El Blog de Otramotro

De acuerdo con mi escala de valores

DE ACUERDO CON MI ESCALA DE VALORES

Amada Pilar:

¿Que qué cumbre pretende escalar y hollar la filosofía? Este licenciado en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), que tanto te ama, te contesta hoy esto. El objetivo que persigue la filosofía (vocablo que consigue fundir o fusionar a la perfección dos voces en griego clásico y que etimológicamente significa “amor por la sabiduría”) no es (aunque sean legión quienes defienden o sostienen, rememorando tal vez la “Apología de Sócrates”, de Platón, que narra las últimas horas de su maestro, antes de que este decidiera ingerir el veneno, la cicuta) aprender a morir, sino aprender a vivir, de acuerdo con la escala de principios y valores que cada quien acarrea allí donde hace de las suyas su cacumen.

Ahora bien, en la locución “aprender a vivir” incluyo estas otras dos: “reflexionar en torno a la muerte” y “buscar ayuda para morir bien”. A ver si me explico. La ciencia, como te consta, ha experimentado en la última centuria unos avances enormes, unos progresos colosales. Se han llevado a cabo trasplantes multiorgánicos, de rostro, etc., insólitos. Hoy en día, en el más sofisticado de los talleres modernos, un hospital de la Seguridad Social o privado, hay implantes, prótesis y válvulas para arreglar casi cualquier destrozo (incluida la reimplantación de un miembro amputado) o fallo. Solo hay un órgano para el que no se ha hallado aún recambio, el cerebro.

Seguramente, no faltarán semejantes míos a quienes les apetezca e interese tener el cuerpo de un joven y, al mismo tiempo, sufrir alzhéimer o una demencia senil. A mí, rotundamente, no. Para mí esas dos circunstancias son incompatibles. Si no soy consciente de lo que me pasa, que he vuelto a disponer, por arte de magia (en sentido estricto, de la ciencia o de la técnica), del chasis de un chaval, que no me falten las manos fautoras que me ayuden a dejar este mundo de manera dulce, en paz. Que conste en acta que estoy discurriendo de mi caso en concreto, no de la vida de los demás.

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Pronto me veo portando un portátil

PRONTO ME VEO PORTANDO UN PORTÁTIL

Dilecta Pilar:

Lo del portátil cada vez me lo planteo más y lo veo más factible. Me resisto, porque me conozco; y estando así, como estoy, por lo menos, no caigo en la tentación. Un día leí esto en “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde, y me lo creí a pies juntillas (porque era lo que me sucedía o su anagrama, lo que me seducía): “La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma, anhelando lo que ella misma se ha prohibido, deseando lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo suceden en el cerebro. Es también en el cerebro, y solo en el cerebro, donde se cometen los grandes pecados”. Recuerda que mi madre, Iluminada, la llamaba “tecla” (fusión de la tecla del ordenador y el final de biblioteca). Tengo dinero para comprarme el susodicho portátil, pero, insisto, es mucha la tentación y... mejor como estoy, sin ella (la tentación) y sin él (el portátil, causa u origen de ella), aunque sin poder escribir a diario estaría peor (me temo).

Así es. Creo que, de este modo, mi cordura (o “corblanda”) no cruzará la frontera o linde de la insania o locura.

Pero convendrás conmigo en que ese trabajo es liviano, no pesa como la roca de Sísifo.

Me viene bien escribirte. Siempre que me contestes, tendrás respuesta mía (creo que nunca he faltado a esa norma o cita).

Así aprendemos ambos (hagamos las veces de alumno o profesor). ¿Tú crees que el buen maestro o profesor no aprende de sus alumnos? Yo sostengo que el bueno, el verdaderamente bueno, aprende de ellos tanto o más que ellos de él. Si haces una encuesta o sondeo entre nuestras/os excolegas, te cerciorarás de cuanto te adelanto.

Te agradezco sobremanera el esfuerzo que haces al formularme los pros, que los considero más que sensatos.

Pues uno de los muchos críticos que acarreo, porto o porteo ya ha advertido dos yerros. Así que, cuando termine de urdirte estos renglones torcidos, le cederé el teclado del ordenador para que proceda a subsanarlos.

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Se merece Pilar este soneto

SE MERECE PILAR ESTE SONETO

Que le escriba un soneto memorable
Quien se llama Pilar me solicita.
Consiento en su urdidura si a la cita
Acude sin hacer lo imperdonable,

Retrasarse de modo inexplicable.
Que se incumpla el acuerdo a nadie excita;
Un formidable enfado en mí suscita
Y que muestre mi faz desagradable.

Juzgando que no habrá catorce versos,
Piensa que, si un abrazo útil fue otrora,
Tal vez servir pudiera aquí y ahora.

Empero, en lugar de uno, son diversos
Los abrazos y besos que decide
Darme; y trenzo el soneto que me pide.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Trae el fracaso el ocaso

TRAE EL FRACASO EL OCASO

Hembra o varón, es propenso
El casado al adulterio.
Aunque es corriente, un misterio
Parece. No existe un censo
De adúlteras/os, de algo inmenso.
Si algún día yo me caso
Contigo, Pilar, acaso
Me surja de ser infiel
Una ocasión, mas de miel
Mudar sería el fracaso.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Relación de pareja literaria

RELACIÓN DE PAREJA LITERARIA

Amada Pilar:

¿Qué le empuja a un/a aprendiz de ruiseñor o a cualquier/a otro/a artista a serlo? Te daré a continuación mi parecer, pero ten presente que, si preguntas por eso mismo a otra/o, te dará el suyo, tan válido como el mío (o más, o menos), que puede coincidir o discrepar abiertamente del tal.

Quien echa mano del arte (sea este el que sea), ¡bendita simiente!, para expresar qué siente (aunque en alguna parte de su relato invente o mienta), para explicarse (y, de esta guisa, poder luego comprenderse), trata de entender su mundo; sobre todo, por qué, en medio de ese ámbito donde parece que se tocan, sin llegar a rozarse, la belleza y la inmundicia, en ese extenso campo de mies, de trigo veraz y amapola, tigre voraz, mendaz, ha logrado hallar una espiga de oro puro. Es necesario averiguar, primero, qué pasa en nuestro microcosmos, para, después, inteligir qué ocurre en el orbe y, más tarde, qué acaece en el cosmos. Por eso, una/o se centra en las personas, animales y enseres cercanas/os, las/os que la/o rodean. Posteriormente, decide compartir con las/os oyentes, lectoras/es o espectadoras/es de su obra las preguntas que le hicieron o se hizo otrora y las respuestas que encontró, que le satisficieron, por si les pueden ser útiles ahora a las/os demás.

Aunque hay/a quienes sostienen que el arte, antes que una colección o conjunto de herramientas para instruir, tiene que serlo para emocionar, sigo recordando y dando validez a los versos 343 y 344 de la “Epístola a los Pisones” o “Arte poética” de Horacio: “Omne tulit punctum qui miscuit utile dulci, / lectorem delectando pariterque monendo” (“todo el galardón se lo llevó quien mezcló lo útil con lo dulce, al lector deleitando y, al mismo tiempo, amonestándolo”).

Está suficientemente demostrado que la buena literatura, me refiero a la profética, a la clásica (y aquí sigo, al pie de la letra, la definición que de dicho término dio Jorge Luis Borges en el opúsculo que tituló “Sobre los clásicos”: “es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad”; definición que puede completarse o complementarse, a su vez, con las líneas que el autor había escrito —y el lector, ella o él, ha podido, asimismo, leer— en la misma obra antes, “como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término”), tiene la rara habilidad de expresar con una brillantez, una intuición y una profundidad inauditas, insólitas, cuanto las/os antropólogas/os, las/os filósofas/os y las/os sociólogas/os harán también, pero meses, años, lustros o incluso décadas más tarde. Seguramente, por esta razón, por el don novelesco (y aun cinematográfico) que poseen ciertas/os literatas/os selectas/os de extrapolar los difusos fenómenos sociales, que objetivamente ocurren en las calles, los lugares de trabajo o de ocio y los domicilios de ene ciudades del orbe, a las concretas vivencias subjetivas que protagonizan en una localidad, real o ficticia, la que sea, los pocos personajes de una novela o una película.

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Quien no lea a Cadalso irá al cadalso

QUIEN NO LEA A CADALSO IRÁ AL CADALSO

Visto lo visto, oído lo oído y leído lo leído, durante los últimos días, semanas y meses (que alguien dio de lleno en el blanco o centro de la diana al denominar a ese lapso de tiempo de esta guisa, “la más rabiosa actualidad”) en los diversos mass media y demás mentideros patrios, dan ganas de recomendar encarecidamente a quienes (hembras o varones) tengan en el futuro (sea corto, medio o largo el plazo) la augusta, benéfica y sana intención de dedicar unos años (ocho serán bastantes) de su vida a la política su obligación ineludible de leer (y hasta releer, por lo mucho que esta acción puede aprovecharles) a los clásicos. Estos pueden ser (o no) los autores y los textos que sus profesores (no pongo en tela de juicio su buena, mejor y aun óptima intención) les aconsejen. Si yo fuera docente suyo, les insistiría un montón en que no echaran en saco roto mi recomendación de que leyeran “Los eruditos a la violeta”, de Cadalso, por el sumo y mucho jugo sarcástico que pueden extraer de dicha obra, para que nadie pueda mandarlas/os nunca al cadalso (metafórico, por supuesto).

José Cadalso publicó (en realidad, no lo hizo echando mano de su primer apellido para tal fin, sino de la primera parte de su segundo, compuesto, Vázquez —de Andrade—) en 1772 su sátira “Los eruditos a la violeta” en contra de cuantos (ellas y ellos) algunos denominamos hoy con la voz “todólogos” (expertos en todo) o duchos líquidos (porque cuanto dicen semeja el agua de la ducha, al desaparecer o irse sus palabras por el desagüe dejando la piel de quienes las escuchan limpia, sí, como una patena, mas sin apenas estela, huella o rastro alguno de conocimiento original, nuevo). La subtituló con ironía así: “Curso completo de todas las ciencias, dividido en siete lecciones, para los siete días de la semana. Compuesto por José (actualizo la acentuación, la puntuación y la grafía) Vázquez, quien lo publica en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco”.

Colocó al principio de su obra esta sabia, por dicaz y perspicaz, advertencia:

“En todos los siglos y países del mundo han pretendido introducirse en la república literaria unos hombres ineptos, que fundan su pretensión en cierto aparato artificioso de literatura. Este exterior de sabios puede alucinar a los que no saben lo arduo que es poseer una ciencia, lo difícil que es entender varias a un tiempo, lo imposible que es abrazarlas todas, y lo ridículo que es tratarlas con magisterio, satisfacción propia y deseo de ser tenido por sabio universal.

“Ni nuestra era, ni nuestra patria está libre de estos pseudoeruditos (si se me permite esta voz). A ellos va dirigido este papel irónico, con el fin de que los ignorantes no los confundan con los verdaderos sabios, en desprecio y atraso de las ciencias, atribuyendo a la esencia de una facultad las ridículas ideas, que dan de ella los que pretenden poseerla, cuando apenas han saludado sus principios”.

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¿Sánchez coronará su hoja de ruta?

¿SÁNCHEZ CORONARÁ SU HOJA DE RUTA?

Aunque el Diccionario de la Lengua Española, DLE, define coherencia (en su segunda acepción) así: “Actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan”, al abajo firmante de estos renglones torcidos, servidor, un día le dio por definir dicho vocablo de esta otra guisa: “Ajuste completo o encaje perfecto entre lo que se piensa o se ha ideado, lo que se dice o se ha proferido y lo que se hace o se ha coronado”. Y con estas u otras parecidas palabras cabe leerlo en varios textos firmados por él.

Así pues, la coherencia no la enseña quien no la practica, ya que de nada sirve el dicho si no viene acompañado y corroborado por el hecho (medie entre ambos un largo o corto trecho), inconsecuencia en la que suele caer el adicto (ella o él) a discursos de este jaez: haz lo que digo, pero no hagas lo que hago (o sea, ser incongruente, como escuché decir en una ocasión a un cura y en otra oportunidad a un médico). ¿En qué queda nuestra probidad como personas, si llevamos a cabo acciones que, un día sí y otro también, contradicen los valores o principios que decimos defender, profesar y promover?

Pondré un ejemplo aleccionador. El pasado 31 de mayo Pedro Sánchez escribió en su cuenta de Twitter este tuit: “Defiendo esta moción de censura por coherencia, responsabilidad y democracia. Propongo un gobierno socialista, paritario y europeísta que cumplirá con la UE y la Constitución. Su hoja de ruta: estabilizar, atender las urgencias sociales y convocar elecciones”.

Al día siguiente, primero del mes de junio, desde la tribuna del Congreso de los Diputados, en plena moción de censura contra Mariano Rajoy, Sánchez adujo qué ocurría en Alemania con quien plagiaba una tesis doctoral. Lo hizo con estas concretas palabras: “Lo que hay en Europa son gobiernos, como en Alemania, en los que, por ejemplo, personas que han desempeñado responsabilidades ministeriales y a las que se les ha descubierto que han plagiado una tesis lo que han hecho ha sido dimitir”. Sánchez se refería a lo que le había acaecido allí, en marzo de 2011, a Karl-Theodor zu Guttenberg, ministro de Defensa, que presentó su dimisión al trascender a la opinión pública que había plagiado parte de su tesis doctoral. La Universidad de Bayreuth le revocó el doctorado y él tuvo que renunciar a todos sus cargos políticos. Y en febrero de 2013, a Annette Schavan, ministra de Educación y Ciencia, que se vio obligada a hacer tres cuartos de lo propio por idéntico motivo, haberse probado que había plagiado su tesis doctoral.

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Ese puro no me fumo

ESE PURO NO ME FUMO

Si es una voluta de humo
El imborrable recuerdo,
Si al loco aún vence el cuerdo,
Si oigo alzhéimer y me abrumo,
Ese puro no me fumo.
Pilar, para un poemario,
Que sea fiel con mi almario,
O una pieza de teatro
Cuatro días, solo cuatro,
Dan. Pregúntaselo a Mario,
Un de dos puertas armario.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Nunca a mi novia fui infiel

NUNCA A MI NOVIA FUI INFIEL

Pilar, te confieso, amada,
Que en mí no hay ni media arroba
De don Juan o Casanova.
Si mi persona afamada
Fuera, aseguro que nada
Con ser un (un ser) promiscuo tengo
Que ver; y a sostener vengo
Que a ninguna novia infiel
Le fui nunca, aunque la miel
De otra tuviera abolengo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quién mitiga mis desgracias?

¿QUIÉN MITIGA MIS DESGRACIAS?

No sé a quién darle las gracias;
Si a Dios, la naturaleza
O el azar, por la belleza
Que a mitigar mis desgracias
Ha venido, a dejar lacias.
Pronto quedarán en nada.
Desde que ingresó mi amada
Pilar en mi tibia vida,
Caliente o fría, aterida,
Ha devenido, monada.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Por ser del treinta de marzo,...

POR SER DEL TREINTA DE MARZO,

BIEN TE MENEARÉ EL ZARZO

(SACUDIRÉ LA BADANA)

“¿Trescientas palabras o quinientas palabras que no llevan comillas es un plagio? ¡Por favor!”.

Adriana Lastra, vicesecretaria general y portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, contestó de esa guisa, al ser preguntada a propósito de si, tras conocerse la noticia publicada por El País de que en el libro titulado “La nueva diplomacia de la economía española”, publicado en 2013 y firmado por Pedro Sánchez y Carlos Ocaña, sus autores habían plagiado, al no haber entrecomillado ni citado, como es preceptivo (a eso obliga el respeto a la ley de propiedad intelectual), la fuente original, parágrafos de cinco de las siete páginas de que consta la transcripción de la intervención que tuvo el diplomático Manuel Cacho, actualmente embajador de España en Australia, el 25 de febrero del 2013, en una conferencia en la Universidad Camilo José Cela.

Como su breve comentario me ha producido alipori, vergüenza ajena, he considerado oportuno trenzarle a quien nació en Ribadesella diecisiete años cabales después de que lo hiciera este menda en Tudela, la siguiente décima, pues se ha hecho merecedora de ella. Espero y deseo que, aunque le escueza, le sea útil.

Si el Ser Supremo o natura
Dos orejas y una boca
Nos dio, la lección no es poca:
Ser coherente procura
Y no un potro de tortura.
Adriana, déjame darte,
Porque puede aprovecharte,
Un consejo: escucha el doble
De lo que hables y un redoble
Precederá siempre tu arte.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Plagiamos hasta la errata

PLAGIAMOS HASTA LA ERRATA

—Hoy hasta El País os zurra.
—Fue de nuestro secretario
El error involuntario.
—Me indigna que se os ocurra
Venderme entera la burra.
—De su conferencia a Cacho
Reconocemos que un cacho
Le fusilamos sin maña
Nosotros, Sánchez y Ocaña.
Y lo hacemos sin empacho.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Martes, 16 de octubre

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