El Blog de Otramotro

¿Va de ojos negros, traidores?

¿VA DE OJOS NEGROS, TRAIDORES?

Jesús y Ángel encantados
Están (¿o eso no demuestran
Sus guiños, que a la vez muestran?)
De a la cumbre ir convidados,
Aunque siéntense asustados.

Pérez y Sáez de versos
Disertarán, de diversos
Metros, rimas y aprendices
De ruiseñor; no de actrices
De iris traidores, perversos.

Eladio Golosinas, “Metaplasmo”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Lo normal en esta vida

21.05.14 | 14:00. Archivado en Ficciones, Poemas, Educación, Ciencia, Sueños

LO NORMAL EN ESTA VIDA

—Al deseo insatisfecho
Le sigue la frustración,
Que cursa con postración.
—En el lecho veo el techo
Y no desnudo su pecho.
—Lo normal en esta vida
Es que una mente atrevida
Se ponga metas o retos.
—Logre unos; y otros, concretos,
No obtenga ni apercibida.

Elvira González, “Metáfora”, y Edurne Gotor, “Metonimia”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Mantón manchaste y mentón

MANTÓN MANCHASTE Y MENTÓN

Por ser perita/o en mixturas,
Sé que te peta un montón
Manchar mantón y mentón,
Esto es, que a las esculturas
Que no asustan las alturas,
Nada más ser esculpidas,
Antes de ser escupidas,
De las suyas las palomas
Hagan, heces y no bromas,
Las pidas o no las pidas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Breve interviú a un decimero

BREVE INTERVIÚ A UN DECIMERO

—¿El señor Sáez García,
Autor de “el blog de Otramotro”?
—Quien lo gestiona soy, no otro.
—¿Una entrevista podría
Hacerle este mediodía
A usted, poeta navarro,
Si en este instante no marro?
—Puede hacerla a un decimero.
—Hago interviús de alfarero.
—Pues yo espinelas de barro.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


O entristece o alegra, Ernesto

O ENTRISTECE O ALEGRA, ERNESTO

—“Quien logra el fin frustra el resto”
(O “Es la certeza la ruina”)
O te hace rico o te arruina,
O entristece o alegra, Ernesto.
—La mimbre es que fina el cesto.
—Aunque un mal año tuviste
Y hasta un mal lustro sufriste,
Jamás a Dios ultrajaste
Ni en ningún lagar la armaste.
—Y el galardón concediste.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (LXXVII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LXXVII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Sin mi hermano y fautor José Javier yo no sería la persona pingüe en sensaciones, pensamientos, emociones y afectos que soy. A pesar de su muerte prematura, no obstante su ausencia azarosa, fue tan beneficiosa y tan provechosa, tan cercana y tan grata a los poros de mi piel su gracia influyente que, aunque a alguien pueda parecerle hoy el hecho una exageración, una hipérbole, para mí resultó algo lógico y normal que lo tomara por lo que, en realidad, sin ninguna duda, era, y aún continúa siendo y (auguro y aventuro) será, mientras la figura, silueta o sombra de este menda se proyecte, mi inconcuso y profuso muso. Seguramente, sin su inagotable inspiración, yo no hubiera trenzado ni la décima parte de los versos que he urdido. Diré más: puede que otrora fuera, que ahora sea y que en el futuro siga siendo el quid de mi ciencia, de mi arte y de mi religión. Si no recuerdo mal, fue mi tocayo Ángel Ganivet, que murió en la frías aguas del río Daugava o Dviná Occidental, a su paso por Riga (Letonia), quien escribió que: “en el fondo, ciencia, arte y religión son la misma cosa: la ciencia interpreta la realidad mediante fórmulas, el arte mediante imágenes y la religión mediante símbolos”.

He comprobado (tras escucharte con atención —te agradezco aquí, sí, también, de nuevo, la llamada telefónica—) que no has seguido tu propio consejo. No te tomes los asuntos desagradables que tienen que ver con un mal profesor tan en serio. U olvídate cuanto antes del sujeto en cuestión; y, a mayor abundamiento, que no miento, si suele comportarse con todos, alumnas y alumnos, de un modo abyecto. Hazme caso. Amén de ser un estupendo proyecto, tiene buen firme el trayecto.

Entiendo que eches chispas, pero, por favor, no las uses para prender la leña que otros han colocado bajo los pies del que quieren que muera en la hoguera.

¿“Mosca cojonera”? Mutatis mutandis, te urdiré, poco más o menos, lo que he trenzado arriba a propósito de mi hermano José Javier. Tus comentarios tienen la rara, por doble, virtud de fungir de buida comadrona o partera (como Fainarate, la madre de Sócrates) y de perito escultor (como Sofronisco, el padre del susodicho filósofo ateniense), pues me ayudan a alumbrar y modelar lo mejor de mí mismo, lo que yo llamo “mis hijos de papel”.

“Morfologuea” y sé creativo como y cuando creas conveniente, a tu manera. Procura ser siempre tú mismo.

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De una indeleble novela

DE UNA INDELEBLE NOVELA

(JEAN VALJEAN A MÍ ME ENCANTA)

Mar me ruega que le miente
Una indeleble novela
Que le sirva a ella de vela
O antorcha, esperma o simiente;
Que sea osado o silente.

Son varias las memorables,
Pero por “Los miserables
De Hugo el menda se decanta:
Jean Valjean a mí me encanta;
Sus gestas/os son admirables.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (LXXVI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LXXVI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Celebro que te sigan encantando los tercetos. Entiendo que lo que dicen depende y pende de los dos cuartetos (sobre todo, del segundo).

Lamento comentarte que no vi ayer el programa de “El hormiguero”, ni “El enjambre”, ni “El avispero” (si es que existen). Sí leí, estando estudiando octavo de E. G. B., en el seminario menor que, in illo témpore, regentaban los Padres Camilos en Navarrete (La Rioja), “La colmena” (la versión autocensurada o expurgada —ya que, como sabes, recientemente, ha aparecido la original, con escenas eróticas—), de Camilo José Cela. A nuestro profesor de Lengua y Literatura, don Jesús Arteaga, le había solicitado, para hacer un trabajo, “San Camilo, 1936”. La adquirió, me la cedió y empecé a leerla con gusto, pero el profesor de Francés, don Salvador Pellicer, se dio cuenta de que la leía con inusitada fruición, posó sus ojos y pasó su vista por las páginas del libro abierto y, coligiendo en un pispás de qué iba la novela, me la quitó de las manos. Y (le y me) recomendó que la supliera por la arriba mentada. Algunos años después, no obstante su compleja estructura narrativa, vanguardista, sin duda, pude (re)leerla de cabo a rabo con placer.

Ya perdonarás la digresión, el excurso (a propósito de mi octavo curso de E. G. B.).

Como te consta, en esta (no sé si habrá otra) vida todo depende del punto de vista que adoptas, de tu perspectiva.

Te recordaré los cuatro versos que conforman la cuarteta que da cuenta de lo que mucha gente conoce ya por la “ley campoamor”: “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira; / todo es según el color / del cristal con se mira”. Y los versos de José Hernández en “Martín Fierro”, que versan sobre la “ley del embudo”: “Hay muchos que son doctores, / y de su ciencia no dudo, / mas yo que soy hombre rudo, / y aunque de esto poco entiendo / diariamente estoy viendo / que aplican la del embudo”.

Ciertamente, ignoro si existe la otra vida, pero me gustaría que la hubiera. Así, una vez finados mis días en el planeta Tierra, en el caso de que hubiera cielo, infierno, limbo y purgatorio, me gustaría ir, una vez hubiera expurgado mi alma y, tras haber sido instalado en el paraíso, al teatro, acompañado de quienes, viviendo en el planeta azul, no logré ir, entre ellos, mi hermano José Javier, de quien versará la décima de mañana, y siendo allí estupendamente acomodados. En un pispás ha quedado deshecho el misterio, que no era, no, ningún desecho.

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Mi alma gemela es Dolores

MI ALMA GEMELA ES DOLORES

Le trenzo en verso esta bola,
Quiero decir, este engaño,
A quien es navarro-maño.
Dolores, Lolita, Lola,
Mi alma gemela, me mola.

Como Picasso un pintor
Yo me siento un escritor.
Si él dios con tela y colores,
Yo con papel y Dolores
Soy Pigmalión (¡qué escultor!).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (LXXIII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LXXIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

A veces, la literatura es un desafío o reto; a veces, es puro juego; a veces, una lección, mero aprendizaje. A veces, como en el caso que nos ocupa, las tres cosas a la vez. Había que rimar otra voz con “equlibrio” y sólo hallé “ludibrio”. Si te pones a ello, comprobarás las dificultades que entraña. Pero entiendo tu doble objeción. El lector medio habrá tenido que acudir al DRAE, pero ahora ya conoce el significado de un vocablo más. El esfuerzo no habrá sido baldío.

A mí, Arturo Pérez-Reverte (“Aperre”, ‘el bueno’) me parece un autor como la copa de un pino, uno de los diez mejores escritores en español de la actualidad.

Como tú, siguiendo a Gracián, has hecho el ditirambo (¡gracias!, ¡muchas gracias!, por llevarlo a cabo o añadir lo que le faltaba a mi poema) de los baturros, maños o tales, y no cabe formularte una mínima objeción, te daré o mostraré, además de mi aquiescencia, mi gratitud con el sencillo vocablo que escojo como colofón para la presente apostilla, amén.

Te agradezco, asimismo, sobremanera, el trabajo desencriptador del que has hecho gala, pero la décima, como otras muchas que he trenzado al respecto, es deudora de una película que he visto tantas veces como me ha marcado: “Atrapado en el tiempo” (o, si lo prefieres “El Día de la Marmota”), dirigida por Harold Ramis en 1993. Rita es Andie MacDowell, una de mis musas. Me he limitado a cambiar la materia artística: la nieve o el hielo por el barro (haciendo un guiño a nuestro Navarrete). Phil Connors, interpretado por Bill Murray, de alguna forma, viene a poner en práctica el intelectualismo moral socrático.

Si ves la película, entenderás más extensa e intensamente una veintena larga de mis décimas.

Parecidas palabras a las que usas las adujo o urdió Cicerón (“La vida de los muertos está en la memoria de los vivos”). Al final de “La misión”, película dirigida por Roland Joffé en 1986, se puede escuchar el mismo argumento: “El espíritu de los muertos sobrevive en la memoria de los vivos”. La segunda muerte o muerte definitiva sobreviene cuando ya nadie recuerda al muerto o a la muerta.

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Ayer voló al cielo Chelo

AYER VOLÓ AL CIELO CHELO

Ayer falleció Consuelo,
Un dechado, irreprochable,
Una fémina intachable.
Fue una virtuosa del chelo.
Yo la llamé siempre Chelo.
 
Ayer murió de repente
Mi maestra y referente.
Fue ejemplar en su rigor
Y un espejo en su vigor
Para mí y mucha más gente.
 
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (LXX)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LXX)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

En la décima que, una vez arreglado el diuturno problema, te sirve para reanudar tus comentarios a mis urdiduras y “urdiblandas” (y no sabes cuánto te agradezco —aunque intuyo o sospecho que sí lo sabes, eso, un montón— que vuelvas por tus fueros), apostilla que, a pesar de su brevedad, destila o exuda exhaustividad, advierto dos claras fuentes o influencias en la creación o recreación de la misma (pero no faltará el lector —o lectora— de turno que repare en más, seguro): el mito de Pigmalión (en este caso, la estatua esculpida no es —no se llama— Galatea —“blanca como la leche” o la nieve, mejor—, sino Dorotea —“regalo o don de Dios o diosa”—) y la película “Atrapado en el tiempo” (vulgo, “El Día de la Marmota”, por ser su título en inglés), donde Phil Connors (Bill Murray) hace un busto de Rita (Andie McDowell) con nieve. Conoce tan bien el rostro de su amada que podría esculpirlo con los ojos cerrados, (le) comenta.

¡Feliz día de san Valentín a todas/os las/os enamoradas/os (yo lo estoy y sigo felizmente casado con la literatura)!

Quise escribir (gracias, por ayudarme a enmendar el yerro) lo que ahora aparece (“Hizo, mas no montó un cisco”), tras la oportuna corrección.

Mi corazón abundó en o asintió las palabras de Francisco. No viví ese alboroto, pero lo que ocurrió en los corazones de los demás lo ignoro. Lo que aconteció en el tuyo ya no, porque has dejado aquí tu parecer al respecto.

Al final de la película “El club de los emperadores”, dirigida por Michael Hoffman en 2002, el profesor William Hundert, que, al principio de la misma había afirmado que, tras los años transcurridos, vividos, solo estaba seguro de dos cosas (la segunda que había aseverado era que “el carácter de un hombre es su destino”, frase de Heráclito), asegura que, “por mucho que tropiece, un profesor debe confiar siempre en que, con el aprendizaje, se pueda cambiar el carácter de un chico y, así, el destino de un hombre”.

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Sábado, 23 de agosto

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