El Blog de Otramotro

Ya sabes qué has de hacer con los halagos

YA SABES QUÉ HAS DE HACER CON LOS HALAGOS

Dilecta Pilar:

Bien traídos los dos comentarios que haces a propósito de los halagos. Ya sabes qué has de hacer con ellos, no envanecerte (que me consta que no lo haces) y sí ver en los tales otra oportunidad, como argumentaba mi querido Salk: “la recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho”.

De todos esos autores que mencionas he aprendido muchas cosas. Así que abundaré en el juicio que viertes (sin fin siniestro) y no objetaré tu opinión, ponderada, sensata,

Pues sigue (por) esa senda, que no es camino equivocado.

Ahora que acabo de leer tus palabras me nace el deseo de creer (ya sabes lo que sostenía la psicóloga social Ziva Kunda, que “lo más probable es que las personas lleguen a las conclusiones que quieren llegar”) que acaso yo era ese “alguno más” que mentas y a finales de enero de aquel año, 1981, acudiera a merendar a tu casa (aunque no te diera clases particulares a ti, sino a Carlos Lacarra, como bien recuerdas), pero tal vez (borro el tal vez y lo sustituyo en un pispás por el adverbio seguramente) me engañe. ¡Qué tiempos!, sí, mejores en algunos aspectos y peores en otros. Con el paso del tiempo, ese juez que quita y da razones, Adolfo Suárez, político que experimentó una inesperada e insólita (que devino benéfica para España) metamorfosis, irá ganando adeptos y sumando predicamento y prestigio, sin hesitación, contradiciendo en parte la definición que le brinda Voltaire a Rousseau en la obra de teatro “Voltaire/Rousseau. La disputa”, adaptación de textos de la citada pareja de filósofos que bordan los actores que interpretan sus papeles, según las críticas que he leído, Josep Maria Flotats y Pere Ponce, en el escenario del matritense teatro María Guerrero: “La política, mi querido amigo, nunca es algo más que la posibilidad ofrecida a gente sin escrúpulos de oprimir a gente sin memoria”. Gracias a Dios, a Natura o al sino, ambos estudiamos filosofía en BUP, COU y en la Universidad, alma mater donde, además de abrir nuestras mentes y vacunarnos contra el fanatismo, comenzamos a usar con criterio y rigor intelectuales la memoria.

Así es; los camilos (Bermejo, Santaolalla y este menda, entre otros) estudiamos en el zaragozano Colegio San Valero (Seminario menor) el BUP. A algunos nos sirvió y a otros no. Recuerdo que se concentraban a finales de enero varias fiestas que aligeraban de clases lectivas el susodicho mes (Santo Tomás de Aquino, que nació en dicho lugar, Aquino, allí, sí, aquí, no; San Valero,...). E hicimos el COU en el colegio “Enrique de Ossó” (las Teresianas), donde este cristiano (que devino, por razones obvias, cristino —en la misma medida que Calixto se confesó en “La celestina” melibeo—) se sintió, ora en el infierno, ora en la gloria, tentado por tanto súcubo alrededor, bendito entre todas las mujeres, rodeado por tanta belleza junta. Mi vocación religiosa sufrió ese curso académico tantos vaivenes que se tambaleó y, al final, cayó y calló.

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Miércoles, 24 de abril

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