El Blog de Otramotro

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCIX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCIX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

No te falta razón en cuanto aduces.

Este fin de semana me he concedido fiesta; que, de vez en cuando o, en su defecto, de cuando en vez, me viene estupendamente para descansar y desconectar mi mente de tener que seguir escuchando y/o leyendo también durante el “finde” a tanto demente (incluyo entre los varios que agavilla o arracima ese “tanto”, que conste, al que suelo encontrarme por las mañanas enfrente, antes y después de asearme, en el espejo de mi cuarto de baño) como uno halla por doquier, aunque no trabaje de loquero, quiero decir, de psiquiatra.

Espero y deseo que ayer todo fluyera de lo lindo, sin contratiempo, antes, durante y después de que acaeciera la celebración familiar por el feliz hecho que os juntó.

¡Cuánta razón tienes, amigo y deudo, en lo que aduces! Con qué pocas palabras has logrado retratarla, pintar el cuadro al que le cuadra titularse de esa guisa, “Dictadura”. En una dictadura, aunque el dictador sea blando hablando, lo primero que se le esconde al conde, oculta a la persona culta o secuestra a los ciudadanos es la verdad. Por tanto, lo primero que se les impone a los susodichos es la más pura y más dura de las mentiras, que se vea o aparezca publicado solamente aquello que le interesa que se sepa al que manda y comanda.

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¿Quién mandó en nuestra manada?

¿QUIÉN MANDÓ EN NUESTRA MANADA?

“El peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos no existe, y cuando está presente nosotros no existimos“.

Epicuro en “Carta a Meneceo

—La muerte, para nosotros,
Nada significa, nada,
Salvo la de Iluminada,
Quien nos dio a luz, que a vosotros
Nada os importó, como a otros.
—Quien mandó en nuestra manada,
Nuestra madre, Iluminada,
Fue un mujer fabulosa,
Generosa y hacendosa.
De joven fue una monada.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Cruzarás, Olga, el lago en una barca

CRUZARÁS, OLGA, EL LAGO EN UNA BARCA

Llegará la jornada en que la parca,
Tras enseñarte tu hilo y sus tijeras,
Junte los ojos de estas, con ojeras,
Y en un pispás te muestre el corte o marca.

Cruzarás, Olga, el lago en una barca,
Como otras pasajeras pasajeras,
Ya fueran compatriotas o extranjeras,
Hicieron antes en análoga arca.

Solo quien fue agraciada con la gracia
De soportar sin alterarse el sino
Acertará a probar que la paciencia

Es más una virtud que una desgracia,
Un don que una desdicha o un desatino,
De arte ayuno, de ciencia y de conciencia.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Si te encantaron (y encantan) esas cinco líneas, espera a leer las que le acompañan. Me comprometo a hacer todo lo que esté en mi mente y en mis manos para que, cuando las leas entre ellas, te encanten tanto como te encantaron y, si no hay inconveniente, tras llevar a cabo todas las acciones pertinentes que están o quedan a mi alcance y, por lo tanto, posibles, hasta más. Así que, sin dilapidar más tiempo, me pongo a ello en un santiamén, para procurar que ocurra pronto, a la mayor brevedad, lo que acabo de anticiparte con un ápice o pizca de arte, si no en toda su extensión, en buena parte.

En lo tocante al día de mi alumbramiento, que no miento si firmo como Eladio, pero embeleco clara y clamorosamente si rubrico como Otramotro, he logrado trenzar los siguientes renglones torcidos (acaso no venga mal apuntar —eso sí, sin disparar ni bala ni flecha— ni apuntalar o sostener que, al elegir esa fecha para mi nacimiento, le hago un claro guiño, rebosante de gratitud y cariño, a mi piadoso y difunto padre, Eusebio, que, si existe el cielo, por allí andará, seguro, sin duda, pues él sí vino al mundo el 24 de febrero, pero de 1933):

Mi amigo Emilio, que me pasa nueve años y cinco días justos (él nació el 19 de febrero de 1950 y tiene, por tanto, sesenta y seis años; yo fui alumbrado el 24 del mismo mes de 1959, así que cincuenta y siete estíos es mi edad), nunca me ha querido responder a dos preguntas, que le he formulado de mil modos distintos, de todas las maneras posibles que Dios me ha dado a entender: quién le puso y por qué el mote de “Metomentodo”. Porque lo cierto es que, desde que lo conozco, no le he visto que jamás se haya comportado como un metete, entrometido o entremetido, esto es, que se haya metido en camisa de once varas, en definitiva, que se haya inmiscuido en lo que no le iba ni le venía a cuento, en lo que no le incumbía ni le importaba. Quizá la razón esté en una cita de Confucio que yo me aprendí (me consta que no es del todo literal) así: “Quien comete un error y no lo corrige comete otro aún mayor”; o, en su defecto, como le gusta insistir e iterar a él, tal vez estribe en una frase suya que, de alguna forma viene a completar y/o complementar a la anterior, que “los errores que cometemos no son más que lecciones que debemos aprender y poner cuanto antes en práctica”.

En lo que tiene que ver con el lugar en que mi madre me dio a luz, Turruncún, he urdido el párrafo que sigue y, si te peta, puedes leer a continuación:

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Enhorabuena y ánimos, Molares

ENHORABUENA Y ÁNIMOS, MOLARES

Mediante este escrito, me gustaría darle, amén de ánimos, la enhorabuena a don Manuel Molares do Val, por haber tenido los redaños de pasar al papel lo que pensaba sobre el asunto en cuestión, el primer asesinato computado como “Violencia de Género” por los mass media en el recién estrenado año 2017, en el artículo que tituló “Víctimas de su sexismo”. O ¿acaso aquí y ahora lo que se estila, está en boga o impone en el ámbito periodístico es mentir como un bellaco? Supongo que hace muchos años usted, desocupado/a lector/a, leyó lo que, al parecer, no leyeron cuantas/os han censurado a don Manuel y tal vez, con el lento paso del tiempo, emulen, queriéndolo o sin querer, a Acteón y mueran, como él, devoradas/os por sus propios canes, la “EPÍSTOLA SATÍRICA Y CENSORIA CONTRA LAS COSTUMBRES PRESENTES DE LOS CASTELLANOS, ESCRITA A DON GASPAR DE GUZMÁN, CONDE DE OLIVARES, EN SU VALIMIENTO”, trenzada por el genial Francisco de Quevedo en tercetos encadenados, que arranca con estos seis versos endecasílabos: “No he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo. // ¿No ha de haber un espíritu valiente? / ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? / ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”.

He constatado que en España a muchas personas se les llena la boca a la hora de hablar de la libertad de expresión y de las numerosas bondades que cabe hallar en el pluralismo político, ideológico, económico, cultural, religioso, social,… (¿quién no ha pensado decir y ha llegado a proferir alguna vez esa verdad, que la tradición adjudica a ese improbable autor anónimo que suele usar el alias de Pero Grullo, de que “en la variedad está el gusto”?), pero, a la hora de la verdad, ejercen de redivivos y sacrosantos inquisidores, peritos en modernos autos de fe. Una legión, conformada por más de seis mil de las máscaras mentadas arriba, ha sido investida por nadie sabe muy bien qué autoridad para decidir o determinar, sin tener que cumplir con la necesaria conditio sine qua non de argumentar, de razonar, qué es lo que se puede decir y/o escribir y qué es lo que, por narices, hay que callar o, urdido a la pata la llana, para juzgar qué es lo políticamente correcto expresable y publicable y qué no, y/o, en su defecto, elegir el disfraz de toro de lidia y embestir.

Pero vayamos al meollo del tema. Todos los seres humanos, todos, sin excepción, seamos mujeres u hombres, tenemos que tener claro lo precipuo, principal o señalado, que nada tiene que ver (pero no faltarán quienes hallen alguna relación, seguro) con el prepucio (ora de pene, ora de clítoris), aunque dichos vocablos sean anagramas entre sí, uno del otro y otro del uno, esto: que todos nuestros actos tienen consecuencias (el grueso de las mismas, lógicas, pero no debemos descartar las irracionales, porque, como ocurre con las meigas, haberlas haylas). Si a un conductor (sea ella o él) le pilla un guardia de tráfico (hembra o varón) cometiendo una infracción, contraviniendo una norma o señal, la que sea, lo lógico y normal es que le multe, según dicte el reglamento. Si a un viajero le pillan en la aduana con droga, le aplicarán las leyes preceptivas. Si a quien se dispone a tomar un vuelo a una zona de conflicto bélico le recomiendan las autoridades que posponga dicho viaje de asueto o elija otro destino, pero, haciendo caso omiso de la advertencia, viaja y pierde la vida durante sus vacaciones, ¿quién es el culpable de dicha muerte? Contéstese usted mismo/a, amable lector/a.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Aunque del amor y del humor, estupenda pareja de baile o, mejor, de toreo, al alimón, ambos comentemos aquí asiduamente y sobremanera, siempre podremos decir algo nuevo, nunca antes aducido por el uno o por el otro.

En mi modesta opinión (acepto discrepancias —solo suelo ser intransigente con quien no transige—, disentimientos, siempre que medie argumento o razonamiento, que no miento, al respecto), una de las creaciones artísticas (la novela y la película homónima basada en ella) que mejor trata o versa sobre el tándem susodicho es “El nombre de la rosa”, que lleva la firma de Umberto Eco (el libro) y de Jean-Jacques Annaud (la cinta cinematográfica). Desde que leí la ficción, el segundo libro (sobre la comedia y el humor) de la “Poética” aristotélica, aborrecido por el venerable (que, conforme van transcurriendo las obras, va dejando de serlo, deviniendo, sin remedio o solución, en detestable) Jorge de Burgos (rol que borda Feodor Chaliapin Jr.), se me hizo muy dilecto. Tras comentar con brevedad maestro (Guillermo de Baskerville, personaje interpretado inmejorablemente por Sean Connery) y discípulo (Adso de Melk, papel que ejecuta con arte y primor Christian Slater) el apaño, la relación (había escrito felación, pero la misma es, claramente, un yerro imputable a mi índice izquierdo, porque ni en la novela ni en la película se menciona o es explícita la tal) amorosa circunstancial e irregular habida entre el último y la joven (Valentina Vargas), el lógico fraile franciscano concluye lo oportuno: “Qué pacífica sería la vida sin amor, Adso. Qué segura. Qué tranquila. Y qué insulsa”.

Bienvenido, por venir a cuento, tu calambur. Ciertamente, todo parece indicar, mira por dónde, que la excesiva afición de Mario Conde al dinero (primero, a esconderlo; y, luego, a blanquearlo) iba a ser objeto de más imágenes y páginas en los mass media que lo iban a abaldonar aún más. Quienes le concedieron el doctorado Honoris Causa deben estar tirándose de los pelos (algunos, además, de pedos) por cagarla, pues el borrón ya no tiene solución.

No me extrañaría nada (de nada) que, conociendo (como conozco, un poco) cómo son las opiniones pública y publicada de la piel de toro puesta a secar, Mario Conde viniese pronto a ser el nombre y el apellido que, por antonomasia, se usaran proverbialmente para dar cuenta del listo que se pasó de listo o del inteligente que demostró su diligencia en tener más de un comportamiento corrupto.

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Manuel Bueno, santo y mártir

MANUEL BUENO, SANTO Y MÁRTIR

—Hoy ha venido a Valverde
Para hacerme una entrevista,
Que saldrá en una revista,
Quien marrará si se pierde
Y me ruega que lo enmierde.
—A Manuel, que es la caraba,
No desluce o menoscaba
Quien con mala intención viene.
La de Ángela no conviene
Tocar moral ni su aldaba.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCIX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCIX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Como otras veces te he argumentado, escribo muchos de mis textos con tanta antelación (sobre su fecha de publicación aquí, en mi bitácora) que, por razones obvias, a pesar de que gozo de una memoria excelente, he olvidado cuál fue el motivo preciso, concreto, exacto, que provocó su urdidura.

Hoy, verbigracia, podría aducirte que escribí la décima cuando el pasado Viernes Santo vi cómo escoltaban y llevaban del brazo (cada una de uno) Marimar y Anabel, las dos hijas pequeñas de Patrocinio, que viven enfrente, a esta, su progenitora. Porque esa es la última vez que he visto a las dos hermanas (no nos hemos desplazado en un pispás a la provincia de Sevilla, no, sino que seguimos estando en la de Navarra) juntas, si no marro. Si así lo hiciera, te estaría embelecando como un bellaco o bribón. Porque lo cierto es que la décima fue trenzada por el menda muchos días, semanas y hasta varios meses antes de esa fecha.

Quizá acaeció que vi a ambas tender ropa en los alambres o las cuerdas exteriores de sus tendederos mientras yo hacía lo propio dentro del balcón del cuarto de estar, donde suelo extender las sábanas recién salidas de la lavadora, medio mojadas o semisecas, para que se sequen del todo. Tal vez. No es seguro.

Como creo que arriba ha quedado claro, Marimar y Anabel existen, pero acaso yo haya hecho lo que tú dices con ellas, vapores literarios. Ya sabes que el poeta (servidor no llega más que a aprendiz de ruiseñor), desde que así lo sentenciara esa constelación de heterónimos que fue Fernando Pessoa, es un fingidor.

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¿Que la amaba y la admiraba?

¿QUE LA AMABA Y LA ADMIRABA?

—A su novia mal quería
Quien decía que la amaba
Un montón, que la admiraba.
¿También cuando en la alquería
Con su navaja la hería?
—Lo ignoro y su sinrazón,
Pues carece de razón
Su ración irracional.
Otro crimen pasional
Me ha encogido el corazón.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCVII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCVII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Por teléfono y muy por encima, de manera somera, te comenté el quid que provocó que servidor trenzara la urdidura que brevemente escolias, que, por lo que refieres (en lo tocante a su contenido y a su continente, acaso tengas razón y sea como afirmas), se te hizo dura de leer.

Puedes ver en el presente escrito una amplificación o versión en prosa del poema que lo precedió o el tercer texto de mi crítica sobre ese nuevo partido emergente, Podemos, que, por lo que vengo observando y constatando, conforme trascurre el tiempo, viene incurriendo (y algunos, entre los que el menda se cuenta o suma, sonriendo irónicamente) en los mismos viejos vicios que antes cometieron otros mandamases o “mandamales” de otras formaciones políticas.

Lamento, de veras, la caída y el morrocotudo golpe que tuvo que darse ayer tu suegro para el pormenorizado parte médico (de baja) del que hace un rato nos has dado cumplida cuenta. Si basta con leerlo para sentir dolor, cuánto debió sentir el pobre tras acaecer el tamaño e inopinado golpetazo contra el suelo.

Huelga decir que es mi deseo que los médicos (ellas y/o ellos) hayan hecho lo mejor posible su trabajo y sigan por esa misma senda y, asimismo, que es mi esperanza que las enfermeras (incluyo aquí a los varones, en el supuesto de que los haya) que cuidan de sus maltrechos huesos lo hagan como si fueran los de sus propios y tullidos progenitores.

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Se ha marchado María Luisa

SE HA MARCHADO MARÍA LUISA

—No pisará más el suelo
De este valle María Luisa.
La parca, pronta, con prisa
Se la ha llevado con celo
Adonde Dios manda, el cielo.
— “Casi casi no dio guerra
Mientras anduvo en la Tierra”.
Eso he escuchado, muy humano,
A Pedro José, su hermano.
¿Acaso aquí hay quien no yerra?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.co
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Treinta y ocho años cumples de tebano

TREINTA Y OCHO AÑOS CUMPLES DE TEBANO

¿Treinta y ocho años es una edad mala?
Son los mismos que tiene de vigencia
Nuestra Constitución y los de ausencia
De mi hermano José Javier. A gala

Tengo o me precio de que nunca un bala
Fuera (al menos, jamás en mi presencia);
De que de la honradez la quintaesencia
Lo juzgue quien jugó con(tra) él a pala;

De que del frío invierno con abrigos,
Sus libros, me librara y en su risa
Guipara un haz de luz yo, de ordinario;

Y de que, año tras año, sus amigos
De la Teba no falten a su misa
En la Natividad, su aniversario.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Miércoles, 29 de marzo

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