OTRO VIAJE A LA SEMILLA (XV)
Dilecta dama y amada musa (como me consta que te peta que encabece mis epístolas de esta guisa, así irán todas ellas —sabes que tus deseos son mandatos para mí; ergo, puedo asegurarte que perseveraré en ello y no rechistaré—, como más te agradan), Obamo:
Te amo, te amo, te amo. ¿Te he dicho o escrito alguna vez que te amo? Como he finado alguno de los “emilios” que te he remitido así, hoy, aquí y ahora me ha parecido oportuno, para variar, comenzar éste de igual modo.
Tengo ganas (pero muchas, muchísimas) de estar contigo, con mi diva y divina, como adivinas, y comerte todo, enterita. Sobre todo, tu vulva (que anhelo con todo su bello y negro vello; no me importará llevarme en la lengua o en el paladar, el cielo de mi boca, alguno de tus castaños y ensortijados pelos). Me lamo y relamo los labios pensando en los néctares que aún no has secretado, pero exudarás al entrar en contacto nuestros labios.
Los indicados y otros (que tanto tú como yo tenemos en mente, presentes) muchos son autores geniales. Ojalá algún día alguna de nuestras composiciones (alguno de nuestros textos) se parezcan a (e incluso puedan competir con) algunas (algunos) de ellos.
Acabo de leer en los dos periódicos autonómicos, Diario de Navarra y Diario de Noticias, que hoy es el Día de la Fibromialgia. Así que, si suelo hacerlo a diario, en la hodierna jornada debería empatizar y solidarizarme, aún con más razón, contigo. Por eso, me propongo y dispongo a dar un ósculo a cada uno de los poros de tu piel, porque, si hago caso, que hago, a lo que cuenta cierta mujer, que padece la citada enfermedad, le duele hasta la nariz por el solo y mero hecho del peso de sus gafas. Dolor muscular y fatiga permanente son algunos de sus diversos síntomas. A ti te gustan mis poemas. A mí me gustas tú, enteramente, con fibromialgia, con callo, con el tiroides descontrolado (que preferiría controlado, por descontado; y que no tuvieras ni fibromialgia ni callo, para que quede meridiano).
Cuando no sepa qué decir o qué hacer te besaré el cuerpo (de derecha a izquierda y de arriba abajo o a la inversa y viceversa) todo. ¿De acuerdo? ¿Contenta?
Supongo que ya te habrás enterado de las medidas drásticas que (tras la reunión que mantuvo con Rajoy dijo que) no iba a tomar (pero ha tenido que adoptar; los deberes se los han puesto en Europa, que ya empiezan a conocer al sujeto, un badulaque o botarate, un politicastro) el embelecador e improvisador mayor del reino (no reí al trenzarlo, no) de España.
Yo esto es lo que ansío con toda mi alma: despertarme a tu vera por la mañana y volver a comerte a besos y hacer el Amor contigo, rememorando lo acontecido durante la loca noche anterior, con la sola diferencia o salvedad de que los pretéritos orgasmos sean (y vean superados por los nuevos) peores, menos placenteros, que los actuales, presentes.
¡Cómo me voy a cansar de ti, si lo que pretendo es quitarle la ene a ese verbo, es decir, casarme contigo!
Mejor, mucho mejor, si la susodicha acción acaece estando a tu lado. Cuando nos atasquemos, te propondré que elijas, arriba o abajo.
Me ha gustado mucho el párrafo al que me dispongo a responder, la parte del correo que ahora contesto. A eso aspiro, Olga, a que sea tu marido; a que seas mi esposa. Me encantará promover y presenciar (asistir en primera fila al espectáculo, ¡menuda función!) tus orgasmos.
Espero lo propio, que hoy sean menos los bostezos de Sofía.
Belén, por supuesto, claro que sí. No, no habíamos hablado nunca sobre el particular, si no recuerdo mal, si no marro.
A ver si consigo explicarme y logro que me entiendas. Estuve con Nerea de cháchara en la gloria. Contigo, aun sin estar hablando y en la distancia, mi dilecta dama y amada musa, Amelia, estuve, estoy y estaré en la Gloria (ergo, a tu lado estaré en la mismísima Regloria).
Lo escrito escrito está. Ciertamente, anhelo con toda mi alma disfrutar del máximo bienestar, que, para mí, es estar y pasar el resto de mi existencia a tu vera. No creo que vaya a ser necesario llevar a cabo lo que alguna vez he pensado, raptarte.
Deseo y espero que de todas tus pequeñas (o medianas; siempre hay otras muchas personas que gozan de mejores y peores condiciones a las nuestras) cosas vayan mejorando paulatinamente.
En la vida hay casualidades (que tienen que ver con el azar o el destino) y causalidades (consecuencias o efectos de ciertas causas). Lo importante e inteligente es saber distinguir unas de otras.
No me he hartado o empachado, no. De ti no me indigestaré nunca. Te agradezco (urdido con ironía) en cualquier caso tu pretensión de que me ahitara, circunstancia o condición imposible, repito.
Ayer me cansé, pero ya he descansado.
Cuando uno siente dolor es normal que se queje, aunque haya dolores más agudos que el que una/o sufre en esos momentos. Me gustaría que estuvieras completamente sana (porque estás para comerte, entera, a cualquier hora del día o de la noche; las uñas rojas de tus pies incluidas). Hazme caso y acude al médico para que te mande cuanto antes al especialista; a ver si éste pone raudo remedio a tus males.
Los bancos no dan crédito. Los políticos, tampoco. Lo de Zeta ya es insostenible (que lo propio opino de Erre, claro; que conste). A ver si, en un arranque de patriotismo, deja la presidencia del Gobierno (más bien, desgobierno de España) a otro socialista (como ha venido a hacer Gordon Brown en el Reino Unido de la Gran Bretaña ) o convoca elecciones. Porque este mentiroso, inútil y bocazas nos lleva directamente a la ruina, si es que no estamos ya en ella.
Los dos tenemos la culpa de estar como estamos. Ni tú ni yo estábamos preparados para esto. Yo creo que no tendría que probar a vivir contigo antes, porque estoy decidido a pasar por la vicaría; y es que eres la persona que más deseo, con la que ansío dormir al final de cada jornada.
Sabes que mi pretensión no es tener sólo un affaire contigo (porque si ahora, cuando aún no te he conocido —bíblicamente—, te necesito, más te necesitaré cuando dicho evento haya acontecido), pero a veces siento la necesidad y hasta la urgencia de tenerlo, porque así, por lo menos, podría recordarlo (y los tres versos de Cernuda tendrían sentido, sensibilidad y significado, el correlato deseado, el esperado).
¿La mujer del cura? Podría ser el título de una novela que podríamos trenzar al alimón y firmar juntos.
Ya te he expuesto esta mañana, pormenorizadamente, las razones de mi pensamiento o criterio al respecto. No lo podría decir mejor que Shakespeare. Un cristiano no puede creer a pies juntillas en el destino. De lo que no me cabe la menor duda es de que nosotros somos almas gemelas, medias naranjas.
Me gustaría chuparte y lamerte y conciliar el sueño todas las noches reposando mi testa sobre tus senos.
Te ama y (man)da abrazos sin cuento y besos a tutiplén tu ángel de la guarda,
Blas.
(Continuará.)
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Jueves, 31 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín