El Blog de Otramotro

Hipérbole

HIPÉRBOLE

Dilecto Julio, escritor de prestigio (luego, si sigues leyendo, entenderás la breve referencia de quien hoy, cercano el antruejo o carnaval, se ha puesto el disfraz de guasón y le han brotado en un pispás las ganas de zumbar —usado con el significado de dar a alguien vaya—):

Acabo de leer tu artículo “Inocencia”, publicado hoy, sábado, 3 de febrero, festividad de san Blas, en la página 2 de El País.

Como casi al final del primer párrafo de tu columna has dejado claro que Allen (Woody) “es historia ya del cine”, me ha llamado sobremanera la atención lo que luego, al final del segundo parágrafo, me he llevado a los ojos, por el uso brutal (así me ha parecido a mí a primera vista, cuando lo he leído la primera vez, pero acaso no haya sido tan desproporcionado) que haces de la hipérbole (cuyo significado, si echamos mano del DLE, contiene las ideas de excesivo y exagerado; ergo, has hecho lo correcto), al concluirlo de esta guisa: “Uno pasará a la historia como un creador de riqueza, y el otro como un pederasta que mientras abusaba de su hija hacía películas”. ¡Menuda barbaridad (he escrito en el margen izquierdo del diario de papel —esto, además de verosímil, es comprobable y certísimo—)!

He seguido leyendo. Así que no me ha cuadrado o encajado que, tras haber condenado tú (o los historiadores, prejuzgando tú, por tu cuenta y riesgo, qué dirán estos cuando se ocupen del caso —aceptarás de buen grado que este menda te emule y también utilice la hipérbole—) a Woody a que portara el urente baldón de “pederasta que mientras...” (una exageración en toda la regla —por lo tanto, una hipérbole pura y dura; no te pases entonces ni un pelo, Ángel—, porque, si hubieras escrito, por ejemplo, “que, mientras no hacía películas, abusaba de su hija”, la redacción aún tendría un pase —la tuya también la tiene; no tomes en cuenta lo que urde este coñón—) escribas en el tercer y último párrafo que contiene tu escrito hodierno que: “(...) pero tampoco le condena de antemano, como se está haciendo ya por parte de mucha gente sin que de momento haya habido un juicio siquiera. En la nueva caza de brujas hollywoodiense, ahora contra los abusadores sexuales, la primera víctima ha sido la presunción de inocencia, como ocurre en todas las cazas de brujas”, idea con la que abundo o coincido contigo de cabo a rabo.

Por cierto, me parece que el “le” que precede a tus verbos “libera” y “condena” es, claramente, un “lo”. He acudido, no obstante, al Diccionario panhispánico de dudas para intentar resolver la hesitación y evitar meter la pata y allí he leído lo que sigue, que “debido a su extensión entre hablantes cultos y escritores de prestigio, se admite el uso de ‘le’ en lugar de ‘lo’ en función de complemento directo cuando el referente es una persona de sexo masculino”. Como tal circunstancia se cumple en tu caso, iba a borrar lo que antecede, pero he decidido conservarlo por esta razón (¿de peso?), por que acaso alguien lea esta urdidura (o “urdiblanda”) y le saque algún provecho a lo trenzado.

Intuyo o supongo, Julio, que tú entiendes recta y correctamente este escrito, y no te vas a incomodar conmigo, pero puede que algún lector (sea ella o él) del mismo no. Para él, sea hembra o varón, solo para él, va esto. Espero y deseo que cuando termine de leer estos renglones torcidos no se moleste con quien firma. He seguido al pie de la letra en mi comentario al artículo de Llamazares la recomendación que hizo Antonio Machado en “Juan de Mairena” (1936): “Si alguna vez cultiváis la crítica literaria o artística, sed benévolos. Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin o conformidad con lo inepto, sino voluntad del bien, en vuestro caso, deseo ardiente de ver realizado el milagro de la belleza. Solo con esta disposición de ánimo la crítica puede ser fecunda. La crítica malévola que ejercen avinagrados y melancólicos es frecuente en España, y nunca descubre nada bueno. La verdad es que no lo busca ni lo desea”. Y, en el supuesto de que el argumento machadiano no le haya convencido del todo al mentado lector, le dejo también un sucinto apunte con esta advertencia, consejo o reflexión de Santiago Ramón y Cajal, que la recogió en su libro “Charlas de café” (1920): “Te quejas de las censuras de tus maestros, émulos y adversarios, cuando debieras agradecerlas: sus golpes no te hieren, te esculpen”.

Saludos (tanto para Julio como para el probable lector de este texto).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


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