El Blog de Otramotro

Haciéndote feliz, seré dichoso

HACIÉNDOTE FELIZ, SERÉ DICHOSO

“No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti todo lo que soy”.

Gregorio Marañón y Posadillo

Amada Pilar:

Te preguntarás, seguramente, por qué te escribo sin parar, semana tras semana, epístola tras epístola, o encargo, finjo o funjo, que de ese menester se ocupe algún amigo íntimo y heterónimo mío. Me consta que se te hace, amén de cuesta arriba, raro, que alguien que publica a diario un texto, al menos, en su bitácora (y otros sitios), desde hace más de trece años, carezca, por propia iniciativa, de acceso a Internet y no haya mandado en su vida un whatsapp, aunque ande, por lo general, sobrado de guasa, retranca o sorna.

Como me molesta sobremanera autocitarme, repetirme, perdona que haya resuelto mandarte hacer lo que tal vez te disipe las dudas: teclea en un buscador, Google, por ejemplo, el título de una de mis décimas, en concreto, “¿Pantallas en aulas? ¡Jaulas!”. Si la lees con atención y detenimiento, no te miento, allí hallarás dos razones de peso.

¿Que por qué te escribo sin parar? Porque necesito hacerlo. ¿Que cuál es el objetivo o fin de esta misiva? El mismo que el de todas las anteriores, aunque acaso no fuera jamás tan explícito como lo soy hoy, porque te necesito.

Noto, siento que necesito estar a tu vera; me urge vivir contigo; esa es mi imprescindible conditio sine qua non, pues haciéndote feliz, seré dichoso. Barrunto que, si acaece algún día tal cosa, volveré a recobrar la ilusión y la paz perdidas. Ergo, te amo, lo reconozco, sin rodeos, por interés, porque me comprendes mejor que nadie. Aunque eres una fémina de estatura media, normal, tu inteligencia emocional es extraordinaria, descomunal. En dicha disciplina, si te lo propusieras, llegarías a catedrática, y podrías dar (que ya lo haces, aunque esa no sea tu pretensión) sopas con honda al común de los mortales.

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Nadie refutar puede tal aserto

NADIE REFUTAR PUEDE TAL ASERTO

“Hablando se entiende la gente”, dice el dicho castellano. Hoy, aquí y ahora, afirmaré y/o agregaré algo más, que nadie (hembra o varón) refutar puede tal aserto. De hecho, en el debate de ideas y cruce de argumentos, todos hemos podido comprobar alguna vez cómo el otro, nuestro interlocutor (o uno de ellos, en el supuesto de que se tratara de un coloquio mantenido con y entre varias personas), si estábamos atentos a su discurso, gracias a (o tras escuchar) su reflexión, nos hizo ver una faceta de ese poliedro que es la realidad, en la que nosotros no habíamos caído o reparado y eso nos influyó tanto o de tal manera, que nos hizo enriquecer, matizar y hasta mudar nuestra perspectiva sobre el asunto o problema en cuestión.

Comparto dicho parecer, por tanto, con cuantos (ellas y ellos) defienden y sostienen que el diálogo puede ser, amén de estupenda y necesaria, una fuente inagotable de herramientas o razones para resolver conflictos, siempre que el otro contertulio no funja o finja ser una pared, por ejemplo. Porque, en ese caso concreto, el conflicto, en lugar de resolverse, puede agravarse aún más. La experiencia es un grado. Mi tristemente finado progenitor solía decir que “es la madre de la ciencia”. Cuando has conocido el paño o percal, cuando sabes cómo se las suele gastar el otro, ¿vas a seguir confiando en quien tu propia experiencia te dice y dicta que no debes? ¿Has olvidado la moraleja de la fábula de la rana y el escorpión? Yo suelo recomendar que se recuerde en casos tales, para que nadie tenga que volver a maldecir su mala suerte, esa expresión latina que dice así: “Vulpes pilum mutat, non mores” (“La zorra cambia el pelo, no las costumbres”).

Uno puede hablar con el otro de lo que sea, siempre que el otro no imponga las reglas de juego (y con más motivo si estas son previas y, mientras no haya un nuevo acuerdo que las cambie, son las que son), ni los asuntos a tratar en dicho diálogo, ni sus límites, ni sus criterios (verbigracia, si nos hace ver, como advertencia previa, que él solo está dispuesto a hablar si, al final, alcanza sus objetivos, si logra conseguir esto, eso y aquello, sota, caballo y rey, a toda costa, a todo trance o a rajatabla).

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¿Que qué veo en tus pupilas?

¿QUE QUÉ VEO EN TUS PUPILAS?

—Dime, por qué, vida mía,
De mí estás enamorada.
—Sé que estoy por ti colada
Por tu humor, fisonomía,
Pasión por la isonomía,...
—Te obsequio ramos de lilas
Porque te apellidas Vilas.
—¿Solo por la rima, Arturo?
—Te amo porque mi futuro
Veo en tus verdes pupilas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Breve y escueto apunte de Pandora

BREVE Y ESCUETO APUNTE DE PANDORA

(SOBRE LA OMNIDOTADA E IMPAR EVA)

Según la mitología griega, Zeus, el padre del panteón heleno, ordenó a Hefesto, dios del fuego, célebre por sus variopintas habilidades o mañas, que esculpiera la estatua de la primera mujer, una núbil bella. Atenea, enemiga de Prometeo, la vistió con una túnica blanca, colocó un velo sobre su rostro, la coronó con un aro hecho con flores frescas y ciñó su cintura con un cordón áureo. Hermes, el mensajero divino, le concedió el don del habla y Afrodita la facultad o virtud de embelecar y/o embelesar.

De esta guisa, Zeus y compañía crearon un ser aparentemente bondadoso, pero, en el fondo, sensu stricto, malévolo, al que el supervisor del universo llamó, irónicamente, Pandora, todo regalo (por ser depositaria de todos ellos o ser ella la portadora de los tales). Llevó a dicha fémina virginal a la Tierra, donde los dioses y los humanos se confundían o andaban mezclados. Ninguno de ellos dejó de ponderar sus innumerables prendas. Ella, ora aleccionada convenientemente, ora predestinada, escogió como pareja a Epimeteo, el candoroso hermano de Prometeo, quien había robado el fuego a los dioses y se lo había entregado a los hombres, para, a la postre, mediante el ánfora o tinaja o jarra (no la caja, que como término se ha impuesto a los sugeridos), obsequio olímpico que Prometeo le había advertido a su hermano que no aceptara, bajo ningún concepto, ser el mentado en último lugar objeto de la venganza divina.

Epimeteo, desoyendo a su hermano, aceptó y acogió como esposa a Pandora, portadora de su recipiente nocivo, de males repleto, pues, hasta entonces, los hombres, siguiendo las recomendaciones de Prometeo, habían vivido exentos de males, denuedos y enfermedades perniciosas, terribles. Por curiosidad o por sugerencia divina, Pandora destapó la tinaja (o caja) y al momento huyeron de la misma los males que contenía. En el fondo de la mencionada (cuenta el relato mitológico) quedó, aturdido por la repentina fuga en tropel, el único bien que contenía la susodicha, la esperanza, pero, siguiendo lo prescrito por Zeus, Pandora dejó caer la tapa antes de que la esperanza pudiera iniciar el vuelo, quedando encerrada en la susodicha tinaja.

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He aquí el texto que he urdido últimamente

HE AQUÍ EL TEXTO QUE HE URDIDO ÚLTIMAMENTE

Dilecta Pilar:

Te mandaré esta mañana (si puedo; si no, esta tarde, siempre que no me se me vaya el santo al cielo, claro) las seis páginas sobre la cinta en cuestión, “La casa del lago”. Aún no he leído en voz alta el texto que he trenzado últimamente, para darle el nihil obstat, pero te lo enviaré como está. A ver si te gusta (te aviso con antelación de que puedes hallar algún yerro). Mi intención es trocearlo en tres o cuatro partes y publicarlo en esos mismos, tres o cuatro, días (durante el mes de mayo).

Yo creo (por ser humano, demasiado humano, como el título que Nietzsche colocó a una de sus obras) que, si fuera Dios, no me concedería el 10 más que en contadas ocasiones de desbordante euforia, pues constato, un día sí y otro también, que, aunque mi intención es hacer las cosas impecables, sin fallos, pronto me doy cuenta de que he cometido yerros, de mayor y menor bulto (que intento corregir cuanto antes). Ayer, por cierto, firmaba mi texto hodierno, “Una pareja perfecta”, así:

“Asimismo, deseo y espero que nadie se moleste por que haya decidido no firmar este texto con mi seudónimo habitual, Emilio González, “Metomentodo”, sino con mi nombre verdadero,

Dios (en el supuesto de que Dios exista, Él sabe, a ciencia cierta, que en mi ánimo no ha habido un ápice o pizca de irreverencia, a la hora de suplantar su personalidad diversa, pues es trino, y su firma; y sí un vagón repleto de vaya omnímoda, vaya, a la que es tan adicto servidor, un guasón de marca mayor. En el supuesto de que Dios exista, le consta, de manera fehaciente, que le estoy e(vi)ternamente agradecido por haberle puesto a mi amanuense, Ángel, en el camino una persona digna de amar, su amable Pilar, su señera compañera)”.

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Vivir es (a nadie extraña)...

VIVIR ES (A NADIE EXTRAÑA)

SALIR DE LA TELARAÑA

Me gustaría que mi hija
Fueras para acompañarte
Hasta el altar y dejarte
Allí junto a quien elija
Tu alma permanecer fija.
Comprobarás que son tantos
Y que producen espantos
Los mil y un riesgos que entraña
Caer en la telaraña
Que impetrarás a los santos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Hay que acabar cuanto antes con las ratas

HAY QUE ACABAR CUANTO ANTES CON LAS RATAS

(PORQUE SON TRANSMISORAS DE LA PESTE)

Lamento tener que reconocer, una vez más, lo obvio (servidor sería o, mejor, se estaría comportando como un ciudadano, amén de deshonesto, idiota, si, en lugar de quitar o retirar el tupido velo, echara una palada más de tierra sobre la realidad, para ocultarla), pero la evidencia es irrefutable. El Govern de la Generalitat, si no le ha terminado de doblar el brazo al Gobierno de España (en esta sociedad actual, nuestra, que está hasta la saciedad de la suciedad, sí, pero donde cuenta más aparentar que ser, también), le está ganado el pulso, la batalla del relato, sobre el cada vez menos “conllevante” problema catalán, en el ámbito europeo, exterior, internacional.

Si hace escasas semanas eran cuarenta y un senadores franceses los que se metían en camisa de once varas, esto es, se pasaban de castaño oscuro, o sea, siete pueblos, al denunciar una presunta represión contra los guías (cabecillas, más bien) del “procés”, que están siendo juzgados (con todas las garantías habidas y por haber, en directo) en el Tribunal Supremo, la semana pasada Die Linke, La Izquierda, partido político alemán liderado por Katja Kipping y Bernd Riexinger, presentó en el registro del Bundestag una moción en la que pedían al Gobierno teutón que se interesara por unas supuestas violaciones de los derechos humanos a los dirigentes independentistas catalanes. Prospere o no dicha moción, lo que ambos hechos han dejado meridiano, al descubierto, es que varios Ejecutivos españoles no han estado a la altura de las circunstancias, al minusvalorar la estrategia de los secesionistas catalanes, tendente o proclive a la internacionalización del conflicto, remedando la que otrora pusieron en circulación (con escaso éxito o recorrido, por cierto; hay que reconocerlo y recordarlo) algunos dirigentes de la hoy extinta ETA.

La democracia española es manifiestamente mejorable, perfectible (supongo que otro tanto ocurre con otras de nuestro entorno), pero es homologable con cualesquiera otras europeas, al estar en la media. Basta con acudir a las cifras que suministran los diversos organismos oficiales que miden sus diferentes aspectos, índices o valores para constatar lo dicho.

Lo que más llama la atención del asunto en cuestión es que los dirigentes independentistas no se cortan un pelo, es decir, no tienen ningún problema a la hora de hablar mal (sueltan sapos y culebras) del sistema democrático español, conformando con cuanto propalan un rosario interminable de embelecos, mientras que los responsables de los partidos constitucionalistas parecen tener escrúpulos para decir verdades como puños, cuando les toca criticar cuanto acaece en Cataluña, donde el Govern y el Parlament han dado muestras suficientes de dejación de funciones, con un (molt honorable, de palabra, no de actos o hechos) president, verbigracia, el actual, Torra, sin empaque, sin fuste, orgulloso de ser un pelele o vicario del anterior en el cargo, Puigdemont (huido de la justicia, no exiliado, llamemos a las cosas por su nombre, que lo tienen), mostrándose desobediente con la Junta Electoral Central, haciendo un feo tras otro al jefe del Estado cada vez que este, el último, acude por el motivo que sea a Cataluña, arengando a las hordas o huestes de los comités de defensa de una república (CDR) utópica “para que apreten”,…

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Tenemos que ser ricos en ideas

TENEMOS QUE SER RICOS EN IDEAS

“Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos, / y escucho con mis ojos a los muertos”.

Cuatro primeros versos del “Soneto desde la Torre de Juan Abad” (señorío de Quevedo, pequeño municipio al sur de La Mancha, en la provincia de Ciudad Real), escrito por Francisco de Quevedo y Villegas.

Reconozco que a algunos libros les tengo un cariño especial. Lo que acabo de apuntar y apuntalar me ocurre, por ejemplo, con las “Charlas de café” (1920), de Santiago Ramón y Cajal, desde que cierta tarde, que me hallaba bajo de moral, otrora, hace la tira de años, lo abrí al azar por una de sus páginas y leí este pensamiento del médico e investigador español, que, inopinadamente, venía a encajar, como alianza en el dedo anular, con el momento existencial que el abajo firmante vivía (sin vivir en él): “Nada hay más semejante a una biblioteca que una botica. Si en las estanterías farmacéuticas se guardan los remedios contra las enfermedades del cuerpo, en los anaqueles de las buenas librerías se encierran los específicos reclamados por las dolencias del ánimo”.

Como (no sé si colegí o deduje lo correcto u oportuno) identifiqué aquel hecho como una carambola o chiripa, una serendipia, hoy, que me hallaba sin idea clara sobre la que discurrir y verter sobre el folio, he acudido a la biblioteca y he tomado, por si volvía a suceder lo propio, el ejemplar mentado en mis manos, lo he abierto y he leído la siguiente reflexión del Premio Nobel de Medicina (que compartió con el italiano Camillo Golgi) de 1906: “Hagamos notar que, cuando un hombre de ciencia presume de muchos amigos, casi siempre se trata de un cuco o de un holgazán. No se conservan varias amistades íntimas sin cultivarlas asiduamente, y este cultivo resulta incompatible con una vida de concentración intensa y de trabajo austero. En suma: O se tienen muchas ideas y pocos amigos, o muchos amigos y pocas ideas”.

Si considero (como así lo hago) el citado libro del nacido en Petilla de Aragón, “Charlas de café”, un estupendo amigo mío, pues lo reputo un pozo inagotable de razones, y extiendo dicho juicio a otros muchos libros, acaso me encuentre en un dilema complejo, esto es, deba respetar menos o, por el contrario, tolerar aún más de lo que ya lo hacía el susodicho pensamiento de Cajal, por haber llegado a la conclusión de que veo en él lo opuesto a lo que él vio, o infiero cuanto él infirió, y, además, juzgo que es una apodíctica e irrefutable verdad.

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¿Saldremos de la zona confortable?

¿SALDREMOS DE LA ZONA CONFORTABLE?

En Navarra, somos (me adhiero al grupo o incluyo entre los tales) legión (si una ídem, romana, en los albores del Imperio, la conformaban 6.000 hombres, tendré que echar mano del plural, legiones, si quiero, que es lo que busco o pretendo, ser más concreto o preciso) los aborígenes o foráneos empadronados que nos sentimos noblemente honrados o estamos orgullosos de vivir dentro de los límites del otrora reino en pleno siglo XXI, por esta razón de peso, la citada, foral, es la Comunidad Autónoma del Estado español con el menor índice de desempleo o paro en su población, entre sus ciudadanos (ellas y ellos) en edad laboral.

Ahora bien, cabe que nos preguntemos (a renglón seguido, por ejemplo) si somos los mismos los que estamos satisfechos (o no) con el dinero que el Gobierno ha presupuestado para dedicarlo a promover la cultura en dicho territorio. No es mi intención encomiar a mis conciudadanos; tampoco obra entre mis pretensiones ser ensalzado por ellos, porque ninguna de las dos, sensu stricto, ni la aducida en primer lugar ni la formulada en segundo, contribuiría a que progresáramos adecuadamente. Sin embargo, el hombre, hembra o varón, a veces necesita que se le estimule o excite, mediante un acicate o un aliciente, para moverlo de su cómodo sofá, para sacarlo de su zona de confort, con el claro propósito de avanzar.

Primum vivere, deinde philosophari (“primero vivir, luego filosofar”, dice el latinajo; a mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, le gusta más esa variante de la cita que airea el pensamiento de esta otra guisa: primum bibere, deinde philosophari, o sea, “primero beber, luego —a modo de corolario o como consecuencia de la ingesta de la bebida espirituosa— filosofar”). Una vez hemos conseguido cubrir las necesidades más perentorias, debemos considerar si, además del alimento para el cuerpo, no es tanto o más necesario que este el aliento para la mente.

Ignoro qué piensas al respecto, lector, pero este menda considera que cualquier edad del hombre es propicia para aprender (y disfrutar aprendiendo) y sacarle el máximo partido o provecho a todo lo asimilado; así que, teniendo en cuenta que cada día nuestra sociedad se avejenta más, al estar conformada por personas de más edad, Navarra, si pretende estar a la altura de los tiempos que corren, en la pomada o vanguardia cultural, habrá de invertir más dinero del presupuesto en promover, proponer y provocar la formación continua y diversificar esta también entre los pensionistas con inquietudes intelectuales (personas a quienes sus circunstancias —las que les rodeaban entonces, cuando eran más jóvenes, antaño— no les permitieron cursar estudios universitarios, verbigracia).

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De haber amado a una diosa

DE HABER AMADO A UNA DIOSA

—Mi dilecto amigo, Andrés,
Si a las cuatro de la tarde
Vienes, déjame que farde,
Pues seré desde las tres
Dichosa; no tendré estrés.
—Si a tu casa acudo, Rosa,
Y te muestras cariñosa,
No habrá en todo el mundo un hombre
Que más gracias dé y se asombre
De haber amado a una diosa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Carta a mi musa impar, Dorothy Parker

CARTA A MI MUSA IMPAR, DOROTHY PARKER

Amada musa y regalo divino, Dorotea (pues tu nombre, en griego clásico, como te constó a la sazón, significó lo que significa y significará “don de diosa” —no, como dicen las malas lenguas, las viperinas, “donde dio Sáez dos veces”, por “don de diosa, ez dos veces”—):

Lamento (por hacerlo de manera contradictoria, o sea, sin fomentar ni mentar, en sentido estricto, una sola lamentación) no cumplir ninguno de los tres requisitos que tú (te lo oí decir un día, en sueños, claro) le exigías a un hombre (varón) para acceder a salir con él, porque ni soy guapo ni implacable ni estúpido (un poco sí; no lo oculto ahora, como reconoció otrora otro ignorante en un montón de ámbitos, aunque fuera en uno culto).

Como sabes (si, tras morir, has dejado de saber, supiste), aquí, donde se habla la lengua de Cervantes, se estila proferir la expresión castiza “por el interés te quiero, Andrés”, pero a nadie se le escapa (porte en invierno abrigo o capa) la verdad, dicha o vestida con ropajes de mala uva o leche (uno de los extremos de la horquilla por la que se mueve tu sentido del humor), que acarrea y/o contiene esa frase célebre que se te adjudica de “las dos palabras más bellas de la lengua inglesa son: cheque adjunto”.

Ignoro la cantidad concreta y la calidad exacta del chorretón de cinismo que derramaste (si era líquido) o del pellizco que espolvoreaste (si era sólido), pero no que era desvergüenza de la buena, puro veneno (por d, e, de, l, e, le, t, é, té, r, e, re, o, como acabo de deletrear) que echaste sobre ese pensamiento que improvisaste o repentizaste en cierta ocasión que decía así: “Cuatro cosas hay que me hubiera pasado mejor sin ellas: amor, curiosidad, pecas y dudas”. Porque cabe preguntarse ¿qué es un hombre, ora hembra, ora varón, sin esas cuatro cosas? Y cabe contestarse lo obvio: Nadie, o aún peor, nada (de nada).

Como soy un ferviente admirador y un fiel epígono de Baltasar Gracián, sobre todo del adagio 105 de su “Oráculo manual y arte de prudencia” (1647), “(...) Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos”, terminaré esta epístola, antes de dar cuenta de tu epitafio, que he reservado, limpio de polvo y paja, para el párrafo final o colofón, previo a la despedida, rememorando otra de tus citas famosas, que es hija, nieta, biznieta o tataranieta (deseo y espero que nadie se exponga a quedar en bolas por osar poner objeciones sin pies ni cabeza al respecto) de la que he mencionado arriba de Gracián: “la brevedad es la esencia de la lencería”.

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Pilar fue la mujer que más me atrajo

PILAR FUE LA MUJER QUE MÁS ME ATRAJO

(¿MI EDIFICIO VITAL RUINA AMENAZA?)

Aunque, gracias a Dios, Pilar no ha muerto (ojalá fine yo mis días antes que ella), voy a escribir esta urdidura (o “urdiblanda”) como si el fatal desenlace ya hubiera acaecido. Ignoro por qué razón (si es que la hay o cabe hallarla, de peso) me ha nacido la idea de trenzar su necrología. Tal vez, mi edificio vital ruina amenace.

El cuerpo de Pilar está frío, inerte. Y ella está condenada a la celebridad, a la posteridad, por obra y gracia de mi péñola. Teniendo en cuenta su inveterada timidez, si he de hacer caso (como debo y hago) a los pálpitos de su alma y a los de la mía, está agradecida a mi pluma y, a la vez, enojada con ella, pues siempre quiso pasar inadvertida.

Como de todo hay en la viña del señor, si alguien se ha alegrado por el óbito de Pilar, a mí su inesperado fallecimiento me ha apenado sobremanera, porque, a partir de ahora, el mundo se hará menos habitable y será más irrespirable.

Hace muchos años, cuando era un adolescente y el cronista de la revistilla que hacíamos en Navarrete, fantaseaba con ser un día un escritor reconocido. Hoy, sin embargo, de lo que más orgulloso estoy es de haber tenido la gran suerte de haber conocido (incluso bíblicamente, sí) a Pilar y de haber soñado tres, seis y hasta diez veces que me casaba con ella. Y, en una de ellas, que quien fue uno de mis profesores allí y es mi amigo, Jesús Arteaga, oficiaba la misa que santificaba nuestra unión.

Entiendo que para otras/os pudieron acaecer mil y una situaciones más dichosas que la que acabo de apuntar y apuntalar en el párrafo precedente, la onírica, pero para mí la citada o, sencillamente, pasear con Pilar, yendo cogidos de la mano, y sonreír (por el motivo que fuera), estuviéramos donde estuviésemos, en Tudela, Roma, París, Londres, Cornago o Cabretón, fue de una felicidad tan inmensa e intensa que se ha hecho digna merecedora de sumar a los mentados, otrosí, los adjetivos calificativos de inusitada e insuperable.

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Lunes, 24 de junio

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