El Blog de Otramotro

Hay quien marra por miedo a equivocarse

HAY QUIEN MARRA POR MIEDO A EQUIVOCARSE

Dilecta Pilar:

Te pido perdón (hay quien marra por miedo a equivocarse), perdón, perdón, hasta formar con ellos un rosario de mil disculpas y, al mismo tiempo, doy mil gracias, formando una ristra con todas ellas, por contestarme. Prometo no molestarte durante las vacaciones. Durante las mismas, dispongo de menos tiempo de uso (de ordenador). A partir de la semana que viene, verbigracia, por las tardes, el Centro Cívico “Lourdes” permanecerá cerrado. Todos necesitamos vacación, mejor, estar disfrutando (de) las mismas. Yo también. Sé que tienes muchos quehaceres. Cumple con ellos. Cuida a y de tus padres (de tu pareja, etc.). Yo lo hice con los míos.

Acabo de leer tu columna en La lámpara encendida, tu blog. Esta mañana he terminado de leer las cuarenta páginas que me quedaban de la multipremiada “Laëtitia o el fin de los hombres”, del francés Ivan Jablonka (si puedes, léela; si puedes, cómpratela y reléela; cuenta la terrible historia de Laëtitia Perrais, asesinada y descuartizada por Tony Meilhon, durante la madrugada del 18 al 19 de enero de 2011, entre La Bernerie-en-Retz y Pornic). Te parecerá estar releyendo “A sangre fría”, de Truman Capote, o “El adversario”, de Emmanuel Carrère (sobre el falso médico Jean-Claude Romand; hace poco —ahora bien, como tempus currit ut volet, el tiempo corre que parece que vuela, pudo ser hace meses— vi a deshora en una televisión el filme español, protagonizado por José Coronado, “La vida de nadie”, que, salvo por lo truculento, se le parecía bastante; la vida del protagonista era una pura y dura mentira). Me parece que en ella, en tu columna hodierna, haces lo que debes, reivindicar que, en pleno siglo XXI, no debe haber en ninguna sociedad humana (por ser una antigualla, una actitud desfasada) distingos (reparos) debidos a las clásicas razones de discriminación: sexo, raza, religión, etc. Me parece que las mujeres no sois piedra ni de piedra, sino que os habéis hecho dignas merecedoras de (ergo, os habéis ganado) mil y un monumentos de piedra (o de cualquier otro material). La noticia, estomagante, vomitiva, que he escuchado este mediodía, mientras comía, de que, en Sevilla, un hijo mantenía a su madre y a su hermana encerradas en casa, sucias y hambrientas, habla de cómo llegan a comportarse, de manera denigrante, ultrajante, algunos congéneres o semejantes nuestros. Así que ¡chapó! Te señalaré dos pecatta minuta (si no, quien firma no sería Otramotro): yo hubiera escrito sociocultural (todo junto o, socio-cultural, unidos por un guion) y alzhéimer (con tilde).

Como están cerrados por la tarde, durante el verano, tanto la biblioteca pública como el C. C. “Lourdes”, he venido al cibercafé “Praga”, por si tenía algún correo que contestar. Tenía el tuyo y el de Manolo. Empiezo por el tuyo.

Te agradezco sobremanera que hayas perdonado a este pendón (aquí significa vástago, en concreto, de Iluminada, que, mientras vivió, fue un buen árbol al que arrimarse).

Como lo solía tener entre sus manos y rezar mi abuela paterna Gregoria (murió en mi casa, en Tudela, mientras yo hacía el “cursillo” preparatorio en Navarrete), a quien en Cornago todo el mundo llamaba “Goya”, como el apellido del célebre pintor zaragozano de Fuendetodos, que, por cierto, nació un 30 de marzo, como muchos años después hizo este menda, le tengo cierta simpatía. Me parece bien que te gusten más otras maneras de vivir la fe y el resto de las circunstancias religiosas. Yo soy un agnóstico, un escéptico, a veces me veo un ateo (por la gracia de Dios) que quisiera crear la manera de llegar a creer. Me gusta mucho “San Manuel Bueno, mártir”, de (la Ángela) Unamuno. También me reputo pendón, vástago intelectual, ético y estético, de don Miguel, claro.

A mí no me gusta Zgustova (es broma), porque apenas le sacó gusto al gulag (sigue la zumba), donde no se comían angulas, no, sino viandas propias de dicho infierno. Supongo que hizo el esfuerzo y usó toda su inteligencia para ver los rincones de cielo que había entre tanto erebo.

El texto que le escribí a María Antonia he decido publicarlo en mi bitácora el día de San Fermín.

Disfrútalas a tope y recarga las pilas. Yo procuraré hacer ambas cosas en la isla donde se yergue imponente el Teide.

Otro (de tu amigo Otramotro).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


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