El Blog de Otramotro

De todo hay en la viña del señor

DE TODO HAY EN LA VIÑA DEL SEÑOR

(¿QUE NO HAY CASUALIDADES? ¿QUIÉN LO DIJO?)

(ANHELO QUE SE INFIERA LA IRONÍA)

Hoy, en la presente urdidura (o “urdiblanda”), me dispongo a disertar sobre la presunta actitud reprochable de los nueve profesores (ellas y ellos) del Instituto de Enseñanza Secundaria El Palau de Sant Andreu de la Barca (Barcelona) que la Fiscalía Provincial ha denunciado por señalar y humillar a algunos de sus alumnos por el solo hecho de ser hijos de guardias civiles, presunto comportamiento que tuvo su origen inmediato en los hechos que ocurrieron la víspera en Cataluña con ocasión del referéndum ilegal del 1-O.

Como lo precipuo o principal debe ir delante, en cabeza, lo primero que se impone, al ser España un Estado de derecho, es señalar y aseverar lo pertinente, distintivo y relevante, que, mientras no haya una sentencia firme, la presunción de inocencia ampara a los nueve profesores, o sea, que, a la espera de los resultados que depare la instrucción judicial de la causa, los hechos son provisionalmente constitutivos de un delito de lesiones contra la dignidad de las personas en concurso con otro contra la integridad moral; y, además, un delito de injurias graves contra los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

A veces, nuestras opiniones sobre los diversos asuntos de la realidad no se fundamentan en sesudas pruebas científicas, ni siquiera en encuestas, muestras o sondeos, verbigracia, que las apoyen, sino en lecturas rápidas y someras de noticias o breves conversaciones telefónicas con colegas o simples correos (más o menos extensos) que cruzamos con ellos, cuyas conclusiones luego extrapolamos.

Vaya por delante mi criterio al respecto. En el ámbito de la docencia, en concreto, de la enseñanza secundaria, en España, cabe distinguir e identificar profesores excelentes, buenos, mediocres y malos. Ejemplos de esos mismos cuatro grupos podemos encontrar en los institutos catalanes y, aunque a usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, le sorprenda este dato (que acaso entre en conflicto o no con su prejuicio), asimismo, sí, también, entre los docentes (se confiesen o no, lo reconozcan o no) partidarios de la independencia y segregación de Cataluña y entre los favorables a la unión.

Iba a dar aquí remate provisional al texto cuando he leído un comentario que alguien había hecho a la citada noticia en la edición digital de cierto diario, apostilla que me ha hecho indagar, leer y reflexionar.

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Montoro en la mentira se da entero

MONTORO EN LA MENTIRA SE DA ENTERO

(SÍ/NO URDIÓ ESTA CARTA APÓCRIFA A OTRAMOTRO)

(TACHE USTED EL ADVERBIO IMPERTINENTE)

Dilecto Otramotro:

No me extraña nada (de nada) que tú, un ciudadano libre de la república literaria, como tu memorable maestro (aunque jamás te diera clases) fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, de quien te gusta recordar estas palabras (“las plumas vuelan, colocadas en las alas de las aves; pero no hay movimiento más perezoso que el suyo, puestas en las manos de los hombres”), que escribió en el prólogo (dirigido al lector) del tomo séptimo de su “Teatro Crítico Universal” (1765), expreses lo que ideas, esto es, lo que hoy, verbigracia, ha conseguido tamizar como verosímil tu cacumen, que yo, disfrazado de Cristóbal Montoro, en el ámbito de la mentira (que suele encerrar en su redil un montón de verdades) me suelo dar por partes, pero entero.

Como a ti, colega, epígono unamuniano y popperiano, no te puedo embelecar así como así, me avendré a reconocer lo obvio, la fetén, que has estado certero en tu análisis, que has vuelto a dar de lleno en el blanco o centro de la diana, al achacarme a mí y al resto del Gabinete de M. Rajoy, que ninguno, ni por separado ni mancomunadamente, actuáramos, echando mano de la política, cuando y como debimos, en tiempo y forma, porque, si hubiéramos hecho tal cosa entonces, ahora le ahorraríamos a la justicia española el charco en el que, por nuestra dejadez, está metida, pues hubiéramos podido desactivar el complejo mecanismo de la bomba del “procés”, y no que optamos, al salirnos por la tangente, por lo fácil, dejar que el problema se fuera pudriendo paulatinamente hasta que, al fin, explotó, en forma de hongo incomible, estomagante, y, de resultas de ello, a todos nos llegó, al menos, un ápice o pizca de su omnímoda y ominosa pus.

Siguiendo con la misma línea argumental, ahora que la Guardia Civil asevera que tiene constancia documental de que se gastaron 1,9 millones de euros, al menos, de dinero público para que tuviera lugar el referéndum ilegal del 1-O, admitiré, amigo Otramotro, que también tienes razón en lo tocante a que, si he iterado hasta el hartazgo que no hubo un solo euro que fuera a parar al susodicho 1-O, o sea, que no hubo malversación, ha sido para autodefenderme, como has colegido con tino, e intuido que esa, y no otra, podía ser la explicación más plausible y posible de mi pertinaz insistencia. Si yo, el máximo responsable de Hacienda, no he controlado cuanto, cuando y como debía, si no he cumplido a rajatabla con la labor supervisora que tenía asignada, es lógico y normal que haya mentido, como un bellaco, para quitarme ese marrón de encima, porque, si hubiera reconocido que era verdad, el juez competente en el caso me hubiera imputado ya, con razón, una “culpa in vigilando”.

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Soy más de ver películas de vídeo

SOY MÁS DE VER PELÍCULAS DE VÍDEO

Dilecta Pilar:

Acabo de bajar de comprar en Dia. Hoy he gastado menos: 21, 17.

Hiciste bien (como recientemente te recordé los versos de Safo de Lesbos, no te los iteraré) en ir al cine a ver “Handia” (la historia del gigante vasco, si entendí bien, consiguió un montón de premios —tampoco vi la gala de la entrega de los Goya; estaría, no, estaba, seguro, escribiendo la serie de relatos sobre mis peculiares sueños—). Si consigo ir a verla acompañado, iré. No me gusta ir al cine solo, ni ir solo al cine (que voy muy poco, dicho sea de paso; no recuerdo ni siquiera el título del último filme que vi y escuché; soy más de ver y escuchar —y rever y volver a escuchar— películas de vídeo).

Bueno, pues, como te hacen gracia mis juegos de palabras, seguiré con ellos. ¿Sabes cómo he titulado la epístola? “Tuerto o entuerto es agravio que se hace a alguien” (didáctico es, ¿no te parece?).

Si llevas a cabo lo que me has escrito y he leído, en lo concerniente a Rosendo Tello y su nuevo poemario, harás lo razonable y conveniente.

Esta mañana ya te trencé algunas líneas al respecto de tu “Mujeres de cine”. Espero que no se hayan perdido por el ancho espacio internetero y las leas (cuando sea).

A veces, solo a veces (esté o no esté solo), el lenguaje se brinda a estos juegos de palabras a los que soy tan aficionado y a ti tanto te petan.

A mí también me gusta el cine, pero detesto ir solo, porque luego, cuando termina (como me ha ocurrido, pues he constatado que me embargaba la tristeza, aun habiéndomelo pasado estupendamente, pipa, viendo la cinta), ¿con quién comento la película?

A ver si engaño a alguien y veo, por lo menos, “Handia” y “La librería” (sin hesitación, disfrutaría un montón si la viera con Isabel, su directora, o con sus anagramas, Belisa o Lesbia). Hay que reírse “con” y no “de” (pero, como toda regla tiene su excepción, aseveraré que conviene hacerlo y a menudo de uno mismo, que es una manera amena de hacerlo “con”).

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La falta de control, clave del caso

LA FALTA DE CONTROL, CLAVE DEL CASO

¿EL DINERO DE TODOS NO ES DE NADIE?

En el ámbito laboral, el máximo responsable de un grupo humano, el que sea, ha de responder ante el dueño, el jefe, la dirección o la junta de accionistas por lo que cada uno de los miembros que lo conforman haga o deje de hacer. Eso es lo que suele ocurrir en cualquier departamento de cualquier empresa privada. A quien haya trabajado en una o varias y haya ostentado algún puesto de responsabilidad esto le consta a ciencia cierta. Lo lógico es que la empresa le haya provisto de los medios adecuados, necesarios, para controlar que sus subordinados cumplen a rajatabla con las directrices o política de la empresa y las labores o tareas asignadas a cada puesto de trabajo. Insisto e itero que esto es lo asiduo y normal en cualquier empresa privada. Y si el jefe del departamento equis, una vez requerido por su superior, siempre que las obligaciones que tenía de regir, conocer, corregir y prever que el funcionamiento del sector de la empresa a su cargo fuera el idóneo hubieran sido pactadas y firmadas, no sabe qué ha pasado, que ha habido varios accidentes, que ha bajado la producción o que la entrega del producto se ha retrasado, por poner solo tres ejemplos, el responsable máximo, dueño o director, pone al irresponsable directamente de patitas en la calle, por incompetente.

Ya digo que esto es lo que acostumbra a suceder en cualquier empresa privada de este país. Ahora bien, en el ámbito de la política no cursa del mismo modo, o sea, eso es harina de otro costal. Hay políticos (uno halla de todo en la viña del señor) que se esfuerzan, un día sí y otro también, en mejorar las condiciones de trabajo y los resultados, en optimizar los recursos y en tener como norte y reto lograr alcanzar a diario la excelencia, pero hay otros políticos (los que yo llamo de tres al cuarto o politicastros) que, una vez consiguen acceder, ora dignamente, por méritos propios, ora “digitalmente”, nombrados a dedo, a un alto cargo, una mamandurria o sinecura, verbigracia, empiezan a delegar responsabilidades y, a partir de esa crucial decisión o instante, se desencadena un tsumani de proporciones fatídicas, porque, al verse en la cumbre, tiende a creerse que está por encima del bien y del mal, todo le empieza a dar igual o le importa un bledo lo que pase por debajo de él, en los escalones inferiores, porque los responsables de los mismos son otros. Una de dos, o no cae en la cuenta o ignora que en los niveles inferiores ocurre tres cuartos de lo mismo u otro tanto, esto es, que cada responsable de turno va delegando en otros responsabilidades hasta que el trabajo no sale o el control (palabra clave) no se ejerce o no lleva diligente e inteligentemente a cabo, porque ese trabajo fue delegado en otro, que lo transfirió, a su vez, a otro, hasta que el mal explotó y a todos les llegó alguna parte, por escasa que esta fuera, de la omnímoda pus.

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¿Qué ha devenido indigesto?

¿QUÉ HA DEVENIDO INDIGESTO?

Un maestro empedernido,
Experto en altanería
Y en mostrar pedantería,
Por ene fue y es tenido
Quien hoy y aquí ha fenecido
Sus días, “el Vano” Ernesto,
¡Qué suceso más funesto!,
Tras una de juerga noche
Y un accidente de coche
Que ha devenido indigesto.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Tuerto o entuerto es agravio que se hace a alguien

TUERTO O ENTUERTO ES AGRAVIO QUE SE HACE A ALGUIEN

Dilecta Pilar:

Si coincidimos en que lo que es obvio, ciertamente, lo es, no lo manoseemos más, no vaya a ser que devenga, por arte de birlibirloque o sin que haya tenido que intervenir o mediar la magia (blanca, por supuesto), motivo de conflicto.

Una vez hecha la aclaración, celebro que todo haya quedado solucionado; aunque el tuerto o entuerto (¿lo había, de veras, para ti?), “agravio que se hace a alguien”, según la acepción que brinda el DLE, cercano el carnaval, haya venido disfrazado de pirata tuerto.

Tal vez huelgue apuntarlo, pero es mi deseo y mi esperanza que te salga la columna a pedir de boca.

Ojalá puedas asistir a la presentación del poemario de Rosendo Tello. Si vas el próximo 15, y estás con él, te hago el encargo de que lo saludes en mi nombre y en el de todas/os las/os que, por unas u otras causas, no estaremos con él (con vosotras/os) en cuerpo, pero sí en espíritu.

He leído esta mañana (de cabo a rabo; había un único ejemplar en la Papelería/Librería “El Cole” aún sin vender) tu artículo del Heraldo, “Mujeres de cine” (aquí, el sintagma nominal ‘de cine’ tiene, al menos, una doble acepción o valor). Parece que haces una crónica de la entrega o gala de los premios “Goya”. Como no he visto ninguna de las películas (de algunas he guipado unas pocas imágenes en televisión, los llamados tráilers) no puedo opinar (sería una indecencia por mi parte, amén de una falta de rigor intelectual, hacerlo).

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¿Un aura de virtud irreprochable?

¿UN AURA DE VIRTUD IRREPROCHABLE?

Don Santiago Ramón y Cajal escribió en “Charlas de café” (1920) esto: “Hagamos notar que cuando un hombre de ciencia presume de muchos amigos casi siempre se trata de un cuco o de un holgazán. No se conservan varias amistades íntimas sin cultivarlas asiduamente, y este cultivo resulta incompatible con una vida de concentración intensa y de trabajo austero. En suma: o se tienen muchas ideas y pocos amigos, o muchos amigos y pocas ideas”.

Aunque sé que Ramón y Cajal no me escucha ni puede leerme ni objetarme, le diré y escribiré que disiento de él. Entre amigos, supongo, aún se permite la discrepancia. A mí quienes suelen abastecerme de ideas sin parar son mis amigos, a quienes escucho, leo y releo, ora estén vivos, ora hayan fallecido. Acaso baste con recordar el primer cuarteto del soneto de Quevedo “Retirado en la paz de estos desiertos” (trenzado desde la Torre de Juan Abad) para que se entienda adónde quiero ir a parar, para lograr explicarme: “Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos”.

Tengo para mí que en la cita de arriba mi amigo (aunque jamás tomé un café con él) Santiago acertaba en cuanto aseveraba, pues hablaba con conocimiento de causa. Ahora bien, acaso también se equivocaba, al elevar su caso particular a general, la anécdota a categoría, porque está claro, cristalino, que el susodicho “hombre de ciencia” era él, es decir, disertaba sobre su propio caso concreto.

Probemos a coronar, cambiando lo que deba ser cambiado, algo parecido a lo que culminó, de manera airosa, Ramón y Cajal basándonos en un asunto que ande de boca en boca en la actualidad. Servidor, un ciudadano libre de la República de las Letras, como el padre Feijoo, considera que Ciudadanos, formación a la que muchos insultan por ser un partido de derechas, como si eso fuera un baldón, un desdoro y hasta un delito y ser de izquierdas llevara aparejado un aura de virtud irreprochable, le ha puesto en bandeja al PP, si no la mejor salida que pudiera ofrecerle, una digna. Que Cristina Cifuentes dimita y que sea sustituida por otra/o diputada/o de la Asamblea madrileña adscrita/o a las filas del PP. Recientemente, en la Convención nacional del PP de Sevilla del pasado fin de semana, le escuché decir a Rajoy en una alocución cómo, dirigiéndose, sin mencionar de manera expresa a Ciudadanos, llamaba “inexpertos lenguaraces” a los afiliados de la formación naranja, dejando a sus dirigentes a la altura de la suela de un zapato del alcalde del pueblo más pequeño de la Sierra de Grazalema, por no haber tenido aún ninguna responsabilidad institucional. Si entramos a estudiar a fondo y valorar el ámbito hediondo, omnímodo y trasversal de la corrupción, juzgo que no haber tenido aún experiencia en dicha materia es más una ventaja que un inconveniente o rémora y, para gobernar como lo está haciendo el PP en lo concerniente a algunos temas, acaso mejor ser un pipiolo que un perito, si el ducho o experto, una de dos, o no hace nada (de nada) o hace el don Tancredo. Me parece que Rajoy y algunos mandamases del PP se están equivocando de cabo a rabo y, si no ponen cuanto antes remedio al desmán, barrunto que acabarán haciéndose el harakiri o seppuku; y el problema no estriba ni radica en que muchos no le den la importancia que tiene, sino que hacen como que ignoran que esté ocurriendo el hecho, algo obvio para el grueso de la ciudadanía.

Por si quienes deben sacarle el máximo jugo o provecho al párrafo anterior andan despistados, les recomiendo con encarecimiento que lean el libro arriba mentado, cuyo primer título fue “Chácharas de café”. Si no disponen de tiempo, les propongo que lean y relean, al menos, esta píldora del Premio Nobel de Medicina de 1906 (que compartió con Camillo Golgi): “Te quejas de las censuras de tus maestros, émulos y adversarios, cuando debieras agradecerlas: sus golpes no te hieren, te esculpen”.

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¿Cataluña? ¡Dragon Khan!

¿CATALUÑA? ¡DRAGON KHAN!

—El ánimo de la gente
(Me lo ha inspirado mi musa)
Vive una montaña rusa:
De la euforia vehemente
Pasa a la depre paciente.
—Tienen los varios vaivenes,
Ene enredos o belenes
De la cuestión catalana
Entre el tedio y la jarana
A cuantas/os viajan en trenes.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


O estás conmigo o estás contra mí, amigo

O ESTÁS CONMIGO O ESTÁS CONTRA MÍ, AMIGO

Aunque entre el blanco (no sé dónde leí hace mucho tiempo que las personas que viven en parajes donde la nieve es permanente, como les ocurre a los esquimales, son capaces de diferenciar hasta 30 tonos de blanco distintos) y el negro hay una inmensa gama de grises, hay quien suele proponer a quien le escucha (sea o no consciente del plagio) la posibilidad de elegir entre dos únicas opciones, o sea, el mismo dilema que le plantea en “Ben-Hur” (me refiero a la película dirigida por William Wyler en 1959) Mesala (papel interpretado por el actor Stephen Boyd) a su antiguo amigo de infancia Judá Ben-Hur (Charlton Heston): “O estás conmigo o estás contra mí” (actitud que en psicología se ha dado en llamar o conoce como “síndrome Mesala”).

Así las cosas, la resolución sensata de un tribunal ha provocado la euforia de unos, sobre todo, en las filas de los independentistas catalanes, y la depre de otros, sobre todo, en las huestes del partido del Gobierno, el PP, y del resto de las formaciones unionistas o constitucionalistas. En plata, tras invertir unas horas de mi tiempo en reflexionar sobre dicho fallo (escrito sin segundas o terceras intenciones), he llegado a la conclusión de que ni los “hunos” (como escribiría mi estro y maestro Unamuno) deberían estar tan ufanos ni los “hotros” tan decaídos. Me explicaré.

La decisión de la Audiencia de Schleswig-Holstein de rechazar la petición hecha por el magistrado del Tribunal Supremo, Pablo Llarena Conde, de entregar a España al expresidente Carles Puigdemont para ser juzgado por el delito de rebelión no acarrea ni lleva aparejado, aunque no faltan quienes así lo han querido ver, un varapalo ni contra nuestra democracia ni contra nuestro Estado de derecho. Tampoco cabe ser interpretada como una absolución de Puigdemont ni del resto de los gerifaltes (no les falto, no, al llamarlos así) secesionistas, encarcelados preventivamente o no, ni una bendición (seguida de ovación) de sus actitudes desleales e irresponsables durante los bochornosos meses de septiembre y octubre del 2017.

El propio tribunal aclaró que el 1-O hubo violencia y que esta cabe achacársela al expresidente por ser quien promovió la celebración de un referéndum ilegal (y luego se empeñó en agravar aún más la situación al alentar un proceso de secesión, la DUI ).

La audiencia alemana se ha limitado a concluir lo obvio, que el delito español de rebelión no cuadra o encaja con el delito germano de alta traición y, por eso, ha denegado la euroentrega a España. Y es que la Decisión Marco del Consejo de la Unión Europea de 2002, que regula la euroorden, exige que los delitos sean equiparables, equivalentes. Ahora tendrá que decidir en lo tocante al delito de corrupción o prevaricación.

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¿Qué no se puede ocultar?

¿QUÉ NO SE PUEDE OCULTAR?

(MIENTRAS GIREN LOS PLANETAS)

¿Cómo se aguanta la risa
Un augur cuando se topa
Con otro (en cueros, sin ropa)?
Catón el Censor sin prisa
Preguntó un día a la brisa.

La tos ferina y el fuego,
Como la adicción al juego
Y la risa, no se pueden
Esconder, siempre que rueden
Los astros antes y luego.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


España es una democracia plena

ESPAÑA ES UNA DEMOCRACIA PLENA

“La verdad es un ácido corrosivo que salpica casi siempre al que lo maneja”.

Santiago Ramón y Cajal, en “Charlas de café” (1920).

Ignoro, atento y desocupado lector, sea ella o él, qué opina usted al respecto. Tengo para mí que, desde que el mundo es (in)mundo, el poder viene falseando consciente e intencionadamente la realidad de las cosas y de los casos, a fin de que quien lo detenta (de modo ilegítimo) u ostenta (de manera legítima) continúe detentándolo u ostentándolo. Así que, aunque la denominación de “fake news” (“noticias falsas”) es moderna, reciente, la falsificación deliberada de los hechos, ora para beneficio propio, ora para perjuicio ajeno, ora para ambos fines, es tan vieja como la tos.

Cuando del cimero y selecto lugar que deben ocupar las verdades se han apoderado las mentiras, es lógico colegir lo distintivo, pertinente y relevante, que el mal, poliédrico, no se ha instalado allí de forma interina, provisional, sino que lo ha hecho con el propósito de echar raíces, es decir, con la vocación de que su permanencia sea perdurable.

Los dos párrafos precedentes no los he urdido a humo de pajas, no, ni por un solo motivo concreto, específico, el máster de Cristina Cifuentes, agujero negro, nigérrimo, que hiede por cualquiera de sus costados o facetas, pues, al parecer, una mentira ha llevado a incurrir en otra, y esta, a su vez, en otra más, y, así, hasta imponerse la náusea, sino también por el Matrix nacionalista catalán, esa irreal realidad paralela (escrito así, todo junto, o por separado, para lelos —lo siento, pero, como no me cuento ni soy uno de ellos, uno de los que se ha creído a pies juntillas la idea absurda de la República catalana, ni ese concepto elitista, exclusivo, del “derecho a decidir”, ni ese dogma del “mandato del pueblo de Cataluña” que tan onerosos trabajos lleva aparejados, que aspiran a recibir, de manera conjunta o por separado, más pronto que tarde, el antes baldón que galardón de la mayor mentira del mundo—) a la verdadera realidad, en la que viven dichosos, felices, los supremacistas, donde hay quienes creen que Cataluña (Catalunya) existe, pero Tabarnia es una patraña. Cataluña existe en tanto en cuanto Comunidad Autónoma de una nación, España. Quien hoy vea en Cataluña una república habrá caído en un pozo sin fondo de mentiras sin cuento, en una bola o un bulo como una catedral de grande. Empero, quien ve en Tabarnia el apócrifo contrapunto de esa falsa República se está burlando, cachondeando o guaseando no de un quijote auténtico, sino del mero sucedáneo de un tal. Los secesionistas se han creído de cabo a rabo el sueño que idearon o se inventaron y compartieron unos ciudadanos sin escrúpulos que anhelaban que sus conciudadanos fueran otros; y otros, los bufones o coñones tabarneses, se han reído a mandíbula batiente de esas ensoñaciones, porque les hacían mucha gracia.

¿Es tan difícil de entender que en este país vivimos quienes, sabedores de que los localismos (llámense o no nacionalismos) empobrecen, queremos hacer realidad el grueso de nuestros deseos, o sea, cumplir, entre otros, el sueño de que en Europa y hasta en el orbe entero todos los ciudadanos tengamos los mismos derechos y nos rijamos por las mismas leyes, que no haya fronteras, que podamos circular por cualquier país sabiendo que, salvo a los caldos y a las viandas, a los usos, a los idiomas y a las costumbres peculiares de cada latitud, no tendremos que acomodarnos a ordenamientos jurídicos distintos?

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Te comportaste bien, "Metomentodo"

TE COMPORTASTE BIEN, “METOMENTODO”

(CUANDO NO DEJA ESTELA/HUELLA/RASTRO LA VIOLENCIA)

Esta mañana, atento y desocupado lector, seas ella o él, mi querido heterónimo y amigo Emilio González, “Metomentodo”, me ha mandado el siguiente correo electrónico:

“Estimado Otramotro, ayer me ocurrió lo que, me creas o no, en el supuesto de que un juez me conceda la oportunidad de relatarle pormenorizadamente mi versión de los hechos, me acaeció al poco de salir del cine de ver “Campeones”, en mi opinión, el mejor filme firmado por Javier Fesser.

“Cerca de casa, a no más de trescientos metros, un tipo robusto, como un armario ropero, y malencarado (pude observar su rostro cuando llegué a la esquina —donde hay una sucursal de Ibercaja—, que suelo doblar para enfilar el último tramo de avenida que me lleva y deja junto al portal del edificio donde tengo mi choza) se me acercó al final de la calle Sorpresa, que todo el mundo conoce por su sobrenombre, Monja enchironada, me pidió la hora y se la di: las once y veinte pasadas.

“Pensé que me había deshecho de él, que lo había dejado tras mis pasos, cuando, inopinadamente, me lo topé de frente y siguió con su monserga:

“—Oye, no tengas tanta prisa. Como estoy obsesionado con la hora, he pensado que, si te pido de manera insistente que me regales tu peluco, acaso consiga que te avengas a ello. ¿Te amoldas?

“Enmudecí. El miedo cerval me acostumbra a robar el habla. Como te consta, desde que me están dando la quimio, parezco un alfeñique, así que escuchar la susodicha propuesta, ciertamente, me desagradó un montón, pero más me disgustaron todavía las consecuencias que colegí si rehusaba condescender al trámite, ya sabes, mutatis mutandis, aquello que aprendimos en la Facultad de Derecho de que la causa de la causa es causa del mal causado.

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Jueves, 26 de abril

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