VERTE

Amada Pilar:

Los seres humanos somos un batido, cóctel, combinado o mezcla de nuestra historia personal, singular, privada, con nuestra historia social, grupal, pública.

Aquello que nos ha pasado (o que le ha acaecido a un allegado, amigo o deudo próximo, o a algún otro tal de estos últimos) nos influye; ahora bien, si esa influencia es total, completa, absoluta, puede que nos marque (y hasta que nos deje una señal o muesca en la memoria y aun en el alma). De aquello que presenciamos, o sea, que vimos o vemos y/u oímos cerca o por televisión, podemos aducir tres cuartos de lo propio. Las cosas buenas, regulares y malas que nos ocurrieron o que sucedieron ante nuestros ojos dejaron un poso (mayor o menor) en nosotros. Y, para coronar la idea que tengo entre manos, concluyo que he sacado de la manga o de la chistera de mi cacumen lo que podría haber propalado antaño Perogrullo, que cuanto nos pasó otrora en nuestra vida nos ha convertido en las personas que somos ahora.

Para quererte, Pilar, fue preciso que previamente pudiera verte. Para admirarte necesité antes mirarte. Fue necesario y un verdadero placer, que devino, por arte de magia, divino, conversar contigo para comprobar lo obvio, que te amaba aún más; y, aunque llegué a sentir, en momentos puntuales, miedo (que, mientras duraban esos susodichos instantes, mereció el adjetivo calificativo de cerval, que le puse a la vera), logré esperanzarme y apasionarme por ti, egregia y excelsa fémina, cada vez un poco más; y, al mismo tiempo, conseguí lo que pretendía, venerarte, glorificarte y adorarte.

Quienes estamos desparejadas/os y, aunque seamos seres sociables, somos unas/os solitarias/os empedernidas/os, quienes llevamos casi impresionada sobre nuestra cara una diana pidiendo a voz en cuello flechas certeras, quienes estamos en el punto de mira de Cupido, o sea, cuantas/os deseamos y somos deseadas/os, tenemos la obligación moral de desmontar los embelecos (que cabe hallar en derredor) del amor —de cualquier expresión o forma de amor, comenzando por aquel al que somos más adictas/os o proclives— y de confrontar si los hechos, las obras (que no las sobras, aunque suene igual) corroboran o desmienten las palabras que nos musitó al oído quien intentaba camelarnos, seducirnos. Juzgo que, si damos nuestra aquiescencia a que cuanto rodea al amor se sirva de nosotros para divulgar sus patrañas (trolas, bolas o bulos), haremos dejación de una de nuestras principales funciones, de nuestra labor supervisora, y devendremos en sus más que portavoces, “portacoces”, que acaso sea, dentro del lato ámbito de Eros, lo que más detesto ser.

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Miércoles, 21 de noviembre

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