El Blog de Otramotro

¿Qué crisis humanitaria?

¿QUÉ CRISIS HUMANITARIA?

—¿Qué crisis humanitaria
Torra ve hoy en Cataluña?
—Ninguna, mas clava la uña
Porque es persona sectaria.
—Eso adujo una notaria
Ayer en una tertulia.
—Si no entendí mal, Obdulia
Se llamaba quien sostuvo
Que Quim con ello entretuvo
A quienes tienen abulia.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Jamás se ha afiliado el menda

JAMÁS SE HA AFILIADO EL MENDA

Puede que esto a usted le asombre
Y, a la par, que me comprenda.
Jamás se ha afiliado el menda
A un partido, pues no es hombre
Dispuesto a perder su nombre.
¿No le parece un misterio,
Diplomado en magisterio,
Que entre tanta/o independiente,
Lleve o no lleve pendiente,
No halle/haya alguna/o de criterio?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


La estupidez insiste siempre, amigo/hermano

LA ESTUPIDEZ INSISTE SIEMPRE, AMIGO/HERMANO

“Cuando estalla una guerra, las gentes se dicen: ‘Esto no puede durar, es demasiado estúpido’. Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones. Nuestros conciudadanos no eran más culpables que otros, se olvidaban de ser modestos, eso es todo, y pensaban que todavía todo era posible para ellos, lo cual daba por supuesto que las plagas eran imposibles”.

Albert Camus, “La peste”.

¿Es tolerable en un Estado de derecho (no me cabe la menor duda de que España lo es, aunque, a renglón seguido, siempre suelo añadir el latiguillo de que me parece manifiestamente mejorable o perfectible) que una importante institución del mismo como, en nuestro país, es, sin ninguna hesitación, la Generalitat de Cataluña, no haya garantizado el sacrosanto derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz” que tiene su ciudadanía, al contravenir, clara y clamorosamente (porque el hecho, feo, clama al cielo), lo que dice el punto 2 del artículo 20 de la Constitución Española (“el ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”), porque lo cierto (lo obvio no se puede negar) es que ha vetado a los medios privados al acto de toma de posesión, como presidente 131 de la Generalitat, de Quim Torra? Mi criterio es que no. Así que debo aplaudir y palmoteo en señal de asentimiento y entusiasmo la iniciativa del Colegio de Periodistas de Catalunya, que, en la nota de prensa que ha difundido, ha defendido el susodicho derecho (que he entrecomillado en parte antes), recogido en la letra d) del punto 1 del artículo 20, arriba mencionado. No entiendo por qué se ha arrumbado dicho derecho, pilar fundamental de/en toda democracia que se precie de serlo con todas sus letras; por qué se ha vetado la entrada de los mass media privados a la sala donde se ha llevado a cabo el acto mentado.

Comprendo el cabreo de los periodistas que aman su trabajo, al ver cómo les han puesto barreras o muros para culminar el ejercicio de sus tareas. Y que hayan aprovechado la ocasión para condenar, deplorar y seguir dando por malas (y aun pésimas) las ruedas de prensa en las que se les impide preguntar y las comparecencias en pantalla de (o vía) plasma.

¿Es tolerable que en un Estado de derecho (no temas, atento y desocupado lector, seas hembra o varón, que no es mi propósito iterar aquí otra vez todo lo que he trenzado en el párrafo con el que he arrancado esta urdidura o “urdiblanda”; suelo seguir a Albert Camus, cuya cita o fragmento de su celebérrima novela, “La peste”, he escogido como exergo pintiparado, por cierto, para que encabezara el presente texto) que quien es la máxima autoridad del Estado en una Comunidad Autónoma, en el caso que nos ocupa, el presidente de la Generalitat de Cataluña, a la hora de tomar posesión de su cargo, no jure o prometa guardar fidelidad ni a la Constitución, ni al Estatut, ni lealtad al rey? Yo pensaba, pero, al parecer, estaba equivocado (y es que mis lagunas suelen ser oceánicas), que los cargos públicos empleaban la misma y solemne fórmula habitual que usan los funcionarios públicos, como requisito imprescindible para adquirir la condición de tal: “Juro (o, en su defecto, prometo) cumplir fielmente las obligaciones del cargo —que sea— con lealtad al rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado”. Una mera variante de la tal es esta otra: “Juro o prometo guardar y hacer guardar fielmente la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico, lealtad a la Corona y cumplir los deberes de mi cargo frente a todos”.

¿Es suficiente con hacerlo, como así lo ha hecho hoy Quim Torra (insistiendo en la fórmula que usó Carles Puigdemont en 2016), prometiendo solo fidelidad “al pueblo de Cataluña, representado por el president del Parlament”? Secundo (en lo poco que vale, pero, como dice el latinajo, “adde parvum parvo, magnus acervus erit”, o sea, “añade un poco a otro poco y el montón será grande”) la propuesta que ha hecho hoy el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (que cuando acierta, como considero que también hizo ayer, al proponer una nueva y puesta al día redacción del delito de “rebelión” en el Código Penal, hay que reconocérselo), de regular la toma de posesión de los cargos públicos, para que en ella aparezcan, de manera obligatoria, el acatamiento de la Constitución y la lealtad al rey.

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Ser independentista es una opción

SER INDEPENDENTISTA ES UNA OPCIÓN

Dilecto Mikel Arilla, periodista de Plaza Nueva:

En la primera lectura que he culminado de tu escrito (porque lo he leído dos veces) “La diatriba al ‘mal patriota’” (si el DLE define diatriba así, “discurso o escrito acre y violento contra alguien o algo”, deberías haber usado para el título de tu artículo la preposición contra), solo he reparado en dos errores (si computamos el mencionado, del rótulo, como el primero, que luego iteras en el cuerpo del texto), que merecen las oportunas correcciones. En el supuesto de que quien firma estos renglones torcidos hubiera sido el autor del tuyo (supongo que te ha ocurrido lo que nos suele acontecer a cuantos estamos acostumbrados a componer textos a diario, que, por muchas veces que leamos nuestras urdiduras —o “urdiblandas”—, es rara la vez en la que no pasamos por alto un pequeño error, o dos), y se hubiera dado cuenta de ellos, claro, hubiera procedido con diligencia a su inmediata enmienda. El segundo yerro que hubiera subsanado es el imprudente adelantamiento realizado por la letra ese, en “intrasnferible”.

En la segunda lectura, he vuelto a reparar en lo que ya advertí en la primera, el uso ajustado que haces de la ironía (tengo para mí que quien echa mano de ella, de manera correcta, en cualquiera de las tres acepciones que recoge el DLE, demuestra tener (y gestar mientras la gasta) una inteligencia particular, singular —por no ser habitual su cabal manejo—).

Es manifiestamente criticable (como haces tú) que se censure (por cierto, no sé si abundarás conmigo en esto, pero tengo para mí que aquí, en este país, se censura mucho; hay quien lo hace a manos llenas) a Alfred García por “ser catalán y aparentemente favorable a las posturas independentistas”. No todo el mundo tiene claro, como el agua cristalina, lo obvio, que, en España (un Estado de derecho, mejorable, sí, perfectible, también) ser independentista es una opción política tan lícita como cualquier otra (cosa que, en verdad, no ocurre en Alemania), siempre que se acepte, sin poner excusas de mal perdedor, como requisito previo e imprescindible, que el ciudadano que defienda y sostenga esa ideología deberá someterse a las mismas reglas de juego que el resto y respetar (dura lex, sed lex) el ordenamiento jurídico vigente. Cualquier persona que se tenga por un demócrata verdadero, con todas las letras, debe asumir, sin rechistar, las leyes que rigen. Estas se pueden cambiar (y deben mudarse, sin duda, si son injustas, por los procedimientos previstos y adecuados) al objeto de mejorarlas y hacerlas más justas, pero nunca saltárselas ni hollarlas, como, si no he interpretado mal sus palabras, ha declarado que va a hacer Quim Torra, de quien anteayer mi admirado Javier Cercas escribió en la tribuna titulada “Pesadilla en Barcelona” de El País, con burla sutil, esto: “Dicho lo anterior, sólo puedo añadir que me sentiría mucho más tranquilo si el presidente de la Generalitat fuera un paciente escapado del manicomio de Sant Boi con una sierra eléctrica en las manos”.

En lo tocante a tu afirmación de que es el choque identitario el que contamina al “procés”, yo no lo tengo tan claro. Acaso la cosa sea hoy al revés, que el “procés” es el que contagia, infecta (y es una mina para) el choque identitario. O que ambos se re(tro)alimentan mutuamente.

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El fin no justifica, Quim, los medios

EL FIN NO JUSTIFICA, QUIM, LOS MEDIOS

—Por raro que te parezca, esto no lo ha escrito un poeta. Lo dijo un psicoanalista que se llamaba Wilhelm Stekel. Esto es lo que... ¿Me sigues?
—Sí, claro que sí.
—Esto es lo que dijo: “Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”.

Jerome David Salinger incluyó este breve diálogo en su celebérrima novela “El guardián entre el centeno” (1951).

Ignoro si usted, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), es catalán, mayor de edad y no independentista (quiero decir, no segregacionista ni soberanista ni supremacista). Si lo es y escuchó, de cabo a rabo, los dos discursos (el del sábado y el del lunes) de investidura de Carles Puigdemont (por boca de Quim Torra), tal vez se sintió arrumbado o excluido por sus palabras y llegó a la misma conclusión o parecido puerto al que arribó este menda: el candidato de Junts per Catalunya a formar (las malas lenguas ya se han encargado de propalar por doquier la mala especie de que ya se lo ha conformado Puigdemont) el próximo Govern de la Generalitat, amén de no haber hecho lo que debía (y sin demora), la autocrítica del independentismo y, como corolario, al no ser consciente de haber cometido la larga retahíla de errores de bulto en los que incurrió, pretende continuar por la misma senda, o sea, seguir hollando las leyes vigentes (y recuperando las suspendidas), a fin de conseguir, antidemocráticamente, con apenas un escaso 48% de los votos populares, de manera ilegal y unilateral, su ansiada causa, la independencia. Me da en la nariz que el artículo 155 de la Constitución Española, que está dando sus boqueadas, no tardará en emular a Cristo, según cuentan los Evangelios canónicos, y resucitar, como él, al tercer día. Esto es lo que a servidor le quedó meridianamente claro.

Aunque mi piadoso y difunto padre solía esgrimir en sus conversaciones (con gentes diversas) el latiguillo de que la experiencia era la madre de la ciencia, que ese idéntico planteamiento desembocara o tuviera, como consecuencias directas, la ruptura de la sociedad catalana (en la que algunos padres no pueden hablar del asunto en cuestión con sus hijos, ni algunos hermanos entre sí del tema de marras, porque saltan chispas), el cambio de sede (social y fiscal) de casi tres mil novecientas empresas, la aplicación del artículo 155, el ingreso preventivo en prisión o la huida de los irresponsables líderes que provocaron tanto desmán, al parecer, no ha servido de nada. Así que, el abajo firmante ha de dar necesariamente la razón a don Santiago Ramón y Cajal, que hace casi un siglo, en “Charlas de café” (1920) escribió: “Se ha dicho muchas veces que no hay nada más inútil que la experiencia. Tan triste verdad se corrobora cuando somos víctimas de una pasión avasalladora. En la vida del enamorado, los prudentes consejos del viejo suenan como la voz atiplada de un eunuco que disertara sobre las excelencias del celibato”. Si al atento y desocupado lector no le han convencido del todo las sensatas palabras del Premio Nobel de Medicina de 1906 (que compartió con el italiano Camillo Golgi), le propongo que lea las siguientes, de los mismos autor y libro, porque, unidas a las anteriores, quizá acaben por persuadirle: “Nada más inútil —se ha dicho mil veces— que la experiencia. A la mayoría de los hombres nos pasa lo que a las ranas y las moscas decapitadas, que se obstinan en preservar y defender la cabeza después de haberla perdido”.

Como este menda no se deja mangonear por nada ni por nadie, no sé si a usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), le ocurre tres cuartos de lo propio que a mí, que no me cabe en la cabeza, que no entiendo (ni a la de tres) cómo alguien puede brindarse a ser un simple muñeco, pelele o títere (al modo de las hormigas Trancas, Barrancas y Petancas, en el programa de entretenimiento —con secciones de entrevistas, divulgación científica, magia y humor— de Antena 3 Televisión, “El hormiguero”) en manos de Puigdemont (que se ofreció a serlo, a su vez, de Artur Mas). Como los seres humanos no somos gatos (solo tenemos una vida), no comprendo ni concibo cómo alguien puede avenirse a tener una existencia vicaria, por mucho que sea el boato del que va a poder disfrutar o el oro que espera (o le han prometido que va a) recibir a cambio, como contrapartida o recompensa.

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¿Por boca de don Quim habló don Carles?

¿POR BOCA DE DON QUIM HABLÓ DON CARLES?

Seguramente, para usted, atento, avezado y desocupado lector (sea hembra o varón), lo que me dispongo a urdir a continuación es algo conocido y sabido, o sea, lo que, aunque no lo es, stricto sensu, puede pasar por una mera fusión de ambos vocablos, consabido. Sin embargo, como usted estará de acuerdo conmigo en que es bueno que el lector no iniciado empiece a serlo, poco a poco, y el esporádico se aficione cada día un poco más, si cabe, que sí, que cabe, a la lectura, no formulará queja ni tendrá inconveniente alguno ni se molestará por esto, por que servidor recomiende encarecidamente al que aún no es ducho o experimentado, como usted, en dicha costumbre o hábito, que, cuando pueda —apunte y guarde este consejo, para que no lo olvide y, si lo olvida, que quede constancia, para que no caiga en saco rato—, pase su vista por un poema poco conocido de don Miguel de Unamuno y Jugo, perteneciente a su obra póstuma “Cancionero. Diario poético” (1953), que porta, como título, el triple verbo en infinitivo (que conviene conjugar en la primera persona del singular del presente de indicativo y, además, en el resto de las demás personas y de las formas y modos verbales del pretérito, presente y futuro) “Leer, leer, leer”. Lo que acabo de hacer está íntimamente relacionado con la locución verbal coloquial “hablar alguien por boca de ganso”, o sea, decir lo que otro le ha sugerido que diga, esencia, fundamento y porqué de la pregunta que obra en el rótulo de la presente urdidura (o “urdiblanda”).

El sábado pasado, tras escuchar el discurso de investidura del candidato a president de la Generalitat, Joaquim Torra i Pla, en el Parlament, me quedó la impresión o sensación refractaria de, mutatis mutandis, haber asistido a un nuevo e inopinado número de ventriloquía del ausente Carles Puigdemont, disfrazado para la ocasión de un invisible José Luis Moreno, con su muñeco más leal, álter ego del citado expresident y conocido por su hipocorístico, Quim (como solía hacer antaño Moreno con sus tres muñecos habituales, Monchito, Macario o el cuervo Rockefeller), pero, a diferencia de lo que procuraba y solía lograr el humorista en mí, sin hacerme el fugado y ausente KRLS, actualmente en Berlín, por boca de su ganso Quim, ninguna gracia.

Quien haya leído alguna vez la famosa y en la fecha presente en boca de muchas/os (por ajustada a la realidad catalana actual y por original en su expresión) definición de Julius, “Groucho”, Marx, de que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”, habrá pensado en más de un politicastro, en más de dos, y hasta en no menos de diez diputados (hembras y varones) de tres al cuarto, con escaño en el Parlament, a los que les cuadra o encaja perfectamente la misma; o sea, que les viene la susodicha acepción del cargo de diputado que desempeñan a día de hoy como anillo al dedo anular.

Como tiendo a considerar que quien me suele leer (ella o él), por la razón que sea, aquella jornada en la que servidor hablaba en uno de sus escritos de esto, eso o aquello, no me leyó, pudo no haberme leído, le acostumbro a pedir disculpas de antemano, por iterarme y volver a rememorar lo consabido por él. Sé, verbigracia, que más de una vez he urdido sobre lo que sigue, que, para arrancar la que acaso sea su mejor obra, “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” (1852), Karl Marx escribió: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”.

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Ese era mi propósito, preciosa

ESE ERA MI PROPÓSITO, PRECIOSA

Dilecta Pilar:

Mi hermano Jesús María, “el Chichas”, ya está en casa. Ayer, cuando pasó visita el médico (más tarde de lo habitual), quedó pendiente de que hubiera una plaza de atención domiciliaria. Cuando se comprobó que había una libre, pudo marcharse a casa, donde seguirán poniéndole el antibiótico para vencer, de manera definitiva, la neumonía.

En Tudela y alrededores cayeron copos a tutiplén (ayer hablé por teléfono con deudos de Pamplona, de Logroño, de... y me pregunto si hubo algún sitio, de Madrid —centro hipotético peninsular— hacia el norte, donde no nevara). La foto del Heraldo no la he visto (acaso olvidaste adjuntarla). Hoy apenas quedan rastros de la nieve. La lluvia que cayó después la fue disipando.

Somos ambos muy trabajadores, sin duda.

Pues, jugando con las palabras (juego al que me gusta mucho jugar, como te consta), me alegra sobremanera que te alegres por el hecho de que mi hermano esté ya bajo su techo habitual, con sus más allegados; noticia que, sin ninguna duda, cabe calificar de buena y aún más, ya que para mí la tal lo es, óptima.

Te agradezco, de veras (harás lo que conviene, o sea, bien, si culminas lo que viene a cuento, reírte, con la ironía), el reenvío de la foto, pero (si no ha pasado lo mismo con ella, ha acaecido tres cuartos de lo propio) no la guipo por ningún lado. El asunto, en concreto, debe ser cosa de brujas (y que conste que no te meto a ti dentro del supuesto grupo de las susodichas o aquelarre) o de magia, birlibirloque.

¿Que qué quería decir cuando ayer te escribí esto, “ahora sí que sí, preciosa (tú, la gitanilla cervantina y la foto). ¡Qué contraste: lo nuevo, el tranvía, con lo viejo (es un decir), la basílica de (del) Pilar (que no será tuya hasta que no la pagues)!”? Me explicaré (al menos, lo intentaré; a ver si lo consigo). Es normal que vea un contraste en ello esta guitarra, pozo de aire fresco (a veces viciado; ya sabes lo que dice el aforismo orsiano escrito con letras mayúsculas que puede leerse, pues así está inscrito, en versales, en la fachada norte del Casón del Buen Retiro de Madrid: “Todo lo que no es tradición es plagio”), sin traste que es el trasto de tu amigo “Otramotro”.

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En Cataluña sigue el esperpento

EN CATALUÑA SIGUE EL ESPERPENTO

Por obra y gracia de un pelele sin ninguna ídem, en Cataluña sigue el esperpento. Y, una de dos, o alguien, mancomunado con otros, decide lo que conviene culminar con urgencia, poner pronto remedio a tanta indignidad, dejando al ababol arrumbado en el rincón más oscuro del cuarto donde se suelen guardar (para luego tirar a la basura) las naderías o simplezas, o continuará el espectáculo bochornoso, haciendo aún más daño o deteriorando un poco más, si cabe, que sí, que cabe, las instituciones dependientes de la Generalitat y a las personas, catalanas o no, epatadas por un cristo adicto al cristo o ahítas de tener que soportar, un día sí y otro también, las tomaduras de pelo ideadas o propuestas por un politicastro, un mandatario de tres al cuarto.

La sociedad española, ante tanta afrenta o suciedad, que solo puede producir saciedad, da muestras ya de una notoria indiferencia ante el nuevo caso de indecencia democrática llevado a cabo en el Parlament con los votos de los representantes secesionistas, al modificar la Ley de Presidencia, a fin de permitir una investidura a distancia de Carles Puigdemont. El Consejo de Estado, por unanimidad, ya ha emitido un informe favorable al criterio del Ejecutivo de presentar un recurso ante el Tribunal Constitucional contra la reforma de dicha ley. Ayer leí, en la página 10 del número 2.171 de El País Semanal, en el artículo “La psicología política de los colores”, de Manuel Rivas, una frase de Stefano Mancuso, director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal de la Universidad de Florencia, que acaso explique los delirios de grandeza que vienen padeciendo Puigdemont y sus secuaces: “las personas competentes no compiten; solo compiten los incompetentes” por ver quién dice la mayor sandez o se adjudica o esfuerza para que le atribuyan, qué codicia, como baldón ultrajante, la peor muestra de impericia.

Lo último que ha trascendido del sujeto en cuestión (al que, como siga así, me temo, habrá que sujetar con una camisa de fuerza, por orate), aficionado a hollar o pisotear toda ley que no le guste, que no diga lo que él anhelaría que dijese, es su exigencia de que nadie ose pisar las estancias del palacio de la Generalitat que él considera de su única propiedad y uso exclusivo.

Como el día 22 de mayo, si no hay president antes de dicha fecha, se disolverá el Parlament y se convocarán elecciones para el 15 de julio, Junts per Catalunya quiere investir un candidato antes del próximo lunes, 14. Aunque reconocen que todo está en el aire o aún muy verde (y es que no han tenido tiempo, porque se lo han pasado o lo han invertido en marear una perdida perdiz a la que no lograban dar caza y ponerle el preceptivo lazo amarillo), son conscientes de que una espada de Damocles pende sobre sus cabezas, porque la suspensión para el ejercicio de cargo público de los diputados procesados por rebelión en la causa abierta por el “procés”, que instruye el magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llarena, está al caer, es inminente. Y como, cuando esta sea firme, la suspensión será automática, el plazo es el que es y, si ocurre, verbigracia, esta semana, eso obligaría a los diputados afectados a renunciar a sus actas para mantener la mayoría independentista en el Parlament.

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Me he quedado otra vez sin el Nobel

ME HE QUEDADO OTRA VEZ SIN EL NOBEL

(EN GRANADA ES POSIBLE CUALQUIER SUEÑO)

Sé que he escrito antes a propósito del hecho, pero dicha pieza o texto, por el motivo que sea, por pudor, seguramente, debe andar por ahí, perdida/o entre el mar de papeles que he trenzado con mi telar y acaso jamás vean la luz, porque, insisto, por pudor o, si es por otra razón, la he olvidado, de veras, decidí que no fuera alumbrado. Ahora bien, puede que ande errado, ya que, como servidor es un coñón de marca mayor, tal vez como texto zumbón (no cabe descartar del todo esta posibilidad) lo haya publicado ya.

Hace muchos años, el que terminé la carrera de Filosofía y Letras (Filología Hispánica), viajé en tren a Granada. En la estación (serían las ocho y media de la mañana) me estaba esperando mi novia, que había viajado en autobús desde la costa, donde había pasado una semana de vacaciones con una amiga (de ella). Bueno, pues, tras dejar mi bolsa de viaje en un bar cuyo dueño conocía desde niña ella (porque no nos íbamos a quedar a dormir en la muy noble, muy leal, nombrada, grande, celebérrima y heroica ciudad, sino que nuestra intención era viajar por la tarde al pueblo jienense donde vivía su abuela materna), antes de entrar a maravillarnos contemplando la impar Alhambra (supongo que ella se había encargado de adquirir con antelación las entradas), recuerdo que se me acercó una gitana con la intención de leerme las líneas de la palma de la mano. Le dije que no quería, que era un escéptico, que no creía en esas supuestas o hipotéticas artes adivinatorias. Ella me contestó que se conformaba con que le diera la voluntad, que no sé, a ciencia cierta, a cuántas pesetas alcanzó, la verdad, pero, de todo lo que dijo, que fue mucho, se me quedaron grabadas a fuego en la mente dos cosas: una, la profirió mirando a quien estaba presente, a mi vera, y era, a la sazón, mi pareja sentimental, que yo no era para ella, que no se iba a casar conmigo, vaya, y aún no he olvidado cómo torció el morro; y dos, dirigiéndose a mí, que iba a ganar el premio Nobel de Literatura. Y, tras oír aquel augurio, me quedé de piedra.

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¿España les da dentera?

¿ESPAÑA LES DA DENTERA?

¿Han visto a la reportera
Que a un fan culé entrevistaba
Y con tesón le rogaba
Que ocultara la bandera
De España? ¿Les da dentera?
Como mis jefes la vean,
Que no es lo que más desean,
Se me va a caer el pelo
(Pensó la que pone celo
En cuanto corona). Lean.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Ahora toca respetar las leyes

AHORA TOCA RESPETAR LAS LEYES

Acabo de leer en la edición digital de El Periódico, el artículo titulado “¿Y ahora qué?”, que lleva la firma del portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, Joan Tardà. Tras haber invertido unos minutos de mi tiempo en pasar la vista por dicho texto, me han brotado varias ideas que he intentado recoger en las líneas que siguen a este parágrafo inicial y conforman la presente urdidura (o “urdiblanda”).

Algunos siguen yendo a lo suyo, a su rollo, sin variar un milímetro su actitud, aunque la realidad, que tiende a imponerse al deseo, haya demostrado bien, a las claras, que dicho comportamiento (no miento, no) ha devenido inútil, porque no les ha dado ningún rédito o de él no han sacado ningún provecho. Algunos llevan tanto tiempo viviendo del esfuerzo y el sudor de los demás que eso, una de dos (o tal vez ambas juntas), o debe endurecer sobremanera la cara de los sujetos o ser una propedéutica para que los tales elaboren embelecos en serie sin cuento (en realidad, con mucho tal). Algunos siguen con la misma cantinela o cantilena (nada lene, por cierto) de pedir diálogo bilateral Cataluña-España (¿con el único objeto de que una parte del binomio se avenga a decir que sí a todo lo que pida, de manera machacona, la otra?), como si, de verdad, de la buena, Cataluña fuera un Estado y no una importante Comunidad Autónoma española, pero no más importante ni necesaria que las otras dieciséis del país. Algunos hablan de que Cataluña es un solo pueblo, pero desprecian y no cuentan con los catalanes que se sienten tan catalanes como españoles (o más de lo uno que de lo otro) y no quieren segregarse de España. ¿Algunos catalanes se han ocupado alguna vez de estos catalanes que no comulgan, como ellos pretenden que lo hagan, con sus ruedas de molino?

Algunos catalanes, habiendo quedado vetusto su falso dilema de “referéndum o referéndum” y, habiendo dejado arrumbado, por igualmente inútil, su sustituto de “república o república”, se han apuntado o han juzgado oportuno regresar a la casilla de salida, pensando que ahora sí encontrarán en la otra supuesta orilla homólogos dispuestos a dialogar sobre la negociación. Algunos catalanes siguen engañando a sus votantes y algunos de estos votantes siguen dejándose engañar por el presunto (pero, a todas luces, apócrifo) democrático derecho a decidir que esgrimen y/o el no menos democrático derecho a votar conculcando cuantas leyes se les pongan por delante.

Algunos catalanes siguen propalando, de manera mendaz, que en España hay presos políticos. Lo que hay son políticos presos (de manera preventiva) por haber cometido presuntamente graves delitos. Ya veremos qué dicen los tribunales cuando los políticos sean juzgados por los jueces. El señor Tardà, que aspira legítimamente a lo que aspira y defiende lo que tiene a bien defender, la república catalana, dice en la Cámara baja lo que cree o estima conveniente que debe decir y no está preso. He aquí la prueba de la burda falsedad de que en España hay presos políticos.

Algunos catalanes escriben y hablan de que de las elecciones del 21-D ha salido un “mandato democrático ciudadano”, el que ellos interpretan como verdad irrefutable, formar Govern y acabar con la aplicación del artículo 155. Si, como algunos catalanes no se cansan de iterar hasta el hartazgo, el independentismo es mayoritario en Cataluña (dato que contradice el último sondeo del Centro de Estudios de Opinión, CEO, de la Generalitat, que dice que el independentismo ha bajado ocho puntos), ¿por qué destilan o exudan sus palabras cierto temor a nuevas elecciones?

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Por si no me he explicado bien arriba

POR SI NO ME HE EXPLICADO BIEN ARRIBA

Dilecta Pilar:

El sábado, como ya conoces prácticamente mis costumbres, no te extrañará leer lo que sigue: hice lo de siempre. Para darme un capricho o rematar bien el día, volví a quedar con mi amigo Pío Fraguas en la Plaza de los Fueros (o Nueva —nombre que se le otorgó para distinguirla de la Vieja hace muchos años, ergo, ya no tan nueva—) con la intención de “zuritear” con moderación (cuatro o, como mucho, cinco cortos de cerveza). En la plaza de San Jaime nos topamos con Lourdes y Jesús, amigos íntimos de mi hermano “el Chato” y mi cuñada Alicia, y les pregunté por ellos, pues brillaban por su ausencia. Me dijeron que “el Chato” había subido al Hospital “Reina Sofía” (HRS), donde había acudido a Urgencias otro de mis hermanos, “el Chichas”. Así que, sin demora, llamé por teléfono al sano. En esos momentos estaban en presencia del médico. Y “el Chato” no me pudo atender. Llamé, al momento, a mi cuñada Alicia y me dio pormenores: “el Chichas” había ido antes al servicio de Urgencias del Centro de Salud “Santa Ana”, y el médico que lo atendió lo mandó con un volante al HRS.

Pío y yo solo nos tomamos dos zuritos. No tenía ni el ánimo ni el cuerpo para más y me fui a casa. El domingo, pasada la media noche, “el Chichas” quedó ingresado en la Unidad de Corta Estancia; y unos minutos antes de las once subió a planta. Aunque tienen que hacerle más pruebas, al parecer, tiene neumonía. Ayer, domingo, antes de ir a la parroquia de Lourdes, a la misa de doce y media, en la que rememoraron a mis padres y hermano (les hago una cada día 25, siguiendo la tradición inaugurada por mi madre), había hecho la comida. Invité a Pío, que llamó puntual al timbre de mi casa, a la una y media pactada. Comimos lo que había, patata con borraja, lomo con champiñón y un plátano y, tras recoger, fregar y secar el fregado, subimos en el coche de Pío al HRS. A las dos y media pasadas estábamos en la habitación de mi hermano. Estuve con “el Chichas” hasta bien superadas las siete y media. Bajé con “el Chato” a casa. Esta mañana estaba con Jesús María antes de las nueve de la mañana y he bajado a casa con “el Cuba”, un amigo íntimo de mi hermano. He comido y hace unos minutos he llegado al Centro Cívico “Lourdes” (tras dar una vuelta enorme, porque están arreglando las calles anejas).

Este “finde” he leído y escrito menos de lo habitual.

Hoy hace un día estupendo en Tudela, pero las previsiones o predicciones de los meteorólogos no son nada halagüeñas. Puede que también nieve en la capital de la ribera navarra la próxima madrugada. Eso ha comentado esta mañana la esposa de Jesús María, mi cuñada Elena.

Por si no me he explicado bien arriba (ya sabes: las prisas nunca fueron, son ni serán buenas asesoras), Miguel Ángel, “el Chato” (casi todo el mundo lo llama así) subió al HRS porque había acudido allí, enfermo y solo, nuestro hermano común, “el Chichas” (casi todo el mundo lo llama de esa guisa, desde adolescentes —ha habido quien o no ha faltado quien no nos conocía y pensaba que “el Chichas” era yo, porque tenía más chichas de las necesarias, que estaba gordito, vaya, pero el apodo o sobrenombre se lo pusieron a él desde el inicio por delgado, por no tener más que cuatro, si estas son pocas, chichas—). Cuando nació, la comadrona le dijo a mi madre que había tenido un “avergüenzafamilia”, en el sentido de que iba a estar o ser flaco siempre, alguien que no lo demostrara, aunque comiera como una lima, mucho). Hoy le han hecho el escáner (la tomografía axial computerizada, TAC). Mañana conocerá los resultados de todas las pruebas que le han practicado. Él está muy mejorado. Hoy, por fin, ha ingerido comida de verdad (y, ratificando lo que intuyó la partera mentada, a pesar de su delgadez, ha demostrado que sigue gastando el mismo y buen saque, que come sobremanera, vaya —sin ella, si se toma con el significado de burla—). Hoy, salvo el rato de la breve estancia en y el viaje de ida y vuelta a rayos, he estado a su vera hasta que ha despachado todo lo que le han traído en la bandeja (el hueso de la pata de pollo asado no se lo ha comido, no).

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Martes, 22 de mayo

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