El Blog de Otramotro

Puro oro es el aceite de Navarra

PURO ORO ES EL ACEITE DE NAVARRA

—Quien come una tostada,
Regada con aceite de Navarra,
Alcanza una gozada.
Si vas allí, a la barra,
Que quedan hallarás, si este no marra.
—De casa traigo un ajo.
Me agrada su sabor sobremanera.
También vengo al trabajo
Con el remedio, Vera,
Para que para atrás no eche mi acera.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Buonarroti habló esculpiendo/pintando

BUONARROTI HABLÓ ESCULPIENDO/PINTANDO

Recomiendo tener menos
A quien pretende ser más.
Lo aprendí de los demás;
Que los consejos ajenos
Pueden ser sabios y amenos.
Se ha de quitar lo que sobra
Para que se admire la obra.
Cuanto el mármol escondía
Salió a relucir un día.
Por esa labor se cobra.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Ciertamente, me salen como churros

CIERTAMENTE, ME SALEN COMO CHURROS

Dilecta Pilar:

Excepcionalmente, la que te remití ayer y porta el rótulo que le puse (suele ser, como no se te escapa, un endecasílabo), “Pues el mío no estuvo mal del todo”, aparecerá publicada en mi blog mañana. Te consta que son escasas, muy escasas, las que nada más ser trenzadas por el abajo firmante suelen ver, a las pocas horas, la luz.

Así es, parece que, teniendo en cuenta los últimos días, las epístolas que te he dirigido, ciertamente, me han salido como churros, o sea, sin aparente esfuerzo o trabajo, con suma facilidad. Ahora bien, aún me conformaría más, es decir, me daría más por satisfecho, si los productos o resultados de las mismas no semejaran churros, llames así a los textos mal escritos o a las serendipias (aunque lo que sí he tenido la oportunidad de constatar, tanto en el ámbito ajeno como en el propio o anejo, es que estas, los valiosos hallazgos casuales, acostumbran a acaecerles a quienes están trabajando, haciendo lo que sea, verbigracia, al doctor Alexander Fleming, que estaba investigando otro menester cuando descubrió, por un acierto casual o chiripa, la penicilina).

No he tenido la suerte de ver representada ni he leído la tragedia “El castigo sin venganza”, de Lope. Me alegra que tú sí hayas gozado de ese privilegio y te sientas afortunada por ello. Hace mucho que no voy al teatro a ver una obra de teatro, aunque en la vida normal no te cansas de advertirlos por doquier; en cualquier bar, casa o esquina puedes hallar uno en pequeño. Te consta cómo tituló Pedro Calderón de la Barca uno de sus autos sacramentales, “El gran teatro del mundo”. Y, asimismo, que para “La vida es sueño”, seguramente, su más imperecedera obra, como personaje principal e inmarchitable de la misma, creó a su ente dramático por antonomasia o excelencia, a quien, por cierto, bautizó con la gracia que rima, precisamente, con mundo, Segismundo.

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Cuanto voy a contarte fue verdad

CUANTO VOY A CONTARTE FUE VERDAD

(DESDE EL PUNTO DE VISTA LITERARIO)

(AVISO QUE ESTE TEXTO ES SICALÍPTICO)

Ayer, en una epístola que le escribí a mi dilecta amiga María Pilar Martínez Barca le decía que “hay quienes tienen la rara habilidad, el sexto sentido, de extraer el jugo genial que contienen y portan algunas personas, y luego, además, son capaces de enriquecerlo, optimizarlo, encapsularlo en pequeñas dosis, repartirlo y aprovecharlo para que, una vez ingerido, pueda contribuir al crecimiento personal, propio y ajeno, singular, dual, plural o grupal y aun coral de la sociedad donde viven, de su microcosmos”.

Como a mí, que me lo paso de rechupete siguiendo la estela o el rastro que dejó Alonso Quijano, también me peta y apetece inventarme pasiones y personajes para probarme, hoy me ha dado por ver si logro metamorfosearme o aparentar que soy (funjo o finjo ser) una de las personas mentadas en el párrafo anterior, o sea, de las que por sus arterias y venas circula, además de la sangre común, el citado jugo genial, o de las que lo sacan, potencian, maximizan, hacen píldoras con él y, más tarde, erogan entre las de su entorno. Así que, tras releer el encabezamiento, que no miento, del artículo titulado “Pisar la raya”, que lleva la firma de su autor, Daniel Gascón, y fue publicado el sábado pasado, 23 de marzo de 2019, en la página 13 del diario El País, he decidido seguir la senda que había transitado Gascón hasta que he llegado a un jardín borgeano, donde el sendero se ha bifurcado hasta el infinito (eso es, al menos, lo que he barruntado).

No me creerás, lector/a, pero cuanto voy a contarte fue verdad (desde el punto de vista literario). Así que confío, deseo y espero que seas digno/a de leer la confidencia que me dispongo a relatarte y que lo hagas con absoluta reserva, esto es, que la guardes, como oro en paño, en la misma caja fuerte donde sueles depositar, a buen recaudo, otros secretos o secretos de otros/as.

Hace una semana cabal, antes de lo normal, llegué, hecho polvo, del trabajo a casa. Nada más abrir la puerta, me pareció oír jadeos que provenían del dormitorio. Así que encaminé mis pasos hacia allí. Anduve, intrigado, los diez metros de pasillo y, como la puerta estaba abierta, pude guipar cómo mi esposa gozaba de lo lindo mientras cabalgaba desmelenada, desbocada, sobre el vientre desnudo de un desconocido. Como me quedé de piedra, sin habla, contemplando la escena, pletórica de lascivia, ellos siguieron a lo suyo, la faena, hasta que, al fin, pude articular palabra y proferí un “¡pero bueno!”. Esta expresión fue mano de santo, porque mi mujer se percató de mi presencia y procedió a desencolarse y a cubrir, pudorosa, su joyero con la primera prenda que halló a mano, su sostén. El tío, un tipo malencarado, me miró con rabia y de la mesilla cogió y abrió una navaja enorme, cuyo filo resplandecía tanto que me acongojó e hizo tragar el doble o el triple de la cantidad de saliva habitual. Trazó con ella una raya en el parqué, en el umbral de la puerta, paralela al dintel, y me amenazó: “Como cruces la línea, atente a las consecuencias”. Como su dedo sin uña aún permanecía extrañamente enhiesto, volvió a la cama, mi mujer procedió a darle cobijo de nuevo en su grieta o gruta y ambos siguieron dando rienda suelta a sus deseos libidinosos.

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Pues el mío no estuvo mal del todo

PUES EL MÍO NO ESTUVO MAL DEL TODO

Dilecta Pilar:

Celebro que también vosotras estuvierais en la Casa General de la Orden de San Camilo (de Lelis), en Roma. Y, asimismo, que tu finde fuera perfecto. Pues el mío no estuvo mal del todo.

Hay quienes tienen la rara habilidad, el sexto sentido, de extraer el jugo genial que contienen y portan algunas personas, y luego, además, son capaces de enriquecerlo, optimizarlo, encapsularlo en pequeñas dosis, repartirlo y aprovecharlo para que, una vez ingerido, pueda contribuir al crecimiento personal, propio y ajeno, singular, dual, plural o grupal y aun coral de la sociedad donde viven, de su microcosmos.

Quienes el sábado pasado acudieron como público al Teatro Gaztambide, a la quinta entrega de los premios “Goya” de La Teba (acrónimo que significa Tudelanos En Buena Armonía, que este año celebra el cincuenta aniversario de su creación como peña), sin duda, me entenderán.

Los miembros (ellas y ellos) de la citada, atentos a cuanto pasa durante el año en la Ribera Navarra, desde hace un lustro vienen premiando la excelencia allí donde la advierten (proceda esta de colectivos o personas individuales); y apoyan, de manera solidaria, las causas nobles. Este año, por ejemplo, al premiar al niño Izan y a su familia, reconocían su lucha e intentaban echar una mano a la Asociación Duchenne Parent Project para que siga contendiendo contra el síndrome de distrofia muscular susodicho, que padece Izan.

Este año se ha obsequiado con cariño a raudales y la bota, símbolo de la peña tudelana, a la UNED, César Oroz, Luis González (“el Jabonero”), Coro de Griseras, Festival Ópera Prima, Club Deportivo Tudelano, Estaciones Sonoras (de Cascante), Orden del Volatín, Tudela Ciudad Cardioprotegida, Peña “La Teba”; y el Goya de Honor ha ido a parar a Izan.

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Estás igual, Pilar, reconocible

ESTÁS IGUAL, PILAR, RECONOCIBLE

(CON MEDIO SIGLO LARGO DE AÑOS MÁS)

Dilecta Pilar:

Seguro que te sale la columna de perlas (como el magnífico poema que has elegido para acompañar tu doble foto con tu pequeña muñeca, “Si no os hacéis como niños,...” —si no nos volvemos a hacer como niños, no sabremos explicar qué es la inocencia—).

Como los consejos suelen darlos los viejos (cada vez son menos los que aún alardean de tener alguna capacidad para dar malos ejemplos), con tu comentario ¿acaso has querido metamorfosearme en un pispás en uno de ellos? Sé que no has olvidado que somos de la misma quinta. No creo que necesites consejos, aunque, en cierto modo, eres una cría (aun siendo tía de varios sobrinos, en la misma medida que el menda lo es de ocho). Mírate en la doble foto de la doble muñeca. Estás igual (con medio siglo largo de años más, claro), pero igual, muy reconocible.

Ese “yo sigo queriéndome comer” lo aduces por la susodicha doble foto, claro.

¡Preciosa tu felicitación navideña!

Como el año pasado, subiré a Cascante, para pasar con mi hermana, tu tocaya, Pilar, cuñado y sobrinos la Nochebuena; y comeré el día de Navidad (este año conmemoraremos el cuadragésimo aniversario de la muerte de mi hermano el mayor, José Javier, que sigue teniendo dieciocho años) con mi hermano Miguel Ángel y familia. Nos juntamos todos en casa de “Use” y María José para fin de año e iré a comer con Jesús María y familia el día de Año Nuevo.

Gracias a ti, por ser como eres. Y, si algún día cambias, que sea para echar o verter miel sobre las hojuelas, porque solo concibo que esa muda sea a mejor, hasta ser tenida por todos como la misma caraba, repanocha o repera.

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Los líderes no se ablandan

LOS LÍDERES NO SE ABLANDAN

La misma desolación
Cunde por cualquier esquina,
Porque ha arraigado la inquina.
No cabe hacer distinción
En ninguna formación.
Los líderes, quienes mandan
Y los partidos comandan,
Han hecho sitio en sus listas
A algunas/os paracaidistas.
Las quejas no los ablandan

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


A mí, impar alcachofa de Tudela

A MÍ, IMPAR ALCACHOFA DE TUDELA

—O me escribes dos liras
A mí, impar alcachofa de Tudela,
O tanto no me admiras.
—Ponle, amada, una vela
A Santa Ana; la Abuela las modela.
—Aunque no soy devota
De la Patrona (paso por atea),
Como odio la derrota,
Enciendo en la azotea
Una y Ella las dos da que portea.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¡Menuda metamorfosis!

¡MENUDA METAMORFOSIS!

—Rivera le ha echado un pulso
A Sánchez en transformismo.
—Coincido; porque eso mismo
He pensado ¡Vaya impulso!
Al otro ha dejado insulso.
—¿Cómo se puede pasar
De al oponente abrasar
En la hoguera por el cupo…
—... “Cuponazo”, a ese mal grupo
Cortejar hasta casar?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Hoy quien milita lo irrita

HOY QUIEN MILITA LO IRRITA

—Dime un partido cercano
A la democracia interna.
—Aunque portes hoy linterna,
No hallarás ninguno a mano.
Te lo advierte este fulano.
—Sánchez alcanzó el poder
Y prometió devolver
El PSOE a sus militantes.
—Ahora los ve irritantes,
No dejando de joder.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Que Vox puede ganar las elecciones?

¿QUE VOX PUEDE GANAR LAS ELECCIONES?

Ayer soñé que celebraba en la grata compañía de varias personas un cumpleaños. Durante el convite, una cena (a base de bocadillos variados, vino de Rioja, café y un chupito de pacharán —en un ágape lo precipuo e importante no es el paisaje, ni la cubertería, ni la vajilla, ni la exquisitez de las viandas y los caldos que echarse una/o al coleto, sino los lazos invisibles de la amistad, el paisanaje—), di mi parecer sobre los diversos temas que salieron a relucir en el debate a quienes tenía más cerca en la alargada mesa en cuyo contorno o derredor nos sentamos los comensales, el amigo íntimo, que cumplía años, 57, y varios colegas suyos del pueblo, adonde regresa cada fin de semana de la capital de la provincia, donde trabaja. De los tres o cuatro asuntos que tratamos, el político apenas lo rozamos. Sin embargo, en el otro extremo de la mesa, según el parecer del otro amigo íntimo (o hermano, pues eso es lo que vino a sostener Demetrio de Falero, cuando adujo que un hermano puede que no sea un amigo, pero un amigo siempre será un hermano), con quien había ido a la localidad del allegado común en su coche (he de reconocer que tengo amigos, amén de generosos, perseverantes, pues nuestra amistad, como aseguraba in illo tempore la publicidad de cierta marca de pilas, que duraban y duraban, es diuturna, pues esta se fraguó antaño, mientras compartíamos piso y trabajo hace más de siete lustros y ahí sigue, perdurable), si no el único, el tema estrella de la conversación que mantuvieron fue el de la política patria. En el viaje de vuelta, cuando regresábamos a nuestras respectivas poblaciones de origen, me comentó, asombrado, que el grueso de los contertulios que le habían tocado en suerte ya habían decidido qué papeleta iban a introducir en el sobre, en las próximas elecciones del 28-A, la del partido que comanda Santiago Abascal, Vox.

¿Qué es lo que había impulsado o propiciado que los susodichos se decantaran por Vox? (se y me preguntó). Eso solo lo sabían, a ciencia cierta, ellos. Yo, incapaz de acceder a sus conciencias, en el sueño, me limité a darle cuenta a mi amigo íntimo del amplio y posible abanico de posibilidades, sin dar preeminencia a una ni inclinarme por ninguna en concreto.

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Quiera o no cabrearnos, lo ha logrado

QUIERA O NO CABREARNOS, LO HA LOGRADO

Es la segunda ocasión en la que alguien (no me cabe la menor duda de que se trata de la misma persona que echó mano del mismo procedimiento la primera vez), un lector (hembra o varón) habitual de mis urdiduras o “urdiblandas” (porque estilística e ideológicamente los renglones torcidos que contiene su escrito los hubiera podido trenzar, de cabo a rabo, y firmar este menda), usa el mismo medio (colar o depositar en mi buzón su texto) con idéntico fin (para que, si no oponía objeción al respecto servidor, este fuera publicado, en la bitácora que gestiona, el blog de Otramotro).

Transcribo a continuación, en el anejo espacio, entrecomillado, el ajeno parágrafo:

“Tengo para mí que indignar e indignarse son las dos caras de una misma moneda (en plata, que, si alguien se indigna, es por la sencilla razón de que alguien, busque o no tal cosa, indigna); o, si se prefiere esta otra imagen, por parecerle al lector de estas líneas (sea ella o él) más acertada o cabal, la cara y la cruz de una misma realidad, el haz y el revés de idéntica trama. Ahora bien, cabría preguntarse si la verdadera pretensión o propósito de quien hace o deja de hacer lo que sea (pondré como ejemplo de dejar de hacer al sin un ápice o pizca de honor Quim Torra, que anda desobedeciendo cada dos por tres lo que le ordena la autoridad competente, o sea, tomándole el pelo impunemente a la Junta Electoral Central), que a otro le indigna (en el caso concreto propuesto, sería, amén de a los miembros de la citada Junta, al grueso de la ciudadanía, que está harta de este y otros botarates de semejante jaez), es, sin hesitación, indignar. ¿Acaso cabe otra respuesta o resultado racional que no sea indignarse? Pues sí, no había caído antes en ello, pero sí, cabe reírse a mandíbula batiente de las salidas de pie de banco del sujeto que ostenta la más alta representación del Estado (¡manda narices!) en Cataluña, el que tiene a muchos españoles (entre ellos, a la mitad de los catalanes, hembras y varones) hasta más arriba de la coronilla”.

Entre los lectores (ellas y ellos) de esta chuchería literaria que ya hayan sobrepasado la cincuentena, seguramente, cabrá hallar quien recuerde, si no con toda fidelidad, sí lo precipuo o principal de la distinción que coronó entre los verbos molestar, irritar y cabrear, en uno de sus gags inolvidables, el genial humorista Miguel Gila.

En estos precisos momentos, no recuerdo el nombre que escogió para llevar a cabo el experimento que ideó. Huelga decir que es mi deseo y mi esperanza que nunca lo probara, por supuesto.

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Cuando la lumbre alumbraba

CUANDO LA LUMBRE ALUMBRABA

Hay quien, se halle donde se halle (no importa dónde), siempre repite la misma cantilena o cantinela, que antes (sin parase a especificar cuándo) los tiempos y las costumbres eran mejores que los/as hodiernos/as. O peores, que de todo hay en la viña del Señor. Ante las/os tales, suelo pensar lo idéntico (y, solo si la confianza lo favorece o propicia, proferir, poco más o menos, esto) que lo que a mí me consta es que eran otros y otras.

Me encuentro entre (o sumo a) quienes entienden que otrora ocurrieron unos hechos que hoy no se entienden bien del todo y que se yerra, de modo morrocotudo, cuando se tiende a valorar comportamientos antiguos con la mentalidad moderna. Lo lógico y normal es juzgar el pasado (y todo lo que a él concierne) con los criterios del pasado y el presente con los del presente, como así, supongo, en el futuro harán quienes opinen sobre el porvenir, que para las generaciones que vienen será presente o pretérito reciente.

Quien haya superado la cincuentena y acudió, siendo un crío (hembra o varón) a la casa de sus abuelos (y, si estos vivían en un pueblo, con más razón), seguramente, recordarán que en la cocina de la susodicha había un hogar (con la preceptiva chimenea), donde se hacía la lumbre. Allí se colocaba, rodeado por las brasas o encima de un trípode de hierro (“las truedes”), el puchero para hacer la comida. Al calor de la lumbre, se tostaban las rebanadas de pan de hogaza, que con un chorretón de aceite del trujal y, de manera optativa, con ajo y sal o azúcar, estaban de rechupete. Al mismo calor, subían los colores a los mofletes de la cara, si una/o se aproximaba más de la cuenta. Por las noches, en torno al hogar, se narraban y escuchaban relatos de todo jaez; unos iban acompañados de risas y aun carcajadas y otros de miedo y hasta pánico.

En muchas casas actuales, el hogar, ese lugar donde antes había fuego, cuyas llamas alumbraban mal la estancia (si era de noche) y, más o menos, la caldeaban, hoy lo ocupa un electrodoméstico, la tele.

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Fue esto realidad, no una ficción

FUE ESTO REALIDAD, NO UNA FICCIÓN

PERDIÓ UN EURO Y OCHENTA Y OCHO CÉNTIMOS

No negaré que lo que me dispongo a narrar a continuación ocurrió porque, además de la cajera, hubo al menos una clienta que fue testigo presencial, oyente y vidente, del hecho.

Un señor, tras haber pagado la compra que acababa de hacer en cierto supermercado, se dio cuenta de que no le habían hecho el descuento en determinado producto que había adquirido. Así que, raudo, como el rayo, se dirigió a la chica que le había atendido para que subsanara el desaguisado que había cometido ella o la máquina.

La cajera le echó un vistazo al tique y comprobó que el descuento no había sido efectuado por el sencillo motivo de que ella se había equivocado a la hora de pasar por el escáner la compra, ya que, en lugar de marcar dos paquetes de chicles, compra que llevaba aparejada la rebaja en el precio, solo había marcado uno; así que, tras la operación cabal, el señor se vio obligado a satisfacer 1 euro y 44 céntimos más. Coronado dicho proceso, el señor, antes de abandonar el establecimiento, miró y remiró el recibo de compra por si hallaba otro gazapo. No reparó en que la joven que le había atendido, en lugar de marcar lo dicho, marcó dos garrafas de agua de cinco litros, que sí había depositado el señor sobre la plataforma de la caja y, más adelante, otra, que no, pero de dicho desacierto se dio cuenta el señor en casa.

Seguramente, llegado a este punto del relato, el atento y desocupado lector (sea ella o él) se preguntará con razón, cómo sé (pues doy hasta pelos y señales) tanto de lo acaecido. La respuesta es obvia. Porque lo narrado le ocurrió esta misma mañana al abajo firmante de estos renglones torcidos; quien de tan listo que fue, ha quedado a los ojos de la cajera, de quien fue testigo seguro del hecho (pudo haber más) y de sí mismo como un tonto (el viaje de regreso a casa fue, a ratos un potro de tortura, a ratos un infierno, pues no dejó de llamarse durante todo el camino, un vía crucis, bobo o bodoque).

Así que, atento y desocupado lector (sea hembra o varón), hágase y hágame el favor de ser coherente, congruente y escarmiente en cabeza ajena; y antes de formular cualquier queja, cerciórese de que tiene razón en hacerla; no vaya a ser que le pase lo que le aconteció esta mañana a servidor, que tuvo que pagar 1 euro y 44 céntimos por pasarse de listo, más 44 céntimos de la garrafa de cinco litros que no compró.

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No obvies las menudencias escabrosas

NO OBVIES LAS MENUDENCIAS ESCABROSAS

Dilecta Pilar:

Como (me consta que te has estudiado) te comprendes mejor que nadie, ya sabes qué compromisos y cuántos has de aceptar, qué cantidad de estrés (“escuatro” o “escinco”) eres capaz de controlar y soportar.

Como solo escuchando o leyendo he aprendido un montón, sigo cultivando ese doble arte de escuchar y leer con suma atención.

El sábado por la mañana hablé, por la vía que inventó Bell, con mi amigo Luis Quirico Calvo Iriarte; por la tarde hablé por teléfono con mi amada Pilar y con mi amigo Luis de Pablo, que vino a visitarme (llegó hasta el Centro Cívico “Lourdes”, donde servidor andaba pulsando las teclas de un ordenador —nos tomamos una caña en la cafetería de El Quinto Pino, que está debajo de mi casa, y hablamos de todo un poco— con las yemas de cuatro dedos). Por la noche, como te adelanté, creo, tras tomarnos tres zuritos, Pío y yo acudimos a la calle Portal, sede de la peña “La Teba”, porque (mediada la previa invitación del presidente de la citada, Sergio Iturre) nos habíamos apuntado para la cena del pastor. Fuimos 43 y lo pasamos estupendamente. Cantamos, nos bebimos un gin-tonic y a las dos de la madrugada nos marchamos a casa (cada uno a la suya). El domingo lo dediqué a las sanas y productivas costumbres de leer y escribir.

Cuenta, cuenta (y no des por obvios los detalles más escabrosos; es zumba; no soy persona adicta a los chismes).

Supongo que no serán pocas las dificultades o dudas que te surjan. Rehusar es más difícil que aceptar.

Saber escuchar es, como saber leer, una disposición del ánimo que solo la aprende y llega a ser experta/o en ella quien la ejerce y ejercita a diario.

Fue un fin de semana con más ingredientes de los habituales, ciertamente.

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Por favor, no me moleste

POR FAVOR, NO ME MOLESTE

Iuris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere” (“Los principios del derecho son estos: vivir honestamente, no molestar al otro y dar a cada uno lo suyo”).

Domicio Ulpiano

Por favor, no me moleste.
Ni insista, ni me maree.
Ni me irrite, ni cabree,
Me llame usted desde el este,
El norte, el sur o el oeste.
Si no me equivoco o tuerzo,
Me ha llamado usted, mastuerzo,
Preguntándome si ayuno
A la hora del desayuno
Y hace un rato, en el almuerzo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Partidario del contrario

PARTIDARIO DEL CONTRARIO

Yo siempre soy partidario
De que, acierte o desatine,
Cada quien del tema opine,
Porque a veces el contrario
Solo es el complementario.
Me niego intelectualmente
A militar en corriente
Alguna, porque yo acepto
Que abordar cabe el concepto
De forma opuesta a mi mente.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Yo soy yo y mis bastiones interiores

YO SOY YO Y MIS BASTIONES INTERIORES

Dilecta Pilar:

Déjame darte las gracias a ti y a tu artículo de ayer en el Heraldo de Aragón, “Baluartes interiores”, y también a José Ortega y Gasset, por amadrinar tú y apadrinar él, esto es, propiciar a medias, el rótulo y el contenido de esta, la epístola que te dirijo.

Hay quien dice que una/o es de donde estudió la carrera universitaria. Si eso es así, si pasa por ser una verdad incontrovertible, yo soy de Zaragoza. Hay quien sostiene, como mantuvo Max Aub, que una/o es de donde cursó el bachillerato. En mi caso, lo mismo da, porque de las asignaturas de los tres cursos del Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) me examinaron profesores que impartían, a la sazón, sus lecciones en el Colegio “San Valero”, seminario menor zaragozano. El COU lo hice, asimismo, en la capital maña, concretamente, en el Colegio “Enrique de Ossó”, las Teresianas.

El pabellón de Filología ha sido derribado, ciertamente; pronto no quedará allí ni una sombra o mota de polvo (espero que no te extrañe leer esta hipérbole, pues el agua del Ebro me ha hecho propenso a ellas) de sus actuales escombros, pero aunque sus techos, suelos, paredes y escaleras hayan pasado a mejor vida, los recuerdos de muchos de los hechos que allí acaecieron irán (viajarán), siempre que el alzhéimer no nos juegue una mala pasada, con nosotros.

A mí, hoy, al menos, me resulta meramente imposible olvidar a María Antonia Martín Zorraquino, a José-Carlos Mainer Baqué, a José Manuel Cacho Blecua, a María Jesús Lacarra (a mí sí me cupo la fortuna y el honor de tenerla como profesora en Primero; además, presidió el tribunal que me puso un 8), a Mateu (fui traductor suplente en su clase), a Iso, a Aurora Egido, a Leonardo Romero, a Esther Lacadena, a Enguita, a Monge, Val, Buesa, Armisén, Albiac, etc.

Y cómo no recordar a los émulos más cercanos: Susana, María Jesús, Pilar, Jesús Miguel, Javier, Juan Carlos, Arellano, etc.

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El maestro mejor fue fray Ejemplo

EL MAESTRO MEJOR FUE FRAY EJEMPLO

CÓMO URDIÓ ESTE MENDA UN MICRORRELATO

Como el mejor maestro del colegio religioso donde estudié los tres últimos cursos de la Educación General Básica, de Sexto a Octavo, fue fray Ejemplo, y es mi propósito dejar aquí constancia, al menos, de una muestra de cómo urdió este menda un microrrelato, me propongo no procrastinar y pongo a trenzar de inmediato la mentada tarea pendiente (a ver si consigo llevarla a cabo con diligencia e inteligencia).

Considerando que la palabra en boga es “relator”, con el significado de mediador, es mi intención incluirla en él, o sea, que el susodicho trate o verse sobre un/a tal. Así que, sin dilapidar más tiempo, he imaginado una situación y he escrito esto:

EL “COMPLEJO DE ESPERANZA”

(CONVERSACIÓN POR WASAP)

Por si te sirve, Sofía, te reenvío esta conversación que, por wasap, me remitió ayer nuestra amiga común, Laura:

“—Esta mañana me he encontrado en la consulta del médico con Pilar, que me ha hablado de lo que sacó en claro el otro día, cuando acudió con su marido, Luis, por primera vez, a la mediadora de pareja.
“—¿Mediadora? Mira que eres antigua. Parece que aún andas hibernando, como una marmota. Conviene estar al día, maja. ¿Es que no ves la tele, ni oyes la radio, ni lees los diarios digitales y de papel?
“—Está claro que esta mañana te has levantado picajosa. ¿Por qué lo dices?
“—¡No me digas que no has oído aún la palabra, “relator/a”, que anda de boca en boca!
“—¿Cuál es su fuente? ¿El fútbol o la política?
“—La política. Al meollo, que aún no he hecho la comida. La relatora les dijo que el problema que arrastran viene de lejos, de cuando decidieron casarse. Ese día cometieron ambos un error de bulto al aventurar cuáles podían ser sus respectivas expectativas. Pilar metió la pata al barruntar que Luis cambiaría de carácter y comportamiento y Luis se equivocó al creer, a pies juntillas, que Pilar no los mudaría. Lo llamó el “Complejo de Esperanza”. Por Aguirre, supongo, que otrora se quejó de que le hubiera salido tanto consejero de su gobierno madrileño rana. En plata, que, cuando Pilar veía en Luis a su príncipe azul, el batracio ya era rana. Recuerda la última frase que leímos en ‘La Regenta’, de Leopoldo Alas, Clarín: ‘Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo’”.

Ahora bien, a fin de hacerlo más verosímil, me he fijado en las bases de un certamen real que, para dicha modalidad, exigía esta sola condición, que no superara las quince líneas (cuerpo 12). Por tanto, he acomodado mi urdidura a dicho requisito y la he adelgazado hasta cumplirlo. La versión definitiva es el diálogo que sigue. Lo mantienen dos amigas íntimas por teléfono:

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No llevará esta epístola romano

NO LLEVARÁ ESTA EPÍSTOLA ROMANO

Dilecto Jesús:

Está bien tomar la péñola para aparentar que uno es dios (en minúscula, claro), o sea, para fingir o fungir de alfarero o crear algo nuevo de la nada (con la sola ayuda de la inteligencia y de la arcilla, las palabras).

Así es, veinte años no son nada (treinta, ídem) en una vida centenaria (los seres humanos llevamos camino de serlo; si es con achaques mil, igual no nos compensa; veremos, siempre que no seamos o lleguemos a dicha edad ciegos).

Ya ves que viene bien, de cine o perillas, ponerse el mundo por montera y torear cuanto bicho salga por el chiquero al albero.

Seguro que escribes mejor de lo que antaño, otrora, lo hacías (a mí, al menos, me parece que es así, pero puedo estar equivocado), si has seguido escribiendo. A escribir solo hay una manera de aprender a hacerlo, escribiendo, y, si es todos los días, mejor; más rápidamente se aprende.

Hace unos días, el servicio de ordenadores del Centro Cívico “Lourdes” se clausuró. Así que sigo echando mano, de manera habitual, de un ordenador de la biblioteca pública de Tudela, donde María Ángeles y Pilar ejercen de mis ángeles custodios; esporádicamente, del único que mantiene vivo, en servicio, Alberto Sánchez, el dueño del cíber-café “Praga”.

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¿Qué acaso me adelgace más que engorde?

¿QUÉ ACASO ME ADELGACE MÁS QUE ENGORDE?

Me confesaste un día que eras borde.
Si mucho me agradó que hipersincera
Fueras, miedo cerval me dio tu cera,
Que puede que adelgace más que engorde.

Aunque oír tu verdad me puso al borde
De un ataque de nervios, a la vera
De en un espejo ver mi calavera,
No cursó con un ritmo monocorde.

Sin duda, yo prefiero, aunque me dañe,
Que a quien amo me cuente lo ocurrido
A por otro canal lo acaecido

Conocer, a que dos veces me engañe.
Conmigo, Pilar, sé siempre una diosa
Y no seas jamás mendaz, odiosa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Celebro que ese sea tu criterio

CELEBRO QUE ESE SEA TU CRITERIO

Dilecta Pilar:

Te entiendo. Las digresiones o los vericuetos son verdaderas tentaciones. Y ya sabes qué recomendaba hacer con ellas Oscar Wilde: que la mejor manera de liberarse de ellas o de vencerlas es cayendo en ellas.

Te agradezco y celebro que ese sea tu criterio. Creo que fue en “Españoles de tres mundos” donde Juan Ramón Jiménez sostuvo la tesis de que, si hay inspiración en el acto de la creación, también lo hay en el de la corrección; ahora bien, debo comentarte que, después de tener durante hora y media el libro entre mis manos (se lo pedí a María Ángeles, una de las tres responsables de la biblioteca pública de Tudela), no leí (no me dio tiempo a leerlo entero) la mentada referencia. Esto viene a cuento de que el primer verso del segundo cuarteto (quinto del soneto que publicaré el próximo sábado, “Nacer siempre es llegar del extranjero”) aparecerá escrito en mi bitácora con una leve variante (que la mejora; ese es, al menos, mi parecer) de la versión que te remití, así: “para que a los demás, luego, deslumbres”.

Esta mañana he leído tu artículo en el Heraldo de Aragón, pues había ejemplar en “el Cole”, la librería/papelería que regenta mi amigo “Fangio”. Abundo en tu tesis, de cabo a rabo, desde la mención del alzhéimer, la demencia senil o los accidentes cardiovasculares a que la verdadera historia no es la incompleta o parcial. Ahora bien, como uno viene comprobando (al oír y leer a muchos historiadores histéricos, que son los que viven la historia con histeria o confunden la histeria con la historia) que hay personas que se llaman historiadoras/es, pero fingen o fungen de falsificadoras/es de la historia, acaso convenga, por ser más beneficioso para la salud, no invertir (para no perder) mucho tiempo en leer lo que escriben para no embrollar la cuenta (lo que tenías en cuenta) con el cuento, el soberano cuento que cuentan.

A esta hora tendría que estar en el Hospital “Reina Sofía” (HRS), pero una amable trabajadora del servicio de citas me ha llamado esta mañana por teléfono para decirme que no acudiera a la misma, ya que se había pospuesto para el día 26, a la una del mediodía.

Me consta que tienes muchos compromisos de todo tipo. Ergo, no tienes que disculparte más conmigo. Acepto tus disculpas hoy, si pactamos que esas no caducan y me sirvan para el resto de las próximas veces que te nazcan pedírmelas.

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¿Vencido el can, finó el odio?

¿VENCIDO EL CAN, FINÓ EL ODIO?

—¿Odias a quien amedrenta?
—Mal del todo no me cae
Quien a mí también distrae.
Como a Satanás se enfrenta,
A este menda le contenta.
—Sé que sabes que yo no hablo
Del ángel caído, el diablo.
—Y a mí me consta que sabes
Que acaso algún día alabes
A quien ganó al perro, Pablo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Pilar se llama la elegancia suma

PILAR SE LLAMA LA ELEGANCIA SUMA

La elegancia suprema tiene nombre de mujer y se llama Pilar. Desde que la vi, por primera vez, aquella mañana de julio en el vestíbulo del hotel, me di sobrada cuenta de ello, de que era una fémina elegante. Sin embargo, aunque suelo ser intuitivo, reconozco que no capté entonces, en ese momento concreto, el sinfín de matices sutiles que acarreaba consigo; verbigracia, hasta qué punto crucial o cota suma podía llegar, si se avenía a derrochar muestras evidentes y numerosas de exquisitez tras abrir el tarro de sus quintaesencias. En los dos segundos prudentes de que dispuse (si hubieran sido tres, servidor hubiera sido tachado con razón de mirón patético por su ángel de la guarda) pude guipar por el rabillo de mi ojo izquierdo cómo una orla nimbaba su figura formando un óvalo azul claro, el que es consustancial con la gloria eterna.

La elegancia suma, insisto, está en vestir un mono y que, preguntes a quien preguntes (hembra o varón) del público entendido que ha acudido al pase de modelos, a la pasarela, escuches, poco más o menos, como respuesta, esto: la señora (por Pilar) del mono era la que, en mi modesta opinión, iba más mona.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Hay que leer a los autores buenos

HAY QUE LEER A LOS AUTORES BUENOS

Pienso que hay que leer a los autores (hembras o varones) buenos; y a los muy buenos releerlos, porque son proféticos (la literatura excelsa, al menos, lo es). Seguramente, el atento y desocupado lector (ella o él) de estos renglones torcidos y quien los urde, servidor, discreparemos a la hora de incluir a unos creadores y no a otros en el primer grupo, y a otros y no a unos en el segundo; pero no en el fondo de la idea susodicha. Si los buenos se han hecho acreedores de nuestra atención, los excelentes se han hecho merecedores de nuestra doble tal.

Al abajo firmante, como ser racional que es, le gusta mucho hacer uso de su razón, esto es, pensar, pero hoy hay otro menester que prefiere o aún le gusta más, por ser más productivo para su propósito, que es soñar y luego reflexionar sobre lo soñado.

Este menda había previsto escribir su parecer sobre esa tomadura de pelo que ha sido el procés. Y se ha dicho: a ver si Morfeo se porta y, si no todas, me suministra, durante el sueño, algunas claves del mismo. Pero, durante la siesta, no he soñado ni con Mas ni con Puigdemont ni con Torra, sino con el Premio Nobel de Medicina de 1906, Santiago Ramón y Cajal, que me ha hecho leer en voz alta en clase (pues yo era uno de los alumnos en la que él impartía su lección) tres párrafos, escogidos por él, que habían aparecido publicados en su obra “Charlas de café” (1920).

Primero: “Se ha dicho muchas veces que no hay nada más inútil que la experiencia. Tan triste verdad se corrobora cuando somos víctimas de una pasión avasalladora. En la vida del enamorado, los prudentes consejos del viejo suenan como la voz atiplada de un eunuco que disertara sobre las excelencias del celibato”.

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Si aprovecha leer, más a los clásicos

SI APROVECHA LEER, MÁS A LOS CLÁSICOS

La vigente Constitución Española de 1978, en el punto 2 de su artículo 25 dice que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad”.

Me consta que ha habido un gran grupo de personas que han estado entre rejas a las que su estancia en prisión les ha servido (y la han aprovechado) y otro gran grupo a quienes estar entre barrotes, más que beneficiarles, les ha perjudicado sobremanera.

Los dos párrafos precedentes vienen a cuento de lo que sigue. Una fémina donostiarra (poco importa su nombre compuesto y apellidos; no es mi propósito incrementar innecesariamente el daño o dolor) que otrora trabajó como funcionaria de la Delegación del Gobierno en la Comunidad Foral, que demostró ser un hacha para la malversación y el fraude, ideó la manera de cobrar, a través de varias cuentas corrientes, centenares de millones de pesetas y no devolver 186 de esos a dos empresarios navarros. La Audiencia Provincial de Navarra la condenó a 12 años de prisión, pero el Tribunal Supremo rebajó la pena a 9 años. ¿Sacó alguna enseñanza de ello? ¿Aprendió de los errores cometidos?

Todo parece indicar que no. Esta semana la fémina innominada ha vuelto a sentarse en el banquillo de otra Audiencia Provincial, en este caso, la de Logroño, al ser acusada por el Ministerio Fiscal de un delito continuado de estafa. El representante de la Fiscalía solicita para ella una pena de 8 años.

Al parecer, mutatis mutandis, como ocurre con los asesinos en serie, el delincuente económico va especializándose en sus fechorías, en sus procederes delincuenciales. Presuntamente, la acusada pudo llevar a cabo la estafa, tras alcanzar el cargo de decana del Colegio Oficial de Psicólogos de La Rioja. Cabe preguntarse cómo obtuvo la donostiarra de marras el título de Psicóloga. Sin embargo, esa pregunta lleva aparejada o a formularse otra: ¿Dicho título era verdadero o una engañifa?

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¿Quién padece el efecto Dunning-Kruger?

¿QUIÉN PADECE EL EFECTO DUNNING-KRUGER?

Como por las mañanas ya no acudo al Centro Cívico “Lourdes” (donde solía urdir las primeras versiones de mis textos, fueran estos escritos por el abajo firmante en verso o en prosa), cuyo servicio de ordenadores ha sido clausurado (al menos, temporalmente; dicha sala, estrecha, la han solicitado varias asociaciones, ergo, según me comentó hace algunos días en dicho espacio el propio responsable, se usará para otros menesteres cívicos), aprovecho las primeras horas de las mismas para leer las páginas de los números de los periódicos y revistas sobre las que (por diversos motivos, los que fueran) no pasé ni posé en su día mi vista. Ayer, verbigracia, me di de bruces en una de las mentadas páginas con un sesgo psicológico cuya existencia desconocía (lo habitual; admito —no me cuesta nada asumir lo obvio— y reconozco que soy —y me moriré siendo— un ignorante ancho, largo y alto o profundo en mil y un ámbitos del saber), el Dunning-Kruger (efecto psicológico “según el cual —reproduzco a continuación qué dice al respecto la Wikipedia— los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real”), llamado de esa guisa porque fueron los investigadores David Dunning y Justin Kruger, de la Universidad de Cornell, quienes demostraron la existencia de dicho fenómeno. Sus resultados los publicaron en el número de diciembre de 1999 del Journal of Personality and Social Psychology, por el que recibieron el premio Ig Nobel (organizado por la revista de humor científico Annals of Improbable, que concede, a principios del mes de octubre de cada año, dicho galardón, por sus logros coronados, a diez grupos de científicos que —a la inversa o completando o complementando acaso el parecer que adujo George Burns de que “quien nos hace reír es un cómico. Quien nos hace pensar y luego reír es un humorista”— “primero hacen reír a la gente y luego la hacen pensar”) 2000. En el mentado trabajo concluyeron que “la sobrevaloración del incompetente nace de la mala interpretación de la capacidad de uno mismo. La infravaloración del competente nace de la mala interpretación de la capacidad de los demás”.

Quien padece dicho sesgo cognitivo (ella o él) se tiene por más capaz de lo que en realidad es, se siente más inteligente de lo que cualquier test de inteligencia demuestra o prueba. Suele ser tan soberbio o tener el ego tan subido que es incapaz de dar su brazo a torcer, o sea, reconocer, sin ambages, que es un incontrovertible bodoque.

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La corrupción siempre daña

LA CORRUPCIÓN SIEMPRE DAÑA

Vive la literatura
De la carnaza del fraude,
De lo venal, una laude,
O sea, losa, o hartura
Que no acepta más altura
Ni que esta sea más lata
En una posterior data:
La corrupción es tamaña,
Tan desmedida, que daña
A todo aquel que la cata.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Si quieres ser autor de más de una obra

SI QUIERES SER AUTOR DE MÁS DE UNA OBRA

Dilecta Pilar:

El largo fin de semana (con puente) ha ido bien. Muchas de las horas del mismo las he pasado, como es habitual y proverbial (consabido por el grueso de la gente que me sigue, dos docenas de personas, al menos; tal vez no sean más) en mí, leyendo y escribiendo (cuatro sonetos; dos décimas y un microrrelato). Como hoy no había conexión en el Centro Cívico “Lourdes”, he tenido que dar unos cuantos pasos, que callejear, vamos. Eso quiere significar que te urdo estos renglones torcidos en uno de cinco ordenadores que hay a disposición o uno halla para uso público en la biblioteca de Tudela. Acabo de contestar a Jesús Arteaga, una breve apostilla, y de pasar a ordenador el soneto he que titulado “Nacer siempre es llegar del extranjero” (por cierto, me he dado cuenta de que, en la primera redacción, me había comido —y la verdad es que, aunque tarde, porque había acudido al Centro de Salud “Santa Ana”, a visitar, por orden facultativa, a los vampiros, había desayunado bien— el verbo “es”).

El sábado comimos todos los hermanos juntos (con sus respectivas parejas y proles; faltaron tres sobrinas, Raquel, en Francia, en un lectorado; Rocío, en Aldeanueva de Ebro, con el novio, José María; y Alba, en casa, en Cascante, estudiando, porque tiene los próximos días dos exámenes de Medicina, carrera que ha comenzado este año en Pamplona) en el restaurante De Miguel, donde hemos comido bastantes veces, por su excelente relación calidad/precio.

No es mal título. Quien no se pone nunca a llevar a cabo lo que sea, seguramente, no lo terminará jamás de los jamases. Quien algo quiere algo (mucho esfuerzo o poco) le va a costar.

Si quieres tener una obra narrativa o poética, no conozco otra manera para poder verla un día publicada (aunque sea en una simple bitácora y no en formato de libro) que centrarse en el arduo trabajo de componerla. Si sigues la recomendación del “nulla dies sine linea” (“ningún día sin trazo o línea”), de Plinio el Viejo, que él se la adjudicó o atribuyó al mejor de los pintores griegos, Apeles, acaso te sirva para adquirir los rudimentos y el hábito de escribir, o sea, empezar, pero luego han ser muchos (más de uno) los renglones que has de trenzar o urdir a diario, si quieres ser autor de más de una obra.

Es buena noticia juntarse la familia para celebrar fechas señaladas, porque a quienes hemos superado el medio siglo de edad la vida, excelente maestra, nos ha demostrado y enseñado que muchas veces nos reunimos por causa de las malas.

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Si bien viene, eso es higiene

SI BIEN VIENE, ESO ES HIGIENE

En política conviene
Actuar siempre con gran tacto,
No cerrarse a ningún pacto.
Si al Estado le conviene
El acuerdo, eso es higiene.
A la suma de los votos,
Propuesta por los devotos
De un partido o formación,
Si acaba en conformación
De Gobierno, échale fotos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Anda ausente la confianza

ANDA AUSENTE LA CONFIANZA

En los momentos convulsos
De la sociedad actual
Uno advierte algo factual
(¿Quienes niegan sus impulsos,
Evidentes, son insulsos?)
Y es la falta de confianza,
Que suele formar alianza
Con el neto escepticismo,
Que el auge del populismo
Promueve en la gobernanza.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Ojalá cuanto haga vibre

OJALÁ CUANTO HAGA VIBRE

—Cada quien de hacer es libre
Lo que crea conveniente
¿Menos el dolce far niente?
Ojalá siempre calibre
Bien y cuanto ella/él haga vibre.
—Yo me siento socialista
Sin compañía, solista,
Y a así seguir no renuncio:
La egolatría denuncio
Del autobombo sanchista.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Laputa es la isla volante

LAPUTA ES LA ISLA VOLANTE

DE UNA SÁTIRA HILARANTE,

“LOS VIAJES DE GULLIVER”

“—Cayó piedra de Laputa”.

Evaristo Gómez, “Meteoro”.

Yerra de sendero o ruta
Quien insiste en que este menda
Hablaba ayer en la tienda,
Cuando mencioné Laputa,
De ti; que eres iza o puta
De burdel. Te equivocaste.
Colegiste mal. Marraste.
Refiriéndome no estaba
A la que entonces entraba
En el local. La cagaste.

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Lunes, 17 de junio

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