El Blog de Otramotro

¿Tus gracias y las mías? ¡Solidarias!

¿TUS GRACIAS Y LAS MÍAS? ¡SOLIDARIAS!

Dilecta Pilar:

De nada (o son solidarias con las que tú erogas sin derrochar).

Precioso, pues motivó que me brotara la idea a partir de la cual trencé la duodécima que has leído. Rosa Montero, ciertamente, haciendo honor a su nombre de pila y a su primer apellido, cuando quiere, se pone el mundo por montera y funge de lo que, sin ninguna duda, es, una rosa que es capaz de arrasar con el sarro y con todo lo que sea malo.

Lo importante es que salgan a relucir esos buenos sentimientos y que se brinden y demuestren a quienes se amen de veras, sean quienes sean, tengan un sexo u otro (o los dos, si son andróginos o hermafroditas).

Eres clara, diáfana, cuando vienes a reconocer lo obvio, que sigo “siendo retorcido en la expresión”, y una burlona, coñona o zumbona e irónica (a mí no me molesta que se haga lo que llevo a cabo habitualmente, que se eche mano del sarcasmo, siempre que se haga con inteligencia, se escriba dicho vocablo con ge o con jota —como sabes que hacía, en el segundo caso u opción, Juan Ramón Jiménez, autor de “Espacio”, si no el mejor, uno de los mejores poemas escritos en español—, y moderación) cuando me preguntas (“¿Nunca te lo han dicho?”) y te contestas con dos separadas interjecciones que indican risa: ja ja, como haces tú.

Celebro que te gustara. Abundas o eres del mismo parecer que el de mi amiga Antonia, que me llamó por teléfono nada más leerlo para darme la enhorabuena. Uno, Otramotro, admite que suele querer igual, poco más o menos lo mismo, a todos sus hijos de papel, pero a los últimos, los benjamines, les tiene un aprecio especial, quizás espacial (por la cercanía de su alumbramiento, que no miento, o urdidura, supongo, tal vez). Tengo para mí que es innegable que, si no hubiera leído el texto de Rosa, no hubiera escrito el poema. Ahora bien, como soy anárquico en mis lecturas, ayer me eché a los ojos una columna de Elisabeth Blumen, “El inicio de un idilio floral”, publicada en la página 101, capicúa, del número 2.151 de El País Semanal (ergo, tres números anteriores al del ejemplar donde aparece publicado el texto de Rosa), cuyo segundo párrafo arranca así: “‘Si solo te quedan dos monedas, compra con una un pan y con la otra una flor’. Proverbio chino”. Ignoro qué hubiera hecho servidor con dicha información, pero acaso hubiera pulsado las teclas apropiadas para trazar y trenzar, si no la misma duodécima, otra parecida.

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Jueves, 20 de septiembre

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