El Blog de Otramotro

Entre a Talía adictos, teatreros

ENTRE A TALÍA ADICTOS, TEATREROS

Entre a Talía adictos, teatreros,
Podemos encontrar quienes prefieren
Hacer el bien al mal, ergo, no hieren;
Y quienes son o ejercen de cuatreros;

Quienes llevan camisas con letreros
Que maldades de sí mismos profieren,
Mas echan una mano y no zahieren;
Y quienes viven bien de hurtar utreros;

Quienes dicen, de veras, que te miran,
Porque eres de silueta esbelta, Rosa,
Y tu belleza impar cantan y admiran;

Y quienes son expertos en la odiosa
Ilécebra, en halagos engañosos,
Que trenzan, porque en ella/os son mañosos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Los otros fuimos nosotros

LOS OTROS FUIMOS NOSOTROS

“L' enfer c' est les autres” (“El infierno son los otros”).

Jean-Paul Sartre, en “Huis Clos” (“A puerta cerrada”).

“(…) Casio tenía razón: ‘¡La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos (la frase, entre admiraciones, en “Julio César”, de William Shakespeare, tras una coma, continúa así: ‘que consentimos en ser inferiores!’)’. Buenas noches, y buena suerte”.

Edward R. Murrow, según el guion de la cinta “Buenas noches, y buena suerte”, dirigida por George Clooney y estrenada en 2005.

¿Por qué tú y yo consentimos
En mostrarnos inferiores
Aquí y allí en superiores?
¿Ambos lo mismo sentimos?
¿Que en los dos casos mentimos?
La culpa (urdiré en un credo)
No la tuvo aquel enredo
Que hubo entre el sol y el planeta,
Que acabó en una cuneta,
Sino nosotros, Alfredo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


A mi sobrina Raquel

A MI SOBRINA RAQUEL

A mi sobrina Raquel,
Que hoy, de noviembre veintiocho,
Cumple años, un buen bizcocho
Deseo que le haga aquel
Que, desde aquel anaquel,
La mira y admira helado,
Totalmente embelesado
De sus facciones faciales
Y otras prendas especiales,
De las que se ha enamorado.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Breve sátira moderna

BREVE SÁTIRA MODERNA

“No ignoro que la razón por la que, desde que el mundo es (in)mundo, la censura siempre la suelen leer unas/os para otras/os y otras/os para unas/os y ninguna/o para sí es la altivez/a, por otro nombre, soberbia”.

Eladio Golosinas, “Metaplasmo”

Cuando, en la grata compañía de dos de mis mejores amigos, Soledad y Silencio, me da por echar la vista atrás, quiero decir, leer libros de historia, y, empapado de los mismos, de tanta gloria (y/o de tanta escoria), por comparar la grandeza que vivió España en su mejor momento con el actual, corrupto, estomagante, grosero, grotesco y misérrimo estado a que ha llegado este Estado de derecho, más proclive al aborto que a seguir en estado de buena esperanza, consecuencia lógica de la desvergüenza a raudales de muchos, la incoherencia audaz, la ignorancia supina y la venalidad temeraria de tanto tonto, tanto mandamás desleal y tanto estadista escapista o estatuario, me brotan, a borbotones, tres amigos más, Enojo, Indignación y Lástima, que no logra esconder, aunque se tape la cara con ambas manos, la pareja de lagrimones que surcan sus mejillas, o sea, la pena.

Una vez ha sido descartado, por manifiestamente irónico, el ditirambo, el panegírico, ha quedado en pie la sátira. Ahora bien, el hacedor de la misma no será esta vez servidor, ya que, habiendo mediado un sinfín de solicitudes, he decidido cederle muy gustosamente los trastos de urdidor a un álter ego mío, Emilio González, “Metomentodo”, coñón o socarrón impar. Ergo, en esta ocasión, me limitaré, exclusivamente, a hacer las veces de amanuense o copista, porque don Emilio, desde que le operaron de cataratas, anda, según dice él unos días, medio ciego y/o, según otros, ciego entero (queda terminantemente prohibido ver aquí una crítica velada a su proverbial embriaguez). Así que, le ruego, encarecidamente, desocupado lector (ella o él) de estas líneas, que no la tome conmigo, porque me ceñiré a desempeñar mi rol, o sea, ser mera mano notarial de lo que salga por la mui de don Emilio. Si usted juzga que hay razón en lo que González trenza, el mérito será de “Metomentodo”; si, por el contrario, considera que no la hay, el demérito también será suyo; a él y solo a él le corresponderá.

“Cuando estés preparado, me das un toque en el hombro y empezamos.

“Aunque no faltará quien me llame necio por presentarme voluntario para limpiar de bóbilis, sin cobrar un solo euro, el albañal, el establo o la sentina que ha devenido, por culpa de una pésima hornada de políticos, sobre todo, el Estado, pues acaso me vea falto de reflejos, de conocimientos, de rigor y aun de vigor, le objetaré que he hecho fabricar para mí y para mi lazarillo sendos cincundantes escudos protectores para frenar los posibles capones (de ceniza) de cuantas/os se sientan ofendidas/os por mis líneas y sendas escafandras para sortear las miasmas, el hedor.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CVIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CVIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Lo que espero, en el caso que nos ocupa, es lo mismo que deseo, que el proceso sea limpio y que se imparta justicia. Y, si el juez o los magistrados (sean ellas o ellos) hallan en los fundamentos de hecho y de derecho de su sentencia a los imputados culpables, que cumplan la pena que se les imponga.

Ciertamente, visto el panorama desde fuera, los claroscuros (los puntos —y aun agujeros— negros —sin ánimo de parecer segregador ni racista, beneficien o perjudiquen a los encausados— superan en cantidad y calidad a los blancos) que se ciernen sobre el procedimiento, que no miento, son muchos, una legión.

Asimismo, lo que también espero y deseo es que, cuando tus progenitores (salúdalos en mi nombre y en el de mi madre) vuelvan a Cornago, tras haberos visitado, lo hagan orgullosos de vosotros, eternamente agradecidos por lo bien que tu sol, vuestro retoño y tú los habéis tratado.

Mientras escribías tu otro comentario (lo enviaste a las 21, 50 horas), aún no se había producido la catástrofe, el descalabro, la manita o el varapalo. Si hubieras demorado una hora la urdidura del mismo, hubieras podido acudir a la sonrojante y urente realidad del 1-5 para entender la profecía (¿acaso el poeta —en el caso que nos ocupa, mero aprendiz de ruiseñor— no es un profeta?) que encerraba o incluía, sin duda ni objeción, mi espinosa espinela. Esta es la parte en la que cabe hallar la broma.

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Yo soy "Nico", el impostor

YO SOY “NICO”, EL IMPOSTOR

(CONFESIÓN DE UN VEINTEAÑERO)

No tengo más que veinte años.
Como desde crío miento
Con todo el conocimiento,
Me he hecho un perito en engaños
Entre los propios, no extraños.

Soy un ducho en sinestesias,
Quien las muda en anestesias,
Y del CNI el agente
Que ha embelecado a más gente.
Nicolás Gómez Iglesias.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CVII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CVII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Bienhallada es la que has acertado en llamar “fórmula antiséptica”, que no puedo refutar, porque es meridianamente inobjetable.

La sarta de patrañas (que contiene, verbigracia, “El patrañuelo”, 1567, de Juan de Timoneda, llamado así, según una arana, que era prima —o— hermana de una de las mentiras contenida en otro pañuelo, porque era el que iba al timón, no al que le tocó el gobernalle por haber escogido la cara o la cruz de una moneda), la suma de las tales, puede gustar (te consta, que sobre gustos se escribió, escribe y escribirá mucho; ergo, se entiende la ironía de que “no hay nada escrito”) al que las lee o escucha mucho, infinitamente más que la verdad, pero no deja de ser lo que es, un rosario de embelecos. La verdad es la verdad, dígala quien la diga, el monarca o uno de sus arqueros.

Como eres un experto en mis urdiduras, es normal lo que acabo de comprobar o constatar, que te ha costado poco dar de lleno en el blanco o centro de la diana. Y ver en mi texto lo que convenía y/o había que ver, que Sol Doce, nombre y apellido supuestos de mi apócrifa esposa, se había metamorfoseado, por arte de birlibirloque, en la festiva y descontrolada noche de fin de año, que nunca he vivido en el kilómetro cero, la madrileña puerta de Sol, cornucopia de mil historias (entre las que no faltarán las que tengan que ver con cuernos).

Tengo para mí que, si has seguido la recomendación que te hice otrora de traducir una docena o decena de líneas durante varios días, habrás adquirido lo que consideraba conditio sine qua non para aprobar, la práctica necesaria para salir airoso del brete. La clave de una buena traducción estaba (y sigue estando y estará, mientras al mundo se le llame mundo), según te argumentaba entonces, en usar convenientemente, quiero decir, con cierta soltura, el diccionario.

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Tú decides: o dimisión o cese

TÚ DECIDES: O DIMISIÓN O CESE

Dilecto lector (ella o él):

Te propongo que imagines (ya sé que es mucho imaginar) y te hagas a la idea y des por hecho que eres o la ministra Ana Mato o el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid Javier Rodríguez (o, alternativamente, los días pares la una y los impares el otro). Y que yo soy, asimismo, de modo alterno, Mariano Rajoy e Ignacio González. Bueno, pues, puestas y aceptadas como reales las manifiestas irrealidades, tras el inexcusable saludo de rigor, te escribiría lo siguiente:

“Como sabes, errar es humano, y yo, al menos, no conozco a ninguna persona (sea ella o él) que esté exenta (hasta en el cerebro del genio —él o ella— cabe hallar un pequeño espacio —eso es lo que manifiestan y, además, poéticamente, ciertas expertas y determinados peritos en materia neurológica— al que llaman “ágora, centro o rincón de insensateces”), quiero decir, libre, de no cometer equivocaciones sin cuento; ahora bien, tengo para mí que, en el preciso instante en que empiece a justificar los deslices morrocotudos de alguna/o de mis allegados (deudo o amigo) comenzaré a envilecerme y a pervertirme, o sea, a ser, amén de injusto e insensato, corruptor y corrupto, o sea, venal, que no es pecado venial para quien funge de presidente (de Gobierno o Comunidad Autónoma; lo que convenga).

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Hazme caso y no te pases

HAZME CASO Y NO TE PASES

“—Mi mujer es mucho más joven que yo… Nos llevamos treinta años… No hay que casarse nunca con una mujer mucho más joven que uno… Nunca…

(…)

—Nunca funciona… No hay ni un ejemplo de que funcione… Que no se le olvide, amigo…”.

Patrick Modiano, en el capítulo VII de su novela “Rue des boutiques obscures” (“Calle de las tiendas oscuras”).

Si tienes más de cincuenta,
Hazme caso y no te pases,
Quiero decir, no te cases
Con Dido. Esto ten en cuenta
Y no habrá escena sangrienta.

Aunque le obsequies diamantes,
Por doquier verás amantes,
O sea, que te la pega;
Que no son falsos, de pega,
Tus cuernos, ya después, ya antes.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


A "Rita", que echo de menos

A “RITA”, QUE ECHO DE MENOS

“Es inútil volver sobre lo que ha sido y no es ya”.

Frédéric Chopin

“Los senos de la mujer son la única persistencia del hombre; los coge al nacer y ya no los suelta hasta morir de viejo”.

Enrique Jardiel Poncela

Hoy, viernes, de ella me acuerdo;
Y acaso jamás olvide
Lo que a mí no me divide;
Me multiplica el recuerdo
De quien volvió loco a un cuerdo.

Llegó puntual a la cita
La mujer que aún me excita
Cuando sus desnudos senos
Traigo a la mente. De menos
Echo a Margarita, “Rita”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Lo de Blasa? ¡Arana o guasa!

¿LO DE BLASA? ¡ARANA O GUASA!

Mi esposa, Sol, esta noche
No ha dormido en nuestra cama
Y a mí esa excepción me escama.
Se ha excusado con que anoche
No pudo arrancar el coche
Y a dormir se quedó en casa
De una compañera, Blasa.
He llamado a su trabajo
Y me han mandado al carajo
Dos: “¡Hasta el gorro!” y “¡Qué brasa!”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Medio hecha está la venganza

MEDIO HECHA ESTÁ LA VENGANZA

Otramotro no ha dormido
Con Sol, su esposa, en el lecho,
Que ha estado mirando al techo,
Sin el sueño haber cogido.
La razón que le ha aducido,
Que trabaja como un burro
Y tenía mucho curro,
A ella no le ha satisfecho.
El desquite está medio hecho
Por su faz, si bien discurro.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Jueves, 2 de abril

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