El Blog de Otramotro

Bastante siempre es poco en poesía

BASTANTE SIEMPRE ES POCO EN POESÍA

Dilecta Pilar:

Te agradezco sobremanera el envío del enlace (porque te consta que no tengo facebook —por cierto, las últimas noticias sobre la red social no son nada halagüeñas, ni para quienes son accionistas de la compañía ni para los usuarios de la misma—). En el ordenador del C. C. “Lourdes” se escuchan muy mal tus palabras. Probaré en uno de la biblioteca a ver si mejora la audición.

Celebro que te haya gustado la epístola que publiqué ayer, “Ya sabes qué has de hacer con los halagos”.

A pesar de los pesares (que apenas pesan, reconócelo), lo importante es que han reconocido tu trabajo. Seguramente, tú estás satisfecha de todo lo que haces, pero, como no te engañas, en unos casos adviertes (sin un ápice de soberbia o con una pizca de evanescente vanidad) que cierto escrito, sea en prosa o en verso, tiene más posibilidades que otros de ser premiado por un jurado.

Como la vida misma es un poliedro de muchas caras (no es extraño comprobar la existencia de una faceta claramente contradictoria con otras), parece como si el actual inicio (gélido, lluvioso, nivoso, ventoso) de la primavera actual viniera a poner en tela de juicio tu precioso poema sobre ella. Si he de quedarme con un verso, me aferro a dos, que tienen que ver con la metamorfosis que ha experimentado el gusano de seda hasta devenir en mariposa: “que ha dejado el letargo en otra cáscara, / carcasa del invierno ya sepulto” (endecasílabos perfectos). Pero, como soy un inconformista, he de hacer referencia, asimismo, a otro, heptasílabo, “se deshielan las lágrimas”, que me ha recordado y trasladado hasta donde los carámbanos, llegado el buen tiempo primaveral, van deshaciéndose paulatinamente, gota a gota, poco a poco, hasta quedar en nada. Pero, como en poesía aun demasiado es siempre poco, he de mencionar (otros preferirán otros versos, seguro) el alejandrino, dividido por la cesura o coma, en dos hemistiquios heptasílabos: “y la zarza se abrasa, / y ardemos sin quemarnos” (que alumbra y deslumbra con su deífico y amoroso oxímoron). Los dos versos finales (“a la degustación de unos primeros brotes, / como yemas ternísimas”), impresionantes, casi sicalípticos (he visto en esos brotes y yemas —ignoro si ese fue tu propósito— lengua/s lamiendo pezones), son un cierre estupendo. Acaso (ya perdonarás la osadía, hija de la confianza) lo hubiera mejorado colocar tras “ternísimas” una coma y, tras esta, un adjetivo más, eternas.

Espero y deseo que, a partir de la lectura de tu poema “Primavera”, que aparece en tu poemario “Pájaros de silencio” (2016), te haya gustado la breve aportación crítica que he hecho de él el día de la Poesía.

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Domingo, 18 de noviembre

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