El Blog de Otramotro

¿Qué le iría hoy a España, sí, de muerte?

¿QUÉ LE IRÍA HOY A ESPAÑA, SÍ, DE MUERTE?

(QUE EL LECTOR DE ESTE TEXTO ELIJA EL QUÉ)

“Utilizar el artículo 155 de la Constitución, que a nosotros nos iría de coña, porque en lugar de 1,5 millones de personas en las calles tendríamos tres, es también violencia”.

Joan Tardà, le dijo a Pablo Iglesias, en “La Tuerka”, en 2012.

Cuando he leído en elperiodico.com el titular “El 155 nos iría de coña”, la versión reducida de lo que declaró otrora Tardà, me ha nacido una idea que llevaba de la mano o en la mano una intención, pero, si el atento y desocupado lector, sea ella o él, sigue leyendo, comprobará que, habiendo llegado a un borgeano sendero, pues este se ha bifurcado, servidor se ha decantado por tomar el derrotero distinto al esperado (y es que estoy del tema omnímodo, por antonomasia o excelencia, hasta más arriba de la coronilla).

Está claro, como el agua más cristalina que pueda hallarse en el planeta Tierra, que la lengua (si no refutamos que a veces —y no pocas, ciertamente— echamos mano del lenguaje metafórico de manera natural, sin darnos perfecta cuenta de que lo usamos en ese sentido, es decir, sin reparar apenas en ello) es un ente vivo. Y, como ocurre con cualquier organismo vivo, nace, crece, se reproduce, se deteriora, muere y desaparece. La lengua es la creación de un grupo social; surge ante la necesidad imperiosa que brota entre sus miembros de comunicarse (lo que sea). Y va evolucionando a medida que dichas necesidades también lo hacen.

El diputado de ERC en el Congreso de los Diputados usó hace un lustro la expresión “de coña” con el mismo o parecido sentido al que servidor y otras muchas personas hemos utilizado alguna vez la locución “de cine” con el propósito de significar “estupendamente, de manera pintiparada”. Si hoy acudimos al DRAE, comprobaremos que “de coña” no ha tenido aún cabida (sí “ni de coña”, dando a entender “de ninguna manera”) y que “de cine” sí tiene entrada, pero no con el significado antedicho. Eso no quiere decir que, si los hablantes las siguen usando con dicho sentido no lo vayan a tener en la próxima edición, tras la oportuna revisión.

Porque son (somos) los usuarios quienes hacen (hacemos) la lengua, no los académicos de la RAE, que tienen como misión poner en estado de alerta (atentos y vigilantes) el oído y el ojo para comprobar cómo dice y escribe el pueblo las cosas, aduce sus ideas, expresa sus emociones o sentimientos, copia los sonidos que escucha en (y le suministra) la naturaleza (por ejemplo, el gallo canta en inglés cock-a-doodle-doo —coc-a-dudel-du—, en francés cocorico y en español quiquiriquí) y toma prestados vocablos extranjeros (a veces, por esnobismo, sin tener necesidad de ello, por ejemplo, sponsor con el significado de patrocinador, o hacer footing o jogging con el sentido de correr a una velocidad moderada). Los académicos, meros notarios de la lengua, hablada y escrita, abren las puertas del Diccionario para que entren las nuevas voces o acepciones asentadas y razonan la norma. Recuerdo, verbigracia, un tuit de Arturo Pérez-Reverte del pretérito estío a propósito de las formas verbales “idos” e “iros”, admitidas ambas, donde el insigne literato escribía esto: “Lo correcto sigue siendo ‘idos’. Pero se registrará ‘iros’ como de uso habitual. La RAE es notario de cómo hablamos, no policía”.

Es evidente que, si la lengua ha evolucionado, los académicos también lo han hecho. Entre los primeros, de 1713, y los postreros, actuales, media un mundo de más de tres centurias. Así que a nadie le debe extrañar que, reconociendo su fidelidad al pueblo que utiliza la lengua, la Academia haya elegido las palabras que siguen para dar cuenta del artículo primero de sus actuales estatutos: “La RAE es una institución con personalidad jurídica propia que tiene como misión principal velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”.

Nota bene

Por cierto, la locución adjetiva coloquial “de muerte” del título sí tiene entrada en el DRAE y significa, según su primera acepción, “Dicho de una cosa: Que está muy bien, que agrada enormemente”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


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