El Blog de Otramotro

Acéptame la guasa y ríete, anda

ACÉPTAME LA GUASA Y RÍETE, ANDA

Dilecta Pilar:

Está bien que aspires a ser perfecta, que aspiremos a ser perfectos, siempre que hayamos aceptado previamente esta conditio sine qua non, que, si hacemos caso a nuestro currículo, a nuestra historia personal, nos quedaremos una vez más a punto de, sí, pero sin llegar a coronar la cima que nos propusimos escalar, sin hollar el reto que nos pusimos, la cumbre que fuera, se llamara Perfección o de otra manera. Itero que está bien que aspiremos (además de benéfico aire oxigenado) a alcanzar la perfección, siempre que hayamos asumido este requisito imprescindible, que, si ni siquiera Dios, como concepto o entidad nacido/a de una mente humana, lo es, jamás de los jamases lo seremos (ni tú ni yo, ni nadie, me temo, en ninguno de los numerosos aspectos que podamos hoy o en el futuro considerar).

La doctora Itxaso me dijo que lo que ella había observado con el ecógrafo estaba bien: vesícula biliar y riñones (en herradura: ya ves, hasta mi anatomía, por su cauce o derrotero, busca, una de dos, o la suerte o ser original). Eso no quiere decir que mi presoma (o sea, vientre, término que no aparece en el DRAE, opuesto a retrosoma —que tampoco lo recoge—, espalda, que aprendí en las clases de Anatomía que impartía, cuando yo estudiaba Medicina, el doctor José Escolar), que ha recibido tanto corte de bisturí, esté mejor (tampoco que esté peor) que el que no ha sufrido incisión alguna. Yo tampoco sabía qué era el síndrome de Gilbert, hasta que en una conversación familiar lo sacó a colación mi hermano Miguel Ángel. Luego, al poco tiempo, me enteré de que mi hermano Eusebio también tenía hiperbilirrubinemia. Es una alteración hereditaria (transmitida de padres a hijos) que, aunque no es dominante, sino recesiva, por lo general, salvo una leve ictericia (color amarillo en la piel), no presenta síntomas.

Pues sí. Fue muy duro. Pero sobre lo que sucedió y sufrí, una odisea en pequeño (pronto, dentro de mes y medio, el día de Navidad se cumplirá el 39 aniversario del fatal, lamentable y luctuoso accidente), ya te contaré más cosas en otro momento. Yo fui a estudiar a Navarrete en el postulantado o seminario menor regentado por los Padres Camilos los tres últimos cursos de la EGB (y, más tarde, a Zaragoza, donde te conocí), porque durante dos años mi hermano José Javier había estado estudiando allí y, asimismo, porque había salido airoso del brete (después de haber tenido la gran suerte de haber vivido allí la experiencia previa, inolvidable, de haber pisado el edén durante el cursillo —quince días de estancia en el colegio, a modo de propedéutica— estival), porque había superado la prueba (recuerdo que, en la revistilla que se confeccionó a propósito y daba cuenta, a grandes rasgos, de aquellas quince jornadas en el paraíso, el Padre Pedro María Piérola destacaba de mí la fortaleza: estaba hecho un toro, tenía una potencia extraordinaria en las piernas —hacía mucho deporte, sobre todo, campo a través; en octavo, recuerdo, aprendí a lanzar el disco por mi cuenta y hasta participé en Logroño en una prueba clasificatoria para cadetes—). Sé que has visto en varias ocasiones la escultura del Discóbolo, de Mirón de Eléuteras. Pues sí, Artemisa, has acertado de lleno con una sola de tus flechas, que has disparado y su afilada punta ha quedado en el centro de la diana: yo fui su modelo. Acéptame la guasa y ríete, anda, porfa.

Yo sigo, yo sigo, yo sigo empuñando la péñola (en sentido estricto, pulsando las teclas del ordenador) y escribiendo, como decía Felipito Takatún, personaje que interpretó otrora en Televisión Española el argentino Joe Rígoli ¿Te acuerdas?

Ahora mismo estoy leyendo lo que acabo de escribir. Ya, ya, ya sé qué me quieres preguntar. Ayer di remate al prólogo que Aldous Huxley colocó a su novela “Un mundo feliz”. Y estos días, antes de dormir suelo leer unas páginas de “Perdón”, la novela con la que su autora, Ida Hegazi Hoyer, obtuvo el Premio de Literatura de la Unión Europea hace dos años. También estoy pendiente de terminar (me queda una cincuentena de páginas) “El hablador”, la novela que más me está costando leer de Mario Vargas Llosa.

Me ha hecho sonreír y hasta reír, de veras, tu boutade de que te has cargado al hombro el saco de Mamá Noël para repartir desde ya (y es que, si hacemos caso a las luces, en algunos establecimientos estamos a las puertas de la próxima Navidad) los dos vagones de abrazos y besos que te remití en la anterior misiva.

Te envía y da muchos muas (yo le hubiera puesto tilde a la “a”, pero, como el DRAE no lo hace, se queda sin la tal) tu amigo

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Post Scriptum

Dilecta Pilar:

Como no me has contestado al asunto que te planteaba en la anterior de mi intención de publicar en “El blog de Otramotro” las epístolas que te remito, colijo que no tienes inconveniente. ¿He deducido lo correcto?

Más muas.

Ángel.


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