El Blog de Otramotro

¿Quien tiene fe en Darío Fo no acierta?

¿QUIEN TIENE FE EN DARÍO FO NO ACIERTA?

Ayer, jueves, por la tarde, tras levantarse de la siesta, mi amigo del alma y heterónimo, Emilio González, “Metomentodo”, un zumbón redomado, de marca mayor, más mordaz incluso que el abajo firmante, me envió a una de mis direcciones de correo electrónico el siguiente “emilio”.

“Dilecto Otramotro:

“El pasado martes, por la mañana, tras leer la epístola que publicaste en tu bitácora, me llevé a los ojos el editorial, en defensa de los payasos, de tu periódico de cabecera (del que ya eres hasta suscriptor), El País.

“Desde entonces, llevo rumiando cómo hacerte esta pregunta: ¿Puedes decirme cómo conseguiste compadecer o compatibilizar esto, que le escribiste a tu amiga y colega Pilar, ‘El patio está, como aseveró acertada, hiperbólica y recientemente Josep Borrell, desde su escaño en el banco azul del Congreso de los Diputados, lleno de una mezcla maloliente y nauseabunda de serrín (eso que debe haber en el hemisferio derecho de la cabeza de más de un diputado, que es lo que precisamente suele salirle/s por la boca cuando habla/n) y de estiércol o mierda (en el hemisferio izquierdo, que es lo que va erogando por doquier por idéntica razón; o viceversa). Aquí conviene, por ser bienvenida y válida su presencia, hacer mención de la triple distinción de la que habló Valle a la hora de explicitar las tres maneras diferentes que él había advertido de ver el mundo (de los personajes del teatro): de rodillas (los personajes son vistos como héroes o semihéroes, que llevan a cabo hazañas, proezas), de pie (los personajes son normales y realizan actos propios de o connaturales con ellos) y desde un plano superior (una mirada desde arriba, no necesariamente cenital; en la que los personajes son vistos como fantoches, guiñoles o peleles que coronan patochadas o payasadas, raíz de los esperpentos valleinclanescos, repletos de personajes animalizados y/o cosificados). Y luego los políticos se llevan las manos a la cabeza cuando trasciende o se hace público el dato iterado por varias encuestas o sondeos de opinión de que la sociedad está cada vez más harta de los políticos, de que la desafección hacia ellos crece como la espuma o suma y suma y suma enteros sin parar entre los ciudadanos’, que aseveraste en tu misiva (con misil), con esto, ‘un cómico que ofende no es un delincuente que debe responder ante los tribunales, sino un mal cómico que debe hacerlo ante la crítica y ante su público’; y, a renglón seguido, con esto otro, ‘Una sociedad que lleva ante los tribunales a sus cómicos —a sus payasos, como ha dicho Dani Mateo— no es una sociedad más enérgica en la defensa de sus valores, sino una sociedad que está perdiendo el sentido de su propia generosidad y su propia grandeza’, que seguramente, leíste, como hice yo, en el citado editorial de El País?

“Te agradece de antemano la rauda respuesta, quien te abraza, tu amigo

“‘Metomentodo’”.

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Pilar, deseo que mi esposa seas

PILAR, DESEO QUE MI ESPOSA SEAS

Amada Pilar:

Con algo más de planificación a la hora de seleccionar cuántas cosas hacer y cómo y de establecer el orden de prelación entre ellas, las diversas tareas a llevar a cabo durante un tiempo concreto, determinado, esto es, qué (empezar a) coronar antes y qué (dejar para) culminar más tarde, todos los seres humanos, amén de diligentes, inteligentes (si esta expresión no es un evidente pleonasmo, tal vez le falte el canto de un duro para serlo), insisto, todos, sin excepción, podríamos llegar a ser filósofos, es decir, personas amigas de saber (hasta llegar a ser duchas, peritas o versadas en uno o varios ámbitos o disciplinas), aunque no nos propongamos (o sí) elaborar un sistema o teoría filosófica.

Para que discurra mi pensamiento (no sé cómo funcionan otras mentes, las ajenas, pero sí cómo lo hace la mía, propia) necesito escuchar a los demás, qué dicen y qué quieren decir, o, en su defecto, leer, que es otra forma de escuchar (por lo general, más elaborada). Siempre (acaso —pronto le llegó el ocaso—, sin acaso, me he pasado; así que me enmiendo al momento: muchas veces), cuando diserto (sea oralmente o por escrito) sobre el acto de leer, suelo rememorar los cuatro versos endecasílabos que conforman el primer cuarteto del famoso soneto (sin título, aunque ahora muchos le den el del primero de sus versos; como es sabido, los poetas de los Siglos de Oro en muy rara ocasión ponían rótulo a un poema breve) de Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos”) y el poema (escrito en versos heptasílabos y endecasílabos, excepto el segundo, pentasílabo, que hubiera podido mudar fácilmente en heptasílabo agregando “muchos” tras otros) “Leer, leer, leer, vivir la vida”, de Unamuno, que dice así: “Leer, leer, leer, vivir la vida / que otros soñaron. / Leer, leer, leer, el alma olvida / las cosas que pasaron. / Se quedan las que quedan, las ficciones, / las flores de la pluma, / las solas, las humanas creaciones, / el poso de la espuma. / Leer, leer, leer, ¿seré lectura / mañana también yo? / ¿Seré mi creador, mi criatura, / seré lo que pasó?”.

Leer bien, o sea, de manera comprensiva, un poema, un cuento, una novela, un ensayo, una tragedia, un drama, lo que sea, cualquier texto literario, puede ser una experiencia, además de apasionante, inolvidable, para el atento y desocupado lector (sea ella o él), que puede llevarle a identificarse con uno o varios personajes de la obra o con el autor de la/s trama/s que cuentan esas líneas, que, conforme las va leyendo, las va reescribiendo y sacándoles todo su calor y todo su color, todo su saber y todo su sabor, pudiendo llegar a hacerlas suyas (por sentir afinidad, empatía o simpatía) o devenir en firme detractor de las tales y concebir sesudos argumentos a fin de refutarlas.

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Que arribe a buen puerto es lo que hace falta

QUE ARRIBE A BUEN PUERTO ES LO QUE HACE FALTA

Dilecta Pilar:

Me he sentido raro. Y, hasta cierto punto, lo encuentro normal, porque portaba, adheridos a mi piel, varios cuerpos extraños. Aunque la malla servía de protección, tenía miedo de que algún corchete pudiera salirse del sitio y frustrar o fastidiar la prueba. Ayer anduve más de lo habitual, como me recomendó que hiciera la enfermera que me depiló gratis et amore (alguna rojez me ha dejado o deparado tal hecho) y me colocó o instaló el holter. Antes de las nueve de la mañana, en el HRS, como mandaba el papel anejo a la bolsa, donde lo he metido, se lo he entregado en mano a la enfermera que me lo colocó. Le he dado también una copia del texto divertido que publicaré hoy, “Pilar y Carmen son dos gotas de agua”.

Pues lo que hace falta es que no se tuerzan del camino trazado los genes que portáis y lleguéis a nonagenarios todos los de la familia (por lo menos). Me acuerdo de tu tío Fermín (tu sombra o vademécum, en cierto sentido, aunque no recoja aún la acepción o entrada que sugiero la voz del DLE).

A ver si todo ha ido bien, sí; a ver si todo ha salido a pedir de boca. Y, si hay algo que corregir y tiene arreglo o enmienda la cosa, que pongan los galenos los medios adecuados y remedios necesarios para lograrlo. Abundo contigo en que cada vez me gustan menos (si acudiera acompañado, acaso se atenuara o mitigara mi nerviosismo) los hospitales.

Tienes que estarle muy agradecida a tu tío Fermín. Una parte de tu licenciatura y de tu doctorado (sin la primera no hubiera habido el segundo) se la debes a él, aunque no tuviera que estudiar lo mucho que tú sí hiciste. Así que es lógico el comentario de gratitud que haces a mi breve apunte sobre su persona.

Celebro (te honra) que reconozcas el, ya probo, ya ímprobo, trabajo de tu tío (tu abuelo o segundo padre, según tu criterio), Fermín, ora causa de tu firmeza, ora quien firmaba tu atutía (urdido metafóricamente, según el mío).

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Te contesto a los tres en este texto

TE CONTESTO A LOS TRES EN ESTE TEXTO

Dilecta Pilar:

Te contesto a los tres correos en uno, este. Así que no te extrañe que con la suma de mis respuestas a los mentados conforme otra de mis proverbiales epístolas.

Como no sabía a qué espejos te referías, procuré decir algo de cada uno de los que consideré en el momento de dar oportuna contestación a tu correo.

Celebro que así fuera.

El patio está, como aseveró acertada, hiperbólica y recientemente Josep Borrell, desde su escaño en el banco azul del Congreso de los Diputados, lleno de una mezcla maloliente y nauseabunda de serrín (eso que debe haber en el hemisferio derecho de la cabeza de más de un diputado, que es lo que precisamente suele salirle/s por la boca cuando habla/n) y de estiércol o mierda (en el hemisferio izquierdo, que es lo que va erogando por doquier por idéntica razón; o viceversa). Aquí conviene, por ser bienvenida y válida su presencia, hacer mención de la triple distinción de la que habló Valle a la hora de explicitar las tres maneras diferentes que él había advertido de ver el mundo (de los personajes del teatro): de rodillas (los personajes son vistos como héroes o semihéroes, que llevan a cabo hazañas, proezas), de pie (los personajes son normales y realizan actos propios de o connaturales con ellos) y desde un plano superior (una mirada desde arriba, no necesariamente cenital; en la que los personajes son vistos como fantoches, guiñoles o peleles que coronan patochadas o payasadas, raíz de los esperpentos valleinclanescos, repletos de personajes animalizados y/o cosificados). Y luego los políticos se llevan las manos a la cabeza cuando trasciende o se hace público el dato iterado por varias encuestas o sondeos de opinión de que la sociedad está cada vez más harta de los políticos, de que la desafección hacia ellos crece como la espuma o suma y suma y suma enteros sin parar entre los ciudadanos.

¿Perfecta? ¡Ni loco diría que lo es! Si ahora me pusiera a leer de nuevo, como dices sin decirlo (los tres puntos suspensivos son expertos en decir mucho sin decir, en sentido estricto, nada), la susodicha urdidura (o “urdiblanda”), estoy completamente seguro de que volvería a agregar, cambiar, enmendar o quitar algo. Me sumo a la lista de cuantos autores (ellas y ellos) sostienen que las obras no se terminan, sino que se dejan tal y como un día quedaron, porque, si las retomara el autor, los cambios (pocos o muchos), sin hesitación, se abrirían paso, existirían, no faltarían, seguirían.

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Musa eterna, prez ganada

MUSA ETERNA, PREZ GANADA

Es, amén de creativa,
Sensible y apasionada,
Divertida, ilusionada
Y una mujer positiva,
Que con nadie despectiva
Se muestra jamás, mi amada
Pilar, recién proclamada,
Como todo el mundo sabe,
Con el honor que le cabe,
Musa eterna, prez ganada.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Cuatrocientos cincuenta y seis ya, Lope

CUATROCIENTOS CINCUENTA Y SEIS YA, LOPE

Félix Lope (o Lope Félix) de Vega Carpio, quien mereció los sobrenombres elogiosos de “Fénix de los Ingenios” y “Monstruo de la Naturaleza”, con los que lo rebautizó en vida Cervantes, nació tal día como hoy, 25 de noviembre, de hace cuatrocientos cincuenta y seis años en Madrid.

El mejor homenaje que podemos hacerle o tributarle es (re)leer, verbigracia, alguna de sus incontables comedias, algunos de sus numerosos sonetos.

Este menda, Otramotro, se ha decantado por, además de releer su novela bizantina “El peregrino en su patria” (que tuvo que leer, de manera obligatoria, en cuarto curso de Filología Hispánica) y recordar varios de sus sonetos, que se sabe de memoria, escribirle un soneto como si el genial autor aún estuviera entre nosotros, así como una de sus esposas y musas, Isabel de Alderete y Urbina (a quien llamó en sus versos con el anagrama de su nombre de pila, Belisa).

A TU SOL, ISABEL, MUSA INDELEBLE

(HOY, VEINTICINCO DE NOVIEMBRE, LOPE)

Aunque tu sol se ha dado un topetazo
Contra una esquina tonta, marfileña,
No ha nacido el fulano que haga leña
De él; no es mujer que dé a torcer su brazo.

Envuelto y enlazado a ella el abrazo
Le mandas que encontraste en una aceña,
Pues tiene la virtud de que pergeña
La cura nada más tirar del lazo.

A la estirpe de féminas vencidas,
En un pispás rehechas, pertenece
La que, cuando te guipa, le amanece

El deseo de ver reverdecidas
Las ganas imborrables de en sus trece
Seguir hasta que tú, vate, decidas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Que qué hace mi estro, Pilar?

¿QUE QUÉ HACE MI ESTRO, PILAR?

No hay una humana experiencia
Que no esté relacionada
Con la meta ambicionada,
Con la ferviente insistencia
De promover arte y ciencia,
De acrecentar la belleza
En el mundo con firmeza,
Como hace mi estro, Pilar,
Mujer que de encandilar
No deja. ¡Vaya entereza!

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿La Cámara Baja se aja?

¿LA CÁMARA BAJA SE AJA?

Mi amiga Pilar no marra:
No está, no, para hacer bollos
El horno. Ni para pollos
Montar tampoco (le narra
Quien vino al mundo en Navarra)
Está la Cámara Baja,
Que está cada vez más baja
Porque el Congreso más bajo
De la historia, qué carajo,
Parece que no trabaja.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Para pollos montar está el Congreso?

¿PARA POLLOS MONTAR ESTÁ EL CONGRESO?

Dilecta Pilar (había escrito dilecto pilar; y lo he corregido, pero, como también era válido, he decidido que apareciera dentro de este paréntesis, que constara en acta):

Si hablamos de espejos físicos, yo me suelo mirar en tres (en uno, pequeño, con el marco de color rosa, que usaba mi madre, y yo utilizo, básicamente, para afeitarme la barba —casi siempre en el lavabo del balcón de la cocina—); en el del baño, grande, de tres cuerpos; y en el del hall o recibidor, aún mayor, enorme, casi ciclópeo). Si hablamos de espejos ejemplares (desde el punto de vista actitudinal o comportamental), en bastantes (la hilera o ristra es tan abundante o numerosa que se haría interminable o sería muy luenga —por cierto; no sé por qué, este adjetivo, esta voz, siempre se lo/a adjudico a uno de mis espejos literarios, Valle—).

Nosotros no dejamos de ser niños grandes, adultos. Que una parte del niño o niña que fuimos la acarreemos siempre, porque esa porción siempre nos hará más empáticos y solidarios, en definitiva, mejores.

Si llamas horno social al que solemos ver en el Congreso de los Diputados, abundo contigo en que no está para bollos, sino para pollos. Para montar uno un día sí y otro también. Nuestra clase política, la actual, da sopas con honda a las anteriores o precedentes, sin duda. Sé que tú, al menos, entenderás la ironía (que el grueso de la gente, poco dada a leer, o no entiende o no comprende en toda su extensión).

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¿Por qué renunció Marchena?

¿POR QUÉ RENUNCIÓ MARCHENA?

—¿En España, el cambalache
Entre el PSOE y el PP
Es o no es un paripé?
—Llamarlo puedes, “Irache”,
Como gustes, llámalo hache.
No me extraña que Marchena,
Ahíto por la faena,
Haya renunciado al cargo.
—Cierto; ha sufrido el embargo
Por un error de otro, “Nena”.

Elvira González, “Metáfora” (hija de “la Irache”), y Edurne Gotor, “Metonimia” (hija de “la Nena”).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Por un valle de lágrimas amargas

POR UN VALLE DE LÁGRIMAS AMARGAS

Amada Pilar:

¿Es útil el amor para quien ama? ¿Le sirve a la persona enamorada estarlo de verdad, así sentirse? ¿Miento cuando asevero que un cimiento del enamoramiento es el que miento? Está claro, lector, que el primer miento a la persona prima se refiere, singular, del presente de mentir, el segundo a la misma de mentar.

Es útil el amor cuando acarrea, si no la impar certeza, la esperanza de ser correspondido hoy o mañana. La vida se parece más a un viaje por un valle de lágrimas amargas que a un “locus amoenus” o jardín que está lleno de fuentes y de flores (si me dan a elegir escojo rosas; si no hubieran brotado las mentadas entre tantas espinas, no serían las rojas como son, tan apreciadas).

El amor es lo que me empuja a hacer todo lo posible por entender las razones que le llevaron a Catulo a escribir los versos que contiene su “Poema V”: “Viuamus, mea Lesbia, atque amemus, / rumoresque senum seueriorum / omnes unius aestimemus assis. / Soles occidere et redire possunt: / nobis, cum semel occidit breuis lux, / nox est perpetua una dormienda. / Da mi basia mille, deinde centum, / dein mille altera, dein secunda centum, / deinde usque altera mille, deinde centum. / Dein, cum milia multa fecerimus, / conturbabimus illa, ne sciamus, / aut nequis malus inuidere possit, / cum tantum sciat esse basiorum”. (“Vivamos, Lesbia mía, y amémonos —que no quiere decir que nos amemos como monos ni que digamos amén al amor como si lo fuéramos, monos—. / Que los rumores de los viejos severos / los estimemos en un solo as —moneda de escaso valor—. / Los astros pueden ocultarse y volver a salir: / nosotros, cuando acabe nuestra breve luz, / dormiremos una noche eterna. / Dame mil besos, después cien, / luego otros mil, luego otros cien, / después otros mil, después otra vez cien; / luego, cuando lleguemos a muchos miles, / embrollaremos la cuenta, para que ni nosotros / ni el envidioso sepa, y así no pueda maldecirnos, / cuántos han sido los besos que me has dado”).

Si Catulo pide a su amada que sea ella la que le bese, yo varío (vea el lector aquí desvarío o no) la perspectiva, el punto de vista, porque lo que te solicito a ti, Pilar, es que sea yo el que haga ese menester, que me permitas gozar del inmenso e intenso placer que, sin ninguna duda, me reportará besar con mis labios y lamer con mi lengua, de arriba abajo (o viceversa) y de derecha a izquierda (o a la inversa) toda la piel que cubre tu desnuda anatomía.

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Por meterse en camisa de once varas

POR METERSE EN CAMISA DE ONCE VARAS

“Jajaja, Mira que eres petardo Angel, pero me caes bien. Tienes un sentido del humor muy, dijéramos,,,,, etimológico”.

Pepeviyu

A ver, “Pepeviyu” (escoliasta espontáneo):

Usted es muy libre de creer, a pies juntillas, lo que sea, verbigracia, que así va a reírse cuanto quiera de mí (pero —no hallará aquí un ápice o pizca de jactancia, por mucho que busque— lamento tener que contradecirle así, a bote pronto: carece de la categoría —hay quien estima que tiene la altura o la envergadura suficiente para hacer o deshacer esto, eso o aquello, a su antojo, pero luego demuestra lo obvio, que lo incapacitan sus propias carencias, evidentes: falta de acervo cultural, de formación, de herramientas— para hacerlo). Ahora bien, como, al parecer, así lo considera usted, supongo que, de manera implícita, en legítima correspondencia, acepta, admite o concede que yo también pueda hacer tal cosa con usted. Como usted (por lo que colijo) considera que es muy listo (y muy poco cobarde, pues tiene el valor, o los redaños con los que hacer daño, de firmar, como hace servidor, su —cómo he de llamar a lo que ha sido capaz de urdir usted— “textillo” —reconozco que he sentido la tentación de denominarlo “textículo”, por la testosterona que ha logrado concentrar en dos líneas escasas—), me limitaré a señalarle, sus yerros, para ver si la próxima vez no los comete. Como a mí me sirve, me atrevo a recordarle la lección de Confucio, por si abundamos: “el hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor”. Aunque ya se sabe, el hombre (sea hembra o varón), ignoro si será también el caso de quien se esconde tras “Pepeviyu”, es el único animal que suele tropezar dos veces en la misma piedra.

Espero que el petardo de Ángel no le explote en los ojos, si se digna a leer su respuesta urente (le ahorraré el trabajo; no hace falta que acuda al DLE para saber qué significa: que escuece). Me conformo con que advierta la mitad de las ironías que he introducido, a modo de pólvora, en este (si coloca el paraguas del revés en el sitio conveniente, puede que coja al vuelo, amén del grueso de ellas, algún sarcasmo). Tras tanto signo de risa y la coma, la siguiente palabra, salvo que deba llevar la versal por otros motivos, empieza por minúscula. Tras petardo, debió colocar una coma, pues dudo que no sepa aún lo que es un vocativo. Ángel, si aplicamos las reglas generales de la acentuación, por ser palabra llana o paroxítona, terminada en consonante que no es ni -n ni -s, debe portar la preceptiva tilde. Al menos, no se las ha dejado en “dijéramos” y “etimológico”, lo lógico. Con tres puntos suspensivos, basta o sobra.

Sin embargo, con todo, tengo que darle las gracias, porque leer su comentario, manifiestamente mejorable (¿habrá comprobado “Pepeviyu”, de manera fehaciente, hasta qué punto?), ha propiciado el divertimento cabal o la eutrapelia necesaria que me ha llevado a trenzar, además de esta urdidura, un soneto. Es mi deseo y mi esperanza que esta respuesta, recíprocamente, haya cursado con similar creatividad y favorecido lo propio en usted, en su caso.

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Día sin reír es día perdido

DÍA SIN REÍR ES DÍA PERDIDO

Dilecta Pilar:

Celebro sobremanera que te lo pasaras estupendamente en Zaragoza durante los últimos Pilares. ¡Muchas felicidades!, con días de retraso (por tu santo u onomástica).

Aunque había recibido una primera citación para el día 15 de noviembre, una semana después recibí otra que adelantaba la puesta (que no apuesta, aunque suene igual); así que mañana, miércoles, 24 de octubre, subo al Hospital “Reina Sofía” (HRS) para que me coloquen el holter de Cardiología. No he vuelto a tener (salvo que no me haya enterado, claro) otro episodio de fibrilación arterial rápida (ahora tomo una medicación para que mi corazón vaya más lento, en el supuesto de que coja carrerilla). Lo peor es el estado de indeterminación, incertidumbre o duda por no saber la causa concreta de la susodicha (acaso todo se deba al efecto indeseado del otro medicamento que me fue prescrito). El holter de Medicina Interna, para medir mi tensión arterial (la baja la suelo tener alta), se demora hasta el 4 de diciembre. La verdad es que las malas noticias que me están dando últimamente (esta mañana me he enterado de que Jesús Carbonel, miembro de la Peña “La Teba” con quien, junto a su esposa, Arantza, y otras personas, he cenado varias veces en dicho recinto, había muerto de un aneurisma) no ayudan. Menos mal que tú me das hoy (por ayer) una buena nueva, que tu madre, Eusebia, ha celebrado los años que ha cumplido, 84. Felicítala en mi nombre (quedas encargada de darle, de entre el vagón repleto de besos que te mando, para que lo erogues con equidad, los dos ósculos exclusivos que te mando hoy para ella).

Así es, la rutina, que tiene sus contras o facetas negativas, sin duda, también tiene sus pros o positivas caras.

Pensé que este año, quizá, podríamos juntarnos de nuevo los colegas de la promoción de Filología, pero, como no me has comentado nada al respecto, colijo que nadie ha meneado ese asunto de la manera conveniente u oportuna.

Al parecer, el holter solo son siete cables con una petaca que recoge la información cardiaca. Se porta (si uno se comporta bien; yo lo procuraré hacer, por la cuenta que me trae; ya he intentado aleccionarle al respecto, a mi corazón, se sobreentiende, pero él me ha soltado muy ufano que es un músculo involuntario, que creo que quiere decir sin voluntad; mecachis en mi mala suerte, otro abúlico, me he dicho por lo bajini) durante 24 horas, un día. Te haces a la idea de que no me han puesto nunca uno. La poca información que tengo del aparato me la ha suministrado mi primo Jesús Roberto, que es cardiólogo.

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Carta a la directora de EL PAÍS

CARTA A LA DIRECTORA DE “EL PAÍS”

Dilecta Soledad Gallego-Díaz:

Ayer, en la página 14 de EL PAÍS, Rosario G. Gómez encabezaba su artículo, titulado “Debates avinagrados en el Parlamento”, con una frase célebre cuya autoría adjudicaba (iterando el mismo error en el que cayeron antes otras/os) ella, la hacedora de dicho Acento, a Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799). La frase de marras (“Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”) pudo decirla (no lo pongo en duda) el citado escritor y científico alemán, pero se limitaba a repetir lo que había dicho mucho antes (un siglo nada menos) y dejado escrito el verdadero autor de la misma, Jean-François Paul de Gondi, el Cardenal de Retz (1613-1679).

Sin otro particular, aprovecha la ocasión para saludarla a usted y, en su nombre, asimismo, a cuantos hacen posible EL PAÍS

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


De otro acrónimo o evasión

DE OTRO ACRÓNIMO O EVASIÓN

Quien es profesor en Yale,
Robert Sternberg, sostiene
Que en el amor lo que él viene
Constatando, porque sale,
Un trípode es; a él le vale:
La intimidad, la pasión
Y el compromiso; ocasión
De ver en sus iniciales,
IPC, las serviciales
De otro acrónimo o evasión.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Teorema de Lanier

TEOREMA DE LANIER

Nunca he tenido una cuenta
En ninguna red social.
Internet así es genial,
Como Jaron Lanier cuenta,
Que tampoco las frecuenta.
Si los gurús en el tema
No permiten que al sistema
Puedan acceder sus hijos,
Los riesgos han de ser fijos.
Tienes ahí el teorema.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿No urge ante el estallido un estadillo?

¿NO URGE ANTE EL ESTALLIDO UN ESTADILLO?

Mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, es un tipo original (pero, como al instante, tras haber tecleado el susodicho adjetivo, he advertido que me he quedado corto, agregaré, para subsanar al momento mi cortedad o poquedad, el ídem, pero en su grado superlativo absoluto, que le conviene más, que le encaja mejor), originalísimo. Tiene una risa contagiosa, como, asimismo, lo son sus ideas. Así que, desocupado lector (seas ella o él), te prevengo de sus artes e ingenio. Porque, como empieces a escuchar con atención cómo las expone y argumenta, a hacerle caso al cúmulo de razones que suele aducir, comprobarás cómo termina, velis nolis, por persuadirte del todo, completamente. Aunque te parezca que exagero, puedes descartarlo, ipso facto, porque quien trenza estos renglones torcidos te asegura que no ha echado mano de la hipérbole. Pásmate si quieres, sí; pero hasta ese extremo llega su poder de convicción.

A “Metomentodo” no le gusta ningún político (hembra o varón) profesional. Llama de esa guisa a las/os que cobran y quieren seguir cobrando a toda costa, viviendo de la sopa boba o del erario público, a las/os que harían lo que fuera (tal vez no lo ilegal ni lo inmoral), siempre que resultara apropiado para él o bien visto por ella, lo que engorde el bolsillo, su bolsillo.

A “Metomentodo” le disgusta un montón que los políticos profesionales sostengan A, mientras están en la oposición, y B, cuando, mediante las urnas o por haber salido adelante una moción de censura, cosa que este año ha sucedido, llegan a ostentar el poder y les corresponde llevar las riendas del gobierno; considerando que A y B no tienen nada que ver, porque son, sensu stricto, contrarios. ¿Alguien lleva el estadillo del estallido de contradicciones, de la retahíla de paradojas socialistas? En el supuesto de que nadie lo lleve, ¿no resulta preceptivo y urgente, incoar, a la mayor brevedad, uno?

Verbigracia, ayer, “Metomentodo” discurría en el mentidero en torno a la tesis de que Pedro Sánchez sostuvo, en una interviú que le hizo Susanna Griso en Antena 3 el 17 de mayo de este año, que sí había habido, presuntamente, delito de rebelión, según su criterio o parecer, por parte de los políticos catalanes presos, encarcelados en prisión preventiva por orden del magistrado Pablo Llarena, instructor del procedimiento abierto al efecto en el Tribunal Supremo. Recientemente, mantenía lo opuesto, que no había habido delito de rebelión. La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, en una rueda de prensa a la que acudió, tras un Consejo de Ministros, intentó (pero me dio a la nariz que no logró) convencer a los periodistas que le preguntaron al respecto con la sinrazón de que Pedro Sánchez vino a decir una cosa cuando era jefe de la oposición y otra, la contraria, cuando era presidente del Gobierno, y, como le pareció lo más normal del mundo, se quedó tan campante. Si a ella el claro “donde dije digo, digo Diego” le pareció de perlas, a mí me vinieron a la mente las sabias y oportunas palabras que adujo Jean-François Paul de Gondi, el Cardenal de Retz (falsamente atribuidas al escritor y científico alemán Georg Christoph Lichtenberg, que nadie duda que pudo iterarlas): “Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”.

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Mi literaria exégesis de un cuento

MI LITERARIA EXÉGESIS DE UN CUENTO

Dilecta Pilar:

La lectura de tu relato de 90 segundos, titulado “Unas manos sin nombre”, de tu contribución al libro coral, que presentaréis mañana, sábado, 17 de noviembre de 2018, en el zaragozano Centro Cívico Salvador Allende (es mi deseo y mi esperanza que todo os salga a pedir de boca), me ha dado pie a escribir lo que puedes leer a continuación, mi literaria exégesis del mismo. A ver qué te parece.

Me ha gustado mucho tu relato hiperbreve, a pesar de las pocas pinceladas que brindas al lector de la historia (en sentido estricto, de modo ladino, tu pretensión es que sea él, el propio lector, hembra o varón, quien haga el esfuerzo que intenta coronar, asimismo, el protagonista de tu microrrelato, construir la historia —con las pocas teselas que dispone o recuerdos que tiene hará todo lo posible para componer el completo mosaico, debajo del cual, acaso como remate, aparezca el nombre de su esposa; propongo el de Pilar, por ser esa la gracia de pila de mi amada actual, que, por cierto, compartes con ella, y ojalá sea la definitiva—) del nombre de las manos de la mujer que solían hacerle al protagonista (convaleciente de un accidente de tráfico o vascular) el nudo de las corbatas que vistió a lo largo y a lo ancho de su vida.

De las pocas corbatas que tengo en casa (yo me limito a ponerlas, acomodarlas, desacomodarlas y quitarlas; y, como no suelo mancharlas, calculo, a ojo de buen cubero, que tal vez las haya lavado un par de veces por mi cuenta), si no recuerdo mal, los nudos los hizo mi difunto padre, Eusebio, que hace ya más de tres lustros nos dejó. Reconozco que, como parece colegirse de la lectura de tu microrrelato, yo, como el personaje innominado del mismo, tampoco sé hacerlo, el nudo. Sé que hay tutoriales en internet que aleccionan sobre el modo particular o habitual de hacerlo, pero... me pasa como con el carné de conducir, que nunca me lo saqué.

Tu relato habla de las vueltas que da la vida echando mano de las vueltas que hay que dar a los extremos, ancho o estrecho, de una corbata para hacer un nudo, un enlace duradero.

En el primer nudo (que no gordiano) de la corbata (de rayas) del protagonista, que refieres, veo (más justo sería decir que entreveo) claras pinceladas u ostensibles trazos de su unión marital, sus nupcias, con su novia, que devendrá en unas horas, tras la ceremonia jurídica o el rito religioso, en su esposa. “Hay un brillo en los ojos y una promesa” (de fidelidad, de lealtad), vienen a confirmar mis sospechas. Eres tan astuta o cuca que hasta el procedimiento de cómo hacer el nudo de una corbata, “de detrás adelante (yo hubiera colocado aquí una coma) para ir dándole forma”, lo aprovechas para dar cuenta del que vas a seguir en la estructura de tu relato. ¡Chapó! La corbata de óvalos es la que llevó puesta el protagonista cuando acudió a la iglesia a bautizar a su primer retoño. Hay corbatas estampadas para los sucesivos días de fiesta. La corbata violeta anuncia la ausencia de quien hacía tal vez los nudos (el “hastío en los ojos” y el “vacío” hablan del fin del amor, de la vida, o de ambos a la vez).

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¿Por qué te sigo epístolas urdiendo?

¿POR QUÉ TE SIGO EPÍSTOLAS URDIENDO?

Amada Pilar:

Hay quien sostiene (y acaso no vaya desencaminada/o) la siguiente regla de tres: el buen gusto es al arte como los cabales minutos de hervor al arroz al dente. Como sobrepases el minuto idóneo de cocción, como no funjas de zorra culinaria, ese arroz no lo roza (ni huele; y aquí no te miento) el azor más hambriento.

Lo nuevo, lo novísimo, al llamar tanto la atención, por descolocar los ojos del espectador (ella o él), desacostumbrado a esa nueva manera de hacer o decir, nace como si dijéramos con vocación de ser condenado al ostracismo o al cadalso, por no agradar lo coronado, el resultado. Y es que, al salirse de las mentes cuadriculadas de los críticos (ellas y ellos) y del canon, lo lógico y normal es que tire para atrás y sea reprobado o rechazado.

Ahora bien, basta con que quien hizo el hallazgo estético de esa nueva forma de ver, trasladar o interpretar la realidad, cree y haga escuela o le siga un puñado selecto de epígonos (re)creativos para que esa nueva manera estética sea, primero, tolerada, luego, valorada y, por último, más tarde, ensalzada con ese adjetivo que acaso le convenga y cuadre, original.

El artista (sea hembra o varón), para encontrar su sitio en el espacio o ámbito donde pretende que sea reconocido su trabajo, para distinguirse del resto de las/os de su oficio, suele ensayar mil y un modos (quizás sean muchos) hasta que logra alcanzar u obtener esa forma de expresarse que lo hace reconocible, único, que es su marchamo, su firma.

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Sí, la autocomplacencia incapacita

SÍ, LA AUTOCOMPLACENCIA INCAPACITA

Son legión las/os que, a la hora de interrogarme, me plantean, entre otras variopintas cuestiones, esta, coincidente, pregunta: “¿Cómo haces para escribir tanto, Otramotro?”. Les suelo responder que, al estar jubilado por enfermedad, dispongo de mucho tiempo de ocio, que ocupo, básicamente, en leer y escribir. No sé cómo funcionan las mentes de las/os demás, qué les acaece a las/os otras/os letraheridas/os (de cuando en vez, para variar, me gusta usar, la voz “verbadebeladas/os”, que aún no ha admitido el DLE, que significa rendidas/os por las palabras), pero a mí el grueso de las ideas que tengo y procuro coronar, culminar o llevar a cabo, me brotan mientras estoy leyendo.

Como el mejor maestro es fray Ejemplo (dice el dicho), pondré uno (pues para muestra basta con presentar, exhibir o enseñar un solo botón, dice otro).

En la entrevista que le hizo Amanda Mars a Bob Woodward a mediados de octubre, y que apareció publicada en las páginas 2 y 3 del número 1.407 de Babelia, el suplemento literario de EL PAÍS, del sábado 10 de noviembre de 2018, a la pregunta que le formuló Amanda de “¿Hay demasiada opinión?”, respondió Bob: “Sí, y demasiadas trampas y petulancia. Katharine Graham, la gran propietaria del Post, nos envió a Carl Bernstein y a mí una carta privada en la que nos dijo: ‘OK, Nixon ha dimitido y vosotros habéis escrito algunas de las historias, no empecéis a pensar demasiado en vosotros mismos. Dejad que os dé un consejo: tened cuidado con el demonio de la pomposidad, de esa autocomplacencia incapacitante’. Nos dijo que había mucha pomposidad en la prensa”.

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Aún me queda un póquer de jornadas

AÚN ME QUEDA UN PÓQUER DE JORNADAS

Dilecta Pilar:

Aún me queda un póquer de jornadas, cuatro días, sí, cuatro, para hacer realidad mi sueño, comenzarlas.

Continuarás (barrunto) coronando lo mismo que andará este culminando, (re)creando ene textos literarios.

Debió ser más que dura la experiencia (eso es lo que sospecho) del gulag.

He leído tu artículo sobre María Antonia (un buen epítome de los tres folios que escribiste para “Palabricas…” y leí con gusto; no te ha faltado la breve referencia a las palabras de su texto de bienvenida con la grata ocasión del encuentro/cena del treinta aniversario de nuestra promoción de Filología en el pasado noviembre). Yo lo publicaré mañana, tal y como lo trencé, en mi blog.

Así es; subiré al Alvia en la estación de Tudela y haré noche en el aeropuerto de Barajas/Adolfo Suárez y por la mañana volaré a Tenerife.

Ya, ya, dejé dos muestras de vaya en mi respuesta al tuyo. Hace muchos años leí “Archipiélago Gulag”, de Aleksandr Solzhenitsyn (antes se escribía de otro modo, si no marro), sobre los campos de internamiento y castigo soviéticos. Por cierto, en uno de aquellos campos de trabajo forzoso en Siberia pasó el arzobispo Kiril Lakota (personaje ficticio de “Las sandalias del pescador”, libro que escribió Morris West en 1963 y película que dirigió Michael Anderson en 1968) dos décadas, según ambas ficciones (novela y filme).

No eran halagos, sino comentarios cabales, ajustados. Así lo interpreté entonces. Celebro que te gustaran.

Me consta que tú has leído también mucho, muchísimo. Seguramente, si has llegado a esa concreta conclusión, la explicación estribe en que, aunque hemos leído los mismos textos (sobre todo, durante la carrera), asimismo hemos leído ensayos, cuentos, novelas y poemarios distintos.

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¿Pilar? ¡Persona admirable!

¿PILAR? ¡PERSONA ADMIRABLE!

A Pilar miro y escucho
Y a una persona admirable,
Descreída y venerable
Atiende este menda, ducho
En a la tal loar mucho,
Que es la más justa manera
De a una señora señera
De su amor dar testimonio
Y proponer matrimonio
Siempre que ella esté soltera.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Me inspiras a cualquier hora

ME INSPIRAS A CUALQUIER HORA

“No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti todo lo que soy”.

Gregorio Marañón y Posadillo

—Te amo porque me completas.
—Yo, porque a tu lado siento
Que puedo ser uno y ciento.
—De esperanzas y de metas
Tengo mis ansias repletas.
—Tu perfume me fascina,
Tu presencia me ilumina.
Me inspiras a cualquier hora.
—Quien de ti no se enamora
Cuánto vales no imagina.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Urgen urnas con derecho

URGEN URNAS CON DERECHO

No hay una/o, ni dos, ni tres.
Son legión las/os que sopesan
Si más que el derecho pesan
Los sufragios. ¿Tú lo ves?
Guiparlo me causa estrés.
Esta idea (y es un hecho
Que me deja satisfecho)
Me sirve, entre otras diuturnas:
De mucho valen las urnas,
Si las secunda el derecho.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Qué adagio: "hecha la ley, hecha la trampa"

QUÉ ADAGIO: “HECHA LA LEY, HECHA LA TRAMPA”

Como lo precipuo, primero o principal debe ir delante, en cabeza, ahí va, sin ambages ni demora, mi condena sin paliativos del intento de atentado preparado por el vigilante de seguridad Manuel Murillo, que, en un grupo de whatsapp, amenazó con devenir, disfrazarse o metamorfosearse en el francotirador con ínfulas que iba a abatir de un tiro preciso a Pedro Sánchez; mis sentidas muestras de solidaridad con el presidente; y, asimismo, mi más sincera enhorabuena a los Mossos d´Esquadra por haber abortado o frustrado dicho magnicidio.

Desconozco si Pedro Sánchez (a quien, debido a sus ostensibles bandazos, a su incontrovertible condición de político veleta, la hemeroteca va dejando un día sí y otro también, ora en cueros, ora en feo) ha leído alguna obra de Arthur Schnitzler; ignoro si alguien cercano al presidente del Gobierno de la Nación ha leído algo del dramaturgo y narrador vienés. De lo que no me cabe la menor duda es de que (eso deduje o pensé que había acaecido, al menos), por el medio que fuera, Sánchez había tenido conocimiento de una de las célebres frases proferidas y/o escritas por Schnitzler, cuando, nada más conocerse la sentencia de la trama “Gürtel” (jueves, 24 de mayo de 2018), que condenaba, amén de a los principales gerifaltes de la misma, también, por corrupción, al Partido Popular como partícipe a título lucrativo, porque esa fue la causa, el motivo o la razón que desencadenó que Sánchez presentara, huyendo de la procrastinación, la cabal y oportuna moción de censura contra el Ejecutivo presidido por Mariano Rajoy, que, a la postre, dio el resultado apetecido para el candidato de la misma y con sus huesos en el Palacio de La Moncloa. Y tres cuartos de lo propio ocurrió cuando el pasado miércoles Sánchez pronunció estas desiderativas palabras, “que nunca más los españoles paguen este impuesto (se refería al Impuesto de Actos Jurídicos Documentados, IAJD) y lo pague el sector financiero, la banca”. En ambos casos, el presidente seguía (fuera consciente de ello o no) una recomendación del autor citado arriba, Schnitzler: “Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”.

De lo que sí dudo (mucho, muchísimo) es de que el mencionado IAJD lo pague, a partir de ahora, la banca, según el mero anhelo y la simple propuesta hecha por el presidente del Gobierno, tras decidirlo, ayer, jueves, de común acuerdo con sus ministros, en el último Consejo, mediante el real decreto ley (que deberá ser convalidado por el Congreso de los Diputados), pues tengo para mí por cierto, por certísimo (tampoco aquí hallo rendija por la que puede colarse la mínima hesitación), que los bancos idearán la manera (nuevas comisiones, incremento de las mismas o subida del tipo de interés) de que sean los clientes, quienes acudan a las entidades financieras a solicitar los créditos hipotecarios, quienes corran (de manera encubierta, si se quiere) con dicho gasto.

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Cuando una/o se enamora se enamora

CUANDO UNA/O SE ENAMORA SE ENAMORA

(Aunque como se lee en “El principito”, de Antoine de Saint-Exupéry —sigo la traducción de Bonifacio del Carril—, libro que vio la luz tanto en francés como en inglés en abril de 1943, “la palabra es fuente de malentendidos”, concédeme, “Chelo” —más tarde entenderás por qué no he podido resistirme a la tentación, a las ineludibles, necesarias y urgentes ganas que me han brotado de llamarte con dicho hipocorístico—, la gracia de que pueda seguir arrancando las epístolas que te trence y remita de la misma guisa —ergo, hazte a la idea de que estas palabras que lees no las estás leyendo en sentido estricto— que he hecho con las precedentes —esta sigue el mismo ceremonial o rito; que “¿qué es un rito?”; si has leído la novela arriba citada, te acordarás de la respuesta que le dio el zorro a la misma pregunta que le formuló el principito: “Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días; una hora, de las otras horas”—. Por eso las encierro entre los signos ortográficos de apertura y clausura de este paréntesis)

Amada Pilar:

Permíteme que empiece esta misiva citando a Perogrullo: “Cuando una/o se enamora se enamora”. Con el enamoramiento, no te miento, ocurre como con el embarazo, que o se está encinta, preñada, o no se está; una/o no se enamora un poco ni dos pocos ni tres pocos; se enamora o no se enamora; aquí no hay medias tintas posibles; se está enamorado o no se está.

Transcribo a continuación el final del capítulo XXI de “El principito”, donde vierte su autor qué era o qué significaba para él su “rosa”, o sea, su esposa Consuelo (ahora entenderás por qué te he llamado arriba “Chelo”) Suncín:

“—Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.

“El principito se fue a ver nuevamente a las rosas:

“—No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún —les dijo—. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

“Y las rosas se sintieron bien molestas.

“—Sois bellas, pero estáis vacías —les dijo todavía—. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa.

“Y volvió hacia el zorro:

“—Adiós —dijo.
“—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
“—Lo esencial es invisible a los ojos —repitió el principito, a fin de acordarse.
“—El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
“—El tiempo que perdí por mi rosa… —dijo el principito, a fin de acordarse.
“—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
“—Soy responsable de mi rosa… —repitió el principito, a fin de acordarse”.

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Te urdo, alcalde, mi crítica de balde

TE URDO, ALCALDE, MI CRÍTICA DE BALDE

Dilecto Eneko Larrarte, alcalde de nuestra ciudad, Tudela:

Acabo de leer el artículo titulado “¿Tudela necesita un centro de salud… hoy?”, que lleva tu firma (si me permites el tuteo y el comentario, yo hubiera colocado en el rótulo, tras la voz “salud”, o sea, antes de los tres puntos suspensivos, por oportuno, el adverbio más), en la sección de Opinión de Plaza Nueva, donde, de vez en cuando, tienen a bien publicarme mis urdiduras (o “urdiblandas”), y debo reconocer que me ha sorprendido gratamente el hecho, porque el grueso de los políticos profesionales (si es que escriben lo que aparece publicado en los mass media, que, acaso sea un prejuicio que no he logrado cepillarme del todo —me flagelo cinco segundos por ello, solo cinco—, vengo poniendo en tela de juicio desde ni se sabe, hace la tira de años), los que cobran, no suelen ser tan espléndidos como lo has sido tú en este caso, que, supongo, tienes el honor y debes sentirte orgulloso de presidir la Corporación tudelana.

La exposición que haces en dicho artículo es clara y clarificadora; diré más, la reputo exhaustiva; argumentas, dando datos y detalles o pormenores; refutas con razones de peso y concluyes lo obvio. Ergo (algo sorprendente en mí, que reconozco ser, por naturaleza, criticón), ¡chapó! (ahora ya se puede escribir el vocablo francés chapeau así, españolizado).

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¿Que no falte me espeta el gerifalte?

¿QUE NO FALTE ME ESPETA EL GERIFALTE?

Hoy, martes, 6 de noviembre (¡Muchas felicidades, “Use”, hipocorístico de Eusebio! —pues mi hermano varón más pequeño en edad, que es, al mismo tiempo, se advierta o no contradicción en el hecho, el más alto de todos, cumple años—), me enmiendo al momento, mañana, miércoles, 7, conoceremos qué ha opinado y votado la ciudadanía de los Estados Unidos de América, tras llevar Donald Trump dos años en la presidencia del país.

Es llamativo y sintomático (por lo menos, para mí) que un sujeto de la calaña de Trump, con tantos defectos (hay quien los ha contado y estos suman más de los que se le achacan al peor de los demonios habidos o por haber) fuera elegido por sus conciudadanos para ostentar tan alta dignidad, llevar los destinos de una nación que forman cincuenta estados.

Mediado el (he obviado, a sabiendas, el adjetivo primer, porque, visto lo visto, oído lo oído y leído lo leído, su habitual proceder, logorrea y tuiteo, o sea, cómo se las gasta el jerarca, es mi deseo y mi esperanza que no haya, en modo alguno, un segundo) mandato, cabe preguntarse si la cosa (es igualmente válido también aquí su anagrama, el asco, tiene vuelta de hoja, remedio, o es irreversible el temor que muchos abrigamos de que la calidad democrática norteamericana siga descendiendo hasta tocar fondo, y la victoria, en las sucesivas elecciones que haya en el mundo, de los mandamases que sean vistos como meros clones de Trump lleve a idear y poner en marcha nuevas formas (no barruntadas, intuidas o sospechadas —por los escritores utópicos o ucrónicos que en el mundo han sido, verbigracia, George Orwell o Aldous Huxley—) de autoritarismo político.

El reciente triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil, que descuella por varias “virtudes”, machismo, racismo y xenofobia, entre otras, que se le adjudican, asimismo, a Trump, “dones” que comparten, a su vez, con dirigentes europeos, como la francesa Marine Le Pen, el italiano Matteo Salvini y el húngaro Viktor Orbán, etc., no auguran nada bueno, nada halagüeño.

En las hodiernas elecciones están en juego no pocos cargos y/o escaños, pero forman o son legión las/os que ven en ellas un plebiscito sobre la forma de hacer política del bravucón, mendaz, oscuro y soez gerifalte (ahora solo falta que se enoje conmigo y que me espete que no le falte), que lleva las riendas de la mayor potencia del orbe (si no ha pasado esa vara de mando o testigo ya a China, que puede), Trump.

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Hay quien marra por miedo a equivocarse

HAY QUIEN MARRA POR MIEDO A EQUIVOCARSE

Dilecta Pilar:

Te pido perdón (hay quien marra por miedo a equivocarse), perdón, perdón, hasta formar con ellos un rosario de mil disculpas y, al mismo tiempo, doy mil gracias, formando una ristra con todas ellas, por contestarme. Prometo no molestarte durante las vacaciones. Durante las mismas, dispongo de menos tiempo de uso (de ordenador). A partir de la semana que viene, verbigracia, por las tardes, el Centro Cívico “Lourdes” permanecerá cerrado. Todos necesitamos vacación, mejor, estar disfrutando (de) las mismas. Yo también. Sé que tienes muchos quehaceres. Cumple con ellos. Cuida a y de tus padres (de tu pareja, etc.). Yo lo hice con los míos.

Acabo de leer tu columna en La lámpara encendida, tu blog. Esta mañana he terminado de leer las cuarenta páginas que me quedaban de la multipremiada “Laëtitia o el fin de los hombres”, del francés Ivan Jablonka (si puedes, léela; si puedes, cómpratela y reléela; cuenta la terrible historia de Laëtitia Perrais, asesinada y descuartizada por Tony Meilhon, durante la madrugada del 18 al 19 de enero de 2011, entre La Bernerie-en-Retz y Pornic). Te parecerá estar releyendo “A sangre fría”, de Truman Capote, o “El adversario”, de Emmanuel Carrère (sobre el falso médico Jean-Claude Romand; hace poco —ahora bien, como tempus currit ut volet, el tiempo corre que parece que vuela, pudo ser hace meses— vi a deshora en una televisión el filme español, protagonizado por José Coronado, “La vida de nadie”, que, salvo por lo truculento, se le parecía bastante; la vida del protagonista era una pura y dura mentira). Me parece que en ella, en tu columna hodierna, haces lo que debes, reivindicar que, en pleno siglo XXI, no debe haber en ninguna sociedad humana (por ser una antigualla, una actitud desfasada) distingos (reparos) debidos a las clásicas razones de discriminación: sexo, raza, religión, etc. Me parece que las mujeres no sois piedra ni de piedra, sino que os habéis hecho dignas merecedoras de (ergo, os habéis ganado) mil y un monumentos de piedra (o de cualquier otro material). La noticia, estomagante, vomitiva, que he escuchado este mediodía, mientras comía, de que, en Sevilla, un hijo mantenía a su madre y a su hermana encerradas en casa, sucias y hambrientas, habla de cómo llegan a comportarse, de manera denigrante, ultrajante, algunos congéneres o semejantes nuestros. Así que ¡chapó! Te señalaré dos pecatta minuta (si no, quien firma no sería Otramotro): yo hubiera escrito sociocultural (todo junto o, socio-cultural, unidos por un guion) y alzhéimer (con tilde).

Como están cerrados por la tarde, durante el verano, tanto la biblioteca pública como el C. C. “Lourdes”, he venido al cibercafé “Praga”, por si tenía algún correo que contestar. Tenía el tuyo y el de Manolo. Empiezo por el tuyo.

Te agradezco sobremanera que hayas perdonado a este pendón (aquí significa vástago, en concreto, de Iluminada, que, mientras vivió, fue un buen árbol al que arrimarse).

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Para en símbolo mudarte

PARA EN SÍMBOLO MUDARTE

Será un viaje peligroso,
Parecido a una odisea,
Que se odia y que se desea
(Siempre que se salga airoso
De sus bretes y orgulloso),
El que he de canalizar
Y debo realizar
Para en símbolo mudarte;
Otros, quizá con más arte,
Lo tendrán que analizar.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


El derecho a decidir

EL DERECHO A DECIDIR

—En tu tesis la fragancia
De Mélechon no fracasa:
“Un francés se halla en su casa
En cualquier lugar de Francia”.
—No sabe esa idea a rancia.
A todos (vuelvo a incidir
En lo mismo, a coincidir
Contigo) nos corresponde
Cómo se usa, cuándo y dónde
El derecho a decidir.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Una certeza es, no un bulo

UNA CERTEZA ES, NO UN BULO

Según he escuchado y leído en varios sitios, el compositor de música country, cantante y actor tejano Kristoffer Kristofferson, nada más subir a un escenario, elegía a una persona del público y le dedicaba todo el concierto.

A mí la mujer real
(Mi madre, hermana, cuñadas
Y sobrinas no soñadas)
Me parece ente ideal
Siempre que sea leal.
Soy veraz; no disimulo;
A Kristofferson emulo.
Las consigo encandilar
Cuando cuanto urdo a Pilar
Una certeza es, no un bulo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Adenda a "Libertad de expresión sin excepciones"

ADENDA A “LIBERTAD DE EXPRESIÓN SIN EXCEPCIONES”

El domingo pasado, 28 de octubre de 2018, en la página 25 del diario EL PAÍS, leí el artículo prudente, sensatísimo, titulado “Bomberos pirómanos”, donde su autor, Fernando Vallespín, sostenía, entre otras ideas, esta, que “lo que venía siendo el ideal liberal del respeto por las opiniones que no compartimos y la libre y pausada discusión racional entre ellas ha pasado a la historia. Solo merecen respeto nuestras opiniones; las de los contrarios deben ser exorcizadas públicamente como anatema y perseguidas con inquina por las nuevas hordas inquisitoriales que proliferan en las redes y, ay, también en la misma prensa. No es de extrañar así que hayamos entrado en una escalada insoportable de descalificaciones y ostentosas salidas de tono por parte de muchos responsables políticos. El incentivo reside precisamente en esto”.

¿Qué hizo, por ejemplo, Íñigo Errejón, el secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político de Podemos cuando declaró que Vox “viene a amontonarse” a las opciones “instaladas en la crispación”? A mí, al menos, no me extrañaría nada de nada, que alguien de Vox, que a su condición de afiliado o simpatizante al ideario de dicha formación, añadiera su proverbial y reconocida adicción a la coña, retranca o zumba, pudiera contestarle al respecto lo siguiente:

El secretario de Parálisis Estratégico y Rancia Política de Podemos, Íñigo Errejón (acrónimo o contracción de Erre que erre, marrando el rejón) ha asegurado que Vox “viene a amontonarse” a las opciones “instaladas en la crispación” que, según su criterio, carente de misterio, son PP y Ciudadanos, que comparten el ideario con Vox, pero no se atreven a reconocerlo, como lo hace él (vocablo ambiguo, sí, porque pudiera referirse a Vox y/o a Errejón), sin ambages.

Íñigo Erre que erre, marrando el rejón, sostiene, asimismo, que Vox profiere “lo mismo que piensa el PP, lo mismo que piensa Ciudadanos”. Y es que el niño adulto parece un adulto niño que tiene el don, la facultad o la virtud de saber qué piensa él y, además, qué piensan todos los demás. Se comenta, se dice, se rumorea, que incluso pensó antes que yo mismo lo que este menda está escribiendo ahora, tras decidir disfrazarse de un afiliado coñón o simpatizante zumbón de Vox, que no lo es (guasón, sí, mucho), para su exclusivo solaz. ¿De quién? ¿De Erre que erre, marrando el rejón, de servidor o del atento y desocupado lector, sea ella o él, de estos renglones torcidos? Pregúntenle al Niño Dios, al Omnisciente, porque lo sabe todo, es un claro sabelotodo. ¿Alguien lo duda? Dado que no veo que nadie haya osado levantar la mano, lo haré yo. Lo dudo yo.

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Va para Gemma, viuda inesperada

VA PARA GEMMA, VIUDA INESPERADA

Apenada y querida Gemma, viuda inopinada de mi difunto primo José Félix:

Aunque esta epístola ve la luz hoy, jueves, primer día de noviembre, festividad de Todos los Santos, aquí, en mi bitácora, anhelo que sepas que la urdí el viernes, 12 de octubre, Día de la Hispanidad y de Nuestra Señora del Pilar, nombre de pila que tanto me gusta proferir (y no lo digo, que podría hacerlo, por mi hermana, con quien hablo a diario por teléfono, a quien adoro y llamo, desde que nació, “Nena” —confieso que acostumbro a llamarla también con guasa “Pilón”, pero sin llegar a tirarla al susodicho—, como mis seres más allegados saben, sino por la mejor mujer —que nadie se moleste, porque acepto discrepancias o disidencias— que he conocido en mis cincuenta y seis años de existencia, aunque en este punto acaso me haya ocurrido lo que es habitual que me pase sin que me pese, que me haya extralimitado o pasado siete pueblos por culpa del agua del Ebro, que, como he reconocido otras veces, no bebo, pero me lava y es la que me empuja a exagerar, a echar mano de la hipérbole, a la hora de dar mis opiniones) últimamente.

De los dos breves momentos en los que pude cruzar palabras contigo durante el sábado pasado, 6 de octubre, en el camposanto de Cornago, tras la misa de funeral (nunca vi tan llena la iglesia parroquial de San Pedro, ni siquiera durante la festividad de la patrona de la villa, la Virgen de la Soledad), en el primero te quejaste con razón de que la muerte de José Félix había sido injusta, por prematura. Tu marido no había celebrado ni siquiera los cincuenta y cinco años, que hubiera cumplido, en el caso de haber seguido vivo, el próximo domingo, cuatro de noviembre, cuando hoy son legión las/os que finan sus días tres décadas después, siendo muchas/os nonagenarias/os. Como sabes, fue el poeta metafísico inglés John Donne quien verseó que la muerte de todo hombre nos disminuye porque nadie es una isla en sí mismo. En el semblante de mi finado y piadoso padre pude comprobar que, si es duro velar el cadáver de un esposo o de un hermano, aún lo es más perder (por accidente o enfermedad) a un hijo, porque lo lógico es que el hijo entierre al padre, no el progenitor a su retoño.

Durante ese primer diálogo (duraría menos de un minuto) te dije que tanto tú como vuestros hijos, Borja y Pablo, debíais estar orgullosos de José Félix; a su misa de funeral acudieron muchas personas. E insisto en lo que apunté antes: nunca vi la iglesia parroquial de San Pedro tan abarrotada. En el exterior (me consta porque lo pude ver con mis propios ojos) había mucha gente que o no pudo o no quiso (ignoro las razones) acceder. Este hecho vino a corroborar o ratificar lo que se lee en el Evangelio de Mateo (Mt. 7, 15-20): “Por sus obras los conoceréis”; y en el de Lucas (Lc. 6, 43-44): “Por sus frutos los conoceréis”. El hombre (hembra o varón) no es lo que piensa (bueno, regular o malo), ni es lo que dice (sea esto lo que de verdad ha ideado o una patraña); el hombre es lo que hace (y, si hace reír, como tantas veces me hizo reír a mandíbula batiente José Félix, hasta llorar lágrimas dulces, es normal que con las tristes nueva y constatación de su óbito, servidor y cuantos le debemos días ganados —porque, como dijo Charles Chaplin, “Charlot”, un día sin reír es un día perdido— lloráramos lágrimas amargas. Yo suelo argumentar que nuestras obras son nuestro mejor autorretrato (sea este físico o moral, prosopografía o etopeya), y poner como ejemplo de la tesis precedente el sucinto relato que compuso Jorge Luis Borges y colocó como magnífico colofón para “El hacedor” (1960): “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.

Durante el segundo diálogo (básicamente, de despedida), te adelanté que te esperaban días complicados y difíciles. Y te exhorté a que te rearmaras de ánimo, moral y paciencia, porque los bajones suelen llegar sin previo aviso. Para esos inoportunos momentos, te hago saber lo que a mí me resulta y/o sirve. Aunque a quien me escucha con atención suelo confesarle que soy un ateo convencido, tantos años entre curas (atesoro un montón o sinfín de recuerdos gratísimos y útiles de mi experiencia con los Padres Camilos) han dejado en mí una estela, huella o muesca acaso indeleble. Porque es apodíctico lo que voy a contarte. En los momentos de angustia, de miedo cerval, de pánico, recordar los nueve primeros versos pentasílabos de una oración o poema que Santa Teresa de Jesús escribió y mandó a su hermano, enfermo, que, por aquellas fechas, estaba en el continente americano (si no marro en lo que narro), si no la/o borran del todo, la/o atenúan o mitigan por ensalmo: “Nada te turbe, / Nada te espante, / Todo se pasa, / Dios no se muda. / La paciencia (con diéresis) / Todo lo alcanza; / Quien a Dios tiene / Nada le falta. / Solo Dios basta...”.

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Martes, 22 de enero

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