El Blog de Otramotro

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXXXIV)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXXXIV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

No creo que sea una muestra de altivez/a decir/escribir que la epístola centésima septuagésima octava que otrora urdí, a ti te dirigí (mas, como te consta, no en exclusividad) y he publicado hoy aquí, en nuestra bitácora, el blog de Otramotro, es interesante (“que interesa o es digna/o de interés”, según el DRAE), pues, en verdad, su lectura puede resultar interesante para ti, para mí, para un número indeterminado de interesantes Andreses y/o Teresas y para otras/os lectoras/es.

El latinajo mutatis mutandis (que, como sabes, en latín, significa cambiando lo que debe ser cambiado) no me lo quito de encima porque no es ni mi deseo ni mi intención hacer tal cosa; es una estupenda herramienta metafórica de trabajo, muy útil para este aprendiz de ruiseñor, adicto al tropo. Mira si es importante (y hasta me atreveré a agregar un adjetivo más, interesante) que tú mismo, al referir la nueva del buitre, que has leído en el diario, velis nolis, queriéndolo o sin querer, de grado o por fuerza, has venido a echar mano del dichoso y susodicho mutatis mutandis.

Ciertamente, hay mucho buitre suelto por ahí con el avieso y claro propósito de horadar/trepanar nuestro cráneo (y el de las/os catalanas/es, próximas/os a votar, ni te cuento) con cantos de sirena.

Aprovecho el hisopo y las lágrimas de humor con las que has asperjado tu comentario para darte cumplida respuesta.

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Apostillas al prólogo de la primera parte de "Don Quijote"

APOSTILLAS AL PRÓLOGO DE LA PRIMERA PARTE DE “DON QUIJOTE”

Cervantes, desde el prólogo de “Don Quijote”, empieza a sorprendernos gratamente a sus lectores con el uso magistral que hace de la ironía y su añagaza de los varios autores de su inmortal novela:

“Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?” (...) Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte casi con las lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres (...) y, así, puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calunien por el mal ni te premien por el bien que dijeres della.

(Cervantes, antes de arrancar o de echar a andar su obra, ya se pone a jugar con el lector en esa delgada o fina línea fronteriza que separa las burlas de las veras y viene a decirle —con la boca pequeña— que ambicionaba lograr algo que, al fin o a la postre, —no— ha conseguido. Tengo para mí que no ha podido borrar del todo el ápice o la pizca evidente, al menos, de falsa modestia, sin duda, que cabe hallar en esa flor de inconcusa fragancia que se echa y hay tras “lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno”. En el prólogo ya nos advierte Cervantes de las diversas autorías de “Don Quijote”, al señalar su mera condición de padrastro.)

“Solo quisiera dártela monda y desnuda, sin el ornato de prólogo, ni de la inumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé decir que, aunque me costó algún trabajo componerla, ninguno tuve por mayor que hacer esta prefación que vas leyendo. Muchas veces tomé la pluma para escribille, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y estando una suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría, entró a deshora un amigo mío, gracioso y bien entendido, el cual, viéndome tan imaginativo, me preguntó la causa, y, no encubriéndosela yo, le dije que pensaba en el prólogo que había de hacer a la historia de don Quijote, y que me tenía de suerte que ni quería hacerle, ni menos sacar a luz las hazañas de tan noble caballero.

(Ese juego de espejos o hábil manejo de la ironía que es el prefacio continúa al comentar Cervantes su deseo e intención de que su obra no tuviera prólogo ni sonetos laudatorios, pero porta el uno y lleva los otros. Estando un día absorto, sin gravitar o merodear sobre su caletre el estro que le brinde y procure la necesaria inspiración, repentiza en un pispás la solución a su problema al imaginar que llega un amigo mago a su casa que le da la clave para escribir el prólogo que nosotros, sus lectores, estamos ahora, por arte de birlibirloque, leyendo.)

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¿Qué no he hallado en otra parte?

¿QUÉ NO HE HALLADO EN OTRA PARTE?

Cervantes no fue Quevedo,
Ni el fénix Lope de Vega,
Pero fue mi alfa y omega,
Principio y fin de estar ledo.
Con su “Quijote” me quedo;
Primera y segunda parte,
Pues no he encontrado tanto arte,
Ni tantos de vista puntos,
Tan distintos y tan juntos,
Como en él en otra parte.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXXX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXXX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Acabo de bajar de Cornago, donde he vuelto a ser dichoso con la grata compañía, conversación y roce o trato de amigas/os, deudos y conocidas/os. Ayer, poco después de llegar a la villa que nos iman(t)a, que tanto tira de ambos, saludé a dos parientes cercanos tuyos, I. y J. Esta mañana, apenas unos minutos antes de que dieran las once y media y de subir las escaleras que dan acceso a la iglesia parroquial de san Pedro, he tenido la oportunidad de besar (en) las mejillas y saludar (en la subsiguiente celebración eucarística, que ha tenido lugar en la capilla de la patrona cornaguesa, la Virgen de la Soledad, he ocupado el lado derecho que había a la vera tu señera y señora madre) a la autora de tus días, B.

Como tienes razón (no te falta, no) en las matizaciones u objeciones que formulas o pones al lema de marras, que devendrán en perversiones del mismo, sí, sin duda, nada (aña)diré o, acaso, sí, esta sola voz: amén.

Me niego en redondo (mas no de ternera ni de otra res) a caer en la tentación que me pones delante de los ojos. No me animo, no, porque no me pone, ni mucho, ni poco ni nada (de nada). Mi sitio está en otros lugares, los que sean (pero eso, sí, haciendo lo que me peta, trenzando urdiduras o “urdiblandas”). En ese infierno que me propones que se bañen otras/os candidatas/os o aspirantes (que piensen, si hacemos caso al grueso de los casos perversos, que son los que trascienden, antes en ellas/os que en las/os demás y estén más dispuestas/os a servirse del cargo que a servir a las/os otras/os).

Todos los seres humanos, todos, sin excepción, mentimos y quien ose refutar o negar esta verdad (como un templo) se acogerá o hallará amparo en la citada tesis, porque habrá mentido como un bellaco. Ahora bien, conviene no confundir ni confundirse, porque no es lo mismo mentir por cortesía que mentir por hipocresía.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXXIX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXXIX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Más de una vez, jugando con las palabras, he escrito de modo diverso, ora en prosa, ora en verso, que el gesto, si es malo, es una resta, deviene indigesto; y, si es bueno, es una suma, una suma gesta, una suprema proeza. Ciertamente, el papa Francisco, con su aleccionador proceder, a la altura de las circunstancias y de los tiempos, está haciendo acopio de un haz de hazañas. Abundo y/o coincido contigo en el mismo anhelo. Dios quiera que Francisco nos siga sorprendiendo para bien.

Lo de Artur Mas no es más que una mascarada (farsa, enredo o trampa para amañar o engañar) que puede salir más cara de lo pensado. Mas me tiene harto; estoy de él (por los bajones anímicos que a tantos provoca) hasta (más o menos, la altura a la que me quedan ahora) los mismos cajones.

Al final (deseo y espero que te alegres sobremanera al conocer la buena nueva que te comunico a continuación), aunque me quede fatal, he resuelto ponerme el disfraz de astrólogo (insisto e itero, de astrólogo, no de astrónomo). Al parecer, la conjunción o el alineamiento, que no miento, de algunos astros del firmamento harán posible lo que para mí tenía, si no por imposible, por poco probable; y, así, desde la tarde del sábado a la sobremesa del domingo, Deo volente, Dios mediante, podré disfrutar de algunas horas de esparcimiento donde ayer estuviste tú, en el pueblo que ambos llevamos (¿te apuestas algo a que lo lees y no te extrañas?) en nuestras entretelas o entrañas, en Cornago.

Has hecho bien, lo correcto, al enmendar lo errado. Puedes darte por satisfecho.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXXIV)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXXIV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

La otredad es algo que persigue el autor (de novelas, cuentos, tragedias, comedias, poemas,...), se apellide Cervantes, padre de Sancho Panza, don Quijote y Dulcinea del Toboso, o Pérez, o Sáez, o Avellaneda. El altruismo, empero, tiene que ver con la empatía, de quien es su renuevo o retoño.

Solo quien consigue conocer a los demás y conocerse a sí mismo y ser él mismo (ella misma), de manera auténtica, logra desdoblarse y ser otro/a/s, las/os otras/os, que lo/a completa/n y/o complementa/n.

El próximo sábado, 29 de septiembre de 2015, hay concierto donde sabes, en el cíber-café “Praga” (ergo, no podré contestar tus escolios hasta el día siguiente, según lo acostumbrado, siempre que no haya inconveniente). Están ensayando en estos precisos instantes, mientras estoy dando cumplida respuesta a tus líneas. No lo hacen mal.

La tuya es otra forma distinta (igualmente válida) de ver el tema, otra perspectiva sobre el mismo asunto en cuestión. Mi amigo Evaristo, que es, al alimón, buido y listo, me suele decir que el amor es un bien perecedero. Lo viene demostrando un día sí y otro también el divorcio, que no cesa, como el rayo de don Miguel Hernández. Ya ves, son legión las/os que dijeron que nunca, jamás, beberían agua de uno de los ocho caños de la fuente del divorcio y hay quienes se han amorrado dos y hasta más veces.

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Yo era "Uge", al que camelabas

YO ERA “UGE”, AL QUE CAMELABAS

Hoy la confianza se basa
En la tenencia de pruebas.
Si no las tienes, no apruebas.
El menda solo se casa
Si la otra el examen pasa.

Ayer conectada estabas.
Mientras a otro contestabas,
A mí no me respondiste.
¿Qué por qué a mí me perdiste?
Yo era “Uge”, al que camelabas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXXII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXXII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Yo tampoco tengo mucha idea sobre Edmundo (ni sobre su hermano Julio) Goncourt; no colijas que soy un entendido en el autor francés, porque, en ese caso, tu deducción sería errónea, espuria, falsa.

No hay doctor/a (hasta honoris causa) en arte, en ciencia, o en el ámbito o la materia que sea que no haya dicho alguna vez o no vaya a decir hoy o mañana una tontería (en una montería, en una portería, en una tintorería o en donde sea). Es un ser humano y en tanto persona no está libre de desbarrar y aun de soltar una necedad tras otra.

Supongo que no esperabas la explicación (entre original y extravagante) y eso hizo que prestaras atención y te interesaras aún más por la misma.

Lo bello puedes hallarlo en lo expuesto, pintado o esculpido, pero también, sin duda, en la persona rubia o morena que contempla (entre atónita e indignada), como tú acaso, lo señalado arriba.

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Adenda a "En Podemos mando yo"

ADENDA A “EN PODEMOS MANDO YO”

A Sergio Pascual, que, al parecer, como otrora le ocurrió a Julio César, no se cuidó (como y cuanto debía) anteayer de los idus de marzo, Pablo Iglesias le cortó su cabeza política, lo cesó del cargo que fungía y ostentaba hasta entonces dentro del partido morado, secretario de Organización de Podemos, cuando apenas faltaban unos minutos para que acabara el martes pasado, 15 del susodicho y corriente mes.

Bueno, pues, acaso convenga rememorar lo que le dice, tras irse a cagar (ese es tal cual el verbo que usa en la película) el jefe de campaña del gobernador Mike Morris, Paul Zara (Philip Seymour Hoffman), la periodista Ida Horowicz (Marisa Tomei) al joven consejero de campaña y jefe de prensa del citado candidato, Stephen Meyers (Ryan Gosling), según el guion de la cinta “Los idus de marzo” (adaptación cinematográfica de la obra teatral que lleva el título de “Farragut North”, de Beau Willimon), escrita y dirigida por George Clooney en 2011:

“—¿O qué? ¿Qué? ¿El mundo se desmoronará? No cambiará nada. Ni lo más mínimo, en la vida diaria de los desgraciados que se levantan cada mañana, trabajan, comen, duermen y vuelven a trabajar. Si al final gana tu chico, te darán trabajo en la Casa Blanca. Si pierde, volverás a la consultoría de la calle K, en Farragut North. Y ya lo sabías antes de que se te pusiera la carne de gallina con tu amiguito. Mike Morris es un político. Es un tío agradable. Todos lo son. Pero te decepcionará. Tarde o temprano”.

Está visto que el político (en tanto que representante político, porque no lo conozco ni he tenido el gusto ni el disgusto de haberlo tratado nunca ni como persona ni como profesor) Pablo Iglesias a mí, al menos, por los muchos prejuicios ideológicos (que he advertido, tras haberlos barruntado) que su persona(lidad) acarrea(ba), me decepcionó pronto, hace mucho tiempo.

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En Podemos mando yo

EN PODEMOS MANDO YO

(QUE SUBO Y BAJO EL YOYÓ)

“(...) En Podemos no hay ni deberá haber corrientes ni facciones que compitan por el control de los aparatos y los recursos; pues eso nos convertiría en aquello que hemos combatido siempre: un partido más. Debemos seguir siendo una marea de voces plurales, donde se discute y debate de todo, pero sabiendo que la organización y sus órganos son instrumentos para cambiar las cosas, no campos de batalla (...)”.

Defender la belleza, carta de Pablo Iglesias a los círculos y a la militancia de Podemos

En román paladino, o, si lo prefieres, a la pata la llana, ¿no te recuerdan, desocupado lector (seas ella o él), el tono de las palabras arriba entrecomilladas el espíritu de las dicciones que pronunció otrora quien fue durante muchos años vicesecretario general del PSOE y vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, para que quedara claro, cristalino, que la disciplina de partido estaba por encina de todo: “El que se mueve/a no sale en la foto”? ¿El comportamiento de Pablo Iglesias, cargándose por la vía rápida, en un santiamén, o defenestrando de un plumazo a Sergio Pascual, el secretario de Organización de Podemos, no te recuerda, mutatis mutandis, cambiando lo que debe ser cambiado, lo que ha acaecido con otros mandamases y otros destituidos de otros partidos? ¿Ha visto Pablo Iglesias, además de la serie “Juego de tronos”, la película “Amanece, que no es poco”, escrita y dirigida por José Luis Cuerda en 1988? Parece que sí y haber asumido el papel del alcalde de tan absurdo lugar. Ya que, mientras que los demás en Podemos son contingentes o contingente, a secas, en singular, o sea, pueblo, gente (voz que tanto le gusta usar a él), él, amén de infalible, como el Papa, es necesario. ¿“Marea de voces plurales”? ¿Para qué? ¿Para hablar exclusivamente del tiempo que hace, asunto proverbial de ascensor, o de fútbol, o de “En la tuya o en la mía”, o de lo que acaece en otros partidos políticos, porque de la organización y los órganos de Podemos, asunto intocable, intratable, visto lo visto, por si las moscas, no conviene decir ni pío? Además de defender la belleza o hermosura de los casos y las cosas que admira en Podemos, acaso le convendría a Pablo Iglesias seguir la enseñanza de la natura(leza) y, ya que tiene dos oídos y una sola mui, antes de actuar, de hacer o de deshacer a su antojo, escuchar el doble de lo que habla. Y, siguiendo con las gotas de ironía o sarcasmo con las que he asperjado el presente remoquete, para coronar mi escolio al parágrafo de Pablo Iglesias, echaré mano de los diez versos que conforman la siguiente décima espinela:

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXXI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXXI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Lamento, de veras, como hago habitualmente, la muerte de todo ser humano. Ahora bien, como esta tarde he hablado por teléfono con mi primo Nicolás a propósito de Miguel Ruiz Pérez y me he enterado (me ha comentado) de los lazos que había entre el finado y mi prima Pili (que ha bajado desde el pueblo más elegante de La Rioja a Calahorra a darles el pésame a los deudos y amigos del occiso) aún lo he sentido más. He visto las imágenes del percance en los periódicos forales y en los espacios de información navarros y el óbito se debió a una fatalidad.

Te alabo el gusto. Has hecho bien (lo justo, verdadero y bello) al elegir, entre los dos nombres propuestos, Abel y Fidel, el del estagirita y una de sus frases imperecederas en torno al enfado.

Reconozco, sin ambages, que es la primera vez que he leído (he consultado en el DRAE su significado, camaradería) el vocablo “convivialidad”.

Acaso te convendría ser una pizca más de optimista (ojalá no eches en saco roto este consejo).

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De Zenón es la aporía

DE ZENÓN ES LA APORÍA

Si navega a todo trapo
Quien avanza a toda vela
Donde no hay mar, en Tudela,
Aunque a escape salgo o escapo,
No le echo mano, no atrapo.

Quien haya leído el cuento
De Zenón (a quien frecuento)
De Aquiles y la tortuga,
Que lo precedió en la fuga,
Sabrá en qué me fundamento.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Sábado, 30 de julio

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