El Blog de Otramotro

Para quererte fue preciso verte

PARA QUERERTE FUE PRECISO VERTE

Amada Pilar:

Los seres humanos somos un batido, cóctel, combinado o mezcla de nuestra historia personal, singular, privada, con nuestra historia social, grupal, pública.

Aquello que nos ha pasado (o que le ha acaecido a un allegado, amigo o deudo próximo, o a algún otro tal de estos últimos) nos influye; ahora bien, si esa influencia es total, completa, absoluta, puede que nos marque (y hasta que nos deje una señal o muesca en la memoria y aun en el alma). De aquello que presenciamos, o sea, que vimos o vemos y/u oímos cerca o por televisión, podemos aducir tres cuartos de lo propio. Las cosas buenas, regulares y malas que nos ocurrieron o que sucedieron ante nuestros ojos dejaron un poso (mayor o menor) en nosotros. Y, para coronar la idea que tengo entre manos, concluyo que he sacado de la manga o de la chistera de mi cacumen lo que podría haber propalado antaño Perogrullo, que cuanto nos pasó otrora en nuestra vida nos ha convertido en las personas que somos ahora.

Para quererte, Pilar, fue preciso que previamente pudiera verte. Para admirarte necesité antes mirarte. Fue necesario y un verdadero placer, que devino, por arte de magia, divino, conversar contigo para comprobar lo obvio, que te amaba aún más; y, aunque llegué a sentir, en momentos puntuales, miedo (que, mientras duraban esos susodichos instantes, mereció el adjetivo calificativo de cerval, que le puse a la vera), logré esperanzarme y apasionarme por ti, egregia y excelsa fémina, cada vez un poco más; y, al mismo tiempo, conseguí lo que pretendía, venerarte, glorificarte y adorarte.

Quienes estamos desparejadas/os y, aunque seamos seres sociables, somos unas/os solitarias/os empedernidas/os, quienes llevamos casi impresionada sobre nuestra cara una diana pidiendo a voz en cuello flechas certeras, quienes estamos en el punto de mira de Cupido, o sea, cuantas/os deseamos y somos deseadas/os, tenemos la obligación moral de desmontar los embelecos (que cabe hallar en derredor) del amor —de cualquier expresión o forma de amor, comenzando por aquel al que somos más adictas/os o proclives— y de confrontar si los hechos, las obras (que no las sobras, aunque suene igual) corroboran o desmienten las palabras que nos musitó al oído quien intentaba camelarnos, seducirnos. Juzgo que, si damos nuestra aquiescencia a que cuanto rodea al amor se sirva de nosotros para divulgar sus patrañas (trolas, bolas o bulos), haremos dejación de una de nuestras principales funciones, de nuestra labor supervisora, y devendremos en sus más que portavoces, “portacoces”, que acaso sea, dentro del lato ámbito de Eros, lo que más detesto ser.

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A Groucho Marx te pareces

A GROUCHO MARX TE PARECES

“He aquí mis principios; pero si no les gustan... ¡estoy dispuesto a cambiarlos!”.

Cita humorística relacionada con el mundo de la política, que apareció publicada por primera vez en el periódico neozelandés New Zealand Tablet el sábado, 18 de octubre de 1873.

—Yo defiendo, de ordinario,
Aquello en lo que creo, esto,
Y, al mismo tiempo, lo opuesto,
Quiero decir, lo contrario,
Porque soy contestatario.
—Te aduciré, de repente,
Lo que eres, incoherente.
A Groucho Marx te pareces,
Ateo seas o reces,
O un coñón o un insolente.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Vemos a las personas como somos

VEMOS A LAS PERSONAS COMO SOMOS

Amada Pilar:

Somos legión (o formamos un buen montón, pila o piña) quienes nos sabemos de memoria, al menos, la primera frase del párrafo inicial de varias obras literarias (clásicas o no); verbigracia, cómo arranca el “18 Brumario de Luis Bonaparte”, de Karl Marx (“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa“). Como para mí, tú, Pilar, eres un personaje clave y fundamental, la persona que, andando el tiempo, devendrá en la más importante de mi vida, es mi deseo y mi esperanza que seas una excepción a la susodicha regla marxista, no como, me consta, lo fue Ewelina Hanska para Honoré de Balzac. Así que concédeme la licencia que te solicito con especial encarecimiento de que hoy no vea en ti a la citada Ewelina, la joven condesa polaca de la que se enamoró perdidamente Balzac, al leer este las epístolas que le mandaba “La extranjera” (así firmaba Ewelina sus misivas) desde Rusia. Y es que no vivieron como matrimonio más que cinco o tres meses (del 14 de marzo o mayo —las fuentes que he consultado no se ponen de acuerdo en el mes—, fecha de sus nupcias, al 18 de agosto de 1850, jornada en la que finó sus días Honoré en París).

En “Los Ciclos del Alma”, su autora, la puertorriqueña Sharon M. Koenig, sostiene que los seres humanos somos capaces de idear, en apenas 24 horas, 60.000 pensamientos (¿de media?; juraría ante la Biblia que sé de algún semejante que no los ideará en toda su vida —por muchos que sean los años que viva—, pero acaso servidor funja aquí, amén de malévolo, de zumbón); y que el grueso de los tales son perjudiciales y recurrentes, ya que recuerdan y recrean episodios del pretérito que infunden tristeza u horror. Si de verdad nos comen el coco, daremos de lleno en el blanco o centro de la diana, esto es, haremos lo correcto, al decidir denominarlos de esa guisa, comecocos. Para escaparnos y alejarnos de los barrotes de su cárcel y olvidarnos definitivamente de ellos, acertaremos, quiero decir, actuaremos con tino y de modo conveniente, si nos decantamos por hacerles el vacío, por ningunearlos.

Así pues, tras haber dejado arrumbada a la nada en el sótano o en el desván, reparo en que el lugar que ocupará ahora la susodicha acaso lo ocupaba antes el arpa de la Rima VII de Bécquer (“Del salón en el ángulo oscuro, / de su dueña tal vez olvidada, / silenciosa y cubierta de polvo / veíase el arpa...”) o, en su defecto, la lámpara, maravillosamente empolvada, de Aladino, o quizá el inopinado enamoramiento, que uno advierte que escondían o guardaban en su caja fuerte los versos séptimo y octavo de “El Frasco”, poema de Charles Baudelaire: “A veces encontramos un viejo frasco que se recuerda / Del que surge vivísima un alma que resucita”.

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¿Los otros son el cielo o el infierno?

¿LOS OTROS SON EL CIELO O EL INFIERNO?

Creo, a pies juntillas, que no conviene restar ni un ápice o pizca de importancia a las manifestaciones de Núria de Gispert sobre Inés Arrimadas. Por si usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), no ha tenido oportunidad de leerlas, déjeme comentarle que en un tuit gracioso y/o sarcástico (depende de qué pie cojee usted o del color del cristal a través del cual mire usted la realidad, porque la burla, al menos, para mí —desconozco la opinión sobre el particular de la vapuleada— era sangrante, y la ironía amén de cruel, mordaz), la primera ha dicho de la segunda que es una inepta y una ignorante. Y le ha mandado de nuevo (al parecer, esa es una idea fija que tiene y, de tanto en tanto, insiste en ella) fuera de Cataluña. En lo concerniente a lo primero, tengo para mí que todos somos ineptos e ignorantes. Por lo menos, quien esto escribe asume y reconoce sin ambages que lo es (inepto para llevar a cabo un montón de tareas en un montón de oficios e ignorante en mil y un ámbitos del conocimiento humano) y, seguramente, quien esto lee también. El problema brota, nace o surge cuando una/o lo profiere de otra/o y no se da cuenta de que lo que acaba de decir le cuadra estupendamente y hasta encaja, como eso se predica del anillo en el dedo anular, también a ella/él. En lo tocante a lo segundo, el racismo, el supremacismo y la xenofobia que destila o exuda el susodicho es incontrovertible e innegable.

Desconozco si lo aireado por De Gispert es un pensamiento o un sentimiento (porque, como nos enseñó Unamuno, si piensa el sentimiento también siente el pensamiento) asiduo, habitual y enraizado en el carácter de quienes han ostentado cargos de cierta relevancia en Cataluña y son partidarias/os de la independencia de dicha Comunidad Autónoma. Puede. Ahora bien, cabe preguntarse, en el supuesto de que un día se logre esa ansiada por ellas/os República Catalana, qué les ocurría a las/os discrepantes o disidentes con esa manera de entender las cosas y los casos. Y lo que uno se responde no le gusta, porque lo retrotrae al siglo anterior, en concreto, a las décadas de los treinta y los cuarenta, en Alemania, de infausto recuerdo.

Al abajo firmante le llama la atención que una persona cercana a cumplir los setenta años de edad no haya aprendido todavía lo que debía haber asimilado y fijado durante su paso por la Universidad, los beneficios que reporta para el cuerpo y la mente (el alma) la tolerancia ideológica de los otros, que no son el infierno porque piensen de forma distinta a la suya, sino el cielo, porque son quienes la completan o complementan, sus complementarios.

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De acuerdo en el desacuerdo

DE ACUERDO EN EL DESACUERDO

Ha pasado Cataluña
Por mucho adicto a la bola
De la cabeza a la cola.
¿Dónde no vale la cuña
Aprovecha mucho la uña?
¿De qué sirven los afanes
Si los afloran patanes,
Que solamente de acuerdo
Están en el desacuerdo
De los tales, catalanes?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Se debe dialogar con quien no quiere?

¿SE DEBE DIALOGAR CON QUIEN NO QUIERE?

¿Cabe mantener un diálogo de sordos (en el que uno de los interlocutores, sea hembra o varón, va a lo suyo, o sea, a aducir lo que había preparado o tenía previsto decir con antelación sin atender, ni mucho ni poco ni nada de nada, a las razones que argumente y con las que acaso le contradiga —y le abata su invento— el otro; sin echar mano del lenguaje de signos, en el supuesto de que ambos hablantes sean sordomudos)? ¿Cabe avenirse a un coloquio de besugos (donde la coherencia y la lógica brillen por su ausencia)? Si servidor tuviera que contestar (evidentemente, sumo a las dos de este párrafo la del título) a esas tres preguntas, lo haría con tres rotundos noes.

Quim Torra quiere dialogar, pero (siguiendo la estela o los pasos de Carles Puigdemont, de quien se considera su vicario en el Parlament) solo de lo suyo (de lo que le interesa a él y a los de su cuerda o coinciden con su pensamiento, del derecho de libre determinación de los pueblos y de su ansiado referéndum de autodeterminación vinculante para conseguir la independencia y poder proclamar a voz en cuello la República Catalana; lo que opinen el resto de los ciudadanos —más de la mitad de los catalanes—, aunque sea exactamente lo contrario, distinto u opuesto de lo que él defiende, le importa un bledo). Pedro Sánchez (como antes le ocurrió a Mariano Rajoy con Puigdemont) no puede hablar de la independencia de Cataluña sin contravenir la Constitución, el Estatut y el resto de las leyes. Además, el muy democrático, honorable y sabio (de cuando en vez, no está mal usar la ironía; y si esta es cruenta y mordaz, el sarcasmo) Quim Torra parece desconocer lo más obvio de la historia, que no suele haber independencia sin guerra de independencia.

Ante el ultimátum de Quim Torra el Gobierno de Pedro Sánchez solo podía responder como lo ha hecho, rechazándolo de plano, no aceptándolo. ¿Acaso cabía hacer otra cosa decente, legal, oportuna? Hasta el diputado nacional y portavoz adjunto de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, que no es santo de mi devoción, ha estado a la altura de las circunstancias, al mantener que los ultimátums los carga el diablo. Uno había leído y escuchado que eran las armas, pero hasta las palabras pueden hacer, en algunas ocasiones puntuales, las veces de balas. Las balas o cualesquiera otros proyectiles no dañan si no los disparas. La bala no mata por ella misma, la bala mata por la velocidad que adquiere y lleva cuando impacta contra el objetivo. Si el blanco es una diana de papel y, tras este hay una plancha de acero, nada pasa. Si da en alguna parte vital del cuerpo humano, puede ser letal. Hay quien mantiene que las voces no hacen roces, pero yo he podido comprobar que, en algunas oportunidades, pueden levantar o producir hasta ampollas. Y que de nada sirve tolerar al intolerante. Al final, se impone lo cabal, justo y responsable, dejar de mostrarse respetuoso con quien no lo es, con el irrespetuoso (sea ella o él).

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Quien no lea a Cadalso irá al cadalso

QUIEN NO LEA A CADALSO IRÁ AL CADALSO

Visto lo visto, oído lo oído y leído lo leído, durante los últimos días, semanas y meses (que alguien dio de lleno en el blanco o centro de la diana al denominar a ese lapso de tiempo de esta guisa, “la más rabiosa actualidad”) en los diversos mass media y demás mentideros patrios, dan ganas de recomendar encarecidamente a quienes (hembras o varones) tengan en el futuro (sea corto, medio o largo el plazo) la augusta, benéfica y sana intención de dedicar unos años (ocho serán bastantes) de su vida a la política su obligación ineludible de leer (y hasta releer, por lo mucho que esta acción puede aprovecharles) a los clásicos. Estos pueden ser (o no) los autores y los textos que sus profesores (no pongo en tela de juicio su buena, mejor y aun óptima intención) les aconsejen. Si yo fuera docente suyo, les insistiría un montón en que no echaran en saco roto mi recomendación de que leyeran “Los eruditos a la violeta”, de Cadalso, por el sumo y mucho jugo sarcástico que pueden extraer de dicha obra, para que nadie pueda mandarlas/os nunca al cadalso (metafórico, por supuesto).

José Cadalso publicó (en realidad, no lo hizo echando mano de su primer apellido para tal fin, sino de la primera parte de su segundo, compuesto, Vázquez —de Andrade—) en 1772 su sátira “Los eruditos a la violeta” en contra de cuantos (ellas y ellos) algunos denominamos hoy con la voz “todólogos” (expertos en todo) o duchos líquidos (porque cuanto dicen semeja el agua de la ducha, al desaparecer o irse sus palabras por el desagüe dejando la piel de quienes las escuchan limpia, sí, como una patena, mas sin apenas estela, huella o rastro alguno de conocimiento original, nuevo). La subtituló con ironía así: “Curso completo de todas las ciencias, dividido en siete lecciones, para los siete días de la semana. Compuesto por José (actualizo la acentuación, la puntuación y la grafía) Vázquez, quien lo publica en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco”.

Colocó al principio de su obra esta sabia, por dicaz y perspicaz, advertencia:

“En todos los siglos y países del mundo han pretendido introducirse en la república literaria unos hombres ineptos, que fundan su pretensión en cierto aparato artificioso de literatura. Este exterior de sabios puede alucinar a los que no saben lo arduo que es poseer una ciencia, lo difícil que es entender varias a un tiempo, lo imposible que es abrazarlas todas, y lo ridículo que es tratarlas con magisterio, satisfacción propia y deseo de ser tenido por sabio universal.

“Ni nuestra era, ni nuestra patria está libre de estos pseudoeruditos (si se me permite esta voz). A ellos va dirigido este papel irónico, con el fin de que los ignorantes no los confundan con los verdaderos sabios, en desprecio y atraso de las ciencias, atribuyendo a la esencia de una facultad las ridículas ideas, que dan de ella los que pretenden poseerla, cuando apenas han saludado sus principios”.

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Plagiamos hasta la errata

PLAGIAMOS HASTA LA ERRATA

—Hoy hasta El País os zurra.
—Fue de nuestro secretario
El error involuntario.
—Me indigna que se os ocurra
Venderme entera la burra.
—De su conferencia a Cacho
Reconocemos que un cacho
Le fusilamos sin maña
Nosotros, Sánchez y Ocaña.
Y lo hacemos sin empacho.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


A mi sosia/s, Schnitzler, ya no envidio

A MI SOSIA/S, SCHNITZLER, YA NO ENVIDIO

Amada Pilar:

Aunque esta es la primera epístola que te dirijo (es mi deseo y mi esperanza que sean cientos y aun miles las misivas que te urda y mande), juzgo que puede ser pertinente y pintiparado (además de favorable para mis intereses) que te hable de que si, hasta que te conocí, envidiaba a mi sosia/s vienés, Arthur Schnitzler (con quien salvo que coincido con él en su idea de que “estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”, que ambos nacimos en el mismo año, 62, de distinto siglo, y otra afinidad o concomitancia que acaso reconozca más adelante, no tengo más parecido con él que las iniciales de nuestra gracia de pila y primer apellido, A. S.), hoy admito que a ese pecado capital, la envidia, ya no le doy amparo o cobijo en mis poros, porque he logrado cepillármelo o desterrarlo de mi piel.

Como sabe quien ha(ya) leído los “Diarios” de Schnitzler, que la editorial chilena Universidad Diego Portales ha publicado este año con selección, traducción y prólogo de Adan Kovacsics, el dramaturgo y novelista austríaco recorrió las calles de Viena con el mismo empeño con el que un experto espeleólogo exploraría las galerías de la laberíntica y promiscua cueva de Eros. Arthur, que no se hartó nunca de alentar su vicio redomado o empedernido de enamorarse y encamarse con cuanta fémina conoció (hoy en día se diría del espécimen que cultivara hábitos semejantes a los que fue adicto el autor de “Relato soñado” —por cierto, con un guion basado en la citada obra de Schnitzler, Stanley Kubrick filmó su canto del cisne, “Eyes Wide Shut”— que era miembro de la cofradía del “culo veo, culo quiero”), mantuvo en dos años y dejó anotados en su diario, por ejemplo, 563 encuentros amorosos con su amante favorita o predilecta.

Como mi vida sexual, por padecer durante tanto tiempo un miedo insuperable a contraer una ETS (enfermedad de transmisión sexual) o ITS (infección), era tan escasa, envidiaba la capacidad amatoria del don Juan, mi sosia/s, Schnitzler.

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Va de desgracias y orgasmos

VA DE DESGRACIAS Y ORGASMOS

—Cuando empiezan las desgracias,
Se constata que no tienen
Fin o que con cola vienen
Larga, como democracias
Consolidadas, no lacias.
—Ayer verseó Otramotro
De lo opuesto a tu actual potro
De tortura; usó el sarcasmo:
Encadenaba un orgasmo
Su amada Pilar con otro.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sánchez siempre me ha dado mala espina

SÁNCHEZ SIEMPRE ME HA DADO MALA ESPINA

Como adujo Perogrullo (que fue el primero que arguyó la certeza que sigue y al que la leyenda o la tradición le adjudica la necia verdad, por ser una mera simpleza proferirla), si hay una palabra que, desde la noche de los tiempos, desde que el homo sapiens se halla sobre la faz de la Tierra, retrata y radiografía completa y perfectamente al hombre esta es claroscuro, pues nadie osará objetar lo incontrovertible o irrefutable, que este, sea ella o él, es un conjunto de luces y sombras, de aciertos y errores.

En este mundo (ignoro si hay otros y, en el supuesto de que los haya, qué acaece en ellos) somos muy pocos originales. A alguien, tras fungir de lo lógico y normal o lo que cabía esperar, de ser un ente racional, o sea, tras reflexionar un momento al respecto, se le ocurrió decir un día que los hombres (hembras y varones) se pueden dividir en dos grandes grupos, los que nacen con estrella y los que nacen estrellados. Bueno, pues, desde entonces, el grueso de mis semejantes se ha limitado a iterar, hasta el hartazgo, el mismo y falso argumento, sin sopesar si se trataba de un axioma o de un sofisma. Porque lo cierto es (al menos, para mí esto está claro y es evidente) que todos los seres humanos, todos, sin excepción, nacemos con estrella, quiero decir, bajo la influencia de una o de un grupo de ellas, de una constelación. Y, asimismo, veo, un día sí y otro también, esto es, compruebo, de modo cristalino, que, mientras unos siguen con la misma estrella, que los alumbra, dándoles luz física e intelectual, otros, antes o después, acaban como los huevos de gallina en una sartén con aceite humeante, estrellados (con o sin puntilla).

Escasas personas, pocas, muy pocas, tal vez no sumaran dos centenas, confiaban en que Pedro Sánchez saliera airoso, laureado, victorioso, de sus primeras primarias en el partido; menos aún que otro tanto acaeciera en su segunda oportunidad; y menos todavía que tuviera la resiliencia (o los redaños) y resistencia de superar el mayúsculo y terrible varapalo de su destitución en aquel Comité Federal, de infausto recuerdo, como secretario general del PSOE. Acaso no llegaban a dos docenas o decenas los que esperaban que pudiera ser el mirlo blanco que devino o resultó, la rara avis que hizo efectivo, por primera vez en España, tras la instauración de la Monarquía parlamentaria, el mecanismo constitucional de la moción de censura, que le llevó al Palacio de La Moncloa sin haber necesitado obtener asiento para el Congreso de los Diputados en las últimas elecciones generales. Todos estos hitos hará bien usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, en colocarlos en el platillo del haber de Sánchez si es cabal, que, mientras no dé pie a que se abra el grifo judicial para probar o demostrar lo contrario, lo es. En dicho platillo habría que poner, otrosí, la acogida de los migrantes del Aquarius (ahora bien, en el platillo contrario, la devolución en caliente de los 116 migrantes que saltaron la valla de Ceuta), la exhumación de los restos mortales del dictador (en el platillo contrario, el procedimiento para llevarla a cabo, porque el fin no justifica el medio, el Real Decreto-Ley), la convalidación del Real Decreto-Ley de la universal cobertura sanitaria pública y gratuita, la entrega a Arabia Saudí de las bombas contratadas (en el contrario, hacer tal cosa, tras mediar las protestas de Susana Díaz y los trabajadores de Navantia, que habían visto las orejas al lobo, o sea, cómo el contrato para construir las cinco corbetas pedidas por dicho país había sido puesto en entredicho),...

También cabe decir que pocos de los que siempre confiaron en Sánchez esperaban que, en sus primeros cien días como presidente de Gobierno, se viera forzado por los acontecimientos (en sentido estricto, por el cariz que habían tomado estos) a tener que prescindir de dos ministros (ambos fueron empujados u obligados a dimitir), Màxim Huerta (“el Breve”, en Cultura) y Carmen Montón (recientemente, en Sanidad, Consumo y Bienestar Social), ni a tener que desdecirse o dar marcha atrás (aunque llamen a estas rectificaciones en La Moncloa “maduraciones de decisiones”) en diversos temas.

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Lorca, sin duda, fue un vate estupendo

LORCA, SIN DUDA, FUE UN VATE ESTUPENDO

Dilecta Pilar:

La libertad creativa (que ejerzo, sin duda, a diario, pues raro es el día que no trenzo —“nulla dies sine linea”, ningún día sin línea, recomendaba Plinio el Viejo—; no puede haber un solo escritor, ella o él, que se tenga por tal que no eche mano de ella) no está reñida con la corrección y la propiedad que nos proporciona o suministra gratis et amore el DLE. Los filólogos debemos dar buenos ejemplos todos los días y muestras en todos nuestros textos de nuestro verdadero amor por las palabras. De cuando en vez todos nos equivocamos, claro; hasta el mismo Cervantes, como sabes, marró. Si recordamos el verso 359 de la horaciana “Epístola a los Pisones” (también llamada “Arte poética”): “quandoque bonus dormitat Homerus” (o sea, traducido libremente, “de vez en cuando el bueno de Homero también se duerme en los laureles”).

Abundo contigo en (lo que implícitamente dice o sugiere tu brevísimo escolio) que Lorca, sin duda, fue un vate estupendo (aunque a mí me gusta más como dramaturgo; esta opinión la he vertido en más de un escrito) y en que, cometiera o no una errata (en el “Poema de Mío Cid” uno lee “apriesa cantan los gallos que quieren quebrar albores”), son buenos los dos resultados, ambas soluciones poéticas. Los versos que inician el lorquiano “Romance de la pena negra” (“Las piquetas —el quiquiriquí— de los gallos / cavan —o andan, o cantan— buscando la aurora”) me parecen igualmente excelsos.

Sigo con la urdidura (o “urdiblanda”) que tengo entre manos.

De nada. Eso es lo que intento hacer siempre. Los correos que te mando son las arcillas que luego modelo y dan como resultado las epístolas (vasijas o botijos —la villa de Navarrete era conocida antaño, cuando nosotros frecuentábamos sus calles los domingos por la tarde, con el rótulo de “el pueblo de los botijos”; ignoro si todavía lo mantiene ahora o ya lo ha perdido—) que te dirijo y aparecen publicadas en mi bitácora.

He leído tu columna. Y me ha gustado. Si quieres, puedes completar o complementar tu perspectiva sobre el asunto de marras con el punto de vista que sostuvo servidor en la urdidura que apareció publicada ayer en varios sitios y porta el título de “Acierta Rajoy y Sánchez da en la diana”.

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Viernes, 19 de octubre

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