El Blog de Otramotro

Quod factum est infectum fieri nequit

QUOD FACTUM EST INFECTUM FIERI NEQUIT

(NO PUEDE LOGRARSE QUE LO ACONTECIDO NO HAYA SUCEDIDO)

Una variante del latinajo que da título a esta urdidura (o “urdiblanda”) puede leer el atento y desocupado lector (sea ella o él) en “Aulularia” (o “La comedia de la olla”), del dramaturgo latino Tito Maccio Plauto, en boca de su personaje Licónides (o Lyconides): “Quid vis fieri? factum est illud: fieri infectum non potest”, en suma, que lo hecho no puede no estar hecho.

Tengo para mí por verdad apodíctica, irrefutable, la ley de la inmutabilidad del pasado, que otros gustan llamar de otras guisas, verbigracia, ley de la irreversibilidad de lo acaecido, que, grosso modo, viene a decir, en el ámbito de lo colectivo o social, que puede (di)simularse, olvidarse o ignorarse la historia, pero de ningún modo borrarla; y, en el ámbito de lo individual o personal, que cabe arrepentirse de un hecho, modificar sus efectos y reparar sus consecuencias, pero no deshacerlo.

No es posible modificar el pasado, porque, desde el punto de vista ontológico, eso es meramente imposible de toda imposibilidad. Ahora bien, mientras el mundo siga siendo (in)mundo, las maniobras de manipulación histórica, que han existido, existen y existirán en los regímenes autoritarios, que pretendieron tres cuartos de lo mismo que pretenden y pretenderán, falsificar la realidad de los hechos, continuarán eliminando o sustituyendo el pasado incondicionalmente cierto por el apócrifo. Obviamente, no me estoy refiriendo aquí, por supuesto, a la admisible “mentira piadosa”, la verdad que se le oculta a un familiar cercano porque sufre un desahucio médico, que no tiene posibilidad de curación su mal, vaya.

Entre el blanco y el negro hay una inmensa gama de grises. Entre la anarquía absoluta y el totalitarismo completo cabe distinguir y hallar una plural gradación de regímenes más o menos democráticos, más o menos autoritarios. La manipulación política de la historia no es una táctica insólita; hoy, aquí y ahora, el maquiavelismo de la posverdad ha quedado al descubierto y fuera de toda duda; el ídem de las fake news está a la orden del día y es más que evidente.

El uso de lo falso en política (no hablo aquí de literatura, donde la verdad que sobrenada en las mentiras es un hecho incontrovertible) es retrógrado, porque entorpece o impide el avance del conocimiento, del progreso. El propósito totalitario de enseñorearse del pasado entraña una auténtica y notoria voluntad de falsear la historia. En cualquier gobierno o grupo de presión mendaz anida una pretensión totalitaria. La revolución que es preciso impulsar y hacer sin falta es la de erigir el edificio de la política democrática con cimientos y cemento transparentes, porque la verdad, ciertamente, nos hizo, hace y hará libres.

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Jueves, 16 de agosto

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