El Blog de Otramotro

Celebro que te guste el resultado

CELEBRO QUE TE GUSTE EL RESULTADO

Dilecta Pilar:

No entiendo que sea muy bueno mi análisis, según juzgas, y, a la par, que no haya acertado servidor en el mismo. Algo no cuadra o encaja (a mí, por lo menos). Ya me lo explicarás.

Acabo de conjeturar que acaso mi análisis parta y peque de un prejuicio (que, en sentido estricto, no lo es). El conocimiento previo que tengo de tu persona y existencia ha podido influir (mucho) en mi estudio (reconozco, sin ambages, que lo ha hecho, en una buena parte). Y eso ha propiciado que todo me haya cuadrado más fácilmente. Quien comente tu poema sin conocerte tal vez haga un análisis más certero. Puede. Abajo te mando cómo aparecerá publicado (a ver si puede ser durante la semana en curso).

No refuto que ese fuera el propósito de tu poema (que, en realidad, son dos e independientes, según me comentas y te agradezco sobremanera que me hayas sacado de mi error, porque pensé que era una continuación o segunda parte), ponerte en la piel de otras mujeres, pero, al ser tú una de ellas, más o menos disfrazada o metamorfoseada, cabe identificar alguna de las experiencias vividas por ti en las que relata la autora/protagonista de tu poema, mera adición o sumatorio de las mentadas; y, como supongo que a ti también te pasa lo que nos suele ocurrir a todos, que nos vamos conociendo más profundamente a nosotros mismos conforme conocemos más a los demás, y viceversa, algo tuyo (que ha podido ser vivido por otras féminas también, por supuesto), aparece en algo de lo que cuenta la hacedora de esos versos (que llevan tu firma), una luchadora en toda la regla, como tú (eso conjeturo), que contiene tu composición poética.

Lo que me cuentas en el correo al que doy oportuna respuesta habla de tu perseverancia a todo trance. Aunque no conozco al destinatario del álbum, felicítale de mi parte. Espero y deseo que sepa valorar tu ingente trabajo.

Era más serio que su hermano, Ángel. Tengo buen recuerdo de ambos.

Lamento mucho lo que me apuntas (perdóname la zumba, sin dispararme).

Dejémoslo en que, al final, te he comprendido (aunque acaso sea más justo decir que he ejercido de uno de tus amigos y he hecho el esfuerzo de comprenderte)... a medias. Celebro que te guste cómo ha quedado, el resultado.

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¿Pilar? ¡La mejor del orbe!

¿PILAR? ¡LA MEJOR DEL ORBE!

No sé si el mejor del mundo
El don de ser oportuno
Debe tener; el de tuno
Ha de exhibir un segundo
Por lo menos, Segismundo.
Sé que la mejor del orbe,
Aunque escucharlo/leerlo le estorbe
A quien mejor mujer crea,
Es Pilar. ¿Por qué la brea
La que sopla cuando sorbe?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Elegía a la herejía

ELEGÍA A LA HEREJÍA

—Ligas menos que un Ribera
Del Duero con Coca-Cola.
—Te vas a quedar muy sola.
Sé que no eres la primera
Y no serás la postrera
En decir una herejía.
Si te lavas con lejía
La mui, los dientes, la boca,
Proclamarás lo que toca:
Ya se ha urdido la elegía.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Espero que las haya, que las halles

ESPERO QUE LAS HAYA, QUE LAS HALLES

Dilecta Pilar:

Esta mañana he llegado a barruntar que estabas enferma (celebro mucho, muchísimo, haberme equivocado), porque he acudido a la Librería/Papelería “El Cole” (como hago a diario) y no he podido leer (hoy, precisamente, que había ejemplar a disposición de este menda) tu artículo (como todos los viernes; luego he sabido las razones) en el Heraldo. En tu espacio habitual, he leído el artículo de Fermín Bocos sobre el PSOE, que no remonta.

De nada. Acabo de hacerlo (ojearlo). Y es que, como soy un lego en esto de los adjuntos y “pedeefes”, no te extrañe que no te haya comentado nada al respecto. Pinché en el cuadrado de la foto y pensé que el otro era lo mismo. Ya perdonarás que sea un pez en estas aplicaciones o menesteres. Volveré sobre mis pasos y leeré, al menos, a ver si puedo esta misma tarde, tu poema.

Ya, ya, he comprobado que habías pedido permiso.

El tiempo está loco, loco (¿Sabes aquel que dice —recordando a Eugenio— que uno le pregunta a otro: ¿Has colocado bien al reloco? Y el otro le contesta al uno con otra pregunta: ¿A cuál de los políticos patrios te refieres? Porque lo cierto es que hay dónde elegir; y el abanico es muy amplio).

Yo sí sé lo que te ha costado (no lo sé a ciencia cierta, porque no he visto cómo lo hacías —ayudada por un deudo—, pero algunas referencias al respecto, que no han sido pocas, he leído). Celebro que hayas coronado o rematado la obra que tenías entre manos (prefiero la imagen del mosaico a la del puzle, porque prefiero las teselas a las piezas —no me hagas caso; ya sabes que me peta ser zumbón; vienen a ser lo mismo, una mera variante de la metáfora; como hace el escritor con las palabras, las tildes y los signos de puntuación, ajustarlas, cuadrarlas, encajarlos—), el álbum.

Lo leí el sábado por la tarde y escribí mi crítica literaria (primera versión) en el texto que te envié (lo titulé “Por donde más oscuro está amanece”) en correo aparte. Al parecer, no lo has leído. Te lo reenvío abajo. Ten en cuenta, itero, que es la primera versión. Y habrá adiciones, supresiones y correcciones o enmiendas.

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Puede que su lectura te relaje

PUEDE QUE SU LECTURA TE RELAJE

Dilecta Pilar:

He ido, he ido. Por cierto, como en él hablo sobre uno de mis viajes en tren, abajo te mando el último texto que ha visto hoy la luz en mi bitácora. A ver si lo lees y te ríes un rato; es muy guasón. Puede que su lectura te relaje y eso contribuya a que retomes luego la tarea que tienes entre manos con nuevos bríos o ímpetus.

Si te parece, por seguir con la coña marinera, cuando me lo den, tendré que hacer referencia (se impondrá la misma) explícita a esta urdidura (o “urdiblanda”). Seguro que, si tal cosa ocurre, nadie pondrá en tela de juicio la tesis que vengo sosteniendo desde ni se sabe cuánto tiempo, el carácter profético de la literatura.

Mucho me temo que, si me dieran el Nobel, no haría falta avisarte (a no ser que estuvieras perdida en medio de un desierto o de una selva, óptimos o pésimos —depende de la perspectiva o el punto de vista— lugares para perderse). Sería una magnífica oportunidad de comprobar si Estocolmo es el colmo de los colmos, juicio o prejuicio que sostuvo otrora quien lo escribió, ayudándose de una navaja, cuchillo u otro útil cortante semejante, en la corteza de un olmo. Te confieso que no fui yo, por si tu imaginación había echado a volar y especulado con ello.

Me gusta la portada de vuestro libro coral de Lucena. Los pájaros parece que le salen a la fémina de la cabeza. Aunque la expresión coloquial “tener (muchos) pájaros en la cabeza” tiene mala prensa, yo siempre he procurado quedarme con la parte buena (el aroma que exhala), que también porta y a mí es lo que más me importa.

Te va a quedar el álbum (por las horas que has echado o invertido en él) digno de merecer el Premio Nobel de Arte (que acaso algún día la Academia Sueca lo dé y te lo den a ti, además del de Literatura, claro).

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Si en algo servidor puede ayudarte,...

SI EN ALGO SERVIDOR PUEDE AYUDARTE,...

Dilecta Pilar:

Te contesto, como el rayo, a los dos correos en este. Tengo pendientes de escribir las tres décimas que he urdido durante el finde.

Como acabas de comprobar, hoy no ha hecho puente la biblioteca de Tudela. Desde uno de sus ordenadores te trenzo estas líneas.

Gracias a ti, por propiciar que mis epístolas existan. Tú, con tus comentarios o correos, eres la causa de que las componga.

De todo hay en la viña del señor. Hay a quienes les gusta lo que cuento y a quienes les peta aún más cómo lo cuento, poco más o menos, lo que dijo Cervantes por boca de uno de sus canes (Cipión a Berganza: “Y quiérote advertir de una cosa, de la cual verás la experiencia cuando te cuente los sucesos de mi vida; y es que los cuentos encierran y tienen la gracia en ellos mismos, otros en el modo de contarlos”) en su famosa novela ejemplar “El coloquio de los perros”, que viene a completar otra, “El casamiento engañoso”.

Ayer bajó mi cuñado Jesús a por mí a Tudela. Mi sobrino Adrián se confirmaba en Cascante. Luego comimos bien en el tudelano restaurante De Miguel, cuyos caldos y viandas hemos degustado otras veces.

Ya sabes. Todos nos equivocamos. Lo que tenemos que hacer, cuando tal cosa ocurra, es procurar enmendarnos cuanto antes, como viene recomendando, desde ni se sabe cuánto tiempo hace, Confucio.

Si en algo servidor puede ayudarte,...

No me extrañará, pero te extrañaré, te echaré de menos. Es, mutatis mutandis, lo de “El principito”, de Antoine de Saint-Exupéry: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, empezaré a ser feliz desde las tres”. A ver si sales airosa (es mi deseo y mi esperanza) de esa contrarreloj.

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Chupinazo

CHUPINAZO

Desde que tengo uso de razón, siempre he luchado (quien haya superado la mayoridad habrá constatado que vivir es una pugna constante por sobrevivir) por alcanzar o conseguir lo que deseaba y me satisfacía, atrapar o capturar a todo trance un “cronotopo”, o sea, el lugar apropiado en el momento oportuno. Evidentemente, en medio de dicho “cronotopo” siempre me hallo yo, ora como protagonista, ora como testigo directo, con capacidad para desdoblarme y replegarme, es decir, adoptar un papel u otro, según sea mi voluntad.

Si estoy, por ejemplo, en la Plaza Nueva (o de Los Fueros) de Tudela un veinticuatro de julio, minutos antes de que den las doce del mediodía en la Casa del Reloj, empiezo a pensar que se pueden escribir unos renglones torcidos sobre ese instante concreto, en el que una muchedumbre, vestida como yo, con prendas blancas y rojas, aguarda, con alegría contenida, que comience la fiesta.

Tras escuchar tres vivas (a Navarra, Tudela y Santa Ana), imagino que, impulsado por una repentina fuerza descomunal, asciendo raudo, como una flecha, por los aires hasta que llego a la altura adecuada, doy de lleno en el blanco o centro de la diana idónea y exploto.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


La de billar bola blanca

LA DE BILLAR BOLA BLANCA

Hay quien un montón disfruta
De bola blanca ejerciendo,
De estimulador fungiendo,
Esto es, marcando la ruta
Que seguirá hasta la gruta
Sobre el tapete otra bola,
A la que mucho le mola
Que de refilón le dé;
La última, negra, se ve
Ya en la tronera; no es trola.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sólidos indicios

SÓLIDOS INDICIOS

Hace dos semanas justas (sé que era martes, porque todos los tales, siempre que no caiga en fiesta de guardar, bajamos andando juntos al pedazo —no me consta que él se haya referido alguna vez a esa pequeña porción de terreno, cercada, donde cultiva verduras, legumbres y algunos árboles frutales, sendas parejas de cerezos, manzanos y perales, una higuera y un nogal, que él siempre llama “nocero”, con los nombres habituales de huerto, huerta u hortal— que tiene en La Mejana a hacer alguna labor, la que él, dueño del terreno, manda), cuando llegué a casa de mi dilecto y soltero amigo Emilio González (le llevaba, recién lavado y secado, el táper, vocablo al que el DLE ya le ha dado su aprobación, bienvenida, entrada o plácet en su seno, o sea, el recipiente de plástico donde me había llevado a casa parte de los caracoles que él había cogido allí unos días antes tras una breve, pero intensa, chaparrada —y que, tras haberles dado varias aguas, quiero decir, haberlos limpiados a conciencia y una vez engañados, habían quedado listos para ser hermanados con otras viandas—, con los que él me había obsequiado), “Metomentodo”, este, de la solapa superior de una caja de cereales, con la inestimable ayuda de unas tijeras, andaba recortando unos trozos de cartón y, a renglón seguido, doblándolos. Recuerdo que le pregunté a qué fin hacía aquello y lo que me contestó, que, si con ellos obtenía el resultado apetecido, el que esperaba, otro día me contentaría al contármelo por extenso.

“Metomentodo” lleva jubilado los mismos años que el menda, diez, y por idéntico motivo, por incapacidad laboral absoluta. Lo conocí en el tudelano Hospital “Reina Sofía”, HRS, donde, compartimos habitación unos días antes y varios después de ser operados del mismo mal, cáncer de colon. Yo, por buscar alguna diferencia entre ambos, de manera extraordinaria, pasé un día largo, pero que se me hizo muy corto en el tiempo, en el cielo, donde unos ángeles (no entraré en las proverbiales y medievales discusiones bizantinas de si eran femeninos o masculinos) me cuidaron estupendamente en una de las habitaciones de la UCI de dicho recinto hospitalario. A él le quitaron veinte centímetros de intestino grueso y a mí, que me localizaron dos tumores incipientes, ¡menos mal!, casi medio metro.

Como durante los tres años posteriores a nuestro primer paso por el quirófano coincidimos tantas veces en las salas de espera anexas a las consultas de los diversos especialistas en el aparato digestivo y cirugía de los hospitales de Pamplona (donde ambos fuimos intervenidos también en varias ocasiones) y Tudela, probamos y comprobamos que seguía vigente esa paremia irrefutable, pues contiene una verdad incontrovertible, que dice que “el roce hace el cariño”; en plata o a la pata la llana, que, con el lento paso del tiempo y la mutua aportación, vinimos a establecer y estrechar lazos de una verdadera y duradera amistad, vaya.

Mientras no caiga en las garras o las fauces del alzhéimer, siempre recordaré con hilaridad la divertida anécdota referida al pedazo de “Metomentodo” la primera vez que me acompañó Isabel, mi esposa, a conocerlo. Como yo escuchaba a Emilio hablar sin parar del pedazo y ella, a su vez, me oía perorar sobre esto, eso o aquello del dichoso y redicho pedazo, la primera vez que pisó mi mujer el susodicho terreno “Metomentodo” se tiró un estruendoso y fétido pedo (allí, entre nosotros, seguía en vigor o regía la costumbre que había implantado su abuelo paterno, José, en Turruncún, que, grosso modo, aún dice lo que decía, que uno podía ejercer de Alonso Quijano, o sea, fungir del Quijote, y, por tanto, irónicamente, liberar una cuerda de presos sin tener que dar explicación de ello a nadie) y ella soltó una expresión que venía a dar cuenta de la perfecta fusión, que no daba pie, no, a una confusión, de las dos ideas que pugnaban por salir a borbotones, en tropel, de su mui: “¡Vaya pedazo!”.

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Breve etopeya de un tonto

BREVE ETOPEYA DE UN TONTO

Hace dos meses largos, yendo de copiloto en un coche (como soy un lego en dicha materia —ni siquiera tengo carné de conducir—, siento no poder ofrecerle a usted, atento y desocupado lector —sea ella o él—, información más exacta y exhaustiva sobre la marca y el modelo del turismo), que conducía uno de mis hermanos, una ocupante del asiento de atrás comentó que cierta persona (que, por la razón que fuera —si no la indico o señalo es por la sencilla obviedad de que la he olvidado—, había salido a relucir en la conversación) era un ignorante, un inculto, un tonto (ahora no rememoro con fidelidad si, como acabo de hacer yo aquí, ella respetó también el mismo orden con el que las tres voces, los tres adjetivos, aparecen en el DRAE) de remate. Recuerdo que, tras evocar lo que dicen que dijo un genio, Albert Einstein (“Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”), apostillé que el tiempo, ese juez imparcial y supremo que da y quita razones, y los hechos, que bien vienen a ratificar, bien vienen a rectificar, los pareceres dados a propósito de lo que fuera, abundarán y apoyarán nuestro criterio o discreparán de él e intentarán refutarlo y abatirlo.

Bueno, pues varios actos (unos tienen que ver con acciones y otros con inacciones del sujeto en cuestión), mancomunadamente, se han puesto de acuerdo para darle la razón a quien vertió su opinión negativa sobre el interfecto.

Remedaré una añagaza de Cervantes en “El Quijote” y no expresaré el nombre ni los apellidos del zo(que)te. Ahora bien, me apuesto doble contra sencillo con usted, lector/a, a que, con toda seguridad, en el supuesto de que el zopenco (por neto milagro o pura serendipia) lea esta breve etopeya sobre su persona (suceso harto improbable, porque me consta que el botarate lee poco y lo poco que lee no suele interpretarlo en su recto sentido), no se dará por aludido.

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Es Pilar y no Emma, artista

ES PILAR Y NO EMMA, ARTISTA

“Ama el arte. De todas las mentiras es, cuando menos, la menos falaz”.

Gustave Flaubert, en “Madame Bovary”.

—Como la protagonista
De una de Flaubert novela
Se llama quien me camela.
—Marras en el nombre, arpista.
Es Pilar y no Emma, artista,
La gracia de pila de ella,
De quien brilla como estrella
En el actual firmamento.
—Como aciertas, no lamento
Que airees verdad tan bella.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Qué se deshace en resabios?

¿QUÉ SE DESHACE EN RESABIOS?

El beso, que es para vates
La razón de batir palmas,
Por ser la unión de dos almas,
Que parecen dos orates
Armados con alicates
Cuando separas sus labios,
Para científicos sabios
Es un sencillo trasvase
De microbios o un desfase
Que se deshace en resabios.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Miércoles, 15 de agosto

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