GRACIAS EVITERNAS, OBAMO, FERLOSIO,...
“No creo que Dios quiera exactamente que seamos felices; quiere que seamos capaces de amar y de ser amados; quiere que maduremos; y yo sugiero que precisamente porque Dios nos ama nos concedió el don de sufrir; o por decirlo de otro modo: el dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos; porque somos como bloques de piedra, a partir de los cuales el escultor poco a poco va formando la figura de un hombre; los golpes de su cincel que tanto daño nos hacen también nos hacen más perfectos”.
Clive Staples Lewis
Me resulta totalmente imposible dar cuenta, en apenas un folio, del listado completo (con los nombres, simples o compuestos, y los dos apellidos, ídem) de todas las personas que han contribuido, de una u otra manera, en mayor o menor medida, a que su seguro servidor de usted, amable y desocupado lector (o lectora), el menda lerenda, “Otramotro”, lleve siendo desde hace (como detesto aparentar lo que en modo alguno soy, presuntuoso, lo dejaré en la vaga expresión de) algún tiempo un poeta (con algunas ínfulas de profeta) hodierno, quiero decir, una realidad literaria diaria; seres a los que hoy, viernes, 3 de diciembre de 2010, festividad de San Francisco Javier, compatrono (aunque le parezca esto mentira, no lo es: el DRAE no recoge el vocablo “copatrón”) de Navarra, me peta mucho rendirles el homenaje que se merecen, testimoniarles mi admiración proba y darles muestras bastantes de mi gratitud inmarcesible, respeto incontrovertible y veneración inconcusa. Permítaseme que los aglutine, concentre o resuma en torno a los genios y las figuras de dos entes señeros; el de mi musa más dilecta y el de uno de mis (ma)estros predilectos; una, Olga Belén Amelia Martínez Ovejas, tratada epistolarmente (sobre todo) durante más de tres años por el andoba que firma abajo, cuyo acrónimo, Obamo, pretendo inmortalizar; y otro, al que sólo he tenido la oportunidad de poder rozar con las yemas de mis dedos (no, no leo braille) a través de sus prolongaciones o renuevos literarios y que, felizmente (se había hecho digno acreedor al máximo galardón de las Letras españolas), obtuvo el prestigioso premio Cervantes en 2004, don Rafael Sánchez Ferlosio, romano (ergo, eviterno, sempiterno), quien me ganó definitivamente como relector suyo con una obrita estupenda, “Pecios”, que para muchos náufragos y fracasados, entre quienes me cuento y encuentro, es la reoca o la repera, el colmo de los colmos. Y es que, como urdiera en el susodicho opúsculo don Rafael, “las mismas cosas tienen, en distintos días, distintos modos de acontecer y lo que ocurrió bajo la lluvia (de premios y enhorabuenas) sólo bajo la lluvia (de lágrimas —porque, otrosí, dentro de unas horas, si no marro, usted, ¡muchas felicidades!, cumplirá 83 tacos— y milagros) puede ser contado”.
Cuánta razón le asistía a don Baltasar Gracián cuando trenzó aquello de que “no hay desierto como vivir sin amigos. La amistad multiplica los bienes y reparte los males” y, asimismo, cuánta (tanta, que le sobraba por todos los bordes o costados) a Jacques Deval cuando vino a reconocer, siguiendo o sin tener en cuenta determinada paremia sueca, que “una alegría compartida es una alegría doble; una pena compartida es la mitad de una pena”.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Jueves, 31 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín