El Blog de Otramotro

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCVI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCVI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Cierto y aun certísimo. Así es. Ahora bien, mal andamos si solo en Semana Santa nos brotan o tenemos buenos sentimientos hacia las/os demás; mal andamos si quienes nos hacen la vida un poco más fácil (o un poco más difícil, porque nos incitan a calzarnos sus embarrados zapatos, a ponernos en su misma piel o lugar) no merecen a diario nuestras muestras de conmiseración, empatía y respeto, acompañadas de algún comentario humanitario y hasta de alguna casta carantoña.

Haces bien en ver y en verter esa crítica. Porque está claro (no sé si lo está para todo el clero) que una Iglesia rica en un mundo pobre es un morrocotudo sinsentido. Acaso convenga recordar “Las sandalias del pescador”, la novela escrita por Morris West en 1963 y la cinta que se fundamenta en ella, filmada en 1968 por Michael Anderson, en la que Kiril Lakota, obispo ucraniano que interpreta en la pantalla Anthony Quinn, es elegido Papa con el nombre de Cirilo I. El día de su coronación, el sumo pontífice, tras desprenderse de la tiara papal, en un acto de sincera humildad, se dirige a la multitud que abarrota la romana Plaza de San Pedro, comunicando a la ciudad y al mundo, urbi et orbi, su decisión de que todos los bienes materiales de la Iglesia católica van a ser enajenados para intentar paliar la hambruna que sufre el pueblo chino. Su sabia resolución recibe parabienes por doquier.

Son muchas/os las/os que ignoran cuánto mal hacen a sus congéneres con su pasotismo, sin querer, y pocas/os las/os que buscan ponerle pronto remedio.

Creo que me lees desde hace mucho tiempo, antes incluso de lo que pensaba. Porque lo que cuentas ocurrió tal cual, sin refutación, y de eso hace la tira de años.

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Pablo, ¿qué calles transitas?

PABLO, ¿QUÉ CALLES TRANSITAS?

—No sé qué calles transitas,
Pablo, en las que parabienes
De quienes blancas las sienes
Tienen recibes. Concitas
Reproches en las que citas
Y yo a diario frecuento.
—Como perito en el cuento
Soy y experto demagogo,
No haré lo que el pedagogo,
Admitir que también miento.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCV)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Tengo para mí que en Internet, entre los muchos usuarios (ellas y ellos) de las varias redes sociales que hay o son, cabe o se puede hallar a quienes, si no todas las obras que escribieron, han leído el grueso de lo que urdió don Francisco de Quevedo y Villegas, la mayor parte de lo que trenzó don Luis de Góngora y Argote, y, de alguna manera, quienes, con diverso grado de voluntad, esmero, empeño y/o acierto, mantienen, mutatis mutandis, parecidas polémicas a las que sostuvieron otrora los dos mentados y proverbiales representantes de las dos difícilmente conciliables banderías, bandos o facciones literarias del Barroco español, la conceptista y la culterana (ya que a un individuo de la conceptista siempre defraudó un miembro de la culterana, y viceversa; en plata, que, aunque fueran amigos desde la niñez, para uno el otro —y, asimismo, para otro el uno— siempre vino a salir rana).

Algo de eso (si no es tal y como tú lo cuentas, será similar) debe estar acaeciendo, ocurriendo o sucediendo ahora mismo en la red de redes en una infinidad de sitios, en un sinfín de hilos. Yo, por decisión propia, no uso las redes sociales. Invierto muchas horas en las tareas de leer y escribir, y prefiero seguir haciendo estos menesteres a cualesquiera otros. Y como el día continúa teniendo veinticuatro horas, no más, y el hombre es un animal de costumbres, pues eso, lo dicho, que sigo con mis más arraigados hábitos.

Eso, dilecto amigo, es lo que vienes haciendo desde hace unos cuantos años con los textos (décimas y epístolas, en su inmensa mayoría) que urde servidor, ni santo ni beato, pero que procura ser cada día una persona mejor; escritos que son públicos, pero que, o solo los lees tú (me consta que no es así) o solo te atreves a comentar tú.

Seguramente, aquí convendría que aconteciera lo que viene bien, estupendamente, en otros ámbitos o terrenos, que siguiéramos a rajatabla la lección que cabe extraer de ese consejo buido que nos legó uno de los Siete Sabios de la Hélade: “Nada en demasía”. Me consta que son cada día más los adictos (Internet es susceptible de devenir en una droga dura) a las mismas, que necesitan ayuda médica, psiquiátrica.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCIV)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCIV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Has barruntado, conjeturado e inferido lo que convenía o venía a cuento: hoy, martes, quince de marzo de dos mil dieciséis, es el cumpleaños del menor de mis sobrinos, Íñigo. Te doy las gracias en su nombre por tus exclamativas felicidades.

Parece ser que es un buen deportista: hay quien advierte esas facultades en un niño de corta edad. Yo no. Así que lo que has leído, más que una constatación del hecho en sí es un deseo de su tío el que las tenga.

Ayer, por la tarde, después de dar cumplida respuesta el menda al último de los escolios que le hiciste (tú, desde el tuyo) en uno de los ordenadores de la biblioteca pública de Tudela, saqué una copia de la décima que hoy has apostillado (un día más, gracias, de corazón, por implicarte), de camino a mi casa, me detuve en la de mi hermano, “el Chichas”, lo saludé y besé, hice lo propio con mi cuñada Elena y mis sobrinos Jorge e Íñigo, le recité al último el poema (que para él había escrito) y, junto con la citada copia, le di un billete de veinte euros, la propina acostumbrada en mí.

Si por “volar” entiendes “imaginar”, “fantasear”, que es lo que yo he colegido, y lee alguno de los relatos o poemas fingidos que ha escrito su tío, le enseñaré, sin duda, a volar.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Tengo para mí que, después de haber leído tantos textos escritos por el menda en prosa y verso, cuando de verdad no entiendes a la primera de qué va lo que he trenzado, me da en la nariz, esto es, barrunto o sospecho, que casi, casi, en la segunda lo intuyes, acertando, dando de lleno en el mismo blanco o centro de la diana.

En la décima es claro, cristalino, que hablo de que cuando el portavoz (ella o él) de un partido o formación política (sin especificar) sale a la palestra o tribuna y acude a la sinrazón del contexto, el conjunto de las circunstancias que rodean a un asunto, quiero decir, devenir en acémila, bestia de carga o “portacoz”, y no a la razón concreta y correcta (al asunto en sí mismo) que ha motivado el susodicho hecho, pretende hacer creer lo más inverosímil o los mayores disparates, o sea, comulgar con ruedas de molino (de agua o de viento), mentadas, por cierto, también por ti, a quienes no disponen de tragaderas tamañas que pueden pasar dichas moles.

Abundo en tu parecer. Cada día molan menos esas/os “portacoces” que ya sabemos de qué pata negra (por el dinero negro o sucio, que escapaba al control fiscal, y algunas/os han cogido) o pezuña cojeaban.

No sé si todos los portavoces parlamentarios (ellas y ellos) traen el grueso o la mayor parte de sus discursos parlamentarios escrito/a desde casa. Lo que sí me consta es que todos, sin excepción (los de los llamados partidos emergentes, también), se han ido alguna vez por los cerros de Úbeda, sin contestar a lo que un/a periodista les preguntaba. Ignoro si Pablo Iglesias siempre mira a la cara de quien le pregunta y a quien responde. Lo que sí recuerdo, verbigracia, es el comienzo de la respuesta que le dio el secretario general de Podemos a una periodista que le preguntó a propósito de lo que ella llamó “coalición de perdedores” o el gobierno de cambio que estaba dispuesto a conformar con el PSOE, que encabezó con esta coz o salida absurda, de pata de banco: “Muchísimas gracias, por la pregunta. Precioso abrigo de pieles el que trae usted”.

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¿Dos duchos en parda, dos?

¿DOS DUCHOS EN PARDA, DOS?

(PARDO BAZÁN Y GALDÓS)

“Un monumento te voy a poner, mi ratoncito, mi querido amor”.

Dice Emilia Pardo Bazán por boca de quien interpreta su ficticio personaje, la actriz Pilar Gómez, en el monólogo “Emilia”, dirigido y dramatizado por Anna R. Costa y escrito por Noelia Adánez.

—Voy a erigir dos estelas
En tu honor, Benito, amable,
Deudo de un ratón afable,
Adicto a mis entretelas
Y opuesto a husmear estelas.
—Apreciada Emilia Pardo,
Me peta un montón el pardo
Prado anejo a tu buzón.
—Ardiente, como un tizón,
Mi diana aguarda tu dardo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXCII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXCII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Si no es verdad (todo) lo que nos has contado, la anécdota cornaguesa es verosímil y está bien traída. Aunque, como la amada de mi décima era italiana (la conocí una mañana septembrina, en la mundialmente famosa Plaza de San Marcos veneciana, la única vez que he estado in situ en la ciudad de los canales (había terminado COU, había aprobado la Selectividad y, en compañía de tres amigos más, en apenas diez días, recorrimos la mitad septentrional de la bota italiana), acaso hubiera sido más apropiado o conveniente haber usado la locución en italiano: “Se non è vero, è ben trovato”.

Como sabes, porque lo habrás experimentado (y, tal vez, más de una vez, cuando asistías gozoso a ese inolvidable espectáculo que era contemplar el divino tesoro de ese selecto grupo de jóvenes féminas que no habían llegado aún a la edad núbil, de merecer, pero cuyas bellezas resplandecían por doquier), el primer beso no se da con los labios, sino con los ojos.

Para confirmar o ratificar lo expresado en el párrafo anterior, echo mano del serventesio de que consta la rima XX becqueriana, que dice así: “Sabe, si alguna vez tus labios rojos / quema invisible atmósfera abrasada, / que el alma que hablar puede con los ojos / también puede besar con la mirada”.

Me acabo de llevar un chasco mayúsculo, una decepción morrocotuda, al acudir a la Wikipedia, la proverbial y libre enciclopedia internetera, y comprobar que, en la entrada a propósito de la notoria espada cidiana, se viene a decir que no hay ninguna fuente contemporánea que haga una referencia explícita a la existencia fidedigna de la misma, salvo que aparece citada varias veces a lo largo del “Cantar o Poema de mío Cid”.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXC)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXC)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Hace una década, escribí un texto a propósito de cómo urdía Otramotro un artículo de opinión. Por la razón que fuera (no viene al caso —puede que, entre las diversas varillas u opciones que me brinda el abanico abierto, no se halle la que, al final, he elegido, que hoy no me pone ni quiero mentir, o porque no la recuerdo con certeza o porque, sencillamente, la he olvidado— referirla, ni aun con brevedad), lo volví a leer hace unos meses y, tras comprobar la vigencia (conviene que se advierta la ironía) del mismo, me reí a mandíbula batiente cuando llegué a su colofón, donde, poco más o menos, decía esto: mientras que el apodíctico genio no encuentra razones para hablar a los legos de sus hipótesis científicas de trabajo (en el texto aludido tomaba como autoridad a Albert Einstein), el necio no halla motivos para callar sus sandeces. Y es que en ese susodicho sandio me vi a mí mismo retratado. Qué risa, sí.

“A mandíbula batiente” (o, si lo prefieres, a carcajada tendida) fue la locución adverbial de la que surgió la espinela que comentas y, como homenaje es palabra mayor, al menos, como guiño, decidí que apareciera también en el título, que la encabezara.

Yo necesito leer todos los días a otros autores por la sencilla razón de que muchas mañanas en mi mente no encuentro simiente que cause, ocasione u origine ideas sobre las que trenzar nuevas décimas. O sea, que uno de esos que menciono, que tiene nieve en sus sienes y carece de simiente en su mente, es, precisamente, acertaste, diste con tu dardo o flecha de lleno en el blanco o centro de la diana, servidor, Otramotro.

Dentro de un rato, cuando me halle en el Centro Cívico “Lourdes”, porque ya he cumplido con creces el tiempo de uso de ordenador asignado a cada usuario en la biblioteca pública, le echaré un vistazo al decálogo que has hecho, a ver si me deja satisfecho o maltrecho, hecho unos zorros.

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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCLXXXVII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCLXXXVII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Como intuyes o sospechas, pero me da en la nariz que quieres aparentar otra cosa, la contraria, seguramente, porque te gusta echar mano de la ironía, quiero decir, eres un zumbón empedernido, sin solución, Quirico no es el primer apellido de mi dilecto amigo tafallés, Luis Quirico Calvo Iriarte, odontólogo de profesión, sino su segundo nombre de pila. Si quieres conocer la historia del martirio de san Quirico (o Quirce o Quirze) y el de su madre, santa Julita (o Julieta), basta con que acudas a la catedral o seo de san Espabilaburros (que otros conocen por Google), cuyas capillas somos legión las/os que las visitamos, miramos, remiramos y (nos) admiramos. En Matute (La Rioja) hay una ermita dedicada a los susodichos. En Navascués (Navarra) y en otras muchas localidades de la piel de toro puesta a secar son igualmente venerados los mentados santos.

Como cierto día y aquí mismo prometí, intentaré ser lo más fiel posible a lo que recientemente mi amigo Luis me contó. Al parecer, el motivo por el que su padre le puso el nombre de Quirico fue porque, poco más o menos, medió un milagro. Alguien, que iba de camino a la ermita de Navascués a rogar a san Quirico que lloviera, se paró a hablar con el padre de Luis. Aquel día hacía un sol espléndido y en el cielo, azul, no se divisaba una sola nube. El progenitor de Luis se asombró de que el peticionario demostrara bien, a las claras, su fe, al portar al hombro un chubasquero. Y es que confiaba en que sus ruegos iban a ser escuchados, tenidos en cuenta y atendidos ipso facto por el santo. Al bajar de la ermita, diluviaba, que llovía a cántaros, vaya, sin vaya.

Desconozco si el hecho propició alguna vez cachondeo, pero me consta que hay algún guasón irreverente por ahí que, velis nolis, queriendo o como quien no quiere la cosa, de buen grado o por la fuerza, acostumbra a cachondearse en todo momento y lugar de todo y/o todas/os y por todo (de sí mismo también, que aquí no hace distingos ni admite excepciones), una minucia o una enormidad. Ergo, acaso huelgue que le/me/te recomiende con especial encarecimiento, que siga/s haciendo lo que reconoció que solía coronar o llevar a cabo ese estupendo lector de “Don Quijote” que fue François Marie Arouet, “Voltaire”, porque encierra, sin hesitación, una aguda y atinada interpretación de la obra cervantina: “Yo, como don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme”.

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No haré la revolución

NO HARÉ LA REVOLUCIÓN

Yo tengo la solución
Para los males de España.
Si gobierno, no habrá caña;
No haré la revolución
Y verá/s la evolución
Que el país experimenta:
Conmigo no habrá tormenta
Seguida de inundación;
Tampoco habrá salvación
Para quien me haga una afrenta.

Firma elegible o ilegible

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Contigo jamás me he hundido

CONTIGO JAMÁS ME HE HUNDIDO

Quien no lee a los ochenta
Habrá vivido una vida
Atrevida y/o precavida,
Pero quien lee la cuenta,
Pasadas las mil cincuenta,
Seguramente ha perdido;
Mas las de Eneas y Dido
No olvida, como la suya,
Ni la de su esposa/o o tuya,
Pues contigo no se ha hundido.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCLXXXI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCLXXXI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Había escrito una apostilla con bastante enjundia como y/o en respuesta a tu comentario del sábado, pero (ignoro la razón —esta mañana los ordenadores del Centro Cívico “Lourdes” no funcionaban bien—, el motivo concreto) la he perdido. Hacía mucho tiempo que no me pasaba algo parecido y, lo reconozco, me he enfadado. Ahora bien, me he desenojado al momento, en un pispás, al echar mano de la verdad irrefutable que me brindó un proverbio árabe que adopté antaño, otrora, por apodíctico: “Si tiene remedio, ¿por qué te quejas?; si no lo tiene, ¿por qué te quejas?”.

Te decía, poco más o menos, en el escolio que para mí está claro, cristalino, que es mejor hacerse el idiota que serlo, por la sencilla razón de que quien se lo hace es consciente de que no lo es, mientras que el que lo es, tal vez, no tenga consciencia de serlo. Se sabe que el hipotiroidismo, vaya acompañado de bocio o no, debido a la falta de yodo en la dieta durante el embarazo y la tierna infancia, deviene en cretinismo.

Nada, salvo el altruismo llevado hasta sus últimas consecuencias entre allegados, o sea, por el desprendido amor o la suma amistad existente entre marido y mujer, padre/madre e hija/o, entre hermanas/os o amigas/os íntimas/os compatibles, cuando se produce la donación entre personas vivas de uno de los dos riñones sanos, por ejemplo, justifica los medios usados, y menos si estos son ilícitos o perversos; ni siquiera la generosidad o liberalidad mal entendida, llevada a cabo con malos y aun pésimos modos, verbigracia, al roban a los ricos para repartir lo robado luego entre los pobres o más necesitados, siguiendo el controvertido ejemplo de Robin Hood, tiene un pase. Hay que promover que quienes más tienen repartan parte de sus posesiones entre los indigentes, que carecen de todo.

Tú tampoco eres tonto, Jesús, aunque a veces, ocasionalmente, tanto tú como yo, nos lo hagamos, porque nos apetece soltar una zumba o vaya y/o impulsar la hilaridad o provocar la risa de quien lea nuestra/s extravagancia/s.

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Martes, 24 de enero

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