El Blog de Otramotro

Carta abierta a las/os independentistas catalanas/es

CARTA ABIERTA A LAS/OS INDEPENDENTISTAS CATALANAS/ES

Atentas/os y desocupadas/os independentistas catalanas/es:

Vayan por delante estas dos consideraciones previas. Primera. Acaso convenga dejar y tener meridianamente claro, antes de entrar en faena, que ser independentista es una opción política tan lícita como cualquier otra, siempre que se asuma y acepte esta conditio sine qua non, este requisito necesario, imprescindible, que, al ser España un Estado de derecho (perfectible, sin hesitación), siempre, o sea, siempre, la persona independentista habrá de acatar las reglas de juego y decir amén a las leyes vigentes. Segunda. Las leyes, como cualquier demócrata (ella o él) sabe (o debería de saber) y ha de admitir sin rechistar, se pueden cambiar (y deben mudarse, sin duda, si no son justas) con el objeto de mejorarlas.

Como muchas/os de vosotras/os sabéis, el primer conde de Romanones, Álvaro Figueroa y Torres Mendieta, que se doctoró en Derecho en 1885 por la Universidad de Bolonia y ostentó, además de los cargos de presidente del Congreso y del Senado, los de ministro y de presidente del Gobierno (que entonces no se llamaba así, sino del Consejo de Ministros), durante el reinado de Alfonso XIII, fue, asimismo, miembro de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, presidente del Ateneo madrileño y director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Seguramente, la mayor parte de vosotras/os conocéis también que es el autor de la celebérrima expresión “¡Jo(der), qué tropa!”. Por si alguien la ignora o la ha olvidado rememoraré, de manera sucinta, la anécdota que propició ese inmarchitable dicho. A don Álvaro le propusieron ser académico de la RAE. Así que acudió a la sede de la mentada entidad para hacer a los miembros de la susodicha una visita de cortesía y solicitarles que apoyaran su candidatura, como por aquel entonces se estilaba. Al parecer, el grueso de los académicos le dijeron que contara con sus votos, pero, llegado el día de la votación, recibió una sonora bofetada metafórica, es decir, la mala nueva de que su candidatura no solo no había salido airosa del brete, sino que, para más inri, no había obtenido ningún sufragio. Tras permanecer unos instantes mudo, como valorando el hecho, comentó (eso confirmó quien estaba atento y lo escuchó) la locución entrecomillada de arriba: “¡Jo(der), qué tropa!”.

Bueno, pues, tras haber trascendido el comportamiento pusilánime de Carles Puigdemont y de varios miembros (ellas y ellos) de su Govern, huidos a Bélgica (ya se sabe que, cuando el barco zozobra, las ratas son las primeras en abandonar el barco) a fin de solicitar asilo político allí (y evitar los procedimientos judiciales contra ellos en marcha), a mí, al menos, no me extrañaría nada (de nada) que, teniendo en cuenta el desleal, cobarde y bochornoso antecedente del pasado viernes, en el que los diputados (hembras y varones) independentistas se sacaron de la manga una urna para votar en secreto (y, de esa guisa, que no se pudiera saber a ciencia cierta qué había votado —aunque varios diputados de CSQP, Catalunya Sí que es Pot, sí enseñaron la papeleta con su no— cada quien) alguna/o de vosotras/os, recordando la anécdota mencionada del conde de Romanones (a quien los individuos con sillón en la RAE o Roma, ciertamente, le dijeron nones), mutatis mutandis, cambiando lo que debe ser cambiado, profirierais: “¡Jo(der), qué Govern, qué mandos!”.

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Sirve a todas/os de dechado

SIRVE A TODAS/OS DE DECHADO

“Concedo gran crédito al juicio de los grandes hombres, mas no por eso dejo de tener el mío”.

Carta XLV de Séneca a Lucilio

“De nada aprovecha esconderse y evitar los ojos y los oídos de los hombres: si la conciencia es buena, venga la muchedumbre; si es mala, aun en la soledad estará inquieta y angustiada. Si es honesto lo que haces, sirva de ejemplo a todos; si es torpe, de nada sirve que no lo sepa nadie si lo sabes tú”.

Carta XLIII de Séneca a Lucilio

Dechado: “Ejemplo y modelo de virtudes y perfecciones, o de vicios y maldades”.

Según la tercera entrada que de tal vocablo da el DRAE.

De nada sirve ocultarse
Y que las/os demás no vean
Qué haces ni lo que urdes lean;
Si es bueno, habrá de alabarse;
Si es malo, habrá de afearse.

Cuando tu comportamiento
Digno es de enaltecimiento,
Sirve a todas/os de dechado;
Si es de reproche, Machado,
También, sí; no, no te miento.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Merece el zote un azote?

¿MERECE EL ZOTE UN AZOTE?

Si alguien siempre ha sido un zote,
Por muchas que tenga canas
Y aún de cambiar más ganas,
¿Seguirá el tonto del bote
Siendo hasta que el tal se agote?

La persona coherente,
Si es también inteligente,
Sabe si en su ociosidad
Le dio a su curiosidad
Rienda suelta, vehemente.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quién detesta oír cenizo?

¿QUIÉN DETESTA OÍR CENIZO?

No entiendo, no, tu lamento.
Lo veo improcedente hoy.
La decisión de Rajoy
De disolver al momento
El Catalán Parlamento
Y adelantar los comicios
Para evitar precipicios
Es lo que Puigdemont no hizo
Porque oír odia cenizo.
De ello hay bastantes indicios.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Dirigentes sin carisma y acríticos seguidores

DIRIGENTES SIN CARISMA Y ACRÍTICOS SEGUIDORES

Son legión los dirigentes
Que no están capacitados,
Por ser unos reputados
Demagogos, insolentes,
Ignorantes e insolventes.
Pero, entre sus seguidores,
Encontramos sufridores
Sin cacumen, indecentes,
Apáticos, indolentes,
De eslóganes decidores.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Qué le iría hoy a España, sí, de muerte?

¿QUÉ LE IRÍA HOY A ESPAÑA, SÍ, DE MUERTE?

(QUE EL LECTOR DE ESTE TEXTO ELIJA EL QUÉ)

“Utilizar el artículo 155 de la Constitución, que a nosotros nos iría de coña, porque en lugar de 1,5 millones de personas en las calles tendríamos tres, es también violencia”.

Joan Tardà, le dijo a Pablo Iglesias, en “La Tuerka”, en 2012.

Cuando he leído en elperiodico.com el titular “El 155 nos iría de coña”, la versión reducida de lo que declaró otrora Tardà, me ha nacido una idea que llevaba de la mano o en la mano una intención, pero, si el atento y desocupado lector, sea ella o él, sigue leyendo, comprobará que, habiendo llegado a un borgeano sendero, pues este se ha bifurcado, servidor se ha decantado por tomar el derrotero distinto al esperado (y es que estoy del tema omnímodo, por antonomasia o excelencia, hasta más arriba de la coronilla).

Está claro, como el agua más cristalina que pueda hallarse en el planeta Tierra, que la lengua (si no refutamos que a veces —y no pocas, ciertamente— echamos mano del lenguaje metafórico de manera natural, sin darnos perfecta cuenta de que lo usamos en ese sentido, es decir, sin reparar apenas en ello) es un ente vivo. Y, como ocurre con cualquier organismo vivo, nace, crece, se reproduce, se deteriora, muere y desaparece. La lengua es la creación de un grupo social; surge ante la necesidad imperiosa que brota entre sus miembros de comunicarse (lo que sea). Y va evolucionando a medida que dichas necesidades también lo hacen.

El diputado de ERC en el Congreso de los Diputados usó hace un lustro la expresión “de coña” con el mismo o parecido sentido al que servidor y otras muchas personas hemos utilizado alguna vez la locución “de cine” con el propósito de significar “estupendamente, de manera pintiparada”. Si hoy acudimos al DRAE, comprobaremos que “de coña” no ha tenido aún cabida (sí “ni de coña”, dando a entender “de ninguna manera”) y que “de cine” sí tiene entrada, pero no con el significado antedicho. Eso no quiere decir que, si los hablantes las siguen usando con dicho sentido no lo vayan a tener en la próxima edición, tras la oportuna revisión.

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Está como un cencerro, presidente

ESTÁ COMO UN CENCERRO, PRESIDENTE

Anoche (acaso porque había cenado más de la cuenta y/o porque no fui a andar durante los cuarenta y tantos minutos de rigor, como suelo hacer a diario), a las dos de la madrugada, me desperté agitado y sudoroso. Había tenido una pesadilla. Carles Puigdemont me había contratado como espía y, si no he olvidado lo principal, me dispongo a contársela a usted, atento y desocupado lector (sea ella o él), con todo lujo de detalles:

Carles Puigdemont había llamado al médico del Palau de la Generalitat. Cuando el galeno hizo acto de presencia, le preguntó:

—Doctor, últimamente, según las fichas y los informes que me hacen llegar los dos espías personales con cuyos servicios me he hecho, a los que pago de mi propio bolsillo, y que se encargan de grabar cuantas conversaciones alcanzan sus diversos aparatos, provistos de sistemas sofisticados, aquí, en el Palau, todo quisque, incluso mis colaboradores más próximos, dicen que estoy como un cencerro o como una cabra.
—Y usted, presidente, por qué cree que comentan eso.
—Seguramente, porque suelo bailar “la yenka” y dudar mucho; porque me gusta jugar al intermitente, ora encendido, ora apagado; al casino y al sino, o sea, al sí, pero no; al blanco y/o al negro; a la independencia con alas y/o a las elecciones (ya sean autonómicas o constituyentes); al ya está o al estalla, porque explota; a liarla y, si es parda, mejor; al vísteme despacio, que me da la risa, cuando llevo prisa; a seguir la definición que dio Julius, “Groucho”, Marx sobre la política (“es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”) al pie de la letra, como gesto o muestra de merecido homenaje al tipo del bigote pintado con betún (y las cejas, que te las dejas —me apunta quien mea puntas o cuchillas de afeitar y chilla, cuando tiene infección de orina—); a cambiarlo todo de arriba abajo o de abajo arriba para que nada cambie, como sostenía otro cuco (¡ojo, que he dicho cuco y no loco!) como yo, Guisseppe Tomasi di Lampedusa en “El gatopardo, y, para no cansarle, usaré una palabra que me gusta mucho colar en mis discursos y poner en mis escritos, porque es esdrújula, etcétera. ¿Es grave, doctor?
—Perdóneme, por favor. Repítamelo otra vez, porque hace dos horas me he tomado una cápsula de mescalina y estoy alucinando en colores.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Carta abierta a Tardà, impar diputado

CARTA ABIERTA A TARDÀ, IMPAR DIPUTADO

“Si el Gobierno persiste en la aplicación del 155, la gente saldrá a la calle de forma pacífica en defensa del Govern legítimo y el autogobierno”.

Joan Tardà

Señor portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados:

Vayan por delante tres consideraciones previas.

Primera. Me consta que en Cataluña hay mucha gente (casi la mitad) que está a favor de la independencia, pero también hay mucha gente, poco más de la mitad, que está en contra de la misma. Un demócrata convencido no solo ha de respetar a la mitad donde él se incluye, sino también a la otra. ¿Usted lo hace? En mi modesta opinión, no. Ahora bien, asumo que puedo estar equivocado. Como usted es filólogo, debe saber qué significa tolerar, pero, por si alguien se decide a leer esta carta abierta y lo ha olvidado, dejaré constancia a continuación de la cuarta acepción que de dicho verbo da del DRAE: “Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”.

Segunda. Habla usted de Govern legítimo, pero, según mi perspectiva, dejó de serlo en el mismo momento en que decidió dedicarse, única y exclusivamente, a gobernar en favor de los ciudadanos independentistas, olvidándose del resto, que fue por él manifiestamente ninguneado. ¿Puede un gobierno seguir llamándose legítimo, después de violentar las leyes (la Constitución y el Estatut) por las que el susodicho ejecutivo es, precisamente, tal? Habla usted de autogobierno, cuando, según mi punto de vista, ha sido, básicamente, ejemplo de desgobierno.

Tercera. Espero lo mismo que deseo, que cada día salgan del armario (o de debajo de las piedras) más catalanas/es como Helena Boadas, hija, por cierto, de la exdiputada de ERC Maria Mercè Roca i Perich, conmilitona suya, en la actualidad edil del Ayuntamiento de Girona, denunciando lo que José Saramago dio en llamar “la colonización del otro”.

¿Qué es lo que ha pretendido, usted (para servidor está claro, embelecar; pero respeto que otras personas opinen de otra manera, y esta sea hasta opuesta a la que sostengo), al aducir tales palabras? ¿Seguir con la misma dinámica (la de sentirse víctima antes, durante y después del esperpento) que tuvo su momento crucial el pasado 22 de septiembre en la Universidad de Barcelona, en la que vino a decirles a los universitarios (ellas y ellos) allí presentes y concentrados, que escucharon su alocución, que serían traidores a su (supuesta) patria (catalana) si no la defendían de (la autoritaria potencia que, supuestamente, la había colonizado) España?

Con la frase del exergo, lo manifestado entre comillas arriba (llámeme malpensado si quiere, pero), ¿no habrá querido más bien apelar a los ciudadanos catalanes afines a sus ideas, para que se opongan a la aplicación del 155 y defiendan lo que algunos miembros del Govern (entre otros, algunos diputados pertenecientes a su propio partido, ERC), que conculcaron (la legalidad vigente) y fueron desleales (a la Constitución, al Estatut, y al reglamento del Parlament), no han logrado, en el tablero y con las reglas de juego establecidas, por la vía legal que aún rige?

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¡Cuánto político inepto!

¡CUÁNTO POLÍTICO INEPTO!

Hay un problema en España
Que existe en otros Estados:
Tendrían que estar atados,
Por su alocada calaña,
Quienes usan la guadaña,
Los políticos ineptos,
Que tergiversan conceptos,
Al precipicio a su grey
Llevan y a violar la ley
Al grueso de sus adeptos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


La de Campoamor cuarteta

LA DE CAMPOAMOR CUARTETA

A un hecho insurreccional
El Estado ha respondido
Con la Constitución, Dido,
Lo obligado y no opcional,
La herramienta excepcional
Del ciento cincuenta y cinco.
Hay quienes han dado un brinco
De alegría o de rechazo
Y han dicho “yo gozo mazo”
O “de rodillas no me hinco”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿A qué golpe de Estado se refiere?

¿A QUÉ GOLPE DE ESTADO SE REFIERE?

Avui Rajoy amb una enorme irresponsabilitat ha anunciat un cop d´estat de facto, amb el qual pretén apropiar-se les institucions catalanes” (“Hoy Rajoy con una enorme irresponsabilidad ha anunciado un golpe de Estado de facto, con el cual pretende apropiarse de las instituciones catalanas”).

Carme Forcadell, escribió el texto precedente en la red social Twitter el sábado pasado, 21 de octubre de 2017.

Señora Carme Forcadell, presidenta del Parlament:

¿A qué golpe de Estado se refiere? ¿Al que dio usted (cargándose de hecho la ley de leyes, el Estatut y el reglamento de la propia Cámara que preside), de consuno con el resto de los desleales diputados independentistas los pretéritos días 6 y 7 de septiembre? Siento tener que escribírselo así, de manera tan cruda, pero hace falta ser una cínica redoblada, redomada, de tomo y lomo, para ver la paja en el ojo ajeno, o sea, un golpe de Estado en el anuncio que hizo Rajoy de la puesta en marcha del artículo 155, una medida excepcional, sin duda, para corregir las conculcaciones o desafueros, desobediencias y demás desmanes cometidos por usted, los miembros del Govern y algunos diputados en el Parlament, a fin de que la Generalitat vuelva a la senda de la ley, de cuyos límites o lindes no debería haberse apartado jamás, de la Constitución de 1978, y no ver la viga en el ojo propio, el golpe de Estado que dio usted (recuerdo que subtitulé la urdidura o “urdiblanda”, en la que hablaba de todo ello, “Del ‘Tejerazo’ al ‘Forcadellazo’”) en el Parlament las dos aciagas jornadas mencionadas arriba.

A ver si usted, habiendo transcurrido más de un mes de aquella epístola (que apareció publicada en las ediciones digitales de varios diarios) que suscribió y, de común acuerdo con Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y Ada Colau, le mandaron al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (con copia al rey), logra explicarme (sin pretender tomarme el pelo, claro) cómo casa o encaja usted el inicio de la misiva en cuestión (“Los conflictos políticos se resuelven, en los sistemas democráticos, a través de propuestas políticas que son consecuencia de negociaciones y diálogo”), con el comportamiento de parte que tuvo usted los días indicados en la Cámara catalana, en la que mostró, con o sin rodeos, y demostró, con o sin embozos, su faceta secesionista, su perfil parcial, su papel preponderante en el golpe de Estado. ¿Los comportamientos que durante esas dos jornadas tuvo usted no dejaron al descubierto lo contrario de lo que cabía esperar de quien había sido elegida para ejercer tan alta dignidad de una manera imparcial: limpieza y respeto máximos a las formas y al fondo de la legalidad vigente? Cuando el secretario general de la Cámara, Xavier Muro, rehusó publicar la ley del referéndum de autodeterminación en el Boletín Oficial del Parlament (BOP), ¿no bendijo, dio por bueno o permitió usted, al no formular ninguna objeción al respecto, que los cuatro diputados de Junts pel Sí en la Mesa la publicaran? Para mí está claro que sí. ¿Tuvo la gallardía de dimitir? No. ¿Sigue usted ignorando o sin darse por enterada de que, mientras no se cambien los artículos 1 y 2 de la Constitución Española, Cataluña continuará siendo una parte importante de España? ¿Recuerda cómo toda la oposición (Joan Coscubiela, de Catalunya Sí Que Es Pot, estuvo el día 7 en la tribuna del Parlament a la altura de las circunstancias, sembrado, genial, haciéndose digno acreedor de la ovación que le tributaron los diputados de C´s, PSC, PP y CSQP) coincidió en afearle a usted que hubiera pisoteado de facto los derechos de los diputados catalanes contrarios al referéndum? Es evidente que la opinión de Xavier Muro no la tuvo en cuenta. ¿Acaso no hizo tres cuartos de lo mismo con el parecer del letrado mayor, Antoni Bayona, y, asimismo, con el criterio del Consejo de Garantías Estatutarias (a pesar de sus reiteradas advertencias)?

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Etopeya de Carles Puigdemont (II)

ETOPEYA DE CARLES PUIGDEMONT (II)

(Sigue el de ayer.)

Los otros dos folios contenían su mentado trabajo práctico (con alguna adición, supresión y enmienda de servidor):

SÁTIRA, ÁNGEL, DE CARLES PUIGDEMONT

Si un periódico de los de prestigio y ámbito nacional (me refiero, de modo específico, a los cuatro grandes de Madrid y a los dos de Barcelona) me hubiera solicitado ayer que urdiera un artículo sobre el asunto omnímodo o monotema actual para que se publicara mañana en sus páginas, en concreto, en la sección de Opinión, seguramente, me hubiera decantado por, más que hacer, aventurar, o sea, trenzar algo atrevido, como cabe colegir del título que, en un primer momento, había elegido para este texto, “Etopeya de Carles Puigdemont”, porque, salvo por los hechos, dichos y escritos que han trascendido y los mass media se han encargado (y uno ha deducido de cuanto ha escuchado o leído) de airear, no conozco al que me dispongo a retratar, a completar una representación o pintura moral de Carles Puigdemont, a coronar una “descripción del carácter, índole y costumbres”, pues esa es la definición que del vocablo etopeya da el DRAE, del President del Govern de la Generalitat.

Pero he desistido de llevar a cabo lo que me había propuesto en el mismo instante en que, bendita memoria, ha acudido a mi mente, en mi ayuda, el que, si seguimos el orden, hace el número XXIV de los “Proverbios y cantares”, una de las últimas secciones de la obra poética “Campos de Castilla” (1907-1917), que lleva la firma de don Antonio Machado, su autor, quien dio de lleno en el blanco o centro de la diana al escribir estos cuatro pintiparados versos, cuatro, donde, en los dos últimos, cabe hallar uno de los posibles retazos o pedazos de la tela donde, hecho con bastante antelación, sí, puede contemplarse un probable retrato de Puigdemont: “De diez cabezas, nueve / embisten y una piensa. / Nunca extrañéis que un bruto / se descuerne luchando por la idea”.

Así que mudaré el pretendido retrato por una sátira.

A Puigdemont se le ha llenado y se le sigue llenando la boca pidiendo diálogo bilateral, de tú a tú, a Rajoy, pero se comportó como un mezquino al no brindárselo (como ahora lo reclama para sí, en la misma o parecida medida) a los diputados no independentistas los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament, donde no le vi ni oí mediar con la presidenta Carme Forcadell para que los mencionados dejaran de estar amordazados, silenciados, y pudieran ejercer su función representativa.

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Etopeya de Carles Puigdemont (I)

ETOPEYA DE CARLES PUIGDEMONT (I)

Anteayer, pocos minutos después del mediodía, de camino a la biblioteca pública de Tudela, a la altura del cerrado cine Regio, o sea, al principio o al final (según se mire) de la calle Miguel Eza, me encontré con quien hacía tres o cuatro años que no veía (vive en una localidad cercana a la capital de la ribera navarra, pero trabaja en otra y es madre de dos niñas pequeñas), una de las alumnas más aventajadas que tuve durante los dos años que impartí la asignatura de Creación Literaria en el Centro Cívico La Rúa. Después de saludarnos y darnos sendos ósculos castos en ambos lados de la cara, me preguntó, sin ambages, por mi salud y, a renglón seguido, casi sin darme tiempo a extenderme en la respuesta (me quedé en que, a pesar de mis crónicos achaques, me encontraba bien), por qué pieza (en prosa o verso) tenía en el telar. Le dije la verdad, que mi propósito era hacer un retrato moral de Carles Puigdemont, pero que, salvo el título de dicho texto en prosa, un endecasílabo, no había urdido una sola línea. Entonces ella me adujo que, como era una habitual lectora mía (yo contaba con que ella siguiera siendo una de las cinco o seis personas que me leen a diario desde hace más de una década), conocedora exhaustiva, por lo tanto, de mi estilo, por qué no continuaba fungiendo como el guía o profesor que fui para ella otrora y le encomendaba o (pro)ponía como ejercicio literario que, remedando (sin descartar la burla) y hasta emulando mi manera de escribir, llevara ella a cabo, como si fuera yo el verdadero hacedor de dicha urdidura (o “urdiblanda”), esa susodicha tarea.

Hoy, cuando todavía se hallaba este menda bloqueado, sin seguir la recomendación que Cayo Plinio Cecilio Segundo (“nulla dies sine linea”, o sea, “ningún día sin línea”), más conocido por Plinio el Viejo, hizo, mutatis mutandis, en su “Historia Natural”, tras narrar una manía del griego Apeles de Colofón, pintor oficial de Alejandro Magno, que no dejaba pasar un día sin dibujar, al menos, un trazo, he abierto el buzón y he hallado allí un sobre sin dirección (solo ponía en mayúsculas y bolígrafo “a la atención de Otramotro”) ni remitente. Lo he abierto y contenía tres folios escritos por una sola cara; y la autora era, sí, por supuesto, mi exalumna aventajada. El primer folio decía así:

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¿Dónde se hallan de primera?

¿DÓNDE SE HALLAN DE PRIMERA?

Alguna décima inicio
Estando echado en la cama,
Donde doy fin a su trama.
Le ahorro el riesgo o estropicio,
Caer por el precipicio
Del olvido, si a la vera
Encuentro su primavera,
La libreta donde apunto
De las mismas el conjunto,
Donde se hallan de primera.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Carta abierta a las/os íntimas/os de Daphne

CARTA ABIERTA A LAS/OS ÍNTIMAS/OS DE DAPHNE

Apenadas/os íntimas/os de Daphne:

Os mando, de corazón, mi pésame sentido y sincero por la muerte (tras un evidente y deleznable atentado terrorista, que la policía maltesa, si hace bien su trabajo, se encargará, sin duda, de dilucidar y de llevar a los autores —ya directos, ya indirectos— y responsables —ora intelectuales, ora materiales— de tan indigno crimen ante los tribunales de justicia) de vuestro deudo y/o amiga, Daphne Caruana Galizia, acaecida el lunes pasado.

Si uno/a es un/a periodista convencido/a, asume que su primera obligación es indagar, o sea, intentar averiguar qué es lo que ha ocurrido, para, echando mano de los materiales acopiados, contar la verdad. Daphne lo era. Y ahí está lo que fue publicando en su bitácora, sendas denuncias de cuantos abusos, desmanes o tropelías sin cuento tenían su origen en la isla de Malta. De cuantos casos de corrupción tuvo conocimiento queda constancia expresada, de manera breve o por extenso, en su blog.

Cada vez que alguna persona muere, suelo recordar el siguiente fragmento de “Devociones para ocasiones emergentes” (1624) del poeta metafísico inglés John Donne: “Nadie es una isla entera en sí mismo; cada hombre es un pedazo de un continente, una parte de la Tierra. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; por eso la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”. Por cierto, ese es el epígrafe o exergo que escogió Ernest Hemingway para que encabezara su novela “Por quién doblan las campanas” (1940). Ahora bien, cada vez que algún periodista (ella o él) resulta occiso, a causa de un atentado, además, vuelvo a rememorar los tres primeros versos de la “Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, en su valimiento” (1630): “No he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo”. Tal vez, esos tres versos endecasílabos, que, desde el día que me los aprendí de memoria, no he olvidado, sean temerarios. Acaso a todas/os nos convenga recordar más, por ser a todas luces más razonable y sagaz, el oportuno apunte que en su novela “El guardián entre el centeno” (1951) Jerome David Salinger hizo del psicoanalista austríaco Wilhelm Stekel, que distinguía entre una persona imprudente y otra cauta en estos términos: “Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”.

El párrafo precedente tiene que ver bastante con lo que ya sabéis (seguramente, por mejor tinta que la mía), que hace dos semanas Daphne acudió a la Policía a denunciar que había sido objeto de varias amenazas.

Cuando un lector (hembra o varón) pasa su vista por algunas de las líneas que escribió Daphne (“la vida pública de Malta padece a hombres peligrosamente inestables, sin principios ni escrúpulos”) no encuentra explicación, no, de ninguna de las maneras, a su brutal asesinato, pero sí da con algunas de las claves (dónde buscar y/o podrían hallarse los culpables) del mismo.

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Cada día que pasa más me asombro

CADA DÍA QUE PASA MÁS ME ASOMBRO

Acabo de leer la segunda carta que Carles Puigdemont, el president del Govern de la Generalitat, le ha enviado a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España, durante la presente semana. En su último párrafo reconoce lo que para muchas/os, a pesar de la incontrovertible ambigüedad (a la que es tan aficionado el mandamás catalán) de sus palabras, estaba claro, que el Parlament no votó la “declaración formal de la independencia” el pasado 10 de octubre.

Desde el punto de vista ortográfico, no he hallado en la misma otro error que la ausencia de la necesaria tilde en “continúa”.

En todo lo que tiene que ver con el “procés”, cada día que pasa va creciendo un poco más si cabe (que sí, que cabe) mi asombro. Me admira sobremanera que el monotema, el asunto por antonomasia o excelencia, el omnímodo, pues, ciertamente, lo abarca, abraza y/o comprende todo (aunque todavía no me he echado a la cara a nadie que goce de los dos preceptivos e inexcusables dedos de frente —y que no haya sido contagiado previamente con alguna de las dos cepas de la gripe actual, la del derecho de autodeterminación o a decidir y la del nacionalismo— que lo comprenda en toda su extensión y logre explicar, de manera razonable, cómo una región española boyante, rica, con estupendas expectativas de negocio, como era Cataluña —no abrigo ninguna duda al respecto—, haya decidido, porque le ha dado esa venada, hacerse el haraquiri) siga dando tanto de sí.

Considero que los diputados catalanes (hembras y varones) afectos al soberanismo y los miembros independentistas a machamartillo del Govern, por no haber coronado lo que era condición sine qua non que llevaran a cabo o completaran, la imprescindible autocrítica, han sido unos irresponsables mayúsculos, morrocotudos. ¿Ninguno de los tales se ha dado cuenta de que los excesos cometidos por ellos eran de tomo y lomo? ¿Ninguno ha reparado en lo obvio, que no solo se han limitado a incumplir las leyes vigentes (la Constitución y el Estatut), por medio de las cuales ellas y ellos fueron elegidos, sino que, habiendo llegado a batir la plusmarca de la desobediencia, han conculcado incluso, sin ningún miramiento, que no miento, no, las leyes que aprobaron los aciagos días 6 y 7 de septiembre en el Parlament? ¿A ninguno se le ha caído la cara de vergüenza, si es que han hecho el esfuerzo de rememorar todo lo que ocurrió allí durante esas dos jornadas infaustas, cómo contribuyeron a violentar, de manera flagrante, el reglamento de su propia Cámara?

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¿Una cafetería? ¡"El Quinto Pino"!

¿UNA CAFETERÍA? ¡“EL QUINTO PINO”!

(¿CASA SU NOMBRE EN MI CASO?)

Belinda, que es mi vecina,
Tuvo ayer la gentileza
De invitarme a una cerveza.
Si como corre cocina,
El triunfo se le avecina.
Como debajo de casa
Su negocio queda, ¿casa
Su nombre en mi caso? Opino
Que hay sarcasmo: “El Quinto Pino”
Lejos con cerca acompasa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Será inocente/culpable Trapero?

¿SERÁ INOCENTE/CULPABLE TRAPERO?

Aunque tengo para mí que España es un Estado de derecho, manifiestamente mejorable, perfectible, estoy acostumbrado a escuchar, cada vez que formulo dicho parecer en medio de las conversaciones que mantengo (prácticamente a diario, si exceptuamos el fin de semana) con mi contertulio habitual, Santiago, sean dentro de la papelería/librería “El Cole” (que regenta nuestro amigo común Miguel Ángel, “Fangio”), nuestro moderno y neutro foro, o fuera, en sus aledaños, la misma y, por ende, proverbial pregunta sarcástica que sale de la mui y los labios del citado Santiago: “¿Estado de derecho o de desecho?”.

Siempre que hemos tocado el controvertido tema de los jueces (ellas y ellos), he manifestado mi doble criterio de que, uno: lo lógico y normal es que estos deberían ser quienes escogieran entre ellos a los que aspiraran a formar parte del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional; y, dos: el escalafón tendría que continuar siendo el medio mejor para dar cuenta de qué puesto ocupa cada uno de los tales en la carrera, en cuya clasificación se toman en consideración el grado, la antigüedad y los méritos reconocidos.

Así las cosas, en un Estado de derecho con verdadera división de poderes (donde el ejecutivo, el legislativo y el judicial ciertamente se equilibraran y contrarrestaran), como recomendaba Charles-Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu en “El espíritu de las leyes” (1748), el Gobierno no debería tener nada que hacer ni ver, salvo acatarlas, con las decisiones de los jueces.

¿Qué decisión adoptó ayer en la Audiencia Nacional Carmen Lamela Díaz, magistrada del Juzgado Central de Instrucción número 3, encargada de valorar el comportamiento del Mayor de los Mossos d´Esquadra, Josep Lluís Trapero, en lo tocante a los hechos acaecidos los días 20 y 21 de septiembre en Barcelona? Rechazó la petición de prisión incondicional, que le había pedido el representante del Ministerio Fiscal, el teniente fiscal de la AN, Miguel Ángel Carballo, y decidió dejarle en libertad, pero tomó varias medidas cautelares: le retiró el pasaporte, le prohibió salir del país, le obligó a comparecer quincenalmente y a dar un número de teléfono y un domicilio donde ser localizado de manera permanente.

Seguramente, quien lea el auto de la magistrada, como acaba de hacer servidor, tendrá su parecer al respecto. Pronostico que habrá división de opiniones, la tan traída como llevada cuarteta de Ramón de Campoamor o ley Campoamor: “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira. / Todo es según el color / del cristal con que se mira”. A unas/os les parecerá que se ha quedado corta, a otras/os que ha dado de lleno en el centro de la diana y a otras/os que ha ido demasiado lejos. A unas/os les parecerá cabal lo decidido por la magistrada y a otras/os injusto (por exceso o por defecto).

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Carta abierta al señor Puigdemont, Carles

CARTA ABIERTA AL SEÑOR PUIGDEMONT, CARLES

“La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva”.

José Saramago

Señor Carles Puigdemont, president del Govern de la Generalitat:

Aunque, al parecer, eso es al menos lo que ha trascendido, usted no tiene ni siquiera una licenciatura, tal circunstancia no es óbice ni le incapacita para que haya hecho el esfuerzo laudable de aprovechar al máximo su tiempo de ocio, haya leído mucho y se haya formado por su cuenta, para que sea un ciudadano autodidacto, vaya. Yo suelo recordar a la persona (sea hembra o varón) que juzgo (al menos, de modo provisional) que se envanece, comporta de manera vanidosa o tiene una actitud que yo catalogo como altiva, engreída o soberbia, una de las frases que pronunció José Saramago, el autor del epígrafe o exergo con el que arranca esta epístola, en el discurso que pronunció en Estocolmo con ocasión de la entrega del Premio Nobel de Literatura de 1998, que le fue concedido por la Academia Sueca: “El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir“. Así que le supongo conocedor de las palabras de las que echó mano Karl Marx para encabezar el primer párrafo de su obra “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” (1852): “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. Como coincido básicamente con cuantas/os sostienen que lo ocurrido en Cataluña, a partir de los lamentables sucesos que tuvieron lugar en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre del presente año, es un rosario de tomaduras de pelo, un esperpento, una ópera bufa, fullera, grotesca, una farsa, una astracanada, una mamarrachada, una patochada, una mojiganga, una pantomima, una parodia, una colección o muestrario de patrañas,..., espero (porque es lo que deseo) que desde hoy, lunes, dieciséis de octubre o, como muy tarde, desde el jueves que viene, 19, no acaezca en Cataluña tres cuartos de lo mismo que adujo Hegel, pero en esta oportunidad al revés, esto es, que a la farsa susodicha le siga la más negra o pésima de sus sombras, la tragedia.

Le considero, asimismo, sabedor de la famosa frase (“¡Es la economía, estúpido!”) que ideó e hizo célebre a James Carville, el asesor del entonces candidato demócrata a la Casa Blanca, el gobernador de Arkansas, Bill Clinton, que en 1992, junto con otros excelentes consejos del insigne (y el apoyo de otras muchas personas, por supuesto, que dieron lo mejor de sí mismas para la causa), contribuyó, de manera decisiva, a que Clinton le ganara la partida o el pulso electoral al candidato republicano, el a la sazón presidente de los Estados Unidos de América (USA), George Bush, padre. Los éxitos que había obtenido Bush en el exterior le impidieron ver o no reparar en los problemas del interior, que más acuciaban o inquietaban en esos momentos a los ciudadanos (ellas y ellos) norteamericanos y esa fue, junto con otras, una de las causas de su (¿inesperada?) derrota.

Como usted sabe (porque su vicepresidente, Oriol Junqueras, le habrá dado hasta pelos y señales de la realidad económica actual, o sea, le habrá informado exhaustivamente de todo lo concerniente a la misma, son más de quinientas (seguramente, cuando vea la luz este texto, el número habrá sobrepasado con creces esa cifra) las empresas que tenían su sede social radicada en Cataluña, y que, por la incertidumbre (las manos que tienen, retienen, sostienen o disponen del dinero suelen sentir pánico ante las meras sospechas o intuiciones —que son la antesala o el anuncio de lo que puede sobrevenir antes o después— de carencia de certeza), motivada por la inseguridad jurídica, a partir del 1-O la han cambiado a otras localidades del Estado español.

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¿Cómo va a ser su acción bella?

¿CÓMO VA A SER SU ACCIÓN BELLA?

—¿La democracia ha dejado
De ser la plaza donde entes
Variopintos, diferentes,
Conviven bien o ha pasado
A desmentir su pasado?
—Hoy quien echa mano de ella
Es para apropiarse, Estrella,
De su fondo y de su forma.
Si no respeta la norma,
¿Cómo va a ser su acción bella?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quieres ser una fregona?

¿QUIERES SER UNA FREGONA?

“Bienvenido a la república independiente de mi casa”.

Es el lema que se lee en el felpudo que compraste en Ikea.

—Yo decido mi destino.
Destesto que me lo fije
España, porque me aflige.
¿Qué piensas? ¿Que marro o atino?
—Cataluña, Florentino,
Es España. Te equivocas
Si piensas que me provocas
Preguntando lo evidente.
¿Qué te interrogó el vidente
Que de cuando en vez evocas?
“¿Crees que el de Tarragona,
Si con el de Barcelona
Se compara, aspirará
A menos? ¿Deseará
Seguir siendo una fregona?”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Su porqué quedará en nada

SU PORQUÉ QUEDARÁ EN NADA

(AUNQUE ABUNDE LA ESTELADA)

El domingo en Barcelona
La sociedad catalana
Silenciada (que ve vana
La independencia, se encona
Con quien a incumplir se abona
Lo que las leyes ordenan
Y por eso la/o condenan)
Derribó el bulo fornido
De que todo el pueblo unido
Detrás de ella está. O encadenan
Argumentos de más peso
O su quid quedará en eso.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Mi opinión sobre el 8-O en tres párrafos

MI OPINIÓN SOBRE EL 8-O EN TRES PÁRRAFOS

Acabo de escuchar entero (traducido del catalán —aunque el orador usó en su alocución otros idiomas: el castellano, el inglés y el francés—) el discurso (sin mirar un solo papel) que, al finalizar la marcha que inundó las calles de la Ciudad Condal de ciudadanos (ellas y ellos) barceloneses, catalanes, españoles, europeos, que enarbolaron banderas rojigualdas, señeras y europeas, una vez concluyó su turno de palabra Mario Vargas Llosa, Josep Borrell dirigió a los miles y miles de concurrentes (hembras y varones) que acudieron el domingo pasado a Barcelona a la manifestación convocada por Sociedad Civil Catalana (SCC) en favor de la unidad de España. Y, a bote pronto, me brota preguntaros, atentos y desocupados lectores (nada importa, nada, cuál sea vuestro sexo, nada), y preguntarme: ¿Cómo es posible que un demócrata hecho y derecho, de los pies a la cabeza, de la altura y la categoría intelectual y moral del citado dirigente socialista, que fue presidente del Parlamento Europeo entre los años 2004 y 2007, no haya sido, asimismo, presidente de la Generalitat ni presidente del Gobierno de España? ¿Acaso estábamos los españoles (incluyo lógicamente a los catalanes dentro de estos) tan sobrados de representantes políticos de su autoridad, ética, inteligencia e integridad, fuera de toda duda? Insisto en la interrogación: ¿Cómo es posible que los españoles hayamos sido tan ciegos, tan sordos, que no hayamos advertido que teníamos entre nuestros compatriotas a un Nadal de la Política, a un estadista como la copa de un pino, y, aunque Felipe González sí probó que tenía buen olfato (y, por eso, lo escogió para que dirigiera el Ministerio de Obras Públicas de uno de sus gobiernos), no le hayamos investido con una dignidad del Estado más alta, aún mayor? ¿Cómo no hemos reparado antes en ello? ¿Cómo hemos podido ser tan lerdos, tan tardos? Seguramente, los historiadores, que son los que al final, pasado un tiempo prudente, ponen a cada uno en su sitio, se harán idénticas preguntas, me temo.

Así que, recomiendo, con especial encarecimiento, a todos los profesores de Historia (incluyo, por tanto, a los que han tenido la flaqueza, o han incurrido en el craso error, de adoctrinar ideológicamente a sus alumnos, siempre que tengan la vergüenza de pedirles antes el preceptivo perdón y decirles que tal indignidad no se volverá a repetir por su parte) que imparten dicha asignatura en España (no solo en Cataluña —ya sea en la Universidad, el Bachillerato o la ESO—), siempre que hayan asumido o llegado a la conclusión de que hay herramientas, materiales o útiles que no se pueden ignorar ni desechar (porque luego suelen venir las lamentaciones), que sean un día más diligentes, inteligentes y se hagan, a la mayor brevedad, con el vídeo que contiene o recoge las palabras pronunciadas el domingo pasado, 8-O, por Josep Borrell y, después de escucharlas en absoluto silencio en clase, debatan (uno, dos o tres días) sobre ellas. Son tantas las lecciones que dicho discurso atesora o encierra que, siempre que los alumnos se impliquen, aprenderán, asimilarán, lo precipuo o principal para empezar a ser ciudadanos de primera, con criterio ponderado.

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¿Por qué llevar un tentempié al trabajo?

¿POR QUÉ LLEVAR UN TENTEMPIÉ AL TRABAJO?

Si una/o es periodista, conviene llevar un tentempié al trabajo para que no te pase lo que a Leonor Mayor Ortega. Acabo de leer en la edición digital de La Vanguardia la escueta crónica que lleva el título de “El PDeCAT exhibe un de ‘The Economist’ de 2012 como si fuera del 1-O”, que firma la autora mencionada arriba. No sé a quién achacar o adjudicar la “de” sobrante del citado rótulo (aunque acaso lo que falte sea el vocablo “ejemplar”), si a la redactora de la nueva, que puso dicho título, o a otra/o periodista.

La noticia consta de tan solo dos párrafos, pero, una de dos, o Leonor tenía mucha prisa (y ya se sabe qué aconseja o recomienda con especial encarecimiento la sabiduría popular cuando a una/o le urge hacer algo, echar mano de la paremia oportuna, “vísteme despacio, que tengo prisa”) o, por no haberse llevado al trabajo un tentempié y sentir hambre, empezó a comerse letras (o a dejar de pulsar alguna tecla preceptiva). En el breve artículo, por ejemplo, Leonor escribió y no corrigió: Bronca en el Congreso (mejor: Hoy ha habido una bronca en el Congreso), ministro de Interior (mejor: del Interior), de la bacada popular (de la bancada), Guillames ha presentado (Guillaumes), españa estaba (se le olvidó pulsar la tecla de la mayúscula: España).

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¿Ayer soñé que viajaba en el AVE?

¿AYER SOÑÉ QUE VIAJABA EN EL AVE?

Ayer soñé que viajaba en el AVE desde la estación de Delicias, en Zaragoza, hasta la estación de Atocha, en Madrid. Mi intención, cuando llegara a la capital, era coger un taxi que me acercara a la T2 del aeropuerto Adolfo Suárez/Barajas y, tras esperar un par de horas, tomar el vuelo, que había contratado tres meses antes, al aeropuerto de Leonardo da Vinci/Fuimicino, en Roma. La verdad es que, desde el mes de septiembre del año 1981 (han pasado 36 estíos de aquel viaje en coche, en el 127 de color gris plateado que le regalaron a Carlos Jesús sus padres por haber salido airoso de un brete, el examen de Selectividad), en el que estuve tres días y medio en la Ciudad Eterna con dos de mis excolegas camilos, el citado Carlos Jesús Rojo Manzano, hoy escritor prolífico, insigne conferenciante, doctor, experto en mil asuntos ético-sanitarios, viajero empedernido,... y Álvaro Santallana Risueño, memorable, tristemente finado, y me creí a pies juntillas, intuí o sospeché cuánta verdad apodíctica destilaba o exudaba la leyenda que allí se cuenta de que quien lanza una moneda con la mano derecha, estando colocado de espaldas a la Fontana di Trevi, y lo hace por encima del hombro izquierdo, regresará a Roma, itero, desde aquel lejano septiembre del 1981, no había vuelto al anagrama de amor.

El compañero que me había tocado en suerte (él ocupaba el asiento del pasillo, yo iba a hacer lo propio con el de ventana) venía de Barcelona y se bajaba en Calatayud. Cuando he subido al tren, él estaba usando su ordenador portátil. Si hubiera habido algún asiento libre, acaso hubiera valorado colocar mis posaderas en otro lado, pero, por la razón que fuera, el vagón iba en esta ocasión hasta los topes y, después de darnos de modo educado los buenos días, ambos hemos tenido que hacer dibujos (así llamaba mi piadoso y difunto padre, Eusebio, a un número indeterminado de posturas o gestos) para que yo consiguiera acomodar mis nalgas en la plaza asignada, según indicaba mi billete.

Una vez sentados, él ha seguido pulsando teclas y yo me he puesto a leer las últimas cincuenta páginas de “Perdón”, de Ida Hegazi Hoyer, que, por motivos de trabajo, sobre todo, habían ido quedando un día sí y otro también pendientes y aún debía pasar mi atenta vista por ellas, tarea que, por cierto, había previsto coronar a lo largo de la susodicha jornada viajera.

No habían pasado más de diez minutos cuando le ha empezado a sonar el móvil. Yo esperaba que se iría a la plataforma a hablar con quien fuera que le hubiera llamado, pero no ha hecho tal cosa. Por lo que he colegido del diálogo que ha mantenido con su hermano, a quien llamaba “Tito”, quien se sentaba a mi lado era empresario y, temeroso que lo que pudiera ocurrir en Cataluña con las pretensiones delirantes de Puigdemont, el Govern y el resto de los parlamentarios independentistas (abocados, tras celebrarse la votación del suspendido referéndum gruyer, ilegal, a proclamar la DUI, acrónimo de Declaración Unilateral de Independencia) había decidido trasladar, en un primer momento, la sede social de su empresa a Calatayud.

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¿Cataluña no va al revés del mundo?

¿CATALUÑA NO VA AL REVÉS DEL MUNDO?

“Ningún banco se va a marchar de Cataluña”.

Artur Mas, en 2015.

“No va a haber una huida de empresas de Cataluña”.

Oriol Junqueras, el pasado jueves (pocas horas después, los bancos Sabadell y CaixaBank y una empresa tan emblemática como Gas Natural trasladaban su sede social a Alicante, Valencia y Madrid, respectivamente), cinco de septiembre.

Tengo para mí que, mientras el mundo siga siendo (in)mundo, en él habrá todo tipo de locos (ellas y ellos). Servidor, verbigracia, confiesa que lo está, pero no de atar. Conozco locos que son estupendos (porque la locura, en ciertas ocasiones, solo a veces, todo lo cura, incluida la del cura que, tras leer mil y una veces los evangelios canónicos, llegó a creerse la reencarnación misma de Jesús de Nazaret y, mientras duró su locura transitoria, un año entero, ejerció de curandero —y aún puede uno tropezarse, si visita o frecuenta las tierras por donde dicho sacerdote desempeñó tan embustero empleo, con quien asegura que el cura curandero lo curó de esta, esa o aquella enfermedad—, de milagrero) y locos tremendos (evidentemente, tomo el significado que de tal adjetivo y dicción da el DRAE en su primera acepción, “terrible”, “digno de ser temido”), empedernidos, difícilmente recuperables.

En Cataluña, por cómo ha ido degenerando todo lo tocante al delirante “procés”, llegué a pensar que muchos ciudadanos (hembras y varones) habían devenido orates perdidos, sin solución, pero, durante los últimos días sobre todo, he ido advirtiendo actitudes, comportamientos y gestos que me indican bien, a las claras, que estaba equivocado. Hoy puedo afirmar (porque tengo plena constancia del hecho) que la mayoría del pueblo catalán todavía mantiene intacta su lucidez. Por ejemplo, es un hecho innegable que en muchas escuelas e institutos catalanes, los maestros y profesores (ellas y ellos), en lugar de esforzarse en hacer atractivas a sus discentes las asignaturas que les imparten, en lugar de favorecer que sus alumnos (hembras y varones) alumbren y desarrollen los dones, facultades o talentos personales que atesoran, en lugar de ayudarles a formarse como auténticos ciudadanos, autosuficientes, críticos, se han dedicado a adoctrinarles ideológicamente y a embelecarles con la añagaza de que vivirán en la bucólica e idílica Arcadia que será Cataluña cuando consigan alcanzar la imprescindible independencia. Para sonrojo de propios y extraños, ahí están las imágenes en las que dos centenares de escolares del Instituto de Enseñanza Secundaria “El Palau”, de Sant Andreu de la Barca (espoleados o persuadidos, seguramente, por los buenos docentes, que en todas las escuelas e institutos los hay, han venido a dar varias lecciones de empatía, solidaridad y tolerancia a algunos de sus profesores, que tendrían que haber aleccionado a sus alumnos en ese preceptivo y preciso menester, y a los políticos desnortados, que, contumaces, siguen, erre que erre, cometiendo el mismo error), han salido en defensa de sus compañeros, hijos de guardias civiles, que estaban siendo acosados por algunos de sus propios colegas y enseñantes.

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Más embustes no, Fernando

MÁS EMBUSTES NO, FERNANDO

EN CATALUÑA BASTANTES / BOLAS HAN IDO ARRAIGANDO

¿Algún/a independentista
Ha pensado un solo instante
En el número importante
De catalanas/es que dista
De su afán secesionista?
Sois legión las/os que jugando
Estáis, dilecto Fernando,
Con equis de otras/os ideas.
¿Con ellas/os no te ladeas?
A ellas/os te estás enfrentando.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Qué hay entre genio y demente?

¿QUÉ HAY ENTRE GENIO Y DEMENTE?

—Para mí es fundamental
La atracción mutua, evidente,
Que hay entre genio y demente,
La urdidura elemental
Y la enfermedad mental.
—Hay quienes a su locura,
Que unas veces las/os tortura
Y otras guía hasta el orgasmo,
Cuando no lleva al marasmo,
Confunden con su cordura.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Es cierto cuanto aquí digo

ES CIERTO CUANTO AQUÍ DIGO

Hoy, sábado, estoy contento.
Me ha alegrado saber esto,
Que tiene pareja Ernesto.
Me he enterado en el momento
Que iba con “el Elemento”
(Llamo así a Pío, mi amigo),
Que ha sido también testigo.
De ello me ha avisado “el Chato”
Cuando se tomaba un chato.
¿O es falso cuanto aquí digo?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Carta abierta a Isabel, Lesbia o Belisa

CARTA ABIERTA A ISABEL, LESBIA O BELISA

“A veces, la soledad, el ninguneo y el anonimato social en los que vive una persona coherente, congruente con sus principios y valores, son consecuencias directas de este trío de razones: su manifiesta independencia de criterio, su notoria libertad de expresión y su público reconocimiento de que puede estar equivocado en aquello que argumenta y sostiene”.

Emilio González, “Metomentodo”

Dilecta Isabel Coixet, como sabes (permíteme que te tutee), Lesbia y Belisa son dos anagramas de tu gracia de pila. Había pensado llamarte en un principio Lesbia, como así lo hizo con su amada y esquiva Claudia (que se mudó el nombre por Clodia) Catulo, y luego Belisa, como de esa guisa nombraba Lope de Vega en sus versos a su querida esposa Isabel de Alderete y Urbina, pero he preferido optar por concretar y agregar tu apellido, Coixet, para no dar pie a que el atento y desocupado lector (ella o él) de esta epístola pudiera especular sobre quién es la verdadera destinataria de la misma, para no dejar un resquicio por el que pudiera colarse de rondón la duda flaca.

Acabo de leer tu artículo “Tierra de nadie”, publicado anteayer en El País, y lo que más deseo hacer en este preciso instante es darte las gracias, de veras, por haberlo escrito. Por lo obvio, porque, si no lo hubieras tecleado ni enviado al periódico para que se publicara, este menda no hubiera podido pasar la vista por él y, al verse imposibilitado en llevar a cabo tal cosa, no hubiera podido ratificarse en la opinión que de ti tenía, que tu estupenda calidad humana está fuera de toda duda (al menos, para mí; aunque quienes no piensan por sí mismos —ni tienen cráneos “previlegiados”, como has demostrado en infinidad de ocasiones haber hecho y tenido tú— te sigan increpando, cuando saques a pasear al perro —o a que el can te pasee a ti— o a reciclar plásticos en el cubo pertinente, llamándote a voz en cuello, sin conocerte, con el único propósito de zaherirte, de insultarte —sin echar mano de un ápice o pizca de arte que lo hiciera, al menos, soportable, pues para coronar tal hecho hay que inteligir y meditar o reflexionar—, lo que no eres, fascista). Como te consta (no es mi propósito que veas en ello un raudo abecé o prontuario de lo lenitivo: alivio, bálsamo o consuelo), con el mismo baldón le han intentado motejar a Joan Manuel Serrat.

A propósito de la incipiente rabia que afirmas haber sentido (e, intuyo, haber dominado y encauzado también tan bien) y del odio que manifiestas haber guipado en los ojos de quienes veían en ti un punto de mira, una diana, me nace apostillarte (¿lo haré con arte?) que es natural sentir antipatía hacia alguien o aversión por algo (tras haber padecido experiencias desagradables o sufrido circunstancias nocivas, claro), pero puede llegar a resultar patológico, malsano, enfermizo, si, uno, es consecuencia de prejuicios, y dos, la única salida que se ve al final de ese callejón oscuro, aterrador, es desearle un daño o mal.

Hay sitio para ti y para otras/os como tú en esa tierra, Cataluña, y en el resto de los límites de España, Europa u orbe. Persuádete a diario de que es así. Convéncete, asimismo, de que no estás sola, aunque esa sea muchas veces la refractaria impresión que tengas (la renuente sensación de soledad es el precio que hay que pagar por ser coherente, consecuente y mostrar y demostrar una y otra y otra y... —hasta mil y una veces, si hiciera falta— la impronta unamuniana que seguimos, la decencia intelectual) o te quede. Sé que, cuando a una/o le espeluzna alguien o algo, tiende a quedarse parada/o, petrificada/o, ante la mera contemplación del espanto, que le produce su presencia o la corazonada o el pálpito que le avisa de la pronta irrupción en escena de la misma. Para superarlo, tiene que hacer el esfuerzo intelectual y anímico de comprenderlo, de tamizarlo, de relativizarlo. Y el tigre, tras la paulatina mengua, ya no parece tan fiero; tiene las trazas de un lince, apenas semeja un gato grande, gordo.

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Mi opinión sobre el 1-O en cinco párrafos

MI OPINIÓN SOBRE EL 1-O EN CINCO PÁRRAFOS

“Algunos eran modestos y no se creían infalibles. Pero hasta el más modesto se sentía seguro. Eso era lo que me crispaba, Bruno, que se sintieran seguros. Seguros de qué, dime un poco, cuando yo, un pobre diablo con más pestes que el demonio debajo de la piel, tenía bastante conciencia para sentir que todo era como una jalea, que todo temblaba alrededor, que no había más que fijarse un poco, sentirse un poco, callarse un poco, para descubrir los agujeros. En la puerta, en la cama: agujeros. En la mano, en el diario, en el tiempo, en el aire: todo lleno de agujeros, todo esponja, todo como un colador colándose a sí mismo”.

Julio Cortázar, “El perseguidor” (1959).

Ciertamente, una realidad tan compleja como la que nos atañe (con sus orígenes, causas o antecedentes y sus consecuencias) podría ocupar muchísimos (puede que no desentone —ni moleste leer al lector, sea ella o él— que el autor use en esta digresión el adjetivo que sigue, infinitos) parágrafos, sin duda, pero conviene hacer una discriminación previa (dedicarse a guardar el grano y a excluir la paja) y elegir los que vengan a contar la verdad de lo precipuo, aunque lo importante pueda ser tan variopinto como el número de las personas que se atrevan a juzgar o valorar con equidad los hechos acaecidos.

Dejando a un lado que los comportamientos desleales de cuantas personas ocupan cargos institucionales son inaceptables, intolerables (no tienen un pase) y, si damos tiempo al tiempo, antes o después deberán responder de ellos ante los tribunales de justicia; de cuanto ha ocurrido en Cataluña con ocasión del 1-O un juez imparcial ha de concluir lo obvio: que dicha fecha puede tomarse como el resultado del enfrentamiento habido en dicho territorio, catalán y español, entre el Govern y el Gobierno de la nación, 1-0; a favor de los catalanes, claro. La susodicha efeméride puede tomarse, asimismo, como otro encuentro, este disputado entre los Mossos d´Esquadra de una parte, y los miembros de la Benemérita y de la Policía Nacional de otra, desigual, por incomparecencia del primero de los contendientes.

En lo tocante a estrategia, los consejeros del Govern han dado sopas con honda a los del Gobierno de Rajoy. Es innegable que los primeros diseñaron un plan para conseguir su propósito. Y han echado mano de los peones necesarios para lograr su objetivo. ¿Que cuál era dicho fin? Dejar con el culo al aire al Ejecutivo rajoyano. Y los hechos y las imágenes (vídeos y fotografías) que los pormenorizan así lo corroboran. Ergo, hay que reconocer que quien ha movido mejor las piezas sobre el tablero de ajedrez ha sido un maestro, el Govern, que ha dado jaque mate a su oponente, el Gobierno de Rajoy, en las jugadas previstas.

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¿Será otro Estado fallido?

¿SERÁ OTRO ESTADO FALLIDO?

(EL DESASTRE MÁS SEGURO / A CATALUÑA LE AUGURO)

Esta pasada noche he soñado que estaba de vacaciones en Calella y en esos precisos momentos me hallaba haciendo cola en la sucursal de una caja de ahorros a fin de llevar a cabo una gestión bancaria. De modo inopinado, ha irrumpido por la puerta un ladrón que ocultaba su rostro tras una careta de Trapero y blandía una pistola en su diestra y, a voz en grito, ha dicho que aquello era un atraco, que todos nos tiráramos al suelo y ha conminado al cajero a que o le entregaba todo el dinero que tenía en esos instantes a su alcance o que se atuviera a las consecuencias.

Gracias a Dios, ha acertado a pasar por allí una pareja de Mossos d´Esquadra que, al contemplar a través del cristal el flagrante delito que dentro se estaba cometiendo, han accedido diligentemente a su interior y, después de darnos a todos los allí presentes, de manera educada, los buenos días, le han preguntado al delincuente: “A ver, por favor, advierte que te lo vamos a preguntar sin acritud, de buen rollo. ¿No nos vas a dejar que te detengamos y esposemos, verdad?”. El ladrón les ha contestado lo que cabía esperar, que no. Así que estos, sin decir ni mu, han juzgado oportuno coronar con la máxima celeridad lo que, antes de entrar, ya habían decidido culminar de consuno, darse el piro.

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Que no haya disparate, esto es, disparo

QUE NO HAYA DISPARATE, ESTO ES, DISPARO

Dilecta María Pilar:

Os agradezco sobremanera que me hayáis apuntado. Ahora bien, espero (lo mismo que deseo) que no cometáis un disparate y me disparéis. Acepta de buena gana y de mejor grado la guasa o zumba (está la realidad política tan complicada o difícil, tan chunga, que he juzgado conveniente echar mano del —sentido del— humor, para echar unas risas, para desdramatizar), venga, venga, ríete, por fa(vor).

Si, por la razón que sea, no te ha gustado leer el párrafo anterior, no te ha hecho ni siquiera un ápice o pizca de gracia, te recomiendo con especial encarecimiento que te deshagas en un pispás de él y no lo tomes en cuenta. Así que considera el que sigue a este como primer párrafo de mi respuesta.

Muchas gracias, por la gestión.

Como no me haces ningún comentario al segundo parágrafo del Post Scriptum que agregué a mi anterior respuesta, supongo que no tienes inconveniente en que la epístola aparezca publicada así en mi blog. Insisto en que, si tienes alguna objeción que hacerme, tienes el derecho y el deber de hacérmela. La entenderé (haré el esfuerzo de comprenderla) y, sin hesitación, la atenderé. Luego subiré dicho texto a mi bitácora y, seguramente, aparecerá publicado allí el próximo martes, 26 de los corrientes.

Aún tengo el móvil antiguo (recientemente he cambiado su número de mi firma electrónica, así como el nombre de la calle —en este caso, por cuestiones que tienen que ver con cumplir ciertos preceptos de la ley de Memoria Histórica—), pero es mi propósito dejar de usar dicha línea, por economizar. No le saco ningún provecho o rendimiento. Hago las llamadas (a fijos y móviles) con el teléfono de casa (que me llevo a todas partes, hasta a Canarias). Cuando llama, actúa como si fuera un teléfono móvil. Lo dicho; está en mi firma electrónica.

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¿Va en los genes ser destral?

¿VA EN LOS GENES SER DESTRAL?

Sobre un mismo hecho o suceso
Existen tantas verdades
Como personalidades
Opinan de él, un receso
Definitivo o deceso.

Por muy objetivo y neutral
Que uno ser quiera y central,
Uno es hijo de su madre
Y, asimismo, de su padre.
Va en los genes ser destral.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Para desdramatizar

PARA DESDRAMATIZAR

Si votar es el problema,
Te brindo la solución:
Al parecer, la intención
De los “indepes”, Zulema,
Es que el votante no tema,
Que no muestre estar elegio,
Acuda pronto al colegio,
Fila haga, vote y se vaya.
¿Es pasarse de la raya
Querer que juzgues egregio
El remedio que propongo?
(Yo, al menos, a él no me opongo)
Arribadas las nocturnas
Horas, se cogen las urnas
Y llevan donde no pongo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Martes, 21 de noviembre

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