El Blog de Otramotro

Para en símbolo mudarte

PARA EN SÍMBOLO MUDARTE

Será un viaje peligroso,
Parecido a una odisea,
Que se odia y que se desea
(Siempre que se salga airoso
De sus bretes y orgulloso),
El que he de canalizar
Y debo realizar
Para en símbolo mudarte;
Otros, quizá con más arte,
Lo tendrán que analizar.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Va para Gemma, viuda inesperada

VA PARA GEMMA, VIUDA INESPERADA

Apenada y querida Gemma, viuda inopinada de mi difunto primo José Félix:

Aunque esta epístola ve la luz hoy, jueves, primer día de noviembre, festividad de Todos los Santos, aquí, en mi bitácora, anhelo que sepas que la urdí el viernes, 12 de octubre, Día de la Hispanidad y de Nuestra Señora del Pilar, nombre de pila que tanto me gusta proferir (y no lo digo, que podría hacerlo, por mi hermana, con quien hablo a diario por teléfono, a quien adoro y llamo, desde que nació, “Nena” —confieso que acostumbro a llamarla también con guasa “Pilón”, pero sin llegar a tirarla al susodicho—, como mis seres más allegados saben, sino por la mejor mujer —que nadie se moleste, porque acepto discrepancias o disidencias— que he conocido en mis cincuenta y seis años de existencia, aunque en este punto acaso me haya ocurrido lo que es habitual que me pase sin que me pese, que me haya extralimitado o pasado siete pueblos por culpa del agua del Ebro, que, como he reconocido otras veces, no bebo, pero me lava y es la que me empuja a exagerar, a echar mano de la hipérbole, a la hora de dar mis opiniones) últimamente.

De los dos breves momentos en los que pude cruzar palabras contigo durante el sábado pasado, 6 de octubre, en el camposanto de Cornago, tras la misa de funeral (nunca vi tan llena la iglesia parroquial de San Pedro, ni siquiera durante la festividad de la patrona de la villa, la Virgen de la Soledad), en el primero te quejaste con razón de que la muerte de José Félix había sido injusta, por prematura. Tu marido no había celebrado ni siquiera los cincuenta y cinco años, que hubiera cumplido, en el caso de haber seguido vivo, el próximo domingo, cuatro de noviembre, cuando hoy son legión las/os que finan sus días tres décadas después, siendo muchas/os nonagenarias/os. Como sabes, fue el poeta metafísico inglés John Donne quien verseó que la muerte de todo hombre nos disminuye porque nadie es una isla en sí mismo. En el semblante de mi finado y piadoso padre pude comprobar que, si es duro velar el cadáver de un esposo o de un hermano, aún lo es más perder (por accidente o enfermedad) a un hijo, porque lo lógico es que el hijo entierre al padre, no el progenitor a su retoño.

Durante ese primer diálogo (duraría menos de un minuto) te dije que tanto tú como vuestros hijos, Borja y Pablo, debíais estar orgullosos de José Félix; a su misa de funeral acudieron muchas personas. E insisto en lo que apunté antes: nunca vi la iglesia parroquial de San Pedro tan abarrotada. En el exterior (me consta porque lo pude ver con mis propios ojos) había mucha gente que o no pudo o no quiso (ignoro las razones) acceder. Este hecho vino a corroborar o ratificar lo que se lee en el Evangelio de Mateo (Mt. 7, 15-20): “Por sus obras los conoceréis”; y en el de Lucas (Lc. 6, 43-44): “Por sus frutos los conoceréis”. El hombre (hembra o varón) no es lo que piensa (bueno, regular o malo), ni es lo que dice (sea esto lo que de verdad ha ideado o una patraña); el hombre es lo que hace (y, si hace reír, como tantas veces me hizo reír a mandíbula batiente José Félix, hasta llorar lágrimas dulces, es normal que con las tristes nueva y constatación de su óbito, servidor y cuantos le debemos días ganados —porque, como dijo Charles Chaplin, “Charlot”, un día sin reír es un día perdido— lloráramos lágrimas amargas. Yo suelo argumentar que nuestras obras son nuestro mejor autorretrato (sea este físico o moral, prosopografía o etopeya), y poner como ejemplo de la tesis precedente el sucinto relato que compuso Jorge Luis Borges y colocó como magnífico colofón para “El hacedor” (1960): “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.

Durante el segundo diálogo (básicamente, de despedida), te adelanté que te esperaban días complicados y difíciles. Y te exhorté a que te rearmaras de ánimo, moral y paciencia, porque los bajones suelen llegar sin previo aviso. Para esos inoportunos momentos, te hago saber lo que a mí me resulta y/o sirve. Aunque a quien me escucha con atención suelo confesarle que soy un ateo convencido, tantos años entre curas (atesoro un montón o sinfín de recuerdos gratísimos y útiles de mi experiencia con los Padres Camilos) han dejado en mí una estela, huella o muesca acaso indeleble. Porque es apodíctico lo que voy a contarte. En los momentos de angustia, de miedo cerval, de pánico, recordar los nueve primeros versos pentasílabos de una oración o poema que Santa Teresa de Jesús escribió y mandó a su hermano, enfermo, que, por aquellas fechas, estaba en el continente americano (si no marro en lo que narro), si no la/o borran del todo, la/o atenúan o mitigan por ensalmo: “Nada te turbe, / Nada te espante, / Todo se pasa, / Dios no se muda. / La paciencia (con diéresis) / Todo lo alcanza; / Quien a Dios tiene / Nada le falta. / Solo Dios basta...”.

>> Sigue...


La crema son los ojos de su amada

LA CREMA SON LOS OJOS DE SU AMADA

El sábado pasado, 27 de octubre de 2018, en la página 60 o contraportada del diario EL PAÍS leí el artículo que Fernando Savater tituló “‘Jaloguín’”, sic, así, sin la diéresis preceptiva. Me refiero, claro está, a la edición de papel, porque en la digital (a la hora que este menda la consultó, doce del mediodía) el término la portaba.

El segundo y último parágrafo de dicho texto es un hermoso canto a la amada difunta, a la compañera ausente: “Ella disfrutaba con Halloween. (...) Ahora llega otra vez Halloween y no logro invocarla a pesar de guardar con mimo desesperado todos los adornos macabramante ingenuos que me dejó”.

El poeta que también acarrea, porta o portea el profesor de Filosofía y filósofo que es Savater acierta al abrir sus ojos y advertir que los de su complementaria ya no están, al comprobar la realidad pura y dura, que llega otro Halloween (y él, Savater, ya no disfruta lo que disfrutaba, porque ella ya no está a su vera y ya no puede disfrutar de él, Halloween) y, jugando con la forma de la palabra inglesa, él ya no halla a su bien, su su(pre)mo bien, la mujer que lo complementaba o completaba, la mitad de su alma, aletargada o dormida (que acaso muera, de manera definitiva, cuando lo haga él). El vate enamorado que, sin hesitación, es Savater, que guarda con fidelidad y lealtad, como oro en paño, como si fuera el personaje imperecedero que salió del magín de Jorge Luis Borges, Funes el memorioso, todos los momentos importantes de su existencia, que lo fueron todos los que vivió con ella, todos, excepto quizá los que compartió con ella, cadáver, que rememora todos los recuerdos que estos le dejaron en su memoria y en su piel, vive ahora con miedo cerval la macabra realidad, que se le impone con toda su crudeza, la soledad.

>> Sigue...


¿Diluviará cuando muera?

¿DILUVIARÁ CUANDO MUERA?

¿OCURRIRÁ UN CATACLISMO?

Pilar no es ningún pibón,
Mas que goza a los sesenta
De diez menos se comenta.
Por detrás parece Ivonne
Y por delante un bombón.
Si es la reoca por fuera,
Por dentro ella no está huera.
Uno halla tantas virtudes
Como atesora aptitudes.
Diluviará cuando muera.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Elegía a José Félix

ELEGÍA A JOSÉ FÉLIX

Recibid, Gema, Borja y Pablo, el sincero y sentido pésame de quien, siendo niños, cada vez que se despedía de vuestro esposo y padre, José Félix, sentía que le faltaba el aire y lloraba durante un buen rato sin hallar en nadie ni en nada consuelo.

Estaba desayunando
Hoy, cuando Jesús Roberto
Me ha dejado medio muerto
Al irme él, primo, narrando
La triste nueva y llorando
Que José Félix, su hermano,
Le ha dicho adiós con la mano
De modo definitivo.
A mi pésame emotivo
No le falta el llanto humano.

Mientras a Jesús Roberto
La emoción o el sentimiento
Silenciaba (no, no miento),
Ese vacío ha cubierto
Servidor con lo que ha abierto,
El de los recuerdos tarro
Que aún con mi zurda agarro,
Do guardo lo memorable,
Por ser al justo agradable,
Si no me equivoco o marro.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Me congratula mucho que te peten

ME CONGRATULA MUCHO QUE TE PETEN

Dilecta Pilar:

Acabo de recibir el tuyo. Servidor estaba buscando los textos que te mando abajo.

De nada. Aún se puede abundar o coincidir con la opinión que dieron otras/os, ganaran o no premios y/o prestigio en vida. Si ganaron el Nobel, mejor (en el caso de algunos, no en el de todos). Yo me encuentro en una posición semejante a la tuya; tampoco soy santo (aunque todos debemos santificar nuestra vida, nuestros actos).

Te mando cómo aparecerá mañana en mi bitácora la epístola que di en titular (ignoro si te envié la versión definitiva) “No formulo el reparo que refieres”.

Aprovecho la ocasión para remitirte también la versión final de la que porta el rótulo de “¿Dudabas de que al tal no le encantara?”.

Relecturas han sido, sí. Me congratula mucho que te peten.

Seguro que el resultado de lo que le escribes es algo sincero, sentido, profundo, cabal.

Me alegra que vayas consiguiendo esa liberación, tras llevar a cabo bien tu trabajo. Ya sabes lo que dijo varias veces y dejó escrito en letras de molde Jonas Edward Salk: “La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de seguir haciendo más trabajo bien hecho”.

No tienes que preguntarme. Yo no te pregunto. Me gustaría leerlo antes de que aparezca publicado (si te lo publican entero), pero esa decisión te corresponde tomarla solo a ti.

La semana pasada escribí un artículo de política cada día. Puedes acceder a mi blog y leerlos. El último llevaba este título: “Completa colección de incoherencias”.

>> Sigue...


Mi tío Gregorio ha muerto

MI TÍO GREGORIO HA MUERTO

A un barrio de Tarazona,
Tórtoles, siendo un muchacho,
Iba sin sentir empacho.
Allí ir hoy me desazona:
Su funeral me emociona.
Aun sin serlo en sí, mi tío,
En primavera o en estío,
En otoño o en invierno,
Con todos fue un hombre tierno;
Nadie junto a él sintió hastío.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿La guagua? ¡Cielo es e infierno!

¿LA GUAGUA? ¡CIELO ES E INFIERNO!

(MESA DEL CABO Y DEL RABO)

¿La guagua? ¡Qué paradoja!
Si acercaba al astro, cielo;
Si al sol alejaba, hielo,
O fuego, volcán que arroja
Lava, que quema si moja.
La misma mesa ocupaba
Cuando Pilar se apeaba
De una, rabo de excursión,
Y, cabo de depresión,
Cuando en otra se piraba.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Sabe lo que le aguarda tras la esquina?

¿SABE LO QUE LE AGUARDA TRAS LA ESQUINA?

Desde que conozco a Sofía, los doce o trece años suyos, siempre que la veo por la calle anda tiesa, erguida, enhiesta y se muestra circunspecta, prudente. Cuando ambos acudimos a la misma reunión, compruebo lo que ya sabía de ella, que nunca es la primera en tomar la palabra. Espera a que hablen los demás, a quienes acostumbra a escuchar con suma atención. Luego, si tiene algo que decir (cosa que no siempre ocurre), lo comunica de la forma más sencilla (para ella y el resto). A la comisura de sus labios no le suele faltar su asidua sonrisa. En las juntas de vecinos de nuestra comunidad (donde ella tiene un piso alquilado) me he fijado que, duren lo que duren, jamás se sienta en las escaleras y, recostada o no en una pared, permanece de pie, como yo. Acaso esto tenga que ver con un miedo cerval asumido a pronta edad, en su más tierna infancia. A quien le hace preguntas que entiende y deduce a qué obedecen o por dónde van, le suele contestar de forma amable y sucinta. Yo ayer, verbigracia, le pregunté: ¿Vienes de ver una película tierna? Juraría que has llorado, Sofía. Para película triste, de pena, mi vida, Tapia, me contestó. Mañana, nadie sabe lo que le espera tras la esquina, a las siete y media de la tarde, acudiré a su funeral.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


La rosa más asombrosa

LA ROSA MÁS ASOMBROSA

“(...) no solo son excelentes aquellos que obtienen óptimos resultados, sino muy especialmente quienes consiguen progresar desde circunstancias menos ventajosas, en ocasiones con problemas familiares, aprietos económicos o dificultades de aprendizaje”.

Francisco Tomás y Valiente, nieto de quien fuera presidente del Tribunal Constitucional, de iguales nombre y apellidos, que fue asesinado por un miembro de ETA en 1996 en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid.

Paco, escucho aún la rosa
Que me asombró: “La excelencia
Es hija de la decencia,
De la equidad”. En la losa
Se leerá de mi fosa.
No, no es propio de un demente
Aducir que es excelente
El que obtiene óptima nota
Y, asimismo, el que no agota
Su tesón de impar discente.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Mi anhelo es que también tú lo disfrutes

MI ANHELO ES QUE TAMBIÉN TÚ LO DISFRUTES

Dilecta Pilar:

Hoy he venido al Centro Cívico “Lourdes” un poco más tarde de lo usual. Me ha cortado el pelo y recortado la barba Paula, la nínfula que aprendió el oficio con (o se lo enseñó) Esteban, que está ingresado en el HRS (felizmente, parece que todo va por buen camino).

Ídem, gracias. Mujer, aunque soy un lego o profano en muchos campos del saber, algo de lengua y literatura española sí que sé. Lo que me consta es que a mí (a ti y a nuestras/os compañeras/os o colegas) no me (nos) regalaron la licenciatura, no.

Ya ves, tú y yo, perseverantes literatos, parecemos científicos, pues somos seres que, a lo largo de nuestra vida, vamos alternando (casi casi trenzando) aciertos con errores. Nos pasa, mutatis mutandis, algo parecido a lo que les acaece a ellos con su método experimental de ensayo/error. Sí; coleccionamos más de los segundos que de los primeros (como confiesa quien no es un pretencioso, soberbio o vanidoso, claro). Por ejemplo, yo, que contengo y dispongo de un montón de críticos y correctores a mi servicio, me doy cuenta de las numerosas lecturas (aparejadas de adiciones, enmiendas y supresiones) que debo hacer de algunos de mis textos hasta que, por fin, consigo darlos por buenos. Me temo que quien ha malinterpretado lo escrito por ti he sido yo. Me suele ocurrir cuando leo rápido.

He leído como viaja el rayo (o la centella) tu artículo sobre la posverdad (la mentira que se presenta, postula o propone como candidata para fingir y fungir de verdad) y las imágenes reales, en el que te fijas en varios asuntos de rabiosa actualidad (el problema, arreglado en un pispás, como recomienda Confucio, entre Letizia y Sofía, las reinas consorte y emérita de España, el máster —mejor, no máster cursado— de Cifuentes, el ataque a la población civil siria con bombas químicas, con muchos niños heridos en y por el tal, etc.). Me ha gustado. ¿Te has dado cuenta de que en el arranque de tu artículo, la cabal definición que da el DLE de posverdad (“distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”) tiene cierta cercanía o mucho que ver con lo que busca el autor de ficciones, que sea verosímil el relato que narra su cuento o su novela? Cierto. No andan faltas de razón las objeciones que planteas, pero ¿acaso la posverdad no pretende hacer pasar por verosímil (algo falso con apariencia de verdad) lo que tiene solo un porcentaje (alto, medio o bajo) de real?

Lamento tener que desdecirme, pues lo he publicado hoy. La verdad es que lo había escrito para que viera la luz, en un primer momento, ayer, pero el que urgía ser publicado antes se le adelantó y lo tuve que posponer hasta hoy (no mañana). A veces se me va un poco la olla. Tengo tantos textos comenzados en el telar, pendientes o a falta de lecturas correctoras posteriores que llevar a cabo para darlos como concluidos que, a veces, solo a veces, me armo más de un belén o jaleo.

>> Sigue...


Solo caben tres opciones

SOLO CABEN TRES OPCIONES

—Como vengo comprobando,
Todo puede ir a mejor,
Todo puede ir a peor,
Dando envidia o pena dando,
O sin variación quedando.
—Mientras que la rueda ruede,
Es verdad que todo puede
Su situación mejorar,
O la misma empeorar,
O que, como quedó, quede.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sábado, 17 de noviembre

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Noviembre 2018
LMXJVSD
<<  <   >  >>
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930