El Blog de Otramotro

Acatando o atacando la moral

ACATANDO O ATACANDO LA MORAL

Acaso le sorprenda este parecer mío, atento y desocupado lector (sea usted adulto o joven, hembra o varón), pero, aunque no seamos plenamente conscientes de ello, todos los comportamientos, todos, sin excepción, que tenemos las personas adultas y muchas jóvenes que estamos en nuestros cabales, quiero decir, las que sabemos distinguir entre lo que está bien hecho de lo que no lo está, los coronamos o llevamos a cabo acatando o atacando la ética, la moral (conjunto de valores que nos sirven de guías para elegir y hacer o dejar de hacer lo que sea, y que, una vez nos hemos habituado a ellos, darán sentido y regirán el curso normal de nuestras vidas), o sea, respetando la costumbre, la ley, lo reglamentado, o contraviniéndola/o. La virtud y el vicio, si firmaron algún día algún armisticio, cosa que hoy, aquí y ahora, pongo en tela de juicio, desde que vine al mundo (al menos, desde que llegué a la mayoría de edad y vengo haciendo buen uso de mi razón), andan a la greña, están en guerra abierta. Y es que, como dijo y dejó escrito en letras de molde Jacinto Benavente, “el único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor”.

Puede que no rinda dineraria o crematísticamente hablando, pero la bondad es la única inversión que nos deja el corazón henchido, atestado, como la Plaza Nueva, o de los Fueros, de Tudela el día del chupinazo o el Domingo de Resurrección, con ocasión de la Bajada del Ángel, y la sensación de plenitud en nuestro fuero interno. La música que interpreta la caridad, la generosidad, la liberalidad, el altruismo, es la mejor que puede salir de un arpa, aunque esta llevara arrumbada ni se sabe cuánto tiempo, porque tal vez un día fuera olvidada por su dueña/o en el rincón de una habitación lóbrega y oscura (como lo propio u otro tanto le acaeciera antaño a la de la Rima VII de Gustavo Adolfo Bécquer). Una vez desempolvada, reluciente y afinada, vuelve a estremecer los corazones y las razones de todos los ciudadanos que somos en el orbe (y espero y deseo que esto a nadie moleste ni estorbe).

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¿Pedalear se pudo en cierto bingo?

¿PEDALEAR SE PUDO EN CIERTO BINGO?

La semana pasada, mientras estaba redactando las primeras líneas del breve ensayo que comenzó llevando el rótulo provisional de “Amén es el comienzo de amenaza” y acabó portando el título definitivo de “La juventud es fuente de progreso”, se me encendió la bombilla, esto es, me surgió, a bote pronto, la idea de enriquecerlo con una anécdota curiosa o sucedido real, pues volví a recordar o alguien o algo (solo Dios sabe quién o qué) trajo a mis mientes qué solían hacer mis compañeros Álvaro Santallana Risueño y Carlos Jesús Rojo Manzano después de cada evaluación, allá, in illo témpore, cuando hacíamos o cursábamos COU (ellos en ciencias, yo en letras) en el zaragozano colegio Enrique de Ossó (“Las Teresianas”). La procrastiné, porque el opúsculo discurrió por sus propios derroteros y, al parecer, un montón de obstáculos se confabularon para impedirme que lograra el encaje perfecto, sin defecto. La aducida doble razón me llevó, como insisto, a posponerla, pero no sin haberme comprometido antes a obligarme a echar mano de ella cuando advirtiera la ocasión propicia, cuando mejor conviniera. Bueno, pues tengo la impresión refractaria de que de hoy no pasa, de que ha llegado para la tal su momento más favorable, o sea, que voy a intentar erigir aquí mismo, en estos dos folios de blanco impoluto, que me sirven de guía, el monumento de palabras de papel que se merece.

Como ambos habían superado la circunstancia o condición necesaria, la barrera o el listón de la mayoría de edad, idearon la manera de celebrar, de forma original, extraordinaria, el fin de cada una de las evaluaciones ejerciendo de lo que eran, jóvenes, verbigracia, dando mal ejemplo, saltándose a la torera el cumplimiento de cierta regla no escrita y, como lógica consecuencia, varios metros. ¿Que en qué consistieron dichos saltos? Pues, grosso modo, en escaparse de la residencia religiosa donde estaban internos con nocturnidad, cosa que consiguieron al descender los tres pisos por los balcones hasta poner los pies en el patio interior, previo a la calle, pero no para andar de picos pardos, como tal vez algún atento y desocupado lector (ella o él) de estos renglones torcidos haya podido barruntar, intuir o sospechar, no, ni de jarana por lugares de mala reputación, quiero decir, tratando con putas, a no ser que alguien considere que la citada locución verbal coloquial (“andar de picos pardos”) también incluye ir a divertirse un rato al bingo a jugar unos, pocos (dado el escaso poder adquisitivo de los jóvenes jugadores), cartones.

La sede de la residencia religiosa ocupaba los tres primeros pisos de uno de los ocho bloques de aquel entorno residencial, además de los bajos o sótanos, donde, si no recuerdo mal, el espacio más amplio se destinaba a capilla, a la que también se podía acceder desde el patio residencial exterior por una puerta y una escalera que los comunicaba y donde se celebraba la eucaristía todos los domingos y fiestas de guardar; había también una ancha sala con sillas para ver la televisión; otra, menos lata, con mesas y sillas para jugar a las cartas, al parchís, la oca, el ajedrez y/o las damas, sobre todo; otra, donde cabían, de forma holgada, una mesa de pimpón y dos futbolines; y otra, que hacía las veces de mínima cancha de baloncesto con dos cestas en las paredes opuestas. En el entresuelo, a mano izquierda, quedaban la cocina y el comedor, alargado, en forma de te; enfrente de la puerta de entrada, tras cruzar el recibidor o vestíbulo, estaba la biblioteca, y a la derecha, una pieza para atender a las visitas, la sala de la televisión de los educadores y las habitaciones de estos. Comunicaba los tres pisos y el sótano una escalera interior. En el primer piso, a la derecha o a la izquierda, según la dirección que tomáramos y el pasillo, a lo largo de este, había varias habitaciones comunes, compartidas, evidentemente, por tres alumnos, que contenían cada una de ellas tres camas, tres mesillas de noche, tres sillas y tres armarios, y, en la parte opuesta del pasillo, cabía hallar sus respectivas salas de estudios, con el mismo número de mesas y sillas; un espacio común para las duchas y los aseos ocupaba la parte central; asimismo, había dos salas para las reuniones, etc. En el segundo piso las habitaciones eran individuales y se repetían los mismos espacios comunes del piso inferior para las duchas y los aseos y las salas para las reuniones.

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La juventud es fuente de progreso

LA JUVENTUD ES FUENTE DE PROGRESO

“Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”.

Párrafo final de “La peste”, de Albert Camus.

Las/os jóvenes son progresistas y rebeldes por naturaleza. Solo en los pueblos donde hay jóvenes (o donde el espíritu colectivo de las personas adultas consigue mantener durante algún tiempo, al menos, el de las/os jóvenes —para atenuar, menguar o mitigar tal vez la ausencia de las/os mencionadas/os—) es posible identificar acciones, actitudes o comportamientos con las/os que las/os susodichas/os o sus supuestas/os sustitutas/os pretenden cambiar el estado de las cosas y de los casos para que estas/os mejoren en calidad y cantidad, y no estén abocadas/os a la asidua derrota o al fracaso habitual, signos inequívocos, cuando no de decadencia manifiesta, notoria, de muerte (aunque no sea todavía física). Solo las/os jóvenes son capaces de transformar el mundo (intentando mudar primero, claro está, su microcosmos más cercano o propio, su patio patrio). Lo contrario u opuesto, que otras/os verán como complementario de lo dicho, cabe aseverar de las personas mayores, de los viejos (ellas y ellos), quienes también por naturaleza, habiendo acaso olvidado que un día fueron jóvenes, son conservadores a ultranza, poco dadas/os o favorables a los cambios. Si las/os jóvenes actuales no hacen cosas de jóvenes, si no se comportan como tales ahora, tal vez no lo hagan nunca, por muchos que sean los años que vivan. Si las/os jóvenes no abaten o acaban con el injusto e inmundo mundo moderno, ¿quiénes lo harán? ¿Las/os viejas/os, a quienes hace la tira de años que se les pasó el arroz? Solo las/os jóvenes tienen los arrestos y las ganas para construir o edificar otro universo inverso, más horizontal y ecuánime. Esta es la razón por la que algunas/os gerifaltes de algunos gobiernos de algunas naciones del viejo continente dicen que no confían ni mucho, ni poco, ni nada (de nada) en las/os jóvenes, porque son (las/os tachan de) unas/os ácratas incontrolables. Quizá han olvidado que algunas/os de esas/os jerarcas fueron otrora jóvenes anarquistas que estaban, asimismo, en contra de toda autoridad, a favor de la libertad sin cortapisas.

No solo las/os jóvenes confían en las/os jóvenes. Quienes conocen (porque tratan) a las/os jóvenes también esperan mucho de ellas/os y del más que loable recorrido que pueden tener muchas de sus ilusiones, intuiciones, premoniciones o sueños. Hay jóvenes que son más responsables que muchas/os irresponsables mandamases adultas/os que no saben qué hacer con tanta responsabilidad como tienen entre las manos, pues comprueban, de manera fehaciente, cómo esta, como si fuera agua, se les escapa entre los dedos.

Las/os jóvenes huyen de la mediocridad, de la tibieza. Buscan ser, ora ardientes, ora fríos. Sueñan, debido a su entusiasmo inmarchitable, inacabable, con una sociedad de verdaderas/os ciudadanas/os cumplidoras/es (disciplinadas/os, pero no dogmáticas/os), empáticas/os, idealistas, radicales (partidarias/os de reformas extremas), solidarias/os.

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Cuando la ley suprema quede en mema

CUANDO LA LEY SUPREMA QUEDE EN MEMA

Mi dilecto amigo y heterónimo Otramotro pensaba que los políticos, si para algo existían y servían en las sociedades actuales, era para resolver los (grandes o pequeños, muchos o escasos) problemas que les fueran surgiendo a los ciudadanos (ellas y ellos) que las conformaban. Pero la realidad, pura y dura, que se impone a cuantas cábalas, conjeturas o especulaciones, plausibles y posibles, podamos hacernos usted, lector (sea hembra o varón), y yo, por nuestra propia cuenta y riesgo, viene a recomendarnos que pongamos los pies sobre la tierra y, asimismo, a cerciorarnos de que dicho axioma, principio o regla no vale para todos los países que en el mundo son. Así, si nos fijamos, verbigracia, única y exclusivamente en el nuestro, España, comprobaremos lo público y notorio, que no le faltaba razón a Julius, “Groucho”, Marx cuando adujo lo que, con el lento paso de los años, ha devenido en una verdad como una catedral de grande, que cuadra, encaja y viene como alianza al anular para explicar el disparate cómico que, desde hace un lustro (sin lustre), sobre todo, está acaeciendo en Cataluña: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar luego los remedios equivocados”.

Uno, servidor, que no es el diablo cojuelo, personaje legendario que aprovechara Luis Vélez de Guevara para escribir en el siglo XVII su novela, ni tan chismoso o refitolero como para desear serlo, desconoce qué ocurre en el día a día de cada uno de los muchos hogares que hay en Cataluña, pero si se basa o fundamenta en los delirios, ora de grandeza, ora paranoides, que trascienden y padecen (no me cabe ninguna duda) algunos (no pocos) miembros de su clase política y luego escucha, lee y ve en los diversos mass media, colige que debe parecerse dicho territorio mucho a un frenopático.

Así, por ejemplo, en el colmo de los colmos, al consejero de Empresa y Conocimiento del Govern, Jordi Baiget, que tuvo (no se sabe si) la osadía (que fue interpretada como una temeridad por las/os independentistas de la CUP) o el desliz de dejar que se le escapara una muestra de cordura al reconocer en público esta verdad, que el referéndum ilegal de independencia del 1-O acaso no podría celebrarse, porque el Estado opondría todos los medios legales a su alcance para desbaratarlo, el mandamás catalán, Carles Puigdemont, se lo cargó (lo cesó) a las pocas horas. Si de esa guisa actúan con la/el discrepante o disidente, amiga/o, qué harán (me temo lo peor) con la/el adversaria/o, oponente o enemiga/o.

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¿Por qué tenemos pánico al divorcio?

¿POR QUÉ TENEMOS PÁNICO AL DIVORCIO?

A veces (cada día resulta más frecuente el hecho; así que acaso —y aun sin acaso— tendría que haber empezado esta urdidura —o “urdiblanda”— de esta otra guisa: en numerosas ocasiones), el amor se acaba (algo tan natural como la vida misma). Y deviene una separación provisional (con meses dichosos y hasta años muy felices de prórroga o reenganche, tal vez) o definitiva. Bueno, pues, cuando esta nave arriba a ese puerto, se le suele llamar a la relación de pareja rota no derrota, no, sino divorcio (si es la vida la que fina, a ese fin de fines, a ese sin acaso ocaso, no se le conoce por fracaso, no, sino por muerte).

Si la vida nos viene demostrando del modo más natural, un día sí y otro también, que el amor apasionado que fluía a diario entre los dos miembros de una pareja no ha sabido evolucionar con el lento o raudo (porque, ciertamente, el perspectivismo puede llegar a hacer en algunos pagos estragos) transcurso del tiempo a otro estado, mera variante del mismo, cariño respetuoso, acaso haya llegado la hora de coger el toro por los cuernos y poner fin a ese infierno incipiente, medio o entero, en el que, en lugar de manar las caricias y los halagos (habituales o esporádicos) de otrora los/as que ahora brotan son reproches y broncas (sin cuento).

Seguramente, todas/os (las/os atentas/os y desocupadas/os lectoras/es de estos renglones torcidos y servidor, quien los ha hilvanado) conocemos a alguien, amiga/o, saludada/o o tratada/o, que se ha divorciado recientemente o va a divorciarse más pronto que tarde. El divorcio, que aún sigue teniendo mala prensa en ciertas capas, estratos o niveles de nuestra sociedad, debería perderla cuanto antes; y tomarse el grueso de las veces que acaece como lo que es, la mejor solución que cabe hallar o hay para resolver un problema morrocotudo de convivencia, donde los gritos, los insultos y los malos modos, si están a la orden del día, pueden dañar tanto, tan seriamente, los pocos lazos existentes que pueden borrar, cargarse y poner en peligro el buen poso e inmarchitable recuerdo que han dejado los momentos de felicidad vividos juntos y perjudicar ostensiblemente a otras/os, las/os hijas/os, u otros deudos si los hay, abuelas/os y nietas/os, probables víctimas de sus efectos colaterales, en el ámbito familiar.

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En el país de los ciegos

EN EL PAÍS DE LOS CIEGOS

(¿SÁNCHEZ, UN TUERTO, ES EL REY?)

“Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie”.

Carmen Calvo Poyato

Mi amigo Emilio sostiene
Que Pedro Sánchez un lince
Ha sido al nombrar a quince
Ciegos. ¿El de Carmen viene
A demostrarlo? ¿Conviene
De mediocres rodearse,
Con nescientes codearse,
Para entre ellas/os descollar?
¿Vivas/os las/os va a desollar
Y de ello a regodearse?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Aquí, sigue vigente el brocardo "dura lex, sed lex"?

¿AQUÍ, SIGUE VIGENTE EL BROCARDO “DURA LEX, SED LEX”?

“Para que triunfe el mal basta con que los hombres de bien no hagan nada”.

Edmund Burke

¿El aforismo jurídico latino “dura lex, sed lex” sigue conminando a toda la ciudadanía española, sin excepción, a su máximo respeto, bajo la amenaza de que sobre la/s persona/s que la contravenga/n caerá todo su peso? ¿El respeto máximo a la ley en vigor sigue siendo garantía de futuro y de progreso para toda la comunidad? Contesto a ambas preguntas con el rótulo del segundo álbum musical del grupo Jarabedepalo: “Depende”. E insisto en dar la misma respuesta mientras echo mano de dos versos, que son el estribillo de la citada canción, que da título a su segundo mencionado trabajo: “Depende ¿de qué depende? / De según cómo se mire, todo depende”. Y es que, dependiendo de si el ámbito o terreno en el que nos movemos, que pisamos, parece poco firme, propio de tierras movedizas, donde el subjetivismo, el relativismo y la arbitrariedad (a)sientan sus reales o campan a sus anchas, en esos lugares suele arraigar lo que se conoce como “la Ley Campoamor”, llamada de esa guisa porque toma los cuatro últimos versos, una cuarteta, del poema titulado “Las dos linternas” del poeta asturiano Ramón de Campoamor para expresar, de manera metafórica o retórica, la misma: “Y es que en el mundo traidor / nada es verdad ni mentira: / ‘todo es según el color / del cristal con que se mira’”.

En textos que he escrito y publicado antes que el presente, he señalado el daño intelectual que ha hecho a nuestra acrítica y pasota sociedad ese sofisma, que, una vez salió por la mui de quien lo pronunció en primer lugar, hizo (he de reconocerlo sin ambages) fortuna (pues prendió, se extendió y corrió por doquier como un reguero pólvora) y viene a sostener el argumento falaz, pero con visos de verdadero, de que todas las ideas son respetables. Está claro que todas las que son dignas de respeto son las personas. Pero sus ideas no (uno recuerda cuanto ha leído sobre los campos de concentración y de exterminio nazis —la “solución final” de la cuestión judía, su genocidio— y los campos de trabajo correccionales o gulags soviéticos, o considera ciertas medidas xenófobas de algunos partidos políticos populistas actuales o la práctica africana de la ablación del clítoris y ya tiene medio abanico hecho). Considero notorio y palmario que solo son ideas respetables (me disfrazaré de Perogrullo para acabar la frase) las que lo son. Las ideas que uno juzga que son intolerables (y aduzca las razones por las que una/o ha llegado a la conclusión de que lo son), evidentemente, no se pueden respetar, aunque así lo mande Perico el de los palotes o el mismísimo sursuncorda.

Un día, hace más de cinco lustros (seguramente, cuando encuadré y colgué mi título de Licenciado en Filosofía y Letras en la pared de mi habitación), vi, de modo cristalino, que España era una democracia perfectible, manifiestamente mejorable, pero esa realidad, que no podía negar, no objetaba esta otra, que también era obvia, que la piel de toro puesta a secar, con sus peros, seguía siendo un Estado de derecho, el marco democrático que garantizaba nuestros derechos individuales y libertades públicas. Bueno, pues, hoy, según lo que veo y escucho y leo, referido a Cataluña (donde hace mucho tiempo caló la idea básica, firme e inamovible de que sus ciudadanas/os son catalanas/es, pero nadie, al parecer, ha logrado hacerles ver lo que también es conspicuo, que, lo quieran o no, son, asimismo, españolas/es), dicho marco está tan desdibujado, tan enmarañado, en amplios sectores de su opinión pública, por el independentismo omnímodo, ominoso, que sus tentáculos han venido a hacer diabluras en el mismo.

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¿Sánchez? ¡El desahuciado ha renacido!

¿SÁNCHEZ? ¡EL DESAHUCIADO HA RENACIDO!

“Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’”.

Final de la parábola del hijo pródigo, según el Evangelio de Lucas, 15, 11-32.

Puede creerme. No he probado una, ni dos, ni tres, ni cuatro, ni cinco,..., sino (quizás concluya antes y con la mejor compañía, la triple alianza, formada por la exactitud, la honradez y la sinceridad, si echo mano como tabla de salvación o salvavidas de la letra ene, o sea, del número indeterminado; probaré; a ver qué sale) ene veces; bueno, pues, nada (de nada); que no ha habido manera, vaya. Mire. He hecho el esfuerzo de cepillarme todos los prejuicios que todavía pudiera portar o portear conmigo. Bueno, pues, insisto, ni por esas. Ergo, itero lo urdido. No ha habido manera humana de sacar nada de provecho ni en claro en lo tocante al asunto o la relación de Pedro Sánchez con el PSOE o viceversa.

No sé a usted, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), pero a mí me resulta meramente imposible entender cómo el PSOE, tras haber identificado cuál era la causa de su mal, un tumor, y dónde se hallaba, en la cabeza, que lo estaba matando paulatinamente y haber dispuesto todo (incluso firmó el consentimiento informado de cuanto se le iba a hacer) para llevar a cabo la intervención quirúrgica y cortar por lo sano, ha vuelto a las andadas.

¿No fueron los propios militantes socialistas (y, a su vez, miembros del Comité Central) los que echaron (sensu stricto, dimitió Pedro) a Sánchez de Ferraz, tras perder este la votación (132 contra 107) sobre la convocatoria de un Congreso Extraordinario en Noviembre del año pasado? Las razones que transcendieron a los medios fueron (me pongo el disfraz de Perogrullo para terminar la frase) las que fueron. Al parecer, algunas de las que había (tal vez unas cuantas permanezcan aún ocultas) se callaron. Ignoro si para usted fue llamativo (por lo menos, para este menda sí lo fue) que su segundo, el secretario de Organización, el riojano César Luena, que abandonó la sede de Ferraz aquel infausto primer día de octubre —madrugada ya del 2— del año pasado diciendo que apoyaría con los ojos cerrados a Sánchez así: “Yo siempre apoyaré a Pedro Sánchez. La decisión de presentarse a primarias es suya, pero yo siempre le apoyaré”. Está claro que nadie es un héroe para su ayuda de cámara (que nadie busque comparaciones —siempre odiosas para quien sale perdiendo después del símil—); que nadie es un señor delante de su criado, que sabe de sus debilidades por haberlo tratado en la intimidad. ¿Qué motivos o razones le llevaron a desdecirse, transcurridos menos de seis meses (¡con lo que penaliza a un político dar muestras de incoherencia!; en el caso que nos ocupa, evidente/s, notoria/s, palmaria/s) y a preferir integrarse en el candidatura de Patxi López y declarar el 7 de abril de este año que López era “el mejor candidato (...) Votaré a Patxi López, porque es el único que garantiza el futuro y la unidad para el PSOE?”.

He intentado, por todos los medios que tenía a mi alcance, con las piezas de que disponía, darle una forma congruente al puzle, pero he llegado a la conclusión (la sensación resultante es refractaria) de que me faltan piezas, bastantes teselas para completar el mosaico. ¿Cuántos miembros de la Comisión Ejecutiva anterior, fieles a Sánchez, lo siguen siendo de la actual? ¿Cuatro? ¿Cinco? La pregunta puede que para usted no lo sea, pero para mí es pertinente, distintiva, relevante. No me cabe en la cabeza cómo alguien que había sido desahuciado por cuanto galeno lo había auscultado ha renacido, como el título de la película protagonizada por el oscarizado Leonardo DiCaprio. No me cuadra. No sé qué pasará en las mentes de las/os demás, pero en la mía no consigo encajar el mito del ave fénix, que resurgió de sus cenizas, con Sánchez, el muerto de otrora con el redivivo y aun fortalecido de ahora. ¿Cómo ha conseguido devenir el villano en héroe? Como no soy militante del PSOE, acaso me falten las claves necesarias y precisas, que otras/os, sin duda, conocen, de buena tinta, y poseen para dar una explicación razonada al enigma o la respuesta oportuna a tal pregunta. Yo me veo imposibilitado para ello; soy incapaz.

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¿Qué es lo que no hay que exportar/importar?

¿QUÉ ES LO QUE NO HAY QUE EXPORTAR/IMPORTAR?

—Día tras día, me admiro,
Muro, de que desplomado
No te halles/hayas, no, ni arruinado
(Esto le suelta Ramiro
A la pared que remiro).
¿Cómo puedes soportar
Tanta estupidez portar,
Como encierran las palabras
Que las/os que están como cabras
Trenzan y no hay que exportar/importar?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Ene adversarios dadme; no enemigos

ENE ADVERSARIOS DADME; NO ENEMIGOS

El pasado jueves, 15 de los corrientes mes y año, el grueso de los periódicos que (h)ojeé en el sitio de costumbre, la tudelana Librería/Papelería “El Cole” (una vez más me veo en la propicia tesitura de no dejar escapar la ocasión, pintiparada, efímera, sin duda, de testimoniarle a “Fangio”, de nuevo, mi más sentido y sincero agradecimiento —siempre estaré en deuda con Miguel Ángel Gracia Eraso, su dueño, por haberse comportado conmigo como un “mecenas” y seguir derrochando generosidad a manos llenas, si no con todas/os, con la mayor parte de sus semejantes—, que no miento), conmemoraron una fecha indeleble, inmarcesible, los cuarenta años transcurridos desde las primeras elecciones democráticas en España. Era una manera estupenda, magnífica, de echar cuatro cerrojos, cuatro, a cuatro décadas de dictadura (mientras algunas/os historiadoras/es, profesoras/es y periodistas consideran que hubo un par de años de “dictablanda”, cuando el general/ísimo empezó a perder ímpetu, fuerza o fuelle, al final de sus días —amén de anciano, estaba enfermo—, otras/os aseveran que no dejó de ser autoritario hasta la última jornada en la que fue consciente de sus actos) franquista.

Todas/os, elegibles y electoras/es, candidatas/os políticas/os, periodistas y ciudadanas/os, o volvían a disfrutar del derecho al sufragio libre, directo y secreto, las/os añosas/os, o se estrenaban en ese menester, las/os hijas/os y nietas/os de la posguerra.

Dos canciones, que devinieron en himnos emblemáticos, porque sonaron y se escucharon tanto por doquier (lo urdiré echando mano de un oxímoron, hasta la saciedad, pero sin llegar a provocar los rigores del hartazgo) durante los primeros años de la Transición española a la democracia, sirvieron de motores o vehículos para alentar al electorado a participar en la fiesta de las urnas y votar, a estimular el espíritu de reconciliación cívica y a superar la tentación de la revancha, sin acudir a la ira para demostrar las normales y naturales discrepancias de criterio: “Habla, pueblo, habla”, compuesta por el grupo murciano Vino Tinto, y “Libertad sin ira”, de Baladés, Herrero y Armenteros, popularizadas ambas por el grupo musical onubense Jarcha.

En el diario La Rioja de dicho día leí lo que luego, una hora larga después, releí en la edición digital del mentado periódico, unas declaraciones interesantes, sin hesitación, sobre la susodicha efeméride, de quien ostentó con orgullo la dignidad de llevar la cartera del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo durante seis años, en varios gobiernos presididos por Felipe González, Javier Luis Sáenz de Cosculluela (PSOE), que obtuvo representación parlamentaria, o sea, escaño en el Congreso, precisamente, en las citadas elecciones, quien tras volver a echar la vista atrás, aducía que “fue una época en la que no hubo odio en la política y eso que los protagonistas de entonces habíamos tenido una experiencia muy amarga con la dictadura (...) hicimos la Constitución en un marco en el que el odio estaba ausente. Los de enfrente eran adversarios, no eran enemigos, cosa que ahora no ocurre, porque alguien ha traído el odio a la política”.

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¿Para qué sirve la pasta?

¿PARA QUÉ SIRVE LA PASTA?

(PARA TOLERAR EL ASCO)

“Quienes creen que el dinero lo hace todo terminan haciendo todo por dinero”.

François Marie Arouet, “Voltaire”

Quienes creen que el dinero,
Excremento de Satán,
Al cauto vuelve un patán,
Como afirma el marinero
Que trabajó de minero
Cuando menor de edad era,
Son de esta opinión sincera:
En la actual s(a-o-u)ciedad basta
Con tener a espuertas pasta,
Pues hasta el asco tolera.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Carta apócrifa entre bachilleres que fueron colegas de "Fígaro"

CARTA APÓCRIFA ENTRE BACHILLERES QUE FUERON COLEGAS DE “FÍGARO”

(DE GUARDIMAR A PANDEMONIO, AL ESTILO DE PÉREZ DE MUNGUÍA)

Dilecto amigo y bachiller, colega Carles Pandemonio:

Como me pide en la suya, a la que me apresto a responder, que le cuente el caso por extenso, empezaré por el principio, por trenzarle (a ver si lo hago con una pizca de arte) que tengo tres hermanos: dos féminas y un varón. Ergo, continuemos, sigamos adelante, que esto tiene poco (apenas nada) de distintivo, pertinente o relevante. Mi hermana mayor, a quien todo el mundo llama Paca (yo acostumbro a decirle mucho: “Paca, ven pa —ra— acá”; y ella, que es tan coñona o zumbona como yo —y hasta más que el que narra, servidor—, me suele contestar indefectiblemente con esta pregunta proverbial “¿Pa —ra— qué?”) es una señora casada, que antaño recibió una educación de las más selectas que en las postrimerías de la centuria pasada y en los inicios del presente siglo XXI se podía dar a las/os hijas/os de bien (ahora me doy cuenta de que hubiera sido mejor usar el plural, de bienes, de muchos bienes, de toda clase); quiero decir esto, que sabe leer, aunque no todos los libros (los escritos en otros idiomas que no sean el catalán, el español, el francés y el inglés, no), y escribir, aunque no urda cosas dignas de ser leídas (ergo, menos aún releídas); contar no es un problema mayor o problemón para ella, porque siempre descuidó tanto el cuento de sus cuentas que, aun después de haberse casado, acostumbra a dejarlas a mi cargo, ya que soy su mayor acreedor, que las llevo, sin ninguna duda, bastante mejor que ella; baila la sardana como una sardina se mueve en el líquido elemento marino; canta cuanto sobra para hacerse notar o de rogar y para dar la vez con viva voz; monta a caballo como una amazona del río de igual nombre en plural, que, según cuenta una leyenda que me acabo de inventar (por fantasear, que no quede en el tintero más que lo que huelgue), amenazaba más con su vista de lince que con el arco tensado, dispuesto a disparar la flecha; y mil placeres reporta ver con qué soltura y desembarazo saluda, mientras anda callejeando o paseando, ahora que el verano se ha adelantado, por las sombras de Barcelona, a sus amigas/os y conocidas/os; de ciencias y artes desconoce lo suficiente como para poder hablar de ambos ámbitos como una ducha, experta o perita en dulce. En materia de bel canto y de teatro nada añadiré a que está abonada al Palau de la Música, y si ignora qué asunto se está cociendo en el drama, se calla o da el pego, que para eso lo paga, y aun lo suele silbar y patear; de este modo da a entender que ha visto obras mejores en los proscenios de varios teatros de otros países, porque ha viajado mucho por el extranjero. Ahora, verbigracia, está destinada en Qatar, donde o catas o te catean por no catar. Habla bien el francés y el inglés cuando debería hablar mejor el español, y el catalán, su lengua materna, no lo habla más que con los suyos y por teléfono. Por supuesto, como yo, cree más en la independencia de Cataluña (república que me pone de los nervios y por eso hago lo que me manda, pruebo y como la primera uña que hallo) que en Dios, y menos si es trino, porque quiere pasar allí donde se encuentre por mujer de luces (como dijo Edith Wharton, “hay dos maneras de difundir la felicidad, ser la luz que brilla o el espejo que la refleja”). Se me olvidaba aducir u olvidábaseme decir, como le gustaba hilvanar de cuando en vez a Cervantes, que no diré nada de los diversos títulos que tiene ni de sus otras muchas virtudes (tantas, que su innúmera cantidad y pormenores incontables no se solidarizarían nunca con su excelsa calidad, por más que me empeñara en ceñirme a enumerar unas y reducir otros a un único adjetivo, y con esta carta (en la que una legión de lectoras/es avispadas/os verán lo que sin hesitación es, un cuento), que tiene vocación de breve.

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Lunes, 24 de julio

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