El Blog de Otramotro

Acierta Rajoy y Sánchez da en la diana

ACIERTA RAJOY Y SÁNCHEZ DA EN LA DIANA

“Un hombre inteligente es aquel que sabe ser tan inteligente como para contratar gente más inteligente que él”.

John Fitzgerald Kennedy, trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos.

Los españoles estamos de enhorabuena si el título que he colocado a esta urdidura (o “urdiblanda”) es apodíctico, o sea, incondicionalmente cierto y para la inmensa mayoría de mis conciudadanos resulta, además, tras intentar refutarlo y no conseguirlo, válido. Probemos si es verdad o posverdad, esto es, si tiene inconcuso encaje con la realidad de las cosas y de los casos o es una mera y deliberada distorsión de la misma, es decir, una pura y dura mentira.

Sostengo que Rajoy ha atinado al renunciar a seguir siendo el guía o líder del PP, al poner punto final a su presidencia (que será efectiva cuando los afiliados y compromisarios del partido elijan a quien vaya a tomar, en su sustitución, las riendas del mismo) dentro de la formación de la gaviota (o charrán), porque (abundo con el susodicho en el parecer) era lo mejor (aunque se equivocó a la hora de formularlo, supo rectificar y, a renglón seguido, lo arregló) para España, para su partido y para él. A pesar de que, durante los últimos días, hizo acopio de una variopinta, surtida y completa colección de errores (debió dimitir cuando se lo propuso —e insistió varias veces en la misma idea— el jueves, desde la tribuna del Congreso de los Diputados, precisamente, quien no lo era, Sánchez; como no renunció la víspera, debió dimitir el viernes, antes de que se votara la moción de censura —eso hubiera propiciado que el rey, Felipe VI, ejerciera una de las facultades que la Constitución Española de 1978 le concede al tal y abriera una ronda de consultas entre los representantes de los distintos grupos con representación parlamentaria en la Cámara baja para proponer un candidato a la investidura—, ya que, al no hacerlo, contribuyó a ponerle la alfombra roja para que la pisara Sánchez a su voluntad y la presidencia del Gobierno a tiro, al alcance de sus anhelos; marró al quedarse la tarde del jueves en el restaurante Arahy, tan campante, olvidando lo precipuo, que su sitio estaba en el Congreso, ocupando su escaño; los mentados son, según mi criterio y perspectiva, sus yerros más gruesos), al parecer, reflexionó sobre su errado proceder y consideró conveniente no seguir andando por la misma senda equivocada y dio en el clavo. Eso es, poco más o menos, lo que vino a decir y dejar por escrito en letras de molde Miguel de Unamuno y Jugo, que “el modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura” (como a él le gustaba distinguir entre los “hunos” y los “hotros”, que, en lo tocante a sus yerros, se llevaban el canto de un duro, acaso la raíz de la frase de marras sea esta, que se limitó a colocar una hache de más a su consideración de que vivir es un duro errar; y, de ahí, resultara su “herradura”; si echamos mano de la “navaja de Ockham”, acaso la explicación sea más fácil y sencilla que la compleja, propuesta por mí, y la locución se deba a que se la escuchó decir a un herrero).

Considero que Rajoy, a quien, antes de comunicar su renuncia, tal vez le sobró (ya que había resuelto comportarse como un señor, debió perseverar en dicha idea/senda y tirar a la papelera la bilis) mandar algún mensaje envenenado o recado a modo de obús o torpedo, que vino a afear o ensuciar su sabia decisión, siguió acertando al determinar no ejercer la “dedocracia”, quiero decir, a elegir el nombre de su sucesor/a.

Asimismo, tengo para mí que el expresidente Rajoy ha continuado atinando esta mañana al responderle al expresidente Aznar, que ayer se ofreció o postuló para reconstruir el centroderecha español, que no había que hacer tal cosa, porque está representado por el PP. A veces, parece que Aznar ya no es un afiliado más del PP, como ese es el propósito de Rajoy y así lo ha aireado, por la escasa (tan poca que uno tiende a interpretar que ha devenido en un pispás en nada) empatía/simpatía que demuestra tener con su partido.

Y Sánchez ha dado de lleno en el blanco o centro de la diana al elegir como ministro de Asuntos Exteriores a Josep Borrell, quien parece estar viviendo, a sus 71 años ya cumplidos, una segunda, tercera o cuarta juventud. España no se puede permitir el lujo de prescindir de una cabeza tan bien amueblada como la del ilerdense. Pronto hará ocho meses que trencé una urdidura (o “urdiblanda”) que titulé “Mi opinión sobre el 8-O en tres párrafos” sobre la manifestación/marcha, convocada por Sociedad Civil Catalana, en favor de la unidad de España, y que inundó las calles de Barcelona y acaeció el domingo de la citada fecha del año pasado. Al final del primero de sus parágrafos me preguntaba (espero y deseo que el atento y desocupado lector, sea ella o él, me disculpe la autocita): “¿Cómo es posible que un demócrata hecho y derecho, de los pies a la cabeza, de la altura y la categoría intelectual y moral del citado dirigente socialista, que fue presidente del Parlamento Europeo entre los años 2004 y 2007, no haya sido, asimismo, presidente de la Generalitat ni presidente del Gobierno de España? ¿Acaso estábamos los españoles (incluyo lógicamente a los catalanes dentro de estos) tan sobrados de representantes políticos de su autoridad, ética, inteligencia e integridad, fuera de toda duda? Insisto en la interrogación: ¿Cómo es posible que los españoles hayamos sido tan ciegos, tan sordos, que no hayamos advertido que teníamos entre nuestros compatriotas a un Nadal de la Política, a un estadista como la copa de un pino, y, aunque Felipe González sí probó que tenía buen olfato (y, por eso, lo escogió para que dirigiera el Ministerio de Obras Públicas de uno de sus gobiernos), no le hayamos investido con una dignidad del Estado más alta, aún mayor? ¿Cómo no hemos reparado antes en ello? ¿Cómo hemos podido ser tan lerdos, tan tardos? Seguramente, los historiadores, que son los que al final, pasado un tiempo prudente, ponen a cada uno en su sitio, se harán idénticas preguntas, me temo”.

Ojalá tenga Pedro Sánchez muchos éxitos, mucha suerte (si tenemos en cuenta, claro, qué opinaba al respecto el tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson: “Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuando más duro trabajo, más suerte tengo”), como presidente del Ejecutivo español. Redundará, seguramente, en el beneficio y bienestar de todos los españoles.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


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