El Blog de Otramotro

No es Dios Francesc-Marc Álvaro, presiento

NO ES DIOS FRANCESC-MARC ÁLVARO, PRESIENTO

En el artículo titulado “Escuelas bajo sospecha” (del que he hecho una copia), que lleva la firma de su autor, Francesc-Marc Álvaro, publicado ayer, jueves, 10 de mayo, en La Vanguardia (servidor ha accedido hoy, viernes, a él a través de la edición digital de dicho periódico), que he leído (para conocer otros criterios o perspectivas sobre el asunto) de cabo a rabo, porque la víspera publiqué en mi bitácora una urdidura (o “urdiblanda”) sobre el mismo tema, he subrayado varios renglones: “Se piense lo que piense de las relaciones Catalunya-España no se puede negar que los acontecimientos de aquella jornada provocaron muchas preguntas entre los niños y adolescentes. La mayoría de maestros tuvieron claro que debían acompañar un debate tranquilo, informado y respetuoso sobre todo aquello, no podían esconder la cabeza debajo del ala”.

Me ha llamado sobremanera la atención los dos términos del binomio de la presunta relación de oposición que establece el autor entre Catalunya y España, como si Cataluña no fuera (o hubiera dejado de ser por arte de magia) un territorio, parte importante o Comunidad Autónoma de España.

A propósito de las preguntas numerosas que se hicieron los niños y adolescentes el día de marras, dos de octubre (antes, durante —recreo incluido— y después de la jornada lectiva), cabe preguntarse si no hubo, si no hicieron preguntas los críos y púberes a sus maestros y profesores antes y después de dicha y crucial fecha. Intuyo que sí las hubo por otros motivos críticos y decisivos y que fueron oportunamente contestadas.

El autor del texto que comento afirma, itero, que “la mayoría de maestros tuvieron claro que debían acompañar un debate tranquilo, informado y respetuoso sobre todo aquello, no podían esconder la cabeza debajo del ala”. Creo que lo que escribe y describe Álvaro en su artículo de información y opinión tiene que ver más con su deseo de lo que tendría que haber sucedido que con la realidad de lo que, sensu stricto, acaeció, porque esa afirmación (presupone que él gozó, al menos aquel día, de la facultad divina de la ubicuidad) solo pudo hacerla o ser trenzada por quien no creo que exista, pero respeto que sean legión las/os que no ponen en tela de juicio su existencia, Dios. A menos que el señor Álvaro sea el mismo y susodicho Ser Supremo, que, si he de urdir lo que barrunto, intuyo o sospecho, considero que no lo es.

Con el cambio de párrafo, Francesc-Marc parece haber perdido dicho don o virtud, la ubicuidad, porque en él asevera lo siguiente: “Si en algún centro educativo ha habido algún episodio fuera de lugar, lo que toca —ante todo— es solucionarlo dentro del ámbito escolar. Como dice un buen amigo, que ha dirigido un colegio durante años, el sentido común y la mesura son herramientas básicas cuando gestionas material sensible. Ningún padre del IES El Palau expresó quejas a los maestros los días siguientes al 1-O, fue pasados unos meses que (sic, mejor cuando, según mi parecer) algunas familias vinculadas a la sede de la Comandancia de la Guardia Civil acudieron a determinados canales de televisión para explicar una versión. A partir de ahí, se generó una polvareda judicial, mediática y política, con grave vulneración de la presunción de inocencia de los nueve profesores encausados por la Fiscalía”.

Me parece que el señor Álvaro no ha reparado en la incoherencia o incongruencia que contiene el arranque de este parágrafo y, como corolario, tampoco ha solucionado la clamorosa paradoja que exuda o destila. ¿Por qué los hipotéticos episodios “fuera de lugar” habidos en los centros educativos tienen que ser solucionados dentro del ámbito escolar? Ah, sí, por la misma razón por la que los trapos sucios que se pueden lanzar los miembros de una familia se han de lavar dentro de las cuatro paredes de la casa; y los problemas habidos en el entrenamiento o durante el partido (del deporte que sea) entre dos o más jugadores del mismo equipo o con los de los otros colores se solucionan en el vestuario o en el terreno de juego. Parece olvidar el autor que, a veces, algunos problemas se acaban arreglando en las sedes de los comités de competición o de apelación y hasta en las de los tribunales ordinarios de justicia.

Ciertamente, lo que dice el buen amigo del autor, al parecer, exdirector de colegio, es muy sensato, “el sentido común y la mesura son herramientas básicas cuando gestionas material sensible”. Ahora bien, cabe preguntarse qué pasa cuando los mentados sentido común (el menos común de los sentidos, según airea el acervo popular) y la mesura dejan de usarse como lógicos y normales útiles de trabajo docente.

¿Está seguro el autor de la afirmación que hace a continuación, ciento por ciento, y sigue a la sensata de su amigo? ¿Que “ningún padre del IES El Palau expresó quejas a los maestros los días siguientes al 1-O”? Le recomiendo que lea la información (“Alumnos del IES El Palau piden respeto para sus compañeros hijos de guardias civiles”) que publicó el diario donde aparecen sus textos, La Vanguardia, en su edición digital del día 5 de octubre y firma Raúl Montilla. Este es el primer parágrafo de la misma: “Más de 200 alumnos del IES El Palau, de Sant Andreu de la Barca, han pedido esta mañana a través de una concentración silenciosa que se respete a sus compañeros que son hijos de guardias civiles, después de que el pasado lunes otros menores y algunos profesores manifestaran supuestamente una actitud discriminatoria hacia ellos —que el centro niega, pero del que sí hablan sus padres y los alumnos—; y para hacer una llamada a la convivencia”.

Estoy de acuerdo con el señor Álvaro en que se ha vulnerado la presunción de inocencia de los profesores (nihil novum sub sole, nada nuevo bajo el sol) que la Fiscalía ha encausado, pero ya veremos en qué queda todo este lío. Tengo para mí, pero lo dejo encerrado dentro de una incógnita, por si se trata de un prejuicio (ya que me consta la larga serie de perjuicios que puede acarrear uno solo de su especie), que más de uno no se portó con total honestidad ni estuvo a la altura de las circunstancias, porque no hizo lo que debía, como recomendaba hacer Ortega y Gasset, pues no las salvó.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


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