El Blog de Otramotro

Tuerto o entuerto es agravio que se hace a alguien

TUERTO O ENTUERTO ES AGRAVIO QUE SE HACE A ALGUIEN

Dilecta Pilar:

Si coincidimos en que lo que es obvio, ciertamente, lo es, no lo manoseemos más, no vaya a ser que devenga, por arte de birlibirloque o sin que haya tenido que intervenir o mediar la magia (blanca, por supuesto), motivo de conflicto.

Una vez hecha la aclaración, celebro que todo haya quedado solucionado; aunque el tuerto o entuerto (¿lo había, de veras, para ti?), “agravio que se hace a alguien”, según la acepción que brinda el DLE, cercano el carnaval, haya venido disfrazado de pirata tuerto.

Tal vez huelgue apuntarlo, pero es mi deseo y mi esperanza que te salga la columna a pedir de boca.

Ojalá puedas asistir a la presentación del poemario de Rosendo Tello. Si vas el próximo 15, y estás con él, te hago el encargo de que lo saludes en mi nombre y en el de todas/os las/os que, por unas u otras causas, no estaremos con él (con vosotras/os) en cuerpo, pero sí en espíritu.

He leído esta mañana (de cabo a rabo; había un único ejemplar en la Papelería/Librería “El Cole” aún sin vender) tu artículo del Heraldo, “Mujeres de cine” (aquí, el sintagma nominal ‘de cine’ tiene, al menos, una doble acepción o valor). Parece que haces una crónica de la entrega o gala de los premios “Goya”. Como no he visto ninguna de las películas (de algunas he guipado unas pocas imágenes en televisión, los llamados tráilers) no puedo opinar (sería una indecencia por mi parte, amén de una falta de rigor intelectual, hacerlo).

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O estás conmigo o estás contra mí, amigo

O ESTÁS CONMIGO O ESTÁS CONTRA MÍ, AMIGO

Aunque entre el blanco (no sé dónde leí hace mucho tiempo que las personas que viven en parajes donde la nieve es permanente, como les ocurre a los esquimales, son capaces de diferenciar hasta 30 tonos de blanco distintos) y el negro hay una inmensa gama de grises, hay quien suele proponer a quien le escucha (sea o no consciente del plagio) la posibilidad de elegir entre dos únicas opciones, o sea, el mismo dilema que le plantea en “Ben-Hur” (me refiero a la película dirigida por William Wyler en 1959) Mesala (papel interpretado por el actor Stephen Boyd) a su antiguo amigo de infancia Judá Ben-Hur (Charlton Heston): “O estás conmigo o estás contra mí” (actitud que en psicología se ha dado en llamar o conoce como “síndrome Mesala”).

Así las cosas, la resolución sensata de un tribunal ha provocado la euforia de unos, sobre todo, en las filas de los independentistas catalanes, y la depre de otros, sobre todo, en las huestes del partido del Gobierno, el PP, y del resto de las formaciones unionistas o constitucionalistas. En plata, tras invertir unas horas de mi tiempo en reflexionar sobre dicho fallo (escrito sin segundas o terceras intenciones), he llegado a la conclusión de que ni los “hunos” (como escribiría mi estro y maestro Unamuno) deberían estar tan ufanos ni los “hotros” tan decaídos. Me explicaré.

La decisión de la Audiencia de Schleswig-Holstein de rechazar la petición hecha por el magistrado del Tribunal Supremo, Pablo Llarena Conde, de entregar a España al expresidente Carles Puigdemont para ser juzgado por el delito de rebelión no acarrea ni lleva aparejado, aunque no faltan quienes así lo han querido ver, un varapalo ni contra nuestra democracia ni contra nuestro Estado de derecho. Tampoco cabe ser interpretada como una absolución de Puigdemont ni del resto de los gerifaltes (no les falto, no, al llamarlos así) secesionistas, encarcelados preventivamente o no, ni una bendición (seguida de ovación) de sus actitudes desleales e irresponsables durante los bochornosos meses de septiembre y octubre del 2017.

El propio tribunal aclaró que el 1-O hubo violencia y que esta cabe achacársela al expresidente por ser quien promovió la celebración de un referéndum ilegal (y luego se empeñó en agravar aún más la situación al alentar un proceso de secesión, la DUI ).

La audiencia alemana se ha limitado a concluir lo obvio, que el delito español de rebelión no cuadra o encaja con el delito germano de alta traición y, por eso, ha denegado la euroentrega a España. Y es que la Decisión Marco del Consejo de la Unión Europea de 2002, que regula la euroorden, exige que los delitos sean equiparables, equivalentes. Ahora tendrá que decidir en lo tocante al delito de corrupción o prevaricación.

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España es una democracia plena

ESPAÑA ES UNA DEMOCRACIA PLENA

“La verdad es un ácido corrosivo que salpica casi siempre al que lo maneja”.

Santiago Ramón y Cajal, en “Charlas de café” (1920).

Ignoro, atento y desocupado lector, sea ella o él, qué opina usted al respecto. Tengo para mí que, desde que el mundo es (in)mundo, el poder viene falseando consciente e intencionadamente la realidad de las cosas y de los casos, a fin de que quien lo detenta (de modo ilegítimo) u ostenta (de manera legítima) continúe detentándolo u ostentándolo. Así que, aunque la denominación de “fake news” (“noticias falsas”) es moderna, reciente, la falsificación deliberada de los hechos, ora para beneficio propio, ora para perjuicio ajeno, ora para ambos fines, es tan vieja como la tos.

Cuando del cimero y selecto lugar que deben ocupar las verdades se han apoderado las mentiras, es lógico colegir lo distintivo, pertinente y relevante, que el mal, poliédrico, no se ha instalado allí de forma interina, provisional, sino que lo ha hecho con el propósito de echar raíces, es decir, con la vocación de que su permanencia sea perdurable.

Los dos párrafos precedentes no los he urdido a humo de pajas, no, ni por un solo motivo concreto, específico, el máster de Cristina Cifuentes, agujero negro, nigérrimo, que hiede por cualquiera de sus costados o facetas, pues, al parecer, una mentira ha llevado a incurrir en otra, y esta, a su vez, en otra más, y, así, hasta imponerse la náusea, sino también por el Matrix nacionalista catalán, esa irreal realidad paralela (escrito así, todo junto, o por separado, para lelos —lo siento, pero, como no me cuento ni soy uno de ellos, uno de los que se ha creído a pies juntillas la idea absurda de la República catalana, ni ese concepto elitista, exclusivo, del “derecho a decidir”, ni ese dogma del “mandato del pueblo de Cataluña” que tan onerosos trabajos lleva aparejados, que aspiran a recibir, de manera conjunta o por separado, más pronto que tarde, el antes baldón que galardón de la mayor mentira del mundo—) a la verdadera realidad, en la que viven dichosos, felices, los supremacistas, donde hay quienes creen que Cataluña (Catalunya) existe, pero Tabarnia es una patraña. Cataluña existe en tanto en cuanto Comunidad Autónoma de una nación, España. Quien hoy vea en Cataluña una república habrá caído en un pozo sin fondo de mentiras sin cuento, en una bola o un bulo como una catedral de grande. Empero, quien ve en Tabarnia el apócrifo contrapunto de esa falsa República se está burlando, cachondeando o guaseando no de un quijote auténtico, sino del mero sucedáneo de un tal. Los secesionistas se han creído de cabo a rabo el sueño que idearon o se inventaron y compartieron unos ciudadanos sin escrúpulos que anhelaban que sus conciudadanos fueran otros; y otros, los bufones o coñones tabarneses, se han reído a mandíbula batiente de esas ensoñaciones, porque les hacían mucha gracia.

¿Es tan difícil de entender que en este país vivimos quienes, sabedores de que los localismos (llámense o no nacionalismos) empobrecen, queremos hacer realidad el grueso de nuestros deseos, o sea, cumplir, entre otros, el sueño de que en Europa y hasta en el orbe entero todos los ciudadanos tengamos los mismos derechos y nos rijamos por las mismas leyes, que no haya fronteras, que podamos circular por cualquier país sabiendo que, salvo a los caldos y a las viandas, a los usos, a los idiomas y a las costumbres peculiares de cada latitud, no tendremos que acomodarnos a ordenamientos jurídicos distintos?

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Te comportaste bien, "Metomentodo"

TE COMPORTASTE BIEN, “METOMENTODO”

(CUANDO NO DEJA ESTELA/HUELLA/RASTRO LA VIOLENCIA)

Esta mañana, atento y desocupado lector, seas ella o él, mi querido heterónimo y amigo Emilio González, “Metomentodo”, me ha mandado el siguiente correo electrónico:

“Estimado Otramotro, ayer me ocurrió lo que, me creas o no, en el supuesto de que un juez me conceda la oportunidad de relatarle pormenorizadamente mi versión de los hechos, me acaeció al poco de salir del cine de ver “Campeones”, en mi opinión, el mejor filme firmado por Javier Fesser.

“Cerca de casa, a no más de trescientos metros, un tipo robusto, como un armario ropero, y malencarado (pude observar su rostro cuando llegué a la esquina —donde hay una sucursal de Ibercaja—, que suelo doblar para enfilar el último tramo de avenida que me lleva y deja junto al portal del edificio donde tengo mi choza) se me acercó al final de la calle Sorpresa, que todo el mundo conoce por su sobrenombre, Monja enchironada, me pidió la hora y se la di: las once y veinte pasadas.

“Pensé que me había deshecho de él, que lo había dejado tras mis pasos, cuando, inopinadamente, me lo topé de frente y siguió con su monserga:

“—Oye, no tengas tanta prisa. Como estoy obsesionado con la hora, he pensado que, si te pido de manera insistente que me regales tu peluco, acaso consiga que te avengas a ello. ¿Te amoldas?

“Enmudecí. El miedo cerval me acostumbra a robar el habla. Como te consta, desde que me están dando la quimio, parezco un alfeñique, así que escuchar la susodicha propuesta, ciertamente, me desagradó un montón, pero más me disgustaron todavía las consecuencias que colegí si rehusaba condescender al trámite, ya sabes, mutatis mutandis, aquello que aprendimos en la Facultad de Derecho de que la causa de la causa es causa del mal causado.

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¿Merezco el amor de Ariadna?

¿MEREZCO EL AMOR DE ARIADNA?

“A veces, lo que más deseas nunca se cumple. Y a veces, lo que menos esperas que suceda, ocurre”.

Le dice Jamie Randall (Jake Gyllenhaal) a Maggie Murdock (Anne Hathaway), según el guion de la película “Amor y otras drogas”, dirigida por Edward Zwick en 2010.

Aquí lo que más deseo
Nunca acaece o se cumple,
Pero hoy, treinta, que es mi “cumple”,
He salido del aseo
Como si fuera Teseo
Tras matar a puñetazos
Al Minotauro. Y mis brazos,
Protectores, valedores,
Dignos son, por vencedores,
De los de Ariadna ene abrazos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Tomadura de pelo o "inclusion rider"

TOMADURA DE PELO O “INCLUSION RIDER”

El domingo pasado, 25 de marzo, me quedé helado, de piedra, tras leer en la página 98 de “El País Semanal”, el artículo titulado “Buen camino para el asesinato”, de Javier Marías, que versaba sobre la “inclusion rider” en el cine, una disposición milagrosa (pues, al parecer, su mero cumplimiento a rajatabla, no miento —pero, una vez he urdido dicho verbo, he decidido lo que convenía hacer sin demora, asperjar esta urdidura con unas cuantas gotas de sarcasmo—, lleva aparejado, como corolario, lo esperado, el prodigio, la excelencia del producto) que exige, usando las mismas palabras de Marías, “que tanto en el reparto como en el equipo de rodaje, haya al menos un 50% de mujeres, un 40% de diversidad étnica, un 20% de personas con discapacidad y un 5% de individuos LGTBI”.

¿Por qué, me pregunto retóricamente, el elenco de una película, de una obra de teatro, o de un circo, va a dar lo mejor de sí, si se cumple, de manera estricta, precisa y rigurosa, la contractual “inclusion rider” que si no? ¿Por qué? ¿Acaso, atento y desocupado lector, seas ella o él, si has hecho el esfuerzo de invertir unos minutos preciosos de tu preciado tiempo de ocio en pensar, de manera concienzuda, sobre ello, no has llegado a la conclusión de que no es más que otro engañabobos que nos quieren colar, otra soberana patraña, de la misma especie o jaez de la parida de la paridad? ¿Por qué si la bendita y citada cláusula, mano de santo, no se cumple en otras profesiones, en las finanzas, en la judicatura, en la enfermería, en la docencia o en el deporte, por ejemplo, sea fútbol, baloncesto, atletismo, tenis, campo a través o ajedrez?

Esos criterios inclusivos pueden no ser repulsivos (confieso que para mí sí son repelentes, pero respeto que para otros no lo sean), pero ¿acaso no van a entorpecer más que a ayudar el trabajo creativo? Yo, al menos, así lo veo. Un autor otrora, en la época clásica (sea la grecolatina o la de los Siglos de Oro en España), tenía que acomodarse a las unidades de acción (asunto), tiempo y lugar, pero hoy en día, con la revolución de los procedimientos narrativos llevados al cine, ¿un moderno guionista de cine, dramaturgo o novelista, en el caso de aceptarla, no se vería coaccionado en su ámbito más íntimo e irrenunciable, la libertad?

No me creo, ni harto de güisqui, que un filme vaya a ser la repanocha, si aparece la citada conditio sine qua non en los contratos firmados por las estrellas, o un desastre, si no. La bondad o maldad de la cinta, me temo, dependerá de lo de siempre, de un guion excelente, verosímil, de una buena dirección de actores y de que el resto (música, fotografía, montaje, etc.) no desentone.

Un productor, quien dispone de cierto caudal y ha decidido invertirlo en hacer una película, intentará sacar el máximo provecho a su apuesta contratando al equipo idóneo, el más competente para obtener el producto apetecido, que le reporte beneficios crematísticos y, si la cinta recibe además reconocimientos por parte del mundo cinematográfico, miel sobre hojuelas. Pero lo primero para él será recuperar el dinero arriesgado.

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Perra vida la de este hombre

PERRA VIDA LA DE ESTE HOMBRE

SOLO SOLEDAD LE LADRA

Tras la muerte de su amada,
Fuera cual fuera su edad,
Le duele la soledad,
Mas más la desconsolada
Ausencia de la finada.
Aunque Soledad te asombre,
No halló el solo mejor nombre
Para su perra señera,
Leal y fiel compañera
Que soporta aún este hombre.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Estatura, envergadura

ESTATURA, ENVERGADURA

“Quienes quieren juzgar la literatura —y creo que esto vale en general para todas las artes— desde un punto de vista ideológico, religioso y moral se verán siempre en aprietos. Y, una de dos, o aceptan que este quehacer ha estado, está y estará siempre en conflicto con lo que es tolerable y deseable desde aquellas perspectivas, y por lo tanto lo someten a controles y censuras que pura y simplemente acabarán con la literatura, o se resignan a concederle aquel derecho de ciudad que podría significar algo parecido a abrir las jaulas de los zoológicos y dejar que las calles se llenen de fieras y alimañas”.

Mario Vargas Llosa, en su artículo “Nuevas inquisiciones”, publicado el pasado domingo, 18 de marzo de 2018, en la página 15 del diario El País.

Óptima literatura
Puede ser la de los santos
Vida o la suma de espantos,
Que acrecienta la estatura
De su autor, la envergadura.
Prefiero diferenciar,
Quiero decir, licenciar,
Galardonar, distinguir,
Ergo, atizar a extinguir
Y ensalzar a despreciar.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¡Menudo genio!, sí, Pierre Nodoyuna

¡MENUDO GENIO!, SÍ, PIERRE NODOYUNA

¿POR QUÉ LLAMO AL PODER CORRECAMINOS?

En España abundan los pilotos típicos y (si no son los mismos, vistos desde otra perspectiva o punto de vista, que yo no diría que no de manera rotunda, tajante; tampoco que sí, fuera esta cierta en la superficie o fuera, fuera esta incierta en el fondo o dentro, casi casi en el mismo centro) los políticos tópicos (en el caso de que manejen el timón de un barco o de una corporación municipal, el volante de un autobús o de una comunidad autónoma, los cuernos de un avión o la presidencia o secretaría general de un partido o los ministerios de un Gobierno —acaso me haya equivocado al llamarlos así; usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, ejerza habitualmente de aristarco o funja esporádicamente hoy de zoilo, dirá—).

Inspirada en el filme “La carrera del siglo” (1965), comedia dirigida por Blake Edwards y protagonizada por Jack Lemmon, Tony Curtis, Natalie Wood y Peter Falk (que gozó aquí, en la piel de toro, de una popularidad incuestionable otrora, por su rol de teniente Columbo —Colombo, en España— en el serial detectivesco de igual título), la serie de dibujos animados “Los autos locos” fue emitida por el canal de televisión CBS entre el 14 de septiembre de 1968 y el 4 de enero de 1969 (por cierto, alguien, con mando en plaza, debería de proceder a corregir la fecha equivocada que aparece en Wikipedia, 5 de septiembre de 1970).

En el supuesto de que alguien haya tenido la pasada noche un mal sueño o raro (si usted, lector/a, ha pensado que lo que acaba de leer es un Macguffin, debo ovacionarle, porque ha dado de lleno en el blanco o centro de la diana; ahora bien, si ha colegido que ese alguien que ha sufrido los rigores de una pesadilla durante la pretérita madrugada he sido yo, lamento tener que sacarle del charco en el que se ha metido: se ha equivocado) o a alguien le haya dado por ver en la actualidad política (de la) patria una carrera de autos orates, como la serie infantil, arriba mentada, de 17 episodios (cada uno de ellos incluía dos carreras), de veinte minutos (aproximadamente) de duración, creada por la productora de William Hanna y Joseph Barbera, con solo 11 coches de carreras, cuyos pilotos competían a brazo partido por hacerse con el ansiado galardón de “el piloto más loco”, no faltará quien vea como conductor del Súper Perrari, el auto del doble cero, como Dick Dastardly (llamado Pierre Nodoyuna en España), a Pedro Sánchez (a pesar de su cara de bueno y de guapo, a pesar de que no porta sus alargados bigotitos, a pesar de que no habla con su marcado acento francés). Como su leal y pulgoso perro Patán, puede elegir usted ad libitum, a su gusto o voluntad, entre un amplio abanico o ramillete de opciones (en principio, salvo clamoroso error, son válidas todas ellas).

Quien viera in illo tempore la serie barruntó seguramente lo mismo que intuyó servidor, que, si el malévolo Pierre Nodoyuna no hubiera invertido y perdido tanto tiempo en idear y preparar trampas para que cayeran en ellas sus oponentes, si hubiera sido honesto y se hubiera dedicado en cuerpo y alma a lo que le atañía, acaso hubiera salido airoso y victorioso en alguna carrera (porque fue el único participante que no ganó ninguna —la única vez que cruzó en primer lugar la línea de meta fue descalificado, por tramposo; así lo atestiguaron las imágenes repetidas, vistas a cámara lenta—; ni fue segundo ni siquiera tercero, en las 34 carreras de que constó la serie).

Albert Rivera, el presidente de Ciudadanos, anunció el martes pasado que su formación iba a abandonar la comisión territorial, promovida por el PSOE en la Cámara Baja, para reformar el Estado de las autonomías (no usó el líder del partido naranja la ironía para llamar a las últimas “autonotuyas”, no, pero sí dio en nombrar Comisión Sánchez o Comisión de la nación de las naciones a la primera) tras conocer que los socialistas habían vetado las comparecencias, pedidas por él, de Alfonso Guerra, vicepresidente de varios gobiernos socialistas; Juan Carlos Rodríguez Ibarra, expresidente de Extremadura; José Bono, expresidente del Congreso de los Diputados, expresidente de Castilla-La Mancha y exministro de Defensa; y Juan José Laborda, expresidente del Senado.

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La hipérbole en el ámbito político

LA HIPÉRBOLE EN EL ÁMBITO POLÍTICO

“En el mundo de la política hay un componente simbólico y estético. Muchas veces un argumento se exagera o se infla para quedar bien posicionado ante la opinión pública. ¿Esto es un engaño o una exageración? Puede llegar a serlo” (cita traducida del catalán).

Artur Mas, en una entrevista reciente en RAC-1

Está claro, cristalino (basta con escuchar en catalán o leer de corrido y traducido al castellano lo declarado recientemente por el expresident Mas en torno a lo ocurrido en Cataluña con el absurdo procés y la fementida DUI), que el abuso del relato fantasioso, el uso indiscriminado de la hipérbole en el ámbito político, puede llevar a muchas personas, crédulas con lo que los políticos independentistas aireaban por doquier, ora a una depresión que los incapacite o postre temporalmente, ora a una indignación diuturna, general, total. Así que cabe preguntarle al señor Mas: ¿Le extrañaría a usted que ahora muchos de los ciudadanos catalanes, conscientes de la verdad pura y dura, que, como pardillos, se creyeron a pies juntillas sus patrañas (entre otras, que la presunta República catalana seguiría dentro de la UE; que no solo no se marcharían los bancos —Caixabank y Sabadell—, y las grandes empresas catalanas, sino que, una vez lograda la segregación de España, vendrían muchos/as más; que el apoyo de Europa era, si no total, mayoritario;...; en definitiva, que la independencia era una cosa hecha), cuando lo vean por la calle, lo abuchearan a usted diciéndole de todo, menos bonito, y algunos le corrieran, por falsario, a gorrazos?

A servidor, al menos, la actitud del grueso de los políticos (ellas y ellos) favorables a la independencia hace que le broten otras muchas preguntas: ¿Qué pensarán de ellos sus conciudadanos, quienes les escucharon decir una cosa, A o B, y ahora, cuando han sido citados a declarar en la Audiencia Nacional o en el Tribunal Supremo, sostienen ante los magistrados argumentos o razones tan distintas, C o D, que pueden pasar por contrarias u opuestas a las que adujeron otrora? Muy contentos, supongo, no estarán. Tal vez algunos se hayan enemistado o quepa hallar a más de uno que esté con ellos de uñas. ¿No se mofaron cuanto quisieron del poder judicial español, creyéndose que siempre estarían a salvo? ¿No sienten ni siquiera un ápice de bochorno al cantar la palinodia de cuanto afirmaron? ¿No se ven a sí mismos una pizca de cobardes cuantos sostenían que irían hasta el final y lanzaban la proclama “ni un pas enrere!”? ¿Por qué echaron en saco roto o no escucharon a quienes les advirtieron de los despropósitos que estaban a punto de cometer? Porque es evidente, y las muestras son notorias, que fueron varios los que se esforzaron en hacerles ver que sus actos tendrían consecuencias. Ahora se están cerciorando de que aquellos avisos no fueron hechos a humo de pajas, sino que tenían fundamento. Santi Vila, verbigracia, fue de los pocos que, con los pies en el suelo, consciente del mayúsculo error, disparate o desmán que se fraguaba, dimitió y dejó su puesto de consejero.

Cuando el Estado puso en marcha su maquinaria defensiva, el artículo 155, y los tribunales la suya, la ensoñación en la que vivían algunos (muchos, ciertamente) se vino abajo como un castillo de naipes.

Convendría analizar con mucha atención y detenimiento, porque el asunto no es baladí, sino digno de ser estudiado, cómo casi la mitad del pueblo catalán escuchó los cantos de sirena que le lanzaba tanto político mendaz (que sabía que engañaba a sabiendas a la opinión pública) y quedó obnubilada por una sarta de mentiras, como, a posteriori, las declaraciones de unos y otros ante los jueces (salvo la de Mireia Boya, bien es cierto) han venido a confirmar o ratificar.

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¿Qué novela estoy leyendo?

¿QUÉ NOVELA ESTOY LEYENDO?

Si en mí crees todavía,
Ayer vi a Saúl Zuratas,
Mascarita, sí, en Las Chatas,
Sentado allí, en la otra vía,
Esperando a otro tranvía.
Tiene bemoles la cosa,
Pero ¿acaso no es hermosa
Que vea en ciertos parajes
Reales a personajes
Creados por Vargas Llosa?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


A Carles, rey de la arana

A CARLES, REY DE LA ARANA

Aduce vuestra eminencia
Lo que he escuchado mil veces
Y otrora leí en “Memeces”,
Que es inútil la experiencia.
Hoy le otorgo mi aquiescencia.
A Carles, rey de la arana,
Le ocurre lo que a la rana
Acéfala o a la mosca,
Que defiende que, aunque tosca,
Su testa la tiene sana.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Lunes, 23 de abril

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