El Blog de Otramotro

He aquí mi ruego, Expedito

HE AQUÍ MI RUEGO, EXPEDITO

Dilecto Expedito, patrón de las causas justas y urgentes, intercede por mí ante Nuestro Señor Jesucristo para que acuda en mi auxilio en este momento de extremas aflicción y desesperanza (propia y aneja, ajena).

Dilecto san Expedito, tú, que eres protector de las/os militares, las/os jóvenes, las/os cajeras/os, las/os afligidas/os, las/os desesperadas/os,..., ampárame y abastéceme de coraje, fuerza, seguridad y serenidad.

Acoge favorablemente y ejecuta con prontitud el ruego que a continuación te hago: que no se celebre el referéndum ilegal catalán o, en su defecto, en el supuesto de que incluso esto resulte imposible para ti, que no se lleve por delante a nadie, o sea, que no ocasione ningún muerto.

Dilecto Expedito, ayúdame a superar estos días difíciles. Defiéndeme con tu égida de cuantas/os pretenden o molestarme o perjudicarme, y acoge, bajo tu manto, a mis seres más allegados y queridos, amigas/os y familia.

Te ruego, con especial encarecimiento, que no eches en saco roto mi petición y la corones con tu proverbial diligencia.

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Le propongo que sea mi amanuense (II)

LE PROPONGO QUE SEA MI AMANUENSE (II)

“Permítame que insista”, como decía ayer el hoy “todista” Matías Prats en el anuncio de Línea Directa, pero para escribir literatura hogaño conviene ejercer el mismo o parecido oficio que fungía antaño un bululú (que, según la primera acepción que de tal vocablo da el DRAE, significa: “Comediante que representaba obras él solo, mudando la voz según la condición de los personajes que interpretaba —poco más o menos como debía hacer, según una copla del corrector Alonso de Proaza, el primer cuentacuentos de “La celestina”, de Fernando de Rojas: “Si amas y quieres a mucha atención, / leyendo a Calisto mover los oyentes, / cumple que sepas hablar entre dientes: / a veces con gozo, esperanza y pasión; / a veces airado con gran turbación. / Finge leyendo mil artes y modos, / pregunta y responde por boca de todos, / llorando y riendo en tiempo y sazón”—).

Así las cosas, le hago hoy idéntica propuesta a la que le hice la semana pasada, atento y desocupado lector (sea ella y como la miel y se llame, efectivamente, Natalia; o él y como la hiel y su gracia sea, verbigracia, Miguel), que sea o siga siendo mi amanuense, que continúe copiando cuantas palabras profiera mi boca.

Imagine (¡qué contrasentido!, sí) que, por arte de magia blanca, usted ha dejado de ser, ipso facto, Natalia o Miguel, la/el copista de Otramotro, y se ha transformado en bombera/o; y que este menda se ha metamorfoseado, por arte de birlibirloque, en el reciente escritor invidente (ergo, inexperto en cecografía, lego en el alfabeto o sistema ideado por Braille) Homero Borges.

Imagine que en su ciudad natal (que no es en la que actualmente reside, la capital de la provincia) ha habido un terremoto morrocotudo y muchos de sus edificios son ahora escombros, ruinas.

Imagine que usted forma parte del grupo voluntario de su unidad que se ha desplazado a la villa donde impera el caos, donde reina la desolación, para echar una mano (sensu stricto, las dos) y que, tras oír el falto de vigor auxilio salido de una voz débil, ha llegado por una veintena de huecos hasta donde se halla una persona (poco importa su sexo) a la que una columna le ha atrapado las dos piernas y padece unos dolores inaguantables.

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Una mosca cojonera

UNA MOSCA COJONERA

“(...) una mosca cojonera que quiere ser una mosca cojonera deja de serlo en el acto (...)”.

Javier Cercas

—Ojalá sea algún día
Una mosca cojonera,
Como lo fue, a su manera,
Unamuno, que cundía
Como cien, mas no se hundía.
—Ojalá yo removiera
Las conciencias como hiciera
Otrora “Fígaro”, Larra,
Que tanto dio la tabarra
Y fue, sin duda, una fiera.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Gregorio es entrañable y admirable

GREGORIO ES ENTRAÑABLE Y ADMIRABLE

“Era lo bastante listo para conocerse a sí mismo, lo bastante valiente para ser él mismo y lo bastante insensato para cambiarse a sí mismo y, al mismo tiempo, seguir manteniéndose auténtico”.

Patrick James Rothfuss, en “La música del silencio”.

De los tres Gregorios, tres, sobre los que me dispongo a discurrir brevemente en este opúsculo, atento y desocupado lector (sea ella o él), a quien le tengo más cariño y le estoy más agradecido es a mi tío (lo llamo así, aunque, en sentido estricto, no lo es) Gregorio. El esposo de mi tía Ramona, que, en realidad, era prima segunda de mi padre, y la recién mencionada nos abrieron de par en par hace muchos años la puerta de su casa en Tórtoles, barrio turiasonense, a toda nuestra familia. No estoy seguro de si fue la primera vez que subimos a Tarazona, pero recuerdo, aunque de manera desdibujada, la ocasión en la que mis hermanos varones y servidor vestíamos camisas estampadas con diversos tipos de barcos y pantalones cortos de color azul marino.

Aunque casi todas las semanas llamo y hablo por teléfono con mi tía Ramona (se pone menos veces mi tío, nonagenario), que viven en una residencia especialmente acondicionada o habilitada para cuidar a personas de la tercera edad, creo que no los veo desde que acudieron con Gabriel, su hijo, al tanatorio a darnos el pésame a mis hermanos y a mí con la tristísima y desgarradora nueva del fallecimiento de nuestra progenitora. ¡Cómo lloraba (demostraba así, sin decir palabra, su mucho pesar por la pérdida de nuestra madre) nuestro tío Gregorio!

Le confieso, sin ambages, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), que estoy en deuda con Gregory House, protagonista de la serie televisiva, desgraciadamente, ya clausurada (¡qué pena, pues sus guionistas —con quienes, en puridad, tengo el débito— habían conseguido asimilar la inmarchitable lección de Horacio, o sea, habían logrado extraer todo el jugo o sacado el máximo provecho a los versos 343 y 344 de su “Arte poética”, es decir, a su sabia recomendación de mezclar lo útil con lo dulce!), que se tituló, precisamente, así, como su primer apellido, “House”; porque no solo le debo los buenos ratos que me ha hecho pasar viendo/escuchando sus episodios, sino que me ha abastecido sin querer, involuntariamente, de un número ingente de ideas con las que he procurado enriquecer algunas de mis urdiduras (o “urdiblandas”) en verso o en prosa.

El ficticio doctor House (personaje creado por David Shore), especialista en enfermedades infecciosas y nefrología, casi casi un trasunto de otro personaje ficticio, Sherlock Holmes, el detective salido del magín de Arthur Conan Doyle, eso sí, puesto al día, remozado, modernizado, no obstante sus notorias soberbia intelectual, misantropía (rehúsa, si pude, el contacto con sus pacientes) y egolatría, su manifiesto infantilismo (a veces actúa como si fuera un crío, apostándose con su amigo Wilson, por ejemplo, a ver quién consigue que su gallina —cada uno la suya— pase inadvertida más tiempo a los ojos escrutadores de los agentes de seguridad del hospital, o jugando en dicho recinto con helicópteros teledirigidos), resuelve casos difíciles, salvando, salvo contadas excepciones (la muerte de una paciente, empero, verbigracia, le sigue obsesionando, rondando o gravitando sobre su pesquis, hasta una década después), la vida a numerosos pacientes. Su adicción a la vicodina y al juego (si invierte en bolsa y chantajea a un paciente, rico empresario, es para conseguir que vuelvan a trabajar con él Chase y Taub), el frecuente uso que hace del sarcasmo y su frase proverbial de que “todo el mundo miente” serían ingredientes fundamentales, imprescindibles, de cualesquiera etopeyas que de él, un médico singular, inolvidable, inconfundible, genial, distinto y distante, se hicieran.

A pesar de que en algunos momentos u ocasiones llega a resultar detestable, insoportable e insufrible (incluso para los miembros de su equipo —Foreman, Cameron, Chase, Kutner, “Trece”, Taub, Masters, Adams, Park—, que, antes o después, llegan a la conclusión de que es un médico excepcional, fuera de lo común; para Cuddy, la directora médica del apócrifo Hospital Universitario Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey y, durante algún tiempo, su pareja; para su —¿único?— amigo, el oncólogo Wilson; y acaso también para el espectador, fan o no de la serie), en otros/as todas/os las/os mentadas/os antes, arriba, se lo comerían a besos por ser un hacha o lince en lo suyo, diagnosticar enfermedades y prescribir los medicamentos oportunos para que las/os pacientes sanen, y por tener salidas inopinadas, desopilantes.

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Convéncete: estarás sola

CONVÉNCETE: ESTARÁS SOLA

—Sé que todas las personas,
Como House dijo, engañamos.
—Solo las que algo amañamos.
—Si alguien te miente, te enconas,
Te irritas y no perdonas.
—No es una añagaza o bola:
Tenerte al lado me mola,
Y ser fiel y servicial.
—Si anhelas ser especial,
Convéncete: estarás sola.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.co
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Vuela a Palma a ver a Elicio

VUELA A PALMA A VER A ELICIO

(QUE ES SU IMPAR NOVIO VIRTUAL)

MI PRIMA ELVIRA PASCUAL

(QUE NO SEA MÁS QUE PICIO)

Ojalá tu anhelo encaje
Con tu ardiente voluntad
Y a tu fe y felicidad
Contribuya el equipaje
Que has aviado para el viaje.
Que te haga un tiempo propicio;
No te ocurra un estropicio;
Y, además del paisanaje,
Sea tu aliado el paisaje;
Y tan feo o más que Picio
No sea tu novio Elicio.

Edurne Gotor, “Metonimia”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Léame y se leerá

LÉAME Y SE LEERÁ

Escribamos en prosa o en verso, o no escribamos nada de nada, todos los seres humanos, todos, sin excepción, sin importarnos ni importunarnos un solo ápice o pizca cuál sea nuestro sexo, somos (podemos pasar por o aparentar ser) libros, libres libros que nos hacen, precisa y preciosamente, libres.

Así las cosas, como nada de lo humano le (y me) es ajeno, si usted, recientemente, verbigracia, ha perdido por las razones (o sinrazones) que sean a una/o de sus allegadas/os; si ha recibido el enésimo revés sentimental (le han vuelto a dejar por otra/o y a sentirse lo acostumbrado, una mera piltrafa), le recomiendo con especial encarecimiento que siga leyéndome; si lo hace, tal vez deduzca lo que conviene o viene a cuento, que se lee a sí misma/o y logre interpretarse correctamente y, como lógica consecuencia, alcance la extraña bendición (o la rara maldición), que es llegar a la cima, conocerse, entenderse.

Quien lee (lo trenza para usted —y para sí mismo— el lector empedernido que es servidor) suele encontrar en lo que está leyendo en ese concreto momento, tras haber naufragado el bote o buque que, por los motivos que fueran, dejó de mantenerse a flote, una tabla de salvación, que a mí me gusta llamar el abecé de todo fracaso, porque depara, a la vez, el triángulo o la solución amable: alivio, bálsamo y consuelo.

Acaso no sea siempre la panacea, el remedio para cualesquiera males habidos o por haber, pero sí es en numerosos casos el libro que una/o anda leyendo un botiquín de primeros auxilios para el lacerado espíritu.

Horacio acertó de lleno en el centro de la diana cuando escribió en latín los versos 343 y 344 de su celebérrima “Epístola a los Pisones” (obra conocida también por otro título, “Arte poética”): “omne tulit punctum qui miscuit utile dulci, / lectorem delectando pariterque monendo” (“todo el galardón se lo llevó quien mezcló lo útil con lo dulce, al lector deleitando y al mismo tiempo amonestándolo”).

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Sin tacto, con ambiciones

SIN TACTO, CON AMBICIONES

Como aquí acontecimientos
Ya no hay, sí interpretaciones,
Encapsulo anotaciones,
Eslóganes, fundamentos,
Que convertiré en cimientos
De mi imperio de emociones,
En lemas de insurrecciones
Electorales, de impacto,
Tal vez ayunas de tacto,
Pero ahítas de ambiciones.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Santallana? ¡Un bululú!

¿SANTALLANA? ¡UN BULULÚ!

Dilecto amigo y heterónimo/seudónimo, Otramotro:

Como sé que te encantan los cuentos, me dispongo a narrarte (a ver si lo hago con arte y, así, logra agradarte) uno que se lo escuché relatar a un bululú que acaso ignoraba que lo fuera, y, además, excelente.

Como te consta, me encuentro, desde el pasado jueves, 20 de los corrientes mes y año, disfrutando de mis merecidas vacaciones estivales en la mayor de las islas canarias, Tenerife. Ayer, quinto (y, si hacemos caso al dicho, no lo hay malo) de mis afortunados días de asueto, me desperté sin haber puesto la alarma del móvil (ergo, sin que la mentada sonara) a las siete y media de la mañana, hora canaria, como es hábito arraigado en mí, mientras discurren, por lo general, las dos semanas placenteras que, desde hace más de tres lustros, suelen durar mis veraniegas estancias anuales en la isla donde se yergue imponente el Teide.

Recordé, nada más abrir los ojos, fielmente, el último sueño que había tenido (desconozco si, mientras dormía, tuve alguno/s más). Había escuchado, embobado, el relato preciso y precioso que había coronado uno de mis excompañeros de Navarrete, Álvaro Santallana Risueño (que, desgraciadamente, murió hace algún tiempo, tras sufrir un infarto de miocardio): después de haber padecido un compañero suyo (ahora no me cabía la menor hesitación de que se estaba refiriendo a mí) un luctuoso accidente de tráfico, no dudó en buscar y hallar apropiado compañero de viaje en un colega de ambos, Carlos Jesús Rojo Manzano, desplazarse desde Zaragoza a Tudela y acudir al hospital para hacerme un visita y darme ánimos.

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¿Comodón, mas peleón?

¿COMODÓN, MAS PELEÓN?

Un circo es hoy la política.
No falta el funambulista,
El payaso, el trapecista,
El domador de la mítica
Manada impar, paralítica.
Si en la boca de un león
Mete su testa un peón
Y a quien le lanzan cuchillos
Aguanta sin soltar chillos,
¿Urge o no ser peleón?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Verdades vomita el ebrio/Ebro?

¿VERDADES VOMITA EL EBRIO/EBRO?

“Yo nunca quise estar entre los grandes, nunca quise envidia, nunca quise fama. Solo los borrachos y los niños dicen la verdad, y yo soy el borracho medio niño que te jode con su clap”.

Javier Ibarra Ramos, más conocido en el ámbito artístico, entre otros seudónimos, por Kase.O.

“El éxito puede ser
Nulo, parcial o completo”
Dijo, de vino repleto,
Tras esas voces coser,
A quien le dio por toser,
Bascas tener, vomitar,
Sin que saliera evitar
El exceso cometido,
Por lo de más ingerido,
Y empezar a tiritar.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Calló y no volvió a burlarse

CALLÓ Y NO VOLVIÓ A BURLARSE

—Escribamos o no, todos
Convertimos nuestra vida
En una historia atrevida
O precavida. Los modos
Son como los ene apodos.
—Quien solía guasearse
De todo y todas/os, mofarse,
Asimismo, de sí mismo,
Cayó un día en un abismo,
Calló y no volvió a burlarse.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Viernes, 22 de septiembre

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