El Blog de Otramotro

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Y tan menuda, pues, lamento defraudarte, solo le ha dado a servidor (acaso con escaso arte) para un cuento de tres folios que, una vez corregido y pulido (mientras el menda andaba haciendo tales labores, aunque pareciera a primera y simple vista que no, te confirmo o ratifico que también gravitaba sobre su caletre o pesquis, ejerciendo su influencia, la inspiración), ya está terminado y lleva el título definitivo de “Sólidos indicios”.

Lo importante para mí no eran las etimologías de los tres nombres femeninos tomados por separado, no, sino en su conjunto, conformando la palabra can, perro (y, además, sabueso; porque “Metomentodo” ha venido a comportarse en el cuento como un tal, según la segunda entrada que de tal vocablo da el DRAE: “persona que sabe indagar, descubrir o averiguar los hechos”). Seguramente ha tenido mucho que ver en ello el hecho incontrovertible de que he visto y escuchado la película “El nombre de la rosa”, dirigida por Jean-Jacques Annaud en 1986, varias veces durante los últimos diez días. He advertido en “Metomentodo” a un alumno o discípulo aventajado de Guillermo de Baskerville, quiero decir, del personaje de Sherlock Holmes en “El perro de los Baskerville”, la tercera novela de Arthur Conan Doyle en la que aparece como protagonista principal su arquetípico, buido, cerebral y deductivo investigador.

Si no decido otra cosa, que puede, si hay o hallo razones para ello, el cuento verá la luz aquí el año que viene.

Sigue asperjando tus comentarios con ese hisopo que empapas en tu alegre, festivo y de buen humor acetre, que yo continuaré haciendo lo propio con mi asperges.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Si te encantaron (y encantan) esas cinco líneas, espera a leer las que le acompañan. Me comprometo a hacer todo lo que esté en mi mente y en mis manos para que, cuando las leas entre ellas, te encanten tanto como te encantaron y, si no hay inconveniente, tras llevar a cabo todas las acciones pertinentes que están o quedan a mi alcance y, por lo tanto, posibles, hasta más. Así que, sin dilapidar más tiempo, me pongo a ello en un santiamén, para procurar que ocurra pronto, a la mayor brevedad, lo que acabo de anticiparte con un ápice o pizca de arte, si no en toda su extensión, en buena parte.

En lo tocante al día de mi alumbramiento, que no miento si firmo como Eladio, pero embeleco clara y clamorosamente si rubrico como Otramotro, he logrado trenzar los siguientes renglones torcidos (acaso no venga mal apuntar —eso sí, sin disparar ni bala ni flecha— ni apuntalar o sostener que, al elegir esa fecha para mi nacimiento, le hago un claro guiño, rebosante de gratitud y cariño, a mi piadoso y difunto padre, Eusebio, que, si existe el cielo, por allí andará, seguro, sin duda, pues él sí vino al mundo el 24 de febrero, pero de 1933):

Mi amigo Emilio, que me pasa nueve años y cinco días justos (él nació el 19 de febrero de 1950 y tiene, por tanto, sesenta y seis años; yo fui alumbrado el 24 del mismo mes de 1959, así que cincuenta y siete estíos es mi edad), nunca me ha querido responder a dos preguntas, que le he formulado de mil modos distintos, de todas las maneras posibles que Dios me ha dado a entender: quién le puso y por qué el mote de “Metomentodo”. Porque lo cierto es que, desde que lo conozco, no le he visto que jamás se haya comportado como un metete, entrometido o entremetido, esto es, que se haya metido en camisa de once varas, en definitiva, que se haya inmiscuido en lo que no le iba ni le venía a cuento, en lo que no le incumbía ni le importaba. Quizá la razón esté en una cita de Confucio que yo me aprendí (me consta que no es del todo literal) así: “Quien comete un error y no lo corrige comete otro aún mayor”; o, en su defecto, como le gusta insistir e iterar a él, tal vez estribe en una frase suya que, de alguna forma viene a completar y/o complementar a la anterior, que “los errores que cometemos no son más que lecciones que debemos aprender y poner cuanto antes en práctica”.

En lo que tiene que ver con el lugar en que mi madre me dio a luz, Turruncún, he urdido el párrafo que sigue y, si te peta, puedes leer a continuación:

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCCI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCCI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Aunque del amor y del humor, estupenda pareja de baile o, mejor, de toreo, al alimón, ambos comentemos aquí asiduamente y sobremanera, siempre podremos decir algo nuevo, nunca antes aducido por el uno o por el otro.

En mi modesta opinión (acepto discrepancias —solo suelo ser intransigente con quien no transige—, disentimientos, siempre que medie argumento o razonamiento, que no miento, al respecto), una de las creaciones artísticas (la novela y la película homónima basada en ella) que mejor trata o versa sobre el tándem susodicho es “El nombre de la rosa”, que lleva la firma de Umberto Eco (el libro) y de Jean-Jacques Annaud (la cinta cinematográfica). Desde que leí la ficción, el segundo libro (sobre la comedia y el humor) de la “Poética” aristotélica, aborrecido por el venerable (que, conforme van transcurriendo las obras, va dejando de serlo, deviniendo, sin remedio o solución, en detestable) Jorge de Burgos (rol que borda Feodor Chaliapin Jr.), se me hizo muy dilecto. Tras comentar con brevedad maestro (Guillermo de Baskerville, personaje interpretado inmejorablemente por Sean Connery) y discípulo (Adso de Melk, papel que ejecuta con arte y primor Christian Slater) el apaño, la relación (había escrito felación, pero la misma es, claramente, un yerro imputable a mi índice izquierdo, porque ni en la novela ni en la película se menciona o es explícita la tal) amorosa circunstancial e irregular habida entre el último y la joven (Valentina Vargas), el lógico fraile franciscano concluye lo oportuno: “Qué pacífica sería la vida sin amor, Adso. Qué segura. Qué tranquila. Y qué insulsa”.

Bienvenido, por venir a cuento, tu calambur. Ciertamente, todo parece indicar, mira por dónde, que la excesiva afición de Mario Conde al dinero (primero, a esconderlo; y, luego, a blanquearlo) iba a ser objeto de más imágenes y páginas en los mass media que lo iban a abaldonar aún más. Quienes le concedieron el doctorado Honoris Causa deben estar tirándose de los pelos (algunos, además, de pedos) por cagarla, pues el borrón ya no tiene solución.

No me extrañaría nada (de nada) que, conociendo (como conozco, un poco) cómo son las opiniones pública y publicada de la piel de toro puesta a secar, Mario Conde viniese pronto a ser el nombre y el apellido que, por antonomasia, se usaran proverbialmente para dar cuenta del listo que se pasó de listo o del inteligente que demostró su diligencia en tener más de un comportamiento corrupto.

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"No hay más vida eterna que esta"

“NO HAY MÁS VIDA ETERNA QUE ESTA”

—¿Crees que la vida eterna
Es verdad cierta, Otramotro?
—Yo creo en la tierna de otro
Y duermo a tendida pierna.
—¿Cuál es esa verdad tierna?
—Tal vez la admita hoy tu testa:
“No hay más vida eterna que esta”,
Verdad que adujo Manuel,
Sin querer ser duro o cruel,
A Lázaro. Fue una gesta.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Manuel Bueno, santo y mártir

MANUEL BUENO, SANTO Y MÁRTIR

—Hoy ha venido a Valverde
Para hacerme una entrevista,
Que saldrá en una revista,
Quien marrará si se pierde
Y me ruega que lo enmierde.
—A Manuel, que es la caraba,
No desluce o menoscaba
Quien con mala intención viene.
La de Ángela no conviene
Tocar moral ni su aldaba.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCIX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCIX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Como otras veces te he argumentado, escribo muchos de mis textos con tanta antelación (sobre su fecha de publicación aquí, en mi bitácora) que, por razones obvias, a pesar de que gozo de una memoria excelente, he olvidado cuál fue el motivo preciso, concreto, exacto, que provocó su urdidura.

Hoy, verbigracia, podría aducirte que escribí la décima cuando el pasado Viernes Santo vi cómo escoltaban y llevaban del brazo (cada una de uno) Marimar y Anabel, las dos hijas pequeñas de Patrocinio, que viven enfrente, a esta, su progenitora. Porque esa es la última vez que he visto a las dos hermanas (no nos hemos desplazado en un pispás a la provincia de Sevilla, no, sino que seguimos estando en la de Navarra) juntas, si no marro. Si así lo hiciera, te estaría embelecando como un bellaco o bribón. Porque lo cierto es que la décima fue trenzada por el menda muchos días, semanas y hasta varios meses antes de esa fecha.

Quizá acaeció que vi a ambas tender ropa en los alambres o las cuerdas exteriores de sus tendederos mientras yo hacía lo propio dentro del balcón del cuarto de estar, donde suelo extender las sábanas recién salidas de la lavadora, medio mojadas o semisecas, para que se sequen del todo. Tal vez. No es seguro.

Como creo que arriba ha quedado claro, Marimar y Anabel existen, pero acaso yo haya hecho lo que tú dices con ellas, vapores literarios. Ya sabes que el poeta (servidor no llega más que a aprendiz de ruiseñor), desde que así lo sentenciara esa constelación de heterónimos que fue Fernando Pessoa, es un fingidor.

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¿Cuánto le llega a caber?

¿CUÁNTO LE LLEGA A CABER?

Desatado quiero estar,
Pero no desasistido.
Yo jamás me he resistido
A ir a mi cuarto de estar
A vivir el bienestar
Que me da escuchar y ver
A un docto háber que, a saber,
Mientras bebe excelso vino,
Tanto cual rabí o rabino
Sabe o le llega a caber.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Qué hoy mucho me ha emocionado?

¿QUÉ HOY MUCHO ME HA EMOCIONADO?

Una núbil me ha dejado,
Cuando esperaba en la cola
Mi turno (una Coca-Cola
Me había solicitado
Jesús y Luis un cortado),
Eufórico y admirado,
Porque Esther le ha recitado
Dos poemas de corrido
Míos a quien se ha corrido,
Su novio, y me ha emocionado.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCVII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCVII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Por teléfono y muy por encima, de manera somera, te comenté el quid que provocó que servidor trenzara la urdidura que brevemente escolias, que, por lo que refieres (en lo tocante a su contenido y a su continente, acaso tengas razón y sea como afirmas), se te hizo dura de leer.

Puedes ver en el presente escrito una amplificación o versión en prosa del poema que lo precedió o el tercer texto de mi crítica sobre ese nuevo partido emergente, Podemos, que, por lo que vengo observando y constatando, conforme trascurre el tiempo, viene incurriendo (y algunos, entre los que el menda se cuenta o suma, sonriendo irónicamente) en los mismos viejos vicios que antes cometieron otros mandamases o “mandamales” de otras formaciones políticas.

Lamento, de veras, la caída y el morrocotudo golpe que tuvo que darse ayer tu suegro para el pormenorizado parte médico (de baja) del que hace un rato nos has dado cumplida cuenta. Si basta con leerlo para sentir dolor, cuánto debió sentir el pobre tras acaecer el tamaño e inopinado golpetazo contra el suelo.

Huelga decir que es mi deseo que los médicos (ellas y/o ellos) hayan hecho lo mejor posible su trabajo y sigan por esa misma senda y, asimismo, que es mi esperanza que las enfermeras (incluyo aquí a los varones, en el supuesto de que los haya) que cuidan de sus maltrechos huesos lo hagan como si fueran los de sus propios y tullidos progenitores.

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Aquí ene internas estudian

AQUÍ ENE INTERNAS ESTUDIAN

Por fin, me siento integrada
En esta aldea cerrada
Donde odio andar encerrada.
Hoy ya no estoy intrigada,
Sino al estudio entregada.

Llamo a esto con irrisión
Como me peta: presión,
Cáncer, donde el trueno truena
O donde cumplo condena
Por de drogas posesión.

Edurne Gotor, "Metonimia"

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Se le cayó a un mago un vaso

SE LE CAYÓ A UN MAGO UN VASO

—Se le cayó a un mago al suelo
Un vaso de cristal fino
Y allí finó su destino.
Intentó cogerlo al vuelo.
Marró. Pero halló consuelo.
—¿Otro vaso el tal compró
O alguien se lo regaló?
—Logró barrer los pedazos.
Los embolsó, hizo dos lazos.
Y el vaso reapareció.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCVI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCVI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Cierto y aun certísimo. Así es. Ahora bien, mal andamos si solo en Semana Santa nos brotan o tenemos buenos sentimientos hacia las/os demás; mal andamos si quienes nos hacen la vida un poco más fácil (o un poco más difícil, porque nos incitan a calzarnos sus embarrados zapatos, a ponernos en su misma piel o lugar) no merecen a diario nuestras muestras de conmiseración, empatía y respeto, acompañadas de algún comentario humanitario y hasta de alguna casta carantoña.

Haces bien en ver y en verter esa crítica. Porque está claro (no sé si lo está para todo el clero) que una Iglesia rica en un mundo pobre es un morrocotudo sinsentido. Acaso convenga recordar “Las sandalias del pescador”, la novela escrita por Morris West en 1963 y la cinta que se fundamenta en ella, filmada en 1968 por Michael Anderson, en la que Kiril Lakota, obispo ucraniano que interpreta en la pantalla Anthony Quinn, es elegido Papa con el nombre de Cirilo I. El día de su coronación, el sumo pontífice, tras desprenderse de la tiara papal, en un acto de sincera humildad, se dirige a la multitud que abarrota la romana Plaza de San Pedro, comunicando a la ciudad y al mundo, urbi et orbi, su decisión de que todos los bienes materiales de la Iglesia católica van a ser enajenados para intentar paliar la hambruna que sufre el pueblo chino. Su sabia resolución recibe parabienes por doquier.

Son muchas/os las/os que ignoran cuánto mal hacen a sus congéneres con su pasotismo, sin querer, y pocas/os las/os que buscan ponerle pronto remedio.

Creo que me lees desde hace mucho tiempo, antes incluso de lo que pensaba. Porque lo que cuentas ocurrió tal cual, sin refutación, y de eso hace la tira de años.

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Martes, 28 de marzo

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