El Blog de Otramotro

Aún me queda un póquer de jornadas

AÚN ME QUEDA UN PÓQUER DE JORNADAS

Dilecta Pilar:

Aún me queda un póquer de jornadas, cuatro días, sí, cuatro, para hacer realidad mi sueño, comenzarlas.

Continuarás (barrunto) coronando lo mismo que andará este culminando, (re)creando ene textos literarios.

Debió ser más que dura la experiencia (eso es lo que sospecho) del gulag.

He leído tu artículo sobre María Antonia (un buen epítome de los tres folios que escribiste para “Palabricas…” y leí con gusto; no te ha faltado la breve referencia a las palabras de su texto de bienvenida con la grata ocasión del encuentro/cena del treinta aniversario de nuestra promoción de Filología en el pasado noviembre). Yo lo publicaré mañana, tal y como lo trencé, en mi blog.

Así es; subiré al Alvia en la estación de Tudela y haré noche en el aeropuerto de Barajas/Adolfo Suárez y por la mañana volaré a Tenerife.

Ya, ya, dejé dos muestras de vaya en mi respuesta al tuyo. Hace muchos años leí “Archipiélago Gulag”, de Aleksandr Solzhenitsyn (antes se escribía de otro modo, si no marro), sobre los campos de internamiento y castigo soviéticos. Por cierto, en uno de aquellos campos de trabajo forzoso en Siberia pasó el arzobispo Kiril Lakota (personaje ficticio de “Las sandalias del pescador”, libro que escribió Morris West en 1963 y película que dirigió Michael Anderson en 1968) dos décadas, según ambas ficciones (novela y filme).

No eran halagos, sino comentarios cabales, ajustados. Así lo interpreté entonces. Celebro que te gustaran.

Me consta que tú has leído también mucho, muchísimo. Seguramente, si has llegado a esa concreta conclusión, la explicación estribe en que, aunque hemos leído los mismos textos (sobre todo, durante la carrera), asimismo hemos leído ensayos, cuentos, novelas y poemarios distintos.

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¿Pilar? ¡Persona admirable!

¿PILAR? ¡PERSONA ADMIRABLE!

A Pilar miro y escucho
Y a una persona admirable,
Descreída y venerable
Atiende este menda, ducho
En a la tal loar mucho,
Que es la más justa manera
De a una señora señera
De su amor dar testimonio
Y proponer matrimonio
Siempre que ella esté soltera.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Me inspiras a cualquier hora

ME INSPIRAS A CUALQUIER HORA

“No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti todo lo que soy”.

Gregorio Marañón y Posadillo

—Te amo porque me completas.
—Yo, porque a tu lado siento
Que puedo ser uno y ciento.
—De esperanzas y de metas
Tengo mis ansias repletas.
—Tu perfume me fascina,
Tu presencia me ilumina.
Me inspiras a cualquier hora.
—Quien de ti no se enamora
Cuánto vales no imagina.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Urgen urnas con derecho

URGEN URNAS CON DERECHO

No hay una/o, ni dos, ni tres.
Son legión las/os que sopesan
Si más que el derecho pesan
Los sufragios. ¿Tú lo ves?
Guiparlo me causa estrés.
Esta idea (y es un hecho
Que me deja satisfecho)
Me sirve, entre otras diuturnas:
De mucho valen las urnas,
Si las secunda el derecho.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Qué adagio: "hecha la ley, hecha la trampa"

QUÉ ADAGIO: “HECHA LA LEY, HECHA LA TRAMPA”

Como lo precipuo, primero o principal debe ir delante, en cabeza, ahí va, sin ambages ni demora, mi condena sin paliativos del intento de atentado preparado por el vigilante de seguridad Manuel Murillo, que, en un grupo de whatsapp, amenazó con devenir, disfrazarse o metamorfosearse en el francotirador con ínfulas que iba a abatir de un tiro preciso a Pedro Sánchez; mis sentidas muestras de solidaridad con el presidente; y, asimismo, mi más sincera enhorabuena a los Mossos d´Esquadra por haber abortado o frustrado dicho magnicidio.

Desconozco si Pedro Sánchez (a quien, debido a sus ostensibles bandazos, a su incontrovertible condición de político veleta, la hemeroteca va dejando un día sí y otro también, ora en cueros, ora en feo) ha leído alguna obra de Arthur Schnitzler; ignoro si alguien cercano al presidente del Gobierno de la Nación ha leído algo del dramaturgo y narrador vienés. De lo que no me cabe la menor duda es de que (eso deduje o pensé que había acaecido, al menos), por el medio que fuera, Sánchez había tenido conocimiento de una de las célebres frases proferidas y/o escritas por Schnitzler, cuando, nada más conocerse la sentencia de la trama “Gürtel” (jueves, 24 de mayo de 2018), que condenaba, amén de a los principales gerifaltes de la misma, también, por corrupción, al Partido Popular como partícipe a título lucrativo, porque esa fue la causa, el motivo o la razón que desencadenó que Sánchez presentara, huyendo de la procrastinación, la cabal y oportuna moción de censura contra el Ejecutivo presidido por Mariano Rajoy, que, a la postre, dio el resultado apetecido para el candidato de la misma y con sus huesos en el Palacio de La Moncloa. Y tres cuartos de lo propio ocurrió cuando el pasado miércoles Sánchez pronunció estas desiderativas palabras, “que nunca más los españoles paguen este impuesto (se refería al Impuesto de Actos Jurídicos Documentados, IAJD) y lo pague el sector financiero, la banca”. En ambos casos, el presidente seguía (fuera consciente de ello o no) una recomendación del autor citado arriba, Schnitzler: “Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”.

De lo que sí dudo (mucho, muchísimo) es de que el mencionado IAJD lo pague, a partir de ahora, la banca, según el mero anhelo y la simple propuesta hecha por el presidente del Gobierno, tras decidirlo, ayer, jueves, de común acuerdo con sus ministros, en el último Consejo, mediante el real decreto ley (que deberá ser convalidado por el Congreso de los Diputados), pues tengo para mí por cierto, por certísimo (tampoco aquí hallo rendija por la que puede colarse la mínima hesitación), que los bancos idearán la manera (nuevas comisiones, incremento de las mismas o subida del tipo de interés) de que sean los clientes, quienes acudan a las entidades financieras a solicitar los créditos hipotecarios, quienes corran (de manera encubierta, si se quiere) con dicho gasto.

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Cuando una/o se enamora se enamora

CUANDO UNA/O SE ENAMORA SE ENAMORA

(Aunque como se lee en “El principito”, de Antoine de Saint-Exupéry —sigo la traducción de Bonifacio del Carril—, libro que vio la luz tanto en francés como en inglés en abril de 1943, “la palabra es fuente de malentendidos”, concédeme, “Chelo” —más tarde entenderás por qué no he podido resistirme a la tentación, a las ineludibles, necesarias y urgentes ganas que me han brotado de llamarte con dicho hipocorístico—, la gracia de que pueda seguir arrancando las epístolas que te trence y remita de la misma guisa —ergo, hazte a la idea de que estas palabras que lees no las estás leyendo en sentido estricto— que he hecho con las precedentes —esta sigue el mismo ceremonial o rito; que “¿qué es un rito?”; si has leído la novela arriba citada, te acordarás de la respuesta que le dio el zorro a la misma pregunta que le formuló el principito: “Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días; una hora, de las otras horas”—. Por eso las encierro entre los signos ortográficos de apertura y clausura de este paréntesis)

Amada Pilar:

Permíteme que empiece esta misiva citando a Perogrullo: “Cuando una/o se enamora se enamora”. Con el enamoramiento, no te miento, ocurre como con el embarazo, que o se está encinta, preñada, o no se está; una/o no se enamora un poco ni dos pocos ni tres pocos; se enamora o no se enamora; aquí no hay medias tintas posibles; se está enamorado o no se está.

Transcribo a continuación el final del capítulo XXI de “El principito”, donde vierte su autor qué era o qué significaba para él su “rosa”, o sea, su esposa Consuelo (ahora entenderás por qué te he llamado arriba “Chelo”) Suncín:

“—Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.

“El principito se fue a ver nuevamente a las rosas:

“—No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún —les dijo—. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

“Y las rosas se sintieron bien molestas.

“—Sois bellas, pero estáis vacías —les dijo todavía—. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa.

“Y volvió hacia el zorro:

“—Adiós —dijo.
“—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
“—Lo esencial es invisible a los ojos —repitió el principito, a fin de acordarse.
“—El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
“—El tiempo que perdí por mi rosa… —dijo el principito, a fin de acordarse.
“—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
“—Soy responsable de mi rosa… —repitió el principito, a fin de acordarse”.

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Te urdo, alcalde, mi crítica de balde

TE URDO, ALCALDE, MI CRÍTICA DE BALDE

Dilecto Eneko Larrarte, alcalde de nuestra ciudad, Tudela:

Acabo de leer el artículo titulado “¿Tudela necesita un centro de salud… hoy?”, que lleva tu firma (si me permites el tuteo y el comentario, yo hubiera colocado en el rótulo, tras la voz “salud”, o sea, antes de los tres puntos suspensivos, por oportuno, el adverbio más), en la sección de Opinión de Plaza Nueva, donde, de vez en cuando, tienen a bien publicarme mis urdiduras (o “urdiblandas”), y debo reconocer que me ha sorprendido gratamente el hecho, porque el grueso de los políticos profesionales (si es que escriben lo que aparece publicado en los mass media, que, acaso sea un prejuicio que no he logrado cepillarme del todo —me flagelo cinco segundos por ello, solo cinco—, vengo poniendo en tela de juicio desde ni se sabe, hace la tira de años), los que cobran, no suelen ser tan espléndidos como lo has sido tú en este caso, que, supongo, tienes el honor y debes sentirte orgulloso de presidir la Corporación tudelana.

La exposición que haces en dicho artículo es clara y clarificadora; diré más, la reputo exhaustiva; argumentas, dando datos y detalles o pormenores; refutas con razones de peso y concluyes lo obvio. Ergo (algo sorprendente en mí, que reconozco ser, por naturaleza, criticón), ¡chapó! (ahora ya se puede escribir el vocablo francés chapeau así, españolizado).

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¿Que no falte me espeta el gerifalte?

¿QUE NO FALTE ME ESPETA EL GERIFALTE?

Hoy, martes, 6 de noviembre (¡Muchas felicidades, “Use”, hipocorístico de Eusebio! —pues mi hermano varón más pequeño en edad, que es, al mismo tiempo, se advierta o no contradicción en el hecho, el más alto de todos, cumple años—), me enmiendo al momento, mañana, miércoles, 7, conoceremos qué ha opinado y votado la ciudadanía de los Estados Unidos de América, tras llevar Donald Trump dos años en la presidencia del país.

Es llamativo y sintomático (por lo menos, para mí) que un sujeto de la calaña de Trump, con tantos defectos (hay quien los ha contado y estos suman más de los que se le achacan al peor de los demonios habidos o por haber) fuera elegido por sus conciudadanos para ostentar tan alta dignidad, llevar los destinos de una nación que forman cincuenta estados.

Mediado el (he obviado, a sabiendas, el adjetivo primer, porque, visto lo visto, oído lo oído y leído lo leído, su habitual proceder, logorrea y tuiteo, o sea, cómo se las gasta el jerarca, es mi deseo y mi esperanza que no haya, en modo alguno, un segundo) mandato, cabe preguntarse si la cosa (es igualmente válido también aquí su anagrama, el asco, tiene vuelta de hoja, remedio, o es irreversible el temor que muchos abrigamos de que la calidad democrática norteamericana siga descendiendo hasta tocar fondo, y la victoria, en las sucesivas elecciones que haya en el mundo, de los mandamases que sean vistos como meros clones de Trump lleve a idear y poner en marcha nuevas formas (no barruntadas, intuidas o sospechadas —por los escritores utópicos o ucrónicos que en el mundo han sido, verbigracia, George Orwell o Aldous Huxley—) de autoritarismo político.

El reciente triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil, que descuella por varias “virtudes”, machismo, racismo y xenofobia, entre otras, que se le adjudican, asimismo, a Trump, “dones” que comparten, a su vez, con dirigentes europeos, como la francesa Marine Le Pen, el italiano Matteo Salvini y el húngaro Viktor Orbán, etc., no auguran nada bueno, nada halagüeño.

En las hodiernas elecciones están en juego no pocos cargos y/o escaños, pero forman o son legión las/os que ven en ellas un plebiscito sobre la forma de hacer política del bravucón, mendaz, oscuro y soez gerifalte (ahora solo falta que se enoje conmigo y que me espete que no le falte), que lleva las riendas de la mayor potencia del orbe (si no ha pasado esa vara de mando o testigo ya a China, que puede), Trump.

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Hay quien marra por miedo a equivocarse

HAY QUIEN MARRA POR MIEDO A EQUIVOCARSE

Dilecta Pilar:

Te pido perdón (hay quien marra por miedo a equivocarse), perdón, perdón, hasta formar con ellos un rosario de mil disculpas y, al mismo tiempo, doy mil gracias, formando una ristra con todas ellas, por contestarme. Prometo no molestarte durante las vacaciones. Durante las mismas, dispongo de menos tiempo de uso (de ordenador). A partir de la semana que viene, verbigracia, por las tardes, el Centro Cívico “Lourdes” permanecerá cerrado. Todos necesitamos vacación, mejor, estar disfrutando (de) las mismas. Yo también. Sé que tienes muchos quehaceres. Cumple con ellos. Cuida a y de tus padres (de tu pareja, etc.). Yo lo hice con los míos.

Acabo de leer tu columna en La lámpara encendida, tu blog. Esta mañana he terminado de leer las cuarenta páginas que me quedaban de la multipremiada “Laëtitia o el fin de los hombres”, del francés Ivan Jablonka (si puedes, léela; si puedes, cómpratela y reléela; cuenta la terrible historia de Laëtitia Perrais, asesinada y descuartizada por Tony Meilhon, durante la madrugada del 18 al 19 de enero de 2011, entre La Bernerie-en-Retz y Pornic). Te parecerá estar releyendo “A sangre fría”, de Truman Capote, o “El adversario”, de Emmanuel Carrère (sobre el falso médico Jean-Claude Romand; hace poco —ahora bien, como tempus currit ut volet, el tiempo corre que parece que vuela, pudo ser hace meses— vi a deshora en una televisión el filme español, protagonizado por José Coronado, “La vida de nadie”, que, salvo por lo truculento, se le parecía bastante; la vida del protagonista era una pura y dura mentira). Me parece que en ella, en tu columna hodierna, haces lo que debes, reivindicar que, en pleno siglo XXI, no debe haber en ninguna sociedad humana (por ser una antigualla, una actitud desfasada) distingos (reparos) debidos a las clásicas razones de discriminación: sexo, raza, religión, etc. Me parece que las mujeres no sois piedra ni de piedra, sino que os habéis hecho dignas merecedoras de (ergo, os habéis ganado) mil y un monumentos de piedra (o de cualquier otro material). La noticia, estomagante, vomitiva, que he escuchado este mediodía, mientras comía, de que, en Sevilla, un hijo mantenía a su madre y a su hermana encerradas en casa, sucias y hambrientas, habla de cómo llegan a comportarse, de manera denigrante, ultrajante, algunos congéneres o semejantes nuestros. Así que ¡chapó! Te señalaré dos pecatta minuta (si no, quien firma no sería Otramotro): yo hubiera escrito sociocultural (todo junto o, socio-cultural, unidos por un guion) y alzhéimer (con tilde).

Como están cerrados por la tarde, durante el verano, tanto la biblioteca pública como el C. C. “Lourdes”, he venido al cibercafé “Praga”, por si tenía algún correo que contestar. Tenía el tuyo y el de Manolo. Empiezo por el tuyo.

Te agradezco sobremanera que hayas perdonado a este pendón (aquí significa vástago, en concreto, de Iluminada, que, mientras vivió, fue un buen árbol al que arrimarse).

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Para en símbolo mudarte

PARA EN SÍMBOLO MUDARTE

Será un viaje peligroso,
Parecido a una odisea,
Que se odia y que se desea
(Siempre que se salga airoso
De sus bretes y orgulloso),
El que he de canalizar
Y debo realizar
Para en símbolo mudarte;
Otros, quizá con más arte,
Lo tendrán que analizar.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


El derecho a decidir

EL DERECHO A DECIDIR

—En tu tesis la fragancia
De Mélechon no fracasa:
“Un francés se halla en su casa
En cualquier lugar de Francia”.
—No sabe esa idea a rancia.
A todos (vuelvo a incidir
En lo mismo, a coincidir
Contigo) nos corresponde
Cómo se usa, cuándo y dónde
El derecho a decidir.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Una certeza es, no un bulo

UNA CERTEZA ES, NO UN BULO

Según he escuchado y leído en varios sitios, el compositor de música country, cantante y actor tejano Kristoffer Kristofferson, nada más subir a un escenario, elegía a una persona del público y le dedicaba todo el concierto.

A mí la mujer real
(Mi madre, hermana, cuñadas
Y sobrinas no soñadas)
Me parece ente ideal
Siempre que sea leal.
Soy veraz; no disimulo;
A Kristofferson emulo.
Las consigo encandilar
Cuando cuanto urdo a Pilar
Una certeza es, no un bulo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Adenda a "Libertad de expresión sin excepciones"

ADENDA A “LIBERTAD DE EXPRESIÓN SIN EXCEPCIONES”

El domingo pasado, 28 de octubre de 2018, en la página 25 del diario EL PAÍS, leí el artículo prudente, sensatísimo, titulado “Bomberos pirómanos”, donde su autor, Fernando Vallespín, sostenía, entre otras ideas, esta, que “lo que venía siendo el ideal liberal del respeto por las opiniones que no compartimos y la libre y pausada discusión racional entre ellas ha pasado a la historia. Solo merecen respeto nuestras opiniones; las de los contrarios deben ser exorcizadas públicamente como anatema y perseguidas con inquina por las nuevas hordas inquisitoriales que proliferan en las redes y, ay, también en la misma prensa. No es de extrañar así que hayamos entrado en una escalada insoportable de descalificaciones y ostentosas salidas de tono por parte de muchos responsables políticos. El incentivo reside precisamente en esto”.

¿Qué hizo, por ejemplo, Íñigo Errejón, el secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político de Podemos cuando declaró que Vox “viene a amontonarse” a las opciones “instaladas en la crispación”? A mí, al menos, no me extrañaría nada de nada, que alguien de Vox, que a su condición de afiliado o simpatizante al ideario de dicha formación, añadiera su proverbial y reconocida adicción a la coña, retranca o zumba, pudiera contestarle al respecto lo siguiente:

El secretario de Parálisis Estratégico y Rancia Política de Podemos, Íñigo Errejón (acrónimo o contracción de Erre que erre, marrando el rejón) ha asegurado que Vox “viene a amontonarse” a las opciones “instaladas en la crispación” que, según su criterio, carente de misterio, son PP y Ciudadanos, que comparten el ideario con Vox, pero no se atreven a reconocerlo, como lo hace él (vocablo ambiguo, sí, porque pudiera referirse a Vox y/o a Errejón), sin ambages.

Íñigo Erre que erre, marrando el rejón, sostiene, asimismo, que Vox profiere “lo mismo que piensa el PP, lo mismo que piensa Ciudadanos”. Y es que el niño adulto parece un adulto niño que tiene el don, la facultad o la virtud de saber qué piensa él y, además, qué piensan todos los demás. Se comenta, se dice, se rumorea, que incluso pensó antes que yo mismo lo que este menda está escribiendo ahora, tras decidir disfrazarse de un afiliado coñón o simpatizante zumbón de Vox, que no lo es (guasón, sí, mucho), para su exclusivo solaz. ¿De quién? ¿De Erre que erre, marrando el rejón, de servidor o del atento y desocupado lector, sea ella o él, de estos renglones torcidos? Pregúntenle al Niño Dios, al Omnisciente, porque lo sabe todo, es un claro sabelotodo. ¿Alguien lo duda? Dado que no veo que nadie haya osado levantar la mano, lo haré yo. Lo dudo yo.

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Va para Gemma, viuda inesperada

VA PARA GEMMA, VIUDA INESPERADA

Apenada y querida Gemma, viuda inopinada de mi difunto primo José Félix:

Aunque esta epístola ve la luz hoy, jueves, primer día de noviembre, festividad de Todos los Santos, aquí, en mi bitácora, anhelo que sepas que la urdí el viernes, 12 de octubre, Día de la Hispanidad y de Nuestra Señora del Pilar, nombre de pila que tanto me gusta proferir (y no lo digo, que podría hacerlo, por mi hermana, con quien hablo a diario por teléfono, a quien adoro y llamo, desde que nació, “Nena” —confieso que acostumbro a llamarla también con guasa “Pilón”, pero sin llegar a tirarla al susodicho—, como mis seres más allegados saben, sino por la mejor mujer —que nadie se moleste, porque acepto discrepancias o disidencias— que he conocido en mis cincuenta y seis años de existencia, aunque en este punto acaso me haya ocurrido lo que es habitual que me pase sin que me pese, que me haya extralimitado o pasado siete pueblos por culpa del agua del Ebro, que, como he reconocido otras veces, no bebo, pero me lava y es la que me empuja a exagerar, a echar mano de la hipérbole, a la hora de dar mis opiniones) últimamente.

De los dos breves momentos en los que pude cruzar palabras contigo durante el sábado pasado, 6 de octubre, en el camposanto de Cornago, tras la misa de funeral (nunca vi tan llena la iglesia parroquial de San Pedro, ni siquiera durante la festividad de la patrona de la villa, la Virgen de la Soledad), en el primero te quejaste con razón de que la muerte de José Félix había sido injusta, por prematura. Tu marido no había celebrado ni siquiera los cincuenta y cinco años, que hubiera cumplido, en el caso de haber seguido vivo, el próximo domingo, cuatro de noviembre, cuando hoy son legión las/os que finan sus días tres décadas después, siendo muchas/os nonagenarias/os. Como sabes, fue el poeta metafísico inglés John Donne quien verseó que la muerte de todo hombre nos disminuye porque nadie es una isla en sí mismo. En el semblante de mi finado y piadoso padre pude comprobar que, si es duro velar el cadáver de un esposo o de un hermano, aún lo es más perder (por accidente o enfermedad) a un hijo, porque lo lógico es que el hijo entierre al padre, no el progenitor a su retoño.

Durante ese primer diálogo (duraría menos de un minuto) te dije que tanto tú como vuestros hijos, Borja y Pablo, debíais estar orgullosos de José Félix; a su misa de funeral acudieron muchas personas. E insisto en lo que apunté antes: nunca vi la iglesia parroquial de San Pedro tan abarrotada. En el exterior (me consta porque lo pude ver con mis propios ojos) había mucha gente que o no pudo o no quiso (ignoro las razones) acceder. Este hecho vino a corroborar o ratificar lo que se lee en el Evangelio de Mateo (Mt. 7, 15-20): “Por sus obras los conoceréis”; y en el de Lucas (Lc. 6, 43-44): “Por sus frutos los conoceréis”. El hombre (hembra o varón) no es lo que piensa (bueno, regular o malo), ni es lo que dice (sea esto lo que de verdad ha ideado o una patraña); el hombre es lo que hace (y, si hace reír, como tantas veces me hizo reír a mandíbula batiente José Félix, hasta llorar lágrimas dulces, es normal que con las tristes nueva y constatación de su óbito, servidor y cuantos le debemos días ganados —porque, como dijo Charles Chaplin, “Charlot”, un día sin reír es un día perdido— lloráramos lágrimas amargas. Yo suelo argumentar que nuestras obras son nuestro mejor autorretrato (sea este físico o moral, prosopografía o etopeya), y poner como ejemplo de la tesis precedente el sucinto relato que compuso Jorge Luis Borges y colocó como magnífico colofón para “El hacedor” (1960): “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.

Durante el segundo diálogo (básicamente, de despedida), te adelanté que te esperaban días complicados y difíciles. Y te exhorté a que te rearmaras de ánimo, moral y paciencia, porque los bajones suelen llegar sin previo aviso. Para esos inoportunos momentos, te hago saber lo que a mí me resulta y/o sirve. Aunque a quien me escucha con atención suelo confesarle que soy un ateo convencido, tantos años entre curas (atesoro un montón o sinfín de recuerdos gratísimos y útiles de mi experiencia con los Padres Camilos) han dejado en mí una estela, huella o muesca acaso indeleble. Porque es apodíctico lo que voy a contarte. En los momentos de angustia, de miedo cerval, de pánico, recordar los nueve primeros versos pentasílabos de una oración o poema que Santa Teresa de Jesús escribió y mandó a su hermano, enfermo, que, por aquellas fechas, estaba en el continente americano (si no marro en lo que narro), si no la/o borran del todo, la/o atenúan o mitigan por ensalmo: “Nada te turbe, / Nada te espante, / Todo se pasa, / Dios no se muda. / La paciencia (con diéresis) / Todo lo alcanza; / Quien a Dios tiene / Nada le falta. / Solo Dios basta...”.

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Miércoles, 14 de noviembre

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