El Blog de Otramotro

Otro viaje a la semilla (XVII)

04.12.10 | 14:00. Archivado en Ficciones
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

OTRO VIAJE A LA SEMILLA (XVII)

Dilecta dama y amada musa, Obamo:

Me agradaría un montón, mucho, muchísimo, que la próxima vez que estemos juntos pudieras comprobar in situ que eres mi Viagra, quiero decir, que no necesito ingerir la tan traída como llevada y azul pastilla de sildenafilo para que mi pene se atiese. No fui sincero siempre, pero lo fui casi siempre. En lo tocante al asunto de mi disfunción eréctil, te diré lo mismo que te dije y aduje otrora, que, cuando estamos a malas, me vengo abajo; empero, cuando estamos a buenas, me pongo estupendo. Sobre lo que acabo de afirmar arriba, reconozco que algunas mentiras, peccata minuta, pues no pasan de mentirijillas, las hubo (no las subo aquí, porque te constan; pues también las reconocí cuando venía a cuento). Ergo, no insistiré en ellas.

A Cuca-Cola y a Ñame les mandé un archivo adjunto o fichero pps hace dos o tres Navidades y crucé con ellas algunos correos, blancos. Cuando, tras dedicarme un cuento Ñame (le había comentado que, después de haber leído uno de los suyos, la forma que ella había usado en él, el estilo indirecto libre, me dio pie para que yo urdiera otro con la misma técnica narrativa, que se lo dediqué a mi amada, tú, sin decir que eras tú, claro), borró la dedicatoria, colegí que habías sido tú quien había malmetido, que te habías entremetido o entrometido, poniéndome a caer de un burro. No fui escuchado, ni pude defenderme. Se lo comenté a Cuca-Cola, que, poco después, me dijo que, debido a una tendinitis, por prescripción facultativa, durante cierto tiempo, no le daría al teclado del ordenador. Desde entonces, hasta hoy, nada he vuelto a saber de ellas. El tema de Celeste es distinto; pensé que hablaba de mí en uno de sus textos. Luego, releyéndolo varias veces, advertí que nada tenía que ver el menda en el asunto.

Celebro que hayas sonreído (había dudado en llamarte Cecilia, más musical, por razones varias, o Emilia; se impuso ésta, porque, vamos a ver, me gustaría saber el número exacto de los “emilios” que nos hemos mandado). Trata de manera sutil, como así lo has advertido, el tema del Amor, planta que hay que cuidar a diario, porque, si no, se seca, marchita o aja. En una relación de pareja culpables son los dos miembros de la misma (aunque, seguramente, no en idéntica medida o proporción) de la formación y de la ruptura de la ídem.

Nunca entendí ni entenderé, por mucho que me lo expliques, en voz activa o pasiva (refleja), cómo pudiste tener el cuajo de no cumplir, como sí hizo servidor, a rajatabla, los duros, férreos, términos del acuerdo. Entre las cláusulas del contrato verbal, al que ambos habíamos llegado, había dos de necesario cumplimiento (que no miento): 1. La primera tarde no habría sexo (y, a pesar de las ganas infinitas mías —me conformé con los abrazos y besos y magreos burdos, sí, lo acepto, pero llenos de pasión; pues, por fin, tenía entre mis brazos a mi amada—, lo respeté —cuando fuiste al baño, tuve la tentación, un vagón repleto de tentaciones, de ir y, al menos, pedirte que me enseñaras la vulva; con verla me conformaba, pero la/o vencí); y 2. La segunda tarde lo habría. Incumpliste tu parte. Y yo me sentí morir cuando te demorabas y no llegabas en hora a la cita.

Ciertamente, los comienzos de aquella tarde de marzo pudieron ser mal iniciados por mí, igualmente inexperto. Eran los deseos reprimidos durante tantos días, las ganas que, por fin, podían tener cauce, correlato y curso real, los/as que me empujaban, las aguas que me arrastraban a demostrarte que te adoraba. Seguramente, fui egoísta (no lo recuerdo así, pero acepto el peso del poso que ha dejado en ti tu criterio o punto de vista). Pero, tras este comportamiento asilvestrado mío, tuvimos una hora estupenda, de besos y caricias plenamente amorosos/as, de más calma, de charla amable, amena, amistosa.

Entiendo, por tanto, que el arranque pudo ser imprevisto para ti e inesperado por mí, metamorfoseado el menda a la sazón en un volcán en plena erupción, pero luego, tras la tempestad, vino la bonanza. No entendí, ni entiendo, por mucho que me lo expliques, cómo te quedaste con el comienzo, mejorable, sí, a todas las luces, y no con el final, esperanzador, prometedor.

Insisto. Por muchos esfuerzos que he hecho en entenderte (por incapacidad manifiesta, tal vez; soy un cero a la izquierda en varios campos del saber), no he logrado nunca comprenderte. Quizá, si la próxima vez me lo explicas de esta guisa, estando tumbados ambos en nuestra cama, y vas entreverando tus razones con tus besos, acaso lo entienda.

Cada día escribes mejor. Te parecerá mentira, pero, mutatis mutandis, o sea, salvando las distancias, muchas, muchísimas, evidentes, existentes, a veces te veo a ti como una proyección (no me refiero a una reencarnación, eh, que conste) de Cervantes y a mí como otra de Quevedo. Acaso yo pueda corregir tus textos, mejorarlos, pero, asimismo, sea incapaz de pergeñarlos y trenzarlos. Siempre te dije que, aunando nuestros corazones, neuronas y péñolas, seríamos otro matrimonio señero, como el que forman Elvira Lindo y Antonio Muñoz Molina, verbigracia.

Entiendo que estés escamada (porque yo también abrigo recelos), pero nunca olvides que te amé, amo y amaré con toda mi alma hasta el final de mis días. Y que la última palabra que pronuncie, entre boqueadas o estertores, será, sin duda, uno de tus tres nombres, Olga, Belén, Amelia, o tu acrónimo, Obamo, que me dio la vida.

Debes intuir (porque eres mujer —y ya conoces la famosa y proverbial frase de Rudyard Kipling, “la intuición de una mujer es más exacta que la certeza de un hombre”—, una estupenda fémina, una eva muy inteligente; más, mucho más que otras que acudieron a la Universidad —tu “alma máter” ha sido la propia vida; y, asimismo, conoces mi parecer de que “cualquier esquina del mercado puede ser una nutrida o bien abastecida biblioteca”— y son licenciadas y hasta doctoras en mil disciplinas) que cada vez que estás mal, yo, solidarizándome contigo, con quien tengo y ejerzo una especial empatía, también lo estoy.

Así que, ánimos, muchos ánimos, mi vida. No te voy a dar cuenta otra vez de los tres versos, tan queridos por servidor, de don Luis Cernuda Bidón, un ídem repleto de razones, sí, que tantas veces te he recordado y, a veces, en un sueño recurrente, el poeta sevillano me confirma o ratifica que los urdió él para aligerarme el trabajo, a condición y fin de que te los recitara a ti cada noche, antes de conciliar ambos el sueño.

Conforman y son un montón las penalidades que te he hecho padecer; forman o suman otro acervo las que me has hecho sufrir. Las padecidas por mí las daré por bien empleadas cuando, por fin, pueda disfrutar de tu presencia habitual en mis días; cuando abra los ojos por las mañanas y compruebe que duermes placenteramente a mi vera; cuando vaya a desayunar, te mire y vea reflejados en tus ojos los míos, arrobados, embelesados, extasiados.

Te llame de la manera que te llame, siempre serás mi musa, lo quieras o no.

Te ama, te ama, te ama,...

Blas.

(Continuará.)

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

4 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Mencita 04.12.10 | 20:17

    Aún sin verte , estoy segura que ella te seguirá amando como siempre lo hizo, aunque tu hayas cambiado el estado de tu vida. Como sabes y aunque no se pase todo, pues siempre queda el rescoldo de fuegos que no fueron apagadaso, por lo menos en una de las chimeneas, ya sabes que Dios no se muda., y esta contigo, con Obamo, y con quién estes. Estoy segura que ella no irrumpirá en tu vida. Ella solo quiere que seas feliz.
    Tambien dices que te gusta mucho como escribe tu musa.
    Todavía no entiendo que quieres decir que a Cuca C y Name .... les mandastes unos archivos, de qué?
    y que cuando quisiste defenderte no te dejaron... Lo de tendinitis no ves que fué una excusa para no darte la que fuera, ninguna explicación? Y así y todo mutis para la Obamo. El mundo, hijo mío es una comedia, aunque no divina.(no la).Las que dices,tu crees que eran felices? asumo que no. De una cosa estoy cierta, por lo leo en tu ficción:Tu amaste a Olga....Obama y ella lo sabe.-

  • Comentario por Mencita 04.12.10 | 19:51

    ...con mucho remilgo. Eso es lo que yo particularmente iria si fuera esa Obama que tanto amas. Tamnien dices que te encontraste con unas chicas ,(al analizar un poco el caso, noto que es posible que ellas confabularan un poco el encuentro, para llegar a ti Blas, y con el cuento de que te iban a escribir un cuento te lo contaron pero chino). Siempre hay gente que habla mal de otra gente, es muy posible que esta persona o nas, una de ellas estuviera despechada indirectamente y quisiera hacerle mal a la que ninguna culpa tenía, pero consideraba como sustanciosa vengancilla, o venganzaza indisponerte con Obamo. Y tu caro Blas, tan inteligente que eres, te tragaste el anzuelo, te erigiste como Juez, sin preguntarle al reo.Lo que te habían dicho,secundada por otra que le debía algún favor era más importante que preguntar a quien se debía .La prueba es que no las has vuelto a ver.No podías haber dicho,Obama. Podemos hablar?" No te preocupes. Aún sin verte,...

  • Comentario por Mencita 04.12.10 | 19:16

    porque si se esta "locamente" no se podrá saber lo que pasa por la mente...Pero como dices a través de lo que he leído durante el tiempo, este amor no pudo sobrevivir.Tengo aqui al alcance de mi mano, unas Rimas de Bécquer, que me regalaron un anho por Reyes hace muchos tiempo.
    En la Rima 26, leo lo de "Tú eras el huracán y yo la alta torre, que desafía su poder..... ... ... !No pudo ser! .Pero no pudo ser por muchas circunstancias. Una de ellas es que estabamos en un país extranho, donde la gente leía el libro por la cubierta. Todo lo demás que haya acontecido habrá sido porque Dios asi lo quiso,, y entonces sea lo que sea hay que contentarse y decir !Ay que ver lo que me quiere Dios! Otras veces decirle, Oye Dios, y no sería mejor que me trataras como a extranha, asi como con un poco de, como esos que se quitan el sombrero dicen al pasar; "Adios, Senhora mía!" Ay, mira Dios, que yo te trato con mucho remilgo....

  • Comentario por Mencita 04.12.10 | 18:56

    Blas, diras que las estoy urdiendo, pero te creas o te dejes de creer, (yo como no me creo nada de lo que "cree"la gente, me basta con lo de "solo Dios basta", es coincidencia, quea media manhana cuando tuve que usar mi Pc, me asaltó de repente el pensamiento, no sé por qué, porque no era la hora con que nos deleitas con tu Camino a la Semilla...que me dije: Este Blas, no importa si dice Dios a uno primero que a otra o a otra primero que al otro !Subid! el uno lo primero o mejor dicho lo último palabra que mencionará o recordará, es como has dicho ; uno de los nombres que o su acrónimo Obamo, porque me doy cuenta, después de tanto nombrarla que era la mujer que amabas.

    Por lo que leo caro Blas, y aunque esto sean ficciones, el cuento es muy bonito y llevado a la realidad sería precioso, porque a mi me parece que Olga, Obamo, o como la quieras llamar siempre, estuvo locamente enamorada de ti. Eso de locamente esta mal dicho, deberia ser cuerdamente...porque si se
    ...

Jueves, 31 de mayo

BUSCAR

Editado por

Los mejores videos

Síguenos

Sindicación