El Blog de Otramotro

¿Que Sánchez no ha leído a Maquiavelo?

¿QUE SÁNCHEZ NO HA LEÍDO A MAQUIAVELO?

Ignoro si Pedro Sánchez ha leído a Nicolás Maquiavelo (y no me refiero única y exclusivamente a su texto cumbre, “El príncipe”, 1513, sino también al resto de su obra). Ahora bien, si alguien, verbigracia, me preguntara por ello, contestaría, sin ambages ni dudarlo, que sí.

¿Alguien puede poner en tela de juicio que todos los políticos profesionales, todos, sin excepción, actúan como si fueran actores de una obra dramática (ora sea en la tribuna o en los pasillos del Congreso de los Diputados, ora en una conferencia de prensa, ora en una emisora de radio o en un plató de televisión)? El abajo firmante cree, a pies juntillas, que Sánchez le ha sacado punta a este concreto aserto del florentino: “El vulgo se deja seducir siempre por la apariencia y el éxito”. A veces, ambos términos se juntan en un solo sintagma, la “apariencia del éxito”, por ejemplo, tras salir airoso de la primera moción de censura victoriosa de la democracia española, como fue su caso.

¿Alguien puede objetar que Sánchez es un gato político por las diversas vidas que ha gastado o tenido? No me extrañaría nada (de nada) que algún historiador (ella o él) de la posteridad usara la imagen del ave fénix para explicar o simbolizar su actividad como representante político. Y tal vez no sea servidor el único que encuentre la base o clave de sus palingenesias o renacimientos varios en estas palabras precisas de Maquiavelo: “Porque, en verdad, no hay otro medio más seguro de posesión que la ruina”. Si solo un arruinado (hembra o varón) es incapaz de arruinarse, este es el que más posibilidades tiene de enriquecerse. Ergo, mutatis mutandis, tras ponerme el disfraz de sofista, puedo seguir razonando de esta guisa: si un muerto no puede morir más de lo que ya lo está (porque, para que ocurra la muerte, se ha de estar vivo), acaso a quien ha finado sus días le quepa la remota posibilidad de aspirar a vivir, siempre que acaezca un milagro, claro.

Asimismo, por sus comportamientos paradójicos, por sus bandazos dialécticos, por sus notorios cambios de opinión o contradicciones manifiestas, diría que, seguramente, leyó lo que Nicolás le confesaba en una misiva que remitió en mayo de 1521 al historiador florentino Francesco Guicciardini, en concreto, este secreto: “desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo y, si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla”. Quien esté pendiente, de verdad de la buena, de cuanto suelta por su mui el presidente del Gobierno de España, como procura estarlo servidor, ¿no se ha hecho la pregunta que yo, lo reconozco, me acabo de hacer, de manera imprevista e inesperada? ¿No halla en las palabras del mentado Maquiavelo una más que certera etopeya o atinado retrato moral de Sánchez?

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Buena cabeza, sí, la de Bermejo

BUENA CABEZA, SÍ, LA DE BERMEJO

Dilecta Pilar:

Insisto en darte las gracias por tus muestras de empatía. El desamor también forma parte de la vida. Nunca es bienvenido, pero lo cierto es que aprovecha cualquier grieta o rendija para colarse de rondón y hacerse notar.

Cierto. He vuelto a releer tu texto y lo urdido por mí. No sé si algún duende se comió o eliminó (me suele ocurrir cuando agrego, corrijo o quito algo de lo escrito) parte de mi comentario. Si no recuerdo mal, decía que todos somos santos alguna vez o varias a lo largo de nuestra existencia. Me cercioraré para que esta vez no me hurte el presunto duende sisador lo agregado. Trabajar con prisas te lleva a cometer estos yerros. Te pido o ruego disculpas por ello.

Celebro que en el otro correo (que te contesto en este) no hayas advertido nada enmendable.

Buena cabeza, sí, la de José Carlos Bermejo, sin duda. Aprendí a su lado y al de Santaolalla y del resto de mis compañeros muchas cosas. Si se aprende de las personas normales, no te digo cuánto puede llegar a asimilar uno de las más inteligentes de cualquier grupo humano (el que sea, cuando y donde sea).

La empatía solo se comprende verdaderamente ejerciéndola. Es muy difícil ponerse en la piel de(l) otro (ella o él); tan complejo resulta que lo hacemos (que conseguimos hacerlo de verdad) pocas veces. Cada quien acarrea a él mismo, su persona y su personalidad, con sus principios, sus valores, sus sentimientos, sus pensamientos y sus experiencias. Como el otro ha tenido y portea los/as suyos/as, unos/as se comprenden y entienden perfectamente y otros/as no (en su integridad). Lo normal es que no empaticemos completa y totalmente; no obstante, lo importante es hacer ese esfuerzo. Ya sabes mi argumento: quien hace todo lo que puede no está obligado a hacer más.

La condición humana implica la atracción (y hasta la pasión o el vértigo) que ejerce sobre ella el error. Errare humanum est.

Celebro que te haya petado la imagen.

Sigo sosteniendo la tesis de que a Cervantes se le desmandó el personaje de don Quijote y eso contribuyó a su doble inmortalidad (la del personaje y la de su autor, que a veces, veo como mero amanuense). Si los personajes no fluyen por sí mismos, estos no evolucionan y quedan planos, insulsos.

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¿Don Pedro? ¡Todo un poliedro!

¿DON PEDRO? ¡TODO UN POLIEDRO!

Veo que es capaz don Pedro
De ser las jornadas siete
De la semana un juguete
Distinto: “Creo que medro
Porque parezco un poliedro:
Los lunes soy socialista;
Los martes, puro marxista;
Los miércoles, soy cambiante;
Los jueves, un gran tunante;
Los viernes, nacionalista;
Los sábados, polemista;
Los domingos, progresista”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pregunto: ¿Está Quim Torra bien del tarro?

PREGUNTO: ¿ESTÁ QUIM TORRA BIEN DEL TARRO?

Antes de contestar a esa pregunta,
Habrá que dar respuesta, verbigracia,
A muchas otras: ¿Tiene Torra gracia?
¿Tarro de las esencias, donde él unta

El pan con mantequilla o marabunta?
¿Cuanto escribió de España una desgracia
Fue; y, por esa razón, tiene una lacia
Mirada y la nariz creciente, en punta?

Según Torra, los Mossos, no, no obraron
Como debían, no garantizaron
El orden; los CDR, sin embargo,

Estuvieron de diez, tras el letargo.
A mí el extravagante Torra causa
Alipori, vergüenza ajena. Pausa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Que se halle solución pronto a la cosa

QUE SE HALLE SOLUCIÓN PRONTO A LA COSA

Dilecta Pilar:

Celebro que así sea, que se halle solución pronto al caso o la cosa.

He vuelto a los tres o cuatro zuritos de rigor, sí, que me vienen estupendamente (es poco el alcohol ingerido). Amén de hablar con Pío de esto, eso y/o aquello, aprovecho a hacerlo también con otras/os (hermano/s, sobrinas/os, amigas/os, conocidas/os, etc.) que encuentro en el periplo o recorrido “zuriteril”. En Tudela, aseguro, hace tanto frío como en Zaragoza, seguro, sensación que acrecienta o recrudece aún más el cierzo, gélido. Ahora, recién dadas las diez de la mañana, teníamos cinco grados, si marca bien la temperatura el aparato (mitad reloj, mitad medidor de temperatura) de la esquina (creo que es propiedad del estanco) que he mirado, claro.

Entonces, todo seguirá según costumbre; como es habitual, yo seré más extenso en mis comentarios.

Insisto e itero. No tienes obligación de contestar mis correos. Cuando puedas y quieras, lo haces.

Si hubiera sabido el hecho, que tu deudo cumplía ayer años, te hubiera encargado que hicieras ayer el encargo que hoy, ahora, te hago, que le des, con un día de retraso, un par de ósculos (uno en cada uno de sus carrillos) a tu pacífica (aunque dé un poco de guerra) sobrina, Irene. Los niños ayudan a ver la vida con más esperanza si cabe, sí, que cabe; la esperanza abarca mucho espacio, es omnímoda, pero ocupa poco.

Creo que aciertas de lleno en el blanco o centro de la diana cuando ves la amistad así. La amistad (lo aprendes con el lapso o paso del tiempo transcurrido, con la sensatez que te van concediendo los años acumulados, la experiencia, “madre de la ciencia”, la llamaba mi piadoso padre, Eusebio, si sabes aprovecharla, sacarle el máximo partido), según mi parecer, es, junto con el amor, uno de los cimientos, fundamentos o pilares de la vida humana, de los seres sociales que somos las personas. Uno se achaca ahora o viene reprochándose desde hace años por qué no hizo más por mantener los lazos de amistad que inició y mantuvo otrora con determinados colegas. Aunque de esa ruptura no es único responsable (aunque uno tenga siempre más culpa que otro) uno de los miembros de la relación de amistad (ocurre lo propio con la relación de pareja), la que sea.

Con los bebés (ellas y ellos) y con los niños (ídem) se debería hacer como con la madre, darle los besos sin cuento de los que habla Catulo en uno de sus cármenes a Lesbia. Pero ahora eso está penado, según qué ojos.

Celebro que te parezcan aciertos. Lo tendré en cuenta cuando veas en mis asertos fallos, para promediar. No verme hoy un genio y mañana o pasado mañana tampoco un lerdo.

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Te pinté ayer, Pilar, desnuda, alhaja

TE PINTÉ AYER, PILAR, DESNUDA, ALHAJA

He soñado, Pilar, de madrugada,
Que tú y yo nos habíamos juntado
En el parque, vistiendo lo pactado:
Bluyín con la pernera remangada.

Nada más verte (nada dije, nada),
Mirándote seguí, medio arrobado,
A escasos quince metros de tu lado;
Bastante profería mi mirada.

Al primo abrazo mil le sucedieron
Y se secreteaba hoy en voz baja:
“Ayer, hasta las lámparas gimieron”.

Me dio por remedar a don Francisco
De Goya y te pinté desnuda, maja,
Sin al de Fuendetodos hacer cisco.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quien tiene fe en Darío Fo no acierta?

¿QUIEN TIENE FE EN DARÍO FO NO ACIERTA?

Ayer, jueves, por la tarde, tras levantarse de la siesta, mi amigo del alma y heterónimo, Emilio González, “Metomentodo”, un zumbón redomado, de marca mayor, más mordaz incluso que el abajo firmante, me envió a una de mis direcciones de correo electrónico el siguiente “emilio”.

“Dilecto Otramotro:

“El pasado martes, por la mañana, tras leer la epístola que publicaste en tu bitácora, me llevé a los ojos el editorial, en defensa de los payasos, de tu periódico de cabecera (del que ya eres hasta suscriptor), El País.

“Desde entonces, llevo rumiando cómo hacerte esta pregunta: ¿Puedes decirme cómo conseguiste compadecer o compatibilizar esto, que le escribiste a tu amiga y colega Pilar, ‘El patio está, como aseveró acertada, hiperbólica y recientemente Josep Borrell, desde su escaño en el banco azul del Congreso de los Diputados, lleno de una mezcla maloliente y nauseabunda de serrín (eso que debe haber en el hemisferio derecho de la cabeza de más de un diputado, que es lo que precisamente suele salirle/s por la boca cuando habla/n) y de estiércol o mierda (en el hemisferio izquierdo, que es lo que va erogando por doquier por idéntica razón; o viceversa). Aquí conviene, por ser bienvenida y válida su presencia, hacer mención de la triple distinción de la que habló Valle a la hora de explicitar las tres maneras diferentes que él había advertido de ver el mundo (de los personajes del teatro): de rodillas (los personajes son vistos como héroes o semihéroes, que llevan a cabo hazañas, proezas), de pie (los personajes son normales y realizan actos propios de o connaturales con ellos) y desde un plano superior (una mirada desde arriba, no necesariamente cenital; en la que los personajes son vistos como fantoches, guiñoles o peleles que coronan patochadas o payasadas, raíz de los esperpentos valleinclanescos, repletos de personajes animalizados y/o cosificados). Y luego los políticos se llevan las manos a la cabeza cuando trasciende o se hace público el dato iterado por varias encuestas o sondeos de opinión de que la sociedad está cada vez más harta de los políticos, de que la desafección hacia ellos crece como la espuma o suma y suma y suma enteros sin parar entre los ciudadanos’, que aseveraste en tu misiva (con misil), con esto, ‘un cómico que ofende no es un delincuente que debe responder ante los tribunales, sino un mal cómico que debe hacerlo ante la crítica y ante su público’; y, a renglón seguido, con esto otro, ‘Una sociedad que lleva ante los tribunales a sus cómicos —a sus payasos, como ha dicho Dani Mateo— no es una sociedad más enérgica en la defensa de sus valores, sino una sociedad que está perdiendo el sentido de su propia generosidad y su propia grandeza’, que seguramente, leíste, como hice yo, en el citado editorial de El País?

“Te agradece de antemano la rauda respuesta, quien te abraza, tu amigo

“‘Metomentodo’”.

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Pilar, deseo que mi esposa seas

PILAR, DESEO QUE MI ESPOSA SEAS

Amada Pilar:

Con algo más de planificación a la hora de seleccionar cuántas cosas hacer y cómo y de establecer el orden de prelación entre ellas, las diversas tareas a llevar a cabo durante un tiempo concreto, determinado, esto es, qué (empezar a) coronar antes y qué (dejar para) culminar más tarde, todos los seres humanos, amén de diligentes, inteligentes (si esta expresión no es un evidente pleonasmo, tal vez le falte el canto de un duro para serlo), insisto, todos, sin excepción, podríamos llegar a ser filósofos, es decir, personas amigas de saber (hasta llegar a ser duchas, peritas o versadas en uno o varios ámbitos o disciplinas), aunque no nos propongamos (o sí) elaborar un sistema o teoría filosófica.

Para que discurra mi pensamiento (no sé cómo funcionan otras mentes, las ajenas, pero sí cómo lo hace la mía, propia) necesito escuchar a los demás, qué dicen y qué quieren decir, o, en su defecto, leer, que es otra forma de escuchar (por lo general, más elaborada). Siempre (acaso —pronto le llegó el ocaso—, sin acaso, me he pasado; así que me enmiendo al momento: muchas veces), cuando diserto (sea oralmente o por escrito) sobre el acto de leer, suelo rememorar los cuatro versos endecasílabos que conforman el primer cuarteto del famoso soneto (sin título, aunque ahora muchos le den el del primero de sus versos; como es sabido, los poetas de los Siglos de Oro en muy rara ocasión ponían rótulo a un poema breve) de Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos”) y el poema (escrito en versos heptasílabos y endecasílabos, excepto el segundo, pentasílabo, que hubiera podido mudar fácilmente en heptasílabo agregando “muchos” tras otros) “Leer, leer, leer, vivir la vida”, de Unamuno, que dice así: “Leer, leer, leer, vivir la vida / que otros soñaron. / Leer, leer, leer, el alma olvida / las cosas que pasaron. / Se quedan las que quedan, las ficciones, / las flores de la pluma, / las solas, las humanas creaciones, / el poso de la espuma. / Leer, leer, leer, ¿seré lectura / mañana también yo? / ¿Seré mi creador, mi criatura, / seré lo que pasó?”.

Leer bien, o sea, de manera comprensiva, un poema, un cuento, una novela, un ensayo, una tragedia, un drama, lo que sea, cualquier texto literario, puede ser una experiencia, además de apasionante, inolvidable, para el atento y desocupado lector (sea ella o él), que puede llevarle a identificarse con uno o varios personajes de la obra o con el autor de la/s trama/s que cuentan esas líneas, que, conforme las va leyendo, las va reescribiendo y sacándoles todo su calor y todo su color, todo su saber y todo su sabor, pudiendo llegar a hacerlas suyas (por sentir afinidad, empatía o simpatía) o devenir en firme detractor de las tales y concebir sesudos argumentos a fin de refutarlas.

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¿Para pollos montar está el Congreso?

¿PARA POLLOS MONTAR ESTÁ EL CONGRESO?

Dilecta Pilar (había escrito dilecto pilar; y lo he corregido, pero, como también era válido, he decidido que apareciera dentro de este paréntesis, que constara en acta):

Si hablamos de espejos físicos, yo me suelo mirar en tres (en uno, pequeño, con el marco de color rosa, que usaba mi madre, y yo utilizo, básicamente, para afeitarme la barba —casi siempre en el lavabo del balcón de la cocina—); en el del baño, grande, de tres cuerpos; y en el del hall o recibidor, aún mayor, enorme, casi ciclópeo). Si hablamos de espejos ejemplares (desde el punto de vista actitudinal o comportamental), en bastantes (la hilera o ristra es tan abundante o numerosa que se haría interminable o sería muy luenga —por cierto; no sé por qué, este adjetivo, esta voz, siempre se lo/a adjudico a uno de mis espejos literarios, Valle—).

Nosotros no dejamos de ser niños grandes, adultos. Que una parte del niño o niña que fuimos la acarreemos siempre, porque esa porción siempre nos hará más empáticos y solidarios, en definitiva, mejores.

Si llamas horno social al que solemos ver en el Congreso de los Diputados, abundo contigo en que no está para bollos, sino para pollos. Para montar uno un día sí y otro también. Nuestra clase política, la actual, da sopas con honda a las anteriores o precedentes, sin duda. Sé que tú, al menos, entenderás la ironía (que el grueso de la gente, poco dada a leer, o no entiende o no comprende en toda su extensión).

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Por un valle de lágrimas amargas

POR UN VALLE DE LÁGRIMAS AMARGAS

Amada Pilar:

¿Es útil el amor para quien ama? ¿Le sirve a la persona enamorada estarlo de verdad, así sentirse? ¿Miento cuando asevero que un cimiento del enamoramiento es el que miento? Está claro, lector, que el primer miento a la persona prima se refiere, singular, del presente de mentir, el segundo a la misma de mentar.

Es útil el amor cuando acarrea, si no la impar certeza, la esperanza de ser correspondido hoy o mañana. La vida se parece más a un viaje por un valle de lágrimas amargas que a un “locus amoenus” o jardín que está lleno de fuentes y de flores (si me dan a elegir escojo rosas; si no hubieran brotado las mentadas entre tantas espinas, no serían las rojas como son, tan apreciadas).

El amor es lo que me empuja a hacer todo lo posible por entender las razones que le llevaron a Catulo a escribir los versos que contiene su “Poema V”: “Viuamus, mea Lesbia, atque amemus, / rumoresque senum seueriorum / omnes unius aestimemus assis. / Soles occidere et redire possunt: / nobis, cum semel occidit breuis lux, / nox est perpetua una dormienda. / Da mi basia mille, deinde centum, / dein mille altera, dein secunda centum, / deinde usque altera mille, deinde centum. / Dein, cum milia multa fecerimus, / conturbabimus illa, ne sciamus, / aut nequis malus inuidere possit, / cum tantum sciat esse basiorum”. (“Vivamos, Lesbia mía, y amémonos —que no quiere decir que nos amemos como monos ni que digamos amén al amor como si lo fuéramos, monos—. / Que los rumores de los viejos severos / los estimemos en un solo as —moneda de escaso valor—. / Los astros pueden ocultarse y volver a salir: / nosotros, cuando acabe nuestra breve luz, / dormiremos una noche eterna. / Dame mil besos, después cien, / luego otros mil, luego otros cien, / después otros mil, después otra vez cien; / luego, cuando lleguemos a muchos miles, / embrollaremos la cuenta, para que ni nosotros / ni el envidioso sepa, y así no pueda maldecirnos, / cuántos han sido los besos que me has dado”).

Si Catulo pide a su amada que sea ella la que le bese, yo varío (vea el lector aquí desvarío o no) la perspectiva, el punto de vista, porque lo que te solicito a ti, Pilar, es que sea yo el que haga ese menester, que me permitas gozar del inmenso e intenso placer que, sin ninguna duda, me reportará besar con mis labios y lamer con mi lengua, de arriba abajo (o viceversa) y de derecha a izquierda (o a la inversa) toda la piel que cubre tu desnuda anatomía.

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Por meterse en camisa de once varas

POR METERSE EN CAMISA DE ONCE VARAS

“Jajaja, Mira que eres petardo Angel, pero me caes bien. Tienes un sentido del humor muy, dijéramos,,,,, etimológico”.

Pepeviyu

A ver, “Pepeviyu” (escoliasta espontáneo):

Usted es muy libre de creer, a pies juntillas, lo que sea, verbigracia, que así va a reírse cuanto quiera de mí (pero —no hallará aquí un ápice o pizca de jactancia, por mucho que busque— lamento tener que contradecirle así, a bote pronto: carece de la categoría —hay quien estima que tiene la altura o la envergadura suficiente para hacer o deshacer esto, eso o aquello, a su antojo, pero luego demuestra lo obvio, que lo incapacitan sus propias carencias, evidentes: falta de acervo cultural, de formación, de herramientas— para hacerlo). Ahora bien, como, al parecer, así lo considera usted, supongo que, de manera implícita, en legítima correspondencia, acepta, admite o concede que yo también pueda hacer tal cosa con usted. Como usted (por lo que colijo) considera que es muy listo (y muy poco cobarde, pues tiene el valor, o los redaños con los que hacer daño, de firmar, como hace servidor, su —cómo he de llamar a lo que ha sido capaz de urdir usted— “textillo” —reconozco que he sentido la tentación de denominarlo “textículo”, por la testosterona que ha logrado concentrar en dos líneas escasas—), me limitaré a señalarle, sus yerros, para ver si la próxima vez no los comete. Como a mí me sirve, me atrevo a recordarle la lección de Confucio, por si abundamos: “el hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor”. Aunque ya se sabe, el hombre (sea hembra o varón), ignoro si será también el caso de quien se esconde tras “Pepeviyu”, es el único animal que suele tropezar dos veces en la misma piedra.

Espero que el petardo de Ángel no le explote en los ojos, si se digna a leer su respuesta urente (le ahorraré el trabajo; no hace falta que acuda al DLE para saber qué significa: que escuece). Me conformo con que advierta la mitad de las ironías que he introducido, a modo de pólvora, en este (si coloca el paraguas del revés en el sitio conveniente, puede que coja al vuelo, amén del grueso de ellas, algún sarcasmo). Tras tanto signo de risa y la coma, la siguiente palabra, salvo que deba llevar la versal por otros motivos, empieza por minúscula. Tras petardo, debió colocar una coma, pues dudo que no sepa aún lo que es un vocativo. Ángel, si aplicamos las reglas generales de la acentuación, por ser palabra llana o paroxítona, terminada en consonante que no es ni -n ni -s, debe portar la preceptiva tilde. Al menos, no se las ha dejado en “dijéramos” y “etimológico”, lo lógico. Con tres puntos suspensivos, basta o sobra.

Sin embargo, con todo, tengo que darle las gracias, porque leer su comentario, manifiestamente mejorable (¿habrá comprobado “Pepeviyu”, de manera fehaciente, hasta qué punto?), ha propiciado el divertimento cabal o la eutrapelia necesaria que me ha llevado a trenzar, además de esta urdidura, un soneto. Es mi deseo y mi esperanza que esta respuesta, recíprocamente, haya cursado con similar creatividad y favorecido lo propio en usted, en su caso.

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Día sin reír es día perdido

DÍA SIN REÍR ES DÍA PERDIDO

Dilecta Pilar:

Celebro sobremanera que te lo pasaras estupendamente en Zaragoza durante los últimos Pilares. ¡Muchas felicidades!, con días de retraso (por tu santo u onomástica).

Aunque había recibido una primera citación para el día 15 de noviembre, una semana después recibí otra que adelantaba la puesta (que no apuesta, aunque suene igual); así que mañana, miércoles, 24 de octubre, subo al Hospital “Reina Sofía” (HRS) para que me coloquen el holter de Cardiología. No he vuelto a tener (salvo que no me haya enterado, claro) otro episodio de fibrilación arterial rápida (ahora tomo una medicación para que mi corazón vaya más lento, en el supuesto de que coja carrerilla). Lo peor es el estado de indeterminación, incertidumbre o duda por no saber la causa concreta de la susodicha (acaso todo se deba al efecto indeseado del otro medicamento que me fue prescrito). El holter de Medicina Interna, para medir mi tensión arterial (la baja la suelo tener alta), se demora hasta el 4 de diciembre. La verdad es que las malas noticias que me están dando últimamente (esta mañana me he enterado de que Jesús Carbonel, miembro de la Peña “La Teba” con quien, junto a su esposa, Arantza, y otras personas, he cenado varias veces en dicho recinto, había muerto de un aneurisma) no ayudan. Menos mal que tú me das hoy (por ayer) una buena nueva, que tu madre, Eusebia, ha celebrado los años que ha cumplido, 84. Felicítala en mi nombre (quedas encargada de darle, de entre el vagón repleto de besos que te mando, para que lo erogues con equidad, los dos ósculos exclusivos que te mando hoy para ella).

Así es, la rutina, que tiene sus contras o facetas negativas, sin duda, también tiene sus pros o positivas caras.

Pensé que este año, quizá, podríamos juntarnos de nuevo los colegas de la promoción de Filología, pero, como no me has comentado nada al respecto, colijo que nadie ha meneado ese asunto de la manera conveniente u oportuna.

Al parecer, el holter solo son siete cables con una petaca que recoge la información cardiaca. Se porta (si uno se comporta bien; yo lo procuraré hacer, por la cuenta que me trae; ya he intentado aleccionarle al respecto, a mi corazón, se sobreentiende, pero él me ha soltado muy ufano que es un músculo involuntario, que creo que quiere decir sin voluntad; mecachis en mi mala suerte, otro abúlico, me he dicho por lo bajini) durante 24 horas, un día. Te haces a la idea de que no me han puesto nunca uno. La poca información que tengo del aparato me la ha suministrado mi primo Jesús Roberto, que es cardiólogo.

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Viernes, 14 de diciembre

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