El Blog de Otramotro

Quizá humanistas haya y algún genio

QUIZÁ HUMANISTAS HAYA Y ALGÚN GENIO

Dilecta Pilar:

Puede que tengas razón y, entre nuestras/os coetáneas/os, haya humanistas y algún que otro genio (lo que sí me consta que hay es mucha gente con y/o de mal genio con más o menos razón de estarlo), pero, desde que murió Jonas Edward Salk, ya sabes, el médico y epidemiólogo norteamericano que descubrió y desarrolló la primera vacuna contra la polio(mielitis), autor de, entre otras, dos frases imperecederas, inmarcesibles (“la intuición le dirá a la mente pensante dónde buscar lo siguiente” y “la recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho”), no sé quién ha venido a ocupar su lugar. Tal vez te preguntes con razón por qué catalogo a Salk de genio. Acaso baste o sea suficiente con recordarte o hacer una breve referencia, por si la/o habías olvidado, a la genial respuesta que le dio el 12 de abril de 1955 a la pregunta “¿Quién posee la patente de esta vacuna?”, que le formuló el mítico periodista/entrevistador de la CBS, Edward R. Murrow, famoso por la película “Buenas noches, y buena suerte” (“Good night, and good luck”, así, con esas precisas palabras, terminaba sus retransmisiones de radio y televisión), dirigida en 2005 por George Clooney: “Bueno, la gente, diría yo. No hay patente. ¿Podría usted patentar el sol?”.

No sé (no viví lo que tú viviste ni tuve el trato que tú sí tuviste con él) si yo incluiría a la persona que conociste y tú reputas que era un tal (antes de entrar en política) entre mi selecto grupo de genios. Ya sabes lo que cabe leer en el Nuevo Testamento: “por sus frutos (u obras) los conoceréis”. Ahora bien, acaso quepa, si no echo en saco roto y sí mano del argumento aristotélico que suelo preferir y proferir, en definitiva, manejar o utilizar: en el cerebro del más sabio hay un rincón para la insensatez.

No se te escapa que el cerebro humano, el tuyo, el mío y el de los demás, nuestros semejantes, sigue trabajando mientras andamos haciendo mil y una (ya me perdonarás la hipérbole, pero, errado o acertado, desde hace la tira, un montón de años, vengo achacando mi concreta condición de ser exagerado en mis expresiones y manifestaciones al agua del Ebro, que, aunque, salvo en sopas y cocidos, no bebo, uso para mi diario aseo personal, lavar la ropa y fregar cacharros y suelos) labores o tareas. No habían pasado diez minutos desde que te había contestado y remitido la respuesta cuando, entre lo que advertí en la estructura profunda de lo que tú me contabas de pasada en tu correo (que los amigos suelen ser los primeros en reconocer a los genios y en airear por doquier el hecho, que son colegas de un tal) y un apunte perspicaz que dejó escrito en letras de molde el histólogo español que fue galardonado con el primer Premio Nobel de Medicina en 1906, que compartió con el citólogo italiano Camillo Golgi, Santiago Ramón y Cajal (“Hagamos notar que cuando un hombre de ciencia presume de muchos amigos, casi siempre se trata de un cuco o de un holgazán. No se conservan varias amistades íntimas sin cultivarlas asiduamente, y este cultivo resulta incompatible con una vida de concentración intensa y de trabajo austero. En suma: o se tienen muchas ideas y pocos amigos, o muchos amigos y pocas ideas“), en sus “Charlas de café” (1920), cabe hallar las razones de mi escepticismo ante la existencia de genios en el orbe actual.

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Martes, 21 de agosto

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