El Blog de Otramotro

¡Mil perdones, Dios mío, y muchas gracias!

¡MIL PERDONES, DIOS MÍO, Y MUCHAS GRACIAS!

Tantas veces nos había ponderado nuestro profesor de Filosofía, Francisco Pérez (cariñosamente conocido entre nosotras/os, sus alumnas/os, como “Paco Pera”) las excelencias de la tertulia que, salvo durante el estío, venía celebrándose a diario, desde ni se sabe, y tenía lugar, indefectiblemente, en la mesa redonda del fondo del casino “La Unión”, de nuestra población, Algaso, pasada la una del mediodía (vulgarmente conocida como el mentidero), que a mi colega Juan y a mí nos dio por acudir allí ayer, a ver si extraíamos material para nuestro trabajo final de Filosofía.

Cuando llegamos, pusimos nuestra grabadora en marcha; y esto es lo que escuchamos y ella recogió. Estaba en el uso de la palabra Emilio González, “Metomentodo”, que siguió aseverando esto:

“—Hace muchos años, leyendo a Karl Raimund Popper, llegué a la conclusión de que la verdad es provisional, pues se mantiene en pie o dura mientras no es contradicha o refutada y, como consecuencia lógica, abatida por otra que, en ese preciso instante, viene a ocupar el pedestal donde se erigía o levantaba la recién derribada por ella. La verdad, en este sentido, vista desde esa perspectiva, puede semejar un muñeco de pimpampum de feria.
“—Dando por buena, por impecable, tu reflexión, “Metomentodo”, ¿crees que lo que acabas de sostener sobre la verdad vale también para el amor? (le preguntó Otramotro)
“—Pues no había considerado o valorado, lo reconozco, antes, Otramotro, la posibilidad que concede el “mutatis mutandis”, pero, en principio (tendría que pensar más concienzudamente al respecto), de manera interina, debería decantarme por contestar que sí. Tengo para mí que, si son dos las personas responsables (o irresponsables) de decir sí a la unión de un dúo, pareja o tándem (una suele dar o poner más que otra), las que contribuyen a conformar dicho vínculo, asimismo o igualmente, son dos las que lo rompen (una pone más de su parte que otra para quebrarlo, seguramente, porque ha aparecido en su vida un nuevo amor).
“—Abundo contigo en el criterio que acabas de argumentar. He constatado que en las sociedades avanzadas, en los países del primer mundo, donde se reconoce el derecho al divorcio, la realidad viene evidenciando, un día sí y otro también, que el amor, por mil y una causas o motivos, se ha esfumado o desaparecido. Para ese resultado neto, claro, la mejor solución que hay se llama divorcio.

Tras las palabras pronunciadas por Otramotro, hubo dos segundos de silencio que fueron clausurados por mi colega Juan, que osó decir:

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Miércoles, 20 de marzo

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