El Blog de Otramotro

Dejación de funciones se llama eso

DEJACIÓN DE FUNCIONES SE LLAMA ESO

En España estamos como estamos con el inacabable asunto, conflicto o problema catalán (cada día peor, ergo, más difícil de resolver), porque los diversos Ejecutivos centrales, al necesitar los apoyos y/o votos de los diputados de los partidos nacionalistas en el Congreso para poder gobernar con garantías, les dejaron, como contrapartida, que esas susodichas formaciones pudieran hacer y deshacer en las Comunidades Autónomas donde gobernaban, País Vasco y Cataluña, a su antojo.

El PNV y CiU, si exceptuamos las legislaturas en las que gozaron de mayoría absoluta PSOE y PP, en las que sus votos no eran decisivos, en las restantes, en las que sus votos favorecían o propiciaban la gobernabilidad, tras llegar al preceptivo pacto de gobierno, pacta sunt servanda (los pactos deben cumplirse), rentabilizaron al máximo la necesidad y la urgencia política de sus apoyos, sacándoles a estos el mayor de los provechos.

Ante la clara dejación de funciones de supervisión (miraron para otro lado), por parte de los sucesivos Gobiernos centrales, de cuanto acaecía en Cataluña, donde no se cumplían varios preceptos constitucionales y no pasaba nada, donde la educación era claramente sectaria y tendenciosa (desconozco si la información que he leído es fiable y correcta, pero el dato de que cerca del noventa por ciento, el 88%, de los profesores de Enseñanza Secundaria de la provincia de Girona se han confesado favorables a la independencia no es baladí, menos aún, despreciable), ha desembocado en los momentos esperpénticos y grotescos que estamos viviendo en la actualidad. Los secesionistas están convencidos de que, en un Estado de derecho como es España (mejorable, sí, perfectible, también), ellos pueden hacer cuanto les dé la real gana y se pasan el principio jurídico de dura lex (que, como mucho, les suena a una marca de vasos de vidrio), sed lex (dura ley, pero ley) por donde mejor les parece. Están falsamente persuadidos, verbigracia, de que, como el derecho a decidir, que esgrimen, nadie se lo puede negar, se pueden saltar u hollar cuantos artículos de la Constitución Española de 1978 les apetezca. Así que a nadie le puede extrañar que el expresidente fugado, Carles Puigdemont, como si ejerciera de pseudorrey de Cataluña (qué entenderá el sujeto en cuestión por república, me pregunto, qué), haya nombrado a dedo (emulando al creador de Dios, que pintó el genial Miguel Ángel Buonarroti y podemos contemplar en la bóveda de la Capilla Sixtina, en los museos de la Ciudad del Vaticano, Roma) al tipo más fanático que había en el Parlament (lo escogió el hoy huido para que ocupara el undécimo lugar de su lista), a un racista, supremacista y xenófobo, como a todas luces es Quim Torra, si echamos una ojeada a lo que otrora escribió (y no una ni dos veces, sino bastantes, para que quedara constancia suficiente de su ideología) como su heredero o vicario; con la particularidad de que ningún diputado de PDeCat ni de ERC haya dicho al respecto ni mu.

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¿El ciento treinta y uno es honorable?

¿EL CIENTO TREINTA Y UNO ES HONORABLE?

“Llamo coherencia al ajuste o encaje perfecto entre lo que se piensa, las tesis ideadas, y lo que se dice que se ha pensado, las conclusiones proferidas; y de esto, a su vez, con lo que se hace, las actitudes perceptibles”.

Emilio González, “Metomentodo”

Hoy en día, en el viejo continente, Europa, entre la legión de dirigentes políticos que hay, cabe espigar y conformar una patrulla o patulea de representantes despreciables, insolidarios e insensatos, empeñados en poner en peligro los pros de la menos mala de las formas de gobierno pergeñadas por el ser humano, la democracia. La manipulación, a base de propaganda y agitación, de las emociones y los símbolos entre la ciudadanía, que los susodichos hacen, cada día es más evidente, omnímoda y ominosa, llegando esta a abrazar y ocupar, amén del núcleo y zonas aledañas, hasta los contornos de los numerosos espacios donde se debate de política (en una horquilla cuyos extremos van de la visión más apodíctica, real o verdadera a la más apócrifa, fantasiosa o ficticia).

Ahora, verbigracia, varios ejemplares de los mentados en el párrafo de arriba pretenden normalizar (y hacer comulgar con ruedas de molino al resto) convicciones que algunos, entre los que se cuenta el abajo firmante de estos renglones torcidos, servidor, considerábamos que ya habían quedado arrumbadas y periclitadas, como las racistas y supremacistas; en plata, que una colectividad, por razón (una sinrazón en toda la regla) del lugar donde nacieron, de la lengua en la que balbucieron sus primeras palabras o de la cultura que otrora mamaron, es mejor y superior a otro grupo ajeno, anejo o alejado en el espacio y/o en el tiempo. Ningún representante de ninguna de las formaciones políticas con escaño en las diversas Cámaras, incluidas las independentistas, deberían avenirse a dar por bueno o el plácet a ese tesón de algunos politicastros desfasados por resucitar o clonar ideas que, por detestables y horrendas, deberían seguir como y donde están, hechas ceniza y encerradas bajo siete llaves, en una urna reprobable de la historia. Convendría que se sacaran lecciones inmarchitables de esos maestros (y aun doctores) que son los acontecimientos pasados. ¿Ya se ha olvidado adónde llevaron los juicios nazis y fascistas en Europa? A la confrontación más inhumana, a la Segunda Guerra Mundial.

Muchos han hablado y escrito estos últimos días pretéritos (con razón) de las opiniones racistas, sectarias y supremacistas del presidente ciento treinta y uno de la Generalitat, Quim Torra. A mí (dejando a un lado otra paradoja, que se haya elegido como Molt Honorable ¿al más fanático de entre los independentistas?) lo que más me ha llamado la atención es que los segregacionistas se hayan hartado de argumentar que prefieren una república a una monarquía hereditaria y nadie (ningún secesionista, quiero decir) haya salido a la palestra, o sea, dicho ni mu, del dedazo de Puigdemont (a la hora de elegir plan, un heredero, o clon suyo, para el clan), una contradicción como una casa (como la ídem de la ídem de Pablo Iglesias e Irene Montero; a quienes han zurrado de lo lindo con razón, por cierto). ¡Consejos vendo y para mí no tengo!, sí. O la ley del embudo (la parte estrecha para ti y la ancha para mí), también. Cinismo, pura y dura impudencia.

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Jamás se ha afiliado el menda

JAMÁS SE HA AFILIADO EL MENDA

Puede que esto a usted le asombre
Y, a la par, que me comprenda.
Jamás se ha afiliado el menda
A un partido, pues no es hombre
Dispuesto a perder su nombre.
¿No le parece un misterio,
Diplomado en magisterio,
Que entre tanta/o independiente,
Lleve o no lleve pendiente,
No halle/haya alguna/o de criterio?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


La estupidez insiste siempre, amigo/hermano

LA ESTUPIDEZ INSISTE SIEMPRE, AMIGO/HERMANO

“Cuando estalla una guerra, las gentes se dicen: ‘Esto no puede durar, es demasiado estúpido’. Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones. Nuestros conciudadanos no eran más culpables que otros, se olvidaban de ser modestos, eso es todo, y pensaban que todavía todo era posible para ellos, lo cual daba por supuesto que las plagas eran imposibles”.

Albert Camus, “La peste”.

¿Es tolerable en un Estado de derecho (no me cabe la menor duda de que España lo es, aunque, a renglón seguido, siempre suelo añadir el latiguillo de que me parece manifiestamente mejorable o perfectible) que una importante institución del mismo como, en nuestro país, es, sin ninguna hesitación, la Generalitat de Cataluña, no haya garantizado el sacrosanto derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz” que tiene su ciudadanía, al contravenir, clara y clamorosamente (porque el hecho, feo, clama al cielo), lo que dice el punto 2 del artículo 20 de la Constitución Española (“el ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”), porque lo cierto (lo obvio no se puede negar) es que ha vetado a los medios privados al acto de toma de posesión, como presidente 131 de la Generalitat, de Quim Torra? Mi criterio es que no. Así que debo aplaudir y palmoteo en señal de asentimiento y entusiasmo la iniciativa del Colegio de Periodistas de Catalunya, que, en la nota de prensa que ha difundido, ha defendido el susodicho derecho (que he entrecomillado en parte antes), recogido en la letra d) del punto 1 del artículo 20, arriba mencionado. No entiendo por qué se ha arrumbado dicho derecho, pilar fundamental de/en toda democracia que se precie de serlo con todas sus letras; por qué se ha vetado la entrada de los mass media privados a la sala donde se ha llevado a cabo el acto mentado.

Comprendo el cabreo de los periodistas que aman su trabajo, al ver cómo les han puesto barreras o muros para culminar el ejercicio de sus tareas. Y que hayan aprovechado la ocasión para condenar, deplorar y seguir dando por malas (y aun pésimas) las ruedas de prensa en las que se les impide preguntar y las comparecencias en pantalla de (o vía) plasma.

¿Es tolerable que en un Estado de derecho (no temas, atento y desocupado lector, seas hembra o varón, que no es mi propósito iterar aquí otra vez todo lo que he trenzado en el párrafo con el que he arrancado esta urdidura o “urdiblanda”; suelo seguir a Albert Camus, cuya cita o fragmento de su celebérrima novela, “La peste”, he escogido como exergo pintiparado, por cierto, para que encabezara el presente texto) que quien es la máxima autoridad del Estado en una Comunidad Autónoma, en el caso que nos ocupa, el presidente de la Generalitat de Cataluña, a la hora de tomar posesión de su cargo, no jure o prometa guardar fidelidad ni a la Constitución, ni al Estatut, ni lealtad al rey? Yo pensaba, pero, al parecer, estaba equivocado (y es que mis lagunas suelen ser oceánicas), que los cargos públicos empleaban la misma y solemne fórmula habitual que usan los funcionarios públicos, como requisito imprescindible para adquirir la condición de tal: “Juro (o, en su defecto, prometo) cumplir fielmente las obligaciones del cargo —que sea— con lealtad al rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado”. Una mera variante de la tal es esta otra: “Juro o prometo guardar y hacer guardar fielmente la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico, lealtad a la Corona y cumplir los deberes de mi cargo frente a todos”.

¿Es suficiente con hacerlo, como así lo ha hecho hoy Quim Torra (insistiendo en la fórmula que usó Carles Puigdemont en 2016), prometiendo solo fidelidad “al pueblo de Cataluña, representado por el president del Parlament”? Secundo (en lo poco que vale, pero, como dice el latinajo, “adde parvum parvo, magnus acervus erit”, o sea, “añade un poco a otro poco y el montón será grande”) la propuesta que ha hecho hoy el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (que cuando acierta, como considero que también hizo ayer, al proponer una nueva y puesta al día redacción del delito de “rebelión” en el Código Penal, hay que reconocérselo), de regular la toma de posesión de los cargos públicos, para que en ella aparezcan, de manera obligatoria, el acatamiento de la Constitución y la lealtad al rey.

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Ser independentista es una opción

SER INDEPENDENTISTA ES UNA OPCIÓN

Dilecto Mikel Arilla, periodista de Plaza Nueva:

En la primera lectura que he culminado de tu escrito (porque lo he leído dos veces) “La diatriba al ‘mal patriota’” (si el DLE define diatriba así, “discurso o escrito acre y violento contra alguien o algo”, deberías haber usado para el título de tu artículo la preposición contra), solo he reparado en dos errores (si computamos el mencionado, del rótulo, como el primero, que luego iteras en el cuerpo del texto), que merecen las oportunas correcciones. En el supuesto de que quien firma estos renglones torcidos hubiera sido el autor del tuyo (supongo que te ha ocurrido lo que nos suele acontecer a cuantos estamos acostumbrados a componer textos a diario, que, por muchas veces que leamos nuestras urdiduras —o “urdiblandas”—, es rara la vez en la que no pasamos por alto un pequeño error, o dos), y se hubiera dado cuenta de ellos, claro, hubiera procedido con diligencia a su inmediata enmienda. El segundo yerro que hubiera subsanado es el imprudente adelantamiento realizado por la letra ese, en “intrasnferible”.

En la segunda lectura, he vuelto a reparar en lo que ya advertí en la primera, el uso ajustado que haces de la ironía (tengo para mí que quien echa mano de ella, de manera correcta, en cualquiera de las tres acepciones que recoge el DLE, demuestra tener (y gestar mientras la gasta) una inteligencia particular, singular —por no ser habitual su cabal manejo—).

Es manifiestamente criticable (como haces tú) que se censure (por cierto, no sé si abundarás conmigo en esto, pero tengo para mí que aquí, en este país, se censura mucho; hay quien lo hace a manos llenas) a Alfred García por “ser catalán y aparentemente favorable a las posturas independentistas”. No todo el mundo tiene claro, como el agua cristalina, lo obvio, que, en España (un Estado de derecho, mejorable, sí, perfectible, también) ser independentista es una opción política tan lícita como cualquier otra (cosa que, en verdad, no ocurre en Alemania), siempre que se acepte, sin poner excusas de mal perdedor, como requisito previo e imprescindible, que el ciudadano que defienda y sostenga esa ideología deberá someterse a las mismas reglas de juego que el resto y respetar (dura lex, sed lex) el ordenamiento jurídico vigente. Cualquier persona que se tenga por un demócrata verdadero, con todas las letras, debe asumir, sin rechistar, las leyes que rigen. Estas se pueden cambiar (y deben mudarse, sin duda, si son injustas, por los procedimientos previstos y adecuados) al objeto de mejorarlas y hacerlas más justas, pero nunca saltárselas ni hollarlas, como, si no he interpretado mal sus palabras, ha declarado que va a hacer Quim Torra, de quien anteayer mi admirado Javier Cercas escribió en la tribuna titulada “Pesadilla en Barcelona” de El País, con burla sutil, esto: “Dicho lo anterior, sólo puedo añadir que me sentiría mucho más tranquilo si el presidente de la Generalitat fuera un paciente escapado del manicomio de Sant Boi con una sierra eléctrica en las manos”.

En lo tocante a tu afirmación de que es el choque identitario el que contamina al “procés”, yo no lo tengo tan claro. Acaso la cosa sea hoy al revés, que el “procés” es el que contagia, infecta (y es una mina para) el choque identitario. O que ambos se re(tro)alimentan mutuamente.

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El fin no justifica, Quim, los medios

EL FIN NO JUSTIFICA, QUIM, LOS MEDIOS

—Por raro que te parezca, esto no lo ha escrito un poeta. Lo dijo un psicoanalista que se llamaba Wilhelm Stekel. Esto es lo que... ¿Me sigues?
—Sí, claro que sí.
—Esto es lo que dijo: “Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”.

Jerome David Salinger incluyó este breve diálogo en su celebérrima novela “El guardián entre el centeno” (1951).

Ignoro si usted, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), es catalán, mayor de edad y no independentista (quiero decir, no segregacionista ni soberanista ni supremacista). Si lo es y escuchó, de cabo a rabo, los dos discursos (el del sábado y el del lunes) de investidura de Carles Puigdemont (por boca de Quim Torra), tal vez se sintió arrumbado o excluido por sus palabras y llegó a la misma conclusión o parecido puerto al que arribó este menda: el candidato de Junts per Catalunya a formar (las malas lenguas ya se han encargado de propalar por doquier la mala especie de que ya se lo ha conformado Puigdemont) el próximo Govern de la Generalitat, amén de no haber hecho lo que debía (y sin demora), la autocrítica del independentismo y, como corolario, al no ser consciente de haber cometido la larga retahíla de errores de bulto en los que incurrió, pretende continuar por la misma senda, o sea, seguir hollando las leyes vigentes (y recuperando las suspendidas), a fin de conseguir, antidemocráticamente, con apenas un escaso 48% de los votos populares, de manera ilegal y unilateral, su ansiada causa, la independencia. Me da en la nariz que el artículo 155 de la Constitución Española, que está dando sus boqueadas, no tardará en emular a Cristo, según cuentan los Evangelios canónicos, y resucitar, como él, al tercer día. Esto es lo que a servidor le quedó meridianamente claro.

Aunque mi piadoso y difunto padre solía esgrimir en sus conversaciones (con gentes diversas) el latiguillo de que la experiencia era la madre de la ciencia, que ese idéntico planteamiento desembocara o tuviera, como consecuencias directas, la ruptura de la sociedad catalana (en la que algunos padres no pueden hablar del asunto en cuestión con sus hijos, ni algunos hermanos entre sí del tema de marras, porque saltan chispas), el cambio de sede (social y fiscal) de casi tres mil novecientas empresas, la aplicación del artículo 155, el ingreso preventivo en prisión o la huida de los irresponsables líderes que provocaron tanto desmán, al parecer, no ha servido de nada. Así que, el abajo firmante ha de dar necesariamente la razón a don Santiago Ramón y Cajal, que hace casi un siglo, en “Charlas de café” (1920) escribió: “Se ha dicho muchas veces que no hay nada más inútil que la experiencia. Tan triste verdad se corrobora cuando somos víctimas de una pasión avasalladora. En la vida del enamorado, los prudentes consejos del viejo suenan como la voz atiplada de un eunuco que disertara sobre las excelencias del celibato”. Si al atento y desocupado lector no le han convencido del todo las sensatas palabras del Premio Nobel de Medicina de 1906 (que compartió con el italiano Camillo Golgi), le propongo que lea las siguientes, de los mismos autor y libro, porque, unidas a las anteriores, quizá acaben por persuadirle: “Nada más inútil —se ha dicho mil veces— que la experiencia. A la mayoría de los hombres nos pasa lo que a las ranas y las moscas decapitadas, que se obstinan en preservar y defender la cabeza después de haberla perdido”.

Como este menda no se deja mangonear por nada ni por nadie, no sé si a usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), le ocurre tres cuartos de lo propio que a mí, que no me cabe en la cabeza, que no entiendo (ni a la de tres) cómo alguien puede brindarse a ser un simple muñeco, pelele o títere (al modo de las hormigas Trancas, Barrancas y Petancas, en el programa de entretenimiento —con secciones de entrevistas, divulgación científica, magia y humor— de Antena 3 Televisión, “El hormiguero”) en manos de Puigdemont (que se ofreció a serlo, a su vez, de Artur Mas). Como los seres humanos no somos gatos (solo tenemos una vida), no comprendo ni concibo cómo alguien puede avenirse a tener una existencia vicaria, por mucho que sea el boato del que va a poder disfrutar o el oro que espera (o le han prometido que va a) recibir a cambio, como contrapartida o recompensa.

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¿Por boca de don Quim habló don Carles?

¿POR BOCA DE DON QUIM HABLÓ DON CARLES?

Seguramente, para usted, atento, avezado y desocupado lector (sea hembra o varón), lo que me dispongo a urdir a continuación es algo conocido y sabido, o sea, lo que, aunque no lo es, stricto sensu, puede pasar por una mera fusión de ambos vocablos, consabido. Sin embargo, como usted estará de acuerdo conmigo en que es bueno que el lector no iniciado empiece a serlo, poco a poco, y el esporádico se aficione cada día un poco más, si cabe, que sí, que cabe, a la lectura, no formulará queja ni tendrá inconveniente alguno ni se molestará por esto, por que servidor recomiende encarecidamente al que aún no es ducho o experimentado, como usted, en dicha costumbre o hábito, que, cuando pueda —apunte y guarde este consejo, para que no lo olvide y, si lo olvida, que quede constancia, para que no caiga en saco rato—, pase su vista por un poema poco conocido de don Miguel de Unamuno y Jugo, perteneciente a su obra póstuma “Cancionero. Diario poético” (1953), que porta, como título, el triple verbo en infinitivo (que conviene conjugar en la primera persona del singular del presente de indicativo y, además, en el resto de las demás personas y de las formas y modos verbales del pretérito, presente y futuro) “Leer, leer, leer”. Lo que acabo de hacer está íntimamente relacionado con la locución verbal coloquial “hablar alguien por boca de ganso”, o sea, decir lo que otro le ha sugerido que diga, esencia, fundamento y porqué de la pregunta que obra en el rótulo de la presente urdidura (o “urdiblanda”).

El sábado pasado, tras escuchar el discurso de investidura del candidato a president de la Generalitat, Joaquim Torra i Pla, en el Parlament, me quedó la impresión o sensación refractaria de, mutatis mutandis, haber asistido a un nuevo e inopinado número de ventriloquía del ausente Carles Puigdemont, disfrazado para la ocasión de un invisible José Luis Moreno, con su muñeco más leal, álter ego del citado expresident y conocido por su hipocorístico, Quim (como solía hacer antaño Moreno con sus tres muñecos habituales, Monchito, Macario o el cuervo Rockefeller), pero, a diferencia de lo que procuraba y solía lograr el humorista en mí, sin hacerme el fugado y ausente KRLS, actualmente en Berlín, por boca de su ganso Quim, ninguna gracia.

Quien haya leído alguna vez la famosa y en la fecha presente en boca de muchas/os (por ajustada a la realidad catalana actual y por original en su expresión) definición de Julius, “Groucho”, Marx, de que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”, habrá pensado en más de un politicastro, en más de dos, y hasta en no menos de diez diputados (hembras y varones) de tres al cuarto, con escaño en el Parlament, a los que les cuadra o encaja perfectamente la misma; o sea, que les viene la susodicha acepción del cargo de diputado que desempeñan a día de hoy como anillo al dedo anular.

Como tiendo a considerar que quien me suele leer (ella o él), por la razón que sea, aquella jornada en la que servidor hablaba en uno de sus escritos de esto, eso o aquello, no me leyó, pudo no haberme leído, le acostumbro a pedir disculpas de antemano, por iterarme y volver a rememorar lo consabido por él. Sé, verbigracia, que más de una vez he urdido sobre lo que sigue, que, para arrancar la que acaso sea su mejor obra, “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” (1852), Karl Marx escribió: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”.

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Tras ETA haberse disuelto

TRAS ETA HABERSE DISUELTO

Para que haya convivencia
En Euskadi es necesaria
Memoria fiel, solidaria
Y ajustada con solvencia
A lo que fue, una indecencia.
Aunque nos llegue a abrasar,
La página hay que pasar,
Pero tras leerla bien
Y extraerle al mal el bien;
Y el perdón no retrasar.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


No es Dios Francesc-Marc Álvaro, presiento

NO ES DIOS FRANCESC-MARC ÁLVARO, PRESIENTO

En el artículo titulado “Escuelas bajo sospecha” (del que he hecho una copia), que lleva la firma de su autor, Francesc-Marc Álvaro, publicado ayer, jueves, 10 de mayo, en La Vanguardia (servidor ha accedido hoy, viernes, a él a través de la edición digital de dicho periódico), que he leído (para conocer otros criterios o perspectivas sobre el asunto) de cabo a rabo, porque la víspera publiqué en mi bitácora una urdidura (o “urdiblanda”) sobre el mismo tema, he subrayado varios renglones: “Se piense lo que piense de las relaciones Catalunya-España no se puede negar que los acontecimientos de aquella jornada provocaron muchas preguntas entre los niños y adolescentes. La mayoría de maestros tuvieron claro que debían acompañar un debate tranquilo, informado y respetuoso sobre todo aquello, no podían esconder la cabeza debajo del ala”.

Me ha llamado sobremanera la atención los dos términos del binomio de la presunta relación de oposición que establece el autor entre Catalunya y España, como si Cataluña no fuera (o hubiera dejado de ser por arte de magia) un territorio, parte importante o Comunidad Autónoma de España.

A propósito de las preguntas numerosas que se hicieron los niños y adolescentes el día de marras, dos de octubre (antes, durante —recreo incluido— y después de la jornada lectiva), cabe preguntarse si no hubo, si no hicieron preguntas los críos y púberes a sus maestros y profesores antes y después de dicha y crucial fecha. Intuyo que sí las hubo por otros motivos críticos y decisivos y que fueron oportunamente contestadas.

El autor del texto que comento afirma, itero, que “la mayoría de maestros tuvieron claro que debían acompañar un debate tranquilo, informado y respetuoso sobre todo aquello, no podían esconder la cabeza debajo del ala”. Creo que lo que escribe y describe Álvaro en su artículo de información y opinión tiene que ver más con su deseo de lo que tendría que haber sucedido que con la realidad de lo que, sensu stricto, acaeció, porque esa afirmación (presupone que él gozó, al menos aquel día, de la facultad divina de la ubicuidad) solo pudo hacerla o ser trenzada por quien no creo que exista, pero respeto que sean legión las/os que no ponen en tela de juicio su existencia, Dios. A menos que el señor Álvaro sea el mismo y susodicho Ser Supremo, que, si he de urdir lo que barrunto, intuyo o sospecho, considero que no lo es.

Con el cambio de párrafo, Francesc-Marc parece haber perdido dicho don o virtud, la ubicuidad, porque en él asevera lo siguiente: “Si en algún centro educativo ha habido algún episodio fuera de lugar, lo que toca —ante todo— es solucionarlo dentro del ámbito escolar. Como dice un buen amigo, que ha dirigido un colegio durante años, el sentido común y la mesura son herramientas básicas cuando gestionas material sensible. Ningún padre del IES El Palau expresó quejas a los maestros los días siguientes al 1-O, fue pasados unos meses que (sic, mejor cuando, según mi parecer) algunas familias vinculadas a la sede de la Comandancia de la Guardia Civil acudieron a determinados canales de televisión para explicar una versión. A partir de ahí, se generó una polvareda judicial, mediática y política, con grave vulneración de la presunción de inocencia de los nueve profesores encausados por la Fiscalía”.

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¿Cataluña es del orbe la excepción?

¿CATALUÑA ES DEL ORBE LA EXCEPCIÓN?

ALUMNOS ALECCIONAN A SUS PROFES

¿Qué ocurrió, de verdad, de la buena, el día 2 de octubre en varias clases del Instituto de Enseñanza Secundaria El Palau, de Sant Andreu de la Barca?

Para responder a dicha pregunta con propiedad y precisión o rigor, debemos ponernos antes de acuerdo en cuatro asuntos inexcusables o condiciones sine qua non, cuatro. Primero. Si consideramos que está, desde el punto de vista filosófico, en vigor y científicamente probado el principio de causalidad, según el cual, es evidente la relación de dependencia que existe entre una causa y un efecto, hemos de concluir, sin dejar una rendija por la que pueda colarse de rondón la duda flaca ni dar opción a que quepa hallar una posible objeción, que algo es causa de un efecto cuando este depende de o tiene su origen en aquella. Quien es versado en leyes, ha trabajado en alguna compañía de seguros o convive con personas que han ejercido y siguen fungiendo su labor en el ámbito jurídico, ha escuchado más de una vez, seguramente, ese razonamiento (un juego de palabras) inapelable, que se admite como verdad irrefutable, de que la causa de la causa es causa del mal causado. Segundo. Que debemos acudir a las fuentes, al grueso de las mismas (si son todas las que son, mejor que mejor), para beber en ellas la verdad. Tercero. Que la presunción de inocencia en un Estado de derecho, mientras no haya sentencia condenatoria, a todos los ciudadanos, sin excepción, ampara. Y cuarto y último. Que los prejuicios suelen acarrear uno o un montón de perjuicios.

Así pues, si abundamos en el cuádruple criterio que contiene el párrafo precedente, haremos bien en proseguir. Según el relato de hechos que han llevado a cabo algunos estudiantes, en algunas clases del citado IES algunos profesores (ellas y ellos), al día siguiente del referéndum ilegal del 1-O, lunes, vertieron comentarios que no solo infligieron un daño moral y sentaron mal (por claramente extemporáneos, fuera de lugar, improcedentes, inadecuados e injustos, si, al final, una sentencia judicial, en el supuesto de que haya juicio, prueba que lo fueron) a los alumnos que se sintieron denigrados o señalados, sino también a sus compañeros (de los discentes, porque algunos de los docentes en otras clases vinieron a hacer, presuntamente, lo propio, tres cuartos de lo mismo que sus colegas, si hacemos caso a las versiones de otros alumnos). Al día siguiente de los supuestos hechos, martes, tres de octubre, los padres de los hijos de los guardias civiles, al parecer, ya eran conocedores de lo ocurrido la víspera, porque sus propios críos les habían puesto en antecedentes, al decidirse a relatarles de modo pormenorizado lo acaecido. Una jornada después, el miércoles, cuatro, por la tarde-noche, según recogen las noticias publicadas en las ediciones digitales de los mass media consultados (cualquier persona que disponga de acceso a Internet y tiempo puede coronar lo que acaba de culminar servidor y cerciorarse), el jueves, cinco (todos, coincidentes en la concentración silenciosa, que venía motivada o tenía claro origen en los mencionados hechos), a través de WhatsApp (espero que pronto el DLE admita en su seno la españolizada voz “wasap”) compartieron este mensaje (oportunamente corregido) de móvil: “Mañana, 5 de octubre del 2017, a las 8 de la mañana no entréis al instituto, quedaros delante de la puerta principal como señal en contra de la actitud del centro IES El Palau, al haber discriminado algunos profesores a algunos hijos de guardias civiles. Ese es un comportamiento irresponsable, inmaduro y está fuera de lugar en un centro educativo de secundaria. Nos quedaremos fuera, delante de la puerta, y nos sentaremos pacíficamente. Que corra, porque, ante todo, RESPETO”.

La concentración silenciosa, ese jueves, cinco, pretendía dos objetivos, airear la presunta falta de respeto que habían sufrido los alumnos, hijos de guardias civiles, por parte de algunos de sus propios condiscípulos y de algunos de sus profesores, al entender que habían sido discriminados (versión que negó el centro, pero aseveraban los padres y los alumnos que se sintieron maltratados), a fin de que fuera corregida, y favorecer la, a lo que parece, perdida convivencia.

Como el suelo estaba mojado, no hubo la proyectada y reivindicativa sentada, pero sí la mentada (que no lamentable) y silenciosa concentración a las puertas del citado instituto, que duró una hora. Varios miembros del equipo educativo del IES, mientras los alumnos estaban concentrados, salieron para hablar con ellos.

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En Cataluña sigue el esperpento

EN CATALUÑA SIGUE EL ESPERPENTO

Por obra y gracia de un pelele sin ninguna ídem, en Cataluña sigue el esperpento. Y, una de dos, o alguien, mancomunado con otros, decide lo que conviene culminar con urgencia, poner pronto remedio a tanta indignidad, dejando al ababol arrumbado en el rincón más oscuro del cuarto donde se suelen guardar (para luego tirar a la basura) las naderías o simplezas, o continuará el espectáculo bochornoso, haciendo aún más daño o deteriorando un poco más, si cabe, que sí, que cabe, las instituciones dependientes de la Generalitat y a las personas, catalanas o no, epatadas por un cristo adicto al cristo o ahítas de tener que soportar, un día sí y otro también, las tomaduras de pelo ideadas o propuestas por un politicastro, un mandatario de tres al cuarto.

La sociedad española, ante tanta afrenta o suciedad, que solo puede producir saciedad, da muestras ya de una notoria indiferencia ante el nuevo caso de indecencia democrática llevado a cabo en el Parlament con los votos de los representantes secesionistas, al modificar la Ley de Presidencia, a fin de permitir una investidura a distancia de Carles Puigdemont. El Consejo de Estado, por unanimidad, ya ha emitido un informe favorable al criterio del Ejecutivo de presentar un recurso ante el Tribunal Constitucional contra la reforma de dicha ley. Ayer leí, en la página 10 del número 2.171 de El País Semanal, en el artículo “La psicología política de los colores”, de Manuel Rivas, una frase de Stefano Mancuso, director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal de la Universidad de Florencia, que acaso explique los delirios de grandeza que vienen padeciendo Puigdemont y sus secuaces: “las personas competentes no compiten; solo compiten los incompetentes” por ver quién dice la mayor sandez o se adjudica o esfuerza para que le atribuyan, qué codicia, como baldón ultrajante, la peor muestra de impericia.

Lo último que ha trascendido del sujeto en cuestión (al que, como siga así, me temo, habrá que sujetar con una camisa de fuerza, por orate), aficionado a hollar o pisotear toda ley que no le guste, que no diga lo que él anhelaría que dijese, es su exigencia de que nadie ose pisar las estancias del palacio de la Generalitat que él considera de su única propiedad y uso exclusivo.

Como el día 22 de mayo, si no hay president antes de dicha fecha, se disolverá el Parlament y se convocarán elecciones para el 15 de julio, Junts per Catalunya quiere investir un candidato antes del próximo lunes, 14. Aunque reconocen que todo está en el aire o aún muy verde (y es que no han tenido tiempo, porque se lo han pasado o lo han invertido en marear una perdida perdiz a la que no lograban dar caza y ponerle el preceptivo lazo amarillo), son conscientes de que una espada de Damocles pende sobre sus cabezas, porque la suspensión para el ejercicio de cargo público de los diputados procesados por rebelión en la causa abierta por el “procés”, que instruye el magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llarena, está al caer, es inminente. Y como, cuando esta sea firme, la suspensión será automática, el plazo es el que es y, si ocurre, verbigracia, esta semana, eso obligaría a los diputados afectados a renunciar a sus actas para mantener la mayoría independentista en el Parlament.

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Me he quedado otra vez sin el Nobel

ME HE QUEDADO OTRA VEZ SIN EL NOBEL

(EN GRANADA ES POSIBLE CUALQUIER SUEÑO)

Sé que he escrito antes a propósito del hecho, pero dicha pieza o texto, por el motivo que sea, por pudor, seguramente, debe andar por ahí, perdida/o entre el mar de papeles que he trenzado con mi telar y acaso jamás vean la luz, porque, insisto, por pudor o, si es por otra razón, la he olvidado, de veras, decidí que no fuera alumbrado. Ahora bien, puede que ande errado, ya que, como servidor es un coñón de marca mayor, tal vez como texto zumbón (no cabe descartar del todo esta posibilidad) lo haya publicado ya.

Hace muchos años, el que terminé la carrera de Filosofía y Letras (Filología Hispánica), viajé en tren a Granada. En la estación (serían las ocho y media de la mañana) me estaba esperando mi novia, que había viajado en autobús desde la costa, donde había pasado una semana de vacaciones con una amiga (de ella). Bueno, pues, tras dejar mi bolsa de viaje en un bar cuyo dueño conocía desde niña ella (porque no nos íbamos a quedar a dormir en la muy noble, muy leal, nombrada, grande, celebérrima y heroica ciudad, sino que nuestra intención era viajar por la tarde al pueblo jienense donde vivía su abuela materna), antes de entrar a maravillarnos contemplando la impar Alhambra (supongo que ella se había encargado de adquirir con antelación las entradas), recuerdo que se me acercó una gitana con la intención de leerme las líneas de la palma de la mano. Le dije que no quería, que era un escéptico, que no creía en esas supuestas o hipotéticas artes adivinatorias. Ella me contestó que se conformaba con que le diera la voluntad, que no sé, a ciencia cierta, a cuántas pesetas alcanzó, la verdad, pero, de todo lo que dijo, que fue mucho, se me quedaron grabadas a fuego en la mente dos cosas: una, la profirió mirando a quien estaba presente, a mi vera, y era, a la sazón, mi pareja sentimental, que yo no era para ella, que no se iba a casar conmigo, vaya, y aún no he olvidado cómo torció el morro; y dos, dirigiéndose a mí, que iba a ganar el premio Nobel de Literatura. Y, tras oír aquel augurio, me quedé de piedra.

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Lunes, 28 de mayo

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