El Blog de Otramotro

Varios goles de córner marqué otrora

VARIOS GOLES DE CÓRNER MARQUÉ OTRORA

En algunas ocasiones (solo en algunas, que calificaré de puntuales), cuando cierro los ojos y me da por imaginar que ando a la búsqueda de una imagen o un clavo al que aferrarme, como si yo fuera un náufrago y ella o él hiciera las veces de mi tabla de salvación, suelo transportarme o retrotraerme en el tiempo a cuando, si no de manera íntegra, fui inmensamente feliz (siempre que hablo o escribo de las enseñanzas que extraje de las numerosas experiencias que tuve y de los mil y un recuerdos inolvidables que aquellas me dejaron en el cacumen acostumbro a referirme a las sensaciones inmarchitables que me acompañan desde antaño, dignas de ser rememoradas por haberme legado la huella y el poso de haber vivido mi cielo en la tierra), a los tres últimos años de la Educación General Básica (EGB), sexto, séptimo y octavo, coincidentes con mi adolescencia, que cursé y transcurrieron livianos en el seminario menor que los religiosos Camilos regentaban entonces en Navarrete (La Rioja). Hace quince años largos quedé con varios excolegas del postulantado en el hotel que ahora ocupa dicho lugar. Y comprobé cuánto bien me deparó compartir con ellos un corto (a mí, al menos, se me hizo así) fin de semana, en el que más que la calidad de los caldos y de las viandas, de la mesa o del mantel, de las fotos que nos hicieron o hicimos, contaron la calidez de los abrazos, de la conversación y de los recuerdos a tutiplén que despertamos en los demás o despertaron en nosotros.

No es algo casual, no, sino causal, que, de tiempo en tiempo, quien en el presente anda trenzando estos reglones torcidos, servidor, acuda allí, donde era abundante la dicha, para intentar atenuar o mitigar la mucha desdicha que ahora advierte en derredor suyo aquí. Habrá a quien le parezca un contrasentido, porque otrora, mientras estaba interno en aquel edén, hice mucho deporte (solía correr a diario más de diez kilómetros, pues iba hasta el puente de Fuenmayor, regresaba y luego daba vueltas y más vueltas al perímetro de la chopera; jugaba a fútbol, a baloncesto, a balonmano, a pelota a pala, lanzaba disco, etc., o sea, mi corazón latía y latía y este menda estaba como un toro), ahora, sin embargo, cuando evoco aquel “cronotopo”, parece como si mi ritmo cardiaco enlenteciera y mi presión arterial disminuyera.

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Miércoles, 24 de abril

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