El Blog de Otramotro

Era un bombón, señoría

ERA UN BOMBÓN, SEÑORÍA

Y CUESTIÓN DE VIDA O MUERTE

O FOLLABA O ME MORÍA

“Lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal”.

Aforismo 153 de “Más allá del bien y del mal” (1886), de Friedrich Nietzsche.

“Una pareja destroza la puerta de cristal de un edificio de viviendas para mantener relaciones íntimas en la entrada”.

Subtítulo de una noticia que leí el sábado pasado, 25 de marzo, en la edición digital de La Voz de Galicia.

Si esta noche te enamoras
Y el amor quieres hacer
Con el bombón, sí, yacer,
Pues notas que te acaloras
Cuando la píldora doras
A tu reciente conquista,
¿Dejarás la misma pista,
Cristal roto y dos condones
Detrás de los macetones,
O comerás con la vista?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Otro absurdo divertido?

¿OTRO ABSURDO DIVERTIDO?

El PSOE espera a Susana,
Pero a Fernández yo aguardo,
Otro Godot lerdo, tardo.
Ojalá venga mañana
A llenar la que anda vana,
La cabeza del partido,
Que cada vez más partido
Compruebo que está, sin duda,
Aunque alguien al mismo aluda
Como “absurdo divertido”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿A que no te dan dentera?

¿A QUE NO TE DAN DENTERA?

Me hallaba el bus esperando
En la parada del tal
Que hay junto a “La Estrella” (hostal);
Y por allí pasó hablando,
El manos libres usando,
Una mujer de bandera,
Por su busto o delantera,
Donde leí sin esfuerzo:
“Sigue mirando, mastuerzo;
¿A que no te dan dentera?”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Yo no soy Risto Mejide

YO NO SOY RISTO MEJIDE

La semana pasada escribí y publiqué en mi bitácora, “El blog de Otramotro”, el texto que titulé “Todos somos muy ignorantes”. Encabezaba el mismo, como epígrafe o exergo, una de las muchas y célebres frases que dijo y dejó escritas en letras de molde el Premio Nobel de Física en 1921 Albert Einstein (por cierto, de seguir vivo entre nosotros, el sabio que nació en Ulm hubiera cumplido este martes, 14 de marzo, la friolera de 138 años): “Todos somos muy ignorantes (que, como se trataba de un octosílabo cabal, lo elegí para titular mi urdidura —para alguna/o, tal vez, “urdiblanda”—). Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”. Versaba sobre el revuelo que se había armado en las redes sociales debido a la bronca que había surgido durante la emisión del programa de “Chester in Love”, conducido por Risto Mejide, entre Mercedes Milà y José Miguel Mulet (ambos habían sido invitados al espacio de entrevistas por tener criterios distintos, acaso irreconciliables, sobre una obra concreta, “La enzima prodigiosa”, de Hiromi Shinya).

Ayer leí el artículo que Risto Mejide tituló “Yo soy Mejide” y que le publicaron el domingo pasado en El Periódico. En él daba su opinión sobre cuanto había leído en las redes sociales a propósito (seguramente, se echó a los ojos o dio de bruces con algún despropósito) del asunto en cuestión.

Arranca bien; diré (aquí urdiré) más, porque tal vez me he quedado corto, muy bien, con una muestra de humildad al reconocer una doble carencia, que le falta la experiencia de Milà y la sabiduría de Mulet. Incluso llega a aducir que si algo en el programa no le peta o place al espectador (ella o él), la culpa acaso sea suya. Y si, por el contrario, algo, mucho o poco, le agrada o encanta, el responsable será, sin duda, el magnífico equipo del espacio televisivo, formado por más de cincuenta personas.

A renglón seguido, apunta lo obvio, que, salvo de sí mismo, él no es centinela o guardián de nadie, ni puede hacerse responsable de lo que suelten por sus respectivas muis los invitados al programa. Al carecer, según él, el formato de guion, les deja absoluta libertad de expresión, o sea, no les pone cortapisas ni líneas rojas. Barrunto o supongo que no sin haber dado por sobreentendido que lo que se diga ha de estar dentro de los límites del respeto y gozar de un mínimo de sana cortesía, cortesanía o urbanidad.

Luego ha juzgado oportuno recordar otra obviedad, propia de Perogrullo, que, en sentido estricto, no se trata más que de un pensamiento de Aristóteles, el filósofo peripatético, quien fuera y fungiera de tutor de Alejandro Magno: “el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios”.

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La Enciclopedia Espasa, puesta al día

LA ENCICLOPEDIA ESPASA, PUESTA AL DÍA

“No sabía cuando me nombraron portavoz que tenía que ser la Enciclopedia Británica ”.

Íñigo Méndez de Vigo

Es tarea difícil ser ministro;
Mas serlo portavoz más todavía.
Consciente es el que aún no lo sabía
E ignoraba, además, tocar el sistro.

Méndez de Vigo, no otro, es el ministro.
Colijo que en su testa no cabía
Tomar la mala vía de Pavía
Ni usar, por vez primera, la voz “fistro”,

Que Chiquito ideó de la Calzada.
Cuando dijo que sí a tan alto cargo,
El tal desconocía, sin embargo,

Que tuviera que ser la reputada
Enciclopedia Espasa, puesta al día,
Que siempre lo libró que se perdía.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¡Qué artículo más tronchante!

¡QUÉ ARTÍCULO MÁS TRONCHANTE!

(COMPUSO AYER ÀNGEL CASAS)

Ayer, viernes, diez de marzo,
Le eché un ojo a La Vanguardia,
Diario que anda a la vanguardia.
Leí lo mismo que Zarzo
Sin tener el iris garzo,
Y luego lo que él urdió
Cuando su nave surdió:
“A Àngel Casas he leído
Y hasta llorar me he reído”.
¡Risas mil nos concedió!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Pues, aunque huelga el comentario, deseo (en la misma medida que espero) que salgas del embrollo airoso e incólume.

Te recomiendo la lectura del texto que he titulado “Sobre la coherencia y el cambio de opinión”, que te enviaré mañana y publicaré en mi bitácora al día siguiente.

Celebro que tus parroquianos (ellas y ellos), los cornagueses, lo lean y le den el valor que merece y tiene.

Los poemas de Garcilaso, Quevedo y otros excelsos poetas siguen estando donde estaban y deben, en varios volúmenes que uno puede hallar en las bibliotecas de mil pueblos, instituciones o casas. Yo solo lamento que sigan siendo poco leídos o, si lo prefieres, por pocos, muy pocos lectores.

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Me encanta su actual pellejo

ME ENCANTA SU ACTUAL PELLEJO

(DE ORDINARIO ES UN TIPEJO)

—Ciertamente, en carnaval,
Cuando se cambia de piel
Y la hiel/miel deviene miel/hiel,
De diversión es aval
Una batalla nabal.
—Hay quien, durante el antruejo,
Deja de ser el tipejo
Vil que es el resto del año.
Ojalá no haga más daño;
No mude su actual pellejo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCIX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCIX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

No te falta razón en cuanto aduces.

Este fin de semana me he concedido fiesta; que, de vez en cuando o, en su defecto, de cuando en vez, me viene estupendamente para descansar y desconectar mi mente de tener que seguir escuchando y/o leyendo también durante el “finde” a tanto demente (incluyo entre los varios que agavilla o arracima ese “tanto”, que conste, al que suelo encontrarme por las mañanas enfrente, antes y después de asearme, en el espejo de mi cuarto de baño) como uno halla por doquier, aunque no trabaje de loquero, quiero decir, de psiquiatra.

Espero y deseo que ayer todo fluyera de lo lindo, sin contratiempo, antes, durante y después de que acaeciera la celebración familiar por el feliz hecho que os juntó.

¡Cuánta razón tienes, amigo y deudo, en lo que aduces! Con qué pocas palabras has logrado retratarla, pintar el cuadro al que le cuadra titularse de esa guisa, “Dictadura”. En una dictadura, aunque el dictador sea blando hablando, lo primero que se le esconde al conde, oculta a la persona culta o secuestra a los ciudadanos es la verdad. Por tanto, lo primero que se les impone a los susodichos es la más pura y más dura de las mentiras, que se vea o aparezca publicado solamente aquello que le interesa que se sepa al que manda y comanda.

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Una boutade u ocurrencia

UNA BOUTADE U OCURRENCIA

“Es un axioma que aquel a quien todos conceden el segundo lugar tiene méritos indudables para ocupar el primero”.

Jonathan Swift

Ayer, lunes, por la tarde, no acerté a saber por qué me había despertado de los veinte minutos escasos que duró mi siesta recordando lo que había estado canturreando en sueños, esa canción popular que decía y dice así: “Querida, Irene, porompompón (bis), / síguete (forma verbal esdrújula que suele hacerse llana, siguete) meneando, porompompón, / que ya me viene, porompompón”.

Tras darle vueltas y más vueltas, giros y más giros, al asunto sin sacar nada en claro, sin obtener un mínimo provecho, desistí en mi empeño de hallar su (quinta)esencia, su quid.

Hoy, martes, habiendo transcurrido veinticuatro horas, poco más o menos, del morrocotudo fracaso, me he llevado a las manos y a los ojos un libro de filosofía de mi biblioteca y me he detenido en unas páginas sobre Guillermo de Ockham, a quien le he pedido prestada su famosa navaja, quiero decir, su principio metodológico de economía que dice que “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”, y ahora ya puedo decir que, del amplio abanico que se me había presentado, estoy en condiciones de señalar la razón o varilla que he escogido como más plausible, esta: ayer, por la mañana, leí, sin detenerme mucho en la noticia, que la nueva portavoz en el Congreso de los Diputados y “número dos” de la formación morada va a ser Irene Montero.

Aunque no doy un chavo por lo que acaba de idear mi caletre (he intuido que iba a ser un texto de poca monta), para confirmar mi sospecha y/o ratificar mi tesis, como a esta hora, regularmente, acostumbra a brotarme o nacerme mi vena más coñona, guasona o zumbona, la pondré negro sobre blanco para ver si, desechando prejuicios, se trata, en verdad, de una chapuza inconcusa; pero, como me tengo (sin ánimo de alardear o presumir) por un sabueso (me gusta advertir con antelación a quien suele invertir su tiempo de ocio en pasar y posar su vista en mis urdiduras —o “urdiblandas”— qué barrunto o me da en la nariz) sagaz, no puedo tomarle el pelo a usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), contándole una milonga, porque presiento que no va a ser de su agrado ni a recibir su aprobación. No obstante, paso a dejar (para afrenta, baldón o ultraje mío, sin duda) constancia aquí de ella, una boutade u ocurrencia, que ya he trenzado mentalmente, una décima dialogada protagonizada por Elvira y Edurne, como puede leer a continuación:

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Poesías al momento

POESÍAS AL MOMENTO

En la biblioteca municipal de Tudela (como un sendero poético más de los muchos que ha ido, ora desbrozando, ora tejiendo, de manera mancomunada, el capital humano que presta sus servicios en las bibliotecas públicas de la Ribera, fungiendo, ya de meros exploradores, ya de claras hilanderas), nada más entrar en la sala habilitada para uso exclusivo del público joven y adulto, a mano izquierda, anteayer colocaron un panel, en el que bajo un cartel que exhibía, a modo de reclamo, el rótulo de “Poesías al momento”, pretendía recoger los versos que hubieran podido repentizar minutos antes, durante o después de haber hecho uso correcto de sus plurales herramientas quienes hubieran acudido en esa oportunidad a su sede.

Por la tarde, el abajo firmante, mero aprendiz de ruiseñor, a quien le gusta colaborar con quienes se lo piden y en cuanto puede, estrenó dicho espacio con el propósito de que otras/os poetas siguieran la senda inaugurada por él y escribió esta redondilla, que tituló, precisamente, así, “REDONDILLA”, y firmó con su seudónimo por antonomasia, Otramotro:

“Su mirada te confiesa
Lo que su corazón siente,
Que te ama (no, no te miente),
Aunque te parezca aviesa”.

Ayer, por la mañana, antes de que mis dedos empezaran a saltar, pulsar y/o bailar sobre las letras, números y signos diversos del teclado de uno de sus ordenadores (soy usuario habitual, regularmente de mañana y tarde, del susodicho recinto libresco), nadie se había animado a dejar una escueta muestra siquiera de lo que le había inspirado inesperadamente su musa/o. Así se lo hice saber, tras darle los buenos días, a una de las bibliotecarias, Pilar, que estaba llevando a cabo lo que fuera detrás del mostrador. Y le comenté que tal hecho no me empujaba ni incitaba a seguir urdiendo en dicho panel mis versos, pues me daba cierto reparo (no era mi deseo ni mi intención acaparar dicho espacio) trenzar en el mencionado panel lo que había escrito mentalmente, mientras bajaba a la calle Herrerías, donde tiene su sede la biblioteca; a lo que ella me objetó que, según su parecer, si fueran más las composiciones que obraran allí, hasta las/os más tímidas/os poetas, tal vez, se animaran a dar cuenta y/o dejar una breve prueba, al menos, de las suyas.

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Lo evidente y lo soñado

LO EVIDENTE Y LO ENSOÑADO

Debo la frase que encabeza este texto al vate (poeta y profeta) Luis Cernuda Bidón (quien, por cierto, para rematar su extraordinario e inmarcesible poema “Si el hombre pudiera decir”, escribió los tres versos con los que, en el caso o supuesto de que el abajo firmante, aun moribundo, estuviera consciente, gustaría despedirse de su amada dama, en la hora fatal, cuando Átropos hubiera decidido cortar el hilo de su vida: “Tú justificas mi existencia: / Si no te conozco, no he vivido; / Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido”), que reunió la obra poética que había trenzado hasta entonces bajo el título global de “La realidad y el deseo” (1936). Esos dos susodichos vocablos, realidad y deseo, hacen inconcusa referencia y/o son los ámbitos que resumen, a grandes rasgos, el conflicto existencial en el que vivió durante una buena parte de su vida.

Está claro que las personas diferenciamos lo público y notorio, lo que hay, lo evidente, y que, de modo incontrovertible, es real, de lo que anhelamos, lo ficticio, lo soñado, ora estando dormidas, ora estando despiertas, que, contradiciendo lo que muchas creen a pies juntillas y así lo expresan, a pesar de los pesares, también lo es, real.

A veces, solo a veces, recuerdo lo que he soñado. Es lo que me ocurrió, verbigracia, la madrugada del domingo pasado, que me desperté habiendo escrito en sueños una décima/espinela. Como la recordaba con fidelidad, para que no se me olvidara, la pasé inmediatamente a mi libreta (este procedimiento es el lógico y normal en quien hace muchos años, servidor, agrupó los siguientes versos bajo el título de “Romance del verbadebelado”: “Literato naufragado, / Cuentacuentos con aletas, / Mideversos con espinas, / Con escamas juntaletras, / Verbarrendido entre peces, / Pecios y otras truculencias / No es el que a pique se ha ido, / Sino el que no halla libreta / Donde verter lo ocurrido, / Ni halla paz, ni puerto encuentra”). Mi confesable anhelo era que en Vistalegre II Errejón le ganara el pulso que le había echado a Pablo Iglesias, por eso mi inconsciente trenzó lo que trenzó, el poema que el atento y desocupado lector (sea ella o él) puede leer abajo, como colofón a este texto, pero a las pocas horas hizo su aparición el tío Paco con la rebaja, desbaratando lo que mi subconsciente había escrito en sueños:

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Miércoles, 29 de marzo

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