El Blog de Otramotro

¿Habrá bajo/tras el "cum laude" una gran losa?

¿HABRÁ BAJO/TRAS EL“CUM LAUDE” UNA GRAN LOSA?

Ignoro, atento y desocupado lector (sea ella o él), si usted suele pasar su vista, de manera asidua u ocasional, por los renglones torcidos (en prosa o en verso) que tiene a bien agavillar a diario el abajo firmante, servidor. Si es de los que me leen de forma habitual, seguramente conoce el afecto o la debilidad que siento por mi quinto Javier Cercas, a quien, ciertamente, acostumbro a tener cerca y, como lógico corolario, a releer con suma delectación.

Desconozco, asimismo, si tiene en casa un ejemplar del número 2.187 de EL PAÍS SEMANAL. Si aún anda en su revistero, le recomiendo encarecidamente que vuelva a echarle un ojo (en sentido estricto, los dos, salvo que, por la razón que sea, que lamento, de veras, si es así, haya perdido usted la visión de uno o ambos ojos) al artículo de Cercas, titulado “El triunfo de la mentira”, que aparece publicado en la página 10. Si no puede acceder al susodicho, transcribo a continuación la tesis que sostiene en el mismo que, a modo de epítome, concentra o resume en su párrafo final: “Eso es lo nuevo (y de ahí que el buen periodismo sea hoy más necesario que nunca, siempre que no se conforme con contar la verdad y desmonte asimismo las mentiras); eso es también lo más inquietante. Por una razón tan elemental que a menudo se olvida: que la verdad libera y la mentira esclaviza, que una sociedad que ha perdido el vínculo con la verdad no puede ser más que una sociedad de esclavos, que el triunfo de la mentira sólo puede ser la derrota de la libertad”. Después de leer las líneas que preceden, barrunto que habrá hecho lo que este menda, decir amén a todo.

No obstante, le aconsejo para su bien que no se conforme con esto y haga lo mismo que ha llevado a cabo servidor, releer en un ejemplar del número 2.189 de EL PAÍS SEMANAL, en concreto, en la página 8, su artículo, que lleva este rótulo “Propagandistas del poder”. Así que, por las mismas razones aducidas arriba, haré tres cuartos de lo propio que he coronado antes con su hermano, citar su postrero parágrafo: “Lo repito: quienes intervenimos en los medios tenemos la obligación de desmontar las mentiras del poder —de cualquier poder, empezando por aquel al que más afines somos— y confrontar con los hechos de la realidad su relato de la realidad. De lo contrario, si permitimos que el poder nos use para difundir sus mentiras, dejamos de ser fiscalizadores del poder y nos convertimos en sus propagandistas. Que es lo peor que podemos ser”.

Tras haber llegado a la conclusión de que había asimilado el grueso de las lecciones de Cercas y después de haber leído y escuchado a muchas de las personas que se han ocupado a conciencia del asunto en cuestión, la tesis de Sánchez (no sabría decir cuál es del total el cabal porcentaje), he juzgado oportuno escribir al respecto lo que sigue.

¿Alguien pensaba, de verdad, que de La Moncloa, tras pasar las herramientas antiplagio por la tesis doctoral de Pedro Sánchez, iban a salir cosas distintas de las que salieron y trascendieron a la opinión pública, o sea, que no había habido plagio?

Airea la paremia española que “Dios los cría y ellos se juntan”, y acierta. Si a Camilo José Cela (que solo por haber escrito estas tres magníficas obras, tres, “La familia de Pascual Duarte”, 1942, “Viaje a la Alcarria”, 1948, y “La colmena”, 1951, ya se hizo, de manera más que sobrada, digno merecedor de recibir el Premio Nobel de Literatura de 1989 y el Premio Cervantes seis años más tarde), durante sus últimos años de vida, le siguió y persiguió la mala sombra, al ser acusado con motivo de haber plagiado la novela con la que ganó el Premio Planeta de 1994, “La cruz de San Andrés”, al actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que es doctor por la Universidad Camilo José Cela, mutatis mutandis, parece seguirle y perseguirle la misma mala sombra, por idéntico motivo, haber plagiado parte de su tesis doctoral.

Camilo José Cela confesó en la primavera del año 2000 a la bibliotecaria de su Fundación, Marisa Pascual, que había cometido un error con “La cruz de San Andrés”. Ese yerro no era otro que haberse avenido a poner su firma a la novela que Carmen Formoso había presentado a dicha convocatoria y certamen con el título de “Carmen, Carmela, Carmiña”. El hijo del Premio Nobel, Camilo José Cela Conde, algún tiempo después, vino a corroborar dicho criterio al sostener que la novela susodicha “nunca se debió publicar”. A mí lo que más me llamó la atención del caso es que ni siquiera Cela hizo la, ora ardua, ora fácil, labor literaria de convertir una en otra novela. Ese trabajo, según el abogado de la plagiada, su propio hijo, Jesús Díaz Formoso, lo culminó, presuntamente, Mariano Tudela, negro habitual de Cela. Me quedé con su apellido porque yo nací y resido en la capital de la ribera navarra, Tudela.

El grado máximo al que puede aspirar un universitario español (hembra o varón) es al título de doctor. Para obtenerlo, el doctorando (ella o él) ha de coronar un trabajo original de investigación en la ciencia o disciplina que sea. Actualmente, según las normas universitarias vigentes, no puede presentarse la tesis antes de que hayan transcurrido 18 meses. Si tenemos en cuenta que Pedro Sánchez no fue elegido diputado en las Elecciones Generales del 20 de noviembre del dos mil once, que el solo trámite administrativo de una tesis lleva de dos a tres meses y nos consta que Sánchez, a través de su cuenta de Twitter, solicitó bibliografía sobre la materia de la que versó su tesis doctoral, “Innovaciones de la Diplomacia Económica Española. Análisis del Sector Público (2000-2012)”, el 13 de septiembre de 2011 (“Tengo que escribir unas notas sobre diplomacia económica, ¿alguien puede aconsejarme literatura económica para leer? Gracias”, decía su tuit), y lo que colegimos tiene todos los visos de ser atinado y correcto, de lo escrito cabe inferir que Sánchez redactó su tesis en apenas un año, ya que la leyó en la Universidad Camilo José Cela el 26 de noviembre del año siguiente.

Como puede comprobar quien acuda al DLE, el vocablo español laude, además de “alabanza” (cabe traducir la locución cum laude, en latín, así, con alabanza), significa también losa, o sea, la “lápida o piedra” que se coloca sobre la sepultura. ¿Habrá bajo o tras el “cum laude” una gran losa?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


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