El Blog de Otramotro

Manuel Alcántara ha muerto

MANUEL ALCÁNTARA HA MUERTO

Usaba con maestría
Las voces. Hacía juegos
Con ellas y eternos ruegos.
El impar don poseía
De la sin par poesía.

Su gracia, ingenio y oficio
Él ponía a su servicio
Para la virtud loar
Y un expediente incoar
Disciplinario, sí, al vicio.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Fue Pilar un pilar edificante

FUE PILAR UN PILAR EDIFICANTE

Cuando yo haya muerto (he pensado tantas veces que en apenas unas horas iba a ocurrirme el fatal desenlace que, cuando de veras acaezca, acaso no me coja de improviso), quizá alguien se interese algún día por saber más sobre mi persona y/o mis textos. Prescindible la primera, pero no así los segundos (aunque estén basados en hechos que me sucedieron, me consta que son varias las acciones que propiciaron sendas urdiduras —o “urdiblandas”— que, a pesar de las relecturas, aún no se han entendido del todo), acudirán, seguramente (por el boca a boca, o sea, la información que se desplaza de boca en boca) a entrevistar a mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, para sonsacarle. Emilio les dirá verdades como puños sin cuento; entre ellas, que, de todas las mujeres que conocí (incluso bíblicamente, sí), Pilar fue la que más amé y me marcó. Por ninguna otra, que no fuera muy allegada, esto es, que no tuviera algún estrecho lazo familiar conmigo, tuve tanta devoción; ni amé de una manera tan apabullante, sin complejos.

Fue Pilar un pilar edificante; el pilar a partir del cual edifiqué buena parte de mi literatura. Desde que, por primera vez, la miré y admiré, no pasó un solo día sin que, a pesar de la distancia (ella en Galicia y yo en la Luna, escribiendo sin parar sobre ella y sus innumerables prendas), dejara de asombrarme (por esto, eso o aquello, sucesos ciertos, reales, protagonizados por ella, de una bondad, integridad y severidad insólitas, o por imaginaciones mías, actos que mi fantasía elaboraba sin cesar en los que ella era la causa o testigo de mil y un prodigios).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Es tu marchamo o marca de la casa

ES TU MARCHAMO O MARCA DE LA CASA

Dilecta Pilar:

He tenido que volver a escribir otra vez la respuesta, porque se ha borrado entera. Esta vez la escribo antes en un folio, para que no me ocurra lo propio.

Te decía (ahora, de manera resumida) que:

Celebro que te gustara lo que trencé sobre Borrell.

He estado esta mañana en el HRS, donde me han colocado a las 08, 30 horas el holter de Tensión Arterial, que había solicitado Medicina Interna. Es un incordio o lío, y solo me ha tomado media docena de veces la tensión (cada 20 minutos). Mañana tengo que subir y entregarlo antes de las 08 horas.

Leí tu “Cara y cruz” (casi todo asunto las tiene, si se hace el esfuerzo de verlas) y me gustó (suele hacerlo todo lo que urdes). Volviste a estar reivindicativa. Es tu marchamo o marca de la casa.

Cierto. Tú eres en mis epístolas “mi dilecta Pilar” y ella “mi amada Pilar” (para distinguiros). Luego le escribiré un microrrelato. Te lo mandaré para conocer tu opinión.

Ya sabes que me alegra que te alegres por mis buenas nuevas.

Me ha ocurrido varias veces esto: después de llevar escrito más de un folio (se me ha quedado atascado el ordenador y el texto lo he perdido, si no todo, una buena parte). Evidentemente, no lo había escrito previamente a mano. Desde entonces, he aprendido la lección en cabeza propia (tras pillar el correspondiente cabreo): a ir guardando parte de lo escrito, para que, si vuelve a pasar, no perderlo entero.

Los avances tecnológicos son evidentes, pero también las malas personas (los troles) siguen haciendo de las suyas (maldades) y/o los lerdos sus torpezas (que tampoco faltamos).

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¿Datos? ¡Caros y/o baratos!

¿DATOS? ¡CAROS Y/O BARATOS!

—Solo interesan los datos
Si refuerzan las ideas.
—Coge aire, toma. ¿Jadeas
Siempre que hablas de baratos
Argumentos o aparatos?
—Se usan, como hace el borracho,
Que le espeta mamarracho
A una farola, de apoyo.
—¿Y no de antorcha en un hoyo
Como hace el resto, muchacho?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Que al cielo volver quiera no me extraña

QUE AL CIELO VOLVER QUIERA NO ME EXTRAÑA

Dilecta Pilar:

Servidor adquirió dicho hábito en Navarrete, donde viví mi cielo aquí. Con “aquí” me refiero a la tierra, al planeta Tierra. No me extraña que mi espíritu quiera volver a revisitar muchos de aquellos momentos de mi existencia, que quiera revivirlos y empezar a ponerme a escribir la novela que anda rondándome la cabeza, pero me faltan las revistillas. Sé que ellas serían el acicate o manantial que necesito, el aliciente para que la novela vaya manando y se vaya escribiendo sola.

Debe ser un fastidio eso de tener que acomodarse a unas medidas (contar caracteres o palabras) a la hora de publicar. Para mí sería más fácil añadir que quitar. Así que haría (al menos, lo procuraría) todo lo posible por quedarme corto, para luego agregar o sumar (menos complejo, en principio, que eliminar o restar). ¿Lo de la partida de bautismo tiene que ver con algún otro sacramento? ¿Acierto cuando intuyo que puede haber nupcias próximas (si he dado de lleno en el blanco o centro de la diana en cuanto barrunto, ¡enhorabuena!)?

Si la muerte de todo ser humano me disminuye, como sostenía el poeta metafísico inglés John Donne, incrementa la pena que dicha pérdida le duela, por la razón que sea, a la persona allegada, sea amiga/o o deudo. No me había enterado de que me habías enviado en un adjunto la entrevista (parte, al menos) que le hiciste a Javier Romañach, tristemente finado, para la revista Humanizar. Interesantes preguntas y contundentes respuestas, sin duda, de quien sabía qué quería y de lo que hablaba.

Ya me habías comentado que a tu pareja le encanta la cocina, que es un manitas en la misma, vaya.

Hoy sí he tenido la oportunidad y la dicha de leer en la Papelería/Librería “El Cole” tu artículo del Heraldo, “Historia Sagrada”. Vuelves a dar de lleno en el blanco o centro de la diana con tu flecha. ¿Alguien que no haya recibido instrucción sobre el asunto concreto o que no la haya subsanado por su cuenta y riesgo, en el caso de un/a autodidacta diletante, y sea reputada/o un/a perita/o en el tema particular, ancho, latísimo, puede interpretar de manera conveniente, correcta y oportuna, tantas obras de arte (pictórico, escultórico, arquitectónico, literario, musical, etc.? Si me pidieran que destacara una o dos, como máximo, ideas de tu enjundioso texto. Me quedaría con la frase que corona el párrafo segundo: “La genética influye tanto como la educación sentimental” (si es que la recuerdo con fidelidad). Un axioma incontrovertible, una verdad como un templo. Y la que culmina la columna (que en la nueva posición que te han asignado o tienes en el periódico se parece más, porque hace las veces de tal): “La cultura es acervo espiritual”. Me quedo con la definición que alguien dio (no recuerdo ahora mismo quién) de cultura: “Es lo que queda después de haber olvidado lo aprendido”. Acabo de cerciorarme de que es del novelista y ensayista francés André Maurois, seudónimo literario de Émile Salomon Wilhelm Herzog, a quien, por cierto, también le debemos esta otra frase: “Ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa”. Empero, a veces, una/o constata que quien estudia lo hace tan falto de ganas, con tan poco interés, que el recipiente donde va acopiando sus saberes la/el discente se parece a un saco roto o es este tan poroso que deja pasar los pocos posos que lo aprendido le han podido ir dejando en su espíritu.

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Que el delincuente no se llame Casto

QUE EL DELINCUENTE NO SE LLAME CASTO

Que conste en acta que no es mi propósito hacer unas risas con la noticia que acabo de escuchar y leer en varios mass media, sino al contrario, denunciar la comisión de un delito que ha dejado, como consecuencia del mismo, dos víctimas, dos. Una mujer que llevaba catorce años en coma en un hospital benéfico de Phoenix (Estados Unidos de América) ha dado a luz un bebé sano.

La buena nueva (que tiene su parte de mala y aun pésima) o viceversa, la mala nueva (que no faltará quien advierta que tiene también su parte buena; pues el nacimiento de un bebé es siempre un milagro de la naturaleza), ha dejado al personal, trabaje o no dentro del citado recinto hospitalario, desconcertado. La policía de Phoenix ya está haciendo las pesquisas pertinentes y preceptivas para dar cuanto antes con quien abusó sexualmente de la paciente. Supongo que todos los trabajadores varones tendrán que pasar por el duro trago de tener que hacerse la prueba de paternidad. Pensar que una trabajadora (con el propósito de darle un escarmiento y poner en serias dificultades a su expareja —si trabaja en el hospital, la venganza sería, además de definitiva, terrible—) ideó la manera de guardar, tras tener con él un coito, su semen en las mejores condiciones y luego se lo introdujo a la paciente, ¿es muy enrevesado? El cerebro humano (independientemente de cuál sea su sexo) es capaz de lo mejor, sí, pero, otrosí, de lo más perverso.

Está claro que el caso se tapó (por algunos, ellas y ellos —no me creo que nadie comentara que la paciente había dejado de menstruar y que el engorde era, amén de evidente, compatible con el hecho de estar encinta—) hasta que la paciente dio a luz y el caso salió a la luz, o sea, se destapó.

Ignoro si el atento y desocupado lector se ha llevado a los ojos una novelita de Juan Bautista Amorós Vázquez de Figueroa (más conocido por su seudónimo literario, Silverio Lanza), que el doctor José-Carlos Mainer Baqué, que fue mi profesor de la asignatura de Literatura Española del siglo XX, durante mi quinto y último año de carrera, llamó en clase con otro de los alias con el que, asimismo, se le conocía, “el Raro de Getafe”), titulada “Ni en la vida ni en la muerte” (1890), que yo leí aquel año, 1987.

Le transcribo (con la acentuación puesta al día) el final de la citada ficción (páginas 78 y 79 de la edición que manejo, que llevó a cabo el propio autor —incluso la dirección que aparece de la misma, Olivares, 18, era la de su domicilio o vivienda, en Getafe—), por las concomitancias que he advertido entre la noticia, verdadera, y la invención, falsa:

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¡A ver quién las elimina!

¡A VER QUIÉN LAS ELIMINA!

Que dos hemisferios tiene
El cerebro del gramático
Mono hoy arguyo flemático.
Si instintos uno contiene,
Razones otro retiene.
El primo, arcaico, domina
Y de ene horrores es mina:
Ablaciones, agresiones,
Violaciones con lesiones,...
¡A ver quién las elimina!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Te felicito por urdir verdades

TE FELICITO POR URDIR VERDADES

Dilecta Pilar:

Celebro que así sea.

Casi copias (igual ese era tu propósito) a Baltasar Gracián (a quien no hay que saltar ni mucho, ni poco, ni nada —de nada— y sí soltar alguna gracia para poderlo asaltar luego sin llegar a robarle, como no sea una carcajada o una hilera o ristra de risas o sonrisas; te ruego, encarecidamente, que no tomes este comentario en serio, pues, si lo analizas, si lo psicoanalizas, te puedes dar de bruces con una broma de mal gusto): “Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo”.

Pues ya sabes lo que toca. Que no todos tenemos la suerte de ser dignos merecedores de recibir el don o la gracia divina de, verbigracia, poder disponer de un grupo de ángeles que nos hagan las labores o tareas que han quedado pendientes de llevar a cabo, como cuenta la leyenda o dice la tradición, que una agrupación de los susodichos le araba los campos a San Isidro Labrador. A mí me toca escribir hoy sobre ese adagio tan hispano que dice “hecha la ley, hecha la trampa”.

Como me ha extrañado, por eso usaba el adverbio “casi” arriba. No sé si te has dado cuenta del hecho, pero intercambiaste, sin querer (barrunto), los adjetivos breve y bueno. Me consta que sabes que en el “Oráculo manual y arte de prudencia” (1647) el belmontino lo escribió como antes lo citaba servidor, tu amigo Otramotro.

Abundo contigo en que Gracián dice una verdad como un templo con y en su dicho.

Yo no he visto (el día del Ángel, en Tudela, durante la mañana del Domingo de Pascua o Resurrección, es un niño o niña quien interpreta dicho papel con ocasión de la “Bajada del Ángel”) aún a ninguno, pero no niego que los haya. Son muchas las personas que hablan de ello. Asimismo, ignoro si a cada uno de los niños (ellas y ellos) que en el mundo han sido y son (no sé si ocurrirá lo mismo con los que serán) se le asignó su propio ángel de la guarda, pero (permíteme una zumba más, solo esta; ríete de mi incredulidad, ignorancia o escepticismo), tengo para mí que un gran desastre o desmán sucedió, porque me consta que una legión de niñas y niños se quedaron sin el suyo en el incompleto reparto.

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El éxito lo alcanza el fracasado

EL ÉXITO LO ALCANZA EL FRACASADO

El día que murió Javier, mi hermano,
Navidad (¡paradoja!) del setenta
Y ocho (según le consta al que esto cuenta),
Llevaba cuatro reyes Dios de mano.

Recuerdo que el mejor samaritano
También cuatro monarcas (¡vaya afrenta!)
En su zurda albergaba; hace cuarenta
Años de aquel tortazo soberano.

Ni el grande Rafael, ora el arcángel,
Ora Sanzio, el pintor renacentista,
Ora Nadal, magnífico tenista,

Hubiera conseguido vencerlo, Ángel.
Así que no te sientas desolado.
Solo el triunfo lo obtiene el derrotado.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Día sin reír es día perdido

DÍA SIN REÍR ES DÍA PERDIDO

Dilecta Pilar:

Celebro sobremanera que te lo pasaras estupendamente en Zaragoza durante los últimos Pilares. ¡Muchas felicidades!, con días de retraso (por tu santo u onomástica).

Aunque había recibido una primera citación para el día 15 de noviembre, una semana después recibí otra que adelantaba la puesta (que no apuesta, aunque suene igual); así que mañana, miércoles, 24 de octubre, subo al Hospital “Reina Sofía” (HRS) para que me coloquen el holter de Cardiología. No he vuelto a tener (salvo que no me haya enterado, claro) otro episodio de fibrilación arterial rápida (ahora tomo una medicación para que mi corazón vaya más lento, en el supuesto de que coja carrerilla). Lo peor es el estado de indeterminación, incertidumbre o duda por no saber la causa concreta de la susodicha (acaso todo se deba al efecto indeseado del otro medicamento que me fue prescrito). El holter de Medicina Interna, para medir mi tensión arterial (la baja la suelo tener alta), se demora hasta el 4 de diciembre. La verdad es que las malas noticias que me están dando últimamente (esta mañana me he enterado de que Jesús Carbonel, miembro de la Peña “La Teba” con quien, junto a su esposa, Arantza, y otras personas, he cenado varias veces en dicho recinto, había muerto de un aneurisma) no ayudan. Menos mal que tú me das hoy (por ayer) una buena nueva, que tu madre, Eusebia, ha celebrado los años que ha cumplido, 84. Felicítala en mi nombre (quedas encargada de darle, de entre el vagón repleto de besos que te mando, para que lo erogues con equidad, los dos ósculos exclusivos que te mando hoy para ella).

Así es, la rutina, que tiene sus contras o facetas negativas, sin duda, también tiene sus pros o positivas caras.

Pensé que este año, quizá, podríamos juntarnos de nuevo los colegas de la promoción de Filología, pero, como no me has comentado nada al respecto, colijo que nadie ha meneado ese asunto de la manera conveniente u oportuna.

Al parecer, el holter solo son siete cables con una petaca que recoge la información cardiaca. Se porta (si uno se comporta bien; yo lo procuraré hacer, por la cuenta que me trae; ya he intentado aleccionarle al respecto, a mi corazón, se sobreentiende, pero él me ha soltado muy ufano que es un músculo involuntario, que creo que quiere decir sin voluntad; mecachis en mi mala suerte, otro abúlico, me he dicho por lo bajini) durante 24 horas, un día. Te haces a la idea de que no me han puesto nunca uno. La poca información que tengo del aparato me la ha suministrado mi primo Jesús Roberto, que es cardiólogo.

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Para en símbolo mudarte

PARA EN SÍMBOLO MUDARTE

Será un viaje peligroso,
Parecido a una odisea,
Que se odia y que se desea
(Siempre que se salga airoso
De sus bretes y orgulloso),
El que he de canalizar
Y debo realizar
Para en símbolo mudarte;
Otros, quizá con más arte,
Lo tendrán que analizar.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Va para Gemma, viuda inesperada

VA PARA GEMMA, VIUDA INESPERADA

Apenada y querida Gemma, viuda inopinada de mi difunto primo José Félix:

Aunque esta epístola ve la luz hoy, jueves, primer día de noviembre, festividad de Todos los Santos, aquí, en mi bitácora, anhelo que sepas que la urdí el viernes, 12 de octubre, Día de la Hispanidad y de Nuestra Señora del Pilar, nombre de pila que tanto me gusta proferir (y no lo digo, que podría hacerlo, por mi hermana, con quien hablo a diario por teléfono, a quien adoro y llamo, desde que nació, “Nena” —confieso que acostumbro a llamarla también con guasa “Pilón”, pero sin llegar a tirarla al susodicho—, como mis seres más allegados saben, sino por la mejor mujer —que nadie se moleste, porque acepto discrepancias o disidencias— que he conocido en mis cincuenta y seis años de existencia, aunque en este punto acaso me haya ocurrido lo que es habitual que me pase sin que me pese, que me haya extralimitado o pasado siete pueblos por culpa del agua del Ebro, que, como he reconocido otras veces, no bebo, pero me lava y es la que me empuja a exagerar, a echar mano de la hipérbole, a la hora de dar mis opiniones) últimamente.

De los dos breves momentos en los que pude cruzar palabras contigo durante el sábado pasado, 6 de octubre, en el camposanto de Cornago, tras la misa de funeral (nunca vi tan llena la iglesia parroquial de San Pedro, ni siquiera durante la festividad de la patrona de la villa, la Virgen de la Soledad), en el primero te quejaste con razón de que la muerte de José Félix había sido injusta, por prematura. Tu marido no había celebrado ni siquiera los cincuenta y cinco años, que hubiera cumplido, en el caso de haber seguido vivo, el próximo domingo, cuatro de noviembre, cuando hoy son legión las/os que finan sus días tres décadas después, siendo muchas/os nonagenarias/os. Como sabes, fue el poeta metafísico inglés John Donne quien verseó que la muerte de todo hombre nos disminuye porque nadie es una isla en sí mismo. En el semblante de mi finado y piadoso padre pude comprobar que, si es duro velar el cadáver de un esposo o de un hermano, aún lo es más perder (por accidente o enfermedad) a un hijo, porque lo lógico es que el hijo entierre al padre, no el progenitor a su retoño.

Durante ese primer diálogo (duraría menos de un minuto) te dije que tanto tú como vuestros hijos, Borja y Pablo, debíais estar orgullosos de José Félix; a su misa de funeral acudieron muchas personas. E insisto en lo que apunté antes: nunca vi la iglesia parroquial de San Pedro tan abarrotada. En el exterior (me consta porque lo pude ver con mis propios ojos) había mucha gente que o no pudo o no quiso (ignoro las razones) acceder. Este hecho vino a corroborar o ratificar lo que se lee en el Evangelio de Mateo (Mt. 7, 15-20): “Por sus obras los conoceréis”; y en el de Lucas (Lc. 6, 43-44): “Por sus frutos los conoceréis”. El hombre (hembra o varón) no es lo que piensa (bueno, regular o malo), ni es lo que dice (sea esto lo que de verdad ha ideado o una patraña); el hombre es lo que hace (y, si hace reír, como tantas veces me hizo reír a mandíbula batiente José Félix, hasta llorar lágrimas dulces, es normal que con las tristes nueva y constatación de su óbito, servidor y cuantos le debemos días ganados —porque, como dijo Charles Chaplin, “Charlot”, un día sin reír es un día perdido— lloráramos lágrimas amargas. Yo suelo argumentar que nuestras obras son nuestro mejor autorretrato (sea este físico o moral, prosopografía o etopeya), y poner como ejemplo de la tesis precedente el sucinto relato que compuso Jorge Luis Borges y colocó como magnífico colofón para “El hacedor” (1960): “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.

Durante el segundo diálogo (básicamente, de despedida), te adelanté que te esperaban días complicados y difíciles. Y te exhorté a que te rearmaras de ánimo, moral y paciencia, porque los bajones suelen llegar sin previo aviso. Para esos inoportunos momentos, te hago saber lo que a mí me resulta y/o sirve. Aunque a quien me escucha con atención suelo confesarle que soy un ateo convencido, tantos años entre curas (atesoro un montón o sinfín de recuerdos gratísimos y útiles de mi experiencia con los Padres Camilos) han dejado en mí una estela, huella o muesca acaso indeleble. Porque es apodíctico lo que voy a contarte. En los momentos de angustia, de miedo cerval, de pánico, recordar los nueve primeros versos pentasílabos de una oración o poema que Santa Teresa de Jesús escribió y mandó a su hermano, enfermo, que, por aquellas fechas, estaba en el continente americano (si no marro en lo que narro), si no la/o borran del todo, la/o atenúan o mitigan por ensalmo: “Nada te turbe, / Nada te espante, / Todo se pasa, / Dios no se muda. / La paciencia (con diéresis) / Todo lo alcanza; / Quien a Dios tiene / Nada le falta. / Solo Dios basta...”.

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Viernes, 19 de abril

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