El Blog de Otramotro

Breve etopeya de un tonto

BREVE ETOPEYA DE UN TONTO

Hace dos meses largos, yendo de copiloto en un coche (como soy un lego en dicha materia —ni siquiera tengo carné de conducir—, siento no poder ofrecerle a usted, atento y desocupado lector —sea ella o él—, información más exacta y exhaustiva sobre la marca y el modelo del turismo), que conducía uno de mis hermanos, una ocupante del asiento de atrás comentó que cierta persona (que, por la razón que fuera —si no la indico o señalo es por la sencilla obviedad de que la he olvidado—, había salido a relucir en la conversación) era un ignorante, un inculto, un tonto (ahora no rememoro con fidelidad si, como acabo de hacer yo aquí, ella respetó también el mismo orden con el que las tres voces, los tres adjetivos, aparecen en el DRAE) de remate. Recuerdo que, tras evocar lo que dicen que dijo un genio, Albert Einstein (“Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”), apostillé que el tiempo, ese juez imparcial y supremo que da y quita razones, y los hechos, que bien vienen a ratificar, bien vienen a rectificar, los pareceres dados a propósito de lo que fuera, abundarán y apoyarán nuestro criterio o discreparán de él e intentarán refutarlo y abatirlo.

Bueno, pues varios actos (unos tienen que ver con acciones y otros con inacciones del sujeto en cuestión), mancomunadamente, se han puesto de acuerdo para darle la razón a quien vertió su opinión negativa sobre el interfecto.

Remedaré una añagaza de Cervantes en “El Quijote” y no expresaré el nombre ni los apellidos del zo(que)te. Ahora bien, me apuesto doble contra sencillo con usted, lector/a, a que, con toda seguridad, en el supuesto de que el zopenco (por neto milagro o pura serendipia) lea esta breve etopeya sobre su persona (suceso harto improbable, porque me consta que el botarate lee poco y lo poco que lee no suele interpretarlo en su recto sentido), no se dará por aludido.

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Sábado, 23 de febrero

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