El Blog de Otramotro

Ya sabes qué has de hacer con los halagos

YA SABES QUÉ HAS DE HACER CON LOS HALAGOS

Dilecta Pilar:

Bien traídos los dos comentarios que haces a propósito de los halagos. Ya sabes qué has de hacer con ellos, no envanecerte (que me consta que no lo haces) y sí ver en los tales otra oportunidad, como argumentaba mi querido Salk: “la recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho”.

De todos esos autores que mencionas he aprendido muchas cosas. Así que abundaré en el juicio que viertes (sin fin siniestro) y no objetaré tu opinión, ponderada, sensata,

Pues sigue (por) esa senda, que no es camino equivocado.

Ahora que acabo de leer tus palabras me nace el deseo de creer (ya sabes lo que sostenía la psicóloga social Ziva Kunda, que “lo más probable es que las personas lleguen a las conclusiones que quieren llegar”) que acaso yo era ese “alguno más” que mentas y a finales de enero de aquel año, 1981, acudiera a merendar a tu casa (aunque no te diera clases particulares a ti, sino a Carlos Lacarra, como bien recuerdas), pero tal vez (borro el tal vez y lo sustituyo en un pispás por el adverbio seguramente) me engañe. ¡Qué tiempos!, sí, mejores en algunos aspectos y peores en otros. Con el paso del tiempo, ese juez que quita y da razones, Adolfo Suárez, político que experimentó una inesperada e insólita (que devino benéfica para España) metamorfosis, irá ganando adeptos y sumando predicamento y prestigio, sin hesitación, contradiciendo en parte la definición que le brinda Voltaire a Rousseau en la obra de teatro “Voltaire/Rousseau. La disputa”, adaptación de textos de la citada pareja de filósofos que bordan los actores que interpretan sus papeles, según las críticas que he leído, Josep Maria Flotats y Pere Ponce, en el escenario del matritense teatro María Guerrero: “La política, mi querido amigo, nunca es algo más que la posibilidad ofrecida a gente sin escrúpulos de oprimir a gente sin memoria”. Gracias a Dios, a Natura o al sino, ambos estudiamos filosofía en BUP, COU y en la Universidad, alma mater donde, además de abrir nuestras mentes y vacunarnos contra el fanatismo, comenzamos a usar con criterio y rigor intelectuales la memoria.

Así es; los camilos (Bermejo, Santaolalla y este menda, entre otros) estudiamos en el zaragozano Colegio San Valero (Seminario menor) el BUP. A algunos nos sirvió y a otros no. Recuerdo que se concentraban a finales de enero varias fiestas que aligeraban de clases lectivas el susodicho mes (Santo Tomás de Aquino, que nació en dicho lugar, Aquino, allí, sí, aquí, no; San Valero,...). E hicimos el COU en el colegio “Enrique de Ossó” (las Teresianas), donde este cristiano (que devino, por razones obvias, cristino —en la misma medida que Calixto se confesó en “La celestina” melibeo—) se sintió, ora en el infierno, ora en la gloria, tentado por tanto súcubo alrededor, bendito entre todas las mujeres, rodeado por tanta belleza junta. Mi vocación religiosa sufrió ese curso académico tantos vaivenes que se tambaleó y, al final, cayó y calló.

>> Sigue...


¿Cuál va a ser tu profesión?

¿CUÁL VA A SER TU PROFESIÓN?

“—Extravaga, hijo mío, extravaga cuanto puedas, que más vale eso que vagar a secas. Los memos que llaman extravagante al prójimo, ¡cuánto darían por serlo! Que no te clasifiquen; haz como el zorro, que con el jopo borra sus huellas; despístales. Sé ilógico a sus ojos hasta que, renunciando a clasificarte, se digan: es él, (...)”.

Miguel de Unamuno y Jugo, en “Amor y pedagogía” (1902).

“La pasión es una obsesión positiva. La obsesión es una pasión negativa”.

Paul Carvel

—¿Cuál va a ser tu profesión?
—O conductor de ambulancias
O escritor de extravagancias.
La primera es mi pasión,
Mi positiva obsesión.
—¿Por tu afán de salvar vidas
Y epatar con tus salidas?
—Por saltarme sin sonrojo
Los semáforos en rojo
Y enojar con mis paridas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Vivo en un mar de dudas (es sarcasmo)

VIVO EN UN MAR DE DUDAS (ES SARCASMO)

Esta mañana he recibido correo de mi dilecto amigo y heterónimo Emilio González, “Metomentodo” (a usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, si es habitual de mi bitácora, le consta que solo sufro trastorno de identidad disociativo o síndrome de personalidad múltiple cuando piso el terreno de la literatura, ficción; si no lo es, acaba de enterarse). Como juzgo que hoy (no todos los días me escribe ni, cuando se digna, lo hace de manera tan prolija y zumbona) ha estado sembrado, he decidido culminar sin procrastinar dos acciones: subir su texto a mi blog para alumbrarlo mañana y mandarlo a los medios habituales, por si alguno estima oportuno publicarlo. Su escrito dice así:

Dilecto relector de Unamuno, apreciado Otramotro:

Hoy te digo públicamente (siempre que consideres que es pertinente y relevante que dentro de unas horas vean la luz estas líneas que te mando en tu bitácora) lo que he proferido otras muchas veces en privado, que jamás pertenecí a ningún partido político y nunca perteneceré. No podría compartir ideario (salvo que alguien me echara en la bebida o inoculara en un descuido alguna droga que anulara mi voluntad —pues, en ese caso, dejaría de ser quien soy—) con quien hubiera mostrado o demostrado bien, a las claras, que él no era digno de representarme a mí (en el supuesto de que él fuera mi jefe) ni yo de representarlo a él (en el caso opuesto, viceversa).

Reconozco que anteayer no salía de mi asombro, pues a mí no me pasaba (sin embargo, sí me pesaba y sí me pisaba) lo que al grueso de los miembros de la ejecutiva (sobre todo, a las féminas) de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que seguían sin decidirse, pues dudaban entre decantarse por si Lluís Salvadó, secretario general adjunto de dicho partido, debía dimitir de todos los cargos que ostentaba dentro de la formación o continuar en ellos.

Sergi Sabrià, el portavoz de los republicanos, en rueda de prensa, no cerró ninguna puerta ni ventana del edificio donde tuvieron a bien concentrarse todas las posibilidades habidas y por haber, ora hubieran optado estas por vestir el disfraz de bienes semovientes, ora el de alados. Ignoro si Sabrià ha leído “Huis Clos” (“A puerta cerrada”), pero le ha llegado, por el canal que sea, la píldora donde se concentra una idea feliz, que ha hecho fortuna, de la citada obra de teatro existencialista de Jean-Paul Sartre, que “el infierno son los otros”, ya que, durante la reunión de la ejecutiva, esta identificó sin hesitación a Mefistófeles, el malo de la película, pues anunció que el partido había resuelto actuar legalmente contra el demoníaco programa “Espejo Público”, de Antena 3, por haber tenido este la desgracia, la desfachatez, la cobardía y el mal gusto de difundir la cinta donde el ínclito Lluís Salvadó, en amistosa conversación con Josep Caparrós, alcalde de Sant Carles de la Ràpita, habiéndole manifestado el último los obstáculos o trabas que se le habían presentado en su arduo quehacer de encontrar una buena candidata para el cargo de nueva consellera de Ensenyament, el ilustre, tras estrujarse los sesos, le adujo: “Mira, coges a la que tenga las tetas más grandes y ya está; se la das y te quedas tan ancho”. Abreviando, todo un botón de feminismo fetén, y aun óptimo. A Sabriá le subió el arrebol a los mofletes, se sacó los colores a sí mismo, al conseguir coronar en apenas tres párrafos parecida defensa a la que Aristocles, Platón, hizo de su maestro, Sócrates, una apología en toda la regla del afamado exsecretario de Hacienda de la Generalitat (el mismo del que El Confidencial el 21 de septiembre de 2017 decía que la Guardia Civil tenía grabaciones en las que el susodicho explicaba que tenía “30.000 millones de euros asegurados para iniciar la independencia”), del que dijo: “Lleva treinta años de servicios al partido, pero por encima de todo al país; una trayectoria impecable y en buena medida vinculada a la lucha antifascista”. Habrá quien lo resuma de esta otra guisa: treinta años succionando de la mamandurria o ganga permanente, viviendo del embeleco de la lucha antifranquista.

>> Sigue...


¿Que qué se aprende en medio de las plagas?

¿QUE QUÉ SE APRENDE EN MEDIO DE LAS PLAGAS?

Dilecta Pilar:

Ya ves; empecé a estudiar Medicina (a pesar de los pesares, yerros incluidos) por el trato que tuve, que me resultaba gratificante, satisfactorio, con el enfermo postrado en cama al que aseaba (ayudaba más bien a la monja) las mañanas de los sábados, mientras estudiaba COU en Zaragoza con los Camilos. Pronto me di cuenta del mayúsculo error que acarreaba mi decisión. Mis conocimientos en Ciencias eran escasos (y he de reconocer lo obvio, que poco he avanzado en ese ámbito, pues aún lo siguen siendo). Continúo ejerciendo de aprendiz de ruiseñor, sí.

Si has enmendado los fallos, has hecho bien, lo correcto, según Confucio. Ya te di mi opinión sobre el cómo tildado. Así que habrás colegido lo oportuno, que abundamos en el parecer.

Creo que fui buen enfermero otrora (durante las horas sabatinas que pasé en el asilo de la zaragozana calle Cartagena), in illo tempore; me tocó serlo, velis nolis (a pesar de mi buena voluntad, no me faltaron los días de bajón anímico, lo reconozco), con mi señera y señora madre (vivía con ella); y (si le preguntas a mi hermano Jesús María, te dirá, seguramente, que) lo fui recientemente (apenas le hice daño —algún pelo se llevó el esparadrapo —que no es un útil que, una vez usado, sirva para trapo, no, como llegué a pensar cuando era un mocete, “muete”, decimos en Tudela, de corta edad; es guasa— al darle el tirón— el viernes para extraerle —salió sola— la vía).

Sí; tuve noticia este fin de semana del luctuoso hecho, el fallecimiento de Elías Yanes. Desde que leí al poeta metafísico inglés John Donne, pensé lo que suelo pensar en estos casos, cuando me llega la mala nueva de un nuevo óbito, que la muerte de un semejante (más, si es allegado, claro) nos achica, disminuye o empequeñece al resto de los mortales (porque nos avisa de la nuestra). El mismo doblar de campanas que ahora (en los pueblos aún se escucha) oímos cuando acudimos a un funeral sonará cuando nosotros nos hayamos ido. No lo conocí en persona. No tengo opinión (ni buena ni mala) de él. Como acabamos de tener noticia del presunto comportamiento detestable de una persona desalmada con un arcangelito, Gabriel, acaso convenga recordar lo que escribió Albert Camus en “La peste”: “(...) para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio”. La plaga es una metáfora de la vida; y hasta en el mismo infierno cabe hallar remansos de paz y sensatez, que nos recuerdan el cielo. Quien haya escuchado con atención a Patricia Ramírez, la madre de Gabriel Cruz, hablando de él, de su “pescaíto”, y de la necesidad de que nos quedemos con la parte buena de la tragedia, que orillemos el odio, que arrumbemos la ira, entenderá de qué escribo y qué quiero decir.

>> Sigue...


Una pareja envidiable

UNA PAREJA ENVIDIABLE

Soledad, que tanta compañía me hace (¡menudo oxímoron!, sí), por culpa de la artritis y de la artrosis, cada día se mueve con más dificultad. Quien otrora disfrutaba tanto como yo (o más) cada vez que subíamos al monte, ahora rehúsa ir al parque y suele torcer el morro cuando le propongo salir a tomar una caña o un gin-tonic. La hija de Paloma, fiel donde las haya (de casta le viene a la galga italiana serlo), y servidor, según gustan airear nuestros allegados, formamos una pareja inseparable, inolvidable, envidiable. Desde que se ha hecho mayor, se ha vuelto una comodona y se pasa el día tirada en el sofá, durmiendo a pierna suelta, como una marmota.

Cada dos por tres, le suelo largar esa copla popular que dice que “ni contigo ni sin ti / tienen mis males remedio; / contigo, porque me matas, / y sin ti, porque me muero”, ya que, cuando la tengo al lado, no paro de echar pestes de ella; y, cuando no la noto cerca, la extraño una barbaridad. Son ya catorce los años que llevamos juntos y, si he de proferir la verdad, como debo, diré que “Sole” ha sido (no abrigo ninguna duda al respecto) mi mejor mascota.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


El tobogán de la maldad atrae

EL TOBOGÁN DE LA MALDAD ATRAE

(ALLÍ DONDE LO PUDRE TODO EL CESTO)

El ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Todos los días constatamos dicho axioma en las noticias que leemos en el periódico, escuchamos en la radio o vemos en la televisión. He escrito periódico, radio y televisión en singular, pero él y ellas pueden ser plurales. Como soy un optimista avezado, abundaré en la misma tesis que sostuvo un Premio Nobel y usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), si no lo ha hecho ya, puede leer (habrá sido o será otra/o, si persevera) cuando llegue a las páginas finales de “La peste”, de Albert Camus: “En medio de los gritos que redoblaban su fuerza y su duración, que repercutían hasta el pie de la terraza, a medida que los ramilletes multicolores se elevaban en el cielo, el doctor Rieux decidió redactar la narración que aquí termina, por no ser de los que se callan, para testimoniar en favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio”.

Si el cuchillo de cocina es, en sí mismo, bueno, pero puede devenir malo, si se usa para cometer delitos (de variopinto tipo), lo propio cabe decir de las redes sociales, que no son malas en sí mismas, pero puede que por la mañana, por la tarde o por la noche sean portadoras o porteadoras de una plaga pestífera.

A usted, lector/a, y a mí (ignoro su caso pero yo, por ahora, no me he estrenado en el mundo de las redes sociales; tal vez no lo haga jamás; aun así, seguiré con el planteamiento hipotético) nos puede pasar lo que a las dos docenas de estudiantes voluntarios de la Universidad de Stanford que fueron elegidos (al azar, pues consistió en echar una moneda al aire; y si salía cara, se ejercía de guardián; y si salía cruz, se fungía de preso) por el psicólogo Philip Zimbardo en 1971 para coronar un experimento: qué podía ocurrir a un grupo formado por jóvenes buenos colocados en un lugar malvado, una apócrifa cárcel. El estudio, que iba a durar dos semanas, quedó interrumpido al sexto día, el 20 de agosto, porque una mujer, la doctora Christina Maslach pidió, escandalizada de lo que vio en la falsa prisión (“Es horrible lo que estás haciendo con esos chicos”, le espetó), a Zimbardo que clausurara sin demora aquel erebo. Algunos guardianes se habían convertido en pérfidos y sádicos. Un preso, que colapsó emocionalmente, fue liberado de aquella pesadilla a las 36 horas. Se probó y comprobó que la cesta malévola había tenido efectos tóxicos sobre las manzanas sanas. Todo esto lo cuenta Zimbardo en “El Efecto Lucifer” (2007).

Treinta y tantos años después del experimento, Zimbardo advirtió ciertas concomitancias o paralelismos entre lo que acaeció en el sótano de Stanford y los abusos llevados a cabo en la prisión de Abu Ghraib. En el libro citado, Zimbardo analiza las diversas metamorfosis que pueden experimentar personas buenas que son seducidas por un rosario de circunstancias, que las impelen o empujan a deslizarse por la atrayente pendiente resbaladiza del tobogán de la maldad.

>> Sigue...


¿Te avienes a que sea Ángel, el vate?

¿TE AVIENES A QUE SEA ÁNGEL, EL VATE?

Dilecta Pilar:

Si me permites completar o complementar tu argumento o discrepar (sé, a ciencia cierta, que te avienes a que servidor sea en todo momento tu amigo Ángel, el vate, y, por lo tanto, a que pueda disentir de tu criterio) de él, todas/os vivimos inmersas/os en la ignorancia y acaso solo algunas/os consigamos rozar alguna vez a lo largo de nuestra vida alguna idea o actitud sabia.

Pues puedes (podéis) estar orgullosa (orgullosos) de ello. Iniciativas de ese tipo son las que hacen falta para cambiar a mejor el estado calamitoso de algunas cosas.

Yo, algunos días (acaso los que me levanto de la cama con el ego subido, por haber logrado concentrar alrededor de mi persona a tanto heterónimo y tanto apócrifo), tengo la refractaria impresión de ser la misma reencarnación de Fernando Pessoa y Antonio Machado juntos.

Supongo que ese hecho ocurrió así porque, una de dos, o mis abuelos maternos veían un derroche el doble viaje o no se fiaban de que mis padres viajaran a Ágreda solos.

Seguramente o, como dice el estribillo de la canción popular, a la que da título, que escribió en 1947 el compositor cubano Osvaldo Farrés: Quizá, quizá, quizá. No sé si el género humano ha hecho todo lo que se esperaba de él, le tocaba, correspondía o debía; a veces, considero que hemos sido excesivamente comodones y hasta vagos. Y (para insistir, dentro de mi optimismo proverbial, habitual, en mi esquina o rincón pesimista) que nos hemos conformado con hacer bastante menos de lo que podíamos y estábamos capacitados para llevar a cabo.

Bienvenidos (porque los prefiero) los altibajos, el frío y el calor, a lo tibio. Ya sabes lo que se lee en los versículos 15 y 16 del capítulo 3 del “Apocalipsis”: “Conozco tus obras; no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como eres tibio, ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca”.

>> Sigue...


Sigo siendo un profano en mil saberes

SIGO SIENDO UN PROFANO EN MIL SABERES

Dilecta Pilar:

Harás bien si le dedicas, al menos, unos minutos. Como sabes (te honra reconocer que eres una analfabeta), no cumples lo que dice la primera entrada de dicho vocablo, según el Diccionario de la Lengua Española, DLE (y no DRAE, como hasta ahora trenzaba este menda y aclara Javier Marías en “Desdén”, su último artículo dominical publicado en El País Semanal, “al ser obra de todas las Academias, no solo de la de nuestro país”), pues sabes leer y escribir. En lo tocante a la segunda (ignorantes y profanos en algunas —más bien, en muchas— disciplinas), todos los seres humanos, todos, sin excepción, lo somos y la cumplimos. Como dicen que dijo Albert Einstein, “todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”. Ahora bien, somos muchos, la inmensa mayoría, los que ignoramos las mismas (y son muchísimas las que desconocemos) cosas.

Y para muestra de lo que acabo de trenzar en el parágrafo precedente y vienes de comprobar, te he comentado algo de Jonas Edward Salk, que desconocías, y me has apostillado algo que ignoraba, que fuiste, con Pablo, pionera en crear o instaurar el Movimiento de Vida Independiente en Zaragoza y Aragón. En lo que concierne a la contradicción, me temo que soy más permisivo (o menos intransigente o severo) que tú, sospecho (pero puedo estar equivocado). Muchas veces, a lo largo de mi vida, he acudido a los siguientes versos de Walt Whitman en “Canto a mí mismo”, porque hacían las veces de la égida con la que podía defenderme: “¿Que me contradigo? / Sí, me contradigo. Y ¿qué? / (Yo soy inmenso / y contengo multitudes)”.

Acabo de usar el “espabilaburros” y de cerciorarme de que el vocablo “trap” existe y es una combinación de “hip hop” y de música electrónica de baile. Y, asimismo, de constatar que, aun sabiendo ahora lo que es el ídem, sigo siendo el mismo profano, como te he escoliado en el párrafo de arriba, en mil y un saberes.

Esta mañana he leído tu artículo, “Porteo telemático” en el Heraldo (lleno de guiños: a Rosa Montero, doble; sor María Jesús de Ágreda —¿te he comentado alguna vez que mis padres se casaron en la agredeña Basílica de Nuestra Señora de los Milagros? De hecho, mi padre se casó solo, sin estar presente mi madre, por el juzgado. Al día siguiente, tras la ceremonia religiosa, firmó mi progenitora el documento en la iglesia—, al Quijote, a Puigdemont y sus ansias de ser elegido president por medios telemáticos —¿para darle una segunda vida al “procés”?—, etc.). Me ha gustado mucho. Y he vuelto a confirmar o corroborar tu versatilidad o que hacías un exhaustivo ejercicio de perspectivismo (casi casi como hace Ramón Pérez de Ayala en “Troteras y danzaderas”, 1912, novela de clave, donde irónicamente comenta que “sería interesante conocer el punto de vista de Sesostris”, el galápago, quelonio o tortuga) en torno al variopinto ámbito de lo telemático en tu columna.

>> Sigue...


Progreso y retroceso no se excluyen

PROGRESO Y RETROCESO NO SE EXCLUYEN

En los cuatro primeros versos de la décima que he titulado “¿El progreso es retroceso?” y que publicaré mañana digo: “A veces miro el progreso / Y veo calamidades / Y un montón de soledades / Que hablan más de retroceso”.

Está claro que dirigía y fijaba mi atención en una faceta concreta de ese poliedro que es la realidad. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Vivimos en el mejor de los mundos posibles, como aseveró el “último genio universal”, Gottfried Wilhelm Leibniz (y luego sostuvo el zumbón François-Marie Arouet, “Voltaire” —mofándose a carcajada tendida del citado filósofo, jurista, lógico, teólogo y... alemán—, por boca del doctor Pangloss, uno de los personajes de su “Cándido”)? ¿O el nuestro sigue siendo un hediondo albañal, una nauseabunda sentina, un mundo inmundo?

Quien conteste sí a la primera pregunta será tachado (y, en mi modesto criterio, con razón) de pesimista. Quien responda sí a la segunda deberá completar o complementar dicha afirmación a continuación, si no quiere ser etiquetado de parcial o motejado de algo aún peor, con la aseveración contraria u opuesta, por ser ambas ciertas. Como mucha gente aduce, huyendo de la visión simplista, maniquea, entre el blanco y el negro, la bondad y la maldad, cabe hallar y no callar lo que hay, una amplia gama de grises (pero estos no son extintos policías españoles, por ser ese el color de los uniformes que vestían otrora, en los años siguientes al postfranquismo, no).

No necesitamos escuchar ni leer los sesudos argumentos (apoyados por un apabullante, incuestionable y variopinto elenco de datos fidedignos) expuestos donde sea, ni aceptar (de buen o peor grado) las convincentes razones de peso aducidas por supuestos intelectuales (ellas o ellos) de derecha o de izquierda para tomar conciencia y constatar, porque tenemos ojos y no estamos ciegos, que vivimos en un mundo manifiestamente mejorable.

La supuesta bondad o maldad del mundo sigue dependiendo del color del cristal con que cada quien lo mira (ya sea globalmente, desde una perspectiva coral, íntegra; ya sea parcialmente, fijándonos en una sola faceta de ese enorme poliedro), o sea, de la famosa cuarteta de don Ramón de Campoamor, que fina la primera parte del poema titulado “Las dos linternas”, que dedicó al escritor, periodista y filósofo, amén de amigo, Gumersindo Laverde Ruiz, de la que tantos letraheridos solemos echar mano para dar cuenta de la realidad pura y dura: “Y es que en el mundo traidor / nada es verdad ni mentira: / ‘todo es según el color / del cristal con que se mira’”.

>> Sigue...


Dicen y dicen bien quienes aducen...

DICEN Y DICEN BIEN QUIENES ADUCEN...

Dilecta Pilar:

Sigue siendo como eres (más o menos directa e irónica; como eso mismo, así o asá, nos pasa a muchas/os —no sé si a todas/os; quizá no—). Dicen y dicen bien quienes aducen que el humor y la ironía son cualidades del amor, como acabas de hacer en tu apostilla tú, pero no me negarás que también pueden serlo del desamor y hasta del odio (al menos, eso es lo que he leído y/u oído).

Ciertamente, la ironía (la llames así, o uses otros términos para nombrarla: sorna, sarcasmo o retranca, como decimos en la ribera de Navarra) es una navaja de doble filo, como otros muchos enseres o cosas.

No negaré, no, que los textos recién alumbrados (como también ocurre con el pan recién horneado —quien no haya acudido nunca a una tahona de pueblo, mientras se está haciendo el pan, y las pastas y demás derivados de la harina, no sabe el abierto abanico de aromas que se ha perdido; poco más o menos, como quien no ha entrado jamás en una perfumería de postín, supongo—) tienen un no sé qué o un qué sé yo que los hace especiales, impares, nones.

La diversidad es imprescindible, aunque no falte el crítico cítrico que te diga (o venga con el mismo cuento de) que sueles escribir siempre la misma epístola, el mismo artículo de opinión, la misma décima, la misma novela,…

He oído hablar de la diversidad y de lo funcional. Acaso te refieras con “diversidad funcional” a lo que yo llamo versatilidad (la capacidad o habilidad humana para poder adaptarse con facilidad y rapidez a varias tareas o funciones, como acaba haciendo y siendo, versátil, Phil Connors, papel interpretado por Bill Murray, al culminar con éxito —superar las diversas pruebas que le permiten enamorar a Rita, Andie MacDowell— el iterativo, largo, extenso e intenso 2 de febrero, el Día de la Marmota, en Punxsutawney, Pennsylvania, según el filme que dirigió Harold Ramis en 1993, “Atrapado en el tiempo”, en el que Phil, además de su empatía y solidaridad —cambia la rueda pinchada del coche donde viajan unas señoras mayores; se preocupa de recoger con sus brazos al niño que se cae de un árbol; se interesa por el anciano que, al final, muere; por el señor que se atraganta y él le hace la maniobra de Heimlich;...—, demuestra otras habilidades: esculpe ángeles en hielo, toca el piano, hace el retrato de Rita, con la sola ayuda de sus manos y de nieve;...).

>> Sigue...


¿Qué novela estoy leyendo?

¿QUÉ NOVELA ESTOY LEYENDO?

Si en mí crees todavía,
Ayer vi a Saúl Zuratas,
Mascarita, sí, en Las Chatas,
Sentado allí, en la otra vía,
Esperando a otro tranvía.
Tiene bemoles la cosa,
Pero ¿acaso no es hermosa
Que vea en ciertos parajes
Reales a personajes
Creados por Vargas Llosa?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pronto se ha comprobado que era cierto...

PRONTO SE HA COMPROBADO QUE ERA CIERTO...

Dilecta Pilar:

Si habéis cogido la gripe, soltadla al momento, porque es perniciosa. Sé de lo que hablo. A mí me ha dejado baldado.

Ya la leí y me gustó mucho. ¿Compleja? ¿Acaso nunca has dicho, leído u oído que la realidad o vida es un poliedro de ene caras? No siempre Guillermo de Ockham puede usar su navaja para mondarla y trocearla. Ya conoces una de las definiciones que dio de su principio de economía o de parsimonia: “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”.

Intuía lo que deseaba y esperaba y, gracias a Dios o a Natura, pronto se ha comprobado que era cierto, que seguías viva, pero... como no me habías contestado aún... lo achacaba al catarrazo o gripazo. Eso es, poco más o menos, lo que todo el mundo dice, escucha o lee durante los últimos días: una de dos, o que lo acaba de vencer o que anda en ello.

Como tengo tu teléfono, (me) he dicho voy a ver qué hace Pilar. Así, de viva voz, a través del canal inventado por Bell, hemos tenido la oportunidad de desearnos feliz año 2018. Haré lo acostumbrado (si hubiera escrito “aré lo acostumbrado”, sin hache, te hubiera querido decir otra cosa, que en el pasado, ¿tal vez, ayer?, labré con la ayuda de una yunta de bueyes o de un tractor lo habitual), todo lo posible por leerlo (en un sitio o en otro).

Todo, absolutamente todo, en este mundo tiene complicación o dificultad, o sea, intríngulis, hasta que alguien te lo explica bien, como se debe exponer cualquier asunto o materia; ya que, una vez se ha entendido, en ese mismo instante o momento, que acaso merezca o no un monumento, deja de tenerlo.

>> Sigue...


Martes, 24 de abril

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Abril 2018
LMXJVSD
<<  <   >  >>
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30