El Blog de Otramotro

Desde el Palacio del marqués de Huarte

DESDE EL PALACIO DEL MARQUÉS DE HUARTE

DESDE LA BIBLIOTECA DE TUDELA

Dilecta Pilar:

Cosa rara (por extraña o extraordinaria). Hoy contesto tu correo desde un ordenador de la biblioteca pública de Tudela (y no desde otro del Centro Cívico “Lourdes”, lo habitual). Este mediodía me he bañado (bañarme significa, además, cambiarme la placa —que llevo adherida a la pared abdominal, donde encaja la bolsa de la ileostomía que, como sabes, porto— y demás) y no he bajado a la “tecla” (que, por abreviar, así llamaba a la biblioteca mi memorable y difunta madre, porque allí le daba y sigo dando a las teclas de una computadora prestada). Esta tarde, después de comer, fregar y recoger, he subido al supermercado Dia más cercano a mi casa para comprar. Cuando he colocado la compra, he bajado hasta la calle Herrerías, en concreto, al edificio que se conoce como el Palacio del marqués de Huarte, donde tienen su sede la biblioteca, donde me hallo, y el archivo.

Abundo contigo en que no estaba, pero pude estar, así que resulta verosímil que hubiera acompañado a Bermejo, Santaolalla y Yagüe a tu casa. Recuerdo con más fidelidad una reunión (ignoro si hubo o acudí a alguna más) de Auxilia (en algún colegio), donde nos conocimos. Pero puedo estar errado. La memoria es selectiva, como te consta. Pues has escrito (o dibujado) la biografía de Adolfo Suárez en un santiamén, con apenas unos pocos trazos, pinceladas o brochazos. Lamento no haber estado aún en Ávila. Algún día llenaré de recuerdos esa, una de las plurales escapadas o visitas que, por unas razones o por otras, tengo pendiente.

Supongo que vamos probando hasta que esta, la verdadera vocación, aun estando de vacación (ella o nosotros), o se manifiesta claramente o se impone a otras. La mía es leer (y algún día, porque quedo tan satisfecho con lo hecho que diríase que me siento feliz —como un niño comiendo regaliz rojo o negro y leyendo “Rojo y negro” o “La cartuja de Parma”, novelas de Stendhal— con el resultado, escribir).

¿De verdad (de la buena) ves que he cambiado de ubicación, quiero decir, que te he escrito desde un ordenador distinto del asiduo o habitual? ¿O solo es porque yo te lo he mencionado antes? ¿Me quieres tomar impunemente el pelo? Me has dejado intrigado, en el supuesto de que, ciertamente, puedas ver (saber a ciencia cierta) desde dónde doy a las teclas y te contesto.

Las madres (acaso haya alguna excepción a la norma; tal vez sean unas pocas las que no cumplan lo que tengo y tomo por regla, que suelen hacer uso de un sexto, un séptimo, un octavo y hasta un enésimo sentido, que las hace seres agraciados con dones extraordinarios, personas dotadas de una intuición extrema, especial), tras habernos dado a luz (y sin duda alguna, por habernos parido), tienen la rara habilidad de conocer, casi casi por ciencia infusa, lo que hemos hecho sin haber tenido que asistir como testigos presenciales a lo coronado por nosotros, sea esto bueno o malo, o sea, siempre aciertan. Hasta cuando parece que se van a equivocar en su pronóstico, el discurso de su pensamiento hace inopinadamente un quiebro extraño y... vuelven a la senda del acierto; y es que tienen la rara habilidad de dar siempre en el clavo y/o de lleno en el blanco o centro de la diana.

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Martes, 19 de marzo

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