El Blog de Otramotro

Ponerse en el lugar del otro cuesta

PONERSE EN EL LUGAR DEL OTRO CUESTA

Dilecta Pilar:

Entiendo tu objeción. Tienes razón al hacerla, porque cada quien opina desde sus circunstancias (qué difícil es ponerse en el lugar del otro, ella o él; cuánto cuesta).

Haz lo de debas hacer. Eres tú quien decide. Es tu vida. Te comprendo, porque yo no dejo que nadie me mangonee (pero asumo lo obvio, que las circunstancias nos influyen tanto que casi casi determinan nuestras acciones y decisiones o, si lo prefieres, que no somos tan libres como nos creemos).

Tienes cierta experiencia conmigo y mis epístolas. No acostumbro a poner en ellas más que lo que urdo (a veces, depende de lo previo, tu referencia o comentario, claro).

Celebro que te haya gustado.

Aprovecha la festividad de San Jorge para hacer lo que más te plazca (mejor, si lo decides de consuno con quien sabes).

Vamos acelerados, sí. Acaso nos convenga reflexionar unos segundos sobre ese dicho que airea “vísteme despacio, que llevo (o tengo) prisa” y actuar en consecuencia.

Se nota que el Ebro también pasa por Zaragoza (ya sabes que yo achaco a su agua el ser exagerado, hiperbólico). Puedes estar segura de que todos los hijos (ellas y ellos) del Ebro, todos, sin excepción, somos ambas cosas, cabezones (cabezudos) y exagerados (gigantes). ¿De dónde piensas que proceden o vienen esas imágenes hiperbólicas, los gigantes y cabezudos que alegran nuestras festivas plazas y calles? De aceptar la poliédrica realidad que nos rodea, o sea, de asumir la parte alícuota que nos corresponde, tras haber conseguido combinar, trenzar y fundir esas dos naturalezas de nuestro destino o sino, que nos identifica, que tan cabalmente nos retrata.

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Viernes, 26 de abril

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