El Blog de Otramotro

¿Que qué se aprende en medio de las plagas?

¿QUE QUÉ SE APRENDE EN MEDIO DE LAS PLAGAS?

Dilecta Pilar:

Ya ves; empecé a estudiar Medicina (a pesar de los pesares, yerros incluidos) por el trato que tuve, que me resultaba gratificante, satisfactorio, con el enfermo postrado en cama al que aseaba (ayudaba más bien a la monja) las mañanas de los sábados, mientras estudiaba COU en Zaragoza con los Camilos. Pronto me di cuenta del mayúsculo error que acarreaba mi decisión. Mis conocimientos en Ciencias eran escasos (y he de reconocer lo obvio, que poco he avanzado en ese ámbito, pues aún lo siguen siendo). Continúo ejerciendo de aprendiz de ruiseñor, sí.

Si has enmendado los fallos, has hecho bien, lo correcto, según Confucio. Ya te di mi opinión sobre el cómo tildado. Así que habrás colegido lo oportuno, que abundamos en el parecer.

Creo que fui buen enfermero otrora (durante las horas sabatinas que pasé en el asilo de la zaragozana calle Cartagena), in illo tempore; me tocó serlo, velis nolis (a pesar de mi buena voluntad, no me faltaron los días de bajón anímico, lo reconozco), con mi señera y señora madre (vivía con ella); y (si le preguntas a mi hermano Jesús María, te dirá, seguramente, que) lo fui recientemente (apenas le hice daño —algún pelo se llevó el esparadrapo —que no es un útil que, una vez usado, sirva para trapo, no, como llegué a pensar cuando era un mocete, “muete”, decimos en Tudela, de corta edad; es guasa— al darle el tirón— el viernes para extraerle —salió sola— la vía).

Sí; tuve noticia este fin de semana del luctuoso hecho, el fallecimiento de Elías Yanes. Desde que leí al poeta metafísico inglés John Donne, pensé lo que suelo pensar en estos casos, cuando me llega la mala nueva de un nuevo óbito, que la muerte de un semejante (más, si es allegado, claro) nos achica, disminuye o empequeñece al resto de los mortales (porque nos avisa de la nuestra). El mismo doblar de campanas que ahora (en los pueblos aún se escucha) oímos cuando acudimos a un funeral sonará cuando nosotros nos hayamos ido. No lo conocí en persona. No tengo opinión (ni buena ni mala) de él. Como acabamos de tener noticia del presunto comportamiento detestable de una persona desalmada con un arcangelito, Gabriel, acaso convenga recordar lo que escribió Albert Camus en “La peste”: “(...) para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio”. La plaga es una metáfora de la vida; y hasta en el mismo infierno cabe hallar remansos de paz y sensatez, que nos recuerdan el cielo. Quien haya escuchado con atención a Patricia Ramírez, la madre de Gabriel Cruz, hablando de él, de su “pescaíto”, y de la necesidad de que nos quedemos con la parte buena de la tragedia, que orillemos el odio, que arrumbemos la ira, entenderá de qué escribo y qué quiero decir.

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Lunes, 10 de diciembre

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