El Blog de Otramotro

Los planes nunca funcionan

LOS PLANES NUNCA FUNCIONAN

—Los planes nunca funcionan.
—A ese criterio me adhiero.
—Es de “Posdata: te quiero”.
—Los azares los traicionan.
—O todas/os las/os que ambicionan
Que en realidad se conviertan.
—Que, abortados, desconciertan
Tanto a sus diseñadoras/es,
Que, estas/os, sí, sus soñadoras/es,
Quizá en más fiascos no inviertan.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Qué abre y clausura el estío?

¿QUÉ ABRE Y CLAUSURA EL ESTÍO?

Esta mañana, mientras andaba pulsando teclas a fin de sacar pasta de un cajero, en la Avenida del virólogo Jonas Edward Salk, han acertado a pasar por mi lado cuatro “nínfulas”, que se lamentaban de las respuestas erróneas que habían dado a las diez preguntas de que había constado el examen que acababan de hacer, de Lengua. A la que vestía minifalda se le han escapado unas cuantas lágrimas al tratar de explicarles a sus compañeras dos gruesos yerros, dos, que había cometido. Si la profe la suspendía, la estúpida culpable del cate habría sido ella, por haberle copiado dos respuestas fallidas, que ella había contestado en un primer momento correctamente, a quien ocupa el pupitre de delante, Leovigilda Gil, la empollona y pelota de la clase.

Esta noche, mientras pulso otras teclas, las de mi portátil, mi musa me impele a que escriba de esta guisa lo que sigue: “El verano suele presentarse con las notas y los buenos o malos rollos en casa causados por las mismas; y acostumbra a despedirse con un jubiloso ‘paso de curso’ o un cabizbajo y escueto ‘repito’”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Patrañas sobre Sol Doce

PATRAÑAS SOBRE SOL DOCE

Cuando un lego en el asunto
Se pone a urdir de Sol Doce,
De la que nada conoce,
Cuanto trence (eso barrunto)
Será supuesto o presunto.

Si escribe de sus entrañas,
Que al tal le fueron extrañas,
No le hagas el menor caso.
Cosechará un gran fracaso
Por la sarta de patrañas.

Edurne Gotor, “Metonimia”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Juzgué aquello una nonada

JUZGUÉ AQUELLO UNA NONADA

Una gitana en Granada
Me auguró que escribiría
Y que un blog gestionaría.
Poco caso le hice, nada.
Juzgué aquello una nonada.

Empero, hoy veo evidente
Que era una clara vidente
Quien leyó mi mano y vio
Mi futuro y se atrevió
A soltarlo de repente.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Va de ojos negros, traidores?

¿VA DE OJOS NEGROS, TRAIDORES?

Jesús y Ángel encantados
Están (¿o eso no demuestran
Sus guiños, que a la vez muestran?)
De a la cumbre ir convidados,
Aunque siéntense asustados.

Pérez y Sáez de versos
Disertarán, de diversos
Metros, rimas y aprendices
De ruiseñor; no de actrices
De iris traidores, perversos.

Eladio Golosinas, “Metaplasmo”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Lo normal en esta vida

21.05.14 | 14:00. Archivado en Ficciones, Poemas, Educación, Ciencia, Sueños

LO NORMAL EN ESTA VIDA

—Al deseo insatisfecho
Le sigue la frustración,
Que cursa con postración.
—En el lecho veo el techo
Y no desnudo su pecho.
—Lo normal en esta vida
Es que una mente atrevida
Se ponga metas o retos.
—Logre unos; y otros, concretos,
No obtenga ni apercibida.

Elvira González, “Metáfora”, y Edurne Gotor, “Metonimia”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Mantón manchaste y mentón

MANTÓN MANCHASTE Y MENTÓN

Por ser perita/o en mixturas,
Sé que te peta un montón
Manchar mantón y mentón,
Esto es, que a las esculturas
Que no asustan las alturas,
Nada más ser esculpidas,
Antes de ser escupidas,
De las suyas las palomas
Hagan, heces y no bromas,
Las pidas o no las pidas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Breve interviú a un decimero

BREVE INTERVIÚ A UN DECIMERO

—¿El señor Sáez García,
Autor de “el blog de Otramotro”?
—Quien lo gestiona soy, no otro.
—¿Una entrevista podría
Hacerle este mediodía
A usted, poeta navarro,
Si en este instante no marro?
—Puede hacerla a un decimero.
—Hago interviús de alfarero.
—Pues yo espinelas de barro.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


O entristece o alegra, Ernesto

O ENTRISTECE O ALEGRA, ERNESTO

—“Quien logra el fin frustra el resto”
(O “Es la certeza la ruina”)
O te hace rico o te arruina,
O entristece o alegra, Ernesto.
—La mimbre es que fina el cesto.
—Aunque un mal año tuviste
Y hasta un mal lustro sufriste,
Jamás a Dios ultrajaste
Ni en ningún lagar la armaste.
—Y el galardón concediste.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (LXXVII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LXXVII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Sin mi hermano y fautor José Javier yo no sería la persona pingüe en sensaciones, pensamientos, emociones y afectos que soy. A pesar de su muerte prematura, no obstante su ausencia azarosa, fue tan beneficiosa y tan provechosa, tan cercana y tan grata a los poros de mi piel su gracia influyente que, aunque a alguien pueda parecerle hoy el hecho una exageración, una hipérbole, para mí resultó algo lógico y normal que lo tomara por lo que, en realidad, sin ninguna duda, era, y aún continúa siendo y (auguro y aventuro) será, mientras la figura, silueta o sombra de este menda se proyecte, mi inconcuso y profuso muso. Seguramente, sin su inagotable inspiración, yo no hubiera trenzado ni la décima parte de los versos que he urdido. Diré más: puede que otrora fuera, que ahora sea y que en el futuro siga siendo el quid de mi ciencia, de mi arte y de mi religión. Si no recuerdo mal, fue mi tocayo Ángel Ganivet, que murió en la frías aguas del río Daugava o Dviná Occidental, a su paso por Riga (Letonia), quien escribió que: “en el fondo, ciencia, arte y religión son la misma cosa: la ciencia interpreta la realidad mediante fórmulas, el arte mediante imágenes y la religión mediante símbolos”.

He comprobado (tras escucharte con atención —te agradezco aquí, sí, también, de nuevo, la llamada telefónica—) que no has seguido tu propio consejo. No te tomes los asuntos desagradables que tienen que ver con un mal profesor tan en serio. U olvídate cuanto antes del sujeto en cuestión; y, a mayor abundamiento, que no miento, si suele comportarse con todos, alumnas y alumnos, de un modo abyecto. Hazme caso. Amén de ser un estupendo proyecto, tiene buen firme el trayecto.

Entiendo que eches chispas, pero, por favor, no las uses para prender la leña que otros han colocado bajo los pies del que quieren que muera en la hoguera.

¿“Mosca cojonera”? Mutatis mutandis, te urdiré, poco más o menos, lo que he trenzado arriba a propósito de mi hermano José Javier. Tus comentarios tienen la rara, por doble, virtud de fungir de buida comadrona o partera (como Fainarate, la madre de Sócrates) y de perito escultor (como Sofronisco, el padre del susodicho filósofo ateniense), pues me ayudan a alumbrar y modelar lo mejor de mí mismo, lo que yo llamo “mis hijos de papel”.

“Morfologuea” y sé creativo como y cuando creas conveniente, a tu manera. Procura ser siempre tú mismo.

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De una indeleble novela

DE UNA INDELEBLE NOVELA

(JEAN VALJEAN A MÍ ME ENCANTA)

Mar me ruega que le miente
Una indeleble novela
Que le sirva a ella de vela
O antorcha, esperma o simiente;
Que sea osado o silente.

Son varias las memorables,
Pero por “Los miserables
De Hugo el menda se decanta:
Jean Valjean a mí me encanta;
Sus gestas/os son admirables.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (LXXVI)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LXXVI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Celebro que te sigan encantando los tercetos. Entiendo que lo que dicen depende y pende de los dos cuartetos (sobre todo, del segundo).

Lamento comentarte que no vi ayer el programa de “El hormiguero”, ni “El enjambre”, ni “El avispero” (si es que existen). Sí leí, estando estudiando octavo de E. G. B., en el seminario menor que, in illo témpore, regentaban los Padres Camilos en Navarrete (La Rioja), “La colmena” (la versión autocensurada o expurgada —ya que, como sabes, recientemente, ha aparecido la original, con escenas eróticas—), de Camilo José Cela. A nuestro profesor de Lengua y Literatura, don Jesús Arteaga, le había solicitado, para hacer un trabajo, “San Camilo, 1936”. La adquirió, me la cedió y empecé a leerla con gusto, pero el profesor de Francés, don Salvador Pellicer, se dio cuenta de que la leía con inusitada fruición, posó sus ojos y pasó su vista por las páginas del libro abierto y, coligiendo en un pispás de qué iba la novela, me la quitó de las manos. Y (le y me) recomendó que la supliera por la arriba mentada. Algunos años después, no obstante su compleja estructura narrativa, vanguardista, sin duda, pude (re)leerla de cabo a rabo con placer.

Ya perdonarás la digresión, el excurso (a propósito de mi octavo curso de E. G. B.).

Como te consta, en esta (no sé si habrá otra) vida todo depende del punto de vista que adoptas, de tu perspectiva.

Te recordaré los cuatro versos que conforman la cuarteta que da cuenta de lo que mucha gente conoce ya por la “ley campoamor”: “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira; / todo es según el color / del cristal con se mira”. Y los versos de José Hernández en “Martín Fierro”, que versan sobre la “ley del embudo”: “Hay muchos que son doctores, / y de su ciencia no dudo, / mas yo que soy hombre rudo, / y aunque de esto poco entiendo / diariamente estoy viendo / que aplican la del embudo”.

Ciertamente, ignoro si existe la otra vida, pero me gustaría que la hubiera. Así, una vez finados mis días en el planeta Tierra, en el caso de que hubiera cielo, infierno, limbo y purgatorio, me gustaría ir, una vez hubiera expurgado mi alma y, tras haber sido instalado en el paraíso, al teatro, acompañado de quienes, viviendo en el planeta azul, no logré ir, entre ellos, mi hermano José Javier, de quien versará la décima de mañana, y siendo allí estupendamente acomodados. En un pispás ha quedado deshecho el misterio, que no era, no, ningún desecho.

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Miércoles, 1 de octubre

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