El Blog de Otramotro

Si no es razón de peso suficiente,...

SI NO ES RAZÓN DE PESO SUFICIENTE,…

Durante mi adolescencia en el colegio religioso (hoy, hotel) que los Padres Camilos regentaban en Navarrete (La Rioja), nunca escuché hablar de mi amada actual, Pilar. Como aquellos tres años fueron mi cielo en la Tierra (así los vengo catalogando desde ni se sabe), porque a los tales les siguieron muchos de puro y duro infierno (con algunos puntuales momentos cruciales de dicha plena, que los hace imperecederos, inolvidables), acaso debería haber oído hablar a la sazón de quien me ha retrotraído varias veces a las sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos que tuve o me nacieron entonces, en el susodicho seminario menor, de una felicidad apabullante, omnímoda, por ser los hodiernos, los de ahora, si no idénticos, parecidos o similares a los que me brotaron in illo tempore, otrora.

Ahora bien, tal vez en un haiku que se sacó de la manga en una discusión poética mi colega Emilio González, “Metomentodo”, que no había tenido en cuenta antes servidor o había pasado por alto hasta ahora, esté la clave, o sea, quepa encontrar la mejor refutación a cuanto acabo de verter en el párrafo precedente: “Halla el pilar / donde erigir tu cielo, / quid de tu hilar”. ¿Cabe o no interpretar dicho haiku así: encuentra a Pilar y en ella edificarás tu cielo; no dejarás de rilar (temblar, pues oír su nombre te seguirá produciendo escalofrío y unas ganas irrefrenables de urdir sobre los muchos resplandores que ella, una estrella, arroja, emite o eroga a sus alrededores)?

>> Sigue...


Fue Pilar un pilar edificante

FUE PILAR UN PILAR EDIFICANTE

Cuando yo haya muerto (he pensado tantas veces que en apenas unas horas iba a ocurrirme el fatal desenlace que, cuando de veras acaezca, acaso no me coja de improviso), quizá alguien se interese algún día por saber más sobre mi persona y/o mis textos. Prescindible la primera, pero no así los segundos (aunque estén basados en hechos que me sucedieron, me consta que son varias las acciones que propiciaron sendas urdiduras —o “urdiblandas”— que, a pesar de las relecturas, aún no se han entendido del todo), acudirán, seguramente (por el boca a boca, o sea, la información que se desplaza de boca en boca) a entrevistar a mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, para sonsacarle. Emilio les dirá verdades como puños sin cuento; entre ellas, que, de todas las mujeres que conocí (incluso bíblicamente, sí), Pilar fue la que más amé y me marcó. Por ninguna otra, que no fuera muy allegada, esto es, que no tuviera algún estrecho lazo familiar conmigo, tuve tanta devoción; ni amé de una manera tan apabullante, sin complejos.

Fue Pilar un pilar edificante; el pilar a partir del cual edifiqué buena parte de mi literatura. Desde que, por primera vez, la miré y admiré, no pasó un solo día sin que, a pesar de la distancia (ella en Galicia y yo en la Luna, escribiendo sin parar sobre ella y sus innumerables prendas), dejara de asombrarme (por esto, eso o aquello, sucesos ciertos, reales, protagonizados por ella, de una bondad, integridad y severidad insólitas, o por imaginaciones mías, actos que mi fantasía elaboraba sin cesar en los que ella era la causa o testigo de mil y un prodigios).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Servidor volverá a votar en blanco

SERVIDOR VOLVERÁ A VOTAR EN BLANCO

ACOMPAÑA EL DAR CAÑA A LA CAMPAÑA

En España, desde los primeros años de la Transición (de la dictadura a la democracia actual, líquida o blanda, “demoblanda”; la llamo así por ser esta claramente mejorable o perfectible), seguimos, a rajatabla, el mismo esquema mental o idénticos hábitos, que no admiten grandes variaciones o visiones alternativas: sota, caballo y rey. Así que toda campaña electoral, habida y (si tenemos en cuenta los antecedentes) por haber, convierte a los candidatos (ellas y ellos), a los jefes de filas, a los mandamases de las formaciones políticas, a los reyes de la baraja o el cotarro, en gárrulas estatuas humanas que tienen a bien desprenderse del coturno, apearse del pedestal en el que estaban fijas y dejarse besar, saludar y tocar, durante los días que dure, como si fueran santos súbitos, por sus fanáticos y fieles epígonos (ellas y ellos) hiperconvencidos, y caminar entre sus respectivas huestes, mientras las cámaras de las teles no pierden ripio y las de los móviles, autentificando o acreditando la asistencia (“servidor/a estuvo allí y aquí está la instantánea, que lo prueba de manera fehaciente”) al acto, echan humo.

Subidos al escenario, estrado o plataforma, donde se halle el atril, parecen curas, pero son menos oscuros en sus alocuciones o arengas, meros abanicos o rosarios de consabidas consignas. Buscando diferenciarse de los otros candidatos o mitineros, el báratro o infierno, vuelven a fungir de savonarolas, a sacarles los colores o las vergüenzas, es decir, a abaldonar a los adversarios, por incoherentes, sin reparar en que algunas veces usan para lanzar sus pullas o zaherir a los contrarios argumentos que actúan como auténticos bumeranes, que, acaso, tras ser esquivados por los oponentes, puedan golpear, sin querer, a quien los utilizó como armas arrojadizas. O sea, todo, como ordena el canon; todo, como recoge el guion: Nihil novum sub sole (“Nada nuevo bajo el sol”; que todo está inventado, ideado, dicho y hecho, vaya —vaya esta vaya con burla o sin ella—), como nos recuerda el pensamiento atribuido al sabio rey Salomón y cabe leer en el Eclesiastés.

>> Sigue...


A ver qué tal se porta el invisible

A VER QUÉ TAL SE PORTA EL INVISIBLE

Dilecta Pilar:

Había decidido obsequiarte (quiero decir, que había pensado regalarte con arte) un vagón repleto de ironía para el año que viene, pero acabo de leer tu columna “Mi patinete” en el Heraldo de Aragón; y he comprobado que, dizque, tienes en casa un pozo lleno de la tal del que vas sacando la que te hace falta. Tu reivindicación de que alguien se ponga manos a la obra y ordene el desaguisado de vehículos de transporte que hay para poder transitar sin más obstáculos de los debidos es, más que cabal, justísima. Y puedes estar segura de que tu idea de que alguien fabrique un patinete anfibio electrónico ya la tiene en la cabeza como proyecto que anda en vía de pronto desarrollo una persona con movilidad reducida.

Celebro que, haciendo gala de un estupendo sentido del humor, dejes caer tu crítica como sin querer.

Es normal que te gusten las Navidades, si no te ha acaecido nada que haga que las aborrezcas. Puede que recordar a quien perdiste por aquellas fechas y ya no puedes abrazarlo te entristezca sobremanera. Como te consta, cada quien habla de la feria, el mercado y las ventas según le ha/n ido a él.

Bien. Pasé la Nochebuena , como en años anteriores, en Cascante con tu tocaya, mi hermana María del Pilar, mi cuñado Jesús, sus amigos (estuvimos tomando con ellos cañas o vinos antes de cenar), mis sobrinos Alba y Adrián, y la familia de la madre de Jesús, Concepción, y su hermana. Lo pasamos muy bien. Llegamos a las 3 de la madrugada a casa. El día de Navidad (tras la misa por mi hermano José Javier y tomarnos un vermú, al que nos invitó Alfredo Sarnago, amigo de nuestro difunto hermano, socio de la peña “La Teba”, comí en casa de Carmen, con la mentada, madre de mi cuñada Alicia, esta, mi hermano Miguel Ángel, mis sobrinas Rocío y Natalia, las hermanas de Alicia, Angelines y Cristina, y José Luis, cuñado de Carmen. Disfrutamos un montón del suculento banquete.

Es muy difícil ser madre/padre, porque los mencionados no vienen con un manual para serlo estupendo. Los malos padres suelen ser también buenos y hasta excelentes. Depende de nuestro punto de vista y la lejanía o cercanía con el hecho que juzguemos, tengamos en consideración o valoremos.

>> Sigue...


Si te apetece discurrir sobre ello

SI TE APETECE DISCURRIR SOBRE ELLO

Dilecta Pilar:

Cierto. Todo escrito precisa su tiempo de cocción, pero este no es el mismo para todos ellos. A veces, te pones a trenzar y unos te salen de un tirón y otros requieren volver sobre ellos una y otra vez, hasta que uno de los diversos lectores o críticos literarios que acarreas queda conforme, satisfecho, y, de paso, logra convencer de su cabal adecuación u oportunidad a uno de los varios autores o hacedores que también portas o porteas, y este (que no siempre es el mismo) decide que han quedado arreglados, aseados, o sea, publicables. En muchas ocasiones he manifestado lo que considero que cuadra o encaja perfectamente (al menos, a mí así me lo parece y sirve) con mis textos (acaso pueda acaecerles lo mismo a otros o, tal vez, no le ocurra lo propio a ninguno del resto, los demás), que estos no los termino, sino que los dejo. Ignoro si abundas conmigo o disientes. Ya me dirás (y, por favor, no me vengas con que hace mucho que no te mides; es coña; si te apetece discurrir sobre ello; que no tienes ninguna obligación, por supuesto).

En ese punto no discrepamos, no. A ambos (desde la más tierna infancia) nos ha gustado mucho el teatro (y no necesariamente más el clásico, porque puede que varias obras actuales sean consideradas tales, clásicas, dentro de menos de medio siglo, uno o dos centurias). No sé por qué (bueno, nada más haber escrito lo que antecede, debo desdecirme, sí lo sé; porque es obvio) todas las obras clásicas (aunque sus autores no se soportaran, se envidiaran mutuamente y se agraviaran a base de bien, entre sí, mediante un sinfín de sarcasmos sutiles, en el supuesto de que fueran coetáneos y coincidieran en el mismo espacio, ciudad o país) se toleran estupendamente. Basta con ir a una biblioteca para ver cómo conviven, de manera respetuosa y pacífica, en el mismo anaquel. Mira, por ejemplo, Pilar (o Ana, que es la Patrona tudelana), este estante, ese o aquel.

Ya sabes cuál es el orden de prelación: primero, la obligación (la tarea que debes coronar, culminar, y con más razón si te has comprometido a llevarla en un plazo convenido o fijado a cabo) y, después, la devoción. Debes tomar las respuestas a mis correos como un mero divertimento opcional tuyo, nunca como un deber. Aunque yo jamás (si la memoria no me falla) haya dejado de responder.

>> Sigue...


Un error/horror cometerías

UN ERROR/HORROR COMETERÍAS

A quien suelta tonterías
(Que el caos es femenino
Y el orden es masculino),
Si escuchas, no se las rías;
Un error/horror cometerías.
Tendría que ser multado
A quien solo el resultado,
O sea, el fin, le importara,
Aunque el medio miedo o tara
Portara, y amonestado.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Buonarroti habló esculpiendo/pintando

BUONARROTI HABLÓ ESCULPIENDO/PINTANDO

Recomiendo tener menos
A quien pretende ser más.
Lo aprendí de los demás;
Que los consejos ajenos
Pueden ser sabios y amenos.
Se ha de quitar lo que sobra
Para que se admire la obra.
Cuanto el mármol escondía
Salió a relucir un día.
Por esa labor se cobra.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Cuanto voy a contarte fue verdad

CUANTO VOY A CONTARTE FUE VERDAD

(DESDE EL PUNTO DE VISTA LITERARIO)

(AVISO QUE ESTE TEXTO ES SICALÍPTICO)

Ayer, en una epístola que le escribí a mi dilecta amiga María Pilar Martínez Barca le decía que “hay quienes tienen la rara habilidad, el sexto sentido, de extraer el jugo genial que contienen y portan algunas personas, y luego, además, son capaces de enriquecerlo, optimizarlo, encapsularlo en pequeñas dosis, repartirlo y aprovecharlo para que, una vez ingerido, pueda contribuir al crecimiento personal, propio y ajeno, singular, dual, plural o grupal y aun coral de la sociedad donde viven, de su microcosmos”.

Como a mí, que me lo paso de rechupete siguiendo la estela o el rastro que dejó Alonso Quijano, también me peta y apetece inventarme pasiones y personajes para probarme, hoy me ha dado por ver si logro metamorfosearme o aparentar que soy (funjo o finjo ser) una de las personas mentadas en el párrafo anterior, o sea, de las que por sus arterias y venas circula, además de la sangre común, el citado jugo genial, o de las que lo sacan, potencian, maximizan, hacen píldoras con él y, más tarde, erogan entre las de su entorno. Así que, tras releer el encabezamiento, que no miento, del artículo titulado “Pisar la raya”, que lleva la firma de su autor, Daniel Gascón, y fue publicado el sábado pasado, 23 de marzo de 2019, en la página 13 del diario El País, he decidido seguir la senda que había transitado Gascón hasta que he llegado a un jardín borgeano, donde el sendero se ha bifurcado hasta el infinito (eso es, al menos, lo que he barruntado).

No me creerás, lector/a, pero cuanto voy a contarte fue verdad (desde el punto de vista literario). Así que confío, deseo y espero que seas digno/a de leer la confidencia que me dispongo a relatarte y que lo hagas con absoluta reserva, esto es, que la guardes, como oro en paño, en la misma caja fuerte donde sueles depositar, a buen recaudo, otros secretos o secretos de otros/as.

Hace una semana cabal, antes de lo normal, llegué, hecho polvo, del trabajo a casa. Nada más abrir la puerta, me pareció oír jadeos que provenían del dormitorio. Así que encaminé mis pasos hacia allí. Anduve, intrigado, los diez metros de pasillo y, como la puerta estaba abierta, pude guipar cómo mi esposa gozaba de lo lindo mientras cabalgaba desmelenada, desbocada, sobre el vientre desnudo de un desconocido. Como me quedé de piedra, sin habla, contemplando la escena, pletórica de lascivia, ellos siguieron a lo suyo, la faena, hasta que, al fin, pude articular palabra y proferí un “¡pero bueno!”. Esta expresión fue mano de santo, porque mi mujer se percató de mi presencia y procedió a desencolarse y a cubrir, pudorosa, su joyero con la primera prenda que halló a mano, su sostén. El tío, un tipo malencarado, me miró con rabia y de la mesilla cogió y abrió una navaja enorme, cuyo filo resplandecía tanto que me acongojó e hizo tragar el doble o el triple de la cantidad de saliva habitual. Trazó con ella una raya en el parqué, en el umbral de la puerta, paralela al dintel, y me amenazó: “Como cruces la línea, atente a las consecuencias”. Como su dedo sin uña aún permanecía extrañamente enhiesto, volvió a la cama, mi mujer procedió a darle cobijo de nuevo en su grieta o gruta y ambos siguieron dando rienda suelta a sus deseos libidinosos.

>> Sigue...


Estás igual, Pilar, reconocible

ESTÁS IGUAL, PILAR, RECONOCIBLE

(CON MEDIO SIGLO LARGO DE AÑOS MÁS)

Dilecta Pilar:

Seguro que te sale la columna de perlas (como el magnífico poema que has elegido para acompañar tu doble foto con tu pequeña muñeca, “Si no os hacéis como niños,...” —si no nos volvemos a hacer como niños, no sabremos explicar qué es la inocencia—).

Como los consejos suelen darlos los viejos (cada vez son menos los que aún alardean de tener alguna capacidad para dar malos ejemplos), con tu comentario ¿acaso has querido metamorfosearme en un pispás en uno de ellos? Sé que no has olvidado que somos de la misma quinta. No creo que necesites consejos, aunque, en cierto modo, eres una cría (aun siendo tía de varios sobrinos, en la misma medida que el menda lo es de ocho). Mírate en la doble foto de la doble muñeca. Estás igual (con medio siglo largo de años más, claro), pero igual, muy reconocible.

Ese “yo sigo queriéndome comer” lo aduces por la susodicha doble foto, claro.

¡Preciosa tu felicitación navideña!

Como el año pasado, subiré a Cascante, para pasar con mi hermana, tu tocaya, Pilar, cuñado y sobrinos la Nochebuena; y comeré el día de Navidad (este año conmemoraremos el cuadragésimo aniversario de la muerte de mi hermano el mayor, José Javier, que sigue teniendo dieciocho años) con mi hermano Miguel Ángel y familia. Nos juntamos todos en casa de “Use” y María José para fin de año e iré a comer con Jesús María y familia el día de Año Nuevo.

Gracias a ti, por ser como eres. Y, si algún día cambias, que sea para echar o verter miel sobre las hojuelas, porque solo concibo que esa muda sea a mejor, hasta ser tenida por todos como la misma caraba, repanocha o repera.

>> Sigue...


Los líderes no se ablandan

LOS LÍDERES NO SE ABLANDAN

La misma desolación
Cunde por cualquier esquina,
Porque ha arraigado la inquina.
No cabe hacer distinción
En ninguna formación.
Los líderes, quienes mandan
Y los partidos comandan,
Han hecho sitio en sus listas
A algunas/os paracaidistas.
Las quejas no los ablandan

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


A mí, impar alcachofa de Tudela

A MÍ, IMPAR ALCACHOFA DE TUDELA

—O me escribes dos liras
A mí, impar alcachofa de Tudela,
O tanto no me admiras.
—Ponle, amada, una vela
A Santa Ana; la Abuela las modela.
—Aunque no soy devota
De la Patrona (paso por atea),
Como odio la derrota,
Enciendo en la azotea
Una y Ella las dos da que portea.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¡Menuda metamorfosis!

¡MENUDA METAMORFOSIS!

—Rivera le ha echado un pulso
A Sánchez en transformismo.
—Coincido; porque eso mismo
He pensado ¡Vaya impulso!
Al otro ha dejado insulso.
—¿Cómo se puede pasar
De al oponente abrasar
En la hoguera por el cupo…
—... “Cuponazo”, a ese mal grupo
Cortejar hasta casar?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Jueves, 18 de abril

BUSCAR

Editado por

Hemeroteca

Abril 2019
LMXJVSD
<<  <   >  >>
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930