El Blog de Otramotro

Mi opinión sobre el 8-O en tres párrafos

MI OPINIÓN SOBRE EL 8-O EN TRES PÁRRAFOS

Acabo de escuchar entero (traducido del catalán —aunque el orador usó en su alocución otros idiomas: el castellano, el inglés y el francés—) el discurso (sin mirar un solo papel) que, al finalizar la marcha que inundó las calles de la Ciudad Condal de ciudadanos (ellas y ellos) barceloneses, catalanes, españoles, europeos, que enarbolaron banderas rojigualdas, señeras y europeas, una vez concluyó su turno de palabra Mario Vargas Llosa, Josep Borrell dirigió a los miles y miles de concurrentes (hembras y varones) que acudieron el domingo pasado a Barcelona a la manifestación convocada por Sociedad Civil Catalana (SCC) en favor de la unidad de España. Y, a bote pronto, me brota preguntaros, atentos y desocupados lectores (nada importa, nada, cuál sea vuestro sexo, nada), y preguntarme: ¿Cómo es posible que un demócrata hecho y derecho, de los pies a la cabeza, de la altura y la categoría intelectual y moral del citado dirigente socialista, que fue presidente del Parlamento Europeo entre los años 2004 y 2007, no haya sido, asimismo, presidente de la Generalitat ni presidente del Gobierno de España? ¿Acaso estábamos los españoles (incluyo lógicamente a los catalanes dentro de estos) tan sobrados de representantes políticos de su autoridad, ética, inteligencia e integridad, fuera de toda duda? Insisto en la interrogación: ¿Cómo es posible que los españoles hayamos sido tan ciegos, tan sordos, que no hayamos advertido que teníamos entre nuestros compatriotas a un Nadal de la Política, a un estadista como la copa de un pino, y, aunque Felipe González sí probó que tenía buen olfato (y, por eso, lo escogió para que dirigiera el Ministerio de Obras Públicas de uno de sus gobiernos), no le hayamos investido con una dignidad del Estado más alta, aún mayor? ¿Cómo no hemos reparado antes en ello? ¿Cómo hemos podido ser tan lerdos, tan tardos? Seguramente, los historiadores, que son los que al final, pasado un tiempo prudente, ponen a cada uno en su sitio, se harán idénticas preguntas, me temo.

Así que, recomiendo, con especial encarecimiento, a todos los profesores de Historia (incluyo, por tanto, a los que han tenido la flaqueza, o han incurrido en el craso error, de adoctrinar ideológicamente a sus alumnos, siempre que tengan la vergüenza de pedirles antes el preceptivo perdón y decirles que tal indignidad no se volverá a repetir por su parte) que imparten dicha asignatura en España (no solo en Cataluña —ya sea en la Universidad, el Bachillerato o la ESO—), siempre que hayan asumido o llegado a la conclusión de que hay herramientas, materiales o útiles que no se pueden ignorar ni desechar (porque luego suelen venir las lamentaciones), que sean un día más diligentes, inteligentes y se hagan, a la mayor brevedad, con el vídeo que contiene o recoge las palabras pronunciadas el domingo pasado, 8-O, por Josep Borrell y, después de escucharlas en absoluto silencio en clase, debatan (uno, dos o tres días) sobre ellas. Son tantas las lecciones que dicho discurso atesora o encierra que, siempre que los alumnos se impliquen, aprenderán, asimilarán, lo precipuo o principal para empezar a ser ciudadanos de primera, con criterio ponderado.

Como soy un adicto a la exageración, un fan de la hipérbole, puede que alguien aduzca argumentos de peso que vengan a abatir lo sostenido por mí en los dos párrafos precedentes. En ese supuesto, poco probable, pero no imposible, aceptaré de buena gana y hasta de mejor u óptimo grado, haberme equivocado. Por dos razones; una, mantengo que la verdad es provisional, pues dura, perdura como tal en el tiempo, mientras no sea refutada por otra verdad, que viene, de manera preciosa y precisa, a ocupar en ese mismo momento su lugar, el pedestal del que la anterior se había adueñado; y dos, como escribió nuestro premio Nobel de Medicina de 1906 (que, por cierto, compartió con el italiano Camillo Golgi) Santiago Ramón y Cajal en “Charlas de café” (1921): “Dice Carlyle ‘que es necesario amar para conocer’. Máxima cierta cuando se trata de ciencia, arte o literatura. Pero en la amistad y el amor fracasa a menudo, porque unas veces nos amamos porque nos conocemos, y otras, acaso las más, nos amamos porque nos ignoramos”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


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