El Blog de Otramotro

La difunta está muy viva

LA DIFUNTA ESTÁ MUY VIVA

—A mí me da mucha risa
Lo que un quídam de Tudela
Sostiene: que a la novela
Un noticiario o una misa
Le queda dicho/a deprisa.
—Otro o el mismo me enternece,
Si aduce que pertenece
Al mismo club que el periódico
De papel, que anda espasmódico;
Que hoy o mañana fenece.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCLXXV)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCLXXV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Que la progenitora de tu doña resplandezca un poco más cada día es mi deseo y mi esperanza.

Hace mucho tiempo (años —no sabría decirte a ciencia cierta cuántos—) que no voy al cine, pero eso no obsta para que vea, por lo menos, una película a la semana en vídeo (o video). Ayer, por ejemplo, vi “Working girl” (“Armas de mujer”), cinta protagonizada por Harrison Ford (Jack Trainer), Sigourney Weaver (Katherine Parker) y Melanie Griffith (Tess McGill) y dirigida por Mike Nichols en 1988.

No, no, he visto esa película (cuyo título has obviado) y menos aún si, como añades, ha salido recientemente del horno.

Son legión las y los que, como no han leído “El príncipe”, de Nicolás Maquiavelo, le siguen adjudicando la frase proverbial de “el fin justifica los medios” a la obra mencionada y al susodicho autor. Baltasar Gracián y Morales en su “Oráculo manual y arte de prudencia” sí sostiene esto (que tanto se parece en el fondo): “Todo lo dora un buen fin, aunque lo desmientan los desaciertos de los medios. Que es arte ir contra el arte cuando no se puede de otro modo conseguir la dicha de salir bien”.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCLXXIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCLXXIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Como lo principal, primero o precipuo debe ir en vanguardia, vayan por delante mis deseos y esperanzas de que tu suegra, Estrella, se recupere pronto de todas las enfermedades que la mantienen postrada, ingresada en la habitación de un hospital, de los varios y evidentes achaques que suele llevar aparejada la vejez.

Pues, sin hacerle caso a la segunda razón que aduces en tu atenuación o lítote (litote, lítotes o litotes —ejemplo palmario de que en la variedad está o reside el gusto—) en forma de rosario (la última, por cierto, es la mejor, por descacharrante), pensé que, harto de vivir en un sinvivir, te habías mudado a los confines del sistema solar, al más que posible no(ve)no planeta, al que quienes sospechan de su existencia (hasta confirmar la misma) aún no le han puesto nombre (pero ya hay quien lo ha llamado planeta X).

(El extenso paréntesis que sigue, de cinco parágrafos, si te molesta a ti o a cualquier otro habitual o esporádico lector, ella o él, la información científica que contiene, te/se la puedes saltar sin ningún problema. Al parecer, un concienzudo análisis indirecto de las órbitas de varios cuerpos celestes situados más allá de las curvas descritas o recorridas por el octavo planeta del sistema solar, Neptuno, han arrojado sospechas de la posible existencia de un no(ve)no planeta en el mencionado sistema. Dicho cuerpo tiene una masa que multiplica por 5 (o por 10) la de la Tierra, y se halla alejado, como mínimo, 200 unidades astronómicas del Sol.

La posible existencia de este no(ve)no planeta, según sus descubridores teóricos, Konstantin Batygin y Mike Brown, astrofísicos del Instituto Tecnológico de California (Caltech), se ha detectado de manera indirecta, gracias a las observaciones que han realizado de seis objetos situados más allá de Neptuno. Las órbitas de estos seis cuerpos poseen ciertas características que hacen sospechar la existencia de un cuerpo mucho mayor situado en una órbita cercana. Tras descartar que se trate de una estrella próxima y, después de llevar a cabo varios modelos teóricos, han concluido que la opción más posible es la existencia de un cuerpo cuyo tamaño es entre 5 y 10 veces la masa de la Tierra.

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"¡Con el can!" manda el que manda

“¡CON EL CAN!” MANDA EL QUE MANDA

(“CARAMBOLO” QUITA EL HIPO)

A quien guía la intuición
Y pesquisar le motiva
Una verdad emotiva
Y/o una sensible ficción
Suelen rondar sin fricción.

Como detesta estar solo
(Si halla así, se queda bolo),
Siempre trabaja en equipo,
Pero cuando alguien tiene hipo
Lo manda con “Carambolo”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCLXX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCLXX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Te recomiendo con especial encarecimiento, que no miento, su lectura.

Sensu stricto, no se trata de un chiste, sino de una sátira en toda la regla.

Cándido o el optimismo” es un cuento filosófico largo (o novela corta) de Voltaire (aunque apareció publicado en 1759 como traducido del alemán, para más inri o hacer mayor escarnio de la nacionalidad de Leibniz, el filósofo vejado, por un tal “Mr. le Docteur Ralph”). En esta narración se cuentan las desventuras del joven Cándido, que hace suyo el optimismo leibniziano que le enseñó su tutor, el doctor Pangloss, según el cual, “vivimos en el mejor de los mundos posibles”, y se aferra con terquedad a este principio. Voltaire, burlona y despiadadamente, echa mano del peor de los vitriolos para censurar la teoría de Leibniz. No obstante el rosario de infortunios que le acaecen, Pangloss repite insistentemente, sin desmayo, que “tout est au mieux” (“todo sucede para bien”). El cuento concluye con la tesis de que “il faut cultiver notre jardin” (“es preciso cultivar nuestro jardín”), es decir, dada la imposibilidad de mudar el cosmos, lo que sí podemos hacer es mejorar nuestro microcosmos y aspirar solo a aquello que podamos lograr.

Voltaire ironiza sobre la cadena de contagios de la sífilis (“mal francés” se le llamaba a la tal en Italia, “mal italiano” en Francia; “mal del vecino”, vaya), satiriza (no deja títere con cabeza) a todas las clases sociales de la época y apunta al origen amerindio y precolombino de la enfermedad. Creo que de ahí extraje mi idea para el posible tema de algunas de mis urdiduras (o “urdiblandas”): S(a-o-u)ciedad.

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Tus labios son la reoca

TUS LABIOS SON LA REOCA

—El día, que a su fin toca,
De hoy nunca lo olvidaré.
Mientras viva, te daré
Gracias por los de tu boca
Labios, que son la reoca.
—Hoy no es un día perfecto.
Que termine es su defecto.
Si no marro ni me tuerzo,
Con dedicación, esfuerzo
Puede lograrse y afecto.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Aprendiz de aedo u Homero

APRENDIZ DE AEDO U HOMERO

Urdo para ser amado.
En mí advierto, desde niño,
Un déficit de cariño;
Ergo, me urge acariciado
Sentirme, amén de mimado.

Este hodierno decimero,
Que dejar de ser soltero
Desea, sin altivez
Ejerce de cuando en vez
De aprendiz de aedo u Homero.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCLXVII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCLXVII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

El poema, si no marro en la explicación o interpretación que le di cuando lo compuse, habla de la sorpresa (o, mejor, de la falta de la misma, si la actitud habitual o el comportamiento, que no miento, asiduo, porque como ha devenido rutinario, ha dejado de sorprender, ya que, como es consabido, la/el tal se espera) el día del cumpleaños de Paula, ergo, pasado mañana, el próximo miércoles.

Puede que algún exégeta (él o ella) o exegeta interprete que hacer las veces de un huevo Kinder, dejar un buen sabor de boca y admirar o sorprender, es lo que intento o procuro alcanzar, coronar o lograr con cada uno de mis textos. Y, acaso, no vaya desencaminado.

Celebro mucho que te haya agradado el título, “Igual soy un Kinder huevo”, que destacas. Tal vez, los diez versos que le siguen sobren, por redundantes.

Puede que, como excepción, en algún caso (cobrar un décimo premiado dentro del plazo, verbigracia), la procrastinación, el acto de dejar la labor que sea para mañana, sea beneficiosa para el sujeto (él o ella) que la aplaza, pero, como regla general, la susodicha suele resultar perjudicial.

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De los lodos donde andamos

DE LOS LODOS DONDE ANDAMOS

Los seres humanos todos
Ser otros imaginamos;
Con huir fantaseamos
De los donde andamos lodos,
Utilizando los codos
Si hiciera falta tal cosa,
O sea, leyendo prosa
O verso medido o suelto,
Vaya este arropado o envuelto
Por un tropo o símil, Rosa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Qué alumbra la otra, atrevida?

¿QUÉ ALUMBRA LA OTRA, ATREVIDA?

Lo mismo él, tú y yo soñamos,
Con arreglar las goteras
Y atrás dejar las fronteras
Que ninguno diseñamos.
Ninguno nos empeñamos
En seguir la precavida
Luz que impera en nuestra vida,
Cuando personas mejores
Y paisajes superiores
Alumbra la otra, atrevida.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Breve reseña sobre la leyenda de Tristán e Iseo (o Isolda)

BREVE RESEÑA SOBRE LA LEYENDA DE TRISTÁN E ISEO (O ISOLDA)

Son diversos los autores que han contado los amores de Tristán e Iseo (o Isolda). Hay quien ve en la leyenda de Tristán, cuyo nombre está íntimamente relacionado con el adjetivo triste y/o el sustantivo tristeza, la narración del fracaso de una pasión completa, íntegra, total, o el relato de un amor humano imposible, pues este surge por arte de magia negra y fina al acabarse los efectos del bebedizo.

De los amores adúlteros llevados a cabo por el caballero Tristán y la reina Iseo estos no son culpables. El único culpable de los tales es el filtro amoroso preparado por la madre de Iseo (para esta y su futuro esposo, el rey Marcos) que beben, por un inesperado lance del destino, los insospechados amantes. Hasta el mismo Dios (o la diosa Naturaleza) se alía con los mentados, pues logran librarse de la pira mortuoria que el monarca ha mandado encender para ellos y que allí, entre sus llamas, rediman sus culpas los dos amantes adúlteros.

Ninguno de los autores medievales que han versionado la leyenda, ni Béroul, ni Eilhart, ni Thomas, osa condenar los susodichos amores. La pócima mágica coloca a los amantes en el pago del bien, más allá de la heredad del mal, pues los convierte en simples marionetas o peleles, ergo, inocentes.

Tristán es fiel y leal a su tío, el rey Marcos, esposo de Iseo. Si deviene (en) desleal es por la clara influencia que ejerce sobre él la fuerza del mencionado bebedizo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCLX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCLX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

El soneto, aunque probé varias veces, no había por dónde agarrarlo. Bueno, en sentido estricto, al final, sí conseguí asirlo con las yemas, pero, una vez obró entre los dedos de mi mano, se (me) deshizo o desmenuzó como un polvorón. Como has comprobado, y en más de una ocasión u oportunidad, con buena voluntad a secas, sin que medien o le acompañen la dedicación, el esfuerzo y el sacrificio, se consigue poco en esta vida. Un soneto es una composición estupenda, magnífica, pero quien ha trenzado varios (acaso más de cien) sostiene que no se logra urdir uno de los susodichos sin echar mano de ese tridente del que últimamente tanto hablo y/o escribo, el DES.

Pues no, no había leído lo que había dicho Millán Salcedo a propósito de la formación militar, pero, él, humorista empedernido, lógicamente, le sacó punta hilarante (sarcástica) al asunto, sin duda.

Pues (serendipia o serendipidad —si prefieres chiripa, aquí dejo también constancia de dicha voz— tenemos, porque) no mañana, sino el lunes, como ya habrás leído o leerás, precisamente, hablo, menciono o miento, sin mentir, en mi décima hodierna de una muela. Que el odontólogo (sea ella o él) solucione cuanto antes el problema que tienes con la mentada y lamentada muela (que te la quite o te la salve, pero que esa, al menos, no te duela jamás de los jamases, quiero decir, nunca más).

Cada vez que me preguntan por qué sigo escribiendo, siempre echo mano de estas líneas, por las que todo lector (ella o él) puede pasar y posar su vista en el capítulo tercero de la segunda parte de “Don Quijote”: “—Una de las cosas —dijo a esta sazón don Quijote— que más debe de dar contento a un hombre virtuoso y eminente es verse, viviendo, andar con buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa. Dije con buen nombre porque, siendo al contrario, ninguna muerte se le igualara”.

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Domingo, 4 de diciembre

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