El Blog de Otramotro

Me he quedado otra vez sin el Nobel

ME HE QUEDADO OTRA VEZ SIN EL NOBEL

(EN GRANADA ES POSIBLE CUALQUIER SUEÑO)

Sé que he escrito antes a propósito del hecho, pero dicha pieza o texto, por el motivo que sea, por pudor, seguramente, debe andar por ahí, perdida/o entre el mar de papeles que he trenzado con mi telar y acaso jamás vean la luz, porque, insisto, por pudor o, si es por otra razón, la he olvidado, de veras, decidí que no fuera alumbrado. Ahora bien, puede que ande errado, ya que, como servidor es un coñón de marca mayor, tal vez como texto zumbón (no cabe descartar del todo esta posibilidad) lo haya publicado ya.

Hace muchos años, el que terminé la carrera de Filosofía y Letras (Filología Hispánica), viajé en tren a Granada. En la estación (serían las ocho y media de la mañana) me estaba esperando mi novia, que había viajado en autobús desde la costa, donde había pasado una semana de vacaciones con una amiga (de ella). Bueno, pues, tras dejar mi bolsa de viaje en un bar cuyo dueño conocía desde niña ella (porque no nos íbamos a quedar a dormir en la muy noble, muy leal, nombrada, grande, celebérrima y heroica ciudad, sino que nuestra intención era viajar por la tarde al pueblo jienense donde vivía su abuela materna), antes de entrar a maravillarnos contemplando la impar Alhambra (supongo que ella se había encargado de adquirir con antelación las entradas), recuerdo que se me acercó una gitana con la intención de leerme las líneas de la palma de la mano. Le dije que no quería, que era un escéptico, que no creía en esas supuestas o hipotéticas artes adivinatorias. Ella me contestó que se conformaba con que le diera la voluntad, que no sé, a ciencia cierta, a cuántas pesetas alcanzó, la verdad, pero, de todo lo que dijo, que fue mucho, se me quedaron grabadas a fuego en la mente dos cosas: una, la profirió mirando a quien estaba presente, a mi vera, y era, a la sazón, mi pareja sentimental, que yo no era para ella, que no se iba a casar conmigo, vaya, y aún no he olvidado cómo torció el morro; y dos, dirigiéndose a mí, que iba a ganar el premio Nobel de Literatura. Y, tras oír aquel augurio, me quedé de piedra.

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Jueves, 18 de octubre

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