El Blog de Otramotro

Pilar, deseo que mi esposa seas

PILAR, DESEO QUE MI ESPOSA SEAS

Amada Pilar:

Con algo más de planificación a la hora de seleccionar cuántas cosas hacer y cómo y de establecer el orden de prelación entre ellas, las diversas tareas a llevar a cabo durante un tiempo concreto, determinado, esto es, qué (empezar a) coronar antes y qué (dejar para) culminar más tarde, todos los seres humanos, amén de diligentes, inteligentes (si esta expresión no es un evidente pleonasmo, tal vez le falte el canto de un duro para serlo), insisto, todos, sin excepción, podríamos llegar a ser filósofos, es decir, personas amigas de saber (hasta llegar a ser duchas, peritas o versadas en uno o varios ámbitos o disciplinas), aunque no nos propongamos (o sí) elaborar un sistema o teoría filosófica.

Para que discurra mi pensamiento (no sé cómo funcionan otras mentes, las ajenas, pero sí cómo lo hace la mía, propia) necesito escuchar a los demás, qué dicen y qué quieren decir, o, en su defecto, leer, que es otra forma de escuchar (por lo general, más elaborada). Siempre (acaso —pronto le llegó el ocaso—, sin acaso, me he pasado; así que me enmiendo al momento: muchas veces), cuando diserto (sea oralmente o por escrito) sobre el acto de leer, suelo rememorar los cuatro versos endecasílabos que conforman el primer cuarteto del famoso soneto (sin título, aunque ahora muchos le den el del primero de sus versos; como es sabido, los poetas de los Siglos de Oro en muy rara ocasión ponían rótulo a un poema breve) de Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos”) y el poema (escrito en versos heptasílabos y endecasílabos, excepto el segundo, pentasílabo, que hubiera podido mudar fácilmente en heptasílabo agregando “muchos” tras otros) “Leer, leer, leer, vivir la vida”, de Unamuno, que dice así: “Leer, leer, leer, vivir la vida / que otros soñaron. / Leer, leer, leer, el alma olvida / las cosas que pasaron. / Se quedan las que quedan, las ficciones, / las flores de la pluma, / las solas, las humanas creaciones, / el poso de la espuma. / Leer, leer, leer, ¿seré lectura / mañana también yo? / ¿Seré mi creador, mi criatura, / seré lo que pasó?”.

Leer bien, o sea, de manera comprensiva, un poema, un cuento, una novela, un ensayo, una tragedia, un drama, lo que sea, cualquier texto literario, puede ser una experiencia, además de apasionante, inolvidable, para el atento y desocupado lector (sea ella o él), que puede llevarle a identificarse con uno o varios personajes de la obra o con el autor de la/s trama/s que cuentan esas líneas, que, conforme las va leyendo, las va reescribiendo y sacándoles todo su calor y todo su color, todo su saber y todo su sabor, pudiendo llegar a hacerlas suyas (por sentir afinidad, empatía o simpatía) o devenir en firme detractor de las tales y concebir sesudos argumentos a fin de refutarlas.

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Que arribe a buen puerto es lo que hace falta

QUE ARRIBE A BUEN PUERTO ES LO QUE HACE FALTA

Dilecta Pilar:

Me he sentido raro. Y, hasta cierto punto, lo encuentro normal, porque portaba, adheridos a mi piel, varios cuerpos extraños. Aunque la malla servía de protección, tenía miedo de que algún corchete pudiera salirse del sitio y frustrar o fastidiar la prueba. Ayer anduve más de lo habitual, como me recomendó que hiciera la enfermera que me depiló gratis et amore (alguna rojez me ha dejado o deparado tal hecho) y me colocó o instaló el holter. Antes de las nueve de la mañana, en el HRS, como mandaba el papel anejo a la bolsa, donde lo he metido, se lo he entregado en mano a la enfermera que me lo colocó. Le he dado también una copia del texto divertido que publicaré hoy, “Pilar y Carmen son dos gotas de agua”.

Pues lo que hace falta es que no se tuerzan del camino trazado los genes que portáis y lleguéis a nonagenarios todos los de la familia (por lo menos). Me acuerdo de tu tío Fermín (tu sombra o vademécum, en cierto sentido, aunque no recoja aún la acepción o entrada que sugiero la voz del DLE).

A ver si todo ha ido bien, sí; a ver si todo ha salido a pedir de boca. Y, si hay algo que corregir y tiene arreglo o enmienda la cosa, que pongan los galenos los medios adecuados y remedios necesarios para lograrlo. Abundo contigo en que cada vez me gustan menos (si acudiera acompañado, acaso se atenuara o mitigara mi nerviosismo) los hospitales.

Tienes que estarle muy agradecida a tu tío Fermín. Una parte de tu licenciatura y de tu doctorado (sin la primera no hubiera habido el segundo) se la debes a él, aunque no tuviera que estudiar lo mucho que tú sí hiciste. Así que es lógico el comentario de gratitud que haces a mi breve apunte sobre su persona.

Celebro (te honra) que reconozcas el, ya probo, ya ímprobo, trabajo de tu tío (tu abuelo o segundo padre, según tu criterio), Fermín, ora causa de tu firmeza, ora quien firmaba tu atutía (urdido metafóricamente, según el mío).

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Te contesto a los tres en este texto

TE CONTESTO A LOS TRES EN ESTE TEXTO

Dilecta Pilar:

Te contesto a los tres correos en uno, este. Así que no te extrañe que con la suma de mis respuestas a los mentados conforme otra de mis proverbiales epístolas.

Como no sabía a qué espejos te referías, procuré decir algo de cada uno de los que consideré en el momento de dar oportuna contestación a tu correo.

Celebro que así fuera.

El patio está, como aseveró acertada, hiperbólica y recientemente Josep Borrell, desde su escaño en el banco azul del Congreso de los Diputados, lleno de una mezcla maloliente y nauseabunda de serrín (eso que debe haber en el hemisferio derecho de la cabeza de más de un diputado, que es lo que precisamente suele salirle/s por la boca cuando habla/n) y de estiércol o mierda (en el hemisferio izquierdo, que es lo que va erogando por doquier por idéntica razón; o viceversa). Aquí conviene, por ser bienvenida y válida su presencia, hacer mención de la triple distinción de la que habló Valle a la hora de explicitar las tres maneras diferentes que él había advertido de ver el mundo (de los personajes del teatro): de rodillas (los personajes son vistos como héroes o semihéroes, que llevan a cabo hazañas, proezas), de pie (los personajes son normales y realizan actos propios de o connaturales con ellos) y desde un plano superior (una mirada desde arriba, no necesariamente cenital; en la que los personajes son vistos como fantoches, guiñoles o peleles que coronan patochadas o payasadas, raíz de los esperpentos valleinclanescos, repletos de personajes animalizados y/o cosificados). Y luego los políticos se llevan las manos a la cabeza cuando trasciende o se hace público el dato iterado por varias encuestas o sondeos de opinión de que la sociedad está cada vez más harta de los políticos, de que la desafección hacia ellos crece como la espuma o suma y suma y suma enteros sin parar entre los ciudadanos.

¿Perfecta? ¡Ni loco diría que lo es! Si ahora me pusiera a leer de nuevo, como dices sin decirlo (los tres puntos suspensivos son expertos en decir mucho sin decir, en sentido estricto, nada), la susodicha urdidura (o “urdiblanda”), estoy completamente seguro de que volvería a agregar, cambiar, enmendar o quitar algo. Me sumo a la lista de cuantos autores (ellas y ellos) sostienen que las obras no se terminan, sino que se dejan tal y como un día quedaron, porque, si las retomara el autor, los cambios (pocos o muchos), sin hesitación, se abrirían paso, existirían, no faltarían, seguirían.

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Musa eterna, prez ganada

MUSA ETERNA, PREZ GANADA

Es, amén de creativa,
Sensible y apasionada,
Divertida, ilusionada
Y una mujer positiva,
Que con nadie despectiva
Se muestra jamás, mi amada
Pilar, recién proclamada,
Como todo el mundo sabe,
Con el honor que le cabe,
Musa eterna, prez ganada.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Que qué hace mi estro, Pilar?

¿QUE QUÉ HACE MI ESTRO, PILAR?

No hay una humana experiencia
Que no esté relacionada
Con la meta ambicionada,
Con la ferviente insistencia
De promover arte y ciencia,
De acrecentar la belleza
En el mundo con firmeza,
Como hace mi estro, Pilar,
Mujer que de encandilar
No deja. ¡Vaya entereza!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿La Cámara Baja se aja?

¿LA CÁMARA BAJA SE AJA?

Mi amiga Pilar no marra:
No está, no, para hacer bollos
El horno. Ni para pollos
Montar tampoco (le narra
Quien vino al mundo en Navarra)
Está la Cámara Baja,
Que está cada vez más baja
Porque el Congreso más bajo
De la historia, qué carajo,
Parece que no trabaja.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Para pollos montar está el Congreso?

¿PARA POLLOS MONTAR ESTÁ EL CONGRESO?

Dilecta Pilar (había escrito dilecto pilar; y lo he corregido, pero, como también era válido, he decidido que apareciera dentro de este paréntesis, que constara en acta):

Si hablamos de espejos físicos, yo me suelo mirar en tres (en uno, pequeño, con el marco de color rosa, que usaba mi madre, y yo utilizo, básicamente, para afeitarme la barba —casi siempre en el lavabo del balcón de la cocina—); en el del baño, grande, de tres cuerpos; y en el del hall o recibidor, aún mayor, enorme, casi ciclópeo). Si hablamos de espejos ejemplares (desde el punto de vista actitudinal o comportamental), en bastantes (la hilera o ristra es tan abundante o numerosa que se haría interminable o sería muy luenga —por cierto; no sé por qué, este adjetivo, esta voz, siempre se lo/a adjudico a uno de mis espejos literarios, Valle—).

Nosotros no dejamos de ser niños grandes, adultos. Que una parte del niño o niña que fuimos la acarreemos siempre, porque esa porción siempre nos hará más empáticos y solidarios, en definitiva, mejores.

Si llamas horno social al que solemos ver en el Congreso de los Diputados, abundo contigo en que no está para bollos, sino para pollos. Para montar uno un día sí y otro también. Nuestra clase política, la actual, da sopas con honda a las anteriores o precedentes, sin duda. Sé que tú, al menos, entenderás la ironía (que el grueso de la gente, poco dada a leer, o no entiende o no comprende en toda su extensión).

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¿Por qué renunció Marchena?

¿POR QUÉ RENUNCIÓ MARCHENA?

—¿En España, el cambalache
Entre el PSOE y el PP
Es o no es un paripé?
—Llamarlo puedes, “Irache”,
Como gustes, llámalo hache.
No me extraña que Marchena,
Ahíto por la faena,
Haya renunciado al cargo.
—Cierto; ha sufrido el embargo
Por un error de otro, “Nena”.

Elvira González, “Metáfora” (hija de “la Irache”), y Edurne Gotor, “Metonimia” (hija de “la Nena”).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Por un valle de lágrimas amargas

POR UN VALLE DE LÁGRIMAS AMARGAS

Amada Pilar:

¿Es útil el amor para quien ama? ¿Le sirve a la persona enamorada estarlo de verdad, así sentirse? ¿Miento cuando asevero que un cimiento del enamoramiento es el que miento? Está claro, lector, que el primer miento a la persona prima se refiere, singular, del presente de mentir, el segundo a la misma de mentar.

Es útil el amor cuando acarrea, si no la impar certeza, la esperanza de ser correspondido hoy o mañana. La vida se parece más a un viaje por un valle de lágrimas amargas que a un “locus amoenus” o jardín que está lleno de fuentes y de flores (si me dan a elegir escojo rosas; si no hubieran brotado las mentadas entre tantas espinas, no serían las rojas como son, tan apreciadas).

El amor es lo que me empuja a hacer todo lo posible por entender las razones que le llevaron a Catulo a escribir los versos que contiene su “Poema V”: “Viuamus, mea Lesbia, atque amemus, / rumoresque senum seueriorum / omnes unius aestimemus assis. / Soles occidere et redire possunt: / nobis, cum semel occidit breuis lux, / nox est perpetua una dormienda. / Da mi basia mille, deinde centum, / dein mille altera, dein secunda centum, / deinde usque altera mille, deinde centum. / Dein, cum milia multa fecerimus, / conturbabimus illa, ne sciamus, / aut nequis malus inuidere possit, / cum tantum sciat esse basiorum”. (“Vivamos, Lesbia mía, y amémonos —que no quiere decir que nos amemos como monos ni que digamos amén al amor como si lo fuéramos, monos—. / Que los rumores de los viejos severos / los estimemos en un solo as —moneda de escaso valor—. / Los astros pueden ocultarse y volver a salir: / nosotros, cuando acabe nuestra breve luz, / dormiremos una noche eterna. / Dame mil besos, después cien, / luego otros mil, luego otros cien, / después otros mil, después otra vez cien; / luego, cuando lleguemos a muchos miles, / embrollaremos la cuenta, para que ni nosotros / ni el envidioso sepa, y así no pueda maldecirnos, / cuántos han sido los besos que me has dado”).

Si Catulo pide a su amada que sea ella la que le bese, yo varío (vea el lector aquí desvarío o no) la perspectiva, el punto de vista, porque lo que te solicito a ti, Pilar, es que sea yo el que haga ese menester, que me permitas gozar del inmenso e intenso placer que, sin ninguna duda, me reportará besar con mis labios y lamer con mi lengua, de arriba abajo (o viceversa) y de derecha a izquierda (o a la inversa) toda la piel que cubre tu desnuda anatomía.

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Por meterse en camisa de once varas

POR METERSE EN CAMISA DE ONCE VARAS

“Jajaja, Mira que eres petardo Angel, pero me caes bien. Tienes un sentido del humor muy, dijéramos,,,,, etimológico”.

Pepeviyu

A ver, “Pepeviyu” (escoliasta espontáneo):

Usted es muy libre de creer, a pies juntillas, lo que sea, verbigracia, que así va a reírse cuanto quiera de mí (pero —no hallará aquí un ápice o pizca de jactancia, por mucho que busque— lamento tener que contradecirle así, a bote pronto: carece de la categoría —hay quien estima que tiene la altura o la envergadura suficiente para hacer o deshacer esto, eso o aquello, a su antojo, pero luego demuestra lo obvio, que lo incapacitan sus propias carencias, evidentes: falta de acervo cultural, de formación, de herramientas— para hacerlo). Ahora bien, como, al parecer, así lo considera usted, supongo que, de manera implícita, en legítima correspondencia, acepta, admite o concede que yo también pueda hacer tal cosa con usted. Como usted (por lo que colijo) considera que es muy listo (y muy poco cobarde, pues tiene el valor, o los redaños con los que hacer daño, de firmar, como hace servidor, su —cómo he de llamar a lo que ha sido capaz de urdir usted— “textillo” —reconozco que he sentido la tentación de denominarlo “textículo”, por la testosterona que ha logrado concentrar en dos líneas escasas—), me limitaré a señalarle, sus yerros, para ver si la próxima vez no los comete. Como a mí me sirve, me atrevo a recordarle la lección de Confucio, por si abundamos: “el hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor”. Aunque ya se sabe, el hombre (sea hembra o varón), ignoro si será también el caso de quien se esconde tras “Pepeviyu”, es el único animal que suele tropezar dos veces en la misma piedra.

Espero que el petardo de Ángel no le explote en los ojos, si se digna a leer su respuesta urente (le ahorraré el trabajo; no hace falta que acuda al DLE para saber qué significa: que escuece). Me conformo con que advierta la mitad de las ironías que he introducido, a modo de pólvora, en este (si coloca el paraguas del revés en el sitio conveniente, puede que coja al vuelo, amén del grueso de ellas, algún sarcasmo). Tras tanto signo de risa y la coma, la siguiente palabra, salvo que deba llevar la versal por otros motivos, empieza por minúscula. Tras petardo, debió colocar una coma, pues dudo que no sepa aún lo que es un vocativo. Ángel, si aplicamos las reglas generales de la acentuación, por ser palabra llana o paroxítona, terminada en consonante que no es ni -n ni -s, debe portar la preceptiva tilde. Al menos, no se las ha dejado en “dijéramos” y “etimológico”, lo lógico. Con tres puntos suspensivos, basta o sobra.

Sin embargo, con todo, tengo que darle las gracias, porque leer su comentario, manifiestamente mejorable (¿habrá comprobado “Pepeviyu”, de manera fehaciente, hasta qué punto?), ha propiciado el divertimento cabal o la eutrapelia necesaria que me ha llevado a trenzar, además de esta urdidura, un soneto. Es mi deseo y mi esperanza que esta respuesta, recíprocamente, haya cursado con similar creatividad y favorecido lo propio en usted, en su caso.

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Día sin reír es día perdido

DÍA SIN REÍR ES DÍA PERDIDO

Dilecta Pilar:

Celebro sobremanera que te lo pasaras estupendamente en Zaragoza durante los últimos Pilares. ¡Muchas felicidades!, con días de retraso (por tu santo u onomástica).

Aunque había recibido una primera citación para el día 15 de noviembre, una semana después recibí otra que adelantaba la puesta (que no apuesta, aunque suene igual); así que mañana, miércoles, 24 de octubre, subo al Hospital “Reina Sofía” (HRS) para que me coloquen el holter de Cardiología. No he vuelto a tener (salvo que no me haya enterado, claro) otro episodio de fibrilación arterial rápida (ahora tomo una medicación para que mi corazón vaya más lento, en el supuesto de que coja carrerilla). Lo peor es el estado de indeterminación, incertidumbre o duda por no saber la causa concreta de la susodicha (acaso todo se deba al efecto indeseado del otro medicamento que me fue prescrito). El holter de Medicina Interna, para medir mi tensión arterial (la baja la suelo tener alta), se demora hasta el 4 de diciembre. La verdad es que las malas noticias que me están dando últimamente (esta mañana me he enterado de que Jesús Carbonel, miembro de la Peña “La Teba” con quien, junto a su esposa, Arantza, y otras personas, he cenado varias veces en dicho recinto, había muerto de un aneurisma) no ayudan. Menos mal que tú me das hoy (por ayer) una buena nueva, que tu madre, Eusebia, ha celebrado los años que ha cumplido, 84. Felicítala en mi nombre (quedas encargada de darle, de entre el vagón repleto de besos que te mando, para que lo erogues con equidad, los dos ósculos exclusivos que te mando hoy para ella).

Así es, la rutina, que tiene sus contras o facetas negativas, sin duda, también tiene sus pros o positivas caras.

Pensé que este año, quizá, podríamos juntarnos de nuevo los colegas de la promoción de Filología, pero, como no me has comentado nada al respecto, colijo que nadie ha meneado ese asunto de la manera conveniente u oportuna.

Al parecer, el holter solo son siete cables con una petaca que recoge la información cardiaca. Se porta (si uno se comporta bien; yo lo procuraré hacer, por la cuenta que me trae; ya he intentado aleccionarle al respecto, a mi corazón, se sobreentiende, pero él me ha soltado muy ufano que es un músculo involuntario, que creo que quiere decir sin voluntad; mecachis en mi mala suerte, otro abúlico, me he dicho por lo bajini) durante 24 horas, un día. Te haces a la idea de que no me han puesto nunca uno. La poca información que tengo del aparato me la ha suministrado mi primo Jesús Roberto, que es cardiólogo.

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Carta a la directora de EL PAÍS

CARTA A LA DIRECTORA DE “EL PAÍS”

Dilecta Soledad Gallego-Díaz:

Ayer, en la página 14 de EL PAÍS, Rosario G. Gómez encabezaba su artículo, titulado “Debates avinagrados en el Parlamento”, con una frase célebre cuya autoría adjudicaba (iterando el mismo error en el que cayeron antes otras/os) ella, la hacedora de dicho Acento, a Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799). La frase de marras (“Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”) pudo decirla (no lo pongo en duda) el citado escritor y científico alemán, pero se limitaba a repetir lo que había dicho mucho antes (un siglo nada menos) y dejado escrito el verdadero autor de la misma, Jean-François Paul de Gondi, el Cardenal de Retz (1613-1679).

Sin otro particular, aprovecha la ocasión para saludarla a usted y, en su nombre, asimismo, a cuantos hacen posible EL PAÍS

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Miércoles, 12 de diciembre

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