El Blog de Otramotro

Hay que acabar cuanto antes con las ratas

HAY QUE ACABAR CUANTO ANTES CON LAS RATAS

(PORQUE SON TRANSMISORAS DE LA PESTE)

Lamento tener que reconocer, una vez más, lo obvio (servidor sería o, mejor, se estaría comportando como un ciudadano, amén de deshonesto, idiota, si, en lugar de quitar o retirar el tupido velo, echara una palada más de tierra sobre la realidad, para ocultarla), pero la evidencia es irrefutable. El Govern de la Generalitat, si no le ha terminado de doblar el brazo al Gobierno de España (en esta sociedad actual, nuestra, que está hasta la saciedad de la suciedad, sí, pero donde cuenta más aparentar que ser, también), le está ganado el pulso, la batalla del relato, sobre el cada vez menos “conllevante” problema catalán, en el ámbito europeo, exterior, internacional.

Si hace escasas semanas eran cuarenta y un senadores franceses los que se metían en camisa de once varas, esto es, se pasaban de castaño oscuro, o sea, siete pueblos, al denunciar una presunta represión contra los guías (cabecillas, más bien) del “procés”, que están siendo juzgados (con todas las garantías habidas y por haber, en directo) en el Tribunal Supremo, la semana pasada Die Linke, La Izquierda, partido político alemán liderado por Katja Kipping y Bernd Riexinger, presentó en el registro del Bundestag una moción en la que pedían al Gobierno teutón que se interesara por unas supuestas violaciones de los derechos humanos a los dirigentes independentistas catalanes. Prospere o no dicha moción, lo que ambos hechos han dejado meridiano, al descubierto, es que varios Ejecutivos españoles no han estado a la altura de las circunstancias, al minusvalorar la estrategia de los secesionistas catalanes, tendente o proclive a la internacionalización del conflicto, remedando la que otrora pusieron en circulación (con escaso éxito o recorrido, por cierto; hay que reconocerlo y recordarlo) algunos dirigentes de la hoy extinta ETA.

La democracia española es manifiestamente mejorable, perfectible (supongo que otro tanto ocurre con otras de nuestro entorno), pero es homologable con cualesquiera otras europeas, al estar en la media. Basta con acudir a las cifras que suministran los diversos organismos oficiales que miden sus diferentes aspectos, índices o valores para constatar lo dicho.

Lo que más llama la atención del asunto en cuestión es que los dirigentes independentistas no se cortan un pelo, es decir, no tienen ningún problema a la hora de hablar mal (sueltan sapos y culebras) del sistema democrático español, conformando con cuanto propalan un rosario interminable de embelecos, mientras que los responsables de los partidos constitucionalistas parecen tener escrúpulos para decir verdades como puños, cuando les toca criticar cuanto acaece en Cataluña, donde el Govern y el Parlament han dado muestras suficientes de dejación de funciones, con un (molt honorable, de palabra, no de actos o hechos) president, verbigracia, el actual, Torra, sin empaque, sin fuste, orgulloso de ser un pelele o vicario del anterior en el cargo, Puigdemont (huido de la justicia, no exiliado, llamemos a las cosas por su nombre, que lo tienen), mostrándose desobediente con la Junta Electoral Central, haciendo un feo tras otro al jefe del Estado cada vez que este, el último, acude por el motivo que sea a Cataluña, arengando a las hordas o huestes de los comités de defensa de una república (CDR) utópica “para que apreten”,…

Una de las primeras, por prioritarias, disposiciones o medidas que el próximo Gobierno debe tomar sin falta, sin procrastinarla más de la cuenta, es consensuar con el resto de las formaciones constitucionalistas la mejor, por más urgente y digna de acuerdo, buscar el modo de deshacer o hacer polvo la colección de mentiras sin cuento (realmente, con mucho tal) que los independentistas han propagado por doquier (aparentando que eran fetenes) antes de que sea demasiado tarde, porque las susodichas pueden crecer y, lo que es peor, reproducirse hasta el infinito.

Hay que acabar cuanto antes con las ratas, con las erratas, porque son transmisoras de la peste. No conviene olvidar el último párrafo de la obra homónima de Albert Camus, que dice (es un mero aviso para navegantes) así: “Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


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