El Blog de Otramotro

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CXXVI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXXVI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Cuánta guasa (intuyo —aunque tengo para mí que, según el DRAE, el vocablo se contradice en sus dos primeras acepciones: “chanza, burla”, por un lado, y “falta de gracia”, por otro—, sospecho) contiene el primero de los párrafos de tu comentario (cuánta vaya has vertido en él y cuánto te has divertido tú y quien ha leído el susodicho), quiero decir, que no te ha faltado/sobrado zumba al llamar a las inexistentes (por ser personajes literarios, ficticios) Sol y Blasa pájaras (mujeres astutas, sagaces y cautelosas).

Has entendido estupendamente el final. Como aduces en primer lugar, el esposo o protagonista del sueño ha llamado dos veces al trabajo y el/la primer/a interlocutor/a le ha espetado “¡Hasta el gorro!” y el/la segundo/a interlocutor/a “¡Qué brasa!”.

Como sabes, yo siempre duermo solo. Pocas veces lo he hecho acompañado (de un libro —al quedarme dormido mientras lo leía— o una revista).

Ciertamente, me siento el triángulo o trípode que apuntas, riojano-navarro-maño (por ascendencia, nacimiento —que no miento— y actual residencia, y lugar donde cursé el B.U.P. y el C.O.U —creo que fue Max Aub quien dijo y quizás hasta dejó escrito que “uno es de donde estudia el bachillerato”—). Ergo, el adjetivo que no aparece, “riojano”, completa y complementa el binomio indicado. Espero que este breve apunte atenúe o mitigue el dolor que experimentaste al advertir la omisión de tan querido como mentado (por ambos) y documentado vocablo, “riojano”.

Si no se hace lo que refieres como remedio o solución, retirar la manzana podrida, puede acaecer que, a la postre, acabe pudriéndose hasta el propio cesto.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CXXV)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXXV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Como lo principal o precipuo debe ir en vanguardia, al comienzo o delante, ahí van mis gracias por tus muestras de cariño y duelo, ante el fallecimiento de mi tío José, cuyo funeral celebraremos, Deo volente, mañana en el zaragozano cementerio de Torrero.

Respecto de la décima que comentas, habrá que partir de la idea de que se trata de una ficción (o un sueño, o una metamorfosis, o,..., como en los susodichos sitios fue archivada). Otramotro, como sabes, servidor, está casado con la literatura, a quien llama de ene o mil maneras; en la espinela que nos atañe, por hacerle un guiño o seña a la esposa de un amigo dilecto, usó la gracia de Sol.

Otramotro, que, al parecer, por arte de birlibirloque, se transformó en el filamento de la bombilla de la lámpara del techo de la habitación donde cabe hallar en su casa la cama conyugal, fue escogido espectador o testigo presencial de lo que aconteció cierta noche en su tálamo. Sol, su esposa, que no se había creído la patraña que le había contado su marido, de que se había quedado a dormir en la oficina para aprovechar el tiempo y hacer el inexcusable inventario de todos los meses, por la cara o faz que puso (y el filamento, único testigo del hecho, vio todo lo ocurrido en el lecho desde el techo), tras darle varias vueltas al asunto, ya había ideado la manera de desquitarse y con quién.

Yo no veo la ambigüedad que aduces por ningún lado. Pero tú y yo no somos la misma persona, aunque haya quien así lo crea y me lo haya hecho saber. Ha estado mirando al techo ella. La razón (para él, pero sinrazón, para ella) la adujo él, Otramotro. La engañada (así se ha sentido ella, al menos), ha proyectado, a su vez, otro engaño. La faz es de ella, por su puesto, que es la única que ha estado tumbada, mas no ha dormido (porque no ha pegado ojo) en el lecho conyugal.

Por lo arriba indicado, no voy (no tengo el cuerpo —o el ánimo, si lo prefieres— más adecuado o apropiado) a ir a ver esta noche a Moncho Borrajo al teatro Gaztambide. Otra vez será.

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La verdad siempre bien viene

LA VERDAD SIEMPRE BIEN VIENE

“Esta es la ordinaria carcoma de las cosas: la mayor satisfacción pierde por cotidiana y los hartazgos de ella enfadan la estimación, empalagan el aprecio”.

Baltasar Gracián y Morales

“Quien tiene un amigo tiene
Un tesoro” dice el dicho.
Hoy juzgo que el susodicho
La verdad a airear viene
Que inspirar siempre conviene.

Arribé ayer a El Dorado;
Me llevé un chasco dorado.
Porque basta que algo cunda
(Por doquier el oro abunda)
Para ser mal ponderado.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


A cuatro patas, cual chucho

A CUATRO PATAS, CUAL CHUCHO

(TU POSTURA FAVORITA)

Hoy, festividad de los Santos Inocentes, dedico este donaire o divertimento inofestivo (aunque no faltará quien opine que se trata de una jocosidad procaz) a mis dilectos amigos Luis Quirico Calvo Iriarte, Luis de Pablo Jiménez y Jesús Miguel Pascual Irazola, a quienes hacía bastante tiempo que no veía y anteayer, gentilemente, me hicieron una visita. Con ellos, compartiendo risas, recuerdos, conversación y abrazos, volví a pasar un rato estupendo.

Sé que a ti te peta mucho
(¡Me cuenta tanto tu esposa!)
Meter y sacar tu cosa
De la que semeja un chucho
Y achuchar su chocho, “Lucho”.

A ti te apetece mucho,
Después de bailar la conga,
Que, en casa, como un can ponga,
A cuatro patas, cual chucho,
Y tú entres y salgas, “Lucho”.

Para mí no hay objeción.
Es tu fuente de fruición,
Tu postura favorita,
La que más te pone o excita.
No cabe refutación.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Lengua de Dios o del diablo

LENGUA DE DIOS O DEL DIABLO

Ayer, de la capital,
Gasteiz-Vitoria, arribó
La familia Ruiz-Ribó.
El padre un puesto vital
Ejerce en Caja Vital.

El hijo (se llama Pablo)
Me preguntó en qué lengua hablo
Al Supremo Hacedor, Dios.
Le contesté: “En la de Dios,
El euskera, o en la del diablo”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CXIV)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXIV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

La décima la escribí después (no quiero decir, claro está, inmediatamente después, o sea, apenas transcurridos unos pocos minutos) de ver la estupenda (por, a pesar de los excesos y/o los defectos de la misma, plurales, los posibles o probables visos de realidad que uno advierte en ella) película “Los idus de marzo”, dirigida en 2011 por George Clooney e interpretada en sus principales papeles por el susodicho, Ryan Gosling, Philip Seymour Hoffman, Paul Giamatti y Marisa Tomei. Grosso modo, la cinta nos viene a decir lo que, poco más o menos, ya sabíamos, que la política hace extraños compañeros de cama a cuantas/os se acercan a los aledaños (y no digamos a quienes acceden al mismo centro) de esa sentina o ruedo estomagante que, a veces, sí, a veces, no siempre, es la política.

En un momento del filme, Stephen Meyers, personaje que interpreta Ryan Gosling, les comenta a sus compañeros, miembros de su mismo equipo, el del gobernador demócrata de Pensilvania Mike Morris (George Clooney), que poco le importa si el rumor o la noticia de que el senador Pullman, su oponente o contrincante, tiene minas de diamantes en Liberia se ha sacado de un blog, en definitiva, si es verdad o mentira. Si es verdad, es un notición para ellos, un punto o tanto a su favor. Pero, si es mentira, el interesado o algún miembro de su equipo estará dando explicaciones a varios medios de comunicación, a fin de negar el hecho. Según Gosling, la nueva, sea esta verdad o mentira, siempre beneficiará al candidato que ellos apoyan, Mike Morris. Ellos siempre saldrán ganando.

Con la urdidura de mi espinela pretendía poner el foco en o señalar un hecho inconcreto, sin precisar, a saber: que, a veces, una mentira es más creíble (por más verosímil) que una verdad. Ignoro si has visto la película. En la misma son varios los momentos que vienen a corroborar cuanto te asevero.

Lo importante, Jesús, en esta vida es que a las/os amigas/os o deudos que hayan muerto, si lo merecían, las/os hayamos amado sin reservas, quiero decir, querido un montón y así lo demuestren nuestras acciones, no (por supuesto) lo que dijeran nuestras dicciones.

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Entre a Talía adictos, teatreros

ENTRE A TALÍA ADICTOS, TEATREROS

Entre a Talía adictos, teatreros,
Podemos encontrar quienes prefieren
Hacer el bien al mal, ergo, no hieren;
Y quienes son o ejercen de cuatreros;

Quienes llevan camisas con letreros
Que maldades de sí mismos profieren,
Mas echan una mano y no zahieren;
Y quienes viven bien de hurtar utreros;

Quienes dicen, de veras, que te miran,
Porque eres de silueta esbelta, Rosa,
Y tu belleza impar cantan y admiran;

Y quienes son expertos en la odiosa
Ilécebra, en halagos engañosos,
Que trenzan, porque en ella/os son mañosos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Los otros fuimos nosotros

LOS OTROS FUIMOS NOSOTROS

“L' enfer c' est les autres” (“El infierno son los otros”).

Jean-Paul Sartre, en “Huis Clos” (“A puerta cerrada”).

“(…) Casio tenía razón: ‘¡La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos (la frase, entre admiraciones, en “Julio César”, de William Shakespeare, tras una coma, continúa así: ‘que consentimos en ser inferiores!’)’. Buenas noches, y buena suerte”.

Edward R. Murrow, según el guion de la cinta “Buenas noches, y buena suerte”, dirigida por George Clooney y estrenada en 2005.

¿Por qué tú y yo consentimos
En mostrarnos inferiores
Aquí y allí en superiores?
¿Ambos lo mismo sentimos?
¿Que en los dos casos mentimos?
La culpa (urdiré en un credo)
No la tuvo aquel enredo
Que hubo entre el sol y el planeta,
Que acabó en una cuneta,
Sino nosotros, Alfredo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


A mi sobrina Raquel

A MI SOBRINA RAQUEL

A mi sobrina Raquel,
Que hoy, de noviembre veintiocho,
Cumple años, un buen bizcocho
Deseo que le haga aquel
Que, desde aquel anaquel,
La mira y admira helado,
Totalmente embelesado
De sus facciones faciales
Y otras prendas especiales,
De las que se ha enamorado.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Breve sátira moderna

BREVE SÁTIRA MODERNA

“No ignoro que la razón por la que, desde que el mundo es (in)mundo, la censura siempre la suelen leer unas/os para otras/os y otras/os para unas/os y ninguna/o para sí es la altivez/a, por otro nombre, soberbia”.

Eladio Golosinas, “Metaplasmo”

Cuando, en la grata compañía de dos de mis mejores amigos, Soledad y Silencio, me da por echar la vista atrás, quiero decir, leer libros de historia, y, empapado de los mismos, de tanta gloria (y/o de tanta escoria), por comparar la grandeza que vivió España en su mejor momento con el actual, corrupto, estomagante, grosero, grotesco y misérrimo estado a que ha llegado este Estado de derecho, más proclive al aborto que a seguir en estado de buena esperanza, consecuencia lógica de la desvergüenza a raudales de muchos, la incoherencia audaz, la ignorancia supina y la venalidad temeraria de tanto tonto, tanto mandamás desleal y tanto estadista escapista o estatuario, me brotan, a borbotones, tres amigos más, Enojo, Indignación y Lástima, que no logra esconder, aunque se tape la cara con ambas manos, la pareja de lagrimones que surcan sus mejillas, o sea, la pena.

Una vez ha sido descartado, por manifiestamente irónico, el ditirambo, el panegírico, ha quedado en pie la sátira. Ahora bien, el hacedor de la misma no será esta vez servidor, ya que, habiendo mediado un sinfín de solicitudes, he decidido cederle muy gustosamente los trastos de urdidor a un álter ego mío, Emilio González, “Metomentodo”, coñón o socarrón impar. Ergo, en esta ocasión, me limitaré, exclusivamente, a hacer las veces de amanuense o copista, porque don Emilio, desde que le operaron de cataratas, anda, según dice él unos días, medio ciego y/o, según otros, ciego entero (queda terminantemente prohibido ver aquí una crítica velada a su proverbial embriaguez). Así que, le ruego, encarecidamente, desocupado lector (ella o él) de estas líneas, que no la tome conmigo, porque me ceñiré a desempeñar mi rol, o sea, ser mera mano notarial de lo que salga por la mui de don Emilio. Si usted juzga que hay razón en lo que González trenza, el mérito será de “Metomentodo”; si, por el contrario, considera que no la hay, el demérito también será suyo; a él y solo a él le corresponderá.

“Cuando estés preparado, me das un toque en el hombro y empezamos.

“Aunque no faltará quien me llame necio por presentarme voluntario para limpiar de bóbilis, sin cobrar un solo euro, el albañal, el establo o la sentina que ha devenido, por culpa de una pésima hornada de políticos, sobre todo, el Estado, pues acaso me vea falto de reflejos, de conocimientos, de rigor y aun de vigor, le objetaré que he hecho fabricar para mí y para mi lazarillo sendos cincundantes escudos protectores para frenar los posibles capones (de ceniza) de cuantas/os se sientan ofendidas/os por mis líneas y sendas escafandras para sortear las miasmas, el hedor.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CVIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CVIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Lo que espero, en el caso que nos ocupa, es lo mismo que deseo, que el proceso sea limpio y que se imparta justicia. Y, si el juez o los magistrados (sean ellas o ellos) hallan en los fundamentos de hecho y de derecho de su sentencia a los imputados culpables, que cumplan la pena que se les imponga.

Ciertamente, visto el panorama desde fuera, los claroscuros (los puntos —y aun agujeros— negros —sin ánimo de parecer segregador ni racista, beneficien o perjudiquen a los encausados— superan en cantidad y calidad a los blancos) que se ciernen sobre el procedimiento, que no miento, son muchos, una legión.

Asimismo, lo que también espero y deseo es que, cuando tus progenitores (salúdalos en mi nombre y en el de mi madre) vuelvan a Cornago, tras haberos visitado, lo hagan orgullosos de vosotros, eternamente agradecidos por lo bien que tu sol, vuestro retoño y tú los habéis tratado.

Mientras escribías tu otro comentario (lo enviaste a las 21, 50 horas), aún no se había producido la catástrofe, el descalabro, la manita o el varapalo. Si hubieras demorado una hora la urdidura del mismo, hubieras podido acudir a la sonrojante y urente realidad del 1-5 para entender la profecía (¿acaso el poeta —en el caso que nos ocupa, mero aprendiz de ruiseñor— no es un profeta?) que encerraba o incluía, sin duda ni objeción, mi espinosa espinela. Esta es la parte en la que cabe hallar la broma.

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Yo soy "Nico", el impostor

YO SOY “NICO”, EL IMPOSTOR

(CONFESIÓN DE UN VEINTEAÑERO)

No tengo más que veinte años.
Como desde crío miento
Con todo el conocimiento,
Me he hecho un perito en engaños
Entre los propios, no extraños.

Soy un ducho en sinestesias,
Quien las muda en anestesias,
Y del CNI el agente
Que ha embelecado a más gente.
Nicolás Gómez Iglesias.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Viernes, 29 de mayo

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