El Blog de Otramotro

Por recordar un verso muy querido

POR RECORDAR UN VERSO MUY QUERIDO

Dilecta Pilar:

Vuelvo a contestarte desde un ordenador de la biblioteca, porque, cuando he llegado al C. C. “Lourdes”, Pilar, una de las responsables, me ha comentado que había un examen de oposición (a alguna de las plazas ofertadas por el Ayuntamiento, propietario y titular de dicho centro, supongo) y estaba ocupada el aula o sala donde se hallan los ordenadores. Y me he ido por donde había venido (o me he venido por donde había ido).

En Tudela, claro, localidad donde vivo.

Distanciarte y acercarte un poco más (no olvides ese otro punto de vista, que también lo tiene el mentado y doble asunto; y me apuesto contigo doble contra sencillo a que no consigues objetarlo: haz memoria; más de un buen rato hemos pasado en nuestra más que mediada existencia fundiendo en apenas unas horas el amor con el humor, el amor en el humor (o viceversa).

Pronto vi que la vida iba en serio (por recordar un verso muy querido de un poeta leído, Jaime Gil de Biedma).

A mí me ayudó a ser escritor fungir de cronista en algunos números de la revistilla de Navarrete y colaborar con Los jóvenes hablan (que era el título de la de los camilos en Zaragoza) y echar de menos a José Javier, mi hermano muerto, mi muso, a quien le escribí tres o cuatro decenas de poemas (por ahí, en alguna caja, debe estar el poemario en el que los agrupé y titulé “Camino del tú”).

Hace veinte años me quejaba de que no disponía de tiempo material para escribir todas las ideas que me brotaban. Desde que me jubilaron, muchas de ellas las culmino (y algunas, tras firmarlas y verlas publicadas en mi bitácora, me dejan un extraordinario, e inigualable, por impar, sabor de boca).

Plurales han sido las veces que me he planteado la tesitura de comprarme un portátil, pero, por ahora, en los diversos listados de pros y contras que he llevado a cabo siempre han salido airosos, ganando, vencedores, los últimos. Me gustan tanto la “tecla”, donde María Ángeles y tu tocaya Pilar me tratan estupendamente, como el C. C. “Lourdes”, porque queda cerca, a menos de ciento cincuenta metros de mi casa, y donde Eva, Merce, Laura, Pilar y Natxo hacen tres cuartos de lo propio.

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Tomadura de pelo o "inclusion rider"

TOMADURA DE PELO O “INCLUSION RIDER”

El domingo pasado, 25 de marzo, me quedé helado, de piedra, tras leer en la página 98 de “El País Semanal”, el artículo titulado “Buen camino para el asesinato”, de Javier Marías, que versaba sobre la “inclusion rider” en el cine, una disposición milagrosa (pues, al parecer, su mero cumplimiento a rajatabla, no miento —pero, una vez he urdido dicho verbo, he decidido lo que convenía hacer sin demora, asperjar esta urdidura con unas cuantas gotas de sarcasmo—, lleva aparejado, como corolario, lo esperado, el prodigio, la excelencia del producto) que exige, usando las mismas palabras de Marías, “que tanto en el reparto como en el equipo de rodaje, haya al menos un 50% de mujeres, un 40% de diversidad étnica, un 20% de personas con discapacidad y un 5% de individuos LGTBI”.

¿Por qué, me pregunto retóricamente, el elenco de una película, de una obra de teatro, o de un circo, va a dar lo mejor de sí, si se cumple, de manera estricta, precisa y rigurosa, la contractual “inclusion rider” que si no? ¿Por qué? ¿Acaso, atento y desocupado lector, seas ella o él, si has hecho el esfuerzo de invertir unos minutos preciosos de tu preciado tiempo de ocio en pensar, de manera concienzuda, sobre ello, no has llegado a la conclusión de que no es más que otro engañabobos que nos quieren colar, otra soberana patraña, de la misma especie o jaez de la parida de la paridad? ¿Por qué si la bendita y citada cláusula, mano de santo, no se cumple en otras profesiones, en las finanzas, en la judicatura, en la enfermería, en la docencia o en el deporte, por ejemplo, sea fútbol, baloncesto, atletismo, tenis, campo a través o ajedrez?

Esos criterios inclusivos pueden no ser repulsivos (confieso que para mí sí son repelentes, pero respeto que para otros no lo sean), pero ¿acaso no van a entorpecer más que a ayudar el trabajo creativo? Yo, al menos, así lo veo. Un autor otrora, en la época clásica (sea la grecolatina o la de los Siglos de Oro en España), tenía que acomodarse a las unidades de acción (asunto), tiempo y lugar, pero hoy en día, con la revolución de los procedimientos narrativos llevados al cine, ¿un moderno guionista de cine, dramaturgo o novelista, en el caso de aceptarla, no se vería coaccionado en su ámbito más íntimo e irrenunciable, la libertad?

No me creo, ni harto de güisqui, que un filme vaya a ser la repanocha, si aparece la citada conditio sine qua non en los contratos firmados por las estrellas, o un desastre, si no. La bondad o maldad de la cinta, me temo, dependerá de lo de siempre, de un guion excelente, verosímil, de una buena dirección de actores y de que el resto (música, fotografía, montaje, etc.) no desentone.

Un productor, quien dispone de cierto caudal y ha decidido invertirlo en hacer una película, intentará sacar el máximo provecho a su apuesta contratando al equipo idóneo, el más competente para obtener el producto apetecido, que le reporte beneficios crematísticos y, si la cinta recibe además reconocimientos por parte del mundo cinematográfico, miel sobre hojuelas. Pero lo primero para él será recuperar el dinero arriesgado.

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Miércoles, 17 de octubre

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