El Blog de Otramotro

Así ha sido mi impar fin de semana

ASÍ HA SIDO MI IMPAR FIN DE SEMANA

Dilecta Pilar:

Celebro que fuera así, muy bueno, tu “finde”. El mío no le fue a la zaga. El sábado pasado, 30 de marzo, celebré mi quincuagésimo séptimo cumpleaños de esta guisa. Para tener despejada la mañana, había adelantado la limpieza semanal a la tarde de la víspera, el viernes. Había quedado con mi íntimo amigo Luis de Pablo Jiménez en que, cuando acabara el acto de la entrega de los premios del IV Certamen de Poesía en honor de Santa Ana (que como en años anteriores tuvo lugar en el Palacio Decanal, de Tudela), en el que volví a recoger otro diploma de finalista, le llamaría por teléfono. Así hice, tras entablar breve conversación telefónica con mi prima Justy, que había intentado hasta cuatro veces contactar conmigo durante el mencionado acto poético (pero este menda había hecho lo oportuno o preceptivo al desconectar su móvil).

Nada más levantarme, tras bañarme y desayunar, fui a comprar el pan y el periódico, El País, en los lugares habituales. En la librería/papelería “El Cole” había hecho copias del soneto con el que había participado en el mencionado concurso, “¿Un soneto en honor de la Patrona?”, y de uno de los textos en prosa en el que hablaba de la última vez que me junté con mis íntimos amigos, “Los Luises”, Luis de Pablo, arriba mentado, de Rincón de Soto, y Luis Quirico Calvo Iriarte, de Tafalla, pero sin citarlos, como sí hago aquí y ahora con sus nombres y apellidos, a fin de que los dos tuvieran sendas copias de ambos.

El plan que, grosso modo, vía invento de Bell, habíamos acordado o pactado Luis de Pablo y un servidor era almorzar en el Restaurante “De Miguel” (y allí acudimos, pero, como no había reservado mesa —pensé que, siendo dos los comensales, no habría problema—, nos acercamos a otro local de la competencia, hasta “La Parrilla”, donde comimos estupendamente).

Pasadas las cuatro de la tarde, pagué la cuenta (en la ocasión anterior, le había tocado apoquinar la dolorosa a Luis) y nos desplazamos hasta donde él había aparcado su coche, tomamos asiento, Luis lo puso en marcha y, dándole a la mui, llegamos a nuestro destino, Tafalla. Nuestra intención era hacer una visita y dar una sorpresa a nuestro íntimo amigo común, Luis Quirico, que había sido operado recientemente. Y yo volví a recordar a Demetrio de Falero. Esta vez rememoré la otra de sus dos famosas frases felices sobre la amistad: “En la prosperidad, el verdadero amigo acude a tu casa al ser llamado; y en la adversidad, sin serlo”. Nos tomamos un café y una caña con él (no consintió en que pagara la ronda yo) en el bar con cuyo dueño, Javier, habíamos trabajado De Pablo y yo en el bar “El Andaluz”, de Rincón de Soto, hace más de treinta años, nos despedimos y regresamos. Luis me dejó en Tudela y él tomó la dirección de Rincón.

Pasadas las nueve menos cuarto, hallé a Pío donde habíamos quedado y le invité a unas patatas bravas y unas cañas en el “Nenaf”. Salimos de allí, doblamos la esquina y entramos en el “Burcon”, donde Íñigo, el camarero, ya nos conoce y nos puso lo que solemos tomar. En esta oportunidad, fuimos a pimplar el irónico arranque o último trago al “Isidro”. Coronado dicho trámite, nos marchamos a casa (cada uno a la suya).

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Domingo, 26 de mayo

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