El Blog de Otramotro

Otro viaje a la semilla (XIV)

13.11.10 | 14:00. Archivado en Ficciones
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

OTRO VIAJE A LA SEMILLA (XIV)

Dilecta dama y amada musa (mi intención es la de no mudar este arranque, quiero decir, no restarle sustancia a la susodicha fórmula, pero aceptaría, de buena gana y mejor grado, añadir estos dos selectos vocablos, dos, “fiel esposa”, al mismo), Obamo:

Sigo contestando tu “emilio”, el correo que esta mañana, por falta de tiempo, quedó inconcusamente inconcluso.

Cuídate y te cuidaré. Y métete esto en la cocorota, que la tuya no es un mero coco roto. Nunca me arrepentiré de vivir contigo, nunca, porque, estemos donde estemos, nos hallaremos en el paraíso o la gloria. ¿Qué cosas tienes? ¿Estás en tus cabales? ¡Cómo me iba a arrepentir de estar con la persona que adoro; ergo, de ser completamente feliz! Al principio, (como) me conozco, estaré a todas las horas detrás de ti, a tu vera. Seré tu escolta o guardaespaldas. A veces, cuando fantaseo cómo será el edén que nos aguarda y me sobreviene un momento de bajón anímico, tengo miedo de que quedes pronto, en un pispás, ahíta, empachada de mí, y me llames, en lugar de Blas, Fermín o Fin, Punto Redondo.

Cuando estemos solos, quiero decir, cuando consigamos estar, por fin, a solas, te daré los besos que corresponda al “cronotopos” actual, o sea, al momento concreto y al tiempo determinado, y los ósculos que, por razones obvias, no haya podido darte con arte cuando convenía. En más de una ocasión, te daré mil besos en las sendas caras anteriores de tus muslos y luego ascenderé por ellos, sin dejar de acariciarlos y mimarlos (y erizar su escaso vello), hasta llegar a tus labios mayores y menores, que custodian tu alhaja o mandorla, que, por supuesto, también besaré y sobaré. No te puedes imaginar las ganas que tengo de saber, a ciencia cierta, a qué sabe y a qué huele, cuáles son su sabor y su olor característicos.

Soy un ignorante en muchos campos y parcelas del saber. No me importa ni molesta reconocer la evidencia, porque es una obviedad como el templo que, a través de la ventana, contemplo. Ignoro buena parte de lo que ocurre en otros países. Por lo tanto, carezco de los datos necesarios para opinar sobre la clase política de otras naciones, pero me consta lo que muchas encuestas llevadas a cabo en nuestro país dicen, que la española deja mucho que desear. Zapatero me parece un manta. Y Rajoy, otro. Éste es tan incompetente y pusilánime como (o incluso aún más que) Zeta. Seguiré siendo coherente, congruente, consecuente; ergo, continuaré votando en blanco.

Los “brotes verdes” (de los que habla el Gobierno) los están buscando en Júpiter (se iteró por doquier, hasta el hartazgo, que algunos marcianos o venusianos los habían visto, pero la alarma fue falsa; porque ni en Marte ni en Venus han hallado una sola muestra de los tales).

Lo que deseo es que estemos juntos, pero una al lado del otro (o uno al lado de la otra). Que pueda acariciar tu piel y chupar y lamer enteramente tu cuerpo. Despertarme a tu vera y poder besar de nuevo tu entera anatomía (y que los labios de mi alma hagan tres cuartas partes de lo mismo con los de la tuya), que no me habré cansado de besar la noche anterior; eso devendrá o será, en su sentido positivo, la repanocha, vivir en el mismísimo cielo.

Insisto en que existe la posibilidad de que tú, tal vez, te canses de mí, pero yo no concibo (porque no le concedo chance) la más mínima probabilidad de que llegue a cansarme (mas sí casarme contigo) de ti.

Tu cabeza, que la tienes bien puesta sobre los hombros, dispuesta a hacer en todo momento y lugar el bien o bien lo que sea (sé que tú, como yo, también sigues a rajatabla el pensamiento de Jonas Edward Salk, “la recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho”), me agrada, pero también tu culo (con perdón; todo él); que conste.

Ahora, que se puede, hay que arrimar el hombro. Ayuda, ayuda, ayuda; sea a tus retoños, tu vecina o un desconocido. Uno se siente vivo cuando echa una mano a otra persona.

Confío en que no te hayas puesto también a dieta de Amor, porque lo llevas claro o tienes crudo (te pongo en antecedentes o aviso) conmigo. ¡Ansío y ardo en deseos y tengo ganas infinitas de hacer un 69 o un 96 contigo! A mí (ojalá a ti, también), como aún se predica de los Reyes Católicos, tanto me dará montarte como que me montes (ocurra donde ocurra el montaje).

Te veo más como un mosaico. Sólo dejaré de acariciar, de besar, de chupar y de lamer tus teselas (que incluyen las que tengo pudor en nombrar, y por eso las callo, para no hacerte con ellas otro callo) cuando me muera.

Vamos a encontrar pronto nuestra anhelada y esperanzada primavera (y el resto de las estaciones de nuestra vida, porque querer es poder). Convéncete (de una vez y para siempre) de ello.

¡Bien! Que estés bien me beneficia. No te puedes hacer una idea exacta cuánto. Ya sabes lo que dice un proverbio sueco, que coincide básicamente con lo que adujo y dejó escrito en letras de molde el dramaturgo francés Jacques Deval (seudónimo de Jacques Boularan), que “una alegría compartida es una alegría doble; una pena compartida es la mitad de una pena”.

No sé si fue una casualidad encontrarte. Mas sí sé que es una causalidad que te amé tanto que, aunque me propuse varias veces, por razones que huelgan, dejar de amarte, no lo logré; y te amo tanto como te amaré, tanto o más de lo que te amé y amo (a ratos, me gustaría ser tu amo para que me llamaras así, “amo”, con el “te” delante, claro).

A pesar de lo que he trenzado arriba, Dios quiera que nunca te canses de mí, porque yo no me ahitaré de ti jamás. Tienes el cuerpo cabal y el alma justa para mí, los idóneos. Tengo un montón de ganas de hacer el Amor durante toda una tarde contigo (y si a ésta le sigue la noche y a ésta la mañana y nosotros continuamos a —o con— lo nuestro, mejor).

Estuve a gusto con Nerea, pero hubiera cambiado el tiempo de cháchara que compartí con ella, media hora, poco más o menos, por cinco minutos de charla contigo. A ver si este sábado o domingo hallas un rato para que hablemos.

Lo propio pienso de ti. Que me completas, que me complementas. Que nos compenetramos estupendamente, vaya. Te seré fiel y leal mientras viva. Sólo haré el Amor contigo. Estoy persuadido de que, cuando mi pene, por fin, penetre tu vagina, la primera vez que esto ocurra, quedaré enganchado a ti de por vida.

Si eres mi mujer (para mí es más importante que seas mi esposa que yo un escritor conocido), escribiremos y firmaremos varias obras juntos. Ya lo verás. Me sentiría muy honrado y orgulloso si fuera tu marido, el cónyuge de una fotógrafa y pintora tan intuitiva, que bordea la genialidad.

Te ama con toda su alma (que no es su anagrama, mala, sino buena y nueva) tu ángel de la guarda (y tu diablo de la pierda o piedra),

Blas.

(Continuará.)

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Jueves, 31 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Sindicación