El Blog de Otramotro

Cruz (o Gurutze, o Cuqui), qué pardilla

CRUZ (O GURUTZE, O CUQUI), QUÉ PARDILLA

(ESOS CUATRO VOCABLOS AFRENTOSOS)

A quien llamaste un día fantoche, otro guiñapo, otro pelele y otro títere (ahora bien, puede que servidor ande hoy desmemoriado y no deba —ni al tal le convenga— echar en saco roto o descartar la posibilidad de que le espetaras esos cuatro vocablos afrentosos durante una misma noche) te la ha dado a ti esta vez con queso; te ha tomado impunemente el pelo, lista, que te crees muy inteligente, el summum, pero, velis nolis, en esta vida nadie está exento de toparse, topetarse, tropezarse y/o darse de bruces con la horma de su zapato, con quien acaso sea más dicaz y más perspicaz que ella o él, Cruz, con quien le dé sopas con honda.

Aunque, por el cúmulo de circunstancias que consideraste y valoraste con justeza, llegaste a la conclusión de que la otra noche era tu noche, porque tú habías elegido el sitio y la hora, el “cronotopo” pintiparado, para que un licenciado miope y barbado procediera a quitarte, después de una cena romántica, romantiquísima, las muchas telarañas que habías dejado (qué dejada) que se te acumularan ahí abajo (querías olvidarte del casco de vikingo que un día, horrorizada, descubriste que llevabas encasquetado en la cabeza, y que te empujó a promover el divorcio), me veo obligado y me siento impelido a hacerte partícipe de la verdad pura y dura, que yo fui el único muñidor (aunque esto sea inesperado para ti) del caso, del fracaso que ocasioné, de tu naufragada cita.

Sé que a ti, mutatis mutandis, te ha ocurrido tres cuartos de lo mismo que, desde ni se sabe, me viene acaeciendo a mí, que quienes te proponían un revolcón, sin más pretensiones, te daban grima, y a cuantos poliedros les hacías la propuesta de un “eroskiki” célere, de una rauda faena de aseo y aliño, decidían mostrarte su faceta más asquerosa, la del alipori.

Un día hablé con mi amigo Eladio Golosinas, “Metaplasmo”, de la jugarreta que había pergeñado mi pesquis. Aunque, a grandes rasgos, le pareció de perlas, empezó a ponerle pegas cuando se olió mi intención, el percal, la tostada, que había pensado en él como el actor necesario que había previsto contratar de palabra y pagar a tocateja (pues yo sería testigo directo del hecho a una prudente distancia) la no despreciable cantidad dineraria de mil euros, tras cumplir a rajatabla con su papel y parte en mi aleccionadora y vengativa mala pasada.

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Miércoles, 20 de febrero

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