El Blog de Otramotro

Por meterse en camisa de once varas

POR METERSE EN CAMISA DE ONCE VARAS

“Jajaja, Mira que eres petardo Angel, pero me caes bien. Tienes un sentido del humor muy, dijéramos,,,,, etimológico”.

Pepeviyu

A ver, “Pepeviyu” (escoliasta espontáneo):

Usted es muy libre de creer, a pies juntillas, lo que sea, verbigracia, que así va a reírse cuanto quiera de mí (pero —no hallará aquí un ápice o pizca de jactancia, por mucho que busque— lamento tener que contradecirle así, a bote pronto: carece de la categoría —hay quien estima que tiene la altura o la envergadura suficiente para hacer o deshacer esto, eso o aquello, a su antojo, pero luego demuestra lo obvio, que lo incapacitan sus propias carencias, evidentes: falta de acervo cultural, de formación, de herramientas— para hacerlo). Ahora bien, como, al parecer, así lo considera usted, supongo que, de manera implícita, en legítima correspondencia, acepta, admite o concede que yo también pueda hacer tal cosa con usted. Como usted (por lo que colijo) considera que es muy listo (y muy poco cobarde, pues tiene el valor, o los redaños con los que hacer daño, de firmar, como hace servidor, su —cómo he de llamar a lo que ha sido capaz de urdir usted— “textillo” —reconozco que he sentido la tentación de denominarlo “textículo”, por la testosterona que ha logrado concentrar en dos líneas escasas—), me limitaré a señalarle, sus yerros, para ver si la próxima vez no los comete. Como a mí me sirve, me atrevo a recordarle la lección de Confucio, por si abundamos: “el hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor”. Aunque ya se sabe, el hombre (sea hembra o varón), ignoro si será también el caso de quien se esconde tras “Pepeviyu”, es el único animal que suele tropezar dos veces en la misma piedra.

Espero que el petardo de Ángel no le explote en los ojos, si se digna a leer su respuesta urente (le ahorraré el trabajo; no hace falta que acuda al DLE para saber qué significa: que escuece). Me conformo con que advierta la mitad de las ironías que he introducido, a modo de pólvora, en este (si coloca el paraguas del revés en el sitio conveniente, puede que coja al vuelo, amén del grueso de ellas, algún sarcasmo). Tras tanto signo de risa y la coma, la siguiente palabra, salvo que deba llevar la versal por otros motivos, empieza por minúscula. Tras petardo, debió colocar una coma, pues dudo que no sepa aún lo que es un vocativo. Ángel, si aplicamos las reglas generales de la acentuación, por ser palabra llana o paroxítona, terminada en consonante que no es ni -n ni -s, debe portar la preceptiva tilde. Al menos, no se las ha dejado en “dijéramos” y “etimológico”, lo lógico. Con tres puntos suspensivos, basta o sobra.

Sin embargo, con todo, tengo que darle las gracias, porque leer su comentario, manifiestamente mejorable (¿habrá comprobado “Pepeviyu”, de manera fehaciente, hasta qué punto?), ha propiciado el divertimento cabal o la eutrapelia necesaria que me ha llevado a trenzar, además de esta urdidura, un soneto. Es mi deseo y mi esperanza que esta respuesta, recíprocamente, haya cursado con similar creatividad y favorecido lo propio en usted, en su caso.

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¿Por qué te sigo epístolas urdiendo?

¿POR QUÉ TE SIGO EPÍSTOLAS URDIENDO?

Amada Pilar:

Hay quien sostiene (y acaso no vaya desencaminada/o) la siguiente regla de tres: el buen gusto es al arte como los cabales minutos de hervor al arroz al dente. Como sobrepases el minuto idóneo de cocción, como no funjas de zorra culinaria, ese arroz no lo roza (ni huele; y aquí no te miento) el azor más hambriento.

Lo nuevo, lo novísimo, al llamar tanto la atención, por descolocar los ojos del espectador (ella o él), desacostumbrado a esa nueva manera de hacer o decir, nace como si dijéramos con vocación de ser condenado al ostracismo o al cadalso, por no agradar lo coronado, el resultado. Y es que, al salirse de las mentes cuadriculadas de los críticos (ellas y ellos) y del canon, lo lógico y normal es que tire para atrás y sea reprobado o rechazado.

Ahora bien, basta con que quien hizo el hallazgo estético de esa nueva forma de ver, trasladar o interpretar la realidad, cree y haga escuela o le siga un puñado selecto de epígonos (re)creativos para que esa nueva manera estética sea, primero, tolerada, luego, valorada y, por último, más tarde, ensalzada con ese adjetivo que acaso le convenga y cuadre, original.

El artista (sea hembra o varón), para encontrar su sitio en el espacio o ámbito donde pretende que sea reconocido su trabajo, para distinguirse del resto de las/os de su oficio, suele ensayar mil y un modos (quizás sean muchos) hasta que logra alcanzar u obtener esa forma de expresarse que lo hace reconocible, único, que es su marchamo, su firma.

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Urgen urnas con derecho

URGEN URNAS CON DERECHO

No hay una/o, ni dos, ni tres.
Son legión las/os que sopesan
Si más que el derecho pesan
Los sufragios. ¿Tú lo ves?
Guiparlo me causa estrés.
Esta idea (y es un hecho
Que me deja satisfecho)
Me sirve, entre otras diuturnas:
De mucho valen las urnas,
Si las secunda el derecho.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Te urdo, alcalde, mi crítica de balde

TE URDO, ALCALDE, MI CRÍTICA DE BALDE

Dilecto Eneko Larrarte, alcalde de nuestra ciudad, Tudela:

Acabo de leer el artículo titulado “¿Tudela necesita un centro de salud… hoy?”, que lleva tu firma (si me permites el tuteo y el comentario, yo hubiera colocado en el rótulo, tras la voz “salud”, o sea, antes de los tres puntos suspensivos, por oportuno, el adverbio más), en la sección de Opinión de Plaza Nueva, donde, de vez en cuando, tienen a bien publicarme mis urdiduras (o “urdiblandas”), y debo reconocer que me ha sorprendido gratamente el hecho, porque el grueso de los políticos profesionales (si es que escriben lo que aparece publicado en los mass media, que, acaso sea un prejuicio que no he logrado cepillarme del todo —me flagelo cinco segundos por ello, solo cinco—, vengo poniendo en tela de juicio desde ni se sabe, hace la tira de años), los que cobran, no suelen ser tan espléndidos como lo has sido tú en este caso, que, supongo, tienes el honor y debes sentirte orgulloso de presidir la Corporación tudelana.

La exposición que haces en dicho artículo es clara y clarificadora; diré más, la reputo exhaustiva; argumentas, dando datos y detalles o pormenores; refutas con razones de peso y concluyes lo obvio. Ergo (algo sorprendente en mí, que reconozco ser, por naturaleza, criticón), ¡chapó! (ahora ya se puede escribir el vocablo francés chapeau así, españolizado).

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Adenda a "Libertad de expresión sin excepciones"

ADENDA A “LIBERTAD DE EXPRESIÓN SIN EXCEPCIONES”

El domingo pasado, 28 de octubre de 2018, en la página 25 del diario EL PAÍS, leí el artículo prudente, sensatísimo, titulado “Bomberos pirómanos”, donde su autor, Fernando Vallespín, sostenía, entre otras ideas, esta, que “lo que venía siendo el ideal liberal del respeto por las opiniones que no compartimos y la libre y pausada discusión racional entre ellas ha pasado a la historia. Solo merecen respeto nuestras opiniones; las de los contrarios deben ser exorcizadas públicamente como anatema y perseguidas con inquina por las nuevas hordas inquisitoriales que proliferan en las redes y, ay, también en la misma prensa. No es de extrañar así que hayamos entrado en una escalada insoportable de descalificaciones y ostentosas salidas de tono por parte de muchos responsables políticos. El incentivo reside precisamente en esto”.

¿Qué hizo, por ejemplo, Íñigo Errejón, el secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político de Podemos cuando declaró que Vox “viene a amontonarse” a las opciones “instaladas en la crispación”? A mí, al menos, no me extrañaría nada de nada, que alguien de Vox, que a su condición de afiliado o simpatizante al ideario de dicha formación, añadiera su proverbial y reconocida adicción a la coña, retranca o zumba, pudiera contestarle al respecto lo siguiente:

El secretario de Parálisis Estratégico y Rancia Política de Podemos, Íñigo Errejón (acrónimo o contracción de Erre que erre, marrando el rejón) ha asegurado que Vox “viene a amontonarse” a las opciones “instaladas en la crispación” que, según su criterio, carente de misterio, son PP y Ciudadanos, que comparten el ideario con Vox, pero no se atreven a reconocerlo, como lo hace él (vocablo ambiguo, sí, porque pudiera referirse a Vox y/o a Errejón), sin ambages.

Íñigo Erre que erre, marrando el rejón, sostiene, asimismo, que Vox profiere “lo mismo que piensa el PP, lo mismo que piensa Ciudadanos”. Y es que el niño adulto parece un adulto niño que tiene el don, la facultad o la virtud de saber qué piensa él y, además, qué piensan todos los demás. Se comenta, se dice, se rumorea, que incluso pensó antes que yo mismo lo que este menda está escribiendo ahora, tras decidir disfrazarse de un afiliado coñón o simpatizante zumbón de Vox, que no lo es (guasón, sí, mucho), para su exclusivo solaz. ¿De quién? ¿De Erre que erre, marrando el rejón, de servidor o del atento y desocupado lector, sea ella o él, de estos renglones torcidos? Pregúntenle al Niño Dios, al Omnisciente, porque lo sabe todo, es un claro sabelotodo. ¿Alguien lo duda? Dado que no veo que nadie haya osado levantar la mano, lo haré yo. Lo dudo yo.

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Que he roto con Pilar, lector, confieso

QUE HE ROTO CON PILAR, LECTOR, CONFIESO

Atento y desocupado lector (seas ella o él):

Como ayer, martes, rompí de manera irrevocable con mi amada Pilar (por explicar brevemente el porqué, según mi perspectiva, ni el cúmulo o conjunto de nuestras circunstancias encajaban —puede ser válida la imagen de mi enchufe con su hembrilla—, ni nuestros sentimientos compartían canal o cauce —mi evidente enamoramiento de ella no era correspondido—), me veo en la obligación de comentarte lo obvio (al menos, para mí) que, no obstante lo dicho arriba, durante los dos próximos meses, noviembre y diciembre, podrás leer en mi bitácora todos los textos que le escribí (décimas, sonetos y epístolas), porque ella fue la única y exclusiva destinataria de ellos.

Como, supongo (ignoro si es mucho o poco suponer), lo propio les acaecerá a las/os demás, no puedo dejar de ser cabal en mi proceder; ergo, sería, amén de bochornoso y estomagante, injusto a todas luces que, por ejemplo, reservara los susodichos y los dejara en barbecho, sin publicar, a fin de aprovecharlos y dedicárselos a otra posible amada, en el supuesto de que el abajo firmante vuelva a enamorarse en el futuro. Ellos son las vasijas que recogen, portan y contienen las emociones y las sensaciones, los pensamientos y los sentimientos que ella me provocó, las y los que me brotaron libres, a raudales, mientras estuve enamorado de Pilar. Por tanto, a ella y solo a ella le atañen o incumben.

Si Aristóteles vino a decir que “la amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas”, servidor coligió o dedujo, por una simple regla de tres, que el amor es un alma que comparten dos cuerpos, un corazón que palpita en dos almas. Ahora bien, este andoba ha vuelto a comprobar que de nuevo se ha equivocado. De nada vale el amor platónico cuando ese sentimiento bello y verdadero deviene tóxico, porque solo procura al que ama, aunque ese no sea el propósito de la persona amada, desdichas e incomprensión.

A mí, que tanto me disgusta hablar del sino, del destino, porque no creía en él, ya que, en el supuesto de que exista, el hombre ya no es libre de hacer y deshacer, de acertar y de errar, empiezo a considerar la posibilidad de que el susodicho sea un axioma, una irrefutable realidad: sigo enamorándome de quien no me conviene, porque ella no lo hace de mí; y, viceversa, quien se enamora de mí no es correspondida por servidor.

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Libertad de expresión sin excepciones

LIBERTAD DE EXPRESIÓN SIN EXCEPCIONES

O sea, pleno ejercicio de dicho derecho para todos los ciudadanos, ellas y ellos.

La Constitución Española de 1978, que dentro de un mes largo cumplirá cuatro décadas, cuatro, con apenas unos pocos retoques, reconoce y protege la susodicha libertad en la letra a) del punto 1 del artículo 20, con los límites que impone el punto 4 de dicho artículo: “el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”.

En la Cámara Baja se va a tramitar una propuesta del grupo de Unidos Podemos a fin de despenalizar las presuntas injurias al rey y las ofensas a la religión (sea esta la que sea, sin especificar; eso es, al menos, lo que ha trascendido).

Si tengo en cuenta la sentencia del caso Richard Handyside contra el Reino Unido de la Gran Bretaña, más conocido como el de “el pequeño libro rojo”, de 7 de diciembre de 1976, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en concreto, el párrafo segundo de su punto 49, donde se lee que: “La libertad de expresión constituye uno de los fundamentos esenciales de tal sociedad, una de las condiciones primordiales para su progreso y para el desarrollo de los hombres. Al amparo del artículo 10.2, es válido no solo para las informaciones o ideas que son favorablemente recibidas o consideradas como inofensivas o indiferentes, sino también para aquellas que chocan, inquietan u ofenden al Estado o a una fracción cualquiera de la población. Tales son las demandas del pluralismo, la tolerancia y el espíritu de apertura, sin las cuales no existe una ‘sociedad democrática’”, el cambio, sugerido por Unidos Podemos, amén de ser oportuno o pertinente, es deseable, aunque a dicha muda se opusieran los diputados de PP y Ciudadanos.

Quien acepta la democracia y dice amén al pluralismo político ¿puede inadmitir que el otro o los otros no puedan proferir sus ideas, sean estas las que sean, sin cortapisas, aunque sean distintas y aun opuestas a las que nosotros defendemos o sostenemos? ¿Acaso ellos, los otros, no tienen el mismo derecho que nosotros a acertar, a estar en lo cierto? ¿Acaso solo nosotros tenemos derecho a errar o podemos equivocarnos?

He titulado este texto con el rótulo que porta, “Libertad de expresión sin excepciones”, sí, pero con ello no he querido decir que no haya que respetar las barreras o restricciones que la ley ha puesto a dicha libertad. Yo, lo reconozco sin ambages, antes, hace años, no era partidario de respetar las opiniones ajenas cuando estas constituyeran o contuvieran para mí claras o cristalinas sandeces, pero he llegado a la convicción personal de que conviene hacer tal cosa a la mayor brevedad posible, siempre y cuando, como contrapartida, claro, los demás toleren mis criterios, incluso en el supuesto de que estos resulten para ellos estúpidos, hipócritas o idiotas.

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¿No es esta, la del mazo, la maciza?

¿NO ES ESTA, LA DEL MAZO, LA MACIZA?

No sé (me enmiendo al instante; sí sé que el coñón que acarreo, porto o porteo, va a mentir en el último párrafo de este escrito como un bellaco; así que el mentado guasón no se mostrará molesto por que alguien le llame lo que, sin ninguna hesitación, es, un zumbón redomado, de marca mayor —ahora bien, deseo y espero que nadie meta la pata hasta el mismísimo corvejón al ocurrírsele agregar lo que no es, de ningún modo, salvo que se trate de una ironía, machista—) si quien es mi sombra ha leído bien la noticia, si la ha interpretado correctamente.

Seguramente, ha mezclado churras con merinas (prefiero esta frase hecha a la otra opción que él andaba sopesando y valorando, que se le ha hecho la picha un lío, por ser esta manifiestamente más burda o soez) y de dicho hermanamiento o jumelage le saldrá en el colofón o epílogo lo que auguro, un bodrio.

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha resuelto dejar sin sanción el expediente disciplinario que se le había abierto a una jueza de Vigilancia Penitenciaria. La prueba de la supuesta actividad crematística (cobraba 20 euros por consulta) que, al margen de la jurídica, también ejercía, una grabación obtenida con la ayuda de una cámara oculta, ha sido considerada ilícita. Y es que, pásmese, usted, lector (sea ella o él), si no se había enterado aún de la nueva, la magistrada en cuestión leía el porvenir (o eso les hacía creer a cuantas/os incautas/os acudían para tal fin a su propio domicilio) con la inestimable ayuda de un mazo (pero no de juez/a, sino de cartas del tarot).

No puedo quitarme, quiero decir, descabezarme de mi testa, esta insistente pregunta: ¿Habrá pesado en la decisión adoptada por los miembros (hembras y varones) del CGPJ lo que a todos ellos les consta (si tienen conciencia, que la tienen, esta no les engaña), que no son santos ni ángeles (y, si lo son, también son demonios)?

Al parecer, la magistrada (ahora tarotista) es reincidente, pues otrora se le incoó un primer expediente por bailar (mientras iba quitándose, poco a poco y de manera insinuante, la ropa) esporádicamente en el club de alterne que regentaba un amigo suyo. En aquella ocasión ocurrió como en esta, que el caso o la cosa quedó en agua de borrajas o cerrajas, porque se comprobó que no cobraba, ya que hacía el estriptis como mero pasatiempo.

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¿Por qué razón llenó Vox Vistalegre?

¿POR QUÉ RAZÓN LLENÓ VOX VISTALEGRE?

El lunes pasado, quince de octubre, tras escribir con la ayuda de un ordenador una epístola (que publicaré, Deo volente, el día de Todos los Santos) y tres décimas (que verán la luz en mi bitácora este mes o el siguiente) en la biblioteca pública de Tudela, nada más llegar a casa, extraje del buzón, además de dos citaciones médicas (una, absurda, para las 08 horas y 30 minutos del día de la fecha —así que me fue meramente imposible acudir a la misma— y otra, sensata, para dentro de un mes exacto, el quince de noviembre), saqué un sobre blanco cerrado, sin dirección ni remite, en el que alguien (que, sin ninguna duda, me conoce, sabe dónde vivo y me lee, porque, si tomo en consideración el estilo literario que maneja, usa expresiones que he utilizado antes —y diversas veces— en varios de mis textos) había introducido un folio sin firma en el que pude leer lo siguiente:

“El grueso de la actual clase política española, que ni tiene clase ni hace política, está conformado por un grupo de personas perezosas, carentes (al parecer) de estética y ética, que, cuando no se dedican a tomarnos impunemente el pelo, ocupan la mayor parte de su tiempo en intentar y conseguir robar a manos llenas del erario público o en desbrozar el terreno para que ese menester lo ejerzan otros; dineros o pasta gansa que aportamos (casi) todos los ciudadanos a fin de hacer una sociedad más justa, con mayor bienestar (para los susodichos). Está claro que los partidos mayoritarios, los que han llevado o manejado más años las riendas del poder (nacional, autonómico o municipal), más trozo de tarta se han llevado en el reparto. Llama la atención que han sido pocos, muy pocos (se pueden contar con los dedos de las dos manos), los políticos profesionales de los dos grandes partidos que han probado su gallardía, su probidad y sus redaños a la hora de jugarse incluso el puesto al denunciar el chanchullo del que tuvieron conocimiento, una cuenta del largo rosario o sinfín de casos de corrupción que han acaecido en la piel de toro, España. Muchos ciudadanos de a pie se ven hoy con una mano delante y con otra detrás por el pésimo hacer (cuando no un clamoroso dolce far niente, dulce no hacer nada) de los “hunos” y de los “hotros”. Los máximos culpables del estado actual en el que se hallan las cosas y los casos en el Estado son, digámoslo claro, sin ambages, PSOE y PP.

“Yo, lo confieso (sin tener que acudir a más rodeos que este, en el supuesto de que este sea uno de ellos), no confío en ningún partido político. En ninguno veo que abunden las personas íntegras, con verdadera vocación de servicio público, que aspiren, como yo, a un futuro de máxima ecuanimidad social. En las sedes de los partidos (me consta, porque tengo amigos de todas las ideologías) no preguntan las razones por las que la gente se afilia a la formación, la que sea. Con que se comprometan a pagar la cuota basta. ¿Por qué en Andalucía sigue mandando el PSOE? ¿Alguien se ha hecho alguna vez esta pregunta? ¿Qué hay debajo de lo que se ve, la punta del iceberg, para que los que gobernaron allí, en dicha Comunidad Autónoma, sigan gobernando, después de hacerlo (siendo generoso en la calificación) regular? ¿Es saludable, democráticamente hablando, que no haya habido nunca un cambio político? A mí, si he de decir la fetén, constatar dicha realidad me huele entre mal y muy mal.

“¿Quiénes son también responsables de que en Cataluña haya habido un intento de golpe de Estado blando? ¿Acaso González y Zapatero, Aznar y Rajoy pretenden desentenderse de lo que han contribuido con su dejación de funciones de control a favorecer indirectamente? ¿Alguno de los cuatro reyes de la baraja citados en ese juego (ahora sabemos que sucio) del “do ut des”, de “esto te doy para que me apoyes en el Parlamento”, vio venir el tsunami que ha arribado inopinadamente a puerto?

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Vemos a las personas como somos

VEMOS A LAS PERSONAS COMO SOMOS

Amada Pilar:

Somos legión (o formamos un buen montón, pila o piña) quienes nos sabemos de memoria, al menos, la primera frase del párrafo inicial de varias obras literarias (clásicas o no); verbigracia, cómo arranca el “18 Brumario de Luis Bonaparte”, de Karl Marx (“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa“). Como para mí, tú, Pilar, eres un personaje clave y fundamental, la persona que, andando el tiempo, devendrá en la más importante de mi vida, es mi deseo y mi esperanza que seas una excepción a la susodicha regla marxista, no como, me consta, lo fue Ewelina Hanska para Honoré de Balzac. Así que concédeme la licencia que te solicito con especial encarecimiento de que hoy no vea en ti a la citada Ewelina, la joven condesa polaca de la que se enamoró perdidamente Balzac, al leer este las epístolas que le mandaba “La extranjera” (así firmaba Ewelina sus misivas) desde Rusia. Y es que no vivieron como matrimonio más que cinco o tres meses (del 14 de marzo o mayo —las fuentes que he consultado no se ponen de acuerdo en el mes—, fecha de sus nupcias, al 18 de agosto de 1850, jornada en la que finó sus días Honoré en París).

En “Los Ciclos del Alma”, su autora, la puertorriqueña Sharon M. Koenig, sostiene que los seres humanos somos capaces de idear, en apenas 24 horas, 60.000 pensamientos (¿de media?; juraría ante la Biblia que sé de algún semejante que no los ideará en toda su vida —por muchos que sean los años que viva—, pero acaso servidor funja aquí, amén de malévolo, de zumbón); y que el grueso de los tales son perjudiciales y recurrentes, ya que recuerdan y recrean episodios del pretérito que infunden tristeza u horror. Si de verdad nos comen el coco, daremos de lleno en el blanco o centro de la diana, esto es, haremos lo correcto, al decidir denominarlos de esa guisa, comecocos. Para escaparnos y alejarnos de los barrotes de su cárcel y olvidarnos definitivamente de ellos, acertaremos, quiero decir, actuaremos con tino y de modo conveniente, si nos decantamos por hacerles el vacío, por ningunearlos.

Así pues, tras haber dejado arrumbada a la nada en el sótano o en el desván, reparo en que el lugar que ocupará ahora la susodicha acaso lo ocupaba antes el arpa de la Rima VII de Bécquer (“Del salón en el ángulo oscuro, / de su dueña tal vez olvidada, / silenciosa y cubierta de polvo / veíase el arpa...”) o, en su defecto, la lámpara, maravillosamente empolvada, de Aladino, o quizá el inopinado enamoramiento, que uno advierte que escondían o guardaban en su caja fuerte los versos séptimo y octavo de “El Frasco”, poema de Charles Baudelaire: “A veces encontramos un viejo frasco que se recuerda / Del que surge vivísima un alma que resucita”.

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¿Se debe dialogar con quien no quiere?

¿SE DEBE DIALOGAR CON QUIEN NO QUIERE?

¿Cabe mantener un diálogo de sordos (en el que uno de los interlocutores, sea hembra o varón, va a lo suyo, o sea, a aducir lo que había preparado o tenía previsto decir con antelación sin atender, ni mucho ni poco ni nada de nada, a las razones que argumente y con las que acaso le contradiga —y le abata su invento— el otro; sin echar mano del lenguaje de signos, en el supuesto de que ambos hablantes sean sordomudos)? ¿Cabe avenirse a un coloquio de besugos (donde la coherencia y la lógica brillen por su ausencia)? Si servidor tuviera que contestar (evidentemente, sumo a las dos de este párrafo la del título) a esas tres preguntas, lo haría con tres rotundos noes.

Quim Torra quiere dialogar, pero (siguiendo la estela o los pasos de Carles Puigdemont, de quien se considera su vicario en el Parlament) solo de lo suyo (de lo que le interesa a él y a los de su cuerda o coinciden con su pensamiento, del derecho de libre determinación de los pueblos y de su ansiado referéndum de autodeterminación vinculante para conseguir la independencia y poder proclamar a voz en cuello la República Catalana; lo que opinen el resto de los ciudadanos —más de la mitad de los catalanes—, aunque sea exactamente lo contrario, distinto u opuesto de lo que él defiende, le importa un bledo). Pedro Sánchez (como antes le ocurrió a Mariano Rajoy con Puigdemont) no puede hablar de la independencia de Cataluña sin contravenir la Constitución, el Estatut y el resto de las leyes. Además, el muy democrático, honorable y sabio (de cuando en vez, no está mal usar la ironía; y si esta es cruenta y mordaz, el sarcasmo) Quim Torra parece desconocer lo más obvio de la historia, que no suele haber independencia sin guerra de independencia.

Ante el ultimátum de Quim Torra el Gobierno de Pedro Sánchez solo podía responder como lo ha hecho, rechazándolo de plano, no aceptándolo. ¿Acaso cabía hacer otra cosa decente, legal, oportuna? Hasta el diputado nacional y portavoz adjunto de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, que no es santo de mi devoción, ha estado a la altura de las circunstancias, al mantener que los ultimátums los carga el diablo. Uno había leído y escuchado que eran las armas, pero hasta las palabras pueden hacer, en algunas ocasiones puntuales, las veces de balas. Las balas o cualesquiera otros proyectiles no dañan si no los disparas. La bala no mata por ella misma, la bala mata por la velocidad que adquiere y lleva cuando impacta contra el objetivo. Si el blanco es una diana de papel y, tras este hay una plancha de acero, nada pasa. Si da en alguna parte vital del cuerpo humano, puede ser letal. Hay quien mantiene que las voces no hacen roces, pero yo he podido comprobar que, en algunas oportunidades, pueden levantar o producir hasta ampollas. Y que de nada sirve tolerar al intolerante. Al final, se impone lo cabal, justo y responsable, dejar de mostrarse respetuoso con quien no lo es, con el irrespetuoso (sea ella o él).

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Quien no lea a Cadalso irá al cadalso

QUIEN NO LEA A CADALSO IRÁ AL CADALSO

Visto lo visto, oído lo oído y leído lo leído, durante los últimos días, semanas y meses (que alguien dio de lleno en el blanco o centro de la diana al denominar a ese lapso de tiempo de esta guisa, “la más rabiosa actualidad”) en los diversos mass media y demás mentideros patrios, dan ganas de recomendar encarecidamente a quienes (hembras o varones) tengan en el futuro (sea corto, medio o largo el plazo) la augusta, benéfica y sana intención de dedicar unos años (ocho serán bastantes) de su vida a la política su obligación ineludible de leer (y hasta releer, por lo mucho que esta acción puede aprovecharles) a los clásicos. Estos pueden ser (o no) los autores y los textos que sus profesores (no pongo en tela de juicio su buena, mejor y aun óptima intención) les aconsejen. Si yo fuera docente suyo, les insistiría un montón en que no echaran en saco roto mi recomendación de que leyeran “Los eruditos a la violeta”, de Cadalso, por el sumo y mucho jugo sarcástico que pueden extraer de dicha obra, para que nadie pueda mandarlas/os nunca al cadalso (metafórico, por supuesto).

José Cadalso publicó (en realidad, no lo hizo echando mano de su primer apellido para tal fin, sino de la primera parte de su segundo, compuesto, Vázquez —de Andrade—) en 1772 su sátira “Los eruditos a la violeta” en contra de cuantos (ellas y ellos) algunos denominamos hoy con la voz “todólogos” (expertos en todo) o duchos líquidos (porque cuanto dicen semeja el agua de la ducha, al desaparecer o irse sus palabras por el desagüe dejando la piel de quienes las escuchan limpia, sí, como una patena, mas sin apenas estela, huella o rastro alguno de conocimiento original, nuevo). La subtituló con ironía así: “Curso completo de todas las ciencias, dividido en siete lecciones, para los siete días de la semana. Compuesto por José (actualizo la acentuación, la puntuación y la grafía) Vázquez, quien lo publica en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco”.

Colocó al principio de su obra esta sabia, por dicaz y perspicaz, advertencia:

“En todos los siglos y países del mundo han pretendido introducirse en la república literaria unos hombres ineptos, que fundan su pretensión en cierto aparato artificioso de literatura. Este exterior de sabios puede alucinar a los que no saben lo arduo que es poseer una ciencia, lo difícil que es entender varias a un tiempo, lo imposible que es abrazarlas todas, y lo ridículo que es tratarlas con magisterio, satisfacción propia y deseo de ser tenido por sabio universal.

“Ni nuestra era, ni nuestra patria está libre de estos pseudoeruditos (si se me permite esta voz). A ellos va dirigido este papel irónico, con el fin de que los ignorantes no los confundan con los verdaderos sabios, en desprecio y atraso de las ciencias, atribuyendo a la esencia de una facultad las ridículas ideas, que dan de ella los que pretenden poseerla, cuando apenas han saludado sus principios”.

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Miércoles, 21 de noviembre

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