El Blog de Otramotro

¿Cataluña no va al revés del mundo?

¿CATALUÑA NO VA AL REVÉS DEL MUNDO?

“Ningún banco se va a marchar de Cataluña”.

Artur Mas, en 2015.

“No va a haber una huida de empresas de Cataluña”.

Oriol Junqueras, el pasado jueves (pocas horas después, los bancos Sabadell y CaixaBank y una empresa tan emblemática como Gas Natural trasladaban su sede social a Alicante, Valencia y Madrid, respectivamente), cinco de septiembre.

Tengo para mí que, mientras el mundo siga siendo (in)mundo, en él habrá todo tipo de locos (ellas y ellos). Servidor, verbigracia, confiesa que lo está, pero no de atar. Conozco locos que son estupendos (porque la locura, en ciertas ocasiones, solo a veces, todo lo cura, incluida la del cura que, tras leer mil y una veces los evangelios canónicos, llegó a creerse la reencarnación misma de Jesús de Nazaret y, mientras duró su locura transitoria, un año entero, ejerció de curandero —y aún puede uno tropezarse, si visita o frecuenta las tierras por donde dicho sacerdote desempeñó tan embustero empleo, con quien asegura que el cura curandero lo curó de esta, esa o aquella enfermedad—, de milagrero) y locos tremendos (evidentemente, tomo el significado que de tal adjetivo y dicción da el DRAE en su primera acepción, “terrible”, “digno de ser temido”), empedernidos, difícilmente recuperables.

En Cataluña, por cómo ha ido degenerando todo lo tocante al delirante “procés”, llegué a pensar que muchos ciudadanos (hembras y varones) habían devenido orates perdidos, sin solución, pero, durante los últimos días sobre todo, he ido advirtiendo actitudes, comportamientos y gestos que me indican bien, a las claras, que estaba equivocado. Hoy puedo afirmar (porque tengo plena constancia del hecho) que la mayoría del pueblo catalán todavía mantiene intacta su lucidez. Por ejemplo, es un hecho innegable que en muchas escuelas e institutos catalanes, los maestros y profesores (ellas y ellos), en lugar de esforzarse en hacer atractivas a sus discentes las asignaturas que les imparten, en lugar de favorecer que sus alumnos (hembras y varones) alumbren y desarrollen los dones, facultades o talentos personales que atesoran, en lugar de ayudarles a formarse como auténticos ciudadanos, autosuficientes, críticos, se han dedicado a adoctrinarles ideológicamente y a embelecarles con la añagaza de que vivirán en la bucólica e idílica Arcadia que será Cataluña cuando consigan alcanzar la imprescindible independencia. Para sonrojo de propios y extraños, ahí están las imágenes en las que dos centenares de escolares del Instituto de Enseñanza Secundaria “El Palau”, de Sant Andreu de la Barca (espoleados o persuadidos, seguramente, por los buenos docentes, que en todas las escuelas e institutos los hay, han venido a dar varias lecciones de empatía, solidaridad y tolerancia a algunos de sus profesores, que tendrían que haber aleccionado a sus alumnos en ese preceptivo y preciso menester, y a los políticos desnortados, que, contumaces, siguen, erre que erre, cometiendo el mismo error), han salido en defensa de sus compañeros, hijos de guardias civiles, que estaban siendo acosados por algunos de sus propios colegas y enseñantes.

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¿Será otro Estado fallido?

¿SERÁ OTRO ESTADO FALLIDO?

(EL DESASTRE MÁS SEGURO / A CATALUÑA LE AUGURO)

Esta pasada noche he soñado que estaba de vacaciones en Calella y en esos precisos momentos me hallaba haciendo cola en la sucursal de una caja de ahorros a fin de llevar a cabo una gestión bancaria. De modo inopinado, ha irrumpido por la puerta un ladrón que ocultaba su rostro tras una careta de Trapero y blandía una pistola en su diestra y, a voz en grito, ha dicho que aquello era un atraco, que todos nos tiráramos al suelo y ha conminado al cajero a que o le entregaba todo el dinero que tenía en esos instantes a su alcance o que se atuviera a las consecuencias.

Gracias a Dios, ha acertado a pasar por allí una pareja de Mossos d´Esquadra que, al contemplar a través del cristal el flagrante delito que dentro se estaba cometiendo, han accedido diligentemente a su interior y, después de darnos a todos los allí presentes, de manera educada, los buenos días, le han preguntado al delincuente: “A ver, por favor, advierte que te lo vamos a preguntar sin acritud, de buen rollo. ¿No nos vas a dejar que te detengamos y esposemos, verdad?”. El ladrón les ha contestado lo que cabía esperar, que no. Así que estos, sin decir ni mu, han juzgado oportuno coronar con la máxima celeridad lo que, antes de entrar, ya habían decidido culminar de consuno, darse el piro.

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En torno al ominoso referéndum

EN TORNO AL OMINOSO REFERÉNDUM

En varios de mis textos (ora trenzados en prosa, ora urdidos en verso) he intentado plasmar y recoger mis deducciones, inducciones, intuiciones y reflexiones a propósito de lo que he sacado en claro o concluido en numerosas ocasiones y de manera inconcusa, tras leer (o releer) detenidamente textos firmados por otras/os, que el carácter profético de la literatura (fuera escrita en verso o en prosa) no es una entelequia o quimera, no, sino un incontrovertible hecho concreto.

Así, verbigracia, aunque admito que puedo estar equivocado (porque reconozco que soy adicto a la exageración, un fan de la hipérbole), en lo tocante al rosario de despropósitos, dislates y disparates que acarrea, porta o portea el ominoso, por ilegal, y omnímodo referéndum catalán, del que unas/os cuantas/os estamos ahítas/os, hartas/os, hasta las mismas narices, tengo para mí que en los dos últimos versos endecasílabos del estrambote bizarro y burlón que don Miguel de Cervantes añadió al soneto satírico que escribió en 1598 y tituló “Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla” cabe hallar materia o sustancia profética bastante para entender determinados comportamientos, bien fanfarronadas, bien desatinos, de ciertas/os politicastras/os actuales, contemporáneas/os: “caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.

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He aquí mi ruego, Expedito

HE AQUÍ MI RUEGO, EXPEDITO

Dilecto Expedito, patrón de las causas justas y urgentes, intercede por mí ante Nuestro Señor Jesucristo para que acuda en mi auxilio en este momento de extremas aflicción y desesperanza (propia y aneja, ajena).

Dilecto san Expedito, tú, que eres protector de las/os militares, las/os jóvenes, las/os cajeras/os, las/os afligidas/os, las/os desesperadas/os,..., ampárame y abastéceme de coraje, fuerza, seguridad y serenidad.

Acoge favorablemente y ejecuta con prontitud el ruego que a continuación te hago: que no se celebre el referéndum ilegal catalán o, en su defecto, en el supuesto de que incluso esto resulte imposible para ti, que no se lleve por delante a nadie, o sea, que no ocasione ningún muerto.

Dilecto Expedito, ayúdame a superar estos días difíciles. Defiéndeme con tu égida de cuantas/os pretenden o molestarme o perjudicarme, y acoge, bajo tu manto, a mis seres más allegados y queridos, amigas/os y familia.

Te ruego, con especial encarecimiento, que no eches en saco roto mi petición y la corones con tu proverbial diligencia.

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Soy autor falso y veraz

SOY AUTOR FALSO Y VERAZ

—Otramotro, ¿eres mendaz
Cuando urdes literatura?
—Si es ficticia mi escritura
Y es cierto que esta es feraz,
Soy autor falso y veraz;
Quien me lea podrá hallar
Lo que me niego a callar,
La verdad de las mentiras,
La paciencia entre las iras,
Que a más de una/o han de rallar.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Le propongo que sea mi amanuense (II)

LE PROPONGO QUE SEA MI AMANUENSE (II)

“Permítame que insista”, como decía ayer el hoy “todista” Matías Prats en el anuncio de Línea Directa, pero para escribir literatura hogaño conviene ejercer el mismo o parecido oficio que fungía antaño un bululú (que, según la primera acepción que de tal vocablo da el DRAE, significa: “Comediante que representaba obras él solo, mudando la voz según la condición de los personajes que interpretaba —poco más o menos como debía hacer, según una copla del corrector Alonso de Proaza, el primer cuentacuentos de “La celestina”, de Fernando de Rojas: “Si amas y quieres a mucha atención, / leyendo a Calisto mover los oyentes, / cumple que sepas hablar entre dientes: / a veces con gozo, esperanza y pasión; / a veces airado con gran turbación. / Finge leyendo mil artes y modos, / pregunta y responde por boca de todos, / llorando y riendo en tiempo y sazón”—).

Así las cosas, le hago hoy idéntica propuesta a la que le hice la semana pasada, atento y desocupado lector (sea ella y como la miel y se llame, efectivamente, Natalia; o él y como la hiel y su gracia sea, verbigracia, Miguel), que sea o siga siendo mi amanuense, que continúe copiando cuantas palabras profiera mi boca.

Imagine (¡qué contrasentido!, sí) que, por arte de magia blanca, usted ha dejado de ser, ipso facto, Natalia o Miguel, la/el copista de Otramotro, y se ha transformado en bombera/o; y que este menda se ha metamorfoseado, por arte de birlibirloque, en el reciente escritor invidente (ergo, inexperto en cecografía, lego en el alfabeto o sistema ideado por Braille) Homero Borges.

Imagine que en su ciudad natal (que no es en la que actualmente reside, la capital de la provincia) ha habido un terremoto morrocotudo y muchos de sus edificios son ahora escombros, ruinas.

Imagine que usted forma parte del grupo voluntario de su unidad que se ha desplazado a la villa donde impera el caos, donde reina la desolación, para echar una mano (sensu stricto, las dos) y que, tras oír el falto de vigor auxilio salido de una voz débil, ha llegado por una veintena de huecos hasta donde se halla una persona (poco importa su sexo) a la que una columna le ha atrapado las dos piernas y padece unos dolores inaguantables.

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En la fonda "Anunciación"

EN LA FONDA “ANUNCIACIÓN”

(DONDE “NUNCY” ANDA EN ACCIÓN)

Hice un alto en Perdición,
Que es ciudad tan bulliciosa
O más que Villaviciosa.
Tabla hallé de salvación
En la fonda “Anunciación”,
Donde cené, destensé
Y trencé cuanto pensé
(“Hasta en el infierno suelo
El cielo alcanzar de un vuelo”),
Que en dos versos condensé.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Gregorio es entrañable y admirable

GREGORIO ES ENTRAÑABLE Y ADMIRABLE

“Era lo bastante listo para conocerse a sí mismo, lo bastante valiente para ser él mismo y lo bastante insensato para cambiarse a sí mismo y, al mismo tiempo, seguir manteniéndose auténtico”.

Patrick James Rothfuss, en “La música del silencio”.

De los tres Gregorios, tres, sobre los que me dispongo a discurrir brevemente en este opúsculo, atento y desocupado lector (sea ella o él), a quien le tengo más cariño y le estoy más agradecido es a mi tío (lo llamo así, aunque, en sentido estricto, no lo es) Gregorio. El esposo de mi tía Ramona, que, en realidad, era prima segunda de mi padre, y la recién mencionada nos abrieron de par en par hace muchos años la puerta de su casa en Tórtoles, barrio turiasonense, a toda nuestra familia. No estoy seguro de si fue la primera vez que subimos a Tarazona, pero recuerdo, aunque de manera desdibujada, la ocasión en la que mis hermanos varones y servidor vestíamos camisas estampadas con diversos tipos de barcos y pantalones cortos de color azul marino.

Aunque casi todas las semanas llamo y hablo por teléfono con mi tía Ramona (se pone menos veces mi tío, nonagenario), que viven en una residencia especialmente acondicionada o habilitada para cuidar a personas de la tercera edad, creo que no los veo desde que acudieron con Gabriel, su hijo, al tanatorio a darnos el pésame a mis hermanos y a mí con la tristísima y desgarradora nueva del fallecimiento de nuestra progenitora. ¡Cómo lloraba (demostraba así, sin decir palabra, su mucho pesar por la pérdida de nuestra madre) nuestro tío Gregorio!

Le confieso, sin ambages, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), que estoy en deuda con Gregory House, protagonista de la serie televisiva, desgraciadamente, ya clausurada (¡qué pena, pues sus guionistas —con quienes, en puridad, tengo el débito— habían conseguido asimilar la inmarchitable lección de Horacio, o sea, habían logrado extraer todo el jugo o sacado el máximo provecho a los versos 343 y 344 de su “Arte poética”, es decir, a su sabia recomendación de mezclar lo útil con lo dulce!), que se tituló, precisamente, así, como su primer apellido, “House”; porque no solo le debo los buenos ratos que me ha hecho pasar viendo/escuchando sus episodios, sino que me ha abastecido sin querer, involuntariamente, de un número ingente de ideas con las que he procurado enriquecer algunas de mis urdiduras (o “urdiblandas”) en verso o en prosa.

El ficticio doctor House (personaje creado por David Shore), especialista en enfermedades infecciosas y nefrología, casi casi un trasunto de otro personaje ficticio, Sherlock Holmes, el detective salido del magín de Arthur Conan Doyle, eso sí, puesto al día, remozado, modernizado, no obstante sus notorias soberbia intelectual, misantropía (rehúsa, si pude, el contacto con sus pacientes) y egolatría, su manifiesto infantilismo (a veces actúa como si fuera un crío, apostándose con su amigo Wilson, por ejemplo, a ver quién consigue que su gallina —cada uno la suya— pase inadvertida más tiempo a los ojos escrutadores de los agentes de seguridad del hospital, o jugando en dicho recinto con helicópteros teledirigidos), resuelve casos difíciles, salvando, salvo contadas excepciones (la muerte de una paciente, empero, verbigracia, le sigue obsesionando, rondando o gravitando sobre su pesquis, hasta una década después), la vida a numerosos pacientes. Su adicción a la vicodina y al juego (si invierte en bolsa y chantajea a un paciente, rico empresario, es para conseguir que vuelvan a trabajar con él Chase y Taub), el frecuente uso que hace del sarcasmo y su frase proverbial de que “todo el mundo miente” serían ingredientes fundamentales, imprescindibles, de cualesquiera etopeyas que de él, un médico singular, inolvidable, inconfundible, genial, distinto y distante, se hicieran.

A pesar de que en algunos momentos u ocasiones llega a resultar detestable, insoportable e insufrible (incluso para los miembros de su equipo —Foreman, Cameron, Chase, Kutner, “Trece”, Taub, Masters, Adams, Park—, que, antes o después, llegan a la conclusión de que es un médico excepcional, fuera de lo común; para Cuddy, la directora médica del apócrifo Hospital Universitario Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey y, durante algún tiempo, su pareja; para su —¿único?— amigo, el oncólogo Wilson; y acaso también para el espectador, fan o no de la serie), en otros/as todas/os las/os mentadas/os antes, arriba, se lo comerían a besos por ser un hacha o lince en lo suyo, diagnosticar enfermedades y prescribir los medicamentos oportunos para que las/os pacientes sanen, y por tener salidas inopinadas, desopilantes.

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Convéncete: estarás sola

CONVÉNCETE: ESTARÁS SOLA

—Sé que todas las personas,
Como House dijo, engañamos.
—Solo las que algo amañamos.
—Si alguien te miente, te enconas,
Te irritas y no perdonas.
—No es una añagaza o bola:
Tenerte al lado me mola,
Y ser fiel y servicial.
—Si anhelas ser especial,
Convéncete: estarás sola.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.co
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¿Por Ida Hegazi Hoyer yo fui inspirado?

¿POR IDA HEGAZI HOYER YO FUI INSPIRADO?

Desconozco si todo nos influye,
Si todo a ti y a mí nos condiciona.
Sin duda, es lo que intenta y ambiciona,
Aunque efímero sea, como el que huye.

Si Heráclito arguyó que “todo fluye”
Y a mí ese bisturí me disecciona
De arriba abajo, ¿quién no colecciona
Cuanto el ingenio alerta encuentra, intuye?

“Todos los personajes son culpables”.
Lo adujo de “Perdón”, de su novela,
Ida Hegazi. La misma cantinela

Itera, ese quinteto de implacables
Vocablos, quien compone este soneto
Que, hasta que la luz vea, será feto.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Vuela a Palma a ver a Elicio

VUELA A PALMA A VER A ELICIO

(QUE ES SU IMPAR NOVIO VIRTUAL)

MI PRIMA ELVIRA PASCUAL

(QUE NO SEA MÁS QUE PICIO)

Ojalá tu anhelo encaje
Con tu ardiente voluntad
Y a tu fe y felicidad
Contribuya el equipaje
Que has aviado para el viaje.
Que te haga un tiempo propicio;
No te ocurra un estropicio;
Y, además del paisanaje,
Sea tu aliado el paisaje;
Y tan feo o más que Picio
No sea tu novio Elicio.

Edurne Gotor, “Metonimia”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Léame y se leerá

LÉAME Y SE LEERÁ

Escribamos en prosa o en verso, o no escribamos nada de nada, todos los seres humanos, todos, sin excepción, sin importarnos ni importunarnos un solo ápice o pizca cuál sea nuestro sexo, somos (podemos pasar por o aparentar ser) libros, libres libros que nos hacen, precisa y preciosamente, libres.

Así las cosas, como nada de lo humano le (y me) es ajeno, si usted, recientemente, verbigracia, ha perdido por las razones (o sinrazones) que sean a una/o de sus allegadas/os; si ha recibido el enésimo revés sentimental (le han vuelto a dejar por otra/o y a sentirse lo acostumbrado, una mera piltrafa), le recomiendo con especial encarecimiento que siga leyéndome; si lo hace, tal vez deduzca lo que conviene o viene a cuento, que se lee a sí misma/o y logre interpretarse correctamente y, como lógica consecuencia, alcance la extraña bendición (o la rara maldición), que es llegar a la cima, conocerse, entenderse.

Quien lee (lo trenza para usted —y para sí mismo— el lector empedernido que es servidor) suele encontrar en lo que está leyendo en ese concreto momento, tras haber naufragado el bote o buque que, por los motivos que fueran, dejó de mantenerse a flote, una tabla de salvación, que a mí me gusta llamar el abecé de todo fracaso, porque depara, a la vez, el triángulo o la solución amable: alivio, bálsamo y consuelo.

Acaso no sea siempre la panacea, el remedio para cualesquiera males habidos o por haber, pero sí es en numerosos casos el libro que una/o anda leyendo un botiquín de primeros auxilios para el lacerado espíritu.

Horacio acertó de lleno en el centro de la diana cuando escribió en latín los versos 343 y 344 de su celebérrima “Epístola a los Pisones” (obra conocida también por otro título, “Arte poética”): “omne tulit punctum qui miscuit utile dulci, / lectorem delectando pariterque monendo” (“todo el galardón se lo llevó quien mezcló lo útil con lo dulce, al lector deleitando y al mismo tiempo amonestándolo”).

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Miércoles, 22 de noviembre

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